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Filosofía

The Great Debate: ORIGINS OF VIOLENCE

domingo, 20 de marzo de 2016

The Great Debate: ORIGINS OF VIOLENCE (OFFICIAL) - (Part 1/2)








La Máquina del Mundo según los estoicos

jueves, 17 de marzo de 2016

La Máquina del Mundo según los estoicos

La idea del mundo como un sistema necesariamente conectado es una teodicea de raíz estoica, que tiene su interés a la hora de trazar una genealogía de las nociones de evolucionismo cósmico y de anclaje narrativo; también la idea de "no hay mal que por bien no venga" que subyace a la teoría evolucionista—la complejidad emerge de la lucha de los elementos, y los contrarios son componentes necesarios del todo, como decía ya Heráclito. Ello lleva a que se declare filosóficamente absurda la aceptación de sólo los aspectos benéficos del universo. Todo lo bueno y lo malo forma parte de una misma cadena de causas y efectos en esta concepción de la integración universal total. Así la expone Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales, siguiendo a Marco Aurelio:

El bondadoso emperador, el soberano absoluto de todo el mundo civilizado, que ciertamente carecía de motivo alguno para lamentar su suerte, se deleita en expresar su contento por el curso normal de las cosas, y en señalar la belleza de aquellas partes donde los observadores vulgares no podían apreciar ninguna. Observa que hay una corrección e incluso una gracia encantadora en la vejez tanto como en la juventud; la endeblez y decrepitud de un estado son tan conformes a la naturaleza como el florecimiento y el vigor del otro. La muerte es asimismo una conclusión tan propia de la edad avanzada como la juventud lo es de la infancia o la vida adulta de la juventud. En otra ocasión destaca que así como afirmamos que un médico manda a una persona montar a caballo o tomar baños de agua fría o andar descalzo, así deberíamos decir que la naturaleza, la gran conductora y médica del universo, ha ordenado a tal persona una dolencia o la amputación de un miembro o la pérdida de un hijo. Por la receta de los médicos normales el paciente traga muchas pociones amargas y soporta muchas operaciones dolorosas. Se somete a todo con la muy incierta esperanza de recuperar la salud. Del mismo modo, gracias a las recetas más severas del gran médico de la naturaleza, el paciente puede contribuir a su propia salud, su prosperidad y felicidad, con la más plena garantaía de que no sólo contribuyen sino que son indispensables para la salud, la prosperidad y la felicidad del universo, para el desarrollo y avance del egregio plan de Júpiter. Si así no lo fueran, el universo jamás las habría producido: su omnisciente arquitecto y conductor jamás habría permitido que tuviesen lugar. Todas, incluso las más pequeñas de las partes que coexisten en el universo, se adaptan mutuamente a la perfección y todas contribuyen a componer un solo sistema inmenso e interconectado; y todos los acontecimientos que se suceden, incluso los más insignificantes, forman parte y parte necesaria de esa gran cadena de causas y efectos que no tuvo principio y no tendrá final, y así como todos derivan necesariamente de la organización y diseño original del conjunto, todos son esencialmente necesarios no sólo para su prosperidad sino también para su mantenimiento y preservación. Quien no abraza cordialmente todo lo que le sobrevenga, quien lamenta su destino, quien desea que no le hubiese tocado, pretende en la medida en que pueda detener el movimiento del universo, romper la gran cadena de sucesos cuya evolución es lo único que puede lograr que el sistema continúe y se preserve, y por alguna pequeña conveniencia propia desordenar y descomponer toda la maquinaria del mundo.



Seguidamente pasa Smith a refutar la ética estoica—es sólo un consuelo para la desdicha, pero no una guía de vida. En nuestras vidas seguimos, muy razonablemente y por naturaleza, otro plan: el de que nos afecten las cosas que nos afectan más que las que nos caen lejos: nuestra felicidad, nuestra familia, nuestros conocidos, nuestro país, nos importan más que otras consideraciones que puedan ser más importantes de por sí, para una consideración objetiva que pertenece a los dioses más que a los hombres. Smith llama por tanto a llevar una vida activa y emprendedora, y no a una vida de contemplación sobrellevando pasivamente el mundo.


Historia(s) de todo

 

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La teatralidad del yo en Adam Smith

La teatralidad del yo en Adam Smith

David Marshall, en su capítulo "The Theater of Sympathy", de The Figure of Theater (Columbia UP, 1986), resalta el carácter dramatístico de la teoría del sujeto de Adam Smith.

