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Filosofía

La realidad, según se mire

martes 19 de julio de 2011

La realidad, según se mire

La realidad, según se mire, está en el mundo o está en la mente. Hablaremos aquí de idealismo, realidad, y marcos conceptuales.

La teoría del conocimiento tradicional oscilaba entre dos polos: el idealismo, según el cual la mente no conoce sino a una realidad de naturaleza ideal, y el realismo, según el cual la mente conoce una realidad exterior a ella. Sirvan de ejemplos extremos el platonismo y el materialismo histórico. Tales extremos piden, por supuesto, algún tipo de síntesis dialéctica. Y una síntesis que no puede dar una fórmula igual para todos los tipos de conocimiento o de percepción. Las formas de la sensación simple son más interpretables según la fórmula realista—con la sensación yendo del objeto al sujeto de conocimiento—y constituyen también la base común de conocimiento y sensación que compartimos con los animales que se nos asemejan.
bebé flotante
Pero la manera en que estas sensaciones se agregan para formar objetos de conocimiento ya está más mediada por una actividad cerebral compleja. Es a esto a lo que se refería sin duda Descartes cuando, en la segunda Meditación, lo ponía de manera un tanto maximalista: "Ahora sé que ni siquiera los objetos son percibidos estrictamente hablando por los sentidos o por la facultad de la imaginación, sino sólo por el intelecto, y que esta percepción deriva no de que sean tocados o vistos, sino de que sean entendidos". Así, vemos un árbol, pero el árbol que vemos es y no es el árbol que ve el perro. La raíz del árbol, podríamos decir, es la misma, pero en nuestra experiencia el árbol tiene unas ramificaciones que no tiene el árbol del perro.

Una cosa la vemos realmente no cuando tenemos delante de los ojos, sino cuando la vemos realmente. Cuando la miramos, para empezar, centrando en ella nuestra atención, y cuando la entendemos. Así podemos entender muchos objetos cotidianos de manera distinta a sí mismos, cuando están asociados mentalmente a otros objetos (u otros momentos, etc.). Desde el punto de vista idealista, es la mente la que proyecta el concepto sobre el objeto–sobre el objeto primariamente percibido—para perfilar su percepción, y ubicarlo en una red mental de relaciones que lo sitúan y explican.

Cuanto más compleja es la red de asociaciones mentales que va unida a un objeto, más complejo se vuelve éste, más se aleja de una mera colección de impresiones. Se crea la identidad del objeto, no sólo como tal objeto ("un árbol", "un coche", "una casa", etc.) sino como este árbol, este coche, esta casa, con una red de asociaciones irrepetible, una historia y una identidad que los individualizan para la mente que establece esa red de relaciones, o para el grupo social que colabora para convertir a ese objeto físico en un objeto mental colectivo, un objeto cultural, un icono de especial significado por ejemplo.  

De este modo los objetos del mundo cultural son mucho más mentales—producto de una mentalidad compartida—que meramente físicos. Y a esto me refería en parte cuando hablaba de la realidad virtual en la que habitamos, generada en gran medida mediante el lenguaje y la red de discurso que tejemos en torno a los objetos. Red de palabras, pero también de relaciones sociales. El mismo objeto o situación son y no son los mismos, según cómo se interprete, o según la perspectiva que se proyecte sobre ellos.

La identidad de los objetos, y la atención que les prestamos, está gestionada colectivamente. En mayor o menor medida—también hay asociaciones que llamamos privadas y que son parcialmente privadas, mientras que otras son evidentemente públicas y colectivas. La experiencia humana de la consciencia no viene de la mera percepción (del objeto hacia el sujeto), sino de la atención del sujeto al objeto: la proyección de un concepto, un marco conceptual interpretativo, o una estructura narrativa que sirve para ubicar e interpretar al objeto. Proyección de la mente "hacia el objeto" por así decirlo, o de la mente hacia sí misma, o hacia otras mentes, mediante el lenguaje u otros sistemas de representación.

Por eso las representaciones añaden valor al objeto—por eso un objeto representado normalmente atrae más la atención que el objeto material mismo, y así la pintura modifica nuestra percepción de la realidad, y la fotografía nos hace más conscientes del objeto fotografiado. La experiencia misma de la consciencia proviene de este juego complejo de ideas y representaciones, y así los medios de representación, y su uso colectivo e intersubjetivo, contribuyen a crear el mundo en que habitamos como una realidad virtual—realidad ideal, o paisaje mental.

Interacción internalizada: el desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico
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Realidad de mentira

miércoles 6 de julio de 2011

Realidad de mentira

Es el final de la "autobiografía intelectual" de Agustín García Calvo, en una conferencia en audio en la Fundación Juan March—más en concreto hablando sobre su libro Qué es lo que pasa. Criticando entre otras cosas el discurso de la ciencia física sobre la realidad. Es importante no creerse que se sabe, ni siquiera qué es la realidad, porque entonces no se descubre nada, nos dice. pietacon

"Dentro de la realidad, realistamente, no se puede preguntar qué es la realidad. La pregunta misma, entonces, queda dentro: hay que preguntar desde fuera... —cabe, porque no estamos bien hechos del todo, no somos completamente reales—se puede. Preguntar, preguntar desde fuera, y ésa es la posibilidad. Las explicaciones que se nos venden, y que se imponen, son explicaciones hechas de dentro, para contentar, para confirmar a la realidad, para tranquilizar al personal, que se crea que no hay nada misterioso, que no pasa nada. Y así no se puede hacer nada: lo mismo que en el plan de la acción política les digo a los amigos anarcos, o quienes sean que me acompañan: que si uno quiere hacer una revolución realista y lanzarse realistamente contra las cosas, está inmediatamente adoptando las armas del enemigo: el futuro, en primer lugar, y la fe en los medios que el poder ha establecido, y por ahí no puede haber ninguna rebelión de veras contra el orden. Lo mismo se lo digo a los que se lanzan por los caminos de la física y semejantes: no puede uno dentro de la realidad preguntarse por la realidad y descubrir su mentira. Otra de las perogrulladas: verdad es incompatible con realidad. La realidad está sostenida necesariamente por falsificaciones, y no se puede pretender, aunque se pretende a cada paso, por parte de los que mandan o de los llevan las cuentas, que sí hay algo verdadero, que sí hay cosas verdaderas dentro de la realidad. No, no lo hay...  Y fuera... no estamos nosotros. La verdad que a nosotros nos es dada es descubrir la mentira de lo que se vende como verdad. Ninguna otra. Ninguna otra, porque nosotros somos reales, y no podemos aspirar a una verdad del otro mundo, más que del nuestro. De manera que ésa es la verdad que nos es dada, y pienso que como rebelión, como juego, como intento de que se haga o pase algo que no ha pasado, vale la pena. Y sólo tomando esta actitud se puede entrar en estos descubrimientos, o en ese juego.

Con esto me callo. De momento."

Irrealidad de lo real
 


Viendo el mundo con la mente

sábado 25 de junio de 2011

Viendo el mundo con la mente

A principios del siglo XVIII, George Berkeley exponía en su obra An Essay towards a New Theory of Vision la noción de que los signos visuales no son inmediatamente transparentes, sino que deben ser procesados mentalmente para construir representaciones de los objetos: por ejemplo, relacionando la información visual con la información proviniente del tacto. Y que esto se realizaba mediante la experiencia. Terminaba su ensayo con una alusión a una persona que, ciega desde la infancia, había recuperado la vista, y proponía que se probase su teoría experimentalmente. También Diderot escribió al respecto en su Lettre sur les aveugles, coincidiendo con Molineux y Locke en que la relación entre visión y experiencia táctil debería aprenderse y no sería innata. Ahora vuelve a estar de actualidad el tema, confirmando las hipótesis de Berkeley en gran medida. Aquí hay un audio de la BBC, de Science in Action, donde después de un reportaje sobre el origen del lenguaje hablan sobre experimentos actuales que estudian el reconocimiento táctil de objetos comparado con la información visual, en personas que han adquirido la vista gracias a una operación. El estudio lo publican Richard Held y otros en Nature Neuroscience ("The Newly Sighted Fail to Match Seen with Felt"). Contra lo que se esperaba, el reconocimiento de los objetos relacionando vista y tacto es mucho menos intuitivo de lo que cabría esperar, y hay que esperar a una asociación de las impresiones basada en la experiencia. Por suerte, los sistemas cerebrales que asocian tacto y vista son plásticos aun en los adultos y se puede desarrollar una asociación de vista con otras experiencias de modo relativamente rápido.

