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Evolución

Adam's Tongue 6: Nuestros ancestros en sus nichos

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)

Adam's Tongue 5: Los nichos no son todo (son lo único)


De nuestros parientes los simios nos separa la serie de nichos ecológicos que fueron desarrollando nuestros ancestros, distintos de los de ellos: un nicho de alimentación omnívora terrestre, un nicho como carroñeros de última fila, un nicho como carroñeros de primera, un nicho como cazadores-recolectores, un nicho pastoril, un nicho agrícola. Y podríamos añadir un nicho urbano-industrial. Hasta ahora se ha solido ignorar esta construcción activa de nichos como factor evolutivo, enfatizando en su lugar la mera adaptación AL ambiente, como consecuencia de cambios genéticos que alteraban las capacidades intelectuales y comportamiento de los humano(ide)s: como si los ancestros no hubiesen jugado un papel activo en estas transformaciones, cambiando de costumbres antes de ningún cambio genético.

Bickerton critica las explicaciones genéticas sobre el origen del lenguaje (tan en boga hoy entre los lingüistas de la escuela de Chomsky). No se encontrará ningún "gen del lenguaje", ni el FOXP2 ni ningún otro. Los genes hoy se ven como algo más flexible, capaz de cambiar su expresión para producir múltiples resultados. El origen del lenguaje no tiene por qué deberse a ningún cambio genético.

Es simplista creer que nuestro último antepasado común era "algo así como un chimpancé", dice Bickerton—como si los chimpancés no hubiesen cambiado, y sólo lo hubiésemos hecho nosotros. Pero los bonobos y los chimpancés tienen culturas, alimentación, y relaciones sociales muy distintas entre sí. Los conservadores nos ven como chimpancés, los progres como bonobos. Pero esto es ridículo. El ancestro común era seguramente diferente de todos los simios actuales. Y ninguno tiene ni rastro de lenguaje. En respuesta a cambios climáticos surgió el linaje de los australopitecos; los tipos "robustos" no están en nuestra línea evolutiva. Los tipos gráciles no eran tan diferentes de los demás simios—si bien eran diferentes. No hacían herramientas de piedra, con posible excepción del último, el Australopithecus garhi, y su sistema de comunicación no sería muy distinto del de los simios "a no ser porque es muy probable que añadiesen llamadas de aviso sobre depredadores" (113), en respuesta al nuevo entorno de la sabana.
afarensis
Como se explica en Man the Hunted, los australopitecos eran más presa que cazadores. Se volvieron más omnívoros que los simios, pero no es probable que desarrollasen una vida social tan complicada como los actuales simios. Estos no tienen depredadores que evitar en su ambiente, y han desarrollado complejas estrategias maquiavélicas para competir unos con otros. A veces se aduce este maquiavelismo como una de las fuentes del lenguaje, con el desarrollo de niveles más complejos de lectura de la mente del otro, pero es más probable que las estrategias maquiavélicas hubieran interferido con las capacidades de supervivencia de nuestros ancestros. De hecho lo que se potenció entre los ancestros humanos fue la cooperación, no la competencia con otros miembros del grupo.

"El único sentido en el que la vida social de los australopitecinos habría sido más rica que la vida social de los simios es precisamente en la atenuación de la competencia interna al grupo (y, en última instancia, en el nacimiento de la cooperación) que sigue inevitablemente cuando tienes que competir con miembros de otras especies, más que con miembros de tu propia especie". (115)


La potencialidad genética para desarrollar una vida social compleja existía, pero a veces la gente olvida que los genes no dictan el comportamiento, excepto en criaturas muy simples. Simplemente lo posibilitan. Son las circunstancias las que deteminan si esas posibilidades se realizan, y cuándo. El entorno se asegura de que quienes obedecen a sus genes, y no al entorno, sean eliminados.

Los gritos de alarma serían en los australopitecos un sistema de comunicación más parecido al de los monos que los tienen, diferenciados, que al de los simios. Y aunque estas llamadas de alarma no son "palabras", sí podrían haber supuesto un primer paso hacia el lenguaje, preparando a nuestros ancestros para las palabras, "acostumbrando a sus usuarios a la noción de que una señal pueda expresar algo más que meros sentimientos, necesidades y deseos" (117). Al menos dirigen la atención hacia un elemento objetivo del mundo externo (aunque no pueda decirse que lo signifiquen), y son gritos arbitrarios. Tienen así dos de las propiedades de las palabras.

El cambio climático, con las sabanas cada vez más secas, planteó presiones evolutivas y cambios de comportamiento a nuestros ancestros omnívoros. Hubo mayor tendencia a la dieta carnívora, menos con caza de acecho que con persecuciones de aguante. Allí da una ventaja la locomoción bípeda. Pero no se hace en grupos grandes, y se requiere también un desarrollo de armas defensivas, pues se es cazador y presa a la vez.  Otra fuente de alimentos era la carroña. Pero los grandes felinos, hienas, etc., son carroñeros también, y siguen un orden de prioridad en su acceso a la carroña. Los humanos empezaron por la base de la pirámide: aprovechando la médula de los huesos. Esto también añadió presión para el uso de herramientas de piedra para partir los huesos. Este cambio de dieta, a su vez, propulsó el desarrollo cerebral, que requiere mucho consumo energético. Pero de por sí no hace surgir el lenguaje.

"Un cerebro más grande por supuesto habría venido bien una vez arrancase el lenguaje, y el propio lenguaje llevaría a seleccionar cerebros más grandes" (121)—pero hace falta explicar cómo se dio este desarrollo. Y "para el lenguaje, lo que se necesitaba no eran sesos, ni siquiera inteligencia. Sólo el nicho adecuado" (121).

Bickerton asocia este desarrollo a un cambio de dieta, y de status en la pirámide carroñera. De ser carroñeros de última fila, y comer médula, pasaron los homínidos a consumir la carne de grandes animales muertos, y a acceder a ella en primer lugar. Esto queda probado por el estudio de la posición relativa de las incisiones de dientes y de instrumentos de piedra en los huesos fósiles de grandes animales. En los más antiguos, las huellas de dientes vienen primero, y las de hachas después. En los más recientes, más recientes de dos millones de años,  pasa poco a poco a ser al revés: primero llegan al hueso las hachas, y luego las huellas de dientes. Los grandes carnívoros no pueden acceder inmediatamente a los cuerpos de paquidermos, pues sus dientes no pueden desgarrar esa piel y han de esperar a que reviente. Pero las hachas de piedra sí pueden cortarla. Cita Bickerton estadísticas que calculan la accesibilidad relativa de grandes cadáveres en la sabana. Una organización de los grupos en torno al seguimiento de manadas, con vistas a una fuente de proteínas sistemática, y no ocasional, hubiera supuesto un cambio importante en la dieta y en el comportamiento.  Son aspectos de la construcción de un nuevo nicho ecológico, como carroñeros de primera categoría.  Una indicación adicional la proporciona la teoría de la búsqueda óptima de alimentos de Robert MacArthur y Eric Pianka, según la cual cualquier especie seleccionará, de entre los alimentos disponibles, los que proporcionen mayor cantidad de calorías en relación a la energía gastada en obtenerlos.