The Figure of Theater examina, cito, el papel de la teatralidad en las obras de cuatro escritores que tratan del teatro que existe fuera del teatro: lo que el autor llama "el drama de caracteres que pone al yo en el papel de un rol o personaje, y las relaciones teatrales que se forman entre las personas que se encuentran unos a otros en la vida cotidiana como actores y espectadores". Más que centrarse en esta perspectiva,  o en la influencia de obras teatrales específicas, David Marshall sigue la pista al modo en que aparece el teatro en una variedad sorprendente de textos, como representación figurada de cuestiones que ligan los ámbitos tan diversos de la edición de libros, la escritura de ficción, la filosofía moral, la epistemología y la estética. (De la solapa).

Notas sobre "The Theater of Sympathy", con algunas analogías y excursos añadidos:

"In this chapter I will argue that Smith's examination of sympathy in The Theory of Moral Sentiments is designed to address the theatrical character of the way people face each other in the world—and that this theatrical situation, which is implicit in writers such as Hutcheson and Hume, becomes not only explicit but finally problematic for Smith. In this sense Smith can be seen to share Shaftesbury's and Defoe's concern with the inherent theatricality of presenting a character before the eyes of the world and acting as a beholder to people who perform acts of solitude" (169).

Es peculiar del enfoque de Smith, en su tratamiento de la simpatía, cómo remite a la imaginación, y no a la experiencia inmediata, la cuestión la identificación con la otra persona. Y sobre todo cómo presenta a las personas que simpatizan ajustando su experiencia una a la otra, en una circulación de reflexiones imaginativas.  "As nature teaches the spectators to assume the circumstances of the person principally concerned, so she teaches this last in some measure to assume those of the spectators. As they are continually placing themselves in his situation, and thence conceiving emotions similar to what he feels; so he is constantly placing himself in theirs" (22). A esto comenta Marshall:mirrorlooking

"The mirror of sympathy in which the spectator represents to himself the feelings of the other person and places himself in the position and person of the other is itself mirrored in the experience of the person who knows he is being viewed. As the sufferer tries to look at his spectators with sympathy (which Smith defines simply as 'our fellow-feeling with any passion whatever' [10]), he finds himself in the same epistemological void. Unable to know what they feel when they face him, he must represent to himself in his imagination what they feel as they represent to themselves in their imaginations what he feels" (172).

El resultado es el valor social de la simpatía—nos fuerza a moderar nuestras pasiones por atención,  casi cortesía, a los espectadores. Podríamos decir que nos vuelve espectadores de nosotros mismos, de hecho; y esta cuestión está muy relacionada con la teoría de la conciencia de Smith como el "espectador imparcial" interiorizado.

Aprobamos o desaprobamos las acciones de los demás, de las cuales somos espectadores, según nuestra capacidad de simpatizar con la persona que contemplamos. Pero es que también simpatizamos con la persona que sufre la acción, y esto conduce a un equilibrio de actitudes o un sentimiento complejo. También resulta de esto que la mostración pública de nuestras emociones contribuye a moderarlas, pues interiorizamos la visión que de ellas tienen los otros—y por eso consuela más la presencia de desconocidos que la de conocidos, en momentos de sufrimiento.

"Imagining ourselves as a spectacle, we look at ourselves in exactly the same way that we look at others: we attempt to sympathize with ourselves, to enter into our own feelings and persons (...). In Smith's view, one does not simply imagine oneself seen by others; one imagines oneself imagined by others who either can or cannot enter into one's feelings (as they imagine them)." (174)

Se crea así una teatralidad interiorizada, en la que atendemos a nuestro propio "espectador imparcial" incorporado; "According to Smith's system, we govern our actions and judgments—indeed, we know ourselves—by internalizing the regard of a spectator" (175)—y de ahí derivamos nuestro propio juicio sobre nuestros sentimientos y acciones.

Smith nos representa adoptando imaginativamente el papel del otro, y luego nuestro propio papel representando dos personajes: "here he pictures us trying to play ourselves by representing ourselves as two different characters" (175)—el espectador y el agente o actor.

"In his final exposition, he makes it clear that we are both actors and spectators of our characters. We are actors not just because we appear before spectators played by ourselves, but also because we personate ourselves in different parts, persons, and characters. The self is theatricalized in its relation to others and in its self-conscious relation to itself; but it also enters the theater because 'the person whom I properly call myself' must be an actor who can dramatize or represent to himself the spectacle of self-division in which the self personates two different persons who try to play each other's part, change positions, and identify with each other" (176).