Vamos, básicamente se confirma lo que decía Berkeley—que partiendo de las especulaciones de Molineux las desarrolló para sacar toda una teoría del conocimiento en la que el mundo no existe como tal sino que es organizado por la mente y la experiencia humana. Yo siempre le he tenido simpatía a su noción del inmaterialismo, que supone que el mundo que habitamos no es de naturleza física sino básicamente informacional o semiótica. Le veo grandes posibilidades de contacto con el constructivismo psicológico, y también cómo no con la fenomenología. Yendo más allá, nos sugiere Berkeley que el mundo es una construcción mental—que habitamos, sin sospecharlo, en una realidad virtual, o que no hay otra realidad que la realidad mental y la realidad virtual.

Podríamos sorprendernos de que tengan tantos puntos en común los mundos en que habitan los ciegos y los sordomudos—un mundo auditivo los unos, un mundo visual los otros—sin otro punto en común que la experiencia corporal y táctil. Pero, claro, el mundo en que habitamos todos los humanos es ante todo un mundo social, un mundo de relaciones y de comunicación—un orden imaginario y consensuado, pero que nos sirve para encontrar a local habitation and a name.

caraescorzo
 


Repasando la Carta sobre los ciegos, para uso de los que ven, de Diderot, me he encontrado con esta impresionante escena que describe la última conversación de Saunderson, el matemático ciego, tras decirles a sus visitantes que no entiende por qué el ha nacido sin vista y ellos con ella. Nacen seres malformados, dice, y la mayoría mueren, pero él ha sobrevivido...

"Conjeturo, pues, que en el origen, cuando la materia en su fermentación hacía eclosionar el universo, seres como yo eran muy frecuentes. Pero ¿por qué no habría de afirmar sobre los mundos lo que creo de los animales? Cuántos mundos tullidos, fracasados, se han disipado, se vuelven a formar y se disipan quizá a cada momento en los espacios alejados, los que yo no toco, y los que ustedes no ven, pero donde el movimiento continúa y continuará combinando masas de materia, hasta que hayan obtenido alguna combinación en la que puedan perseverar? ¡Oh, filósofos! Transportaos, pues, conmigo a los confines de este universo, más allá del punto que yo toco, y donde vosotros veis seres organizados; paseaos por ese nuevo océano, y buscad a lo largo y ancho de sus agitaciones irregulares, algún vestigio de ese ser inteligente cuya sabiduría admiráis aquí!
 
"Pero, ¿para qué extraeros de vuestro elemento? ¿Qué es este mundo, señor Holmes? Un compuesto sometido a revoluciones, que indican todas una tendencia continua a la destrucción; una sucesión rápida de seres que se suceden unos a otros, se empujan, y desaparecen; una simetría pasajera; un orden momentáneo. Os reprochaba ahora mismo estimar la perfección de las cosas por vuestra capacidad; y podría acusaros aquí de medir su duración ateniéndoos a la de vuestros días. Juzgáis la existencia sucesiva del mundo, como la mosca efímera juzga la vuestra. El mundo es eterno para vosotros, como vosotros lo sois para el ser que no vive más que un instante. Y aún el insecto es más razonable que vosotros. ¡Qué prodigiosa sucesión de generaciones de efímeras atestigua vuestra eternidad! ¡Qué inmensa tradición! Sin embargo, todos pasaremos, sin que se pueda asignar ni la extensión real que ocupábamos, ni el tiempo preciso que habremos durado. El tiempo, la materia y el espacio quizá no sean más que un punto."

Saunderson se excitó en esta conversación algo más de lo que le convenía a su estado; le sobrevino un acceso de delirios que duró algunas horas, y del cual sólo salió para exclamar: "¡Oh, Dios de Clarke y de Newton, apiádate de mí!  y para morir".



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Traduzco de Lettre sur les aveugles, en Diderot, Supplément au Voyage de Bougainville. Pensées Philosophiques. Lettre sur les aveugles. Ed. Antoine Adam.  París: Garnier Flammarion, 1972.
(GF 252). 1995. 105-6.

Para quien le asalte la duda, le aclararé que soy perfectamente consciente de que Arthur C. Clarke no era conocido en el siglo XVIII.


La Caverna del Cerebro: El lenguaje como realidad virtual


En el hombre del padre

En el hombre del padre

No se puede decir que María Zambrano fuese feminista, en el sentido estricto o moderno del término. Cuando habla de nuestro enraizamiento en la tradición y de nuestro encaminamiento en la vida, habla de la figura del padre, no de "los padres", whatever that means. Es en un ensayo sobre Freud, o contra Freud, en Hacia un saber sobre el alma—ve Zambrano en el freudismo un ataque a la idea del padre, o de la trascendencia de la paternidad, y su ensayo sobre Freud es una defensa de la dimensión sagrada de la figura del padre. Es una relación humana "que el freudismo ayuda a destruir, y que al romperse puede hundir al mundo consigo. Es la paternidad, la trascendencia, la invulnerabilidad de[l] padre para el hijo.  El principio sagrado de la paternidad" (119). Hay padres que marcan—que se lo pregunten a Kafka, hijo oprimido por su falta de solidez burguesa frente a su padre. O a Donald Barthelme, que no pierde ocasión de meterse escépticamente con su padre, por vía de los padres en general, en sus cuentos y novelas—por ejemplo en "Views of My Father Weeping", "A Manual for Sons", o The Dead Father.  A Kafka le contestó su padre eficazmente, por vía interpuesta de Nadine Gordimer, en un relato de Something Out There. Como antídoto o antítesis contra Barthelme, o para poner en contexto el peso simbólico del padre, esto dice Zambrano sobre la paternidad:

Nada más decisivo en una vid que sus propios orígenes. Por ello el padre es algo más que un hombre de carne y hueso que nos ha engendrado. Nos da un nombre. Mientras nuestra vida individual dure estará sellada por ese nombre. Por él salimos de ser uno para ser alguien determinado. Nuestra individualidad, tan concreta, está ligada al nombre que recibimos de nuestro padre que es nuestro sello, nuestra distinción.
 
Tener nombre es tener un origen claro, pertenecer a una estirpe, tener un destino. Sentirse llamado con voces inconfundibles, sentirse ligado y obligado. Porque al tener nombre sentimos que aventuramos en cada acción nuestra, todo este capital que se nos ha legado, nos sentimos responsables de cosas que no nos afectarían de ser sólo nuestras y en grado mucho mayor de las que nos afectan directamente.father and son
 
Es el peso, la llamada de los que se llamaron como nosotros. Continuidad viva que forma la historia real; somos herederos, continuadores siempre. Nada ha empezado con nosotros. El nombre nos da concretamente, sin consideraciones abstractas, la responsabilidad histórica que no es solamente del que ocupa un algo puesto, del protagonista, sino de todos. Todos somos de alguna manera responsables de la historia, depositarios de su continuidad. 
 
