Heraclitus plus Hume plus Neuroscience. Everything flows. There is no abiding core of self, no real essence. The self is no illusion, but it has no permanent essence. "Wise people fashion themselves" (Buddha)—a liberating notion.
Though we easily overestimate our ability for self-fashioning, I dare say... once we stop underestimating it.
Antonio Damasio ("The Quest to Understand Consciousness") would rather place our sense of self, and our map of consciousness for personal continuity, in the inside of our body. And that map flows, but rather slowly. And you can’t see it either—except on the outside.
Damasio speaks of three levels of the self, based on cerebral functions. Besides the proto self and the core self, some higher animals have an autobiographical self, a sense of identity associated to plans and memories. This notion is highly relevant for narrative studies and narrative psychology. Narrative as such, not in the sense of an internal narrative self but in the sense of cultural narratives, stories, literature, films... would have to do with the sociocultural regulation of the self as understood by Damasio.
Quiero hablar de la constitución perspectivística de la moralidad, la acción y el conocimiento en Hegel, pero primero paso un momento por la socialidad de la conciencia y de la acción en Adam Smith.
En la Teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith se encuentra una interesante noción sobre la acción humana en sociedad, la acción moral, como una acción inherentemente social—quiero decir no accidentalmente, sino en su mismo ser; la acción humana se produce en el seno de una sociedad y sabedora de la valoración social que va a recibir. Adam Smith postula una suerte de observador ideal, juzgador de nuestras acciones, y espectador de nuestra acción en el mundo. También señala (ver "El espectador real") que esa valoración ideal de nuestra acción con frecuencia ha de verse contrastada y regulada con la prueba de los demás—enfrentándonos a personas que juzgan nuestra acción o situación de manera distinta. Es una manera de concebir la conciencia al revés de la manera tradicional: aquí la conciencia social ha sido internalizada pero no basta para desempeñar su labor, pues tiende al autonepotismo podríamos decir o a favorecernos a nosotros mismos (decía Bob Dylan esto en "Man with the long black coat": "Preacher was a-preaching, there's a sermon he gave / Every man's conscience is vile and depraved / You cannot depend on it to be your guide / For it's you who must keep it satisfied"). La segunda consciencia, o la consciencia de la consciencia, son los otros, que nos fuerzan a vernos en parte como nos ven ellos. Sea como sea, tanto en esta interacción internalizada, como en la interacción efectiva, vemos la acción humana como acción moral, en el sentido de sometida a valoración social, y como acción que es social, interaccional, en su mismo origen, antecedentes, base y estructura. Always already social, podríamos decir, es la acción humana.
No sé si Hegel leyó a Adam Smith, si corrían en esa dirección los vientos de las influencias allá por el año 1800. Es muy posible. Sea como sea, en la Fenomenología del Espíritu, sección "Moralidad", presenta su propia versión de lo que podríamos llamar la socialidad inherente a la consciencia y a la acción. Aquí habla, p. ej., del obrar en conciencia y se aprecia el elemento de socialidad que hay aun en este momento moral autodeterminado:
"La buena conciencia no ha abandonado el puro deber o el en sí abstracto, sino que es el momento esencial que consiste en comportarse hacia los otros como universalidad. Es el elemento común de la autoconciencia, y ésta la sustancia en que el acto tiene subsistencia y realidad; el momento del ser reconocido por los otros. La autoconciencia moral no tiene este momento del ser reconocido, de la pura conciencia, que existe, y ello hace que no sea, en general, operante, realizadora. Para ella, su en sí es o bien la esencia irreal abstracta o bien el ser como una realidad que no es espiritual. Pero la realidad que es de la buena conciencia es una realidad que es sí mismo, es decir, una existencia consciente de sí, el elemento espiritual del ser reconocido. El obrar es, por tanto, solamente el traducir su contenido singular al elemento objetivo, en el que es universal y reconocido, y precisamente esto, el ser reconocido, convierte al acto en realidad. Reconocido, y con ello real, es el acto porque la realidad existente se articula de un modo inmediato con la convicción o con el saber, o (dicho de otro modo) el conocimiento de su finalidad es de modo inmediato el elemento de la existencia, el reconocimiento universal. En efecto, la esencia del acto, el deber, consiste en la convicción de la buena conciencia acerca de él; y esta convicción es precisamente el en sí mismo; es la autoconciencia en sí universal o el ser reconocido y, con ello, la realidad. Lo hecho con la convicción del deber es, por tanto, de modo inmediato, algo que tiene consistencia y existencia." (§ 640).