Esta estructuración teatral del yo no deja de recordarnos a las teorías dramatísticas de Goffman (ver Somos Teatreros). Con la diferencia de que Adam Smith le precedió en doscientos años—y con la diferencia también de que, al menos según Jonas Barish (The Antitheatrical Prejudice, U of California P, 1981) Smith no llevó a sus conclusiones la teoría dramatística del yo, debido en parte a que estaba prisionero de prejuicios sociales y atento ante todo a los buenos modos de las clases dominantes. Earl Wassermann por su parte estudió la relación entre las teorías dramáticas del XVIII y las teorías de la simpatía. Algo más al respecto podemos ver en este artículo sobre Diderot, que también enfatizó (como Hume, como Smith) el papel de la simpatía, y le dedicó mucha atención en su teoría dramática: Garrick, Shakespeare, y la paradoja del comediante.

Volviendo a Cambpell y Smith. La teoría del espectador de Smith nos remite más allá de Shaftesbury, a la descripción de la conciencia que hace Joseph Butler, hablando de "the witness of conscience". Larga tradición cristiana tiene esta imagen del espectador que nos ve, delegado de Dios en nosotros. Yendo todavía más atrás, un pasaje de la República de Platón (Marshall n. 21) observa también cómo la presencia de espectadores lleva a reprimir las emociones, algo que recuerda a la concepción de Smith (pero donde falta, claro, su tesis de la interiorización del intercambio dialógico de roles y el ajuste mutuo de perspectivas).

En el terreno del drama y la filosofía moral, Marshall también dedica un capítulo a Shaftesbury, quien en su Soliloquy, or Advice to an Author anima a duplicarse, a ser crítico de sí, con un "inspector or auditor established within us". "Conócete a ti mismo" significa para él "Divide yourself, or be two". La imagen del espejo aparece tanto en Shaftesbury como en Smith, —y nos remitirá al looking-glass self de Charles Horton Cooley a la teoría de los roles de George Herbert Mead y el interaccionismo simbólico. Recordemos que para Cooley el "yo espejo" se define asi: "yo soy quien creo que tú crees que soy"—lo cual puede sugerir una falta de sustancia excesiva, y plantea el problema de disgregar al yo en múltiples roles interactuando con diversas personas. Aunque nos conduce de modo interesante a la teoría interaccional de los roles y a un yo relacional.

Smith, con su énfasis un tanto estoico en la propiedad y en la contención, también enfatiza el ajuste externo: llega casi a decir que la virtud consiste en ajustarse totalmente a las expectativas de los demás, en identificarnos con nuestro propio espectador imparcial interno, al que describe en términos laudatorios y reverenciales, como nuestra parte divina. A mí me recuerda esta duplicación de roles también a la creación de una figura autorial en literatura, lo que Booth llama el autor implícito, como autoridad moral abstraída, y construida, y más público e ideal que el "autor de carne" u hombre falible que se esconde tras este constructo literario.

Rebatiendo a Mandeville, Smith enfatiza cómo la simpatía no se basa en el egoísmo analógico. No nos imaginamos que somos la otra persona, más bien creamos una construcción imaginativa desplazada, lo que Fauconnier y Turner llamarían una fusión conceptual; "Sympathy, according to Smith's formulation, involves a loss of self, a transfer and metamorphosis" (Marshall 179). Marshall también trae a colación la teoría dramática de Diderot, pero es para decir que "It is as if Smith were endorsing the two theories of acting that Diderot opposes in his Paradoxe sur le comédien: both the position that an actor should merge himself with his role and the position that the actor must be a cool observer who can stand at a distance from his own performance" (179). Todos somos actores de esas dos escuelas, al parecer. Hay una cierta paradoja del comediante en Smith cuando habla de la fusión imaginativa que se da entre las dos situaciones, la nuestra propia y la de la persona que vemos padecer. Marshall observa que "such a combination of identification and difference provided the standard eighteenth-century explanation for the pleasure audiences take in watching tragedies" (180), pero Smith enfatiza especialmente la tensión entre participar del espectáculo, proyectarse en el otro, por una parte, y, por otra, mantener la distancia que por simpatía queremos trascender.

