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Cine

L'heure d'été

viernes, 10 de agosto de 2012

L'Heure d´été

Summer Hours, Las horas del verano (2008) —una bonita película de Olivier Assayas, sobre la historia de una familia en el momento en que se empiezan a separar, con la muerte de la madre. El problema es si conservar la casa de campo de ella, donde se criaron y donde han venido pasando los veranos, ellos y sus hijos, o vender y separar. Dos de los hermanos viven fuera, en USA, en China, y sólo el hermano mayor, francés todavía, es partidario de mantener la casa. Los intereses son distintos, y se ve cómo el paso del tiempo va disgregando los lazos entre los hermanos—no de modo espectacular, sino más bien inevitable. Incluso pagar los impuestos de sucesión es costoso, y requiere no sólo vender la casa, y que cada cual se embolse su parte, sino también ceder los objetos artísticos que mantenía la madre a las colecciones de los museos, para tener beneficios fiscales. En realidad es una película sobre el apego a los objetos, y sobre la diferencia entre el valor de mercado (valor artístico lo llaman) de un objeto, y el apego que se les tiene por estar adheridos al pasado de uno, y por las asociaciones que despiertan. Es un momento terrorífico, el de las herencias y el de vaciar una casa, al menos para las personas más sensibles como el hermano mayor de la familia, único que querría mantener la casa unida (... por interés, claro). Está la película llena de pequeñas historias de esas que van unidas a las cosas y a la gente que se conoce desde siempre, y otras sorpresas de las que van saliendo a la luza sólo tras la muerte de las personas. El hijo mayor no quiere aceptar la evidencia de que hace muchos años su madre había tenido una historia de amor con su tío, artista famoso y propietario original de la casa. Quizá sea también el padre de él. lheuredeteSon cosas que no acaban de unir más, sino que hacen parecer el tiempo que se ha vivido juntos como una especie de ilusión unida a las costumbres de siempre, a las comidas en el jardín, a la vieja criada querida por todos que cuidó primero al tío y luego a la madre, pero que acaba viviendo sola en una urbanización. Recibe la criada un jarrón, valiosa obra de arte pero que para ella sólo tiene un valor sentimental. Cada objeto cuenta una historia. Las cosas tienen su historia, no son indiferentes, están hechas de tiempo y de vida vivida; llevan a cuestas el momento en que se adquirieron, su colocación, las costumbres unidas a ellas, son parte de la identidad misma de las personas, y cambiarlas de sitio, tirarlas, venderlas, es renunciar a quienes hemos sido y somos. En qué poco queda una vida cuando nos vamos desprendiendo de las cosas y de los recuerdos adheridos a ellas. Una educación necesaria, claro, todos pasamos por escenas parecidas a lo largo de la vida, desde la época de los primos (empieza la película con los primos corriendo por el jardín) a la época en la que los primos primero, y luego los hermanos, son casi unos desconocidos, o por lo menos personas lejanamente emparentadas con los niños que recordamos. El teléfono con supletorios que le regalan a la madre en su cumpleaños de la primera escena se queda sin instalar, y es terrible el contraste en la casa entre el fin de semana, cuando están los hijos, y la oscuridad y silencio en que queda cuando se van, y tantos recuerdos a cuestas. La madre de la familia es consciente de lo que va a pasar, y sabe que lo que ha atesorado ella durante años no vale nada para la siguiente generación; es su vida, no la de ellos. Bueno, también es la de ellos, aunque menos—les hace sufrir lo suyo también, la separación, porque la infancia queda atrás y estaban ellos apegados a sus cosas de siempre. También se ve en la película el paso del tiempo, la transformación de Francia, la modernidad, las relaciones impersonales y desenraizadas, los hijos incomunicados con sus padres, la globalización que lleva a los hermanos a trabajar lejos, en el extranjero, a perder su idioma incluso, y su apego a su país y a sus recuerdos. En fin, una historia por la que todos pasamos de una manera u otra, bien mostrada en cada detalle y vivida de cerca, al final nos conocemos todos y casi somos como de la familia. Termina la película con una fiesta, en principio espantosa, hecha por los nietos y sus amigos drogotas en la casa ya vacía y vendida, antes de dejarla para siempre. Pero incluso allí se ve cómo la casa y sus cosas habían sido parte de la vida de los pequeños, algo que se va disolviendo en el pasado, pero que deja el recuerdo de esos días de verano de hace tantos años, y de esas personas que tanto queríamos y que ya nunca más se reunirán en torno a la misma mesa. El tiempo y la vida y la muerte, que acaban con las costumbres de todos los días, hasta que casi ni nos acordamos de quiénes éramos, y separan a las personas, y a las cosas.



