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Filosofía

Conectando con Heráclito el Oscuro

Conectando con Heráclito el Oscuro


Partamos de una cita de Heráclito, en esta traducción que me encuentro en el Brown Alumni Magazine:

"A wonderful harmony arises from joining together the seemingly unconnected".

yinyang
Cita este texto Aristóteles, en su Ética a Nicómaco (VIII.2, 1155b): "Heráclito dice que lo opuesto concuerda y que de las cosas discordantes surge la más bella armonía, ’y que todo sucede según discordia’." Es una frase en la que están las semillas de muchas futuras reflexiones. Su conexión con ellas podría parecer más o menos remota. Me interesa resaltar aquí un par de loci classici.

Primero, del propio Heráclito, pues esta frase se relaciona con otros aspectos de su pensamiento, en los que enfatiza la coherencia subyacente de las cosas, más allá de su aparente diversidad u oposición.
La apariencia de discordancia, y la concordancia o coherencia profunda, entendida y expresada por el filósofo, es un tema fundamental en Heráclito. En la paráfrasis de Kirk y Raven, "Men should try to comprehend the underlying coherence of things: it is expressed in the Logos, the formula or element of arrangement common to things." (Kirk & Raven 187). La palabra da razón de lo que parecía diverso, y lo explica. Heráclito es, supuestamente, el filósofo de la diversidad, la discordia y la discontinuidad, pero como vemos hay más bien una tensión dialéctica entre la diversidad y la unidad en su pensamiento: el camino arriba y abajo es uno y el mismo. En su cosmología, en general, "lo uno, al diverger, converge consigo mismo, como la armonía del arco y la lira" (Los filósofos presocráticos I.225). O bien, "An unapparent connexion is stronger than an apparent one" (fr. 210 Kirk y Raven); "The real constitution of things is accustomed to hide itself" (fr. 211 Kirk y Raven)—de ahí la aletheia como operación cognitiva. No deja de ser irónico que a Heráclito le reprochase Demetrio la oscuridad resultante de la falta de conexión en sus discursos.

Otro texto que podemos traer a colación es el comentario de Samuel Johnson sobre los poetas metafísicos y sus extravagantes conceptos—seguida por su discusión del "auténtico ingenio". Viene de su "Life of Cowley":

If wit be well described by Pope, as being "that which has been often thought, but was never before so well expressed," [the metaphysical poets] certainly never attained, nor ever sought it; for they endeavoured to be singular in their thoughts, and were careless of their diction.  But Pope’s account of wit is undoubtedly erroneous: he depresses it below its natural dignity, and reduces it from strength of thought to happiness of language. 
    If by a more noble and more adequate conception that be considered as wit which is at once natural and new, that which, though not obvious, is, upon its first production, acknowledged to be just; if it be that which he that never found it wonders how he missed, to wit of this kind the metaphysical poets have seldom risen.  Their thoughts are often new, but seldom natural; they are not obvious, but neither are they just; and the reader, far from wondering that he missed them, wonders more frequently by what perverseness of industry they were found. 
    But wit, abstracted from its effects upon the hearer, may be more rigorously and philosophically considered as a kind of discordia concors;  a combination of dissimilar images, or discovery of occult resemblances in things apparently unlike.  Of wit, thus defined, they have more than enough.  The most heterogeneous ideas are yoked by violence together; nature and art are ransacked for illustrations, comparisons, and allusions; their learning instructs, and their subtlety surprises; but the reader commonly thinks his improvement dearly bought, and, though he sometimes admires, is seldom pleased. 
 


Y, un siglo antes, también viene a cuento relacionar con el dicho de Heráclito la discusión del ingenio que se da en el Tratado de la agudeza de Baltasar Gracián. Por ejemplo en esta reflexión sobre la metáfora, que seguro habría de ser apreciada por los actuales teorizadores de la lingüística cognitiva:

"La Semejança o Metafora, ya por lo gustoso de su artificio, ya por lo facil de su acomodacion, suele ser la ordinaria oficina de los discursos; y aunque tan vulgar, se hallan en ella Compuestos prodigiosos."
 


—así el análisis que hace de la comparación entre San Juan Bautista y el Fénix:

"Quando se ajustan todas las circunstancias del sujeto, al termino de la translacion, sin violencia, y con tan grande consonancia, que cada parte de la metafora, fuera un relevante concepto, està en su mayor exaltacion el compuesto." (Discurso XLIIII, "De los Compuestos por Metafora").
 


O, en el Discurso XXXXV que le sigue, "De la Acolucia y Trabaçon de los Discursos", también se echa de ver cómo la argumentación brillante consiste en relacionar las partes aparentemente inconexas que se van tratando en las distintas secciones de un discuso—uniendo lo aparentemente inconexo, como decía Heráclito:

"Acontece tal vez, que vna propuesta vna Hypotesis, o asunto, contiene muchas partes, y el discurso entonces consiste en irlas prouando todas, explicando, y especificandolas, de suerte que no es menester mas trabaçon, porque la propuesta las ciñe todas, y las vne en si. (...) Otras vezes aunque la primera propuesta no es general, pero da pie, y ocasion a la segunda, y esta a la tercera".
 


Así, de diversas maneras, la argumentación y exposición es una continua relación de lo aparentemente inconexo, trayéndolo a la luz y creando en el discurso un sistema de atención que expone su conexión subyacente y la hace objeto de la consciencia. "Acoplamientos: cosas íntegras y no íntegras, convergente divergente, consonante disonante; de todas las cosas una y de una todas las cosas" (Heráclito, Los filósofos presocráticos I.201).