Su análisis del remordimiento plantea vívidamente esta división de roles y de simpatías. Por ejemplo, el criminal no simpatiza consigo mismo, sino con su víctima, al sentir remordimiento. (En realidad con ambos, supongo, un círculo vicioso amenaza...). Tememos a los espectadores potenciales o imaginados de nuestras faltas, y así se autorregula la moral social. "The internalization of the regard of others suggests the degree to which Smith believes that the need for sympathy will socialize people and regulate their behavior to make it conform to moral values" (183).

(Dryden decía algo parecido sobre el efecto de la tragedia: el espectador de la tragedia, si hablamos de la emoción puramente trágica, ha de simpatizar con el criminal, y no con la víctima. Lo cual nos lleva en el caso del remordimiento del criminal a la paradoja que acabamos de mencionar, si bien Marshall no entra en esta cuestión).

Smith señala, a pesar de su énfasis en la simpatía, la dificultad de simpatizar totalmente. "Smith's description of us resembles his portrait of the murderer: we cannot bear the thought of unsympathetic spectators yet this is precisely the prospect we must confront" (183).

Señala Marshall en la admiración de Smith por el estoicismo una aversión a la teatralización ostentosa de los sentimientos:

"The moral of The Theory of Moral Sentiments is that one should not display one's sentiments unless one is sure of eliciting sympathy; indeed, it would be best not to display oneself at all, given the small likelihood of attaining fellow-feeling" (184)

Esto es más que congruente con lo que contábamos en Un amor de Adam Smith. Marshall también observa la casi total ausencia de mujeres en la Teoría de Smith; un libro éste que está escrito en una época sentimental, y trata sobre los sentimientos, pero va contra el sentimentalismo.

Muy prominente es el lugar de la conciencia, o del "espectador imparcial, el testigo interno de nuestro pecho" en Smith, un espectador virtual o imaginario. Pero para Marshall, pesa más lo que llamábamos el espectador real:

"The Theory of Moral Sentiments represents a society where everyone and everything seems motivated by the gaze of spectators. These spectators are not the imaginary, impartial judges who personify our conscience. Smith portrays a society that is directed by a more pervasive and more powerful point of view: the eyes of the public." (185)

Pero la visión de los otros es imperfecta. No lo saben todo de nosotros. También tienen, por otra parte, sus intereses egoístas. Por eso necesitamos un equilibrio que construimos en forma del espectador interiorizado. Una figura que por cierto tampoco exhibimos mucho en público, aunque represente a ese público. Dios representa el papel del testigo imparcial externo y universalizado, y con la autoridad máxima, que a la vez nos somete a su observación, y nos libera de los puntos de vista limitados de los demás, trascendiéndolos objetivamente—al menos en nuestra mente. Necesitamos esa perspectiva dominante última, ese topsight total y apocalíptico, que justifique que todo en el mundo está sujeto a observación; que no hay nada fuera de la escena y que todo acto es social, il n'y a pas de hors-scène.

No soportamos estar ante un público que no simpatiza con nosotros—y de ahí derivan construcciones complejas e indirectas de lo que sociólogos interaccionalistas posteriores llamarán nuestra faz (face), nuestra identidad social, nuestro autoconcepto.... Y asimismo nuestro deseo de prestigio, nuestra admiración por los grandes de la tierra, nuestro deseo de distinción, nuestro lucimiento de símbolos de status social, económico o elegante, el consumo ostentoso de Veblen, etc.

Marshall llama la atención sobre la consciencia dramatística de la sociología y la ética de Smith. El teatro es una referencia constante—la vida como teatro, de hecho. "In Smith's view, our state is the theater, and an intense concern with theatricality governs both our acts and our reactions" (187); toda la vida social nos hace sentir como si estuviésemos en un teatro, rodeados por un público. Y más los ricos y poderosos, que por eso parecen volverse, retroalimentativamente, los objetos de atención y los epítomes de la existencia humana—en las tragedias, por ejemplo.

El otro modelo, más valioso, al que señala Smith, es el del sabio filósofo (él mismo) que lleva una vida discreta y es ignorado por la muchedumbre, siendo un modelo sólo para los espectadores más inteligentes. "The philosopher, like the Stoic, refuses to force himself upon the notice of every wandering eye; he does not display the sentiments he asks others to share on the public stage. Yet this does not mean he is exempt from a role in the theater of sympathy" (188).

El yo mismo es teatral y espectatorial en Smith; la sociedad teatral la llevamos interiorizada: "Thus the theatrical structure of sympathy is both acted out between people and internalized; the self as Smith represents it has a dramatic character, as it does for Shaftesbury." (190).

