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Vanity Fea

Retropost (2007): Lectura lacaniana del 11-M


Adoptemos la teoría de la conspiración como hipótesis de trabajo. Una conspiración (que la ha habido) cuyo detalle queda, como el contenido de "La carta robada" de Edgar Allan Poe, sin especificar plenamente. Siguiendo el análisis de Lacan, nos centraremos más bien en la trayectoria del significante, y en cómo los conspiradores caen presa de sus propias artes.  


A la manera de un retorno de lo reprimido, un mensaje siempre llega a su destino. El emisor, nos dice Lacan, recibe del receptor su propio mensaje en forma invertida. En "La carta robada" de Poe, diversos personajes ocupan sucesivamente el punto ciego desde el cual nada se ve, y caen víctimas de una persona con una comprensión más global de lo que sucede, que a su vez se confía y finge ceguera, sólo para volverse realmente ciega y caer víctima de un tercero más avispado, que pronto sin embargo ocupará el mismo puesto de su víctima y repetirá la maniobra.
 


Llama la atención en este relato que para recuperar y ocultar las pruebas de un posible complot que podría conllevar traición de Estado, se acuda nada menos que a la Policía. Lacan explica así este curioso paralelismo y complicidad culpable entre la Autoridad—ciega por definición a las intrigas y complots de su cara mitad y partícipe en el más alto puesto—y la Policía, que no ve o prefiere no ver lo que se trae entre manos. 


Rex et augur: la cualidad legendaria, arcaica, de estas palabras, parece resonar sólo para mejor sugerirnos el absurdo de aplicarlas a un hombre. Y las figuras de la historia, de un tiempo a esta parte, no nos estimulan precisamente a hacerlo. No es natural para el hombre llevar él solo el peso del más alto de los significantes. Y el símbolo del lugar que ocupa, tan pronto como se toca uno con él, puede con igual propiedad convertirse en el símbolo de la imbecilidad más pasmosa.
Digamos que el Rey aquí viene investido con el equívoco que es connatural a lo sagrado, con la imbecilidad que no aprecia otra cosa que el Sujeto.
Eso es lo que dará su significado a los personajes que lo sucederán en su posición. No es que haya que considerar a la Policía constitucionalmente iletrada, y conocemos el papel de las picas plantadas en el campus en el nacimiento del Estado. Pero la policía que ejerce sus funciones aquí está claramente marcada por los modos del liberalismo, es decir, por los que le imponen unos amos poco preocupados por eliminar sus tendencias a la indiscreción. Por eso de cuando en cuando y sin morderse la lengua se les recuerdan las atribuciones reservadas a ellos: "Sutor ne ultra crepidam [el zapatero a sus zapatos]: vosotros ocupaos de vuestros cacos. Llegaremos incluso a proporcionaros, para hacer eso, medios científicos. Eso os ayudará a no pensar en las verdades que más vale dejar a oscuras."
Se sabe que el alivio resultante de principios tan prudentes habrá durado en la historia sólo el intervalo de una mañana, y que ya la marcha del destino vuelve a traer por todas partes (secuela de la justa aspiración al reino de la libertad) un interés hacia aquellos que la perturban con sus crímenes, interés que a veces llega hasta el punto de falsificar pruebas. Hasta puede verse que esta práctica, que fue siempre bien recibida en la medida en que se ejercía a favor de la mayoría, llega a autentificarse en públicas confesiones de falsificación, hechas por los mismos que en teoría podrían tener las mayores objeciones a ello: es la manifestación más reciente de la preeminencia del significante sobre el sujeto.


Hay cegueras reales, y otras fingidas: pero una vez han tenido éxito temporal las conspiraciones y ocultaciones, se coge confianza, y van al traste inevitablemente. Por la tendencia fatídica a creer que los secretos inconfesables, y la alta traición, pueden pasar desapercibidos por el procedimiento de exhibirlos tranquilamente en la vía pública.


Ciegos guiando ciegos






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Los enemigos del comercio

 






Alta torre mudéjar

domingo, 29 de enero de 2017

Alta torre mudéjar

Alta torre mudéjar

Retropost (2007): La Visión del Templo




El año pasado se publicó por primera vez El Evangelio de Judas, un importante texto gnóstico que llevaba muchos siglos perdido, y sólo se conocía por la mención que de él hizo Ireneo de Lyon, uno de los padres de la Iglesia. Es un texto interesantísimo para los historiadores de las religiones. Y muy molesto, sin duda, para la Iglesia, tanto hoy como en los tiempos del Imperio Romano. Claro que, qué se iba a esperar del Evangelio de Judas (Iscariote)...  nada bueno para el cristianismo.