Una última cuestión que me interesa resaltar sobre el dicho de Heráclito es que apunta a una teoría de la retrospección intelectual, o cognitiva. La consiliencia de lo diverso, que incluye una mirada retrospectiva sobre lo antes pensado, y su reelaboración en una síntesis, precursora de la producida por la dialéctica hegeliana. Los fenómenos a los que se refiere Heráclito, los que producen una armonía extraordinaria, tenían una conexión intrínseca, pero tal conexión no aparecía. Se hace visible por arte de quien los une—pero ya estaban unidos—es decir, de quien formula de modo visible y explícito esa unión, o llama la atención sobre ella. El Logos de Heráclito también podría interpretarse en este sentido—en el sentido de dar razón de algo, mediante la palabra. La armonía intelectual que surge es la armonía de una mayor comprensión de las relaciones entre los fenómenos—no una asociación caprichosa de ideas, sino un reconocimiento de lo que antes no se conocía, por mucho que estuviese presente, y ahora sí se conoce. Es en cierto modo la armonía que produce nuestra perspectiva superior sobre nosotros mismos, nuestra topsight, o perspectiva dominante, sobre lo que antes era nuestra percepción limitada de los fenómenos, cuando no podíamos apreciar su conexión.

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La frase de Heráclito también es una teoría de la explicación o de la evidencia. Más sobre explicaciones aquí, en The limits of explanation.  Lo breve, si bueno, no tan breve.

El mañana habrá sido escrito

Iluminados

domingo 25 de septiembre de 2011

Iluminados


Un artículo de Gustavo Bueno en El Catoblepas analiza los discursos y pensamientos, en la medida en que los hubo, en torno a la Jornada Mundial de la Juventud. Entretanto, hace una interesante genealogía de la noción de "Ilustración" y de los diversos illuminati que a ella se acogen, y hasta oímos hablar de Irineo de Lyon, de los gnósticos, y de cuando Dios separó a los materialistas de Izquierdas de los espiritualistas de Derechas. Siempre fascinante, Gustavo Bueno. Se pinche aquí:

La visita del Papa Benedicto XVI a España (agosto 2011) y los ideales de la ilustración de la «Juventud»

En sustancia: los Indignados del 15-M serán indignados y laicistas anticlericales, pero su Ilustración deja mucho que desear. Y los jóvenes o no tan jóvenes de la JMJ creerán en Cristo, pero creen menos en Dios, o se interesan menos por él. No es el santo patrono de su pueblo. Y no son, en absoluto, ecuménicos ni multiculturalistas. Y procuran no entender de teología ni ocuparse de ella.

Es el artículo de un escéptico desengañado con las posibilidades efectivas del mundo, y de la gente. Un elitista intelectual, que no va a reunir a un millón de personas para escucharlo—siempre sobra sitio libre, en la cima.

La Visión del Templo 

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Dialéctica de la Religión y la Ilustración

Dialéctica de la Religión y la Ilustración


curaEs interesante el tratamiento que da Hegel, en su Fenomenología del Espíritu, a la crítica racionalista a la religión. Mente compleja, Hegel, por el planteamiento mismo de su teoría del espíritu superando una forma de conciencia tras otra, parece situarse ya por anticipado más allá de toda creencia o doctrina concreta, y más allá de cualquier planteamiento crítico simplista—lo que hay, dice Hegel, se ha dado por alguna razón, es una fase del desarrollo del Espíritu, y no queda anulado por su rechazo en forma de antítesis, pues siempre seguirá una síntesis más compleja que aúne los dos elementos opuestos en una ecuación superior a ambos—emergente de ambos, podríamos decir. Esto es lo que sucede con su tratamiento de la dialéctica entre la creencia religiosa y su negativo—el escepticismo, ateísmo, anticlericalismo, es decir, el pensamiento de la Ilustración enfrentado a las creencias, mitos y dogmas religiosos. Tomemos como paradigma a Voltaire, hablando ya no digo del cristianismo, sino, por tener las manos más libres, del Islam. La frase "Écrasez l’infâme" viene a la mente, y Hegel, sin dar nombres, está pensando en este tipo de crítica demoledora al dogma y a la mente dogmática. No viene mal recordar este debate no sólo para hablar del Islam, que sigue casi igual de vigente a pesar de toda la Ilustración—sino también para reconsiderar la pertinencia del discurso "escéptico" un poco al estilo de la Ilustración clásica, que también cabalga fuerte (me refiero a Dawkins y a sus cruzados contra the God Delusion).

Hay que decir que no estoy muy de acuerdo con el peso que da Hegel a cada término de esta Tesis/Antítesis entre fe y racionalismo—como si fuesen casi del mismo peso intelectual. Me parece un poco desagradecido por su parte el desvincularse tanto del racionalismo y de la Ilustración, y de presentarlos como una fase del espíritu superada, hay que pensar, por la propia síntesis hegeliana como negación de la negación. Es normal que haya en esto un momento de afirmación, claro, una recuperación positiva de lo que la negación Ilustrada negaba. Y sin embargo también se echa de ver que esta síntesis, en cuanto que es ella misma una negación de la antítesis, corre el riesgo de minusvalorarla.  El propio Hegel describe la dinámica pendular por la que esto ha de suceder:

"Pues aunque la naturaleza de lo que la consciencia ha recibido en sí era simple y homogénea consigo misma, sin embargo era también la simplicidad de una negatividad introrreflejada que subsiguientemente también se desarrolla, acorde a su naturaleza, para dar lugar a algo opuesto a sí y que por ello mismo recuerda a la consciencia su estado anterior" (331).
 


En fin, que en esta dialéctica de la Fe y la Ilustración, Hegel no se considera un Ilustrado, y que puede estar subestimando lo que le debe su propio razonamiento a la Ilustración.