Es la misma necesidad de aprobación la que lleva a moderar o esconder las emociones, cuando la aprobación no es alcanzable o tememos el rechazo; "The theater of sympathy in The Theory of Moral Sentiments is based on the simultaneous necessity of spectators and fear of spectators; the ultimate threat in the world that Smith represents is the prospect of spectators who would deny sympathy." (191)

La simpatía del espectador, observa Marshall, ofrece un peligro: si se proyecta hacia la escena de los demás, nos convierte ya no en espectadores, sino en participantes—espectadores arrastrados a escena, atrapados en el espectáculo. Y qué duda hay de que lo somos, y tanto más si abrimos la boca para manifestarnos sobre algo, abandonando la perspectiva olímpica del mero espectador.









Hegel: La comedia y la vida como metadrama
 


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Un amor de Adam Smith

Un amor de Adam Smith

Adam Smith es célebre, aparte de ser uno de los pilares de la teoría económica clásica, por su vida carente de anécdotas, como no sea la de ser el modelo mismo del sabio distraído. Vivió la mayor parte de su vida con su madre, sin formar otra familia, y muchos han creído que era insensible a las mujeres o a las emociones humanas, o que no prestó atención a ellas (a pesar de haber escrito una voluminosa Teoría de los sentimientos morales, en la que el amor romántico no sale precisamente bien parado o valorado). Por qué esa persona y no otra, se pregunta Adam Smith—y ante la carencia de respuesta, concluye que es imposible simpatizar con el enamoramiento de un tercero. Que se le pasó la vida sin prestar atención al amor lo podrían creer algunos de sus conocidos, que disfrutaban de las curiosidades de su conversación, al decir de su amigo Dugald Stewart, "aún más porque él parecía normalmente, y en un grado extraordinario, desatento a todo lo que lo rodeaba."  A pesar de ser una persona educada y afable, Adam Smith no pasó a la historia por sus amores. Es bien conocida también su gran amistad con Hume, y algunos creen que hasta allí se extendió su vida emocional. Sin embargo el mismo Dugald Stewart nos habla en una nota de un amor de Adam Smith. Un amor que quizá sea discretamente trágico, o quizá kafkiano. Cito de su prefacio a los Essays de Smith (en español, epílogo a los Ensayos Filosóficos, 312-13):


Nota (K.)

En la primera parte de la vida del Sr. Smith, como bien sabían sus amigos, se había sentido durante varios años atraído por una joven dama de gran belleza y mérito. No he podido averiguar en qué medida sus intenciones fueron favorablemente acogidas, ni qué circunstancias impidieron la unión; pero creo que es casi seguro que después de este desengaño apartó de sí toda idea de matrimonio. La dama a la que me refiero también murió soltera. Sobrevivió al Sr. Smith por muchos años, y aún vivía mucho después de la publicación de la primera edición de esta memoria [1795]. La fuerza de su inteligencia y la alegría de su temperamento no parecían haber sufrido en absoluto por el paso del tiempo.

Señala David Marshall (The Figure of Theater) en la admiración de Smith por el estoicismo una aversión a la teatralización ostentosa de los sentimientos. Es mejor no exhibir los sentimientos a menos que se vaya a obtener simpatía, cosa que es harto improbable. Todo esto es más que congruente con lo que se nos cuenta en esta nota. Especialmente  el amor de los demás, nos dice Smith, no despierta de por sí ninguna simpatía, y parece más bien una pasión gratuita o excesiva, mal justificada. Marshall también observa la casi total ausencia de mujeres en la teoría de Smith; un libro éste que está escrito en una época sentimental, y que trata sobre los sentimientos, pero que va contra el sentimentalismo.



Túnel de hojas al Museo
Adam Smith sobre la autoestima



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Patologías de la existencia

Patologías de la existencia


 Patologías de la existencia 
Call for papers del XII Congreso Internacional de Antropología Filosófica
“Patologías de la existencia: enfoques antropológico-filosóficos”
(Universidad de Zaragoza, 28-30 septiembre 2016).
Plazo de envío de comunicaciones: hasta el 1 de mayo de 2016.
Toda la información se encuentra en la web oficial del Congreso en el siguiente enlace: https://herafshaf2016.wordpress.com



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Seminario HERAF: La conciencia fenomenológica