En la primera escena del Evangelio de Judas, Jesús se ríe de los discípulos cuando los ve rezando y bendiciendo la mesa:

Los discípulos [le] dijeron: "Maestro, ¿por qué te ríes de [nuestra] oración de agradecimiento? Hacemos lo correcto".
    Él respondió diciéndoles: "No me río de vosotros. no hacéis esto por vuestra voluntad, sino porque ésta es la forma en que vuestro dios [debe ser] alabado". Ellos dijeron: "Maestro, tú eres [...] el hijo de nuestro dios". Jesús les respondió: "¿Cómo me conocéis? En verdad, [yo] os digo que ningún descendiente de los que están entre vosotros me conocerá".


En efecto, el dios en el que creen los discípulos, el dios del Antiguo Testamento, es según los gnósticos un impostor, un dios de segunda, imperfecto, que ha creado un mundo imperfecto como él. El Dios de la Iglesia será su continuación, y los "cristianos" a lo largo de la historia no conocerán al verdadero Maestro. Jesús participa de una realidad superior, "otra estirpe grande y santa", una realidad suprema más allá de esta realidad y de su dios. De entre los discípulos, sólo Judas lo adivina:

Judas le dijo: "Sé quién eres y de dónde vienes. Tú perteneces al reino inmortal de Barbelo. Y yo no soy digno de pronunciar el nombre de quien te ha enviado".


En esta teología hay dioses y diosas, principios femeninos y masculinos, alternativos a la teología tan viril del Antiguo y Nuevo Testamento (antes de la llegada de la Virgen María como nueva Diosa Madre). Judas será el único que comprende que Jesús no viene a ofrecerles la teología que esperaban, sino otra más incómoda.

En otra escena, los discípulos ven un Templo con sus sacerdotes haciendo sacrificios infames y pecaminosos mientras se alaban unos a otros, todos invocando el nombre de Jesús. Piden a Jesucristo que les explique esta visión, que les ha dejado preocupados:

Jesús les dijo: "¿Por qué os atribuláis? En verdad os digo que todos los sacerdotes que están frente al altar invocan mi nombre. (...) [Y ellos] han plantado árboles sin fruto en mi nombre, de manera vergonzosa". Jesús les dijo: "Aquellos a quienes habéis visto recibiendo las ofrendas en el altar , ésos sois vosotros. Ése es el dios a quien servís, y vosotros sois esos doce hombres que habéis visto. El ganado que habéis visto que llevaban al sacrificio son todas las personas a las que vosotros descarriasteis frente a aquel altar. [...] resistirá y se servirá de mi nombre de esta manera, y generaciones de gentes piadosas se mantendrán leales a él. Después habrá allí otro hombre que será de [los fornicadores], y otro ha[brá] de los infanticidas, y de los que yacen con otros hombres, y de los que se abstienen, y el resto de las gentes entregadas a la corrupción, la ilegalidad y el error, y aquellos que dicen: 'Somos como ángeles'; ellos son las estrellas que provocan la extinción de todas las cosas. Porque durante generaciones los hombres han dicho: 'Mira, Dios ha recibido vuestro sacrificio de las manos de un sacerdote'; es decir, de un ministro del error. Pero es el Señor, el Señor del Universo, quien gobierna; 'En el último día ellos serán humillados'.".


Es alarmante para los discípulos saber que esta visión de un Establishment religioso corrompido amalgama en uno tanto el Templo de los fariseos como la nueva iglesia que está en sus comienzos y que va a nacer de las predicaciones cristianas, o más bien cristianistas. El Jesús del Evangelio de Judas no funda ninguna iglesia; a la manera de un iluminado revolucionario, enfatiza en su lugar el destino espiritual individual de cada alma, y su relación directa con la divinidad: "Dejad de luchar contra mí", les dice: "Cada uno de vosotros tiene su propia estrella". Recuerdan los editores el paralelismo aquí con la doctrina platónica del Timeo, que parece haber influido mucho a los gnósticos (en combinación con antiguos mitos de creación de Oriente Medio, en los que tienen un papel preponderante los principios femeninos además de los masculinos). La teología de este Evangelio, en suma, poco tiene que ver con la familiar teología cristiana. Muchas almas no son inmortales, hay toda una jerarquía de dioses y no es el mejor el que nos ha tocado; el Infierno brilla por su ausencia, y la Salvación es algo más impersonal y abstracto y menos ligado a una moral pública y una actitud ortodoxa.