El inconveniente para pasar a carroñeros de primera era la presencia de los otros carroñeros alrededor de los cuerpos de paquidermos. La única ventaja posible de los homínidos, arguye Bickerton, estaba en los grandes números y en la cooperación, pero los grandes números se contradicen con la dispersión de la sabana y con los pequeños grupos en que trabajarían los cazadores-batidores. Ahí es donde entra en acción el factor lenguaje.

Adam's Tongue, 7: Fíjate en la hormiga, holgazán

 

Ecología prospectiva

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He retomado la traducción de La filosofía del presente, de G. H. Mead, que dejé colgada cuando me enteré de que publicaba una traducción un profesor de filosofía de Navarra, Ignacio Sánchez de la Yncera. También me deprimió un poquillo perder, hace un año, varias decenas de páginas de mi traducción en un lápiz USB que me olvidé en un ciber, y que nadie tuvo el detalle de devolverme. (Buitres carroñeros...).

A estas alturas he terminado el tercer capítulo, "La naturaleza social del presente". Mead comenta algunos fenómenos emergentes que le permiten relacionar la teoría de la relatividad y el surgimiento del pasado y del futuro como fenómenos accesibles a la consciencia (y, por complementariedad, del presente que no es ni pasado ni futuro). Me ha llamado la atención, en su definición de cómo los organismos vivos dan lugar a un entorno con su acción, un aspecto emergente de este entorno. Es interesante porque permite encontar en G. H. Mead un fundamento o formulación filosófica para la teoría de los nichos ecológicos. La idea fundamental es que la relación entre el ser vivo y su entorno es dialéctica o de retroalimentación (algo en realidad implícito en la idea misma de ecología). Es decir, que el ser vivo no sólo se adapta a su ambiente, sino que adapta su ambiente a él, y eso hace surgir nuevos fenómenos (emergentes) que para John Odling-Smee, Marcus Feldman, y otros proponentes de esta teoría, son uno de los motores principales de la evolución. Los seres vivos no son pasivos, sino que intervienen activamente en su propia evolución, diseñando su entorno y diseñándose así a sí mismos, el único diseño inteligente que interviene en la evolución. Esta teoría tiene la ventaja de que permite repensar la evolución humana como un proceso de autoconstrucción, pues en los humanos este fenómeno adquiere unos niveles realmente espectaculares. Hace poco comentaba un aspecto de esta teoría de la generación de nichos ecológicos en relación a la teoría del origen del lenguaje de Derek Bickerton.

Lo interesante de G. H. Mead es cómo introduce esta cuestión de la emergencia y de la prospeccción, del futuro que será, en su definición de lo que constituye un entorno ecológico. El futuro, implícito en los objetos del entorno a través de nuestra capacidad de acción sobre ellos, carga de valores y sentidos a ese entorno. Este mismo proceso, de por sí, contribuye a dar estructura a la experiencia temporal, a contrastar presente y futuro. Esto es muy obvio en el caso de los humanos, los seres que desarrollan una experiencia temporal más compleja, pero también es así en menor medida para organismos más simples.

La filosofía de G. H. Mead es para los pensadores evolucionistas un paso intermedio muy sugestivo entre las concepciones de Herbert Spencer, a quien parece haber leído con atención sobre estas cuestiones de vida, consciencia y entorno, y el pensamiento ecológico contemporáneo, que viene a añadir importantes matices al darwinismo clásico o al de la síntesis: matices especialmente relevantes en el caso de los seres vivos y conscientes, que mediante su reacción al entorno, y mediante la generación mental de un futuro, intervienen como agentes en en su propio diseño y destino.

Spencer, en su teoría general de la evolución expuesta en First Principles, no trata sino muy someramente de la evolución biológica, pues pretende establecer los principios generales del conocimiento y desarrollar una teoría general de la evolución de todos los fenómenos, no sólo los biológicos, sino también los físicos en general, cosmológicos, geológicos, y pasando más allá de los biológicos a los sociales, económicos, culturales, y psicológicos. Pero por el camino sí que encuentra tiempo para hablar de la adaptación del ser vivo al entorno, y viceversa, como un factor en la evolución. El viceversa es lo que más me interesa resaltar en este post. Traduzco un fragmento del capítulo sobre "Equilibration", donde habla de cómo los procesos evolutivos tienden a pasar por una fase de equilibrio dinámico relativamente estable. Aquí habla de la adaptación de costumbres, pero el mismo razonamiento lo aplica a todo tipo de adaptación entre un individuo y su entorno:

"Unas verdades generales similares se manifiestan en el proceso de la adaptación moral, que es una aproximación continua al equilibrio entre las emociones y los tipos de conducta requeridos por las condiciones que lo rodean. Al igual que el repetir la asociación entre dos ideas facilita el que una sea excitada por la otra, de la misma manera la descarga de sentimientos en la acción vuelve más fácil una descarga subsiguiente de tal sentimiento en tal acción. Así sucede que si un individuo se sitúa permanentemente en situaciones que requiren más acción de determinado tipo de la que se ha requerido hasta entonces, o de la que le viene por naturaleza—si por cada vez que la realiza de modo más frecuente o más duradero bajo tal presión, la resistencia queda algo disminuida, entonces, claramente, hay un progreso hacia un equilibrio entre la demanda de este tipo de acción y su producción. Ya sea en sí mismo, o en sus descendientes que continúen viviendo bajo tales condiciones, la repetición forzosa debe al final producir un estado en el que este modo de dirigir las energías no le sea más repugnante que los otros modos que antes eran naturales a su raza." (§ 456)


Spencer es heredero de la gran tradición de la economía política, de la que tanta inspiración derivó Darwin—la "mano invisible" de la selección natural viene a ser una versión de la mano invisible del mercado descrita por Adam Smith. En Spencer, pues, también encontraremos una reflexión sobre la economía como un proceso evolutivo que no sólo adapta la cultura humana al entorno natural, sino que también adapta el entorno natural a la cultura humana.

"Una tribu de hombres que vivian de los animales salvajes y de la fruta estará, está claro, siempre oscilando de un lado a otro de ese número medio que pueda mantener el lugar en cuestión. Aunque, mediante una producción artificial mejorada sin cesar, una raza superior continuamente altere el límite que las condiciones externas le ponen a la población, sin embargo siempre hay una retención de la población en el límite temporal que se haya alcanzado." (§ 457).