Poco más adelante en la Fenomenología vemos en Hegel una noción similarmente socializada del conocimiento. El conocimiento es un fenómeno relacional, posicional, interaccional. Comenta ésto como sigue J. N. Findlay:
"La conciencia intenta en cierta medida tomar en consideración las circunstancias y consecuencias de la acción en todos sus detalles. Pero también sabe, y no le desalienta este hecho, que estas circunstancias y consecuencias se ramifican infinitamente en todas direcciones, y que es completamente fútil intentar tenerlas todas en cuenta en la acción de uno mismo. Es papel de los otros el proseguir la investigación de las circunstancias más allá todavía: la consciencia ha de actuar sobre la base de su propio conocimiento incompleto, que, en tanto que es el suyo propio, es suficiente y completo." (§ 642 de su comentario)
Así hemos de determinar nuestro propio deber, o hallar nuestra propia causa, o nuestras prioridades, frente a las de los demás, o a las que los demás nos querrían imponer—y que en tanto que no responden a esta lógica de autodeterminación, son "prescripciones inauténticas". La propia consciencia no puede renunciar a ser nuestro propio árbitro entre las solicitaciones del mundo y de la acción, y en su juicio juegan un papel nuestra situación personal, y nuestro carácter.
Es decir, en la misma manera en que conocemos un hecho, una situación, etc., como base para la acción, conocemos también que nuestro conocimiento es perspectivístico, y que no agota ese hecho o esa situación. Sin embargo, hemos de actuar. Conocemos que nuestra acción tendrá consecuencias derivadas, imprevisibles, etc., y que eso también pertenecerá (para otras personas quizá) a la realidad de nuestra acción—y sin embargo tenemos que actuar. El conocimiento puro sería un conocimiento puramente positivo, sin el momento negativo de las demás circunstancias y de la valoración de los otros. Pero la acción no se basa en ese tipo de conocimiento, sino que es dialéctica:
"La relación verdaderamente universal y pura del saber sería una relación que no contuviera una antítesis, una relación consigo mismo; pero la acción, en virtud de la antítesis que contiene inherentemente, se relaciona con una negatividad de la consciencia, con una realidad que posee un ser intrínseco. Contrastada con la simplicidad de la conciencia pura, con el otro absoluto o con la multiplicidad implícita, esta realidad es una pluralidad de circunstancias que se descompone y se ramifica infinitamente en todas direcciones: hacia atrás en sus condiciones, hacia los lados en sus conexiones, y hacia adelante en sus consecuencias. La mente que actúa en conciencia es sabedora de esta naturaleza de la cuestión y de su relación con ella, y sabe que, en el caso en el que está actuando, no posee ese conocimiento completo de todas las circunstancias colaterales que haría falta, y que es vana la pretensión de sopesar todas las circunstancias en conciencia. Sin embargo, este conocimiento de las circunstancias y este sopesarlas todas no faltan por completo; pero se dan sólo como un momento, como algo que existe únicamente para otros, y este conocimiento incompleto lo considera la conciencia como suficiente y completo, puesto que es su propio conocimiento." (§ 642)
Como corolario podría añadirese que parte de lo que sabemos de los demás es que también son limitados como nosotros, que actuarán en sus propias circunstancias y que juzgarán nuestra acción o nuestro conocimiento con un perspectivismo similar, inherente por tanto a la socialidad de la acción y del conocimiento.