Sólo Judas escucha realmente a Jesús, porque ha tenido una visión en la que los doce discípulos lo lapidaban y acosaban. También le pide una explicación:

Jesús respondió y le dijo: "Te convertirás en el decimotercero, y serás maldecido por las otras estirpes, y llegarás a prevalecer sobre ellas. En los últimos días maldecirán tu ascenso a la [estirpe] santa".


Acto seguido, pasa a exponerle "secretos que nadie ha visto", y le narra la historia de la Creación y del origen de los dioses inferiores que han dado lugar a este mundo. También narra el fin de este mundo y sus creencias, y la muerte de todas las almas menos las que, según las creencias gnósticas, están destinadas a ser admitidas a la "gran estirpe" (un cielo más exclusivo, menos democrático por tanto que el de los evangelios canónicos). Judas, como Jesús, es uno de ellos, pues es el único discípulo digno de recibir esta revelación. También es el elegido para entregar a Jesús a la muerte, una muerte que no es sino el cumplimiento de su misión en este mundo. También Judas acepta así cumplir su misión, aunque ésta acarrea necesariamente la infamia, en lugar del aplauso, a los ojos de quienes comprenden imperfectamente. Así le dice Jesús en la penúltima escena:

Mira, ya se te ha dicho todo. Levanta tus ojos y mira la nube y la luz que hay en ella y las estrellas que la rodean. La estrella que marca el camino es tu estrella.


El Evangelio de Judas termina en un tono un tanto offbeat con la escena de la "traición". Los sacerdotes buscan cómo arrestar a Jesús sin despertar la ira del pueblo. Judas les dirá cómo hacerlo.

Se acercaron a Judas y le dijeron: "¿Qué haces aquí? Tú eres un discípulo de Jesús".
    Judas les respondió como ellos querían. Y él recibió algún dinero y les entregó a su maestro.

EL EVANGELIO DE JUDAS 
 
 
Así termina el texto, con el título, según era costumbre en los códices antiguos (—obsérvese que es el evangelio sobre Judas, no el evangelio escrito por Judas: el narrador o autor permanece anónimo). Este es el Códice Tchacos, encontrado en el desierto egipcio en 1970, vendido de marchante en marchante desde entonces, y reconstruido y editado cuidadosamente en el siglo XXI. Se ha datado hacia el año 220-240, y contiene textos de círculos gnósticos similares a los encontrados en 1945 en Nag Hammadi. Se han encontrado otros evangelios gnósticos, entre los declarados apócrifos y heréticos ya en los tiempos de los Padres de la Iglesia: el Evangelio de Tomás, la Revelación de Santiago, el Evangelio de María Magdalena, etc.

Está claro que el Evangelio de Judas se escribió en el seno de un grupo religioso "alternativo", que contestaba la incipiente oficialización y jerarquización de la Iglesia, su paso de reciente perseguida a futura perseguidora. Tiene algunos elementos en común con los textos escritos en tiempos de reformas y guerras de religión, como los de las sectas de no conformistas frente a la Iglesia de Inglaterra, o los textos de los místicos frente a los funcionarios e inquisidores de la Iglesia Católica. En el acto final de Judas vemos cómo se sitúa la verdadera espiritualidad más allá de todo gesto o acción que vayan a ser capaces de comprender los comisarios políticos eclesiásticos. Fariseos u obispos, todos son lo mismo para el Evangelio de Judas. Como dijo Milton con su soneto "contra los nuevos forzadores de conciencias", "New Presbyter is but Old Priest writ large". El Sacerdote, con su ortodoxia, sus formulismos, su monopolio de lo sobrenatural, y su apego a la Autoridad, es una constante de la historia; también, en consecuencia, lo es el anticlericalismo. Menos extendida está la espiritualidad anticlerical: los gnósticos, como Milton, eran profundamente religiosos y (quizá por eso mismo) profundamente anticlericales.

Fariseos, obispos, sacerdotes y presbíteros, a la vez que desautoricen y prohíban el evangelio de Judas, escucharán sin duda el relato de la Visión del Templo como los Apóstoles: con una irritación mezclada de inquietud.
 


