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Ideología

Género sexual y adicción - a Academia


jueves 29 de octubre de 2009

Género sexual y adicción-a Academia


Imágenes repetidas de los géneros sexuales y comportamientos genéricos reglamentados como algo que tiene un elementgirlo de adicción... Esta era la idea central de este capítulo de libro de los 90, que apareció en el libro Gender, I-deology, del que yo era coeditor, en Rodopi. También habla, claro, de la ideología del yo, lo que llamaba en el título "I-deology", de la sexualidad, la crítica feminista, etc.

Ahora lo republico, junto con otros artículos nuevos y viejos, en mi página de Academia, ese facebook para universitarios. Facebook de baja intensidad, y sin galletas de la suerte, de momento. Pero casi todos los días alguien localiza una publicación mía o dos en Academia: y siempre les da eso más difusión que el Reposo en el Estante.

En Academia puedes poner las publicaciones como resumen o poniéndoles un enlace a su edición en red; o puede subir un PDF "bajable", o publicarlas con un procedimiento de conversión rapidísimo como un "iPaper". Aquí está, entonces, el iPaper de mi artículo "Gender, I-deology and Addictive Representation: The Film of Familiarity".

Lo mejor del artículo, quizá, los epígrafes. El de Bathsua Makin: "la Costumbre tiene una potente influencia: tiene la fuerza de la misma Naturaleza". Y el de Sartre: "El hombre es serio cuando se toma por un objeto". La mujer objeto creo que es un caso más complicado.


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m/f / s/z: transexualas y hermafroditos, monstruas y prodigios

El buenismo aburre

domingo 26 de julio de 2009

El buenismo aburre

El buenismo aburre, y las llamadas a la virtud, y los sermones idealistas, y las quejas contra el egoísmo del personal. Ya le aburrían al "idealista" Hegel hace doscientos años—y eso que Hegel aburre a las ovejas.

Así pues, la manera en que funciona la gente [el egoísmo] triunfa sobre lo que, en oposición a ella, constituye la virtud—triunfa sobre lo que es una abstracción inesencial de la esencia. Sin embargo, no triunfa sobre algo real, sino sobre la creación de distinciones que no son tales distinciones; [el supuesto virtuoso] se gloría en este discurso pomposo sobre hacer lo que es lo mejor para la humanidad, sobre la opresión de la humanidad, sobre hacer sacrificios en aras del bien, y sobre el mal uso que se da a las capacidades. Las entidades y propósitos ideales de este tipo son palabras vacías, ineficaces, que elevan el corazón pero dejan a la razón insatisfecha, que edifican, pero sin levantar edificio; declamaciones que específicamente no declaran sino esto: que el individuo que alega actuar por tan nobles fines, y que emplea tan magníficas frases es, a sus propios ojos, una criatura excelente: un inflarse a sí mismo con un sentimiento de su propia importancia, a sus propios ojos y a los ojos de otros, cuando de hecho no está hinchado sino de su propio engreimiento.
La virtud en el mundo antiguo tenía su significado cierto y definido, puesto que tenía en la sustancia espiritual de la nación un fundamento lleno de sentido, y para su propósito un bien real que ya existía. Consiguientemente, además, no iba dirigida contra el mundo real como quien se enfrenta a algo generalmente pervertido, ni contra la manera en que funciona la gente. Pero la virtud que ahora estamos examinando tiene su ser fuera de la sustancia espiritual; es una virtud irreal, una virtud sólo de nombre y en la imaginación, que carece de aquel contenido sustancial. La vaciedad de esta retórica que denuncia la manera en que funciona la gente quedaría revelada de inmediato si hubiese que especificar el significado de sus magníficas frases. Estas, por tanto, se suponen que se refieren a algo cuyo sentido ya es conocido. Si se pidiese una aclaración de ese sentido, la petición se respondería con una nueva cataratade frases, o con una invocación al corazón, que en el fuero interno nos dice lo que significan—lo cual viene a ser como admitir que de hecho se es incapaz de decir cuál es el sentido. La fatuidad de esta retórica parece, además, haberse convertido en algo presupuesto por la cultura de nuestros tiempos, ya que todo interés en esta masa retórica, y en la manera en que se usa para potenciar el propio ego, se ha volatilizado—una pérdida de interés que se expresa en el hecho de que produce sólo un sentimiento de aburrimiento. (Fenomenología del Espíritu § 390).



