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Vanity Fea

Retropost (2007): El gesto macaco





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Los nenes pequeños, Pibo y Otas, se han puesto como locos frenéticos a dibujar comics. Pibo ha hecho un comic de Fluvi, el sucedáneo de E.T. que inventaron como mascota para la Exposición de 2008; le tienen una devoción incomprensible, prueba de que son el público medio previsto por los diseñadores. Fluvi y su hijo. "Vamos a misa, hijo" (a la izquierda una iglesia, a la derecha un bingo) "No, mejor vamos a la derecha, Papi." También ha hecho las aventuras de Mr. Quesito y Mr. Radio que aquí figuran.
Alvarete ha dibujado, al estilo de El Bueno de Cuttlas, una versión paródica del Evangelio.

En cuanto a Otas, a veces se ve arrebatado por la inspiración y dibuja extrañas escenas de combates y aventuras donde él y Sergiopueyo son los protagonistas principales, entre muchos monstruos y robots ("blovots"). Pero esta vez no ha dibujado una panorámica, sino otro comic, en dos partes para más salero. Son las aventuras de Don Tomate y Don Plátano; la primera parte se titula "Oh, No!"; la segunda, "El Gesto Macaco". Lo siento, pero no me ha autorizado a reproducirlas aquí.

Aventuras de Don Pañuelo y Mister Manopla 
 




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Unas copas

sábado, 28 de enero de 2017

Unas copas

Unas copas

Retropost (2007): Víctimas victimizadas


La Asociación de Víctimas del Terrorismo se ha convertido en el chivo expiatorio de gran parte de la izquierda, por sus opiniones sobre la política antiterrorista del gobierno, por manifestarse contra ella, y por elegir al representante que creen que mejor defiende su postura y sus intereses (que "les manipula" al decir de quienes no tienen el menor interés en ellos a no ser para tildarlos de fachas). Sirva de ejemplo la opinión de Javier Marías:

"Si una víctima delinque, no por eso deja de ser víctima, pero pasa a ser también un delincuente. Y si una víctima persigue e insulta a quien le lanza una mirada o lee el diario que le apetece, tampoco dejará de ser víctima, pero además se habrá convertido en un energúmeno, un intolerante, un enemigo de la libertad y un miserable. Que el señor Alcaraz, de quien las Víctimas están siendo víctimas en los últimos tiempos, se pare a pensarlo un minuto, y se aplique el cuento."
(JAVIER MARÍAS, "Un país demasiado anómalo", El País Semanal, 21 de enero de 2007)


La ocasión de este artículo es que a una amiga suya la abuchearon e insultaron unos energúmenos durante una manifestación de la AVT porque la vieron comprando El País. ¿No parece un poco injusto, o más bien muy injusto, cargar contra el conjunto de la manifestación y de los manifestantes (cientos de miles de ellos) porque la amiga de Marías fue a dar con unos energúmenos? Vamos, que oyendo a Marías parece que era Alcaraz quien les iba jaleando a esos mamelucos, o pidiendo linchamientos de lectores de El País. ¿Desautorizar en persona al presidente de la AVT, acusándolo de manipulador, y por implicación soterrada y mezquina, también de "energúmeno, intolerante, enemigo de la libertad y miserable"—a él y a todos los miembros de la AVT, convertidos ahora según parece en delincuentes? Todo entre líneas, claro...

Me encantan las novelas de Javier Marías. Pero este artículo, y otros del mismo autor en el mismo medio, son sectarios, injustos, producto de una mala cabeza y un mal corazón... o de un mal momento. Tiene trastocadas las prioridades, y hace un uso falaz y tendencioso del caso que presenta como representativo. Pero tanto a Marías como a su amiga le alarma el uso de banderas españolas en las manifestaciones. Sólo queda repetir con él: "¿qué clase de lugar es éste en el que todavía nos sobresalta y alarma la abundancia de enseñas del país nuestro?" ¿Qué clase de País estamos haciendo, tan anómalo y autodestructivo?