Responsabilidad histórica y responsabilidad también, ante algo más difícil de nombrar; conciencia de nuestra limitación, de que hemos sido engendrados. Humildad ante el origen. La fuerza del padre, su autoridad, s confunde con la fuerza sagrada del origen de todos los hombres, de todo lo que está aquí. Porque antes que seres de razón o de conciencia, de instinto o de pasión, somos hijos. Y ser hijo es tneer que responder, tener que justificarse ante algo inapelable. Saberlo claramente es tener humildad, humildad de la que dijo una mujer castellana "que es andar en verdad".

También es confianza; crecer a la sombra de una fuerza protectora, bajo un amparo de cuya fuerza y clemencia no se duda. Y es la educación fundamental sobre la cual cualquier ilustración posterior tendrá que apoyarse. Porque es la experiencia primera de la vida, el encuentro original y decisivo, de donde parte todo lo demás. Es lo irreemplazable.

Difícil abandonarse a la vida con confianza, dar crédito a cosa alguna, difícil creer en nada si no hemos ido creciendo así, sintiéndonos guiados por una mano fuerte y delicada que sabe medir, mirados por una frente ante la cual no cabe ninguna simulación; enlazada nuestra fragilidad a un principio invulnerable. Sentir el peso de la exigencia máss inexorable y el apoyo del amor más incondicional.

Ningún terrible suceso posterior podrá acabar con esta "educación", cuando se ha tenido; ninguna catástrofe podrá llevarse esta confianza originaria. Ningún rencor podrá borrar en el alma el peso de esta ternura venida de lo alto. Ninguna injusticia podrá desterrar del alma esta ingenua confianza en la vida de quien fue guiado en ella paternalmente en sus primeros pasos.



Día del Padre


Ironía platónica

Ironía platónica

Me copio del blog de Efímero esta cita, qué digo, el post entero incluido el comentario que le pongo:

Ironía platónica (Clay).

Posted abril 6, 2011 by Efímero in Cosas de Grecia, Materiales, Platón y sus alrededores. Etiquetado:Autor, Ironía, Lector. 3 comentarios

    Al leer a Platón, el desconcertante fenómeno de la ironía socrática crea problemas interpretativos. No podemos nunca estar seguros de que Platón hable en serio al aceptar la desestimación socrática de su propia sabiduría. Sócrates dice a Agatón, el brillante y victorioso trágico: «Mi sabiduría podría ser algo sin importancia y abierta a preguntas, como si fuera un sueño». El reto de alcanzar a Platón es más difícil que el de alcanzar al Sócrates de Platón. Si hay una ironía socrática en los diálogos platónicos, hay también una ironía platónica que está más allá de ella y que, cuando es examinada, empieza a parecer una máscara detrás de la máscara.

    La ironía platónica es doble. Si la ironía socrática brota de la apreciación de Sócrates de los límites del conocimiento humano y los límites de la filosofía misma, y si aparece como un fingido autodesprecio para aquellos que no comparten esta apreciación, la ironía platónica puede ser vista desde el punto de vista literario y desde el filosófico. Es literaria porque es la ironía dramática del poeta trágico, quien puede confiar en el conocimiento de su auditorio acerca de las rígidas e inmutables esquemas de su trama. Como hemos visto al contemplar la sombra de muerte que se proyecta sobre los diálogos platónicos [ver lo dicho en otra entrada sobre las prolepsis de la muerte de Sócrates en los diálogos], hay momentos en los que Sócrates y sus interlocutores no son plenamente conscientes de las implicaciones de sus palabras (ver I §4, «La sombra de muerte»). Los lectores de Platón son conscientes de la trama de la vida y muerte de Sócrates, no así el propio Sócrates. La pregunta de Sócrates a Glaucón en la República acerca del destino del prisionero que volviera a la caverna –«¿No lo condenarían a muerte?»– es el equivalente platónico a la promesa de Edipo, en el Edipo Rey de Sófocles, de que el descubrirá al asesino del rey Layo: «Lucharé por el hombre muerto como si fuera mi padre». Cuando dice estas palabras confiadas, Edipo no sabe que el hombre muerto era su padre o que él lo ha matado, y Sócrates no podía saber el perfil preciso de su propio destino en la caverna de Atenas. La diferencia entre la situación de Edipo y la de Sócrates es simplemente que la ignorancia de Edipo abarca al pasado, mientras que Sócrates es ignorante de su destino en la Atenas democrática.

    Siendo un resultado de la elección platónica de la forma de un diálogo dramático en el que él nunca aparece como un personaje y nunca habla él mismo, ya sea como actor o como autor, los problemas de interpretar una diálogo de Platón son en el fondo los problema de interpretar una tragedia de Sófocles o de Shakespeare. Platón habla a través de su diálogo como un todo, no a través de algún personaje individual. La elección de Platón de la forma de expresión filosófica que más se asemeja a la tragedia significa que no podemos ver a Sócrates como un «portavoz» de Platón –no más de lo que podemos tomar a al coro de una tragedia de Sófocles como portavoz de Sófocles. Tampoco (como argumentaré en III §8 «Magnesia») podemos ver en el Ateniense de las Leyes una máscara que tiene las características, apenas disimuladas, del propio Platón. Es sólo con Aristóteles y, después, con Cicerón que el autor de un diálogo se introduce a sí mismo como hablante en ese diálogo y que se arroga para sí una autoridad de la que Platón abjura.


Diskin Clay, Platonic questions. Dialogues with the Silent Philosopher, Pensilvania: The Pensilvania State UP, 2000, pp. 101-102 (II §3)

Anteriores post relacionados:
-Autor (textual) y narrador, 8-03-2011.
-Platón y Sócrates. El punto de vista del lector, 9-03-2011.
-Prolepsis de la muerte de Sócrates, 21-03-2011.
-Sócrates cómico, 24-03-2011.
-Ironía retrospectiva (Halperin), 5-04-2011.
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3 respuestas a esta entrada.


   1.

      Publicado por abel en mayo 13, 2011 at 7:01 pm

      la verdad no entendi nada de la ironia de platon


   2.

      Publicado por Efímero en mayo 14, 2011 at 1:52 pm

      La ironía platónica se basa en la inalcanzabilidad del “autor” de los diálogos. Nosotros, lectores, sólo tenemos acceso al mundo que se nos presenta, sin ninguna mediación, en el diálogo: el mundo en el que hablan Sócrates, Fedón, Protágoras, etc. pero que no es nuestro mundo y ni siquiera es el mundo de Platón. Obviamente, nuestro mundo o el de Platón tampoco es el de los personajes. Pero hay un hecho clave: nosotros sabemos de ese mundo, ellos no saben del nuestro. Nosotros sabemos que Sócrates será juzgado y condenado a muerte. Ellos no. Es decir, el sentido de las palabras de los personajes les excede, cosa la que Platón, de un modo relativamente controlado, juega. La ironía platónica es que pese a que las palabras que se producen en los diálogos tienen un sentido para los personajes del diálogo, para nosotros, lectores, y para Platon, autor, tienen otro.


   3.

      Publicado por JoseAngel en mayo 19, 2011 at 8:08 pm


      Reconozco la parte de verdad que hay en la perspectiva de Clay sobre la ironía platónica, y cómo no habría de hacerlo, pues me fascinan las implicaciones cognitivas de la retrospección:
      http://garciala.blogia.com/2006/031802-la-atalaya-retrospectiva.php
      Ahora bien, tampoco deberíamos dejarnos llevar al extremo de abandonar la perspectiva más tradicional del todo; hay que reconocer que si bien la postura de Sócrates no es más que un elemento de los diálogos de Platón, es el elemento dominante, y no sólo cuantitativamente. De hecho, es ese Sócrates
(que siempre se lleva la palma sobre sus interlocutores) el que ha dado forma a lo que siempre se ha entendido en filosofía por platonismo: el platonismo como un sistema identificable, sistema, claro, fluido y cambiante, de una obra a otra, y que puede con toda naturalidad continuar su evolución y ser reinterpretado o matizado por perspectivas posteriores como la de Clay.