Dialéctica insalubre del amo y el esclavo

El mal no es noticia

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Bonito artículo de Arcadi Espada, "Todo va bien, menos el futuro". Contra el pesimismo crónico de los acomodados europeos, que creen que viven mejor que sus padres pero que sus hijos van a vivir peor que ellos. Improbable para Arcadi, pero....

"Sin embargo ahí está la percepción de las cosas. Obstinada. E incorporando el riesgo de la profecía autocumplida. Confirmando el agudo pronóstico del economista Julian Simon que no me cansaré de repetir, aunque sea sintetizándolo groseramente, y que el estudio francés reafirma: en los próximos siglos las cosas irán cada día mejor pero mucha gente creerá que van a peor. Simon, que yo sepa, no aclaró las causas de ese pesimismo inasequible al aliento. Mucho menos lo voy a hacer yo. Pero algún día habrá que preguntarse hasta qué punto ha contribuido el dictamen (¡durante dos siglos!) de que las buenas noticias no son noticia y el camuflaje del meditable reverso: esto es, que el mal es anómalo."

También NN Taleb termina su libro sobre catástrofes económicas, cataclismos imprevistos, y torbellinos informativos, El cisne negro, con una llamada a disfrutar de lo que somos y tenemos:

"dejemos de preocuparnos por menudencias. No seamos como el ingrato al que le regalan un castillo y se preocupa por la humedad del cuarto de baño. Dejemos de mirarle los dientes al caballo regalado: recordemos que somos un Cisne Negro."

Es altamente probable que nos sucederán desgracias: un cien por cien de boletos tenemos. Pero hey, que también nos pasarán cosas buenas imprevistas, como el email y el iphone que dice Arcadi. Por no poner otro ejemplo.



Every Man Can Be Replaced

Identidad cultural, ideología y traducción

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Empiezo una reseña del libro New Trends in Translation and Cultural Identity, ed. Micaela Muñoz-Calvo, Carmen Buesa-Gómez, y M. Ángeles Ruiz-Moneva (Cambridge Scholars Publishing, 2008). (I. Cultural Identity, Ideology, and Translation; II. Popular culture, literature and translation; III. Translating the Media: Translating the Culture; IV. Scientific Discourse as Cultural Translation).

En la introducción general, Micaela Muñoz comienza observando que un idioma, "cualquier idioma, es un mapa, una cartografía, una representación de la realidad y un instrumento evolutivo que ha hecho posible la identidad cultural de los pueblos con lo mejor de sus expresiones artísticas y sociales" (1). Y en la era de Internet y la globalización, el intercambio de información y conocimientos a través de la traducción afecta directamente a la esencia misma de la identidad cultural. El libro se publicó en 2008, año europeo del diálogo intercultural, y la editora resalta la relevancia del estudio de estas cuestiones de transmisión intercultural, asociadas a la traducción, que forman el núcleo del presente libro. Consta de una selección de los numerosos trabajos de especialistas en traducción de numerosos países, presentados en el XIII Seminario Susanne Hübner (Universidad de Zaragoza, nov. 2005) titulado Translation and Cultural Identity, sometidos a peer reviewing. (Hay en preparación otro volumen con las keynote lectures presentadas en el seminario). Sigue una breve reseña de los treinta artículos/capítulos que comprenden el libro. Comenzaremos aquí por la primera parte, "Identidad cultural, ideología y traducción", que comprende doce trabajos sobre aspectos muy diversos de la actividad traductora, así como la teoría de la traducción, en relación a cuestiones ideológicas y asociadas a tradiciones e identidades culturales, comprendiendo un amplio panorama que incluye cuestiones relativas a la literatura y la estilística, el colonialismo y post-colonialismo, las tradiciones filosóficas, los clásicos teatrales, los protocolos traductológicos de la Unión Europea, etc.—estudios que dan una idea de la diversidad de cuestiones de interés cultural e ideológico abordables desde una perspectiva traductológica.