A mí no me gustan las banderas. Cuantas menos, mejor. Pero más que la exhibición de la bandera nacional, me alarma más el que se considere motivo de alarma su uso por parte de personas que le recuerdan al Gobierno (y a tantas personas como el Sr. Marías) la obligación de atender a la justicia. Y aún más me alarma que sea necesario ese recordatorio.

Qué gentuza estos manifestantes



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Retropost (2007): Benefit of Hindsight



Quien ríe el último ríe mejor. El último tiene topsight:  está en la atalaya retrospectiva, desde la que se aprecia un amplio panorama. Quien goza de topsight (dominio de la situación) en el campo de batalla también puede hacer gala de foresight: con mayor información somos amos del tiempo, no sólo del presente sino del futuro. Y del pasado: el benefit of hindsight, la ventaja de llegar tras la batalla o la catástrofe, nos vuelve a todos más inteligentes que esos pobres seres atrapados en un pasado sin topsight,un pasado cuyo futuro no conocían. Después de la batalla, todos generales. Una vez visto, todos listos. A toro pasado, como se dice a veces. Es el síndrome del "Es que lo sabía, lo sabía". Oteando desde la atalaya retrospectiva, conocemos no sólo el pasado: conocemos el futuro del pasado (el único futuro que podemos conocer con certeza). Conocemos también muchos rincones del presente que se ocultaban a los actores. Somos, pues, los amos del tiempo, a la espera de otro que reirá el penúltimo a costa nuestra.

Benefit of hindsight  es lo contrario de hindsight bias. Ventajas de la retrospección, lo contrario de la distorsión retrospectiva (—aunque los contrarios se tocan, veremos...). El benefit of hindsight es evidente, y está tan instalado en nuestros hábitos y actitudes hacia el tiempo, que resulta desconcertante y contraintuitivo montarle una crítica. (Es lo que hacen Gary Saul Morson en Narrative and Freedom y Michael André Bernstein en Foregone Conclusions). Son dos contra muchos: por naturaleza no somos muy críticos con la distorsión retrospectiva, sino que nos apuntamos alegremente a ella, es tanto lo que se gana. El tiempo transcurrido entre un acontecimiento y su observación histórica no es muerto ni neutro, dice Ricoeur: es productivo. Queramos o no, vemos cosas que los contemporáneos no podían ver. Así, hindsight es una palabra que se acuñó pronto (el español aún no la ha acuñado, sin embargo: "ver el pasado con perspectiva" tiene menos precisión). En cambio, hindsight bias ha tenido que esperar mucho tiempo a hacer su aparición entre los conceptos disponibles, pues nos cuesta renunciar a este privilegio del que ríe (o llora) el último.

¿Hay en realidad una diferencia entre hindsight bias y benefit of hindsight? Sí la hay, pero hay que tener en cuenta que un fenómeno crece en relación directa con el otro. Eso complica un tanto sus relaciones. La distancia histórica produce tanta ceguera como comprensión, blindness and insight. Por parafrasear a Paul de Man: blindness and hindsight. Nada diferente, en realidad a nuestro conocimiento parcial y tendencioso del presente. Nuestras acciones presentes sobre la base de una interpretación imperfecta de la situación global son una especie de blindsight, visión ciega, que sólo un analista con más perspectiva podrá explicar adecuadamente. 

Leía hace poco El surgimiento de la crítica histórica de Oscar Wilde (The Rise of Historical Criticism, de hacia 1879), un ensayo que contiene entre otras cosas toda una teoría historiográfica de la retrospección, y del benefit of hindsight. Wilde examina a los historiadores clásicos desde una cómoda atalaya clasicista-moderna.

Bienaventurados sean los que nacen tarde, porque ellos verán el final de la historia. Y comprenderán mejor, de ese modo, el principio. En el ensayo de Wilde el papel del hombre que llegó tarde le corresponde a Polibio. La teoría crítica de la sociedad y su desarrollo surge en la Antigüedad, separándose de mitos y tradiciones. Se desarrolla lentamente en Heródoto, en Tucídides, en Platón, encuentra su fase avanzada en Aristóteles (—Wilde aristotélico, ojo. El personaje no deja de darnos sorpresas). En Aristóteles observa Wilde como un gran avance su reconocimiento de la capacidad de progreso, y de la tendencia humana hacia una vida superior. (Observemos que según El crítico como artista la vida superior humanamente alcanzable, la vida contemplativa similar a la de los dioses, es la vida del crítico inteligente).