Very Gnostic Matrix
 




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Retropost (2007): El gesto macaco





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Los nenes pequeños, Pibo y Otas, se han puesto como locos frenéticos a dibujar comics. Pibo ha hecho un comic de Fluvi, el sucedáneo de E.T. que inventaron como mascota para la Exposición de 2008; le tienen una devoción incomprensible, prueba de que son el público medio previsto por los diseñadores. Fluvi y su hijo. "Vamos a misa, hijo" (a la izquierda una iglesia, a la derecha un bingo) "No, mejor vamos a la derecha, Papi." También ha hecho las aventuras de Mr. Quesito y Mr. Radio que aquí figuran.
Alvarete ha dibujado, al estilo de El Bueno de Cuttlas, una versión paródica del Evangelio.

En cuanto a Otas, a veces se ve arrebatado por la inspiración y dibuja extrañas escenas de combates y aventuras donde él y Sergiopueyo son los protagonistas principales, entre muchos monstruos y robots ("blovots"). Pero esta vez no ha dibujado una panorámica, sino otro comic, en dos partes para más salero. Son las aventuras de Don Tomate y Don Plátano; la primera parte se titula "Oh, No!"; la segunda, "El Gesto Macaco". Lo siento, pero no me ha autorizado a reproducirlas aquí.

Aventuras de Don Pañuelo y Mister Manopla 
 




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Unas copas

sábado, 28 de enero de 2017

Unas copas

Unas copas

Retropost (2007): Víctimas victimizadas


La Asociación de Víctimas del Terrorismo se ha convertido en el chivo expiatorio de gran parte de la izquierda, por sus opiniones sobre la política antiterrorista del gobierno, por manifestarse contra ella, y por elegir al representante que creen que mejor defiende su postura y sus intereses (que "les manipula" al decir de quienes no tienen el menor interés en ellos a no ser para tildarlos de fachas). Sirva de ejemplo la opinión de Javier Marías:

"Si una víctima delinque, no por eso deja de ser víctima, pero pasa a ser también un delincuente. Y si una víctima persigue e insulta a quien le lanza una mirada o lee el diario que le apetece, tampoco dejará de ser víctima, pero además se habrá convertido en un energúmeno, un intolerante, un enemigo de la libertad y un miserable. Que el señor Alcaraz, de quien las Víctimas están siendo víctimas en los últimos tiempos, se pare a pensarlo un minuto, y se aplique el cuento."
(JAVIER MARÍAS, "Un país demasiado anómalo", El País Semanal, 21 de enero de 2007)


La ocasión de este artículo es que a una amiga suya la abuchearon e insultaron unos energúmenos durante una manifestación de la AVT porque la vieron comprando El País. ¿No parece un poco injusto, o más bien muy injusto, cargar contra el conjunto de la manifestación y de los manifestantes (cientos de miles de ellos) porque la amiga de Marías fue a dar con unos energúmenos? Vamos, que oyendo a Marías parece que era Alcaraz quien les iba jaleando a esos mamelucos, o pidiendo linchamientos de lectores de El País. ¿Desautorizar en persona al presidente de la AVT, acusándolo de manipulador, y por implicación soterrada y mezquina, también de "energúmeno, intolerante, enemigo de la libertad y miserable"—a él y a todos los miembros de la AVT, convertidos ahora según parece en delincuentes? Todo entre líneas, claro...

Me encantan las novelas de Javier Marías. Pero este artículo, y otros del mismo autor en el mismo medio, son sectarios, injustos, producto de una mala cabeza y un mal corazón... o de un mal momento. Tiene trastocadas las prioridades, y hace un uso falaz y tendencioso del caso que presenta como representativo. Pero tanto a Marías como a su amiga le alarma el uso de banderas españolas en las manifestaciones. Sólo queda repetir con él: "¿qué clase de lugar es éste en el que todavía nos sobresalta y alarma la abundancia de enseñas del país nuestro?" ¿Qué clase de País estamos haciendo, tan anómalo y autodestructivo?

A mí no me gustan las banderas. Cuantas menos, mejor. Pero más que la exhibición de la bandera nacional, me alarma más el que se considere motivo de alarma su uso por parte de personas que le recuerdan al Gobierno (y a tantas personas como el Sr. Marías) la obligación de atender a la justicia. Y aún más me alarma que sea necesario ese recordatorio.