Veamos primero cómo surge la Ilustración a modo de nuevo ídolo, con tintes paganos (o satánicos) que lo hacen desagradable para el Narrador. El pensamiento crítico, cuando surge de modo consciente, ya ha dado lugar tanto a una positividad consciente como a la negatividad ahora casi abyecta de lo que se ha desprendido:

"cuando para la consciencia surge en efecto la noción de la pura comprensión, esta última ya se ha extendido [ambientalmente, como un perfume, dice Hegel—]; la misma lucha contra ella revela el hecho de que la infección ya ha tenido lugar. La lucha llega demasiado tarde, y cada remedio que se adopta no hace sino agravar la enfermedad, porque ha prendido en el tuétano de la vida espiritual, a saber, en la Noción de la consciencia, o en la pura esencia misma de la consciencia. Por tanto, no hay poder en la consciencia que pudiera vencer a la enfermedad" (332)
 


Observemos la imagen de enfermedad o infección referida a la expansión de la incredulidad o escepticismo. ¡No es, digamos, muy favorable a este Progreso del Espíritu! Sigue Hegel:

"Como esta [enfermedad] está presente en la esencia misma, sus manifestaciones, mientras aún están aisladas, pueden suprimirse, y los síntomas superficiales pueden sofocarse. Esto le es de gran ventaja, puesto que así no malgasta su poder ni se muestra indigna de su propia naturaleza, como sucede cuando brota en forma de síntomas o erupciones aisladas antagónicas al contenido de la fe y a su conexión con la realidad del mundo externo a ella. Antes bien, siendo ahora un Espíritu invisible e imperceptible, se infiltra en las zonas nobles de raíz, y pronto se ha apoderado completamente de todas las entrañas y miembros del ídolo inconsciente; entonces, ’un buen día, le da a su camarada un codazo, y Crac! Plum! —el ídolo yace tumbado en el suelo" (Diderot, Le Neveu de Rameau). Un ’buen día’ en cuyo mediodía no hay baño de sangre, si la infección ha penetrado a todos y cada uno de los órganos de la vida espiritual. Sólo la memoria conservará todavía la forma muerta de la fase previa del Espíritu, como una historia desaparecida, desaparecida ni se sabe cómo. Y de este modo, la nueva serpiente de la sabiduría que ahora se ha erigido para su adoración, no se ha desprendido sino de una piel muerta" (§ 545)


—a este ídolo satánico me refería, cuando digo que Hegel no presenta a la Ilustración con imágenes favorables. Para distinguirse de ella, será, quizá con una dosis de la anxiety of influence. La historia de cómo se pierde la fe es demasiado vívida y certera como para no reconocer en ella una experiencia propia—no sólo de la Conciencia universal, sino de cómo la vio desde dentro el individuo Hegel: con desilusión en todos los sentidos de la palabra. La Síntesis que proporciona su noción de Noción, o de fenomenología del Espíritu, será en parte una recuperación simbólica de la religión perdida, a un nivel mayor de complejidad intelectual, y un castigo simbólico a la Ilustración por su arrogancia intelectual, más vívida ahora que la del dogmatismo religioso (y aquí es donde creo que a Hegel le falla la memoria emocional en lo referente a ese dogmatismo).

El escepticismo se manifiesta pues por fin de modo triunfante y explícito, con denuncias a los sacerdotes por falsarios y manipuladores (
§ 542), con mofas a la fe y a los dogmas, con manifestaciones de violenta oposición a la religión:

"la acción de la esencia negativa es, de modo no menos esencial, un movimiento desarrollado de autodiferenciación, que, siendo un acto consciente, debe dar a sus momentos una existencia manifiesta definitiva y ha de aparecer en escena como puro vocerío y como enfrentamiento violento contra su antítesis" (§ 546)


Ahora bien, veremos cómo Hegel pasa a desarrollar los paralelismos o simetrías entre esta fase negada (la Religión) y su negación (el escepticismo y anticlericalismo, lo que algunos llaman "la religión del ateísmo"). Su razonamiento lo lleva a mostrarlos como fases simétricas, o como alter egos que no pueden reconocerse en una imagen especular demasiado abyecta. El terreno estará maduro para la superación de estas dos antítesis en la propia filosofía hegeliana, que ni cree ni deja de creer, sino que va más allá de la creencia y del escepticismo para mostrar sus condiciones de posibilidad. Veamos el parágrafo 547:

"Hemos de ver por tanto cómo el puro entendimiento e intención se comporta en su actitud negativa a ese ’otro’ que encuentra confrontándosele. El puro entendimiento e intención que adopta una actitud negativa puede ser únicamente —ya que su Noción es todo esencialidad, y no hay nada fuera de él— el negativo de sí mismo. En tanto que entendimiento, por tanto, se convierte en la negación del puro entendimiento, se convierte en falsedad y sinrazón, y, en tanto que intención, se convierte en la negación de la intención pura, se convierte en una mentira y una insinceridad de propósitos."


Observemos que, aunque dirigido el razonamiento principalmente al dogma ilustrado, la simetría misma de los términos planteados nos sugiere que con la misma razón se puede reconocer esta actitud, o corrupción de la actitud y del entendimiento, en la Religión que se resiste a la Ilustración en las guerras culturales... Sea como sea, lo interesante es cómo Hegel prepara el terreno para presentar tanto la esta Religión sometida a la crítica ilustrada, como la Ilustración en su batalla contra el dogma, como momentos parciales, superables, una fase del espíritu que pide una fase emergente superior. Veamos cómo la Ilustración se atasca a sí misma en su lucha contra el dogma, y viene a ignorarse y a desconocerse a sí misma, perdiendo el filo de su impulso crítico más penetrante (el que recuperará quizá en su reencarnación Idealista, en boca de Hegel). Hay aquí, por cierto, toda una mina de material para trazar la prehistoria de los conceptos psicoanalíticos de abyección y de los procesos inconscientes; y es que Hegel es mucho Hegel para todo el siglo XIX, y para el XX. Veamos (desde su perspectiva panorámica) esta pelea dialéctica entre Racionalismo y Creencia, vistos desde las alturas de la espiral hegeliana como dos gemelos, Dumbledumb y Dubledee, enzarzados en una estúpida pelea que sus limitados presupuestos no les permiten comprender:

§ 548: [El Entendimiento] se enzarza en esta contradicción entrando en disputas, y se imagina que lo que está atacando es algo que es otra cosa que sí mismo. Sólo se imagina esto, pues su esencia en tanto que negatividad absoluta implica que contiene esa alteridad en sí mismo. La Idea absoluta es la categoría; en esa Idea, el conocimiento y el objeto conocido son lo mismo. Por tanto, lo que el puro entendimiento proclama que es su otro, lo que según afirma es un error o una mentira, no puede ser otra cosa que su propio ser; puede condenar tan sólo lo que él mismo es. (....)  Pero ya que, al enfrentarse a su contenido, la comprensión pura al principio reconoce en él sólo un contenido, y no su propio ser, no se reconoce a sí misma en él. La comprensión completa se alcanza por tanto cuando el contenido, que inicialmente era objetivo para ella, es reconocido como propio. Su resultado, sin embargo, no será ni el restablecimiento de los errores contra los que lucha, ni tampoco meramente su propia Idea, sino una comprensión que reconoce que la absoluta negación de sí es la propia existencia, que es su propio ser, o una comprensión cuya Idea se reconozca a sí misma."