Es decir, el ser humano, en sus culturas avanzadas, sí modifica deliberadamente su entorno, y lo construye según sus necesidades. Esta concepción proactiva del entorno pasa fácilmente de un contexto económico humano a un contexto adaptativo en general: "Tanto en el organismo individual como en el organismo social, la equilibración de funciones genera equilibraciones de estructuras" (§ 458). Spencer no llega a formular esta teoría con precisión en lo que respecta a la relación entre las especies y su entorno. Su definición de la adaptación enfatiza que "las fuerzas nuevas que han venido a actuar sobre el sistema, han sido compensadas por las fuerzas opuestas que han despertado" (§ 452). Esta definición no deja claro si, en el caso de un ser vivo en un entorno, el entorno queda modificado, o meramente contrarrestado. Pero sí podría considerarse que la teoría de la adaptación del ambiente al ser vivo se deduce, implícitamente, de la formulación general que da Spencer de los múltiples efectos a que da lugar una colisión de fuerzas (en este caso, la del ser vivo y la de su entorno). Según esa definición general, la acción provoca una reacción que transforma la fuerza inicial: en este caso, que transforma el entorno. Una fuerza externa modifica una entidad determinada (un "agregado", dice Spencer), pero los resultados de esta composición de fuerzas son complejos, y resultan cambios que afectan a la fuerza incidente, cambios tan numerosos como los que se producen sobre el objeto sobre el cual actúa la fuerza. (First Principles § 156). 

La teoría de la evolución de Spencer, por tanto, favorece, por tanto, un concepto complejo y recíproco de la relación entre el organismo y el entorno, que resulta en una modificación mutua: algo que se vuelve muy claro en el caso de la acción intencional humana sobre el entorno. Esta concepción quedará más explícitamente desarrollada en la teoría del entorno expuesta por G. H. Mead en The Philosophy of the Present, que enfatiza el papel de la consciencia, incluidos los niveles de consciencia básicos, en la interacción dinámica y proactiva del ser vivo con su entorno.

Ideology and Evolution



Adam's Tongue 5: Los nichos no son todo (son lo único)

 

 

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viernes 17 de julio de 2009

Adam's Tongue 5: Los nichos no son todo (son lo único)

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)

Adam's Tongue 4: ¿Simios parlanchines?


El problema del origen del lenguaje requiere relacionarlo con la biología de nuestra especie. Si somos la única especie con lenguaje, hay que estudiar en qué modo está inserto éste en la biología humana, y cómo su desarrollo es parte de la evolución humana (y no una "invención cultural" cualquiera). La teoría de la construcción de nichos ecológicos permite repensar esta cuestión.

El neo-darwinismo imperante durante la segunda mitad del siglo XX enfatizaba la adaptación al medio. La teoría de construcción de nichos enfatizará más bien la adaptación del medio: es "una teoría que hace jugar a los animales mismos un papel vital en su propia evolución" (93), y da así un papel más proactivo a los seres vivos (en especial, diría yo, a los más inteligentes):

"Entre sus muchas virtudes, esta teoría puede explicar tanto las rápidas cascadas de cambios que dieron lugar a la teoría del equilibrio puntuado de Stephen Jay Gould, como la emergencia ocasional de factores que parecen ser al principio totalmente novedosos (el lenguaje es sólo uno de entre muchos ejemplos)." (93).


Por ejemplo, los castores se construyen de modo obvio su propio entorno, y también se han hecho a él. Es una adecuación tal la que se da en tantas especies entre estructura corporal y entorno, que la explicación darwinista clásica no parecía suficiente a muchos (y de ahí la tentación del Diseño Inteligente): algo faltaba por añadir a la presión ambiental y la selección natural.

Bickerton habla de "la evolución de la evolución": Lamarck, el primer gran zoólogo evolucionista, quedó atrás al ser insuficientes sus explicaciones. Darwin propuso unos mecanismos evolutivos más flexibles y variados (¡incluyendo los lamarckistas!) pero si hoy hablamos de darwinismo es sobre todo por la exitosa combinación de sus teorías con la ciencia genética de Mendel, la "nueva síntesis" darwinista del siglo XX: "Los genes no son lo único, claro, aunque sería perdonable el pensar que lo son. En el consenso neodarwinista que ha dominado la biología durante un siglo, los animales son sólo vehículos para sus genes" (95)—son ante todo una fuente de variación genética sometida a un entorno activo y a unos genes hiperactivos. El comportamiento se hace depender implícitamente de los genes. Pero en realidad, con mayor frecuencia, el cambio de comportamiento se da primero, y los cambios genéticos van a remolque.

Un ejemplo es la tolerancia a la lactosa en los humanos adultos. Es producto de una mutación, pero una mutación que se ha difundido gracias a un cambio cultural. Antes hubiera sido disfuncional. Hoy, la práctica totalidad de los suecos y la inmensa mayoría de los americanos blancos son tolerantes a la lactosa: pero sólo un pequeño porcentaje de chinos, y no lo son los indios americanos. Esta diferencia genética se debe a un comportamiento cultural: a la cultura del pastoreo en los antepasados.

"Lamarck se había equivocado en su elección de mecanismo: el motor que impulsa la evolución son los genes, no los logros vitales del individuo. Pero su intuición de que son los propios animales quienes guían su evolución era certera. Porque es la interacción de los genes y del comportamiento la que hace arrancar el motor evolutivo, y la retroalimentación entre los genes y el comportamiento es lo que lo mantiene en marcha. Es la comprensión de esto lo que hizo nacer la teoría de la construcción de nichos." (97)


Esta teoría fue desarrollada por John Odling-Smee, Marcus Feldman y Kevin Laland (se expone en su libro Niche Construction: The Neglected Process in Evolution, Princeton UP, 2003). Contribuyó algunos aspectos Richard Dawkins en The Extended Phenotype (aunque en conjunto es muy crítico con la teoría, y un defensor de la predominancia del factor genético); también antes había ideas de Waddington, Lewontin, y otros estudiosos del comportamiento y la ecología.

"La idea básica que hay que tener en mente es que los propios animales modifican los entornos en que habitan, y que estos entornos modificados, a su vez, causan la selección de más variaciones genéticas del animal. Así empieza un proceso de retroalimentación, una vía de doble sentido en la que el animal va desarrollando el nicho, y el nicho va desarrollando al animal, hasta que se llega al ajuste como entre una llave y una cerradura que hace que la gente diga: '¡Pero es que tiene que haber un diseñador!' Los animales no son sólo vehículos pasivos para sus genes; desempeñan un papel activo en el diseño de su propio destino". (100).