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Historicidad

miércoles 11 de mayo de 2011

Historicidad

La historicidad de las sociedades humanas la define Alain Touraine de una manera un tanto sui géneris (si bien interesante): dice que su historicidad consiste en la capacidad de la sociedad para producirse a sí misma. Esto es un fenómeno característico de las sociedades humanas en general (es lo que en otros contextos hemos llamado la Matrix del cerebro, o la virtualidad de la realidad no virtual): mediante la creación de un universo simbólico y cultural, y la gestión de la atención de los actores sociales, una sociedad siempre vive en una especie de burbuja de realidad autocreada: normas, creencias, rituales, ficciones, costumbres, ceremonias,  todo sirve como al grupo humano para autoinventarse, autorreconocerse frente a otros, y mantener esa identidad autogenerada. Vivimos, en la medida de lo posible, en un nicho ecológico autocontenido y amueblado con los productos de nuestras ficciones y construcciones y convenciones: edificios y ciudades artificiales, modas, envidietas sociales, objetos de deseo lucidos ante los demás, decoración de interiorismo, códigos de grupo, etc. Pongo el acento en la vanidad de todo ello, aunque Touraine va por otro lado. A lo que voy es que es una característica que él detecta en la sociedad humana y muy particularmente en la sociedad postmoderna, la nuestra:

"He utilizado en mis primeros libros la palabra historicidad para designar esta capacidad de autoproducción, mostrando el ascenso por etapas de esta historicidad, desde el dominio del consumo hasta el de la repartición, y luego a los de la organización y producción propiamente dichas. El uso que hacía de esta palabra era diferente del habitual, que consiste en designar el lugar de un hecho o de un conjunto en una evolución global; quería mostrar que la sociedad tenía una conciencia creciente de producirse ella misma en lugar de ser definida únicamente por evoluciones cuasi naturales. El uso que hacía entonces de la noción de historicidad no fue bien acogido, pero lo mantengo, pues ahí está lo esencial: nuestras sociedades se han considerado como creadas por sí mismas, hijas de sus obras, no sólo poniendo medios materiales al servicio de grandes proyectos, sino proponiéndose como objetivo principal la construcción, la consolidación y la defensa de sociedades en las que el interés entendido en el sentido más amplio, incluida la igualdad de posibilidades, constituye el principio más importante de evaluación de las conductas y de definición del bien y del mal. (Un nuevo paradigma 66)
 


Se refiere Touraine aquí al hecho de que las sociedades modernas tienden a no tener otro sistema de valores que aquél que es autogenerado por la propia dinámica social, cortando ataduras con la propia identidad histórica, tradición, normas supuestamente naturales o trascendentes.... Bien, esto puede tener tanto de liberación democrática como de deriva peligrosa, pero no es lo que quería yo analizar hoy. A lo que voy es que la historicidad o autogeneración social entendida al modo de Touraine no puede estar aislada ni entenderse al margen de la historicidad en sentido habitual, la que define el propio Touraine como "designar el lugar de un hecho o de un conjunto (de hechos) en una evolución global." Una sociedad se genera a sí misma siempre dialécticamente, partiendo de lo que ya era en una fase inmediatamente anterior, y en una situación histórica determinada. Las fuerzas de la autogénesis no surgen de la nada.

Este concepto de historicidad me interesa relacionarlo con el anclaje narrativo—definido precisamente como la ubicación de una serie narrativa microscópica, individual, o local, en el contexto de un "gran relato" o de otros relatos: de hecho, la contextualización de un acontecimiento histórico es la forma más clara y básica de anclaje narrativo. Pero este concepto puede entenderse en un sentido más amplio, pensando en la inserción de las historias humanas, o de la historia "histórica" en su conjunto, en la historia más amplia de la especie, incluyendo a la Prehistoria, y a la historia de la evolución humana. Que a su vez es un capítulo reciente de la historia de la vida, de la Tierra, del Universo.... Una perspectiva global sobre el universo no puede ser sino evolutiva, y estar atenta a cada pequeño desarrollo en el marco de la gran evolución en su conjunto, que incluye la evolución histórica y la evolución biológica y las trasciende. (Ver aquí un artículo sobre anclaje narrativo, y aquí otro sobre Historias de Todo).

Quiza sea hora de completar el concepto de anclaje narrativo con uno más amplio, el de cartografía narrativa o narrative mapping. El anclaje narrativo (ubicar una historia en el seno de otra más amplia) sería una forma básica y crucial de narrative mapping, pero puede haber otras. Estamos haciendo cartografía narrativa cuando situamos un tipo de historia frente a otro tipo de historia: por ejemplo clasificando una historia como un relato folklórico, o una leyenda, frente a otra que consideramos una obra de ficción, o una historia vivida, o una narración histórica.  Cada uno de estos géneros tienen subgéneros, variedades locales, etc. En suma, la cartografía narrativa pondría el énfasis en el concepto de género, pero con una peculiaridad. Porque podría decirse que si en cierto modo la cartografía narrativa contiene al anclaje narrativo como una de sus variedades, en otro sentido la propia genericidad tiene de por sí un anclaje narrativo. Por ejemplo, los relatos de fantasía de Tolkien pueden ubicarse en el contexto de la literatura fantástica del siglo XX, pero a la vez se genera su especificidad sobre la base de esquemas míticos procedentes de la Edad Media cuyas fórmulas imitan y a la que se remiten en parte: de ahí su peculiar ubicación en una Edad Media alternativa que no ha existido jamás, pero que sin embargo nos permite activar muchos esquemas interpretativos procedentes de nuestro conocimiento de la Edad Media histórica, para situarnos en ese mundo alternativo con un cierto sentido de la orientación. Es decir, las distintas modalidades genéricas también tienen su historicidad, y eso imprime un cierto carácter reflexivo y dialéctico, o paradójico si se quiere, a la relación entre anclaje narrativo y cartografía narrativa. El concepto de cartografía narrativa también se puede contener a sí mismo en abyme, como cuando concebimos la filosofía de la historia de Hegel como una cartografía narrativa que a su vez está ubicada para nosotros históricamente—entendemos sus análisis culturales como dos veces históricos, una perspectiva histórica situada en un punto de vista que es para nosotros a su vez histórica y genéricamente mediado.

El concepto de historicidad es propiamente humano en un sentido, en el sentido en el que se dice que los humanos son los únicos animales con historia. De hecho, viendo la definición de "historicidad" en el Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora, no sospecharía uno jamás que la cuestión de la historicidad pueda aplicarse a fenómenos no humanos. En el artículo de "Historia", reconoce Ferrater Mora la acepción de "historia natural" (término que curiosamente dejó de usarse precisamente cuando la ciencia natural se volvió auténticamente histórica, es decir, evolucionaria, tras Owen, Darwin y Spencer).  Pero inmediatamente aclara que "hay tendencia a usar 'historia' solamente en relación con asuntos humanos. en el presente artículo trataremos de la historia primordialmente como 'historia humana'" (1651). Esto tiene sentido por esa peculiar reflexividad de lo histórico y de lo humano que observaba Touraine—de hecho, podríamos decir que lo humano es cada vez más histórico, que el Tiempo se va historizando de modo más intensivo hasta el punto de que en la modernidad adquiere el Tiempo una historia. (Pensemos en la Historia del Tiempo de Stephen Hawking). O, por decirlo con Zygmunt Bauman, de modo un tanto maximalista, "La historia del tiempo comenzó con la modernidad. Por cierto, la modernidad es, aparte de otras cosas, y tal vez por encima de todas ellas, la historia del tiempo: la modernidad es tle tiempo en el que el tiempo tiene historia" (Modernidad Líquida 119).

