Blogia

Vanity Fea

Buscando citas

Buscando citas


Me he suscrito a Academia Premium, que supuestamente te más información sobre tus lectores y (al menos supuestamente) sobre las citas a tus artículos. Lo cierto es que la mayoría de las que me proponen no son citas mías, son otros Garcías u otros Landas. Pero alguna sí va apareciendo, por ejemplo en este artículo sobre Bernardo de Balbuena:

Magdaleno Santamaría, Miguel. (U of Nebraska-Lincoln). "La poética de Bernardo de Balbuena: Breve estudio de la poética épico-fantástica tras El Bernardo o Victoria de Roncesvalles (1624)." Online at Theses, Dissertations, Student Research: Modern Languages and Literatures (U of Lincoln) paper 33 (2016).
    http://digitalcommons.unl.edu/modlangdiss/33
    Online at Academia.*
    https://www.academia.edu/31036303/   
    2017

Este autor de nombre un tanto proustiano cita Acción, Relato, Discurso, que es mi publicación individual más citada. Tiene más citas Narratology, pero es una obra colectiva coeditada, y claro, muchas veces no es a mí a quien citan. También tienen algunas citas otros volúmenes que coedité, Gender, I-deology, y Theorizing Narrativity. Pero mis demás publicaciones rara vez son citadas, y podríamos decir que llegaron al mundo en medio del silencio, y en medio del silencio van cogiendo polvo—so it goes. Autocitas sí encuentro bastantes, pero no sólo de autocitas vive el hombre.

Estos datos me los da Google Scholar; veremos si se modifican o no con los datos de Academia.


Sitio de citas



—oOo—

Hacia una teoría social del cuerpo

Hacia una teoría social del cuerpo


 images/teixido.jpg

El número 2.4 de Cartografías del Sur contiene el dossier Hacia una teoría social del cuerpo: Líneas para pensar el entramado cuerpo, educación, política, editado por Eduardo Galak. Me citan allí en el artículo sobre Goffman. Está en red en Academia con todo el número 2.4:

Fraga, Eugenia. "Cuerpos naturales, cuerpos sociales: La socialización corporal según Erving Goffman." Cartografías del Sur 2.4 (Oct. 2016): 60-74. (Hacia una teoría social del cuerpo, ed. Eduardo Galak).
    https://www.academia.edu/29798855/
    2017

El artículo citado aparece con la referencia incorrecta a una "revista de la Universidad de Zaragoza", cuando debería decir el repositorio. Es éste:

García Landa, José Angel: "Goffman: La realidad como expectativa autocumplida y el teatro de la interioridad." In Zaguán 29 May 2009.*
    http://zaguan.unizar.es/record/3358
    2009





—oOo—

Ribera del Tajo en Lisboa

Ribera del Tajo en Lisboa

 

 

Ribera del Tajo en Lisboa

Retropost (2007): Teoría de la contingencia

 

Se supone en buena lógica aristotélica que no puede haber ciencia del accidente, sino sólo de los principios generales. Por eso es un tanto paradójica la idea de una teoría de la contingencia, a primera vista; teoría de las cosas que no se pueden reducir a principios, sino que son producto del azar, y de combinaciones impredecibles de causas convergentes. Sólo post hoc se pueden describir esos fenómenos. Si hay ciencia posible de ellos, es una ciencia narrativa, no predictiva; una ciencia que se limita a establecer lo que de hecho sucedió, y a describir las modalidades principales de interacción entre las diversas causas. Esa ciencia, que parece menos ambiciosa que una ciencia matemática o física, trata sin embargo de los fenómenos que más de cerca nos atañen, y que son contingentes, impredecibles. Como la constitución específica del mundo en que vivimos, la evolución de la vida, la transformación de unas especies en otras, la aparición de nuestra propia especie, y los avatares de su historia y cultura. Incluyendo, en una fase tardía, la aparición de teorías que reconstruyen o esa serie de procesos complejos e impredecibles.