SEMINARIO DE INVESTIGACIÓN DOCTORAL: LA CONCIENCIA FENOMENOLÓGICA
El seminario está promovido desde la Escuela de Doctorado (http://escueladoctorado.unizar.es) y surge como una iniciativa del Grupo de Investigación Consolidado H-69 HERAF: Hermenéutica y Antropología Fenomenológica de la Universidad de Zaragoza (http://herafunizar.wordpress.com).
Esta actividad pretende mostrar un campo de investigación sobre la conciencia de carácter interdisciplinar e interés creciente en el panorama internacional, caracterizado por la confluencia de antropología filosófica y psicopatología en el ámbito de la fenomenología contemporánea. Aunque la actividad se dirige principalmente a estudiantes de máster y doctorandos de todas las ramas de conocimiento, está abierta también a cualquier persona interesada en el tema dentro y fuera del ámbito universitario, especialmente a profesionales de la educación y la salud.
Entre los objetivos del seminario pueden destacarse los siguientes:
-Difundir las investigaciones más actuales sobre el tema.
-Promover un foro de encuentro para investigadores en este tema transversal.
-Fomentar la investigación doctoral sobre el tema en el ámbito de la Universidad de Zaragoza.

Programa del ciclo
El seminario de investigación constará de cuatro sesiones de trabajo que se celebrarán quincenalmente de acuerdo con el programa y calendario que figura a continuación. Cada una de ellas se desarrollará según la siguiente estructura: una conferencia de 50 minutos de duración, impartida por un destacado especialista en su área de investigación sobre el tema, a la que seguirá un espacio de coloquio abierto a todos/-as los/-as participantes de 30 minutos de duración. Las sesiones comenzarán a las 19 h y finalizarán a las 20:30 h.
Fecha
Ponente
Título de la conferencia
14/04/2016
Javier San Martín
"Las modalidades de la intencionalidad"
28/04/2016
Luisa Paz Rodríguez
“Conciencia y existencia: un enfoque fenomenológico- hermenéutico”
12/05/2016
Enric Novella
"Conciencia y psicopatología: una historia conceptual"
26/05/2016
Antonio Lobo
“Psicopatología y modelos de abordaje en la clínica psiquiátrica”

Está previsto que las sesiones se desarrollen en el Salón de Actos del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Zaragoza, en el Campus de la Pza. San Francisco.
Más información en la web del grupo de investigación HERAF: http://herafunizar.wordpress.com
INSCRIPCIÓN: La asistencia a las sesiones es gratuita. Para inscribirse, cumplimente por favor este impreso y remítalo por correo electrónico a la dirección indicada antes del 15 de marzo 2016, indicando como asunto “Inscripción Seminario-Conciencia fenomenológica”.
Correo electrónico: secedoc@unizar.es
Personas de contacto: Luisa Paz Rodríguez (luisapaz@unizar): consultas académicas, programación del curso / Belén Villacampa (secedoc@unizar.es): inscripciones, consultas generales.
JUSTIFICANTE: La Escuela de Doctorado emitirá un justificante de asistencia y seguimiento del seminario de investigación a los inscritos que asistan a un mínimo de 3 sesiones y así lo soliciten.

Construyendo La Realidad (Capítulo REDES 376)

Construyendo La Realidad (Capítulo REDES 376)




Constructivismo, Construccionalismo, Construccionismo

Constructivismo, Construccionalismo, Construccionismo


(del Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora:)


CONSTRUCTIVISMO. 
Este término, así como 'construccionismo' y 'construccionalismo', se emplea para caracterizar tendencias filosóficas en las que la noción de construcción —y la noción correlativa de "constitución"— juega un papel importante.

En su obra Der Konstruktionsbegriff im Umkreis des deutschen Idealismus (1973 [Studien zur Wissenschaftstheorie, 7)] Helga Ende indica que el término constructio aparece en latín en el siglo I antes de J. C. para designar los modos de articular palabras en frases. Antes se había recurrido a la noción de construcción en geometría. Esta noción se extendió en la época moderna para designar modos de construcción de figuras geométricas. La idea de construcción, y hasta el correspondiente vocablo, se usaron en arquitectura.

Hay en Kant una orientación hacia la construcción en tanto que constitución del material de la experiencia mediante formas a priori de la sensibilidad y, sobre todo, mediante conceptos puros del entendimiento. La citada tendencia, que tiene un sentido primariamente epistemológico en Kant, tiene un sentido metafísico y metafísico-moral en Fichte y Schelling. En Fichte especialmente, la realidad es entendida en función del acto de su construcción por un Yo activo. Se trata de un "constructivismo" dinámico y "operativo". La construcción, o constitución, es una "posición" (véase PONER, POSICIÓN).