Bardadrac

Los limoneros

sábado, 4 de agosto de 2012

Los limoneros

Es muy visible una película israelí/francesa/alemana, Los limoneros (2008, dir. Eran Riklis) sobre la dificultad de conviencia entre palestinos e israelíes alrededor de su muro. Va sobre la imposibilidad de dos mujeres a ambos lados de la raya de ser buenas vecinas, a pesar de que no hay mala voluntad por parte de ninguna de ellas. Podrían parecer cargadas las tintas si digo que la israelí es esposa del ministro de defensa de Israel, que para más datos se llama también Israel, vecino abusón que quiere talar el huerto de limones de su vecina palestina Salma, por si se colasen allí terroristas. Pero a pesar de la alegoría, la película está extremadamente bien llevada e interpretada, con la sensación de la experiencia de la vida cotidiana conseguidísima; es como un viaje a la franja entre israelíes y palestinos. Es también la historia de dos parejas que se deshacen: la mujer del ministro, sofocada por su vida pija y sin contenido, acaba de ver claramente la falsedad de su marido y su hipocresía a todos los niveles, un político que tiene futuro, y presente. Al final de la película lo deja en su supercasa que ahora da no a un huerto de limoneros sino a un muro de cemento. La otra pareja es la que se hace y deshace entre Salma, viuda hace años, y el abogado que consigue defender su causa, y salvar la mitad del huerto, ante el Tribunal Supremo israelí. Son dos solitarios que se gustan y se cogen cariño, pero la presión machista de la sociedad palestina no va a dejar a Salma que "le falte" a la memoria de su marido. En fin, dos mundos contrapuestos que parecen a cuál menos envidiable, y una situación imposible en la que la solución salomónica que da la justicia israelí no deja contento a nadie. La juez del Tribunal Supremo también era mujer, pero queda bastante claro que para el director la hostilidad, el maximalismo y la imposición del abuso son mayormente cosa de hombres, en Israel y también en Palestina. De todos modos hombres y mujeres están sometidos a una situación recibida que los desborda; frente a eso, los hay de buena voluntad, buscando soluciones y estando atentos al punto de vista del otro, y otros que eligen rodar con el sistema sin más, y con la norma que impone el grupo, hasta donde los lleve en su mecanismo deshumanizante. Esos son los imprescindibles para mantener la maquinaria.


 Generación robada

Gerry

sábado, 28 de julio de 2012


Gerry

Curiosa película, Gerry, de Gus Van Sant. Se la ahorré a los chavales, diciéndoles que "parece normal, pero mala, y en realidad es rara, pero buena". Es tan desesperadamente lenta, tan "plomo", que a la salida del cine vino corriendo el organizador del ciclo de cineclub a pedirnos disculpas por haberla programado. Pero hablando con él y otros casi le convencimos de que era mejor de lo que parecía. Va, en esencia, de dos personajes de pocas palabras perdidos en el desierto, andando andando de aquí para allá desorientados, hasta que, a punto de morir de insolación y deshidratación, uno de ellos mata al otro, y descubre al poco la carretera para salir de allí.  Lo recoge un coche, y el conductor lo mira por el retrovisor con cierta desconfianza; va sentado en el asiento trasero al lado del hijo del conductor. Delante no sabemos si hay esposa o no, es uno de los enigmas del filme.gerry

A veces las andanzas de Gerry y su colega, no siempre queda claro quién es quien, al parecer los dos son Gerry, recuerdan a las de Vladimir y Estragón en Esperando a Godot. Supongo que la coincidencia de nombres es una de las señales sutiles de poética homosexual que gusta de lanzar Van Sant, igual que en Paranoid Park, explorando las patologías de las relaciones, homosexuales en particular, que son abundantes, la confusión y desorientación que producen cuando no tienen una dirección clara, que normalmente no la tienen. Podría decirse que el desierto éste (imaginario desierto de la mente, nunca hubo un desierto tan variado en su deserción como éste) es en realidad como una alegoría de la propia relación entre Gerry y Gerry, o de Gerry consigo mismo por decirlo de otra manera.