Michaela Wolf (Universidad de Graz) abre el volumen con un artículo sobre la interferencia del llamado "tercer espacio", y la construcción de la identidad cultural a través de la traducción ("Interference from the Third Space? The Construction of Cultural Identity Through Translation,"  11-20). El concepto de "tercer espacio" proviene del crítico cultural Homi Bhabha, y Wolf aplica aquí a la traducción sus teorías sobre la cultura hegemónica, con especial atención al proceso de formación de una identidad cultural. Cualquier proceso de constitución de identidad, señala Wolf, está sujeto a negociación, y esto nos conduce a una perspectiva sobre la traducción que la entienda como un interpretación recíproca de la propia identidad y de la alteridad. La negociación supone una continua producción de nuevo sentido. Para Bhaba, las identidades preestablecidas o tradicionales son continuamente superadas, trascendidas, por el proceso cultural: éste no consiste en la fijación de identidades y tradiciones sino en la confluencia de códigos plurales y prácticas discursivas diversas, en la formación de redes de símbolos y significados en un proceso continuo. El "tercer espacio" se refiere al proceso de hibridación cultural que dinamiza constantemente la experiencia cultural. Este tercer espacio lleva a la reintepretación o reinscripción de los pasados y tradiciones—y aquí tocamos el tema de la traducción. Bhaba está menos interesado en las tradiciones originarias que entran en contacto, que en los fenómenos nuevos resultantes de la articulación de diferencias culturales, los "espacios intermedios" donde surgen nuevas señas de identidad y nuevas estrategias de acción para los sujetos. Para Wolf, esto conlleva a un cambio de perspectiva, pues la diferencia cultural no puede ya concebirse como algo dado, y origen de conflictos, sino como algo construido, un efecto de prácticas discriminatorias específicas. (Aquí Wolf alude en especial al contexto de la multiculturalidad y la inmigración en Occidente). En lo referente a la traducción, este Tercer Espacio productivo es el lugar donde se prepara una traducción para su recepción. Se enfatizan aquí los caracteres de mediación, de provisionalidad, y de la fluidez que caracteriza a los agentes y procesos. Es una perspectiva que modifica un tanto la perspectiva estructuralista sobre los polisistemas, aportando una mayor contextualización tanto local como histórica. Los nuevos contextos de hibridación social tras la caída del Muro llevan a un énfasis distinto, que requiere repensar la traducción como una actuación cultural en contextos en los que tradición e identidad y ano son fuerzas homogeneizadoras, donde los sujetos actúan en redes de sentidos complejas y contextos específicos que requieren una mediación e interacción cultural constante: "En un contexto tal, la traducción se concibe como la interpenetración recíproca del Yo y el Otro en la que la negociación se convierte en una necesidad" (18). Como Salman Rushdie, el sujeto moderno es un sujeto "traducido", trasladado.