Qué gentuza estos manifestantes



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Retropost (2007): Benefit of Hindsight



Quien ríe el último ríe mejor. El último tiene topsight:  está en la atalaya retrospectiva, desde la que se aprecia un amplio panorama. Quien goza de topsight (dominio de la situación) en el campo de batalla también puede hacer gala de foresight: con mayor información somos amos del tiempo, no sólo del presente sino del futuro. Y del pasado: el benefit of hindsight, la ventaja de llegar tras la batalla o la catástrofe, nos vuelve a todos más inteligentes que esos pobres seres atrapados en un pasado sin topsight,un pasado cuyo futuro no conocían. Después de la batalla, todos generales. Una vez visto, todos listos. A toro pasado, como se dice a veces. Es el síndrome del "Es que lo sabía, lo sabía". Oteando desde la atalaya retrospectiva, conocemos no sólo el pasado: conocemos el futuro del pasado (el único futuro que podemos conocer con certeza). Conocemos también muchos rincones del presente que se ocultaban a los actores. Somos, pues, los amos del tiempo, a la espera de otro que reirá el penúltimo a costa nuestra.

Benefit of hindsight  es lo contrario de hindsight bias. Ventajas de la retrospección, lo contrario de la distorsión retrospectiva (—aunque los contrarios se tocan, veremos...). El benefit of hindsight es evidente, y está tan instalado en nuestros hábitos y actitudes hacia el tiempo, que resulta desconcertante y contraintuitivo montarle una crítica. (Es lo que hacen Gary Saul Morson en Narrative and Freedom y Michael André Bernstein en Foregone Conclusions). Son dos contra muchos: por naturaleza no somos muy críticos con la distorsión retrospectiva, sino que nos apuntamos alegremente a ella, es tanto lo que se gana. El tiempo transcurrido entre un acontecimiento y su observación histórica no es muerto ni neutro, dice Ricoeur: es productivo. Queramos o no, vemos cosas que los contemporáneos no podían ver. Así, hindsight es una palabra que se acuñó pronto (el español aún no la ha acuñado, sin embargo: "ver el pasado con perspectiva" tiene menos precisión). En cambio, hindsight bias ha tenido que esperar mucho tiempo a hacer su aparición entre los conceptos disponibles, pues nos cuesta renunciar a este privilegio del que ríe (o llora) el último.

¿Hay en realidad una diferencia entre hindsight bias y benefit of hindsight? Sí la hay, pero hay que tener en cuenta que un fenómeno crece en relación directa con el otro. Eso complica un tanto sus relaciones. La distancia histórica produce tanta ceguera como comprensión, blindness and insight. Por parafrasear a Paul de Man: blindness and hindsight. Nada diferente, en realidad a nuestro conocimiento parcial y tendencioso del presente. Nuestras acciones presentes sobre la base de una interpretación imperfecta de la situación global son una especie de blindsight, visión ciega, que sólo un analista con más perspectiva podrá explicar adecuadamente. 

Leía hace poco El surgimiento de la crítica histórica de Oscar Wilde (The Rise of Historical Criticism, de hacia 1879), un ensayo que contiene entre otras cosas toda una teoría historiográfica de la retrospección, y del benefit of hindsight. Wilde examina a los historiadores clásicos desde una cómoda atalaya clasicista-moderna.

Bienaventurados sean los que nacen tarde, porque ellos verán el final de la historia. Y comprenderán mejor, de ese modo, el principio. En el ensayo de Wilde el papel del hombre que llegó tarde le corresponde a Polibio. La teoría crítica de la sociedad y su desarrollo surge en la Antigüedad, separándose de mitos y tradiciones. Se desarrolla lentamente en Heródoto, en Tucídides, en Platón, encuentra su fase avanzada en Aristóteles (—Wilde aristotélico, ojo. El personaje no deja de darnos sorpresas). En Aristóteles observa Wilde como un gran avance su reconocimiento de la capacidad de progreso, y de la tendencia humana hacia una vida superior. (Observemos que según El crítico como artista la vida superior humanamente alcanzable, la vida contemplativa similar a la de los dioses, es la vida del crítico inteligente).

Pero es Polibio quien lleva a su perfección la teoría y práctica de la historia como conocimiento de los seres humanos e interpretación racional de sus acciones.