La pareja está en crisis, apenas se hablan—hay dos conversaciones sostenidas, una de ellas una fantasía de Gerry 2 (Casey Affleck) sobre sus problemas como caudillo griego, quizá en un videojuego; al parecer es el fantasioso y a Gerry 1, estólido y más elemento masculino, es al que le entretiene la vida. Pero tras horas de crisis y desierto, sin que la crisis termine de aflorar abiertamente, el Gerry 2 le dice a Gerry 1 "me voy, te dejo"- en circunstancias curiosas, precisamente cuando no puede irse ni dejarlo, pero puede—y es la ocasión de que Gerry 1 lo estrangule. También era Gerry 1 el hombre del desierto despiadado, el tuareg inescrutable. Malas crisis larvadas. El tema homosexual nunca aparece explícitamente—o sea, con sexualidad, ni siquiera con parafernalia muy reconocible—pero de homo hay mucho homo, no siempre sapiens; está claro por otra parte que ninguno de los dos Gerrys son el más listo de la clase. Hacer el Gerry es una frase que usan ambos con el sentido de meter la pata, portarse como un imbécil.

En fin, una película sobre el desierto de la pareja, que a veces cae en la imitative fallacy tan deplorada por Yvor Winters: si quieres mostrar el aburrimiento, aburre. Por suerte hace otras cosas, aparte de aburrir.  Como a Roger Ebert, también me recordó la película a la escena final de Avaricia, de Von Stroheim. Y también le recuerda a Godot—todo esto no puede ser casualidad.

 My Own Private Idaho
 


La Question Humaine

sábado, 21 de julio de 2012

La Question humaine



"Algo hay en el formato mismo de los blogs que estimula un desarrollo casi canceroso de nuestro ego"



Interesante película sobre ética de empresa, pero no al modo americano (para eso ver In Good Company, por ejemplo, o Margin Call, o Up in the Air), sino al modo franco-alemán; va sobre una gran compañía química en Francia, y el protagonista como el director está a mitad de camino de las dos culturas, es de Estrasburgo. La compañía se ocupa de la psicología y el ocio de sus empleados, de maneras inquietantes poco a poco; los colores son fríos, verdes, azules y grises, y el ambiente triste y claustrofóbico. No se sabe qué se fabrica en I.G. Farb, pero hay control metódico, y humo que va a parar a la atmósfera. Hay síntomas, escenas semioníricas de alienación. Hay intrigas. Un visir de la empresa quiere ser director en lugar del director, y manda al protagonista Kessler, psicólogo de la empresa, que investigue su cordura al detectarse comportamientos extraños. Hay maniobras de ganarse confianza, espionaje en distancias cortas. El psicólogo también promueve fiestas rave y actividades musicales; no por ello mejora el ambiente. La Empresa trata mucho con japoneses, y tiende a volver japonés al personal, volcarlos en su dedicación a la empresa; la cuestión humana ataca sin embargo en la persona del director, el Sr. Just, atormentado por la muerte de su hijo y por el pasado que no lo deja vivir. El pasado va saliendo a flote: es la herencia del nazismo, las familias en las que se criaron él y el intrigante subdirector, productos del régimen hitleriano, con traumas de infancia desplazados largo tiempo. Un tercer elemento activo es un antiguo empleado despedido, detector de esos traumas y de la analogía entre la ética de productividad de la empresa y la del Estado nazi. La película es sensible a las críticas de Kraus y Klemperer sobre la distorsión nazi del lenguaje, y la aplica al lenguaje del rendimiento y productividad en la empresa. También recuerda algunas escenas de Las Benévolas, de Jonathan Littell, por ejemplo el sueño en el que la sociedad amenazaba con convertirse en una gigantesca fábrica. El Sr. Just contraataca las maniobras desestabilizadoras contra él, contravigila. Es como un viejo orangután triste y experimentado, defendiéndose en un mundo difícil, es inteligente y lúcido a pesar de las interferencias que su pasado produce en su cerebro, pero no por ello deja de intentar suicidarse. El psicólogo aprende cómo él mismo no está a salvo de verse mezclado más de lo que le conviene para su propio equilibrio emocional, que él creía a salvo—y viene a descubrir su propia culpabilidad e implicación en el la cosificación de seres humanos. Es inquietante la película, termina con un largo recitado recordando el holocausto y cómo el lenguaje nazi, con su barniz de eficiencia deshumanizada, ayudaba a ocultar la realidad humana, algo que para el director se repite en cualquier discurso que subordina la cuestión humana a la eficacia controlada por método y planificación.