Me acabo de terminar The Structure of Evolutionary Theory (2002), libro en el que culminó la vida y obra de Stephen Jay Gould (aunque han salido otros escritos póstumamente). Ya se tradujo al español, una labor de titanes, supongo, como su composición. Gould pasa repaso a la historia de la vida y formula su propia teoría de la evolución, a la vez que repasa las teorías anteriores en detalle, entendiendo su lógica desde dentro. Se plantea Gould el estudio de la evolución como una empresa en la cual el elemento teórico es absolutamente fundamental. No importa sólo la calidad de las respuestas o hallazgos concretos, sino también la calidad de las preguntas y presuposiciones teóricas que permitan organizar esos hechos. El estudio de la evolución es así, para Gould, inseparable del estudio del desarrollo de la teoría de la evolución: es decir, estudia las dos cosas a la vez, la evolución como teoría, y la evolución de la propia teoría evolucionista, su descubrimiento gradual de nuevos ámbitos de explicación, su acotamiento de qué problemas es relevante o posible plantear en un determinado momento... una ciencia histórica que no puede prescindir de su historia. Convergen así en Gould las humanidades y la ciencia experimental, en una combinación fascinante de seguir. Cuando sacó este libro, mientras moría de cáncer, Gould llevaba muchos años escribiendo artículos sobre biología y evolución en Natural History, una serie llamada "This View of Life"—una frase extraída de la conclusión de El origen de las especies de Darwin. Estos artículos, recopilados en libros como El pulgar del panda, Brontosaurus y la nalga del ministro, etc., podían parecer a algunos meras curiosidades eruditas de la ciencia, una especie de marginalia anecdótica, en especial cuando Gould los llevaba hacia territorios de su interés específico como la estadística, la bibliofilia, los piques profesionales entre científicos, el béisbol... Pues bien, detrás de cada uno de esos libros de curiosidades, había una cabeza extraordinariamente organizada (tanto más si se tiene en cuenta que esta organización se expresaba con máquina de escribir, y no con ordenador). Casi todos los temas de esos ensayos mensuales reaparecen en The Structure of Evolutionary Theory, pero esta vez como pasos de un razonamiento gigantesco, o como ejemplos de un problema concreto que halla su lugar en el marco de una teoría global. Una teoría que, como digo, es también una teoría de teorías, una clasificación de los problemas a los que se han enfrentado sucesivamente los biólogos y evolucionistas, y de las respuestas que les han dado.

No reduce Gould la evolución a un principio único, o a una teoría perfectamente cuadriculada. Más bien, siendo su objeto la complejidad y la contingencia, las soluciones que ofrece dejan un papel a todos: incluso a la ciencia caduca y a las explicaciones superadas, por el papel que han tenido en plantear problemas e indicar posibles soluciones. Todo vuelve con el tiempo, o encuentra su lugar adecuado, hasta las extravagantes teorías de Geoffroy de Saint-Hilaire que pretendían relacionar la segmentación de los artrópodos y de los cordados sobre la base de un esquema corporal común. Una teoría de la contingencia no buscará una causa al origen de las especies, sino un complejo de causas, unas más activas que otras en según qué momentos, o a según qué nivel. ¿Es la selección natural de los organismos un principio importante? Pues claro, dice Gould, siguiendo a Darwin. Y sin embargo no puede reducirse a ella la evolución de las especies. Han de tenerse en cuenta otros niveles de explicación, como la selección de especies (y no de individuos), la producción de variedades locales mediante el equilibrio puntuado, y también las extinciones masivas ... o menos masivas. Lejos de fórmulas simples, la evolución de la vida es una historia compleja, que sólo puede entenderse con relación a principios generales actuando en circunstancias muy locales. Y es una historia narrativa, incluso narratológica, pues Gould está atentísimo a las falacias narrativas producidas por la perspectiva: el hindsight bias, la ilusión retrospectiva, los argumentos teleológicos, las narraciones antropocéntricas que favorece el progreso... Una cita-resumen, traduzco:

La descripción en una frase más adecuada de lo que he intentado al escribir este volumen se sigue mejor como una refutación de la supuesta paradoja antes expuesta [la supuesta paradoja de desarrollar una ciencia de lo contingente]: Este libro intenta expandir y alterar las premisas del darwinismo, para construir una teoría de la evolución específica y ampliada que, aun permaneciendo en el seno de la tradición, y bajo la lógica del argumento darwiniano, pueda también explicar una amplia gama de fenómenos macroevolutivos que quedan más allá de la capacidad explicativa de la extrapolación de los modos y mecanismos de la microevolución, y que por tanto se asignarían a la explicación contingente si han de ser esos principios microevolutivos los que [como en el darwinismo] construyen en principio el corpus completo de la teoría (...).
    En los términos más generales, y para formar una unión más perfecta entre la jerarquía de niveles estructurales y escalas temporales de la evolución, esta teoría revisada descansa sobre una expansión y reforma sustancial de cada uno de los tres principios centrales que constituyen el trípode sobre el que descansa la lógica darwiniana: (1) la expansión de la base tomada por Darwin (la selección a nivel de organismos) para proponer un modelo jerárquico de selección simultánea a varios niveles de individualidad darwiniana (gen, linaje celular, organismo, deme, especie y clade); (2) la construcción de un modelo interactivo para explicar las fuentes del cambio evolutivo creativo fundiendo las constricciones positivas impuestas por las vías de desarrollo estructurales e históricas internas a la anatomía y desarrollo de los organismos (el enfoque formalista) con la guía externa procedente de la selección natural (el enfoque funcionalista); y (3) la generación de teorías apropiadas a los ritmos y modalidades característicos de las escalas temporales superiores, para explicar la amplia gama de fenómenos macroevolutivos (particularmente la reestructuración de las biotas globales en episodios de extinción masiva) que no pueden interpretarse como simples consecuencias extrapoladas de los principios microevolutivos. (1139).

El ejemplo clásico, estándar y espectacular: la extinción de los dinosaurios. Según el gradualismo darwinista, la extinción se habría debido a causas microevolutivas: la mejor adaptación de los mamíferos en la lucha por la vida, y la supervivencia en última instancia del más apto. Aun en el seno del darwinismo, teoría no teleológica, queda así un elemento de antropocentrismo: el hombre aparece como la culminación lógica de una evolución orquestada por principios que aseguran la supremacía de los más aptos... en un ambiente  relativamente estable que permite la acción significativa de la microevolución.

Ahora bien, según el neocatastrofismo de Gould, las especies, generalmente, no evolucionan. Una vez formadas, se mantienen fijas o relativamente estables hasta su extinción, si bien con frecuencia un pequeño grupo aislado da lugar a una nueva especie.... que quizá acabe desplazando a la anterior. Así es como funciona en general (siempre en general, no maximalicemos) la evolución según Gould: por equilibrio puntuado, un equilibrio de base en las especies, puntuado por súbitos cambios en grupos pequeños que dan lugar a nuevas especies. Es la supervivencia relativa de estos grupos ramificados, y no la transformación de especies enteras, lo que marca la pauta general de la evolución. Y, luego, están las extinciones masivas. Así, los dinosaurios perecieron como consecuencia de una transformación súbita del medio ambiente producida por un impacto cósmico. No fueron desplazados por los mamíferos, que nunca compitieron con ellos de modo significativo: sencillamente, la extinción global dejó vacías muchas casillas ecológicas que luego ocuparían los mamíferos... desarrollando, por cierto, una variedad de formas no tan diferentes a las de los antiguos dinosaurios, formas adaptadas a esas casillas ecológicas. El hombre no apareció como consecuencia lógica de la supervivencia de los más aptos y el refinamiento progresivo, sino que apareció como consecuencia de un hecho fortuito: la extinción de los dinosaurios en una catástrofe cósmica. Y si bien ahora estamos muy adaptados a nuestro medio ambiente, bien puede ser que la era del hombre, o de los mamíferos, termine de la misma manera en que terminaron los dinosaurios, en un episodio de extinción global súbita. Lo que hoy sirve, y permite triunfar, mañana no servirá, y será lo que nos lleve a la ruina. Nadie es el más apto, siempre, en un universo sujeto a cambios súbitos. El gradualismo darwiniano queda así desplazado por una nueva teoría de la catástrofe: catástrofe en el origen de las especies (por equilibrio puntuado) y catástrofe en su final (frecuentemente por extinción masiva). Y al menos tan importante como la adaptación darwiniana es la exaptación, el uso de estructuras corporales para una finalidad distinta de su origen adaptativo y evolutivo: así las plumas, originadas para la termorregulación, pero que inesperadamente permiten emprender el vuelo.