Pero es Polibio quien lleva a su perfección la teoría y práctica de la historia como conocimiento de los seres humanos e interpretación racional de sus acciones.

"A imitación de [Platón y Aristóteles] Polibio ofrece una explicación del origen de la sociedad al comienzo de su filosofía de la historia. Un tanto al modo de Platón, imagina que después de uno de los diluvios cíclicos que barren la humanidad a intervalos determinados y que destruyen toda la civilización preexistente, los pocos supervivientes de la humanidad se reúnen para su mutua protección, y como sucede con los animales ordinarios, el más notable por su fuerza física es elegido rey. En breve tiempo, debido al efecto de la simpatía y el deseo de aprobación, las cualidades morales comienzan a aparecer, y es la excelencia intelectual en lugar de la corporal lo que se vuelve requisito para la soberanía.
    Otros puntos, como la aparición de la ley y similares, se tratan con un cierto espíritu moderno, y aunque al parecer Polibio no utilizó el método inductivo de investigación sobre este particular, o más bien, debería decir, el orden jerárquico del progreso racional de las ideas en la vida, no está muy alejado de los resultados que nos han dejado las laboriosas investigaciones de los viajeros modernos."


Wilde se refiere aquí a la concepción evolutiva o, podríamos incluso decir, emergentista, del progreso social. Una concepción que antes de llegar a William James o a George Herbert Mead tuvo sus antecesores en los nombres citados por Wilde (¡y en Wilde mismo!). El siglo XIX fue muy evolucionista. Pero yendo más atrás de Spencer, a la primera mitad del XVIII, hay que nombrar a Giambattista Vico, cuya Ciencia nueva se plantea precisamente como una teoría de la evolución gradual, necesaria y por pasos obligados, first things first, de los fenómenos culturales. De instituciones (la familia antes que el Estado), del lenguaje (la metáfora antes que el sentido literal), de la tradición (la poesía antes que la filosofía), etc. Y de las leyes y sistemas políticos muy especialmente, porque Vico era jurista. Bien, pues según Wilde, este tipo de teoría evolucionista ya está bien prefigurada en los clásicos, y especialmente, en su forma elaborada, en Polibio.

Vico, por cierto, también era clasicista, y sin duda derivó muchas de sus nociones de los clásicos, en particular tratando de refutar a los cartesianos apriorísticos, chomskianos de su propio siglo. En busca de argumentos y ejemplos acudió constantemente a la historia y oratoria clásica. Pero no era Vico un clasicista de los que dicen que "ya lo dijeron todo los griegos" (a la manera de López Eire). Antes bien, su teoría del desarrollo cultural le impide a Vico tener a los clásicos una devoción incondicional. Los clásicos vinieron de una larga tradición anterior, sí, pero nosotros venimos después. Y existe el peligro, para Vico, de proyectar sobre ellos nuestro propio desarrollo cultural, de creer que cuando tratan un tema lo hacen con todo el conocimiento que sólo sería posible gracias a ellos y a sus sucesores. Hay pues un hindsight bias inherente al trabajo del filólogo y del historiador: Vico lo llama la presunción de los académicos (cuando con la misma razón lo podía llamar la humildad de los académicos...).

Mais revenons à nos moutons. Wilde menciona a Vico, pero no le da más importancia relativa que a Montesquieu sobre esta cuestión. Existe, claro, el peligro de que por presunción de académico proyectemos sobre Vico (o sobre Polibio...) toda una teoría del hindsight bias que habría de esperar para desarrollarse a las críticas a la teoría Whig de la historia, o a Morson y Bernstein. Wilde coloca más bien el acento, en todas estas cuestiones, en una teoría de la Ilustración, del desarrollo gradual de un análisis racional en y del pensamiento humano. Así, compara el paso de Heródoto a Polibio con las fases del desarrollo cultural según los positivistas:

"Quizá podamos decir que con [Tucídides] la filosofía de la historia está en parte en su estadio metafísico, y ver, en el progreso de esta idea de Heródoto a Polibio, la ejemplificación de la ley comteana de los tres estadios del pensamiento, el teológico, el metafísico y el científico; porque ciertamente esta concepción que llamamos Filosofía de la Historia se elevó partiendo de las vaguedades del misticismo teológico hasta convertirse en un principio científico, según el cual el pasado se explicaba y el futuro se predecía con referencia a leyes generales"


Polibio, decíamos, llega tarde para ser original  pero su posición privilegiada en esta secuencia de desarrollo conceptual está asegurada gracias a esa belatedness que diría Harold Bloom:

"¿Cuál es, entonces, la posición de Polibio? ¿Queda algún método nuevo para él? Polibio fue uno de esos muchos hombres que han nacido demasiado tarde para ser originales. A Tucídides le pertenece el honor de ser el primero en la historia del pensamiento griego en discernir la calma suprema de la ley y el orden subyacentes a las caprichosas tormentas de la vida, y tanto Platón como Aristóteles representan cada uno un gran principio nuevo. A Polibio le corresponde el oficio—cuán noble volvió ese oficio lo muestran sus escritos—de hacer más explícitas las ideas que estaban implícitas en sus predecesores, de mostrar que tenían una aplicabilidad más general y quizá un sentido más profundo de lo que antes había parecido; de examinar con más detenimiento las leyes que ellos habían descubierto, y, finalmente, de señalar de modo más claro que ninguno antes el alcance de la ciencia y los medios que ofrecía para analizar el presente y predecir el porvenir. Su oficio, por tanto, fue reunir lo que ellos habían dejado, dar a sus principios nueva vida mediante una aplicación más amplia".


Este, Sr. Wilde, es un pedazo de párrafo—¿lo habrá comentado Ricoeur? Contiene toda una narratología de la historia; no sé si contiene el concepto de ansiedad de la influencia de Bloom asimismo, aplicado a las tareas que quedan por hacer en historia en lugar de a la originalidad poética. Pero sí contiene al menos una visión lúcida del papel de la relectura, de la retrospectividad, y de los privilegios de estar subido a hombros de gigantes. Desde ahí se ve más de lo que veían los gigantes (se ve lo que estos tienen detrás de los ojos, por ejemplo). Gracias a la ayuda del tiempo, emergen de modo casi espontáneo (casi—no subestimemos al latecomer) las nuevas perspectivas y relaciones entre las teorías del pasado, como surgen a la visión del historiador las consecuencias inesperadas de las acciones de las gentes del pasado. (Viene a ser todo lo mismo, teorías y acciones). —Sobre el tema de interés indudable para una teoría de la retrospectividad y la historiografía que aquí apunta Wilde, eso de "hacer explícitas las ideas implícitas" y mostrar que tienen una aplicabilidad más amplia, escribí aquel artículo sobre la espiral hermenéutica).

Así pues, surge en Oscar Wilde una teoría emergentista de la historiografía. Es un emergentismo que requiere una amplia perspectiva observacional y metodológica, y geográfica, además de temporal. Lo nuevo sólo puede surgir como resultado de la interacción de muchos elementos previamente inconexos, o aparentemente inconexos (—only connect).

Respecto de la amplitud de perspectiva observacional y metodológica: Polibio basa sus teorías políticas en el mundo de los hechos, no en especulaciones idealistas ni en el estudio de leyes anteriormente existentes. El interaccionismo simbólico ha enfatizado la importancia de enfocar el estudio de los fenómenos humanos sobre la base de un estudio de la situación global, y no de aspectos preseleccionados por un método. Habría aquí, pues, una cierta afinidad.

Respecto de la amplia perspectiva geográfica, Polibio es el historiador de la expansión de Roma: con un poco de hindsight bias, podríamos llamarlo el primer historiador de la globalización. Según Wilde,

"nos dice que, antes de sus días, los acontecimientos del mundo eran inconexos y separados, y las historias estaban confinadas a los límites de países concretos. Ahora, por primera vez, el imperio universal de los romanos hacía posible una historia universal" 
 


Léase esto, claro, cum grano salis.