Isabel Alonso-Breto (Universidad de Barcelona) escribe sobre el fenómeno de traducción "interna" del inglés al inglés, como reinscripción simbólica que supone una reapropiación del idioma en un contexto postcolonial ("Translating English into English as a case of Symbolic Translation: Language and Politics through the Body in Marlene Nourbese Philip's She Tries Her Tongue, Her Silence Softly Breaks"  21-34). En la escritura del sujeto postcolonial, el lenguaje se usa de modo autoconsciente para redefinir y cuestionar la propia identidad cultural y actitud política, y para reformularse a sí mismo rechazando las palabras que nombran al sujeto desde afuera. El inglés, lengua patriarcal-autoritaria o "father language" en este contexto, se reapropia como una lengua materna, y se enfatiza el estrecho nexo entre lengua, sujeto y cultura. El texto poético de Philip ganó el premio Casa de las Américas en 1988, y exhibe un proceso consciente de remodelación del inglés recibido para hacerlo capaz de expresar al subjetividad "africana" caribeña, yendo más allá del inglés criollo y del estándar ("if only in symbolic terms", dice Alonso Breto, 25). Quizá se trasluzca aquí una minusvaloración tendenciosa de la figura del padre (para Philip y Alonso, "un emisario del sistema educativo colonial en su hogar mismo", 25)—y de la riqueza de la tradición y de la lengua inglesa; el plan de trabajo es "dejar en evidencia al inglés, mostrar sus fallos y sus falacias" (25). Reconozco que me puede el escepticismo ante la utopía wishful-thinking cuando se habla de "limpiar el idioma de este ruido histórico" o de crear "una lengua madre inglesa no mancillada" (26). La perspectiva de Alonso-Breto, sin embargo, no establece una distancia crítica con el proyecto de Philip ni en su planteamiento ni a la hora de valorar su éxito, aunque queda en cuestión en qué consiste este hacer del inglés "algo diferente que parece lo mismo" a menos que estemos hablando de lineas divisorias, y de afiliaciones, imaginarias en gran medida.

Nancy L. Hagedorn (de la State University of New York, Fredonia), presenta un interesante artículo descriptivo de los procesos de traducción y negociación en los parlamentos y tratados de los ingleses e iroqueses en la época colonial ("'With the Air and Gesture of an Orator': Council Oratory, Translation, and Cultural Mediation during Anglo-Iroquois Treaty Conferences, 1690-1774,"  35-45). El papel de los intérpretes no se limitaba a traducir palabras: realizaron un eficaz trabajo de mediación cultural que requería conocer las costumbres y protocolos comunicativos de los dos pueblos. También tenían un papel importante regulando el intercambio de objetos materiales, de ideas y de valores entre europeos y nativos. El ritual de paz llamado la Condolencia, para mediar entre los conflictos tribales, se reutilizó como instrumento diplomático para tratar con los colonizadores europeos. La mediación requería gran tacto y habilidad de los intérpretes para atender a las resonancias que evocaban las metáforas tan esenciales en el estilo oratorio de los indígenas, así como un reconocimiento por parte de los europeos de la necesidad de atender cortésmente a los complejos, indirectos y oscuros protocolos del ritual parlamentario y de la oratoria amerindia (por ejemplo, el importante papel ritual de los regalos ornamentales conocidos como wampum a la hora de regular turnos de palabra y posturas negociadoras). A veces se requerían dobles intérpretes: el intérprete instruía a un indio para que actuase en su lugar para transmitir el mensaje con las inflexiones adecuadas. En suma, "La imagen de los intérpretes como traductores, aunque es importante, representa sólo una faceta de la variedad de roles complejos que asumían como intermediarios de los ingleses y de sus aliados indios en el noreste colonial" (45).