Los nichos ecológicos tienen tres componentes esenciales: un hábitat o entorno físico, un tipo de alimentación, y los medios de obtenerla. Se suele concebir el medio como algo a lo que el animal se adapta: pero en realidad muchísimas especies construyen activamente su nicho, adaptando el ambiente a sí mismas: los castores, las hormigas cultivadoras de hongos, las lombrices. Darwin mismo mostró cómo las lombrices (descendientes de gusanos acuáticos) construyeron el suelo cultivable. Y la construcción de nichos por parte de una especie puede alterar significativamente el hábitat de otras especies.

Bickerton propone que la construcción de nichos es la clave para entender el origen del lenguaje, algo que faltaba en las teorías anteriores, especialmente en las de los lingüistas: "uno de los aspectos más flojos de de los estudios sobre la evolución del lenguaje era que no estaban integrados en una explicación global de cómo había evolucionado la especie humana en su conjunto" (103). La habilidad simbólica de nuestra especie es simplemente un caso de construcción de nicho ecológico, como lo son las capacidades especiales de otros seres para desenvolverse en su entorno (y no sólo casos como las "culturas" de los chimpancés, etc.): "la teoría de la construcción de nichos liga a los humanos con otros seres de una manera mucho más amplia y válida que las afirmaciones sobre la cultura de los chimpancés" (105). Esta teoría nos permite ver cómo el hiperdesarrollo de comportamientos aprendidos que se da en los humanos es un caso de construcción de nicho, y está basado en un instinto, el instinto del lenguaje, desarrollado evolutivamente: fue un comportamiento que guió un cambio genético, y continuó como cambios genéticos que guiaban el comportamiento. El lenguaje es tanto cultural como biológico, pero hasta ahora faltaba una teoría que permitiese integrar adecuadamente la interacción de biología y cultura que permitió la aparición del lenguaje.

Hay que buscar el origen del lenguaje, algo que no compartimos con otras especies, no en lo que compartíamos originalmente (el material genético) sino en lo que hacía a nuestros antepasados diferentes: es mucho más probable que la diferencia se hallase en el nicho ecológico construido por nuestros ancestros, un nicho muy distinto del de todos los demás simios. Bickerton propone identificar ese nicho y cómo contribuyó al origen del lenguaje y a la humanización.



Adam's Tongue 6: Nuestros ancestros en sus nichos

Spencer y la narratología evolucionista

 

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El gran pensador evolucionista del siglo XIX fue Herbert Spencer, hoy injustamente menospreciado y prácticamente ignorado. Suele considerársele un epígono de Darwin, cosa pasmosamente injusta para quien conozca su obra. En First Principles sienta las bases de una filosofía que hoy se llamaría "consiliente", una sistema unificador de la realidad y de las disciplinas del conocimiento, una especie de metafísica fenomenológica, que tras dividir el ámbito de la realidad entre lo cognoscible y lo incognoscible, establece principios de conocimiento e interpretación para lo cognoscible. Por ejemplo, la ley del mínimo esfuerzo, o la ley de la complejidad y unificación progresiva de las formas en su evolución.

En este capítulo, llamado la "Ley de la Evolución", nos plantea su narratología particular. Ya nos ha hablado de las formas lingüísticas, cómo progresan de formas simples o parcialmente integradas al desarrollo de complejas estructuras de integración—que muchas veces conllevan una aparente simplificación de las formas gramaticales: pero al nivel sintáctico y discursivo, observa Spencer, la complejidad e integración se hacen mayores en las lenguas de pueblos desarrollados.

"Si comparamos, por ejemplo, las Escrituras hebreas con los escritos de los tiempos modernos, se aprecia una marcada diferencia de agregación entre los grupos de palabras. En el número de proposiciones subordinadas que acompañan a la principal; en los varios complementos de los sujetos y predicados; y en las numerosas oraciones modificadoras—todas ellas unidas formando un todo complejo—muchas oraciones en las composiciones modernas exhiben un grado de integración que no se encuentra en las antiguas." ( § 113)


También presta atención Spencer a las estructuras narrativas y argumentales propiamente dichas, en las obras de arte literarias:

"Una vez más las artes del diseño literario, narrativas y dramáticas, nos proporcionan ejemplos. Los relatos de tiempos primitivos, como esos con los que los contadores de historias orientales todavía siguen entretendiendo a su audiencia, están hechos de sucesivos acontecimientos, en general fantásticos, que no guardan conexiones naturales: son sólo otras tantas aventuras puestas juntas sin secuencia necesaria. Pero en una buena obra de imaginación contemporánea, los acontecimientos son producto adecuado de personajes que viven en circunstancias determinadas, y no se puedn cambiar en su género o en su orden sin estropear o destruir el efecto general. Es más, los propios personajes , que en las obras de ficción tempranas desempeñan su papel sin mostrar que sus mentes se vean modificadas unas por otras, o por los acontecimientos, ahora se nos presentan como sujetos unos a otros por complejas relaciones morales, y actuando y reaccionando a las naturalezas de los demás" (§ 114)


Se me dirá que esto ya lo dijo Aristóteles en la Poética, cuando hablaba de la unidad de argumento y de la superioridad de Homero a los demás poetas épicos. Y en cierta medida, así es: antes de Spencer, mucho antes, tenemos que ir a Aristóteles a buscar no sólo las raíces de la narratología, sino también las de la narratología evolucionista.

Pero la diferencia es en realidad la que explica Spencer: una diferencia de integración. El principio evolutivo de la narración está aquí integrado como parte coherente de toda una filosofía de la realidad que es de naturaleza evolutiva, como no podía serlo en Aristóteles.

Para Spencer, lo simple deriva de lo complejo—es el principio central del evolucionismo—de un modo no sólo conceptual sino histórico y genético. Su filosofía aplica este principio interpretativo sistemáticamente, para explicar la génesis de los astros, de las formas vivas, de los niveles de consciencia, de las instituciones culturales, de las relaciones económicas (pasando de las sociedades primitivas a la economía globalizada), de la política—predice Spencer la creación de una federación europea— o de la tecnología, pues las máquinas complejas son diseñadas a partir de una composición de máquinas simples. Y el mismo principio aplica, según vemos, al pensamiento, a la narración y al discurso. Incluyendo, de modo reflexivo, su propia filosofía.

Es díficil imaginar una base conceptual más amplia y sólida para un estudio de la historia y estructura del discurso o para la narratología evolucionista.



El orden natural y la complejidad: Paley, Lamarck, Vico, y el Génesis

Adam's Tongue 4: ¿Simios parlanchines?

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)

Adam's Tongue 3: ¿Simios cantores?