Por relativizar estos asertos (útiles en tanto magnifican las diferencias), diremos que siempre ha habido una historia del tiempo, en los mitos, en las Biblias y otras cosmogonías, igual que ha habido desde antiguo una cierta noción de historicidad y hasta de evolución, antes de Darwin—de evolución de lo complejo a partir de lo simple (Ver aquí: "El orden natural y la complejidad: Paley, Lamarck, Vico y el Génesis"). Por variar sobre Bauman, podríamos decir que la Historia es el tiempo en el que el tiempo tiene historia, y no sería menos cierto. Ahora, la naturaleza y modalidades de esa historicidad de la historia, de lo que la envuelve y de lo que ella contiene, de los fenómenos, los acontecimientos y del tiempo—eso sí que está sujeto a variaciones históricas y tiene ello mismo una textura histórica. Ello y los análisis que lo traen a la luz. Es esta ubicación histórica simultánea de los análisis y de los objetos o procesos analizado lo que ha de tenerse en cuenta, en la medida de lo posible, al tratar la cuestión de la historicidad de los fenómenos, de su anclaje narrativo, y de la cartografía narrativa que para este estudio utilicemos.

Una discusión "historicista" a la que alude Ferrater Mora es la diferencia entre los acontecimientos históricos y los naturales:

"Según algunos, la realidad histórica es de hecho una realidad sui generis, distinta de cualesquiera otras realidades. La llamada 'historicidad' no es, según ello, una mera característica formal de lo histórico, sino algo así como el constitutivum de la realidad histórica. Según otros, la realidad histórica no se distingue fundamentalmente de otras realidades y hasta puede reducirse últimamente a la realidad natural. Ciertos autores indican que los hechos o acontecimientos históricos son únicos e irrepetibles, en tanto que los hechos o acontecimientos naturales son repetibles. Así, la Historia es una ciencia idiográfica en tanto que la física y otras disciplinas naturales son ciencias nomotéticas" (1651).
 


Pero recordemos la insistencia de Stephen Jay Gould en que la biología evolutiva es asimismo una historia, de acontecimientos irrepetibles. Todo es cuestión de escala. Ciertamente, los acontecimientos físicos también son únicos, como todo lo que pasa en el cosmos. Las clases de acontecimientos por definición no agrupan acontecimientos únicos. Pero lo mismo sucede a nivel histórico-humano: una guerra determinada, o un rey determinado, son un individuo y un acontecimiento (complejo) únicos, pero también son una guerra (un tipo de acontecimiento) y un rey (un tipo social). La historicidad tiene pues escalas variables—en el sentido de que determinados tipos de acontecimientos sólo son posibles en determinados momentos históricos. Pero esto también sucede con la historicidad del cosmos: la generación de átomos pesados, o de agujeros negros, tiene lugar necesariamente en un momento determinado de la evolución cósmica, no en cualquier momento. Y cada átomo y cada agujero negro es también un individuo. Vemos, pues, una continuidad entre los asuntos humanos y los acontecimientos naturales; de otro modo no tendría sentido el concepto de anclaje narrativo de unos en otros. La búsqueda de una consiliencia entre las ciencias humanas y las ciencias naturales lleva también a postular esta continuidad, y a enfatizar la historicidad de todo lo existente.

Grandiosa secuencia de acontecimientos



L'Ordre du discours

L’Ordre du Discours


Notes sur Michel Foucault, L’Ordre du Discours. Leçon inaugurale au Collège de France, prononcée le 2 décembre de 1970. Paris: Gallimard, 1981. (Voir ici une outline in English).

7-8- Foucault commence par commenter sur le contexte de son propre discours, la peur de parler, le contexte institutionnel. Il s’oppose aux automatismes qui nous mènent à laisser le discours parler à travers nous (comme dans L’Innommable de Beckett).
9- Le désir voudrait un discours transparent, qui nous porte, pas un ordre hasardeux.
D’autre part il y a les institutions, qui dominent le discours par l’acte même de lui faire une place.
10- Mais le discours a un pouvoir a un pouvoir subversif, malgré le désir et les institutions. Donc,
10-11- "Je suppose que dans toute société la production du discours est à la fois contrôlée, sélectionnée, organisée et redistribuée par un certain nombre de procédures, qui ont pour rôle d’en conjurer les pouvoirs et les dangers, d’en maîtriser l’événement aléatoire, d’en esquiver la lourde, la rédoutable, matérialité".
foucaultX
A) Procédures d’exclusion:

1) L’interdit. 
On peut interdire l’objet du discours, le sujet, ou la circonstance. La sexualité et la politique sont exclues,
12- mais elles prolifèrent dans le discours au lieu de s’y éteindre. Le discours est aussi un objet de désir, un pouvoir duquel s’emparer, pas un simple moyen.

2) Le partage / rejet (une opposition "à terme exclu").
13- Le cas du fou-sage à discours d’une circulation étrange:
14- on ne lui prête la parole qu’au théâtre.
14-15- Aujourd’hui le même partage joue autrement.

3) L’opposition vrai / faux
16- La volonté de savoir est régie par un système d’exclusion. L’ancient discours de la vérité chez les Grecs ancients avait un caractère [performatif];
17- mais au Vème siècle a.C., le discours de la vérité devient sémantique: la vérité se déplace de l’acte vers l’énoncé. C’est l’origine de la volonté de savoir, en opposition aux sophistes.
18- Il y a des changements dans la volonté de vérité, qui ne sont pas troujours dûs à une découverte. Vers 1600, c’est la naissance de la mensuration (les classifications en Angleterre, etc.
19- —c’est le technicisme-positivisme). La volonté de savoir a sa propre histoire qui n’est pas celle des vérités contraignantes. Délimitation de méthodes, d’objets de savoir... Il y a des pratiques institutionnelles qui la soutiennent, parmi elles l’usage du savoir.
20- Il y a une pression de cette "vérité" sur les autres discours (la littérature réaliste, sincère, etc.).
21- et le code penal se fondemente sur la psychologie, la psychiatrie, etc.
Les procédés d’exclusion (1) et (2) dérivent vers (3): ils deviennent plus fragiles tandis que (3) croît.
22- Mais (3) est masqué: il ignore nécessairement ses liens avec le désir et le pouvoir.
23- Chez Nietzsche, Artaud, Bataille, on voit une volonté de vérité en opposition à la vérité.

B) Procédures internes
 
Autres procédés du contrôle du discours sont internes: des principes d’ordre des discours mêmes:

4) Le commentaire.-
24- c’est à dire le commentaire des textes privilégiés qui se conservent (religieux, juridiques, littéraires ou scientifiques).
25- Cette hiérarchie se soutient toujours, celle qui oppose le texte vraiment originel et les commentaires de l’autre—malgré les brouillements. Borges et d’autres suppriment un des termes, mais pas le rapport lui-même.
27- "Le commentaire n’a pour rôle, quelles que soient les techniques mises en œuvre, que de dire  enfin ce qui était articulé silencieusement là-bas"
27-28- "Le commentaire conjure le hasard du discours en lui faisant la part: il permet bien de dire autre chose que le texte même, mais à condition que ce soit ce texte même qui soit dit en en quelque sorte accompli"

5) L’"Auteur" (comme principe de groupement du discours, comme unité et origine de leur signification, comme foyer de la cohérence) est un autre "principe de raréfaction" d’un discours.
29- Le nom de l’auteur a une valeur différente dans le discours scientifique et dans le discours littéraire: ces deux types de discours ont échangé leur foi en l’auteur depuis le Moyen Âge.
30- "L’auteur est ce qui donne à l’inquiétant langage de la fiction, ses unités, ses nœuds de cohérence, son insertion dans le réel".
31- L’individu réel reçoit son comportement de la fonction-auteur telle qu’elle est définie par son époque, "ou telle qu’à son tour il la modifie". "Le commentaire limitait le hasard du discours par le jeu d’une identité qui aurait la forme de la répétition et du même. Le principe de l’auteur limite ce même hasard par le jeu d’une identité qui a la forme de l’individualité et du moi". (Sur la "fonction-auteur" et ce principe de contrainte et production, il faut bien sûr complémenter ce que Foucault dit ici avec son article "Qu’est-ce qu’un auteur?").