Beatriz Penas Ibáñez escribe sobre Hemingway y The Sun Also Rises, tratando algunos problemas inherentes a "la función identitaria del lenguaje y el texto narrativo ficcional: problematizando la tranferencia de identidades en la traducción per se" ("The Identitarian Function of Language and the Narrative Fictional Text: Problematizing Identity Transferral in Translation per se",  47-65). Comienza señalando algunas limitaciones que encontró la teoría traductológica mientras se vio supeditada a teorías formalistas del lenguaje. Más adecuada es la teoría integracional que concibe al lenguaje como siempre existente en uso, en contexto y en cultura. En este sentido la noción de "equivalencia" tiene un límite, pues como dice Theo Hermans (2004), "cuando una traducción es equivalente al texto original, deja de ser una traducción". Aquí atiende Penas a diversos condicionantes sociololingüísticos de la traducción. Una noción de traducción que esté atenta  al valor sociosimbólico definido por Fishman (1971) habrá de incluir bajo éste, asimismo, la identidad personal en tanto que significado interpersonal—y las identidades a que hay que atender son las del texto, autor, sujetos textuales, y lectores (efectivos e implícitos). Por otra parte, aplicando a la traducción el concepto de comportamiento acomodativo en sociología, podemos decir que una traducción es más o menos acomodaticia—o lisible, como diría Barthes. Una "mala" traducción de una obra literaria puede sin embargo estar realizando esa labor de acomodación cultural, y de hecho se convierte en una especie de "pseudo-original" para la cultura de destino. Es crucial en literatura la función identitaria del lenguaje—pues el lenguaje mismo que usamos, según Fishman, es significado, caracteriza al hablante. Una obra de ficción utiliza este valor identitario del lenguaje de modo creativo y matizado: tanto en lo referente al autor como al narrador o personajes. Y una traducción adecuada debe estar atenta a este juego de voces. En este sentido, las traducciones españolas de Hemingway sufrieron según Penas de un excesivo sometimiento a la cultura del traductor, tal como se evidencia en un análisis de diversas decisiones traductológicas analizadas en el artículo. Todo ello lo relaciona Penas además con el manejo y asimilación de la identidad de Hemingway como autor, podríamos decir como autor-icono, a la vez aceptable e inaceptable para el régimen franquista de la época.

Elif Daldeniz (Univerisdad de Okan U, Turquía), escribe un artículo crítico sobre algunos aspectos de la actividad y presupuestos de los traductores en la Unión Europea. El título ("Expectations for Translators and Translation in Present-Day EU"  67-77) es tal vez demasiado amplio. El objeto específico es el programa para potenciar la claridad en la expresión de las traducciones, "Fight the Fog", y la teoría traductológica que subyace a él. Se originó entre los propios traductores de la EU, como crítica y respuesta a los factores que dificultan la claridad en la expresión: 1) la redacción por parte de hablantes no nativos, 2) el desarrollo del inglés como lengua principal, junto con la tolerancia al inglés defectuoso, 3) el temor a la brevedad, 4) la "eurojerga" especializada, 5) la necesidad de creación de consenso (que a veces potencia la vaguedad en la expresión). Oberva Daldeniz que a pesar de que los promotores de la campaña aluden a la "tradicional invisibilidad" del traductor, parecen asumirla en lugar de cuestionarla. La campaña presenta una concepción simplista de la traducción, subordinando el papel del traductor a la transmisión clara de un mensaje original que debería ser claro a su vez. La autora se queja de que tanta reflexión postestructuralista sobre la traducción haya dejado poca huella en una reflexión que aún busca el sentido del texto, la intención del autor, la transmisión sin pérdidas, etc. Siguiendo a Koskinen (en Meta 1994) propone utilizar la noción derrideana de transformación para conceptualizar una labor más compleja para el traductor—y cuestionar la noción de traducción correcta como idealista. Los conceptos tradicionales de autoría, significado y traducción parecen seguir siendo dominantes entre los profesionales de la EU, y se pregunta Daldeniz si queda así adecuadamente servido el principio de "diversidad" presente en el principio constituyente de la EU, "unidad en la diversidad".
 