Releyendo en The Stuff of Thought, de Pinker, p. 321. "En su libro de 1978 Micromotives and Macrobehavior, el economista Thomas Schelling llamó la atención sobre muchos fenómenos sociales no planificados, pero que emergen del hecho de que la gente adopta decisiones individuales que afectan a las elecciones hechas por otros". (321). Así, por ejemplo, la segregación racial por barrios, cuando las minorías inmigrantes se van reuniendo espontáneamente, y las ex-mayorías nativas van desalojando el barrio para no ser minoría—y surgen guetos. Así, dice Schelling, creamos nosotros mismos indirectamente, contribuyendo a él, el medio ambiente en el que nos movemos y del cual a menudo nos quejamos. "En su reciente bestseller The Tipping Point, el periodista Malcolm Gladwell aplica la idea de Schelling a recientes tendencias sociales como los cambios de las tasas de alfabetización, crimen, suicidio, y tabaquismo en adolescentes. En cada caso, se venía suponiendo que la tendencia se atribuía a fuerzas sociales externas como la publicidad, los programas gubernamentales, o los modelos de conducta. Y en cada caso la tedencia venía en realidad impulsada por una dinámica interna de elecciones perosnales e influencias, y su retroalimentación". (322). Pinker observa que lo mismo se aplica a las modas que rigen la elección de nombres para niños: la elección de un nombre "nos conecta con la sociedad de una manera que sintetiza la gran contradicción de la vida social humana: entre el deseo de integrarse y el deseo de ser único y diferente" (322). La emergencia de fenómenos globales inintencionales a partir de pequeñas acciones y elecciones individuales tiene una ascendencia más antigua en la economía: hasta la obra de Adam Smith, y luego de David Ricardo, que hablan de "la mano invisible del mercado" que, basada en la libre competencia de oferta y demanda, genera actividades, bienes y servicios, clases sociales, ocupaciones... y así transforma el panorama social. Podríamos ver aquí una teoría de la emergencia y de la retroalimentación—casi, una teoría de generación de la realidad, de "nichos ecológicos" o quizá mejor económicos, no por diseño sino por interacción y retroalimentación. La teoría de Adam Smith (junto con la de Malthus, y su énfasis en la insuficiencia de los recursos) influiría a Darwin, que es el siguiente gran teorizador de los fenómenos emergentes. La selección natural, como la "mano invisible del mercado", da lugar a macrofenómenos no intencionados ni diseñados, y a la generación de nichos ecológicos, a partir de los microfenómenos de la vida, que ellos pueden ser meros procesos naturales, o bien tener elementos de intención limitados e individuales (como la búsqueda de alimento, la obtención de una presa, o la competencia sexual por la reproducción). En cada caso, los micromotivos o microfenómenos dan lugar a macrofenómenos, que ponen las condiciones en el seno de las cuales tendrán lugar otros microfenómenos, dando así a una retroalimentación en la cual las intenciones conscientes no son sino un elemento más, al lado de fenómenos espontáneos y de la emergencia de nuevos entornos ecológicos y nuevas formas de complejidad.
La conjunción de entorno económico, recursos, micromotivos y resultados emergentes se aprecia, como en ninguna parte, en la estructura de las ciudades humanas. De toda actividad humana, en realidad—pero es especialmente visible en las ciudades por la manera tan visible en que toda decisión de diseño del paisaje urbano se encuentra allí con las limitaciones impuestas ya por la estructura de la ciudad, resultado del entorno previo y de la acción humana acumulada. De tal manera que la forma de una ciudad es una conjución inextricable de planificación y espontaneidad—todos la han diseñado en parte, en sus detalles, pero el conjunto que ha emergido no ha sido diseñado por nadie, es un fenómeno de orden diferente, emergente con respecto a las elecciones individuales. Y que las condiciona. Pues bien, como las ciudades, así las naciones y sus instituciones, las culturas, los idiomas, y el mismo cuerpo humano, resultado de una selección natural en la que la intencionalidad humana juega un papel, limitado pero activo. Nos hemos diseñado a nosotros mismos, y sin embargo no hay nadie responsable del diseño, ni de las circunstancias en que actuamos. También de esto dijo Marx algo—podemos actuar, pero no podemos diseñar el trasfondo histórico de nuestra actuación. La complejidad surge, pues, por interacción no planificada de fenómenos simples. Es el centro de la teoría de la selección natural de Darwin, pero la misma noción básica fue aplicada por Herbert Spencer al origen de todo tipo de complejidad - ver por ejemplo el ensayo sobre la hipótesis nebular del origen del cosmos, en sus Essays. Lo complejo surge por interacción compleja de lo simple y creación de subsistemas que a su vez interactúan:
That our harmonious universe once existed potentially as formless diffused matter, and has slowly grown into its present organized state, is a far more astonishing fact thatn would have been its formation after the artificial method vulgarly supposed [se refiere al creacionismo o "diseño inteligente"]. Those who hold it legitimate to argue from phenomena to noumena, may rightly contend that the Nebular Hypothesis implies a First Cause as much transcending 'the mechanical God of Paley,' as this does the fetish of the savage. (Essays, II, 1863, 53).