Ya Samuel Pepys, contemplando un simio en 1661, se preguntaba si no podría enseñársele a hablar o a comunicarse por signos. Pero hasta la década de 1940 no se realizaron experimentos, enseñando cuatro palabras a un chimpancé. Max Müller, en la estela de Darwin, había sentenciado que el lenguaje era la única gran barrera entre el hombre y los animales—pero dando por hecho que era una barrera infranqueable. Los experimentos con comunicación animal han de evitar el fenómeno de "Hans el listo", el caballo que parecía que entendía preguntas y respondía dando señales con el pie… pero que en realidad sólo leía en los gestos de su amo la señal de parar. También sobre los experimentos con chimpancés (Washoe) o gorilas (Koko) se han hecho declaraciones exageradas e infundadas:

"la pretensión de que los simios aprendieron el Lenguaje de signos Americano (ASL) es absurda. Se les enseñó un puñado de signos equivalentes a palabras referenciales corrientes, y punto. Algunos observadores lo han descrito, con bastante exactitud, como "pidgin de signos". Los simios nunca adquirieron la estructura del ASL. Los investigadores habrían hecho mejor admitiendo eso: y entonces podrían haber visto que una cosa que hicieron los simios era, como veremos, significativa y sorprendente" (77)laughing chimp


Sosteniendo que los simios "entendían" el lenguaje, se pasaba por alto que no podían construir frases—y que la comprensión se basa en la comprensión de la situación, de lo que se busca y de lo que se trata, no en comprensión de sintaxis. Un niño pequeño rápidamente supera a cualquier simio en cuanto al puro manejo de estructuras lingüísticas—aunque en un contexto de experimentación los simios tengan la inteligencia de conseguir el premio que quieran.

"La conversación de los simios está centrada en el ego. Todo lo que habla un simio cualquiera, incluyendo a Kanzi, el Einstein de los simios, se refiere a cosas como a dónde quieren ir, qué quieren o qué quieren que hagas, o qué querrían comer. No hay temas generales. Nunca se intercambia información objetiva sobre el entorno o acontecimientos que tengan lugar en él." (78)


(Los críticos de Bickerton le reprochan en este punto que no tenga en cuenta los experimentos de Michael Tomasello, sobre infantes y chimpancés. Tomasello y sus colaboradores arguyen que la capacidad de señalar in absentia es prelingüística. Aunque Tomasello sí figura (marginalmente) entre las referencias de Bickerton, y no parece que sus estudios contradigan drásticamente las conclusiones deAdam's Tongue. Una capacidad prelingüística de atención a lo ausente parece un requisito imprescindible para el desarrollo del lenguaje, y sin embargo no está en absoluto excluido que el lenguaje contribuya enormemente a desarrollar o canalizar esa capacidad).

Una cuestión que señala Bickerton es que los simios sí parecen captar espontáneamente algunos aspectos importantes para el lenguaje (y en general ignorados por sus entrenadores):
a) la diferencia entre nombres comunes y propios—los objetos los agrupan en clases de objetos (un plátano es un plátano, no el nombre de este plátano) pero a las personas las reconocen por su nombre—¿resultado de la sociabilidad?
b) los simios combinan signos enseñados espontáneamente. Y esto es notable: puesto que los sistemas de señales animales (ACS) no combinan signos, ni existen en ellos signos arbitrarios con significado.
c) Y la tercera cosa: el hecho mismo de captar qué es un signo. Pero esto sí que es algo que son capaces de hacer, aunque sea "ajeno" al comportamiento de su especie. Una especie de bombilla que se les encendió en la cabeza. Bickerton interpreta esto como resultado de un principio neurológico básico, la regla de Hebb (aunque hay que decir que la escuela de Ramón y Cajal ya sostenía antes este principio): neurons that fire together wire together, es decir, que las neuronas que se activan simultáneamente repetidas veces acaban desarrollando un enlace neuronal directo—y así es como se desarrollan las redes neuronales, y el aprendizaje.

"Sólo hay dos cosas que podrían haber desencadenado el desarrollo de una red neural que hizo posible conectar señales arbitrarias con cosas del mundo exterior. Una de ellas, la que les funcionó a los simios, fue un acto de intervención deliberada por parte de otra especie. La otra, la que les funcionó a nuestros antepasados remotos, era el factor X–el factor que busca este libro." (83)


Nos podríamos preguntar que si los simios tenían esta capacidad de aprender, ¿por qué no la desarrollaron en estado salvaje? Pero es que en estado salvaje no había presión selectiva para usar esta capacidad. (Por cierto, no sé por qué E.B. Bolles dice que Bickerton ignora la selección natural en su razonamiento sobre el origen del lenguaje, si precisamente su razonamiento se basa en la selección natural asociada al desarrollo de un nicho ecológico). Si cambia el medio ambiente, algunos animales son capaces de aprender y desarrollar comportamientos nuevos, y esto puede ser una presión selectiva suficiente para un cambio mayor. Los materiales están, y lo que se requiere es una presión selectiva suficiente. Los grandes simios sí tienen el material genético necesario para desarrollar cambios en la dirección del lenguaje, más que otras especies. (Ojo que Bickerton no dice que tengan TODO el material necesario; su postura no es necesariamente contradictoria con la de Tomasello)¿Pero hay otras especies que tengan estos ingredientes?

Los leones marinos. Los delfines. Los loros—el loro Alex, de Irene Pepperberg (este loro al parecer corregía a sus congéneres loros en el laboratorio, cuando se equivocaban: les decía "¡Habla bien!" Ver su libro Alex&Me, 2008). En todos se han detectado capacidades protolingüisticas. Esto lleva a plantear que no habría que buscar los precursores del lenguaje humano exclusivamente en el comportamiento de los simios. Por homología (o sea, por comunidad de descendencia) podrían buscarse las capacidades protolingüísticas en antepasados muy remotos—comunes con los loros. Y explicar por qué se manifiesta en tan pocas especies de entre tantos primos lejanos. Bickerton se inclina más bien por una interpretación analógica: el rasgo común (como el parecido de ictiosaurios y delfines) no se debe al parentesco, sino a un mismo desarrollo en respuesta a un medio ambiente similar. El nivel cognitivo necesario para el protolenguaje no lo sitúa Bickerton muy arriba: requiere una conceptualización cognitiva: requeriría

"tener la capacidad auditiva y/o visual de captar el mundo como algo divisible en un elevando número de categorías separadas y distintas, y el espacio cerebral necesario para clasificar y almacenar sistemáticamente todos los rasgos que distinguen las diversas categorías" (87)


Hacen falta más experimentos cognitivos con animales en este sentido. Si muchas especies poseen este tipo de cognición protolingüística, esto podría hacer pensar estando ampliamente disponible el material, se podría pasar del protolenguaje al lenguaje si se dan las presiones selectivas adecuadas para ello. Y, apunta Bickerton, no harían falta "cambios especiales, mutaciones mágicas, 'órganos del lenguaje' o circuitos dedicados para que arrancase el lenguaje" (88)–(ésta va por Chomsky, con el que seguirán más diatribas en capítulos posteriores de Adam's Tongue).