En "Translation from Cultural Borders" atiende Assumpta Camps a la especificidad cultural de las novelas de Sandra Cisneros y de sus traducciones, en especial las de Liliana Valenzuela. El marco teórico se sitúa en los parámetros de la teoría de Gloria Anzaldúa relativa al mestizaje cultural chicano, que propone “un nuevo enfoque de la alteridad textual”, invitándonos a “situar al lector en ese espacio incierto que no está ni dentro ni fuera, sino ‘a mitad de camino’, un espacio derivado de un mundo de culturas e identidades inestables” (81). Hay una consciencia de la extrañeza lingüística, el juego bilingüe, y la experimentación interlingüistica en Cisneros, pero paradójicamente, observa Camps, eso no la lleva a desarrollar un interés por las teorías de la traducción contemporáneas atentas a estos fenómenos; afirma la “intraducibilidad” de su obra, y aunque sus traductoras Poniatowska y Valenzuela sí conciben la traducción como una reescritura, en Cisneros “no hay auténtica consciencia de la necesidad de una práctica traductológica no esencialista abierta a los sentidos vagos e inestables que, en contraste, no deja de proponer su obra” (84). Camps ve una oportunidad no aprovechada para una mayor reflexión sobre la representación de la feminidad, para una mayor atención a la imbricación textualidad/identidad, y para una reformulación más radical de la dicotomía entre “original” y “traducción”. Como muchos otros autores, Cisneros mantiene una teoría tradicional con respecto al original y su autoridad, la inmutabilidad de su sentido, etc.—y relega en consecuencia a las traducciones a su papel subordinado habitual. Camps ve una mayor consciencia de la creatividad y labor crítica de la traducción en tanto que reescritura en la traductora Liliana Valenzuela (tanto en su aspecto teórico como en la práctica traductora). Y Camps dedica especial atención a su traducción de Caramelo, “una traducción híbrida, ni mexicana ni norteamericana, de un texto original híbrido, ni norteamericano ni mexicano, de una realidad híbrida, ni norteamericana ni mexicana, sino justo lo contrario—‘el reverso del bordado’” —aunque hay que decir que la expresión del “reverso del bordado” la aplica Valenzuela a su epílogo que analiza las opciones traductológicas, no tanto a la traducción en sí, que presumiblemente también aspira a ser un bordado más “acabado”, otro quizá, pero en el que el reverso tampoco es inmediatamente visible.  Quizá la mayor objeción que se pueda hacer a planteamientos en la línea de Anzaldúa como él presente es la presuposición paradójica de que parten, al efecto de que la realidad híbrida chicana no es ‘propiamente norteamericana’, como si lo norteamericano, aun entendiéndolo en el sentido de estadounidense, no fuese desde siempre múltiple e híbrido. Sería un error seguir conceptualizándolo con los términos de los Padres Peregrinos—aunque desde luego se puede entender este enfoque como una manera de enfatizar tradiciones no dominantes en los círculos comerciales, culturales o educativos. (En este artículo habría que corregir, por otra parte, una numeración defectuosa de las notas al pie de página).

Javier Franco Aixelá (Univ. de Alicante) escribe sobre "Ideología y traducción: el extraño caso de una traducción más lanzada que el original: Casas Gancedo y Hammett en El halcón del rey de España (1933)" ("Ideology and Translation: The Strange Case of a Translation Which Was Hotter than the Original: Casas Gancedo and Hammett in The Falcon of the King of Spain (1933)",  95-104). Presenta el autor como novedoso un caso y un análisis que en absoluto lo es tanto: una traducción que, en lugar de censurar o atenuar el original, lo "intensifica" en cuestiones ideológicamente problemáticas como el sexo. La primera traducción de El Halcón Maltés de Dashiell Hammett al español, por Casas Gancedo, buscaba un público popular y sensacionalista, y según el autor es un ejemplo de lo dicho. Sigue una comparación del tratamiento de situaciones sexuales y palabras malsonantes. La tesis del autor sostiene que es el polo receptor el que más condiciona el tratamiento a dar a la traducción,  y que ésta "es siempre una negociación entre las propuestas del texto original y las necesidades del nuevo contexto comunicativo tal como son interpretatas por todos los involucrados en la traducción". Si bien esto difícilmente es contestable en su generalidad, el ejemplo elegido para ilustrar la intensificación de sexo y lenguaje malsonante no parece ser ni el más adecuado ni especialmente revelador, a la vista de los ejemplos analizados.