La Question humaine. Dir. Nicolas Klotz. Written by Elisabeth Perceval, based on a novel by François Emmanuel. Cast: Mathieu Amalric, Michael Lonsdale, Edith Scob. France, 2007. 
 

Wuthering, wuthering, wuthering—Heights

8/7/12

 

Viendo la película de Andrea Arnold, quizá la mejor versión que se ha hecho hasta ahora sobre la novela de Emily Brontë—





 

—me he acordado, cómo no, de la canción de Kate Bush, que oía en mi radio de válvulas en los años 70, y en la sinfonola también. Y también en la tele, en Inglaterra:




Era 1977, era 1980. En 1990 me compré The Whole Story, que se abría con esta canción. Tocarla ya es más difícil. Quizá con la ayuda de Ultimate Guitar.... Es una combinación de acordes nunca usada.

Concierto de Kate Bush



Se besaría Actividades Culturales / Cradle Will Rock

23/5/12

A tamaños absurdos llevan las jueguitos estos de Facebook para potenciar la interacción:

actividades culturales

En el Cerbuna viví yo cinco años, y ahora me voy para allí, a ver una película sobre teatro, Cradle Will Rock / Abajo el Telón. Esto me cuentan de ella en la web de actividades  culturales—

ABAJO EL TELÓN (Cradle Will Rock)
País: EEUU Año: 1999 Duración: 130 min. Color

Dirección y guión: Tim Robbins.
Fotografía: Jean-Yves Escoffier.
Música: David Robbins.
Diseño de producción: Richard Hoover.
Montaje: Geraldine Peroni.
Intérpretes: Hank Azaria, Rubén Blades, Joan Cusack, John Cusack, Cary Elwes, Philip Baker Hall, Cherry Jones, Angus Macfayden, Bill Murray, Vanessa Redgrave, Susan Sarandon, Jamey Sheridan, John Turturro, Emily Watson, Bob Balaban, Jack Black, Kyle Gass, Paul Giamatti.

Sinopsis: Estados Unidos, años 30. El autor teatral Marc Blitzstein intenta llevar a cabo su obra “The Cradle Will Rock” centrada en una huelga de la industria del acero. El comprometido Federal Theater Project se involucra, además de Orson Welles como director y John Houseman como productor. Pero para el Comité de Actividades Antiamericanas esto no se puede permitir.


Nueva York, 1936. Mientras en Europa se larva la peor conflagración bélica de la Historia con su prólogo en la guerra civil española, los Estados Unidos más comprometidos con la causa de la libertad en el mundo hasta la fecha, los de los años 30, intentan imponer a sus gobernantes y al statu quo económico, que hasta entonces contemporiza con el fascismo italiano y el nazismo alemán y les suministra material bélico y productos manufacturados y que admira a Hitler por constituirse en baluarte anticomunista, la misión de la defensa de la libertad contra el totalitarismo como guía en su política internacional. La ciudad es un convulso mosaico en el que personajes de toda índole deambulan en un clima político cada vez más efervescente: obreros manifestantes en demanda de trabajo y pan en plena crisis post-depresión, actores en paro, vagabundos sin un medio de vida, millonarios inconscientes, buitres de Wall Street, pintores geniales, obreros que buscan trabajo, autores teatrales en busca de inspiración… Uno de ellos, Marc Blitzstein (interpretado por Hank Azaria, doblador habitual de la serie de dibujos animados The Simpsons), autor de comedias judío y comunista, viudo reciente (inspirado por las espectrales apariciones de su esposa fallecida y del dramaturgo Bertold Brecht) e imbuido del clima reivindicativo, idea un musical, Cradle Will Rock, en el que el protagonista es un líder obrero que se enfrenta a la tiranía del poder capitalista establecido, y que, gracias al Programa de Teatro Federal establecido por el gobierno Roosevelt para, por un lado conseguir emplear a una parte sustancial de los actores, directores teatrales, escritores, técnicos, expertos en los más diversos oficios, coreógrafos, bailarines, etc., desempleados por culpa de la Gran Depresión, y por otro, de proporcionar diversiones a un público castigado por la situación económica. Sin embargo, y a pesar de contar con profesionales como el joven director teatral Orson Welles (interpretado muy solventemente por Angus Macfadyen), la tendencia combativa y reivindicativa de un argumento en el que, en plena fiebre anticomunista, los obreros son retratados como personajes positivos y los capitalistas como los “malos”, hace que los poderes fácticos, encarnados en William Randolph Hearst (en un antecedente directo a su posterior enfrentamiento con Welles a raíz de Ciudadano Kane) y Nelson Rockefeller (John Cusack) impidan por todos los medios el estreno de una obra subversiva, aunque no podrán conseguir que se estrene igualmente en un final apoteósico con uno de los planos finales más memorables del cine de las últimas décadas. La película, basada en una historia real, es una alegoría de la unión entre artistas y obreros en beneficio de la libertad de expresión y contra el pensamiento único.