32- 6) Principe des disciplines. Il s’agit d’un système anonyme, en opposition à (4) et (5). Il y a une nécessité de formules indéfiniment, de propositions nouvelles.
33- La discipline définit le type de discours sur son objet qui deviendra partie de la discipine (pas n’importe lequel).
34- P. ex. la botanique au XVIIIe siècle n’inclut plus les valeurs symboliques del plantes dont elle s’occupait également avant, par ex. au XVIe siècle. Les disciplines ont des horizons théoriques. (Voir sur ce point les analyses de Foucault dans L’Archéologie du savoir, ou Les mots et les choses).
36- Pour être reconnu comme tel par une discipline, pour être vrai ou faux, un discours doit être "dans le vrai". La discipline est aussi un principe de contrôle de la production de discours; elle fixe des limites.
38- La discipline est un élement de contrainte pour le discours, et à la fois un élement de fécondité. Mais voyons un autre type de principes liés à ces contraintes:

39- C) L’accés au discours, p.ex.

7)
La Qualification du Sujet Parlant
pour entrer dans l’ordre du discours.
41- Le rituel définit la qualification, les signes qui doivent accompagner le discours.

8) Les sociétés de discours
qui conservent les discours en les faisant circuler dans un espace fermé.
42- L’acte d’écrire et de publier est aujourd’hui une société de discours contraignante.
43- La littérature, les secrets techniques ou scientifiques, posent leurs contraintes.

9) Les doctrines
44- d’un groupe, mais par contre, elles tendent à se diffuser, et à devenir contraignantes:
45- "l’hérésie et l’orthodoxie ne relèvent point d’une exagération fanatique des mécanismes doctrinaux; elles leur appartiennent fondamentalement". La doctrine est un moyen de lier les individus à des certains types d’énonciation. Mais c’est aussi une énonciation qui sert de signe pour lier des individus (un double assujettissement).

10) Les appropriations sociales des différents discours.
46- Par exemple à travers les systèmes d’éducation. On y trouve, tous mélangés, tous les types d’assujettissement du discours. (Il faudrait ajouter à l’analyse de Foucault sur ce point ce qui’il a noté avant, c’est à dire, que les institutions contrôlent et guident le discours, mais aussi elles lui permettent d’avoir lieu, c’est à dire, ce sont aussi des procédés pour la prolifération et la production du discours, voire des conditions de possibilité).
 
48- Les solutions proposés par la philosophie: la vérité idéale comme loi du discours, la rationalité immanente comme principe de déroulement du discours, le "désir de la vérité elle-même" et le "pouvoir de la penser". C’est un discours dissimulé dans l’Occident: on le présente comme le simple rêvetissement de la pensée par la parole, ou un effet de langue. (Ici il faudrait penser à l’analyse du "logocentrisme" selon Derrida, selon qui la tradition philosophique occidentale voudrait présenter l’idéalité de la pure présence de la pensée ou du sens sans reconnaître la matérialité du signe qui la véhicule ou articule). Il y a donc une élision de sa réalité, par de procédés divers:

49- a) au moyen du thème du sujet fondateur, qui se manifeste sans passer par l’instance de discours.

b) Ou bien au moyen de l’expérience originaire,
50- une expérience qui suppose l’existence de significations préalables dans le monde, dont le discours serait une discrète lecture. (On devine ici une critique de Foucault à l’approche à la signification selon Heidegger).

c) "Ou au moyen de l’universelle médiation, où tout est aparemment discours et concept, mais le discours repose sur la conscience de soi".

(a)= écriture; (b)= lecture; (c)= échange; les trois ne mettent en jeuqu les signes; il y a une souveraineté du signifiant.
52- Il y a une particulière logophilie de notre civilisation, dûe à une crainte de l’incontrollabilité du discours; donc, en réalité, une logophobie.
53- Cela mérite une analyse; il faut "remettre en question notre volonté de vérité; restituer au discours son caractère d’événement; lever enfin la souveraineté du signifiant". La méthode serait

- un renversement de la tradition d’analyse:
54- Pour Foucault, ce qui est valorisé comme créateur et fecond ou idéal est suspect.

- une discontinuité: contre l’idéalisatión des discours refoulés; les discours sont des pratiques discontinues qui se croisent ou s’ignorent.

55- - une spécificité: contre le mythe qui consiste à croire qu’on déchiffre une signification préalable. On doit concevoir le discours comme une violence faite aux choses; le monde n’est pas discursif.

- une extériorité: il faut analyser les conditions externes de possibilité des discours:
56- "elles s’opposent, on le voit, terme à terme; l’événement à la création, la série à l’unité, la régularité à l’originalité, et la condition de possibilité à la signification".

Contre les notions prévalentes d’origine et d’essence.
57- L’histoire aujourd’hui ne se détourne pas de l’étude de l’événement; elle en élargit plutôt le champ—conçoit de nouveaux ensembles.
58- On circonscrit la condition de l’événement, mais cette notion n’est pas encore structurale, elle relève de la tradition positiviste.
59- L’événement a lieu dans le matériel, comme une relation ou sélection d’éléments matériels.
60- Foucault note la nécéssité d’n matérialisme de l’incorporel, d’étudier les événements discursifs. Les séries d’événements discursifs sont hétérogènes parce que les discours laissent le sujet et l’instant en une pluralité de positions et de fonctions possibles.
61- Aléa comme catégorie nécessaire, contre le principe d’une causalité mécanique. Le hasard, le discontinu et le matériel sont à la racine de la pensée; on essaie de les conjurer "en racontant le déroulement continu d’une nécessité idéale" (Il y a ici une certaine critique de la narrativisation, de la construction d’histoires "bien faites" après coup. Voire nos critiques à la distortion rétrospective telle qu’on l’aperçoit à l’œuvre dans la théorie et la critique).
62- Foucault propose de lier l’histoire à la pratique des historiens. (C’est en quelque sorte le projet des matérialisme culturel aux pays anglo-saxons; voir par exemple Materialist Shakespeare, de Dollimore et Sinfield). Dorénavant, Foucault propose deux types d’analyse:  (a) critique, (b) généalogique.

63- (a) Analyse critique, (choix de la verité, contre les sophistes) acheminé à
(1) une analyse des fonctions d’exclusion (par exemple, folie vs. raison, la sexualité et son évolution...) (Ici Foucault nous renvoie implicitement à ses propres analyses soit passés, dans L’histoire de la folie, ou futurs, l’Histoire de la sexualité; on voit que "L’Ordre du discours" esquisse tout un programme critique dans lequel s’insère l’ensemble de l’œuvre de Foucault).
(2) une analyse de la naissance des sciences du regard.
(3) une étude des grands actes fondateurs de la science moderne au XIXe siècle, les idéologies positivistes:
65- ce sont "trois étapes de notre philistinisme". Une étude des expertises "scientifiques" qui appuient le code pénal. Dans cette direction, il faut appliquer l’étude des procédures de limitation du discours (l’auteur, le commentaire, la discipline)—par exemple dans l’histoire de la médicine.
66- Ou étudier la naissance de l’idéologie de l’auteur et de l’œuvre en littérature, en déplaçant
67 "les procédés de l’exégèse religieuse, de la critique biblique, de l’hagiographie... de l’autobiographie et des mémoires..." Une étude du rôle de Freud dans la psychanalyse, etc.