Un ejemplo, muy distinto, de "constructivismo", se halla en Bertrand Russell, con la máxima: "Dondequiera que sea posible, hay que reemplazar las entidades inferidas por construcciones". La máxima de referencia va aparejada al uso de la "cuchilla de Occam". Inferir entidades es tender a poblar ontológicamente el mundo. En vez de ello se procede a construcciones lógicas, las cuales no tienen ninguna realidad metafísica, y pueden ser consideradas, según indica Russell, como "ficciones simbólicamente construidas". En su trabajo sobre la relación entre los datos de los sentidos y la física (The Relation of Sense-Data to Physics), de 1914, Russell da varios ejemplos del procedimiento constructivo propuesto. Así, en vez de tomar varias colecciones e inferir de ellas un número cardinal que se supone es su propiedad común, se define el número cardinal como clase de todas las colecciones igualmente numerosas. En vez de inferir entidades inobservadas e inobservables a base de observaciones sensibles, se procede a construir nociones como las de "espacio", "tiempo", "cosa" y "materia". En este último caso Russell liga el constructivismo al perspectivismo (VÉASE), según el cual las perspectivas son como "mundos privados" sin sujetos percipientes.

La noción de construcción es central en la "teoría de la constitución" de Carnap, desarrollada en La construcción lógica del mundo (Der logische Aufbau der Welt, 1928), 'Construcción' equivale aquí a 'constitución', que a su vez se entiende como 'reducción'. Carnap habla de teoría de la constitución o teoría constitucional, definición constitucional y sistema constitucional (expresiones que hoy se tiende a transformar en 'construcción' o 'teoría construccional', 'definición construccional' y 'sistema construccional'). Nos hemos referido a la teoría de la constitución (o construcción) de Carnap en los artículos CONSTITUCIÓN Y CONSTITUTIVO y REDUCCIÓN. Se trata, a la postre, de tomar un número de conceptos fundamentales y en derivar de ellos los demás conceptos (o de reducir los conceptos a un número de conceptos fundamentales). Carnap escribe que "construir [constituir] un concepto a base de otros conceptos es indicar su 'definición construccional' ['constitucional'] a base de estos otros conceptos" (Aufbau, § 35). "Por 'definición construccional' [constitucional] de un concepto a, a base de los conceptos b y c —sigue diciendo Carnap— se entiende una regla de traducción que proporciona una indicación general del modo como cualquier función proposicional en la que aparece puede ser transformada en una función proposicional concomitante en la que ya no aparece sino sólo b y c." Siguiendo a Carnap, Nelson Goodman habla de "definición construccional" y escribe que "en un sistema construccional... se introuducen la mayor parte de las definiciones para propósitos de explicación. Las definiciones pueden ser arbitrarias en el sentido de que representan una elección entre ciertos definientia alternativos, pero cualquiera que sea la elección, el definiens es un complejo de términos interpretados, y el definiendum es un término significativo familiar; y la exactitud de la definición depende de la relación entre ambos (The Structure of Appearance 1951; 2ª ed., 1966).

Tanto el sistema de Carnap como el de Goodman pertenecen a una serie de posibles "sistemas fenomenistas", expuestos por C. Ulises Moulines (véase MOULINES) en La estructura del mundo sensible (Sistemas fenomenistas), 1973. C. Ulises Moulines presenta también su propio sistema fenomenista, el "sistema T-S" (temporalidad-semejanza) que es un sistema "construccional".

Los sistemas construccionales de los tipos indicados pueden tener supuestos o implicaciones ontológicos, pero no es menester abrazarlos. La elección de los conceptos fundamentales es asunto de convención. Así, en principio, puede tratarse de conceptos mentales o de conceptos físicos. Pero puede tratarse asimismo de conceptos físicos. Pero puede tratarse asimismo de conceptos que no tengan connotación mental ni física.

En un sentido más general, se ha hablado de "constructivismo" para referirse a tipos de análisis en los que desempeñan un papel importante los conceptos lógicos y las operaciones lógicas, a diferencia del análisis del "lenguaje corriente". Desde este punto de vista puede considerarse como "constructivista" a Quine.