Es Polibio moderno en tanto que historiador ilustrado, racionalista, que intenta elevar su disciplina a un nivel superior desechando historias de milagros, apariciones sobrenaturales, etc. Es un desmitologizador:

"'Nada', nos dice, 'revela tanto un espíritu necio como el intento de explicar cualquier fenómeno por el principio de la casualidad o de la intervención sobrenatural. La historia es una búsqueda de causas racionales, y no hay nada en el mundo—ni siquiera los fenómenos que nos parecen más improbables y alejados de leyes—que no sea el resultado lógico e inevitable de ciertos antecedentes racionales".


Está claro que Polibio no iba a admitir apriorismos doctrinales en su búsqueda de una ciencia histórica racional. En otros muchos aspectos es moderno Polibio. Narratológicamente hablando, rechaza el uso del estilo directo en historia para reproducir supuestas palabras y discursos de los personajes históricos. Sus antecesores (y sucesores) introducirán estos discursos no en tanto que documentos auténticos sino en tanto que acercamientos interpretativos a la verdad del personaje. Pero Polibio rechaza estos métodos abiertamente ficcionalizantes, y en esto es un adelantado a su tiempo, nos dice Wilde.

Wilde aboga por enfrentarse a la complejidad de la historia, evitando simplificaciones, y por preservar en los escritos históricos esa complejidad, evitando simplificaciones (Aquí critica el dicho de D'Alembert según el cual los historiadores tendrían que hacer una limpia cada siglo y quedarse sólo con los acontecimientos principales). La complejidad y multiplicidad permite una relectura fructífera, y el surgimiento de nuevas interpretaciones, con una mejor comprensión del pasado que pareció inconexo y caótico en su momento:

"Además, como señaló Gibbon, 'un Montesquieu detectará en el acontecimiento más insignificante relaciones que el vulgo pasa por alto'."


Aquí nos hace pensar Wilde (avant la lettre, claro) en la crítica de Feyerabend contra el apriorismo metodológico. Wilde, claro, no podía sino estar contra el método en última instancia. Un método preestablecido selecciona sólo cierto tipo de causas; así lanza Wilde una pulla contra la economía política tan en boga en su tiempo (¡y en el nuestro!) por su autorrestricción deliberada a un determinado tipo de causas y explicaciones. También es cierto que ve Wilde un apriorismo en la restricción de enfoque que hacen Tucídides y Polibio, centrando sus historias sólo sobre determinado tipo de causas o procesos históricos (en el caso de Polibio, muy consciente y deliberadamente). Pero en este caso defiende Wilde esta opción como un desarrollo necesario del valor cognoscitivo de las teorías, y del razonamiento abstractivo en la historia.

El conocimiento histórico detallado requiere una cierta proximidad. Así Polibio está contra el exceso de retrospección. Para él es crucial la cercanía del historiador a los acontecimientos. Aquí parece enmendar la plana a Ricoeur o Mink, cuando enfatizan la necesidad de una perspectiva temporal. Para Polibio, un exceso de perspectiva retrospectiva produce pérdidas de visión. Así lo explica Wilde:

"El historiador ideal debe ser contemporáneo a los acontecimientos que describe, o estar separado de ellos por una generación tan sólo. De ser posible, ha de ser testigo ocular de lo que escribe; cuando eso no puede ser, ha de someter cuidadosamente a prueba todas las tradiciones y relatos, y no estar dispuesto a aceptar lo que es plausible en lugar de lo que es verdadero".


Podríamos decir, en realidad, que el hindsight bias va creciendo en relación directa con el benefit of hindsight, según hemos apuntado antes. No hay una perspectiva correcta única desde la cual escribir historia. Hay historias para los contemporáneos y sucesores recientes, y hay historias para la remota posteridad. Quizá el historiador con vocación política esté más interesado en la primera, en la historia reciente y contemporánea. En cuanto a las reflexiones de Wilde, creo que valen tanto para sus contemporáneos como para la posteridad.