Spencer representa, en física, un estadio avanzado de la noción del surgimiento espontáneo, y evolutivo, de la complejidad: algo que en la Antigüedad tuvo su primera manifestación en la obra de los atomistas—Leucipo, Demócrito, y Lucrecio. En De rerum natura, atribuye Lucrecio el origen de la complejidad a los choques fortuitos entre átomos (cosa que causó risa a muchos), sí, pero también a la generación de equilibrios parciales, esos subsistemas parcialmente estables que serían más adecuadamente teorizados por Spencer. Sobre el origen del mundo, y los torbellinos atómicos, dice así el Libro V de Sobre la naturaleza:
Pero, de qué modo aquella aglomeración de materia llegó a fundar la tierra, el cielo, los abismos del ponto y las órbitas del sol y la luna, voy a exponerlo en orden. Pues ciertamente los elementos de las cosas no se colocaron de propósito y con sagaz inteligencia en el orden en que está cada uno, ni pactaron entre sí cómo debían moverse; pero como son innumerables y han sido maltrechos por choques desde la eternidad y arrastrados por sus pesos no han cesado de moverse, de combinarse en todas las formas y de ensayar todo lo que podían crear con sus mutuas uniones, ha resultado de ello que, diseminados durante tiempo indefinido, después de probar todos los enlaces y movimientos, aciertan por fin a unirse aquellos cuyo enlace da origen a grandes cosas, la tierra, el mar, el cielo y las especies vivientes. Entonces no se veía aún la ruedadel sol volando a lo alto con su luz abundante, ni los astros del vasto firmamento, ni el mar, ni el cielo, ni, een fin, la tierra y el aire; ninguna cosa había semejante a las nuestras, en la multifome masa de átomos estallaban siempre nuevas tempestades, se formaban nuevas aglomeraciones, y la discordia de los elementos en continua batalla confundía sus distancias, direcciones, enlaces, densidades, choques, encuentros y mociones, a causa de la diferencia de formas y variedad de figuras; pues en este caos los átomos no podían unirse en combinaciones estables, ni comunicarse unos a otros los movimientos convenientes. Empezó luego la separación de las diversas partes; lo igual se junta con lo igual, emerge un mundo, se distribuyen sus miembros y se disponen en orden sus grandes partes; es decir, de la tierra se separan las profundidades del cielo, y de ellos se retira el mar para extender aparte sus aguas, y aparte se separan también los fuegos puros y sin mezcla del éter. (416-448)
Lucrecio, Adam Smith, Spencer, Darwin, son figuras clave del pensamiento emergentista, que explica cómo puede surgir el orden al margen de la intencionalidad, los planes y el diseño.
Darwin muestra en su Descent of Manel origen de los cuerpos humanos; dice bastante menos sobre el origen de la racionalidad humana, aunque el desarrollo de su teoría haya contribuido a especulaciones posteriores muy fructíferas al respecto, en el ámbito de la sociobiología. Pero antes del evolucionismo de los cuerpos estuvo el evolucionismo de las mentes y de la cultura, en obras como la de Vico y la de los idealistas alemanes, que muestran cómo el hombre no está ya hecho, sino que está in fieri. En lo que se refiere a desubicarnos y descentrarnos, cuestionando la primacía de la racionalidad, y por limitarnos a pensadores del siglo XIX, Nietzsche es muchísimo más inquietante y desazonador que Darwin. Pienso en su imagen de la razón soñando que controla el mundo y ve la verdad del mismo desinteresadamente, cuando en realidad cabalga a lomos de un tigre—un tigre que es el propio ser humano, que prefiere no conocerse a sí mismo, o finge no hacerlo. ¿Cómo si no se explica la resistencia del pensamiento filosófico a admitir lo que debería haber sido una evidencia temprana y de hecho tautológica?—que el hombre, animal racional, y animal que se va humanizando a sí mismo, tiene su origen y su lugar entre los animales. Eso no lo pensaron con claridad, o no lo quisieron pensar con claridad los filósofos —ni siquiera Hobbes, que decía que el hombre es un lobo para el hombre, ni Vico, que nos remontaba a los cíclopes, ni Hegel, que en la enorme complejidad intelectual de su sistema, dejó de mencionar o de constatar algo en apariencia tan simple. De hecho, podría argüírse que ni Darwin ni Nietzsche llegaron a ver claramente la otra mitad de la verdad que había descubierto cada uno de ellos.