A través de una galería de personajes magníficamente dibujados (Rubén Blades como Diego Rivera aceptando dinero de Rockefeller para dibujar un mural en el Rockefeller Center que terminará siendo un alegato a favor del comunismo y finalmente será destruido a golpe de mazo; Joan Cusack como colaboracionista de la autoridad en la denuncia de comunistas del mundo del teatro; Cary Elwes como el productor John Houseman, personaje real que décadas más tarde ganaría un Oscar como actor por su papel de profesor severo en Vida de un estudiante, que tiene que esconder su orientación sexual para poder seguir trabajando; Philip Baker Hall y Vanessa Redgrave, el matrimonio Mathers, él un potentado que vende material militar a Mussolini a cambio de obras de arte de la Italia renacentista, ella una aristócrata que ama el teatro y simpatiza con los pobres; Bill Murray como ventrílocuo anticomunista que colabora denunciando a compañeros para ocultar sus antiguas simpatías izquierdistas, en un papel en el que ya ensaya su posterior éxito como cara de palo; Susan Sarandon, como antigua izquierdista italiana que ahora trabaja para Mussolini cerrando contratos militares en Norteamérica; John Turturro como hijo de inmigrantes italianos cuya familia, con, entre otros, Paul Giamatti, se apunta al fascismo; Emily Watson como pobre vagabunda que quiere abrirse paso en el teatro y consigue un papel principal; Jack Black como alumno del plan Federal de Teatro, aprendiendo ventriloquia…) el actor, productor, guionista y director Tim Robbins nos cuenta una historia de poder y rebelión, de censura, de falta de libertades y de injusticias sociales, todo ello en el mosaico del Nueva York de los años 30 en el que ya se veían vestigios del anticomunismo enfermizo que llevaría a la muerte, por ejemplo, al matrimonio Rosenberg y que más tarde abriría la veda para el mccarthysmo, del que la crisis de 1936 es un precedente en el mundo del teatro.

Con una ambientación extraordinaria, un guión profundo, políticamente incorrecto y reivindicativo no sólo de un periodo histórico de censura y persecuciones silenciado por el poder, sino también como plasmación de la América moderna de la era neocons, la película es además una reflexión sobre el arte y su hipotético deber de obediencia hacia los poderes económicos que lo financian, la dicotomía sobre el artista mercenario y el independiente, plasmada en la reflexión de Diego Rivera: “él ha contratado al artista Diego Rivera, y no a otro: ¿tengo que pintar lo que él quiera por aceptar su dinero?”. Y además de mover a reflexiones, esta gran obra maestra, que se recomienda ver en versión original (aunque en la versión doblada se han traducido acertadamente las canciones y los actores de doblaje realizan una labor increíble), entretiene, conmueve, divierte y proporciona un final apoteósico que exalta y deja tocado por igual. Magistral.

http://www.cinissimo.com/abajo-el-telon-de-tim-robbins-excelente-cine-protesta/


Bueno, pues vamos a verla y la película está muy bien, genialmente ambientada. Un tanto ombliguista con respecto a la farándula y su amor a las subvenciones, en eso parecía más española que americana, pero hecha a otro nivel.