Y es esta posición en la que se ubica explícitamente Hegel, como una síntesis o superación tanto de la creencia religiosa como de la crítica racionalista a la misma, crítica insuficientemente consciente de la dialéctica propia de las formas del Espíritu:

"Esta naturaleza que tiene el combate de la Ilustración contra los errores, a saber, que se combate a sí misma al luchar contra ellos, y que condena en ellos lo que ella misma afirma, es algo explícito [comprensible, visible] para nosotros—o, por decirlo de otra manera, es lo que la Ilustración y su combate son en sí mismos." (§ 548)


Aunque los Ilustrados no lo entiendan así. Y tampoco lo entiende así la Religión, que en estos combates también se queda con el aspecto más superficial o simplista de su propio contrario, de la Ilustración, construyendo una imagen abyecta del mismo:

"Es el primer aspecto de este combate, sin embargo, el mancillamiento de la Ilustración por el hecho de que su pureza auto-idéntica adopte una actitud negativa, el aspecto que se convierte en un objeto para la fe, que por tanto viene a conocer [a la Ilustración] como una falsedad, una sin razón, y como algo malintencionado—al igual que la Ilustración contempla a la fe como error y prejuicio" (§ 548)


En los párrafos siguientes sigue Hegel desarrollando esta simetría o dialéctica de desencuentros y confrontamientos, con una base de identidad oculta o subyacente, entre la religión y la Ilustración, como formas del Espíritu en busca de lo absoluto. Por ejemplo, presenta este bonito razonamiento de cómo la Ilustración, al igual que la Religión, crea sus propios ídolos, en el acto mismo de denunciar los ídolos del otro, viendo la paja en el ojo ajeno pero no en el propio (viga no hay, pero...). El conocimiento crea su propio objeto, como hace la religión con Dios—pero al principio no lo reconoce:

"En la comprensión como tal, la consciencia aprehende un objeto de manera tal que se convierte en la esencia de la consciencia, o se convierte en un objeto en el que la consciencia se conserva a sí misma, vive consigo, y se hace presente a sí, y ya que es de este modo el movimiento del objeto, lo trae a la existencia [es decir, al igual que existen Dios o la otra vida para el creyente que se los inventa]. Es esto precisamente lo que la Ilustración (con razón) declara que es la fe, cuando dice que lo que para la fe es el Ser supremo, no es sino un ser de su propia consciencia, su propio pensamiento, algo que es una creación de la propia consciencia. Así lo que la Ilustración declara que es un error y una ficción, resulta ser lo mismo que es la propia Ilustración."  (§ 549)


Creo, sin embargo, que a pesar de la belleza irresistible del argumento, Hegel es algo injusto con la Ilustración o la crítica racionalista aquí, pues para mí sí supone un grado mayor de consciencia de cómo los objetos de conocimiento son generados por la mente, y no tienen una existencia todo lo objetiva que parecen.  Por lo mismo, me parece "sobredimensionado" el crédito intelectual que le da a la Religión equiparándola a la Ilustración en cuanto a su consciencia de las realidades sustanciales como proyecciones mentales. Aquí la explica Hegel, y como digo me parece creíble como descripción de algunos tipos de religión pasados por la Ilustración (desmitologizados, por ser exactos, en la línea de Bultmann y Ebeling y los anglicanos ateos, avant la lettre, claro, y tanto mayor el mérito de Hegel al concebirlos)—pero creo que en absoluto puede aceptarse como una caracterización adecuada de lo que es la Religión en su propia salsa, la generada por ella (y no por la Ilustración). Dice Hegel que

"La Idea del entendimiento puro implica no sólo que la consciencia se reconoce a sí misma en el objeto de su entendimiento, y que está inmediatamente presente en él sin antes dejar el elemento del pensamiento y volver a sí misma; también implica que la consciencia es consciente de sí en tanto que es el movimiento de mediación, consciente de sí como la actividad misma que produce el objeto. Esta unidad de sí misma como unidad de sujeto y objeto está por tanto explícita para [el entendimiento puro] en el pensamiento. La fe, también, es precisamente esta consciencia (...)" (§ 549)


—aunque la honradez intelectual, o el realismo, le hace matizar a Hegel que, claro, "no es que esta acción de la fe le haga representarse que el Ser absoluto mismo sea producido por ella" (
§ 549). No es lo mismo, podríamos decir, aunque el Espíritu sintético se reconozca a sí mismo en parte en las acciones de la mente del creyente. Y Hegel quita importancia al hecho de que la gente pueda creer (¡y de hecho a veces crea!) literalmente en los dogmas religiosos del Más Allá, el Dios vigilante, el Cielo, la resurrección de las almas, y la Vida Eterna— pasa a quitarle importancia a que todo esto pueda considerarse en algún modo una estafa intelectual para nadie, puesto que "nadie" lo cree de modo factual (!!). Todo esto con criterio dudoso, a mi entender (y altamente conservador, claro, en su inspiración). Más acertado suena cuando observa que cuando la fe entra a discutir con la razón en sus propios términos, cargándose de razones, es que ya ha perdido la batalla:

"Si la fe quiere apelar a evidencias históricas para hacerse con el tipo de cimentación, o al menos confirmación, de sus contenidos, de la que habla la Ilustración, y pasa a pensar y actuar seriamente como si eso fuese un asunto importante, entonces se ha dejado ya corromper por la Ilustración; y sus esfuerzos por establecerse y consolidarse de modo tal no son sino pruebas que da de cómo la Ilustración la ha corrompido" (§554)


Quizá podríamos volver contra Hegel su propia argumentación, observando que lo antes comentado de que la no factualidad de los objetos de la fe no puede en ningún caso considerarse en algún modo una estafa intelectual para nadie, puesto que "nadie" lo cree de modo factual... esto es, a su manera, un síntoma de que Hegel no parece poder concebir la fe sino a su manera ya penetrada de Ilustración y escepticismo, olvidándose de las viejas certidumbres de la fe ingenua, para la que no hay diferencia entre la factualidad de los objetos de la fe y los del mundo tangible. Esa fe a la que sí le supone una diferencia que haya cielo o no lo haya, que las almas de los difuntos existan o no existan.