Gould termina sin embargo su libro con un homenaje a Darwin, que más que muchos darwinistas, supo ver el elemento de contingencia e impredecibildad que hay en la evolución, y la ausencia de un plan maestro que la guíe. No hay orden humano en el universo, en el sentido en que a veces deseamos pensar que lo hay, y honra a Darwin el haber sabido ver eso. Gould sin embargo afirma el sentido moral de la contingencia, pues nos lleva a apreciar lo que hay de único e irrepetible en cada fenómeno, y en cada experiencia humana que se hace capaz de apreciarlo. Tal fue la experiencia de Darwin, que no sólo discernió importantes principios de la evolución, más allá de las fantasías, creencias y teorías antropocéntricas de sus contemporáneos, sino que también logró transmitir la dignidad y valor de esa nueva visión en una obra lúcida y de gran valor intelectual y literario. Gould sigue sus pasos, lo propone entre líneas como analogía para interpretar la teoría que él nos ofrece, como refutación y continuación a la vez de la obra de Darwin. Y convence, convence la analogía propuesta. There is grandeur in This View of Life—ha sido el suyo, a fin de cuentas, un admirable intento de saber de dónde venimos y a dónde vamos, más allá de las historias que al respecto se cuentan en nuestra tribu: un esfuerzo por alcanzar la sabiduría que esté a nuestro alcance, en el tiempo que tenemos asignado. Es una manera, más limitada pero más realista, de poner un orden humano en el universo.

No evolucionaremos 
 


—oOo—

 

Retropost (2007): Burdos engaños


Hoy informan en e-defensor que el Tribunal Supremo ha anulado una sentencia por la cual se condenaba por estafa a una médium-curandera que prometía curar el cáncer a un paciente.

El Supremo, en una sentencia de la que ha sido ponente el magistrado José Antonio Martín Pallín, considera que no se da el engaño bastante para condenarla por un delito de estafa, porque «el ciudadano medio de nuestra sociedad tiene un nivel de información sobre estas enfermedades y sus características, que difícilmente puede alegar confianza racional en poderes paranormales».
   «Se considera que no existe estafa cuando el sujeto pasivo acude a médiums, magos, poseedores de poderes ocultos, echadoras de cartas o de buenaventura o falsos adivinos, cuyas actividades no puedan considerarse como generadoras de un engaño socialmente admisible que origine o sean la base para una respuesta penal. En estos casos, se considera que el engaño es tan burdo e inadmisible que resulta inidóneo para erigirse en el fundamento de un delito de estafa», explica la resolución.
   Asimismo, el Supremo entiende indiscutible que los denunciantes «estuviesen angustiados ante la grave enfermedad que padecía su padre y que buscasen desesperadamente cualquier tratamiento que pudiera curar su enfermedad», pero «en el mundo intercomunicado en el que vivimos, cualquier persona media está en condiciones de conocer cuáles son los efectos de los padecimientos que genéricamente se recogen bajo la denominación genérica de cáncer. 
 