Y Hobbes. Primero, el célebre frontispicio del Leviathan de Hobbes (1651):
Haciendo clic en la imagen se llega al texto de Leviathan, del servidor de la Universidad de Oregón.
Un par de introducciones a Hobbes. La primera en español, de parte de Fernando Savater:
La segunda, dos lecciones sobre Hobbes, de un curso de filosofía política, en el canal de la universidad de Yale:
Y por último, algunas referencias de y sobre Hobbes, de mi bibliografía de teoría y crítica literaria:
Thomas Hobbes(1588-1679). English philosopher and political theorist; b. Malmesbury, st. Magdalen Hall, Oxford, grad. 1608; secretary to Francis Bacon; tutor to Lord Cavendish of Hardwick, later Lord Devonshire; travelled in Europe 1629-31 and 1634-37; fled to Paris, 1640-51 later tutor to the Royal Family in exile, returned to Cromwell's England; highly polemical theorist of absolutism, pensioned by Charles II during the Restoration; d. Hardwick.
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Macdonald, Hugh, and Mary Hargreaves. Thomas Hobbes: A Bibliography. 1952.
Internet resources
"Thomas Hobbes." Wikipedia: The Free Encyclopedia.* http://en.wikipedia.org/wiki/Thomas_Hobbes 2011
Dictionaries and encyclopedias
Martinich, A. P. A Hobbes Dictionary. Oxford: Blackwell, 1995.
Series
(Clarendon Edition of the Works of Thomas Hobbes). Oxford: Clarendon.
Una mesa redonda en el canal de YouTube del Philoctetes Center (2006):
Veo que estoy de acuerdo con varios de los ponentes en el énfasis que ponen sobre la dimensión contextual que tienen las explicaciones, y sobre la multidimensionalidad de los fenómenos—algo que ninguna explicación puede abarcar. Una explicación atiende a uno o más aspectos de un fenómeno, no a todas sus dimensiones—y tiene lugar en un contexto determinado, para una determinada finalidad.
La discusión final sobre la evidencialidad como criterio de éxito de una explicación podría ponerse en relación con la teoría de la fusión conceptual de Fauconnier y Turner—y, remontándonos más atrás, con el establecimiento (o percepción) de lazos de analogía entre los fenómenos, tal como comento en esta nota sobre Heráclito y el establecimiento de conexiones.
Muy interesante, en el debate, la observación final de Bob Michaels sobre ese tipo de explicaciones que, siendo correctas (pues un fenómeno admite muchas explicaciones diferentes) se utilizan sin embargo como manera de evitar o bloquear otra explicación más comprensiva o potente, que podría resultar inquietante, desagradable, o inoportuna—una explicación ésta que expandiría sin embargo la percepción de la situación, mientras que esas otras explicaciones parciales sirven para contener o limitar la situación, o la discusión sobre la misma, en un ámbito determinado. La explicación como maniobra de protección, o de contención.
Y es que es inevitable, al explicar las explicaciones, acabar discutiendo su papel interaccional: la retórica de las explicaciones, y las situaciones sociales o psicológicas en las que se usa esa retórica. Decía T. S. Eliot, en su tesis sobre F. H. Bradley, sobre las interpretaciones, que "every interpretation, along perhaps with some utterly contradictory interpretation, has to be taken up and reinterpreted by any thinking mind and by every civilization." No sé si es algo que se da siempre, pero sí diría yo que el destino más interesante de una explicación es ser interpretada, y explicada, en un marco de referencia distinto al que ella misma propone o presupone.
Un vídeo de Fernando Savater sobre uno de mis filósofos favoritos:
A relacionar con el vídeo anterior, El cerebro construyela realidad, sobre la creación de los objetos en la mente, y la construcción activa de la realidad por parte del sujeto. Una noción en buena medida anticipada por Berkeley, y por Locke.
Aparte, Hume era historiador. Hoy me encargo en Amazon su History of England.