Tras afear a la Ilustración su crítica simplista a la fe, Hegel da una vuelta de tuerca más a su síntesis negativa, y observa cómo la Ilustración supera necesariamente a la fe, puesto que saca a la luz un impulso que está latente en el sentimiento religioso mismo. Y le da una expresión perfeccionada (esperando la perfección última del razonamiento sintético Hegeliano, claro está). Es el impulso de negatividad y superación de lo sensible, la actividad de la Idea siempre en busca de sí misma—shedding off one more layer of skin; always one step ahead of the persecutor within. El ataque de la Ilustración a la fe es, en su raíz más profunda, un impulso espiritual. Es, de paso, un uso magistral de las nociones del pensamiento implícito en la acción humana y de cómo se hace explícito mediante la reflexión—o, si se quiere, un análisis magistral de los conceptos de lo implícito y lo explícito:

"Pues la Ilustración no emplea principios que le sean propios y exclusivos en su ataque a la fe, sino que emplea principios que están implícitos en la propia fe. La Ilustración presenta a la fe meramiente sus propios pensamientos que la fe inconscientemente deja dispersos, pero que la Ilustración reúne y aúna: le recuerda a la fe, meramente, cuando una de sus modalidades está presente, las otras que también tiene, pero que siempre olvida cuando tiene presente una de ellas. La Ilustración se muestra a sí misma ante la fe como puro entendimiento, por el hecho de que ve el conjunto completo en un momento específico; hace presente el otro momento que está opuesto a ése, y, convirtiendo uno en el otro [por ejemplo, confrontando Islam y Cristianismo, pongamos, o catolicismo y protestantismo] trae a la atención la esencia negativa de ambos pensamientos, la Idea. Para la fe, le parece esto una perversión y una mentira, porque le señala la alteridad de sus momentos; por el hecho de hacerlo, parece hacer de ellos algo distinto de lo que son por separado; pero esta ’otredad’ es igualmente esencial, y, en verdad, está presente en la propia conciencia creyente, sólo que no piensa en ello, sino que lo aparta a algún lado. Por consiguiente, ni es ajeno a la fe, ni la fe puede desautorizarlo." (§564)


Magistral, y sin embargo también inexacto, creo. Porque algo esencial para la religión es esa visión imperfecta de lo espiritual—que viene de adherirse a dogmas, ritos, creencias, mitos, símbolos, objetos e instituciones temporales, específicas y limitadas. La fe tiene el impulso de lo espiritual, pero para la religion es todavía más crucial la adhesión a lo temporal. Podríamos decir: la idolatría.  El creyente no adora a un leño, o al sol, éstos son sólo símbolos (como analiza Hegel en
§567) la fe se indigna y ofende de que se la confunda así con la idolatría). Pero el objeto simbolizado por el ídolo es, en sí mismo, otro ídolo, en el que se fija la atención y la identidad de la Religión, impidiéndole reconocerse en las demás religiones (o permitiéndole no reconocerse en las demás religiones). El aferrarse al leño, a la cruz, es esencial para el creyente (es su cruz).

Una religión autocrítica e ilustrada, como la que parece promover Hegel, sería una religión desmitologizada, que se entendería a sí misma como una fase del espíritu. Es magistral a su manera la manera en que muestra cómo la fe, de por sí, tiende a reconocer en sí misma un elemento de idolatría sin atreverse a hacerlo. Lo haría una religión "civilizada" que se entendiese a sí misma como una parafernalia simbólica, y a veces parece que sea eso lo que tenemos, cuando investigamos las creencias auténticas de las personas, más allá de la religión oficial o pública. ¿Pero no es eso la piel de la serpiente abandonada? ¿No estamos, necesariamente, en otra fase del espíritu? El orden social necesita al parecer una religión de ritos y mitos, de ofrendas a la Virgen, misas, entierros y bautizos. Pero no habría que confundir eso con la religión como impulso espiritual o entendimiento puro. Ese está en otra parte, sobre todo desde el momento en que entiende el ritual como un ritual simbólico o un apego comunitario a una fase previa del desarrollo espiritual de la humanidad. En términos de honestidad intelectual, una religión no puede ser a la vez dogmática y crítica, mitológica y desmitificada, ilustrada e ingenua. Es lo que se lleva, claro, y es lo que recomiendan el Papa y las mejores autoridades políticas. Pero los místicos siempre han ido por otro lado, y cuando algo se percibe como peso muerto o idolatría, es hora de dejarlo porque la religión auténtica, o lo que haya de ocupar su lugar, está en otra parte. La solidaridad humana o los compromisos sociales nos pueden hacer transigir con los rituales religiosos de otras personas, y procurar no ofenderles, pero la espiritualidad auténtica no puede apegarse a ritos o creencias que ella misma reconoce como meras maniobras simbólicas o productos culturales transitorios.

Un análisis semiótico de la idolatría nos diría que es la confusión del signo con el referente; un defecto de atención o análisis, quizá. Y sin embargo hay pocos partidarios de comprender la circulación universal de los signos; se busca darles un asentamiento final, una base que detenga esta huida hacia el infinito de la consciencia y del sentido.  Quizá Hegel también lo haga a su manera, buscándole estas justificaciones a la religión, frente a la crítica de la Ilustración—negándose a ver en ella el elemento necesario de idolatría que contiene, el alto que le echa al entendimiento puro, como un corruptor de las creencias. Por mi parte, a mí me desagrada más la corrupción del entendimiento—aunque transijo con ambas.