 
Me pregunto cuántas cosas deben presuponerse en "el mundo interconectado en que vivimos".... ¿Por ejemplo, que las misas por los difuntos son un burdo engaño? Seguramente no. ¿O que gran parte del dinero que damos a muchas ONGs no llega nunca al destino que pensamos? ¿Se sabrá eso? ¿Será presuponible que es un engaño obvio?—me pregunto. O... a ver... ¿que las loterías y quinielas están basadas en una ilusión estadística producida por las grandes cifras? ¿Es eso tan obvio que lo sabe todo el mundo, o precisamente no tan obvio y por eso sigue todo moviendo dinero? Me parece que esta sentencia ignora que no se estafa al público en general, sino a una persona en concreto que tiene un conocimiento determinado: no por "estar en condiciones de conocer" se conoce, igual que no por "estar en condiciones de defenderse" se defiende uno de un atracador con pistola de plástico.

No se aclara en la sentencia si, dado que el conocimiento de estas cosas es tan obvio, el estafador por supuesto sabe que es un estafador. Lo cual también parece que habría de ser penalmente relevante.


Nube tóxica

 

—oOo—

Retropost (2007): Una pregunta, mami



Oscar -  Oye, mamá, estás muy gordita. ¿Vas a tener algún hermanito? O igual una hermanita, que no tenemos ninguna.
Ivo - No, Oscar, ¡mejor otro hermanito! ¡Que así seremos cuatro!

El interrogatorio, hoy, en el Club Deportivo Río Ebro, un día de invierno/verano fantástico. Nos hemos propuesto hacer más natación. Que es buena para todo. Y más ejercicio.

L'année d'L

—oOo—

Retropost (2007): The Pursuit of Happyness



Los pobres ven, en cuanto pueden, películas sobre ricos. A veces los ricos (ricos en hipotecas, en mi caso) vamos a ver películas sobre pobres de solemnidad, como ésta. Una película visible, si bien no apasionante, sobre el sueño americano, basada en la historia auténtico-arquetípica del hombre hecho a sí mismo que se levanta del fracaso y el paro, a fuerza de fuerza, voluntad, y de deseos de no fallarle a su hijo pequeño. De hecho la película se centra en el descenso de mal a peor, de un Will Smith viajante de medio pelo, con su familia en precario, hasta la separaración de la pareja, la pérdida de la vivienda y de todo su dinero, las noches en los albergues municipales o en el metro, todo mientras prepara el examen que quizá lo saque de la miseria o quizá termine de hundirlo en ella.... cosa que no sabemos hasta el final, y de tragedia pasa de repente a comedia al recibir el Contrato que le permitirá ascender por el rascacielos. Pero durante toda su duración recuerda más bien a Ladrón de Bicicletas que a Ciudadano Kane. Así pues, la película es un tanto tendencioseta o ambivalente, pues se centra en mostrarnos la pobreza sin salida posible (para todos los de la cola del albergue menos el protagonista), para al final prometernos el triunfo que todo americano logra si lo consigue, como prometió Jefferson. No en vano tiene el niño del cartel al Capitán América en la mano. Partiendo de esta ambivalencia básica de guión, está muy bien llevada, y te angustia de verdad por momentos metiéndote en el pellejo de un pobre hombre que tiene que fingir no ser tan pobre para mantener abierta una posibilidad de no hundirse del todo... Y hay escenas duras emocionalmente, como cuando él se queda con su hijo por decreto, supongo que porque no tienen dinero para divorciarse, y en ausencia de papeles él podría pegar más fuerte. Así que si ella se quiere ir, tendrá que ser sin el niño. En fin, buena actuación de Will Smith, y un canto ambivalente al valor de la iniciativa privada—después de mostrarnos cómo exprime a la gente con contratos tan basura que ni te pagan... con la esperanza de que un día iguál lleguen a pagarte, y contrates a otros veinte infelices esclavos de los cuales salvarás a uno, el que más trabaje, etc. Si en esto acaba el sueño americano, a mí que me despierten.

The Pursuit of Happyness. Dir. Gabriele Muccino. Written by Steve Conrad. Cast: Will Smith, Jaden Smith, Thandie Newton, Brian Howe, James Karen, Dan Castellaneta, Kurt Fuller, Takayo Fischer, Kevin West. USA: Overbrook / Escape Artists / Columbia / Relativity, 2006.