El espíritu crítico y racional que Wilde ve desarrollarse en Grecia no continúa su crecimiento en Roma, y con ello llega a su fin su ensayo sobre El surgimiento de la crítica histórica. Quizá fue por falta de oposición estimulante: la religión romana es puramente formulista, funcionarial, no despierta pasiones ni creencias. Por otra parte, es también ritual y formularia la filosofía romana, sin la dimensión de exploración y rebeldía contra las creencias tradicionales que  tenía la griega:

"En la historia del pensamiento romano en ninguna parte encontramos ninguna de esas características de la Iluminación griega que según he señalado son fenómenos necesariamente concomitantes del surgimiento de la crítica histórica. El respeto conservador hacia la tradición que hacía deleitarse a los romanos en los ritos y formulismos legales, tan evidente en su política como en su religión, fue fatal para que pudiese darse la aparición de ese espíritu de rebeldía ante la autoridad, cuya importancia ya hemos visto, como factor de progreso intelectual."


El origen de la historia romana está en los anales funcionariales del Colegio de Pontífices. Este

"poseía desde el principio una colección extraordinarimente voluminosa de los materiales de la historia, que, sin embargo, produjo únicamente anticuarios, no historiadores. Es tan difícil usar los hechos, tan fácil acumularlos."


Aprecia Wilde a Salustio como (el único) historiador crítico y racionalista de Roma. Cicerón es demasiado patriota y tradicionalista para ser crítico, y Livio un escritor más interesado en los espisodios pintorescos que en el pensamiento racional. Y en Tácito "la imaginación ha ocupado el lugar de la historia"; es un escritor vívido y con capacidad psicológica, pero no un crítico racionalista. Es pues con el espíritu crítico griego con el que conecta la modernidad a través de los siglos, y es al primer nacimiento del espíritu crítico al que rinde homenaje Oscar Wilde en este ensayo. Con la amplia perspectiva que le da el paso del tiempo, y con una inteligencia casi aterradora en un estudiante.

Cognición retrospectiva, intertextualidad e interpretación




Retroposts
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En Cetina

viernes, 27 de enero de 2017

En Cetina

En Cetina

El día del Holocausto - Y la traición desde el poder

La Voz de César Vidal, viernes, 27 de enero de 2017

 

El día del Holocausto - Y la traición desde el Poder

El muro en Tijuana

viernes, 27 de enero de 2017

El Muro en Tijuana

Para hacer esta muralla
Tráiganme todas las manos
Los negros sus manos negras
Los blancos sus blancas manos.




No lo ha levantado Trump esta semana. Así estaba el Muro en la playa de Tijuana hace un año.
el muro en tijuana

Éste, si no lo hizo Obama, lo debió de hacer Bush. O Clinton. O Nixon.  En fin, así está la cosa. De aquí, a más. Donde hay frontera, y diferencia, habrá un muro, o ya lo hay, aunque sea invisible. El muro es sólo la materialización literal de una prohibición legal: la de cruzar la frontera sin autorización administrativa. Las alternativas son varias: hacer cumplir la ley (y aquí el muro es un instrumento administrativo más) o dejar que la ley sea letra muerta, y no se aplique (o sea, que no haya ley para quien no quiera cumplirla, y que tonto el que la siga).

Otra alternativa, la comúnmente seguida, es poner obstáculos administrativos más o menos grandes a quien se la salta, y ésta ha sido la opción preferida hasta hoy. Que se anime a saltar la valla el más musculado, o el más caradura, o el más necesitado. Eso da un margen, y un respiradero al factor humano que los muros tienden a dificultar, o a suprimir si pueden. Claro que, mezclado con el factor humano, está el factor mafioso, y de ahí la tendencia a ir a más a la hora de recalcar la frontera—o las estrategias diferentes seguidas por diferentes administraciones, según las circunstancias y las ideologías. Unas veces se hace a bocinazos, como Trump, y otras a la chita callando.

Otra alternativa más, la preferida por la izquierda teórica, pero sólo mientras no gobierna, es suprimir las fronteras—y hoy por hoy no parece que vaya a ser el caso.