"A imitación de [Platón y Aristóteles] Polibio ofrece una explicación del origen de la sociedad al comienzo de su filosofía de la historia. Un tanto al modo de Platón, imagina que después de uno de los diluvios cíclicos que barren la humanidad a intervalos determinados y que destruyen toda la civilización preexistente, los pocos supervivientes de la humanidad se reúnen para su mutua protección, y como sucede con los animales ordinarios, el más notable por su fuerza física es elegido rey. En breve tiempo, debido al efecto de la simpatía y el deseo de aprobación, las cualidades morales comienzan a aparecer, y es la excelencia intelectual en lugar de la corporal lo que se vuelve requisito para la soberanía.
    Otros puntos, como la aparición de la ley y similares, se tratan con un cierto espíritu moderno, y aunque al parecer Polibio no utilizó el método inductivo de investigación sobre este particular, o más bien, debería decir, el orden jerárquico del progreso racional de las ideas en la vida, no está muy alejado de los resultados que nos han dejado las laboriosas investigaciones de los viajeros modernos."


Wilde se refiere aquí a la concepción evolutiva o, podríamos incluso decir, emergentista, del progreso social. Una concepción que antes de llegar a William James o a George Herbert Mead tuvo sus antecesores en los nombres citados por Wilde (¡y en Wilde mismo!). El siglo XIX fue muy evolucionista. Pero yendo más atrás de Spencer, a la primera mitad del XVIII, hay que nombrar a Giambattista Vico, cuya Ciencia nueva se plantea precisamente como una teoría de la evolución gradual, necesaria y por pasos obligados, first things first, de los fenómenos culturales. De instituciones (la familia antes que el Estado), del lenguaje (la metáfora antes que el sentido literal), de la tradición (la poesía antes que la filosofía), etc. Y de las leyes y sistemas políticos muy especialmente, porque Vico era jurista. Bien, pues según Wilde, este tipo de teoría evolucionista ya está bien prefigurada en los clásicos, y especialmente, en su forma elaborada, en Polibio.

Vico, por cierto, también era clasicista, y sin duda derivó muchas de sus nociones de los clásicos, en particular tratando de refutar a los cartesianos apriorísticos, chomskianos de su propio siglo. En busca de argumentos y ejemplos acudió constantemente a la historia y oratoria clásica. Pero no era Vico un clasicista de los que dicen que "ya lo dijeron todo los griegos" (a la manera de López Eire). Antes bien, su teoría del desarrollo cultural le impide a Vico tener a los clásicos una devoción incondicional. Los clásicos vinieron de una larga tradición anterior, sí, pero nosotros venimos después. Y existe el peligro, para Vico, de proyectar sobre ellos nuestro propio desarrollo cultural, de creer que cuando tratan un tema lo hacen con todo el conocimiento que sólo sería posible gracias a ellos y a sus sucesores. Hay pues un hindsight bias inherente al trabajo del filólogo y del historiador: Vico lo llama la presunción de los académicos (cuando con la misma razón lo podía llamar la humildad de los académicos...).

Mais revenons à nos moutons. Wilde menciona a Vico, pero no le da más importancia relativa que a Montesquieu sobre esta cuestión. Existe, claro, el peligro de que por presunción de académico proyectemos sobre Vico (o sobre Polibio...) toda una teoría del hindsight bias que habría de esperar para desarrollarse a las críticas a la teoría Whig de la historia, o a Morson y Bernstein. Wilde coloca más bien el acento, en todas estas cuestiones, en una teoría de la Ilustración, del desarrollo gradual de un análisis racional en y del pensamiento humano. Así, compara el paso de Heródoto a Polibio con las fases del desarrollo cultural según los positivistas:

"Quizá podamos decir que con [Tucídides] la filosofía de la historia está en parte en su estadio metafísico, y ver, en el progreso de esta idea de Heródoto a Polibio, la ejemplificación de la ley comteana de los tres estadios del pensamiento, el teológico, el metafísico y el científico; porque ciertamente esta concepción que llamamos Filosofía de la Historia se elevó partiendo de las vaguedades del misticismo teológico hasta convertirse en un principio científico, según el cual el pasado se explicaba y el futuro se predecía con referencia a leyes generales"


Polibio, decíamos, llega tarde para ser original  pero su posición privilegiada en esta secuencia de desarrollo conceptual está asegurada gracias a esa belatedness que diría Harold Bloom:

"¿Cuál es, entonces, la posición de Polibio? ¿Queda algún método nuevo para él? Polibio fue uno de esos muchos hombres que han nacido demasiado tarde para ser originales. A Tucídides le pertenece el honor de ser el primero en la historia del pensamiento griego en discernir la calma suprema de la ley y el orden subyacentes a las caprichosas tormentas de la vida, y tanto Platón como Aristóteles representan cada uno un gran principio nuevo. A Polibio le corresponde el oficio—cuán noble volvió ese oficio lo muestran sus escritos—de hacer más explícitas las ideas que estaban implícitas en sus predecesores, de mostrar que tenían una aplicabilidad más general y quizá un sentido más profundo de lo que antes había parecido; de examinar con más detenimiento las leyes que ellos habían descubierto, y, finalmente, de señalar de modo más claro que ninguno antes el alcance de la ciencia y los medios que ofrecía para analizar el presente y predecir el porvenir. Su oficio, por tanto, fue reunir lo que ellos habían dejado, dar a sus principios nueva vida mediante una aplicación más amplia".