Babel
—oOo—

 

Retropost (2007): La fe como exaptación




Hay un interesantísimo artículo de Robin Marantz Hening "Darwin's God: Evolution and Religion" en el New York Times de hoy. Repasa los argumentos evolucionistas sobre el origen del sentimiento religioso, y el debate actual entre los adaptacionistas y los colateralistas.

Los adaptacionistas sostienen que las creencias religiosas se han desarrollado porque proporcionan ventajas evolutivas, ya sea a los grupos o a los individuos, en el marco de la selección natural darwiniana. Los colateralistas las interpretan como... eso, como un resultado colateral de la evolución, un efecto secundario de algunos mecanismos mentales que se desarrollaron por otras razones. Así, por ejemplo, es importante en el desarrollo de la interacción entre seres vivos la detección de sujetos intencionales. Una detección rápida de agentes permite organizar esquemas de acontecimientos atribuyéndolos a la acción de un agente (un posible depredador, una posible presa) y proporciona así ventajas competitivas. Y bien puede ser que valga la pena en esto pecar por exceso, y no por defecto, y (en un alarde de precaución) ver agentes incluso donde no los hay. Dios surgiría así de nuestra capacidad innata para proyectar agentes y sistemas intencionales como esquemas interpretativos. (Se puede ver, por cierto, otro producto colateral de nuestra capacidad de proyectar agentes en lo que sucede cuando, en la lectura, proyectamos la figura del autor).

Tenemos según los colateralistas una tendencia innata a creer en la omnisciencia, en seres todopoderosos que controlan la realidad, algo que por supuesto está ligado también al periodo de la infancia y a las figuras paternas. Esta tendencia innata, producto colateral de otros mecanismos mentales, se desarrolla luego de manera acorde a las culturas y tradiciones de un grupo social determinado.

Para explicar estas tendencias innatas, no hace falta recurrir a un valor adaptativo o competitivo inmediato: simplemente surgen como lo que Stephen Jay Gould denominaba enjutas (spandrels)—como resultado de una arquitectura mental que evolucionaba por otras razones. Ahora bien, estas enjutas pueden exaptarse, y proporcionar funcionalidades ajenas a su origen evolutivo. Y seguramente también hay un elemento de exaptación en las creencias religiosas, en especial una vez se organizan como estructuras de comunicación social, con rituales de grupo, y ayudan a cohesionar una sociedad. Dios pasa a ser así un emblema del orden moral deseable, o incluso del orden político. De este modo, la capacidad desmedida de proyección de un agente (un agente universal) pasa a  converger, de modo evolutivamente beneficioso, con la cimentación de un orden social organizado en torno a tal agente imaginario, que aglutina el torno a sí el orden humano del universo.

Aunque lo que ata por un lado, desata por otro: si se crean enfrentamientos entre grupos religiosos y órdenes sociales superpuestos, la fe puede disgregar el cuerpo social en lugar de agregarlo.

En fin, que al ser la creencia en dioses un fenómeno complejo, no tiene una única causa, sino un complejo de causas que convergen; por eso es probable que tengan su parte de razón tanto las teorías adaptacionistas como las colateralistas y las exaptacionistas. Es en todo caso un artículo que merece la pena leer a todas las personas interesadas en el fenómeno religioso: en promoverlo, en combatirlo, o en entenderlo.

(PS: Por cierto, viendo este artículo del New York Times caigo en la cuenta de que han introducido un sistema de hipertextualización muy útil: haciendo doble clic en cualquier palabra del artículo (incluso las no marcadas como enlaces) se abre una ventana de referencia que explica el término. Esto me recuerda en parte a mi vieja propuesta del hiperhipertexto, claro que la diferencia es que mi propuesta era combinar este enlace ubicuo con una búsqueda por la red que nos llevase al mejor resultado para esa palabra (o frase). Para la mayoría de los efectos prácticos es más útil el glosario del New York Times, supongo. Aunque es en principio cerrado, y no abierto como lo sería una búsqueda).

Cosas de religión

 

—oOo—