Los fragmentos de lenguaje humano que aprenden los simios los usan sólo cuando lo requieren sus entrenadores, para obtener recompensas. Los bonobos, altamente sociables, no usan esa sociabilidad para desarrollar el lenguaje cuando lo aprenden, ni viceversa. La sociabilidad de los simios no requiere el lenguaje. Lo que hace necesario el lenguaje no es la inteligencia práctica ni la sociabilidad de los simios, sino algo que no es necesario para los simios, pero que sí que lo era para nuestros antepasados, que "inauguraron un nicho ecológico en el que ningún animal de su tamaño ni complejidad había entrado antes". El lenguaje nació para esa necesidad ecológica—y ahora hemos perdido de vista ese origen por una especie de falacia retrospectiva: porque nos ciega todo el mundo cultural que el lenguaje ha generado, aunque no nació para generarlo.

(Es el viejo principio de
la exaptación enunciado por Gould como mecanismo evolutivo crucial: vemos pájaros con alas y plumas, y cometemos el error de pensar que surgieron en un origen "para volar". Pues no: el vuelo vino después).

Adam's Tongue 5: Los nichos no lo son todo (son lo único)

Adam's Tongue 3: ¿Simios cantores?

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam’s Tongue (2009)

Adam’s Tongue: 2: Pensando como ingenieros


Con la moda del determinismo genético que ha venido dominando el panorama evolutivo, entre Dawkins y la secuenciación de genomas, se ha enfatizado el estrecho parentesco genético entre humanos y grandes simios, de tal modo que

"cada vez más gente daba por supuesto que la mayoría si no todo de lo que se veía como rasgos y comportamientos típicamente humanos (y en muchos casos, exclusivamente humanos) no eran sino expansiones de rasgos y comportamientos que se encontraban en los simios. Esta perspectiva se reflejaba en los títulos de obras populares sobre la evolución humana: El mono desnudo, El Tercer Chimpancé, y (naturalmente) El Simio que Hablaba y El Simio Parlante" (55)


Se presuponía que con el cambio de dieta de lso simios, el elemnto de inteligencia maquiavélica y competitiva presente en chimpancés y bonobos llevó a una expansión y diversificación del su sistema de señales (ACS), que se convirtió poco a poco en lenguaje—y esto complicó la vida social, y eso llevó en retroalimentación a una complicación del lenguaje... En algunos círculos, dudar de que las cosas sucedieron así es casi como declararse creacionista; se ha vuelto un dogma que impide replanterse la cuestión del origen del lenguaje.

Para esta teoría es un problema que hay monos que tienen cosas más parecidas a un protolenguaje, o a palabras, que nada que tengan los chimpancés y los bonobos. Y esto parece ofender a la idea de una escala progresiva, según la cual la especime más cercana a nosotros debería tener el ACS más cercano a un lenguaje.... pero no es así. Y no lo es porque el ACS no es una especie de intento fracasado de lenguaje.

Esta teoría de la continuidad simiesca también tiene en su contra que ignora elementos cruciales: que la ecología y hábitat de los protohumanos eran muy distintos de los de los grandes simios; y también que los humanos desarrollaron un grado de cooperación desconocido en ninguna otra especie de primates. Los humanos son socialmente competitivos, como los simios, pero tambien altamente cooperativos. Los chimpancés lo más vistoso que hacen en cooperación es despulgarse de dos en dos (Bueno, también cazan en grupos a veces).

El planteamiento corriente es que como somos inteligentes, desarrollamos el languaje. Señala aquí Bickerton una especie de falacia de la retrospección en el planteamiento de este tema: como ahora expresamos nuestros pensamientos con el lenguaje, damos por hecho que el lenguaje nació como un modo de expresar pensamientos. El razonamiento de Bickerton aquí se atiene más a una teoría del lenguaje como exaptación: nacido no de la inteligencia, sino de la cooperación y comunicación, el lenguaje encontró luego otros usos—y contribuyó al desarrollo de la inteligencia. Y no al revés. Hace falta aquí una especie de replanteamiento copernicano: "Pero primero tenemos que ver por qué no puede mantenerse una evolución en línea recta hasta el lenguaje partiendo de un ACS típico de los simios" (59)

Amy Pollick y Frans de Waal buscan el origen del lenguaje en los gestos de los simios. El problema es que los ACS de los grandes simios son más limitados que los de los monos. Así pues, Pollick y de Waal ven los gestos como más flexibles, más adaptables y por tanto más lingüísticos... —aunque de hecho es más probable que las similaridades en gestos de simios y humanos se deban a homologías heredadas del antepasado común, no a desarrollos comunes. Los monos necesitan ACS detallados, con llamadas de alarma, pues corren peligros de depredadores. Los simios no. Debemos concebir a los protohumanos como los habitantes no de la selva sino de un ecosistema muy diferente, con necesidades de comunicación diferentes de los de ninguna especie de simios actual.

La teoría de los simios cantores ha sido una de las más frecuentes en especulaciones sobre la evolución del lenguaje, ya desde Darwin, si no desde Rousseau (y hoy Mithen). Y sí hay simios cantores: los gibones, que hacen largos cantos y cantan dúos en pareja. El problema es que en la sabana eso de cantar es un peligro; los gibones viven en los árboles, pero nuestros antepasados probablemente tendían a hacer menos ruido que los simios, no más. Alison Wray ha propuesto que las señales ACS, que son en principio holísticas, no descomponibles, pudiesen por mera repetición del azar dar lugar a un inicio de descomposición en partes, una especie de morfología incipiente. Bickerton también descarta esta hipótesis del protolenguaje holístico, pues para él descansa en la falacia de que el lenguaje y la comunicación animal son en el fondo lo mismo, y no lo son. El ACS de por sí no tiene los ingredientes necesarios para evolucionar y convertirse en un lenguaje.

Dean Falk ha propuesto otra teoría, asociada al cuidado de los bebés. Los niños humanos necesitan mucha atención y cuidados de la madre, transporte—y Falk propone que el lenguaje pudo nacer de la necesidad de mantener el contacto entre madre y niño cada vez que éste se era depositado en el suelo, algo que tenía que suceder constantemente. Bickerton no ve por qué sonidos sin más, para tranquilizar (y no palabras con significado) no pueden cumplir esa función. En suma, según Bickerton,

"No hay modo de que "las palabras emergieran" sin alguna serie de circunstancias muy concretas y específicas que forzasen a las palabras a emerger—no de los cantos de los simios, ni de los arrullos de las madres, ni de los despulgamientos, ni de la descomposición de enunciados holísticos, ni de ninguna de las docenas de propuestas que se han formulado durante años." (73)


Aunque antes de cerrar el tema de los simios también hay que tratar la cuestión de si los simios pueden aprender a hablar, cosa que también se ha intentado demostrar.