Este, Sr. Wilde, es un pedazo de párrafo—¿lo habrá comentado Ricoeur? Contiene toda una narratología de la historia; no sé si contiene el concepto de ansiedad de la influencia de Bloom asimismo, aplicado a las tareas que quedan por hacer en historia en lugar de a la originalidad poética. Pero sí contiene al menos una visión lúcida del papel de la relectura, de la retrospectividad, y de los privilegios de estar subido a hombros de gigantes. Desde ahí se ve más de lo que veían los gigantes (se ve lo que estos tienen detrás de los ojos, por ejemplo). Gracias a la ayuda del tiempo, emergen de modo casi espontáneo (casi—no subestimemos al latecomer) las nuevas perspectivas y relaciones entre las teorías del pasado, como surgen a la visión del historiador las consecuencias inesperadas de las acciones de las gentes del pasado. (Viene a ser todo lo mismo, teorías y acciones). —Sobre el tema de interés indudable para una teoría de la retrospectividad y la historiografía que aquí apunta Wilde, eso de "hacer explícitas las ideas implícitas" y mostrar que tienen una aplicabilidad más amplia, escribí aquel artículo sobre la espiral hermenéutica).

Así pues, surge en Oscar Wilde una teoría emergentista de la historiografía. Es un emergentismo que requiere una amplia perspectiva observacional y metodológica, y geográfica, además de temporal. Lo nuevo sólo puede surgir como resultado de la interacción de muchos elementos previamente inconexos, o aparentemente inconexos (—only connect).

Respecto de la amplitud de perspectiva observacional y metodológica: Polibio basa sus teorías políticas en el mundo de los hechos, no en especulaciones idealistas ni en el estudio de leyes anteriormente existentes. El interaccionismo simbólico ha enfatizado la importancia de enfocar el estudio de los fenómenos humanos sobre la base de un estudio de la situación global, y no de aspectos preseleccionados por un método. Habría aquí, pues, una cierta afinidad.

Respecto de la amplia perspectiva geográfica, Polibio es el historiador de la expansión de Roma: con un poco de hindsight bias, podríamos llamarlo el primer historiador de la globalización. Según Wilde,

"nos dice que, antes de sus días, los acontecimientos del mundo eran inconexos y separados, y las historias estaban confinadas a los límites de países concretos. Ahora, por primera vez, el imperio universal de los romanos hacía posible una historia universal" 
 


Léase esto, claro, cum grano salis.

Es Polibio moderno en tanto que historiador ilustrado, racionalista, que intenta elevar su disciplina a un nivel superior desechando historias de milagros, apariciones sobrenaturales, etc. Es un desmitologizador:

"'Nada', nos dice, 'revela tanto un espíritu necio como el intento de explicar cualquier fenómeno por el principio de la casualidad o de la intervención sobrenatural. La historia es una búsqueda de causas racionales, y no hay nada en el mundo—ni siquiera los fenómenos que nos parecen más improbables y alejados de leyes—que no sea el resultado lógico e inevitable de ciertos antecedentes racionales".


Está claro que Polibio no iba a admitir apriorismos doctrinales en su búsqueda de una ciencia histórica racional. En otros muchos aspectos es moderno Polibio. Narratológicamente hablando, rechaza el uso del estilo directo en historia para reproducir supuestas palabras y discursos de los personajes históricos. Sus antecesores (y sucesores) introducirán estos discursos no en tanto que documentos auténticos sino en tanto que acercamientos interpretativos a la verdad del personaje. Pero Polibio rechaza estos métodos abiertamente ficcionalizantes, y en esto es un adelantado a su tiempo, nos dice Wilde.

Wilde aboga por enfrentarse a la complejidad de la historia, evitando simplificaciones, y por preservar en los escritos históricos esa complejidad, evitando simplificaciones (Aquí critica el dicho de D'Alembert según el cual los historiadores tendrían que hacer una limpia cada siglo y quedarse sólo con los acontecimientos principales). La complejidad y multiplicidad permite una relectura fructífera, y el surgimiento de nuevas interpretaciones, con una mejor comprensión del pasado que pareció inconexo y caótico en su momento:

"Además, como señaló Gibbon, 'un Montesquieu detectará en el acontecimiento más insignificante relaciones que el vulgo pasa por alto'."