La contribución de Elpida Loupaki (Universidad Aristóteles de Tesalónica, Thessaloniki) versa sobre "modulaciones de implicación en la traducción, con referencia al caso de las actas del Parlamento Europeo ("Shifts of Involvement in Translation: The Case of European Parliament Proceedings",  105-16). Las estrategias de implicación usadas en el lenguaje oral difieren como es sabido de la mayor distancia adoptada en el lenguaje escrito, máxime en textos oficiales. Hay muchas variaciones entre las convenciones pragmáticas de los distintos idiomas, y de los distintos grupos políticos: así pues los grupos minoritarios tienden a usar más fuertes estrategias de implicación del oyente. También cuenta el estilo particular del parlamentario. Pero para entender las transformaciones que experimentan las intervenciones orales de los parlamentarios europeos en sus traduccciones en las actas hay que tener en cuenta no sólo, o no tanto, las convenciones comunicativas del idioma, sino más bien las circunstancias y destino de la traducción: las actas no van destinadas a su lectura sino a su archivo, y en el paso de la oralidad a la escritura experimentan las intervenciones una uniformización de estrategias pragmáticas y una atenuación de la implicación. Y es que la "cultura de destino" de una traducción al griego no es tanto "el lector griego" como la propia infraestructura traductológica de la Unión Europea. El cambio de medio, la finalidad propia de la traducción, la distancia temporal, etc., hacen que no se intente buscar un "equivalente" directo del original en el idioma de destino, sino que se adapte el original a su nueva función. Así pues, "los cambios identificados en el corpus están altamente regulados por factores que rigen la actividad traductológica—de modo que estos desplazamientos podrían interpretarse como un sometimiento a ciertas normas traductológicas en vigor en este entorno concreto" (114).  Lo cual viene a matizar la naturaleza de la "equivalencia" y a resaltar la importancia del contexto pragmático—que puede diferir notablemente entre el original y la traducción. La traducción puede así ir acompañada de estrategias de normalización para cumplir los fines propios de la nueva producción discursiva.

Elena Bandín, de la Universidad de León, escribe sobre la recepción y traducción del teatro de Shakespeare en la España de Franco en "Translating at the Service of the Francoist Ideology: Shakespearean Theatre for the Spanish National Theatre (1941-1952): A Study of Paratexts" (117-28). Los "paratextos" en cuestión son los informes de censura, reseñas teatrales, programas, artículos, entrevistas, etc. que rodean la representación de obras shakespearianas en la primera etapa del franquismo hasta 1952. Se comenta la orientación imprimida por figuras influyentes como Felipe Lluch o Cayetano Luca de Tena, y por autores de las versiones, de los cuales el principal es Nicolás González Ruiz. Las obras de Shakespeare se ven como adecuadas para la nueva ideología que se pretende difundir mediante el teatro, aunque a pesar de todo se recortan o modifican según el gusto y los intereses ideológicos de la época: los críticos teatrales fueron conscientes de estas reescrituras y modularon en general favorablemente la aceptación del público. La apropiación de Shakespeare, como la de otros autores clásicos, es común al franquismo y a otros regímenes autoritarios: "El discurso ideológico del régimen promovía la representación de autores clásicos porque ayudaban a reforzar el conservadurismo, aparte de conferir prestigio cultural. Los censores, críticos, traductores y directores de teatro estaban todos a favor de programar obras clásicas, como puede deducirse de la información paratextual" (125). Sería interesante, como complemento a este artículo, un examen más detallado de la adaptación de obras shakespearianas políticamente problemáticas, por representar conflictos civiles y usurpaciones de poder, como son Ricardo III y Macbeth—ambas incluidas en la programación de estos años del Teatro Español. Bandín las incluye entre las obras "no problemáticas", pero la cuestión merecería una reconsideración.