La valla de Melilla hoy

 

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Retropost (2007) - Goffman: La realidad como expectativa autocumplida


Observo que ha aparecido una traducción española de Frame Analysis de Erving Goffman: Frame Analysis: Los marcos de la experiencia (Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 2006). Eso me eximirá de meterme yo mismo a traducir el imponente tocho.

Hace tiempo que quería escribir un comentario sobre la conclusión, especialmente por la teoría del sujeto que parece ofrecer Goffman, como corolario a su análisis de la experiencia y sus transformaciones a lo largo del libro. Y también por las conexiones sugestivas que se ofrecen para una teoría de la retroacción y retrospección, o sea, una teoría narrativa sobre la constitución de la realidad.

La tesis central de Goffman la podríamos resumir así: Un marco es un límite imaginario que se coloca en torno a un conjunto de signos para considerarlos en su unidad y diferenciarlos respecto a lo que queda fuera del marco. Los marcos se utilizan para estructurar la experiencia, y para transformarla, sometiendo la secuencia de signos enmarcada a distintas modulaciones, manipulaciones o recontextualizaciones. Enmarcar, modular, y romper el marco son operaciones semióticas básicas que estructuran nuestra actividad y la realidad que habitamos (y construimos, y transformamos).

Me parece que el concepto de Goffman tiene grandes posibilidades de entroncar (seguramente ya lo ha hecho, pero esto es un blog) con todo un conjunto de disciplinas que necesitan hablar de signos y su transformación, desde la neurología hasta la narratología, pasando por la lingüística. Por tomar un ejemplo intermedio, volvamos a la teoría de Arbib sobre el origen del lenguaje. Se basa en uno de los desplazamientos de marco de Goffman (en lugar del gesto original, un gesto in absentia que deviene un signo: llevarse la mano a la boca, sin nada, como signo de "comer"). En este ejemplo, el desplazamiento original del gesto auténtico al signo está posibilitado por un tipo especial de neuronas que estimulan la actividad reflexiva (las neuronas espejo). Pero la reflexividad en sentido más amplio, ya generalizada al conjunto de la semiosis, es inherente a la teoría de los marcos. Un marco enmarca signos para poder funcionar y crear sentido en su interior, y sin embargo ese mismo enmarcamiento posibilita el ficcionalizar ese conjunto de signos, desplazarlo a otra función, re-significarlo, re-presentarlo.

Así comienza la conclusión de Frame Analysis:

"Este estudio comenzó con la observación de que tenemos (y otros en cantidad considerable tienen) la capacidad y voluntad de usar la actividad concreta, efectiva (actividad que tiene sentido en sí misma)—como un modelo sobre el cual efectuar transformaciones para divertirse, engañar, experimentar, ensayar, soñar, fantasear, ritualizar, demostrar, analizar y practicar la caridad. Estas vivaces sombras de acontecimientos se engranan en la marcha continuada del mundo, pero no exactamente de la manera tan próxima como es el caso de la actividad ordinaria, literal." (560, traduzco).


Antes de que me interrumpa algún desconstructivista, le bajo la mano de un sopapo admitiéndole que esa actividad "literal" es el resultado de la sedimentación previa de mucha actividad no literal; y que de hecho es "literal" mientras no se diga lo contrario. Así, con la llegada de una catástrofe imprevista, toda nuestra actividad literal y nuestras prioridades anteriores quedan súbitamente ficcionalizadas: "for even as it is shown that we can become engrossed in fictive planes of being, giving to each in turn the accent of reality, so it can be shown that the resulting experiences are derivative and insecure when placed up against the real thing" (ibid.).