Aquí nos hace pensar Wilde (avant la lettre, claro) en la crítica de Feyerabend contra el apriorismo metodológico. Wilde, claro, no podía sino estar contra el método en última instancia. Un método preestablecido selecciona sólo cierto tipo de causas; así lanza Wilde una pulla contra la economía política tan en boga en su tiempo (¡y en el nuestro!) por su autorrestricción deliberada a un determinado tipo de causas y explicaciones. También es cierto que ve Wilde un apriorismo en la restricción de enfoque que hacen Tucídides y Polibio, centrando sus historias sólo sobre determinado tipo de causas o procesos históricos (en el caso de Polibio, muy consciente y deliberadamente). Pero en este caso defiende Wilde esta opción como un desarrollo necesario del valor cognoscitivo de las teorías, y del razonamiento abstractivo en la historia.

El conocimiento histórico detallado requiere una cierta proximidad. Así Polibio está contra el exceso de retrospección. Para él es crucial la cercanía del historiador a los acontecimientos. Aquí parece enmendar la plana a Ricoeur o Mink, cuando enfatizan la necesidad de una perspectiva temporal. Para Polibio, un exceso de perspectiva retrospectiva produce pérdidas de visión. Así lo explica Wilde:

"El historiador ideal debe ser contemporáneo a los acontecimientos que describe, o estar separado de ellos por una generación tan sólo. De ser posible, ha de ser testigo ocular de lo que escribe; cuando eso no puede ser, ha de someter cuidadosamente a prueba todas las tradiciones y relatos, y no estar dispuesto a aceptar lo que es plausible en lugar de lo que es verdadero".


Podríamos decir, en realidad, que el hindsight bias va creciendo en relación directa con el benefit of hindsight, según hemos apuntado antes. No hay una perspectiva correcta única desde la cual escribir historia. Hay historias para los contemporáneos y sucesores recientes, y hay historias para la remota posteridad. Quizá el historiador con vocación política esté más interesado en la primera, en la historia reciente y contemporánea. En cuanto a las reflexiones de Wilde, creo que valen tanto para sus contemporáneos como para la posteridad.

El espíritu crítico y racional que Wilde ve desarrollarse en Grecia no continúa su crecimiento en Roma, y con ello llega a su fin su ensayo sobre El surgimiento de la crítica histórica. Quizá fue por falta de oposición estimulante: la religión romana es puramente formulista, funcionarial, no despierta pasiones ni creencias. Por otra parte, es también ritual y formularia la filosofía romana, sin la dimensión de exploración y rebeldía contra las creencias tradicionales que  tenía la griega:

"En la historia del pensamiento romano en ninguna parte encontramos ninguna de esas características de la Iluminación griega que según he señalado son fenómenos necesariamente concomitantes del surgimiento de la crítica histórica. El respeto conservador hacia la tradición que hacía deleitarse a los romanos en los ritos y formulismos legales, tan evidente en su política como en su religión, fue fatal para que pudiese darse la aparición de ese espíritu de rebeldía ante la autoridad, cuya importancia ya hemos visto, como factor de progreso intelectual."


El origen de la historia romana está en los anales funcionariales del Colegio de Pontífices. Este

"poseía desde el principio una colección extraordinarimente voluminosa de los materiales de la historia, que, sin embargo, produjo únicamente anticuarios, no historiadores. Es tan difícil usar los hechos, tan fácil acumularlos."


Aprecia Wilde a Salustio como (el único) historiador crítico y racionalista de Roma. Cicerón es demasiado patriota y tradicionalista para ser crítico, y Livio un escritor más interesado en los espisodios pintorescos que en el pensamiento racional. Y en Tácito "la imaginación ha ocupado el lugar de la historia"; es un escritor vívido y con capacidad psicológica, pero no un crítico racionalista. Es pues con el espíritu crítico griego con el que conecta la modernidad a través de los siglos, y es al primer nacimiento del espíritu crítico al que rinde homenaje Oscar Wilde en este ensayo. Con la amplia perspectiva que le da el paso del tiempo, y con una inteligencia casi aterradora en un estudiante.

Cognición retrospectiva, intertextualidad e interpretación




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