68- (b) Analyse généalogique, qui n’est pas séparable de l’analyse critique: "toute tâche critique, mettant en question les instances du contrôle, doit bien analyser en même temps les singularités discursives à travers lesquelles elles se forment".
69- Il y a néanmoins une différence de perspective.
70- Chaque série de discours a sa forme de régularité, et la constitution d’un nouveau système à partir des anciens n’est pas suivie.  (Ici il faut renvoyer à la notion d’ épistéme expliquée par Foucault dans Les Mots et les Choses, ou encore à la notion tout proche de l’analyse structurale des révolutions scientifiques dévelopée par T. S. Kuhn).

71- L’approche critique (a) étudie les principes de contrôle des discours; l’approche généalogique (b), la formation des domaines d’objets au moyen du discours, la genèse de la possibilité de la vérité.
72- Rareté et affirmation du discours a la fois, mais pas l’universalité d’un sens: il n’y a pas de monarchie du signifiant et en ce sens il n’y a pas de "structuralisme" dans l’approche de Foucault.

73- Les modèles on les trouve chez Dumézil, dans sa supération de l’exégèse traditionnelle et du formalisme linguistique au moyen des comparaisons, dans sa transofrmation des discours et de leurs rapports à l’institution. Chez Canghilhem, dans ses études de l’histoire de la science,
74- il étude la science comme une histoire des modèles et d’instruments conceptuels, pas comme une chronique. 75- Chez Jean Hyppolite, un hégelien qui nous permettra d’échapper à Hegel en mesurant notre dette.
76- Y a-t-il la possibilité d’une philosophie non hégelienne?
77- La philosophie est conçue par Hyppolite comme un processus, toujours en interrogation.
78- Elle est en contact mobile avec la non-philosophie, les autres disciplines du savoir (—la psychanalyse, les mathématiques...)
79- Chez Hyppolite on trouve l’étude des fondements du discours philosophique et de sa structure formelle: on affronte le problème de la philosophie,
80- le problème d’un discours aux prétensions d’absolu qui vient cependant d’un sujet particulier et localisé.
Et avec cet hommage ému à son maître Hyppolite, Foucault clôt son discours sur le discours, à la fois universel et localisé lui aussi.
_______

On trouve une édition anglaise de cet essai, "The Order of Discourse", dans le recueil de Robert Young
Untying the Text: A Post-structuralist reader (Londres: Routledge, 1981). Voici quelques propos de Young sur le texte de Foucault:

48- C’est pour Foucault une autocritique, une réflexion sur son propre évolution d’une "archéologie" à une "cartographie" aux conséquences politiques plus directes. Les pratiques discursives délimitent des champs d’objets et les perspectives du sujet du savoir fixent les normes pur les concepts et les théories. Il est impossible de penser hors des limites qui leurs sont tracés (ce serait la folie). Donc le savoir, la connaissance, est liée à des questions de pouvoir et de domination.

49- Le discours se définit comme un jeu entre le désir et les institutions (qu’on pourrait comparer au jeu entre le moi et le id. L’analyse sépare les deux. Il y a des procédés pour la domination du discours: l’exclusion et prohibition, et des principes restrictifs— la raréfaction, les disciplines. On impose des rôles pour l’usage du discours. Foucault s’oppose à la notion d’un sujet ou une expérience fondationnels, originaires, en herméneutique ou en phénoménologie.

50- Il s’oppose au néo-hégelianisme, et aussi à la réduction des pratiques discursives à des traces textuelles (c’est l’approche de Derrida). Il prône un renversement: la folie mine la philosophie et la pensée. Foucault veut traiter les discours comme des phénomènes discontinus, sa pensée s’oppose à la présupposition d’une unité dans les œuvres, dans les périodes... Il paraît impliquer un puissant déterminisme ici; plus tard il mettra l’accent sur la possibilité de résistance.

51- Comme on peut lire dans son
Histoire de la Sexualité, le discours transmet et produit le pouvoir; il le renforce, mais aussi il le mine et l’expose, le rend fragile, et il ouvre la possibilité d’en frustrer les desseins.


Ataques de parrhesia


Hacia un saber sobre el alma

Hacia un saber sobre el alma

Me he comprado en los kioscos este libro de María Zambrano, de 1950, Hacia un saber sobre el alma, que recopila escritos anteriores. Con la esperanza de saber algo más sobre el alma... pero me quedo poco mejor que estaba. El ensayo de ese título es un tanto decepcionante, y sin embargo alguna idea interesante sí que contiene.
agora
Así la idea de que "cada época se justifica ante la historia por el encuentro de una verdad que alcanza claridad en ella". Bueno, yo le pondría las comillas necesarias a esa historia que no puede ser sino una manera de leer de alguien, de una consciencia individual o de una comunidad intelectual... la Historia lectora, me parece mucho decir: nunca se lee a sí misma ni se totaliza magnamente la Historia.  Zambrano quiere hacerse consciente de esa verdad nueva y suya, supongo que de la que se alcanza a ver con claridad por primera vez... la verdad que podemos ver nosotros y que era inaccesible para otros desde su punto de vista. Aunque hayan sido precursores de esa visión, viéndola "oscura o indirectamente" que decía San Pablo. "¿Cuál será nuestra verdad? ¿Cuál nuestra manifestación?" Pero quizá no nos corresponda a nosotros decirlo... si creemos a Paul de Man, podemos estar viendo claramente una cosa (para otro) a la vez que no nos enteramos de que la estamos viendo. Nuestra misma mirada es nuestra verdad, pero ha de ser mirada desde fuera, con una distancia. Otros sabrán cuál ha sido nuestra verdad, nosotros no. ¿Quizá tendría más mérito, entonces, el hacernos conscientes de lo que vemos oscuramente, no claramente, aunque tenga esto algo de contradicción en términos? ¿El ser un poco más conscientes de aquéllo de lo que somos precursores, y no tanto de lo que ya "podemos permitirnos" ver con claridad? Sea como sea, los precursores de lo que luego son claras visiones "han pagado en alguna cárcel de olvido el delito de haber visto desde lejos".

Y sigue Zambrano con un bonito párrafo que ahonda en los reflexiones retrospectivas que ya hemos apuntado—las que ligan la plena visibilidad de la verdad a una mirada retrospectiva:

"Pero los precursores se reconocen solamente desde la verdad plena de la que fueron adelantados; sólo desde la posesión de esta verdad se entiende el sentido de sus enigmáticas palabras. Únicamente en la verdad esclarecida reconocemos a la verdad semivelada". (19)
 


(Esta discusión me recuerda en parte al problema borgesiano de "Kafka y sus precursores", coetáneo de Zambrano por cierto, que ya comenté en ese artículo titulado "Understanding Misreading: hermenéutica de la relectura retrospectiva". Véanse también nuestras cogitaciones sobre la lucidez retrospectiva, la distorsión retrospectiva y el punto de vista dominante o topsight.)