Cualquier ficción puede servir pues como plano real sobre el cual apoyar una ficción más evidente, "llevando a uno a pensar que lo auténticamente soberano es la relación, no la sustancia" (560-61). Y la actividad cotidiana es de hecho no "literal" sino precisamente un complejo tejido de actividades enmcarcadas a distintos niveles, una transición fluida a través de diversos planos de existencia. Y si filmamos esa compleja vida cotidiana, "enmarcándola", añadimos un plano más, "Pero aquello de lo que la versión cinematográfica sería copia, es decir, un ejemplar irreal, sería a su vez algo no homogéneo con respecto a la realidad, atravesado a su vez por distintas enmarcaciones y sus diversos planos de existencia" (561)

La realidad se modela e interpreta de acuerdo con estos marcos ideales, que a su vez retoman la realidad como base de operaciones. Una famosa modelo pasando un vestido simula ser una persona normal que a su vez imita a la modelo. Aquí Goffman piensa en Oscar Wilde, y su propuesta de que la realidad tal como la percibimos está hecha de esquemas creados y difundidos por el arte: "Puede que la vida no sea una imitación del arte, pero la conducta ordinaria, en cierto sentido, es una imitación de de lo que es propio, un gesto hacia las formas ejemplares, y la realización primigenia de estos ideales pertenece más a la ficción que a la realidad" (562).

Existe así una relación retroalimentativa, o circular, entre lo que creemos que es la realidad, y lo que es la realidad. Si interpretamos la realidad de acuerdo con ciertos marcos interpretativos, estamos contribuyendo a que sea esa la realidad, en una especie de preparación por anticipado de lo que será nuestra retrospección sobre las acciones que llevemos a cabo, orientados por tal comprensión: "Lo que la gente entiende que es la organización de su experiencia, lo refuerzan y apoyan a modo de una profecía autocumplida" (563). Esto se hace, dice Goffman, por medio de historias ejemplares (hay aquí implícita toda una narratología del exemplum), de juegos, adivinanzas, noticias, que confirman la lectura aceptada del mundo. Estos rituales de autosustentación de la realidad forman parte importante (y poco explícitamente reconocida) de la educación de la juventud.

Aquí encuentran un lugar privilegiado, entre estas maniobras de autoconfirmación, las diversas modalidades del hindsight bias o distorsión retrospectiva que han analizado de modo tan brillante Michael J. Bernstein (en Foregone Conclusions) y Gary Saul Morson (en Narrative and Freedom). (Puede leerse más sobre la distorsión retrospectiva y sus consecuencias hermenéuticas en mi pseudolibro Objects in the Rearview Mirror May Appear Firmer Than They Are). En una dialéctica de proyecciones top-down e interpretaciones bottom-up, la realidad que nos permite interactuar con otros y con ella se sostiene por acuerdo mutuo y por expectativas autocumplidas. Esto le añade solidez (bueno—un cierto tipo de solidez) no sólo a lo real actual, a lo que existe ahora, sino también a la trabazón entre el pasado y el presente. El club de apoyo mutuo que crean los marcos interpretativos hace también que interpretemos el pasado a la medida del presente, pero de un presente que interpretamos como continuación y producto del pasado. Anticipación del futuro, pero también anticipación de la retrospección, una retrospección que se fundamentará en esa previsión de retrospección. Expectativa autocumplida para el presente; constitución retroactiva para el pasado. Así el pasado adquiere toda la solidez que pueda tener tal ente, y el presente se nos escapa menos (al estar firmemente enmarcado en una serie de coherencias, premoniciones y prácticas establecidas).

"De incontables maneras e incesantemente, la vida social absorbe e incorpora a sí misma el entendimiento que de ella tenemos" (563). En un paréntesis autorreflexivo importante, admite Goffman que la teoría social no está aislada de este proceso, a un nivel metalingüístico intocable, sino que forma parte integrante de él: "(Y ya que hay que admitir que mi análisis de los marcos se fusiona con el que emplean los propios sujetos, el mío, en esa medida, ha de funcionar como una fantasía de apoyo más)" (563). Lo mismo sucede, supongo, con la crítica de Morson a las profecías autocumplidas, o con mi crítica a su crítica. Entender el funcionamiento de los marcos interpretativos es también darles solidez, no sólo mostrar que están hechos de aire.

De aquí pasaremos a la teoría del sujeto de Goffman —otra cosa aérea y sólida a la vez. Pero ya le vale por hoy para un post: después de todo, a post is a post is a post, lo cual es otra expectativa autocumplida.

El yo relacional 
 

 
 


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