Adam’s Tongue 4: ¿Simios parlanchines?

Adam's Tongue 1: Las dimensiones del problema

 

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)

Derek Bickerton, Adam's Tongue: Introducción


Marc Hauser estudió los sistemas de comunicación animales (ACS) y concluyó que sus señales pueden ser de tres tipos: señales relativas a la supervivencia individual, señales relativas al apareamiento y reproducción, y señales relativas a otros tipos de interacciones entre individuos de la misma especie (señales sociales). A veces son mixtas, pero no hay señales que cumplan otras funciones. Los animales no pueden hablar del tiempo, ni del paisaje, ni contarse cosas sobre lo que han hecho, ni mandar señales sobre planes para el futuro ni que rememoren el pasado. (Les faltan, pues, la descripción, y la narración, como poco. Aparte de otras funciones lingüísticas como el metalenguaje, la poesía, las órdenes y peticiones verbales, las promesas... toda una colección de actos que son actos de habla. Pueden lograr algunos de los efectos que nosotros logramos perlocucionariamente, mediante el uso del lenguaje, pero en su caso no son perlocucionarios porque no hay una locución previa).

Los sistemas de comunicación animal (señales visuales, llamadas, gestos) no surgieron originariamente con esa finalidad; se utilizó para fines comunicativos algún sistema que originalmente tenía poco o nada que ver con la comunicación. (Es lo que Stephen Jay Gould llama exaptación: aquí, exaptación para la comunicación. El lenguaje también es producto de una exaptación). Y el problema que encontramos con el lenguaje es que los sistemas de comunicación animal de nuestros parientes más próximos, los grandes simios, no son nada prometedores como material para extraer de ellos palabras, o frases, o significados.

Las llamadas de supervivencia se realizan en función de la perpetuación de los genes. Así son menos frecuentes las llamadas de aviso a quienes no son parientes cercanos, por un cálculo espontáneo del gen egoísta. Las señales de reproducción también van destinadas a aumentar la aptitud de supervivencia. Y la afiliación al grupo también beneficia la supervivencia del individuo.

Los humanos tienen muchas características únicas o muy distintivas de lo específicamente humano: el bipedismo, la falta de pelo, el blanco de los ojos, la precisión de manipulación... "Pero ningún otro rasgo único de ninguna otra especie está tan aislado del resto de la evolución como lo está el lenguaje" (20). Y el asunto no es que sea único, sino que sea distinto en carácter. Tiene la apariencia de algo surgido de ninguna parte. La materia prima de la evolución para crear el lenguaje debería tener estas características que lo separen de otros medios de comunicación animal: tendría que ser un sistema refinable, y tendría que ser desconectable de las situaciones presentes relacionadas con la aptitud para sobrevivir. ("Y eso son tres tareas en una en realidad: el sistema tendría que desconectarse de las situaciones, de los acontecimientos presentes, y de la aptitud" - 21). "Así que para llegar hasta el lenguaje, la referencia de las unidades significativas—signos o palabras—tiene que transferirse de alguna manera desde las situaciones concretas hacia los conceptos que tenemos de cosas concretas del mundo" (22). Los sistemas de comunicación animal (ACS) están atados a la inmediatez del momento presente: no hay avisos por anticipado de lo que podría suceder mañana ni rememoraciones del ayer: se refieren al entorno inmediato. "Las palabras, en cambio, se usan relativamente poco para tratar lo que tenemos delante de los ojos" (22). Seguimos teniendo y usando el lenguaje corporal para comunicarnos in praesentia, pero las palabras hacen otras cosas. "No hay ninguna señal de ACS que tenga lugar en ninguna situación que no se refiera directamente a la aptitud" (23). Y esa función la hacen bien los ACS; los animales no tienen lenguaje porque no lo necesitan Por eso tuvo que tener una fuerte presión selectiva el lenguaje, ser útil desde el principio, para poder desarrollarse, ya desde la primera palabra: "Si no, nadie se hubiera molestado en inventar más palabras" (24). Las teorías dominantes sobre el origen del lenguaje no tienen en cuenta suficientemente la especificidad del lenguaje frente a los ACS. No tendría sentido evolutivo la creación de un sistema infinitamente más complejo que el de los ACS si fuese para hacer lo mismo.

Hay modas en paleoantropología. Primero fueron los cazadores y fabricantes de herramientas lo que llamaba la atención, y se asoció el origen del lenguaje a ese razonamiento. Luego, en los años 1990, se primaba la inteligencia social, la mujer recolectora, etc. Así que se desarrollaron teorías del origen del lenguaje asociadas a la interacción social. (Y aquí se hizo sentir especialmente la visión primatecéntrica de las investigaciones recientes, que para Bickerton es errónea).

Una de las teorías de "inteligencia social" comenta Bickerton, la teoría de Robin Dunbar de que el origen del lenguaje va asociado al cotilleo y al acicalamiento mutuo (igual que los chimpancés se despiojan). El error es creer que porque una función del lenguaje sea dominante hoy (el cotilleo, el contacto fático, etc.) el origen tuvo que estar asociado a esa función. Las primeras palabras tuvieron que ser mucho más vitales selectivamente para la supervivencia, y sólo después con el crecimiento del lenguaje se aplicó éste al cotilleo. Una teoría del origen del lenguaje debe pasar las siguientes pruebas

- la de la singularidad
- la de la utilidad inmediata
- la de la ecología
- la de la credibilidad
- la del egoísmo

Singularidad: Por qué ninguna otra especie tiene lenguaje. Está claro que el lenguaje, una vez desarrollado, contribuyó a la competencia evolucionaria, pero tuvo que hacerlo ya desde el principio para poder desarrollarse at all. Hay teorías que asocian el lenguaje a la búsqueda de poder y status, a la selección sexual por parte de las mujeres... pero estos factores se dan también en otras especies. Estos factores pueden influir en el lenguaje una vez hay ya una gama de aptitudes lingüísticas entre las cuales seleccionar. Pero para eso tuvo que surgir primero la aptitud; el origen mismo del lenguaje (tema de este libro) es previo a los efectos de la selección sexual o social sobre el lenguaje.

Ecología: A saber, que las teorías sobre el origen del lenguaje deben estar en consonancia con lo que sabemos sobre la ecología de los ancestros humanos. El error frecuente ha sido asimilar estos ancestros humanos a los simios actuales en cuanto a su comportamiento.

"Puede que nuestros antepasados remotos no fueran mucho más listos que sus primos los simios, pero vivían en entornos dramáticamente diferentes y se ganaban la vida de maneras completamente distintas. A menos que uno crea que hay genes universalmente uniformes que imponen comportamientos idénticos allí donde se den (algo que ha sido decisivamente refutado por la biología moderna) hay que darse cuenta de que unos simios parcialmente arborícolas y que viven en entornos selváticos son modelos muy malos para entender la manera en que se comportaban los protohumanos" (30).