Dialéctica insalubre del amo y el esclavo



La realidad humana y la realidad

martes 13 de septiembre de 2011

La realidad humana y la realidad

Para nosotros, la realidad se confunde con la realidad humana– y no podría ser de otra manera. Hay muchas dimensiones posibles para definir, estudiar o medir la realidad, pero todas sin excepción son relativas a nuestros intereses—algunos muy básicos y ligados a la experiencia humana general, otros especializados y sólo relevantes en alguna área específica de interés, también humana, cómo no.

Por ejemplo, una dimensión habitual de la realidad es la de la comunicación humana: lo que forma parte de nuestros intereses más compartidos y generalizados en cuanto seres humanos, o más específicamente como miembros de la cultura en la que se define esa realidad. Tomemos, por ejemplo, Google News: lo que es real en esta dimensión se puede incluso cuantificar y automatizar, en cuanto al volumen de información que mueve. Reconocemos las dimensiones básicas de esa realidad: la política o la economía internacional, el momento de la historia en que nos encontramos, los desarrollos científicos y tecnológicos, el uso del medio ambiente (agua, aire, tierra, fuego), la cultura de masas de espectáculos y deportes, las tensiones entre Occidente que así cuenta la historia y otras culturas menos prominentes, etc.

Casi pasamos, espontáneamente, a definir la realidad como un sistema de información, de organización y de circulación de la información (sobre la realidad). Y a eso habrá que volver.

Otro aspecto de la realidad sería el de las otras realidades que captamos, parcial o liminalmente, desde la realidad humana. Así, por ejemplo, podemos concebir desde nuestra realidad cómo es la realidad de una mosca, o la experiencia de un murciélago, o el mundo social e intelectual de un chimpancé. Sin abandonar nuestro punto de referencia, en alguna disciplina de estudio que pertenece a nuestra propia realidad. Aun si comprendemos que gran parte de esas realidades animales se nos escapan, o no están bien estudiadas (quizá no lo estén nunca), también vemos que en un sentido son realidades más limitadas que nuestra concepción de ellas, por definición—en un sentido, las contiene y abarca, necesariamente. Tenemos más información (de la relevante para nosotros) sobre esa realidad de la que cabe en esa realidad misma, y en ese sentido nuestra realidad humana contiene a esas realidades animales. Alguien podría decir que esas realidades animales contienen igualmente a la humana en sus propios términos, pero esos términos no son los nuestros. En lo que se nos alcanza, es nuestra definición de la realidad la que es más potente y comprensiva que las realidades definidas por los mundos animales.acuario 2

Una pista o prueba al respecto la da este comentario de Fred Spier en El lugar del hombre en el cosmos, sobre la evolución de los sentidos en los animales—los considera como instrumentos para construir modelos del mundo:

Con el transcurso del tiempo, los seres vivos irían desarrollando una gama de sensores cada vez más amplia, y gracias a ellos aprenderían a desplazarse prácticamente por todos los rincones de la superficie de la Tierra. Sin embargo, únicamente los seres humanos han sido capaces de desarrollar instrumentos que no sólo perfeccionan sus propios sensores, sino que también permiten el acceso a unas secciones del espectro electromagnético que ninguna otra especie ha tenido antes a su alcance—abriendo la posibilidad de emplar, muy particularmente, las radiaciones infrarrojas y ultravioletas, tanto en las más altas como en las más bajas frecuencias.  (226-27)
 


Y por eso tenemos telecomunicaciones, y estamos en esto. La realidad es o bien lo que podemos entender y manejar, o (en el sentido de la dura realidad) aquello que puede frustrar nuestra acción y nuestros proyectos, o nos puede matar, aunque no tengamos ni idea de que existe. Los humanos podemos utilizar y controlar aspectos de la realidad que ni siquiera merecen tal nombre para los animales, tan fuera están de su experiencia—empezando por el hecho de que no tienen un conocimiento reflexivo y conceptual de estas dimensiones de la experiencia, y siguiendo porque no tienen una cultura que les permita organizar o usar estos aspectos de la realidad. Así, por ejemplo, el aire que nos rodea está lleno de programas de los Simpson zumbando en todas direcciones, pero es una dimensión de la realidad a la que no acceden los animales, y nosotros tan sólo mediante una serie de instrumentos electrónicos y protocolos sociales. Y la realidad de las ovejas está contenida por la realidad del pastor, y la realidad de los bonobos está para bien o para mal supongo contenida por la realidad de los humanos que los rodean. Nuestra realidad, nos da para saber que aparte de lo que podemos controlar hay fuerzas que nos desbordan y limitan y escapan a nuestro control—se sabe limitada, y contenida en una burbuja, nuestra realidad.

La definición conceptual de la realidad, y su clasificación y tratamiento, no es la menos importante de las dimensiones de la realidad a la que únicamente accedemos los humanos. Para dominar un territorio hay que hacer mapas mentales de él, y sólo los humanos tienen mapas complejos (mapas conceptuales) de las diversas dimensiones de la realidad. Los animales tienen otros gatos que azotar, como dicen los franceses—y así les va en general, en cuanto interfieren con los intereses del mundo humano. La información y su gestión, decíamos, es esencial no sólo para orientarse en la realidad, sino para permitir ampliarla. Y esa es una de las cosas que hemos hecho continuamente los humanos: ampliar los límites de la realidad en que vivimos, multiplicar también las realidades, y conectar en una sola distintas realidades inconexas. En el principio era el Verbo, o la Palabra, dice el evangelio de Juan. Y aunque pueda argüírse que había muchas cosas antes que el verbo, y de las que surgió el verbo, sí podemos convenir en que la Palabra fue el comienzo de un mundo nuevo, y que creó al menos gran parte del mundo en que habitamos, en plan  hágase la luz.

Es una realidad móvil, compleja, emergente, la realidad humana. El hecho mismo de que distingamos entre la realidad humana y la realidad, distinción imposible pero necesaria, nos indica algo sobre la naturaleza de esas realidades, y su relación paradójica.