La verdad que atisba Zambrano es la verdad del pensar del hombre, y del pensar del pensar: el existencialismo hermenéutico quizá podríamos decir por simplificar, en el que la filosofía se está pensando a sí misma como actividad (por ejemplo en estas palabras de Zambrano) en la medida en que este telescopio vuelto sobre el propio astrónomo permite discernir alguna imagen no desenfocada. Observa Zambrano que es una cuestión de distancias y de impulsos adecuados... como atrapar una presa posible (la verdad ésa que podemos cazar) saltando no demasiado lejos ni demasiado cerca. Y ese pensar del tiempo humano ayuda precisamente a pasar el tiempo humano, llenándolo de sentido, el sentido auténtico que puede tener en ese momento histórico, atisbando su verdad y justificando por así decirlo la existencia y el esfuerzo del pensamiento. En otro ensayo ("¿Para qué se escribe?") formula una idea parecida—"Salvar a las palabras de su vanidad, de su vacuidad, endureciéndolas, forjándolas perdurablemente, es tras de lo que corre, aun sin saberlo, quien de veras escribe" (33)—pero para eso también ha de enfrentarse a la autenticidad de su visión y de su dicción, de lo que exige ser dicho y sólo puede decir este escritor en este momento, desvelando algo a la vez a sí mismo y a su público, "pues si el escritor conoce según escribe y escribe ya para comunicar a los demás el secreto hallado, a quien en verdad se muestra es a esta comunicación, comunidad espiritual del escritor con su público" (37)—

(— y sin embargo, insisto y vuelvo, el público del escritor no es siempre el que el escritor cree, y la verdad que el escritor revela no es siempre la que cree que revela... o, dicho de otro modo, el público del escritor no es sólo su público inmediato, sino también el incalculable público del futuro).

El filósofo, pues, también es escritor (hasta Sócrates, porque plasma esa visión única que es la suya y no la que recibió)—hay que pensar la filosofía conjuntamente con el surgimiento de los autores individuales y del trabajo del estilo personal.  Cada cual, dice Zambrano, se agarra a la verdad que ha podido capturar (a veces demasiado se agarra, matizaría yo), y así justifica su pasar por el pensamiento que es palabra en el tiempo:

"Agarrándonos a la verdad, a la verdad nuestra, asociándonos a su descubrimiento por haberla acogido en nuestro interior, por haber conformado nuestra vida a ella, arraigándola en nuestro ser, sentimos que nuestro tiempo no pasa, al menos, en balde. Algo de su pasar queda, como en el fluir del agua en el río, que pasa y queda. 'Todo pasa', corre el agua del río, pero el cauce y el río mismo permanecen. Mas, es menester que haya cauce, y el cauce de la vida, es la verdad" (20)


Esa verdad dada, que en cada momento es (podríamos decir) el atuendo que adopta la Verdad, suponiendo que exista ese augusto personaje tras sus variables vestimentas. La práctica de la Filosofía es para Zambrano ese encuentro con la verdad que nos espera, la que tenemos que descubrir y seguir. Siempre aletheia— lo que ya se nos da como desvelado no es suficiente verdad. Quién decía—no era Machado, ni Heráclito... —era Roger Ebert el que daba voz a esa verdad: que los niños creen las verdades que se les enseñan. Y muchos adultos son niños en este sentido. Pero otro tipo de madurez viene cuando uno supera las verdades enseñadas, o ya reveladas, y descubre otras diferentes. No reveladas ni enseñadas, sino desveladas con trabajo, o que se están revelando. No es extraño que se apegue uno a ellas, o que crea que lo justifican, aun cuando resulten ser, vistas desde un poco más allá, medias mentiras, o reflejos todavía indirectos de una verdad todavía huidiza. Esa verdad en todo caso proporciona un camino que recorrer, dice Zambrano, y ahí convengo:

"Pero este camino es primero unos pasos, unas huellas, y sólo cuando ya una línea trazada le distingue de la extensión inanimada que lo rodea, podemos verle. Y es lo que hoy nos sucede; comenzamos a sentir nuestra vida en su transcurrir, estrechada y libre, por el cauce de una verdad que se nos revela, y desde él comenzamos a entender ottros pensamientos para los que quizá hubiéramos quedado insensibles, o por el contrario, presos en asombro, imposible de traducir en ideas" (21)


El pensamiento "último, revelador", nos permite según Zambrano ordenar nuestra actividad y darle sentido, "situar y colocar ordenadamente los problemas, los pensamientos; el camino ordena el paisaje y permite moverse hacia una dirección" (21). 

Quizá sea éste el sentido último de las reflexiones sobre el alma que no acabo de encontrar en el resto del artículo. El alma inmortal o cuanto menos aún no muerta (la del escritor o artista) es la que encuentra esa expresión en su obra. Almas muertas también hay, muchas veces leer autores olvidados es resucitarlas un poco. 

El alma es objeto etéreo, palabra vaporosa y concepto inasible—poco hay de terreno común utilizable entre quienes utilizan esta expresión. El alma la entendemos como la identidad sustancial de una persona, más allá de su cuerpo—pues siendo como somos entes de discurso y objetos sociales, nuestra identidad social es algo más que nuestro cuerpo, y pervive desasida de él cuando el cuerpo ha muerto. El alma de la persona viva está encarnada en su cuerpo, en su presencia (o en su ausencia cuando está no visible pero muy presente para los presentes). El alma del muerto nadie la busca en su cuerpo, claro—es un puro objeto social, una sombra flotante de relaciones sociales e información, que se va haciendo más y más tenue a medida que van desapareciendo los miembros de su círculo social inmediato. El alma, como la identidad, pervive en las imágenes de la persona, sobre todo si son características, o en las acciones memorables o los gestos característicos que tuvo—también se adhiere, cómo no, a sus objetos personales, a su entorno vivido, impregnado de su presencia "como si aún estuviese aquí". El alma es en cierto modo nuestra identidad como personas en sociedad, por eso es intangible y etérea, aunque sí se la pueda dañar.

Las almas están más vivas, o los muertos menos muertos, desde que pueden hablar tras la muerte, no mediante psicofonías, ni en el recuerdo de la tribu, sino mediante la escritura. A quienes nunca los habían escuchado. Y también viven las almas de los actores famosos, en el cine—ellos que ya en vida eran más su imagen que ellos mismos. Los vídeos caseros, fotografías familiares, cartas, nos permiten a todos una modesta pervivencia como almas errabundas, de vivos o de muertos, a veces de modo muy vívido. Pero en general pocos rastros dejamos atrás, a fin de cuentas, poco Nachlass—las almas más resistentes son las de los escritores y artistas, quienes nos permiten una inmersión detallada en su mundo psíquico. Y con ello vuelvo a las reflexiones de Zambrano, cuyo concepto de alma todavía no alcanzo a vislumbrar con claridad, al margen de ser algo por definición inasible a los esfuerzos de la razón por acotarla (y mira que me he esforzado en pocas líneas).

La transparencia del alma sería pues esa perfección de la visión, de la acción o de la expresión que permite al escritor o al artista comunicar su verdad o reverlarla para una comunicación a los demás. O quizá sea el alma la individualidad que busca hallar su propio camino en diálogo o lucha con quienes le rodean. Sócrates aparece así quizá como el modelo de quien cultiva a su alma, buscando el oráculo no en Delfos, sino en sí mismo —y en el diálogo con los demás, en busca de la verdad, siempre interrogante. La propia idea de un oráculo ya es un precursor 'oscuro', para Zambrano, del "conócete a tí mismo"

"Sócrates, en cierto modo, llegó a ser el oráculo de todo ciudadano de Atenas que no tuviera temor de pensar, es decir, de llegar a ser su propio oráculo" (28)


¡del imposible conócete a tí mismo 'como los demás te conocerán'! —el alma es precaria, y sujeta a interpretación, porque la verdad suya, la que vemos y que le da solidez al trayecto y a la visión de nuestra alma, cambiará vista desde un poquito más lejos, y será otra, quizá irreconocible o indeseable para nosotros. A ese saber he llegado yo, de momento—que otros vendrán y que también querrán tener la última palabra, y emplearán como material de construcción lo que para nosotros era el alma.

La experiencia abisal