Se habla asimismo de constructivismo en la matemática. En un sentido muy amplio, el constructivismo matemático, y metamatemático, es una tendencia que se opone al logicismo. Según el constructivismo, una "entidad" matemática existe—esto es, "es demostrable"— sólo en la medida en que se puede proporcionar una regla o técnica de construcción de la misma. Han defendido el constructivismo Poincaré y los intuicionistas, pero, como indica Javier de Lorenzo (La filosofía de la matemática de Poincaré, 1974, págs. 3, 356-57), "prácticamente casi todas las formulaciones realizadas tras la aparición de las antinomias recurren, de una manera más o menos explícita, al constructivismo; incluso aquellos realistas platónicos que sostenían el logicismo primitivo a ultranza, tras las restricciones a sus excesos platónicos producidas por las limitaciones formalistas... han aceptado métodos que califican de constructivos".

Paul Lorenzen ha llamado "constructivismo material" al tipo de pensamiento que ha desarrollado en sus obras Normative Logic and Ethics (1969) y Konstruktive Logik, Ethik und Wissenschaftstheorie (1973) (esta última en colaboración con Oswald Schwemmer). Consiste en la construcción de un lenguaje que sirva de base común a todos los lenguajes científicos, técnicos y prácticos. Este lenguaje común es un esquema conceptual que va introduciendo sus términos (conceptos) paso a paso, construyendo la sintaxis y la semántica. Puesto que esta última introduce el contenido o "materia" del lenguaje, el constructivismo es llamado "material". La introducción de los términos se hace usando un lenguaje corriente, pero el lenguaje resultante de la construcción, aunque contenga términos (o acaso los mismos términos) del lenguaje corriente, es un lenguaje distinto. Lorenzen usa un método que llama "dialógico", donde queda eliminada toda "subjetividad" (cfr. Metamathematik, 1962). El lenguaje básico "construido materialmente" consiste en un grupo finito de términos "rectos" (que tienen una función normativa). Además de Lorenzen, han defendido el constructivismo varios autores. Según Christian Thiel ("¿Qué significa 'constructivismo'?"
, Teorema, 7 [1977], 5-19), Matthias Gatzemeier cita como constructivistas a autores como Friedrich Kambartel, Kuno Lorenz, Jürgen Mittelstrass y el propio Thiel (además de Lorenzen). Thiel agrega a Ignacio Angelelli, Peter Janich, Ivan Glaser, Gottfried Gabriel, Hans Julius Schneider, Oswald Schwemmer, Rüdiger Inhetveen, Manuel Medina, Harald Wohlrapp, Gerrit Haas, Klaus Prätor. Algunos de ellos, como Gerrit Haas, se han ocupado especialmente del concepto de construcción (en su tesis doctoral: Zur konstruktiven Begrïundung der Analysis. Ein Beitrag zur Klärung des Konstruktivitätsbegriffs, 1975). Thiel habla de posibles relaciones entre constructivistas y neomarxistas (como Habermas), es decir, entre la Escuela de Erlangen y la Escuela de Frankfurt, aunque, por otro lado, caben dudas sobre estas relaciones si se tienen en cuenta los ataques de los primeros a los segundos (como en Hans Albert, "Konstruktivismus oder Realismus," en H. Albert, Konstruktion und Kritik. Aufsätze zur Philosophie des kritischen Rationalismus, 1972, citado por Thiel, art. supra, pág. 19) y si se mantiene presente la conclusión de Thiel: "Exigir esto [la fundamentación "paso a paso"] no significa otra cosa que operar seriamente con el espíritu crítico que ya inspiró el Círculo de Viena e inclusive antes a la matemática crítica del siglo XIX y a los mismos Descartes y Leibniz, cuando se interrogaban sobre los fundamentos de la seguridad de las ciencias y, en general, de nuestro conocimiento y cosmoorientación. Quien haga suyas radicalmente estas reflexiones que he intentado esbozar, ése es en el sentido moderno un constructivista" (art. cit., pág. 21).

El término 'constructivismo' es preferible a 'construccionismo' y a 'construccionalismo', por derivar naturalmente del adjetivo 'constructivo', correspondiente al nombre 'construcción'. Puede defenderse el uso de 'construccionismo' para evitar el juicio de valor subrepticio que a menudo acompaña a 'constructivismo' (y especialmente a 'constructivo'), pero 'constructivismo' ha sido ya generalmente adoptado para designar las orientaciones reseñadas en el presente artículo. Sin embargo, en la descripción de teorías fenomenistas se usa el adjetivo 'construccional' en vez de 'constructivo' o de 'constructivista'.





Yuval Noah Harari: Humankind United? —Y el constructivismo de Hobbes

 


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