La Visión del Templo, el evangelio de Judas, y la batalla por la realidad 
 


Edgar Morin, un pensador planetario

Edgar Morin, un pensador planetario





Documental en seis partes, de Jeanne Mascolo de Filippis para Cinetévé / France 5. Está en el canal de YouTube de A Parte Rei.


Edgar Morin y el pensamiento complejo
 


Freud on God

Freud on God


freud on god
Cogido de Digg. Freud interpreta el origen del dios personal, masculino, patriarcal, etc. según los parámetros de su propia teoría (y quizá de su propio complejo de Edipo), aunque psicológicamente hablando el ingrediente que él señala sí supone, seguramente, una clave para explicar el gran arraigo de este tipo de figura divina, el "arrastre" que tiene una vez se desarrolla y se implanta socialmente (cosa que a su vez lleva milenios). Habrá que matizar que quien madura no es "la humanidad" sino la reflexión sobre estas cuestiones.  Otras raíces del fenómeno "Dios" no tiene en cuenta, y esas las puede explicar quizá la sociobiología evolutiva—como resultado de la búsqueda de intencionalidad en los fenómenos naturales. En este sentido, Dios sería una proyección del Ego a nivel cósmico (por ponerlo en términos psicoanalíticos), antes que de la figura paterna, y un resultado colateral quizá no inesperado de la Teoría de la Mente que tanto contribuyó a hacernos humanos. La utilidad ética de la religión y de Dios a la hora de reglamentar la conducta social ya es reconocida por Freud. Pero otro potente ingrediente en el desarrollo de Dios es el desarrollo histórico de las monarquías y de los Estados. La jerarquización social y la ordenación de la autoridad lleva a proyectar imágenes de la familia patriarcal y del Estado político a nivel cósmico—es la modalidad de pensamiento conocida como la Gran Cadena del Ser. De cómo la psicología de la familia patriarcal interactúa dialécticamente con estas modalidades políticas, es algo en lo que no entra Freud.


Programados para creer 


Freud ante la esfinge

jueves 28 de julio de 2011

Freud ante la Esfinge

Con su lectura de la tragedia de Sófocles Edipo Rey, Freud convirtió a Edipo en un everyman—un individuo cuya historia epitomiza el desarrollo de todo ser humano. La leyenda ya contenía un germen (más que un germen, diría Freud) de este paso, al hacer que Edipo no entienda cómo el enigma de la Esfinge, que él acierta en parte, se refería no sólo "al hombre", sino a él—muy particularmente, y no sólo en tanto que parte del género humano.

Freud iría más allá, incluyendo en el destino general del hombre, tal como es representado por Edipo, no solamente el paso del héroe por las etapas de la vida (andando a cuatro patas, luego sobre dos piernas, luego con tres pies)—sino también la historia completa de Edipo: la muerte inconsciente del padre, y el deseo hacia su madre. El complejo de Edipo, en suma, que para Freud viene a ser determinante en la formación del sujeto humano y en su socialización simultáneamente, en el seno de la familia como pequeña sociedad. A la vez se forma la estructura del sujeto en tanto que ego socialmente aceptado e inconsciente antisocial, pulsional y sujeto a represión—pero que puede aflorar mediante extraños síntomas en la conducta consciente del sujeto.

Hay quien ha acusado a Freud de proyectar una historia personal, o una obsesión particular suya, al nivel de una interpretación general de la conducta humana. Y se le dé el valor que se le dé a la tesis edípica de la socialización, y de la formación del carácter y de la identidad socio-sexual, sí habrá que reconocer una cosa. Que Freud tenía un fuerte complejo de Edipo, de la modalidad más clásica y acusada, con rivalidad frente a un padre al que siempre representa en su obra como tiránico y autoritario (Totem y Tabú es otro modelo estándar del parricidio elevado a categoría hermenéutica).  El mismo Freud reconoció en sus cartas a Fliess cómo de su propio autoanálisis había emergido este complejo de Edipo del cual él sufría, reconociendo su hostilidad inconsciente hacia su padre y sus deseos reprimidos en la infancia hacia su madre. En fin, que Freud se propone a sí mismo como modelo de libro para el complejo de Edipo—algo que nos puede hacer sospechar, cuanto menos, que la generalización del modelo como marco para la generación de todo sujeto puede tener, como poco, un elemento de proyección o de distorsión subjetiva, por las tendencias del propio analista.

Hay que señalar que, en todo caso, Freud tiene más complejo de Edipo que el propio Edipo—pues la historia del griego no da lugar al desarrollo de rivalidades inconscientes con su padre y de deseos hacia su madre. Sus padres para Edipo eran otros, y el hombre que mató y la mujer con la que se casó eran unos desconocidos, no familiares suyos. Freud mismo comenta que en los mitos las tendencias psicológicas están por así decirlo
despsicologizadas, presentadas de modo objetivado y dramatizado en las  acciones de los personajes, no en sus intenciones ni pensamientos. En suma, que Edipo no tiene por qué tener complejo de Edipo, más bien es imposible que lo tenga—lo que tiene que hacer es ofrecer con su historia un modelo que representa o expresa esas pulsiones identificadas por Freud. Que por su parte no es griego sino victoriano de Viena, y sí encuentra en su familia la situación patriarcal y edípica ideal para el complejo.

Así pues, Freud elige el mito de Edipo como modelo de la psicología del sujeto, y se presenta a sí mismo como un nuevo Edipo que ha descifrado un enigma—el enigma del hombre también, el enigma de la formación del sujeto. Freud y Edipo se ven a sí mismos como descifradores de enigmas: lo cual no deja de tener cierta ironía, visto que la interpretación de Edipo había sido incompleta y parcial… verdadera, pero engañosamente verdadera. El libro de Nicholas Ray Tragedy and Otherness (2009) examina algunas disfunciones de la interpretación freudiana.  Y recoge esta anécdota tan reveladora contada por Ernest Jones en su biografía de Freud. Un "curioso incidente", lo llama Jones. Era por el cincuenta cumpleaños de Freud, y se reunieron un grupo de sus discípulos y seguidores para hacerle un regalo: un medallón que por un lado llevaba una imagen en bajorrelieve con el perfil de Freud, y por el otro una ilustración griega de Edipo frente a la Esfinge, respondiendo su acertijo, figuras rodeadas con este lema:

        OS TA KLEIN AINIGMAT EDEI KAI KRATISTOS EN ANER
freud y la esfinge

- es decir, "El que adivinó el célebre enigma y fue un hombre muy poderoso". Son palabras del Coro en el éxodo de Edipo Rey, de Sófocles. Pues bien, resulta que cuando Freud vio la medalla con la inscripción,

"empalideció y se alteró, y con voz ahogada pidió saber a quién se le había ocurrido. Se comportó como si hubiese visto un espectro, y en efecto era lo que había sucedido. Cuando Federn le dijo que era él quien había elegido la incripción, Freud reveló que, cuando era un joven estudiante en la Universidad de Viena, solía pasear por el gran claustro examinando los bustos de antiguos profesores famosos de esa institución. Había tenido entonces la fantasía no sólo de ver un día su propio busto allí, cosa que no hubiera sido de extrañar en un estudiante ambicioso, sino de verlo portando efectivamente las idénticas palabras que ahora veía en el medallón" (Jones 1955, 2.14).
 


Nos cuenta el propio Jones, al parecer ajeno a la dimensión inquietante de su propio relato, cómo él mismo se encargó de llevar la profecía autocumplida hasta sus últimas consecuencias, pues cuidó de que cuando (en efecto) se erigió un busto a Freud en el claustro de la Universidad de Viena, se le añadiese la inscripción sofocleana del medallón. "Es", dice, "un ejemplo muy raro de que una ensoñación de la adolescencia se vuelve cierta en cada detalle, aunque le costase ochenta años el realizarse" (1955, 2.14, cit. en Ray 60).  Jones, como vemos, se centra en la autosatisfacción de la profecía cumplida, mientras que la propia escena que describe parece sugerir una dimensión más inquietante. Unheimlich, por ser más precisos. También es simplista que Jones observe que la profecía adolescente se ha cumplido al detalle pasando por alto su dimensión de profecía autocumplida, su propio papel en autocumplirla, o el trayecto en concreto (inesperado y reflexivo) por el cual llega a cumplirse.

Puede uno preguntarse qué enigma era el que Freud quería desvelar, siendo estudiante. También pueden aducirse explicaciones diversas para esta especie de déjà vu, o momento inquietante, como se le quiera llamar. Supongo que el propio interés continuado de Freud por Sófocles, ya desde estudiante por lo que se ve, fue captado sobradamente por Federn y los otros discípulos, y puede aducirse que el símil entre Edipo y Freud no era ya por entonces ajeno a la mitografía psicoanalítica. Ray explora algunos paralelismos entre Freud y Edipo como racionalistas presuntuosos. Sea como sea, el momento en que Freud contempla el medallón tiene algo de oracular—es una de esas coincidencias que permiten leer un destino; es significativo en todo caso, y algo tiene la escena que sugiere una revelación potencial de sentidos ocultos—quizá inesperados y desagradables, como si la coincidencia relativa a los enigmas fuese un nuevo enigma que requiriese interpretación, y anunciase, de manera autodesconstructiva, el propio fracaso de la teoría, o una dimensión indeseable de la misma, en el momento justo de celebrar su triunfo. La alteración de Freud puede ascribirse quizá sólo a la coincidencia, y a la emoción de ver una profecía realizada, o quizá pueda verse en ella (es lo que sugiere la descripción de Jones) una especie de desbaratamiento, un paso en falso dado por alguien con buena intención pero con resultados inesperados. Lo inesperado podría ser que el enigma está a medio resolver, y que el que se precia de adivinador de acertijos (Edipo, Freud) quizá tenga una trabajo interminable por delante, pues la interpretación misma se convierte (como decía T. S. Eliot) en un fenómeno que ha de ser interpretado de nuevo, volviendo el trabajo hermenéutico potencialmente interminable e irresoluble.

La frase del coro tiene una dimensión irónica, no para el coro mismo, sino para el espectador reflexivo de la obra, que ve en ella una versión incompleta y blanqueada de los hechos y de la carrera de Edipo, así como de su capacidad en tanto que descifrador de enigmas. La obra misma es la historia de cómo la presunción de Edipo, confiado en su propia perspicacia como intérprete, le lleva a buscar al causante de los males de Tebas, sin saber que tras la pista del asesino se encuentra él mismo. Pero no es ese secreto desvelado cuya solución celebra el coro, diciendo cómo "adivinó el célebre enigma".  Es una frase que celebra una solución incompleta e irónica. Freud nunca cuestionó seriamente, al parecer, que tras la resolución de su propio enigma, el del sujeto humano, pudiera hallarse no sólo Freud en tanto que sujeto humano, que es la solución que creyó encontrar en su autoanálisis, sino Freud como Freud. Es decir, que en el enigma que se le propuso, y en la solución que él dio, al margen de su aplicación al "hombre en general", la más dolorosa y significativa respuesta fuese, una vez más, gnothi seauton. Quizá en su agitación y sorpresa al encontrarse con el momento casi mítico de la profecía autocumplida pueda leerse también una sospecha de que siempre queda un enigma por resolver, una vez se han resuelto los enigmas, y una inquietud porque el destino aún tiene secretos por desvelar. Secretos que pueden ser dolorosos de sacar a la luz, pues se refieren a la propia historia del intérprete, la que lo ha llevado hasta ese enigma que sólo a medias ha quedado resuelto—diga lo que diga el coro.

Wilde y el enigma de la esfinge


Wittgenstein on Language

Wittgenstein on language



De la película de Derek Jarman Wittgenstein—lo he visto en Lux cum corde.  Ni que decir tiene que Wittgenstein subestimaba el parecido entre los humanos y los leones— y las posibilidades de la filosofía en tanto que juego lingüístico.

Y las ventajas de hablar sobre aquello de lo cual no se puede hablar, en lugar de quedarse callado.

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En YouTube tiene un canal la revista de filosofía A parte rei—y aquí hay un programa en tres partes sobre la filosofía del lenguaje contemporánea.

Gramática parda