Credibilidad y egoísmo: Amotz Zahavi teorizó el problema de las señales baratas. Una vez hay señales disponibles para la comunicación, se pueden usar para engañar. Por eso, la credibilidad de las señales exige que sean costosas. Ahora bien, las palabras parecen ser baratas. Especialmente si tenemos en cuenta el estudio de las estrategias maquiavélicas entre primates para engañarse uno a otro (Byrne y Whiten), incluso antes del lenguaje. El problema es que si las palabras son baratas, ¿de dónde podría haber venido el ímpetu evolutivo para desarrollar un sistema complejo de palabras? El cotilleo especialmente parece el modelo mismo de señal barata. Transmitir información útil que conoce A sí parece beneficios para B, pero ¿cómo se explica que A la quiera transmitir? Concluye Bickerton que los primeros actos lingüisticos hubieron de ser tales que beneficiasen de modo directo tanto al oyente como al hablante.

Hay que rechazar la "falacia del cerebro grande". Es decir, "la teoría de que a medida que se iban haciendo mayores los cerebros, nuestros ancestros se fueron volviendo más inteligentes hasta que finalmente fueron lo suficientemente inteligentes como para inventar el lenguaje" (32). Es una falacia con muchos adeptos entre los científicos evolucionarios, dice Bickerton, y de una manera un tanto exagerada, arguye que "que yo sepa, nadie ha demostrado una correlación entre el tamaño del cerebro y la capacidad de planificación" (33). Según Euan Macphail, hay tres niveles de inteligencia según el aparato mental con el que los animales hacen las cosas. Hay organismos capaces de asociar un estímulo y una respuesta. Otros son capaces de asociar un estímulo con otro estímulo (todos los vertebrados y hasta algunos invertebrados). Y luego está el lenguaje. Según Bickerton, el cerebro no crece de por sí. Crece cuando se necesita más capacidad para hacer algo que ya se hace: "Dicho de otro modo, el aumento de tamaño cerebral no dirige la innovación—es la innovación la que conduce al aumento de tamaño cerebral (...). No es que consiguiésemos un cerebro mayor y mejor que luego nos dio el lenguaje: conseguimos el lenguaje y eso nos dio un cerebro mayor y mejor" (34)—(Aunque parece obvio que esto está pidiendo a gritos un proceso de feedback entre las capacidades lingüisticas, la inteligencia y la capacidad cerebral).

En suma, para Bickerton el lenguaje no ha evolucionado a partir del sistema de comunicación animal (ACS) del último ancestro con los simios. Recuerda que él formuló la paradoja de la continuidad: "el lenguaje tiene que haber evolucionado de algún sistema previo, y sin embargo no parece existir tal sistema previo a partir del cual pudiese haber evolucionado" (35). Antes había propuesto Bickerton la teoría de sistemas de representación mental, mapas conceptuales del mundo que iban conectados a las estrategias de alimentación de los protohumanos, y que cuando se volvieron elaboradas hicieron surgir un protolenguaje, diferente y separado de los ACS... por alguna súbita mutación inexplicada. A esta teoría le faltaba el concepto de la construcción de nichos ecológicos que ahora le ayuda a Bickerton a desarrollar su teoría de modo más creíble y más articulado con la biología, y más continuista con los ACS.

Hay que estudiar qué pudo hacer que los ACS evolucionasen hacia una forma de protolenguaje, y asociar ese desarrollo a la construcción de un nicho ecológico particular que favoreciese esa evolución hacia una forma de comunicación más lingüística.

Adam's Tongue 2: Pensando como ingenieros

In the beginning-In the beginning

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La narratología evolucionaria llega a las páginas de El País, por obra y gracia de Antonio Muñoz Molina, que se está leyendo el mismo libro que yo, On the Origin of Stories, de Brian Boyd. Aquí va una selección de la table of contents:

Boyd, Brian. "Introduction: Animal, Human, Art, Story." In Boyd, On the Origin of Stories: Evolution, Cognition, and Fiction. Cambridge (MA) and London: Harvard UP-Belknap Press, 2009. 1-11.
"1. Evolution and Human Nature?" 19-30.
"2. Evolution, Adaptation, and Adapted Minds." 31-42.
"3. The Evolution of Intelligence." 42-50.
"4. The Evolution of Cooperation." 51-66.
"5. Art as Adaptation?" 69-79.
"6. Art as Cognitive Play." 80-98.
"7. Art and Attention." 99-112.
"8. From Tradition to Innovation." 113-26.
"9. Art, Narrative, Fiction." 129-31.
"10. Understanding and Recalling Events." 132-58.
"11. Narrative: Representing Events." 159-76.
"12. Fiction: Inventing Events." 177-187.
"13. Fiction as Adaptation." 188-208.
"Part 4: Phylogeny: The Odyssey." 213-317. (Attention, Character and Plot, Patterns, Intelligence, Immediacy, Cooperation, Punishment).
"Part 5: Ontogeny: Horton Hears a Who!" 319-79. (Play, Explanation, Universality, Individuality, Particularity, Meanings).
"Conclusion: Retrospect and Prospects: Evolution, Literature, Criticism." 380-98.
"Afterword: Evolution, Art, Story, Purpose." 399-416.

On the Origin of Stories: Evolution, Cognition, and Fiction. Cambridge (MA) and London: Harvard UP-Belknap Press, 2009. (Book I: Evolution, Art, and Fiction; Book II: From Zeus to Seuss: Origins of Stories).


El artículo de Muñoz Molina, "Cerca del Origen", expone sucintamente el punto de vista de la estética y teoría narrativa evolutiva que promueve Boyd. También me estoy releyendo First Principles, de Herbert Spencer, padre hoy vilipendiado de todos estos evolucionismos.

Aquí hay una lista de otros libros interesantes sobre psicología, estética, y semiótica evolutiva. Muchos más se encuentran en mi bibliografía:

Alter, Stephen G. Darwinism and the Linguistic Image. Baltimore and London: Johns Hopkins UP, 1999.

Andrews, Alice, and Joseph Carroll, eds. The Evolutionary Review. Vol 1 (2009).

Arturo, Antoni. "Ciencia cognitiva de la religión." Tercera Cultura 28 May 2009.*

http://www.terceracultura.net/tc/?p=1305

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Barkow, Jerome H., Leda Cosmides and John Tooby, eds. The Adapted Mind: Evolutionary Psychology and the Generation of Culture. New York: Oxford UP, 1992.

Bickerton, Derek. Adam's Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. New York: Farrar, Straus and Giroux – Hill and Wang, 2009.*Boyd, Brian. See English historical scholarship.

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Grandiosa secuencia de acontecimientos