Lo llamativo con respecto a la farándula y las subvenciones aquí, es que en esta Universidad los ciclos de cine que se organizan dejan al parecer totalmente indiferentes a los estudiantes. Les pasan las películas, gratis, en su colegio mayor, y no asiste prácticamente ningún estudiante ni ningún menor de cuarenta años. Es una cosa que ya merece análisis sociológico. Pero que (visto lo extremado del fenómeno, porque siempre es así) dice poco, muy poquito, del nivel intelectual de los estudiantes de esta universidad, y de su curiosidad cultural. Me temo. Cradle will most definitely not rock.


L'Espoir / Sierra de Teruel

11/5/12

Una sorpresa en YouTube: una película de André Malraux de 1938, sobre la guerra civil en Teruel y la aviación del bando republicano: L'Espoir  (Sierra de Teruel).

 

Paranoid Park, secreto al cuadrado

8/5/12

Volviendo a ver en la cabeza Paranoid Park, de Gus Van Sant. Es una película muy en la línea de Elephant, en cuanto a ambiente y psicología; en la forma un poquito más dislocada allá donde Elephant era como algorítmica y rigurosa en su orden. Aquí hay flashbacks un tanto desorganizados, escenas anómicas y poco significativas, con estilos de filmar y de selección de secuencias atípicos. Todo para expresar la confusión mental y o empanada cultural atmosférica que lleva el protagonista Alex, chaval en crisis en varios sentidos.  Para empezar, es adolescente, casi ná. Aquí los adolescentes aparecen desubicados, en un mundo falso, bien engrasado pero todo superficie—donde todas las necesidades materiales están cubiertas, pero los jóvenes no tienen orientación ni arraigo ni ilusiones, tanto menos si miran a las vidas de sus padres. Además, la novieta de Alex le pide sexo y a él no le va la cosa; sale con chicas porque es majete y hay que salir, pero le va más el ambiente de los colegas y el skate en Paranoid Park (y allí llegamos a la temática gay-paranoica en Van Sant). El padre del chaval también se está yendo on the wild side, parece, divorciándose quizá por reorientación sexual. En suma, la vida de Alex es una conjunción incoherente de rutinas sin sentido, en el instituto y con los colegas, y de novedades que es incapaz de asimilar. La crisis se prepara, pero surge por accidente en una escapada con un colega maloncho, que quizá lo inicie en la homosexualidad, todo esto queda off-screen, o quizá tuviese esa intención sólo. Se suben a un tren por hacer un gamberro, y un guardia les pega; Alex le pega en la cabeza con el monopatín y el guardia cae a la vía con tan mala fortuna que lo corta un tren en dos, en una escena de pesadilla surrealista. Bien, ahora Alex tiene un secreto que guardar, cuando un detective viene a hacer pesquisas entre los skaters. Rompe con su novieta (que por cierto sólo quería sexo para contárselo ipso facto a las amigas y presumir), y sigue el consejo de una pretendiente que tiene, más feucha pero con la que se entiende mejor. Ésta le aconseja que se libere de sus secretos escribiéndolos en una carta a alguien (a ella, y que luego ya está, puede quemarla si quiere). Al parecer funciona la cosa, porque con eso concluye la película, con the writing cure y la quema del manuscrito titulado Paranoid Park. La película sugiere una aceptación de la propia historia, pero no hasta el punto de hacerla pública. El secreto seguirá allí, y el secreto mayúsculo parece ser no tanto el homicidio como todo el ambiente que lo ha preparado circunstancialmente—la orientación sexual de Alex, ya sea homosexual o errática, o quién sabe, quizá inexistente— pero en el contexto del cine de Van Sant, podemos colocar la película entre las homosexualidades problemáticas y distorsiones ambientales asociadas. Quizá lo más interesante sea la indirección con que se trata toda la cuestión; indicadores no faltan pero quedan disimulados por el estilo fuzzy de filmación y narración. El silenciamiento de la homosexualidad queda expresado sobre todo de una manera totalmente missing, en la redacción y quema del manuscrito. El secreto que se va en humo es, ostensiblemente, el de la culpa de Alex por su homicidio involuntario; pero aún hay otro secreto todavía menos nombrado, éste ni siquiera al espectador, que va a parar a ese manuscrito sólo para permanecer oculto en él cuando es destruido. Cabe dudar, claro, de que ese secreto llegue a plasmarse en las páginas del manuscrito quemado, no sea que por el humo se llegue al fuego.

My Own Private Idaho