También sobre el franquismo, y sobre el post-franquismo, versa el artículo de Cristina Gómez Castro, de la Universidad de Cantabria: "La traducción y la política de la censura en la España de los años 70: ¿mercado versus ideología?" ("Translation and Censorship Policies in the Spain of the 1970s: Market vs. Ideology?" pp. 129-37). Sostiene la autora que el control de la censura sobre los productos culturales se mantuvo, en decadencia, años después de la muerte del dictador, hasta entrados los 80. El intento autoritario de controlar la cultura dio lugar no sólo a intervenciones directas, sino también a hábitos de autocensura que perduraron. La Ley de Prensa de Fraga Iribarne de 1966 prometía cierta liberalización, pero al trasladar la iniciativa del autocontrol a los editores, les hizo todavía más cautos, y les delegó la censura por miedo a ver sus tiradas destruidas. La propia inconsistencia de la censura, tolerante a veces, otras no, creaba confusión y llevaba a una autocensura incluso inconsciente: como decía Goytisolo, se había internalizado al censor. La producción extranjera dominaba, creando un abundante mercado para la traducción, aunque se crearon premios para potenciar la literatura nacional—y así de las servidumbres de la censura política se pasó casi insensiblemente a las del mercado y la moda.

Marta Rioja Barrocal (Universidad de León) pertenece al grupo de investigación TRACE, "Traducciones Censuradas", y expone en su contribución los planteamientos metodológicos seguidos y algunos resultados ( "Research Design in the Study of TRACE under Franco's Dictatorship (1962-1969). Brief Comments on Some Results from the Analysis of Corpus 0,"  139-50). El corpus aludido son traducciones de ficción narrativa inglesa al español entre 1962  1969. Se describen las fuentes seguidas para el establecimiento del corpus, de más de 9.000 entradas, y su clasificación según nacionalidad o según los problemas que tuvo con la censura. Hay una alusión al curioso fenómeno de la "pseudotraducción", o sea, el original que se presenta (por razones comerciales) como traducción de una inexistente obra extranjera (western, etc.). Este artículo es un tanto inconclusivo, siendo sólo una presentación inicial de un trabajo en curso. En sucesivas presentaciones debería corregir unas cuantas erratas que se han colado.

La contribución de Ibon Uribarri Zenekorta, de la Universidad del País Vasco, también en el marco del proyecto TRACE, versa sobre las traducciones de Kant al español: "Enfrentamientos ideológicos en la traducción: Immanuel Kant en España" ("Ideological Struggle in Translation: Immanuel Kant in Spain", 151-61). Hace un seguimiento de la recepción temprana de la filosofía de Kant habida cuenta de las peculiaridades del panorama filosófico español, polarizado en la segunda mitad del XIX entre el tradicionalismo escolástico y el curioso fenómeno del krausismo. Se tienen en cuenta tanto las obras alusivas o referentes a Kant, como las traducciones (primero indirectas a través del francés, y luego las principales antes de la guerra, sobre todo las de Manuel García Morente). Se centra Uribarri en el cambio que supuso la guerra civil en el panorama filosófico: "La victoria de Franco en la Guerra Civil fue también una victoria del neo-escolasticismo, con sus raíces en la filosofía medieval, sobre la filosofía moderna (alemana)" (157). El impacto del neo-kantismo se redujo tras la guerra. Kant estaba asociado en su recepcion y traducción a la obra de intelectuales críticos o progresistas. Bajo Franco hay censura, aunque no tanto directa de las obras de Kant, cuanto censura indirecta: el nuevo régimen crea un ambiente proco propicio a la filosofía crítica o a la que pueda cuestionar los privilegios intelectuales de la religión, y esto sucede tanto en el campo académico como en el editorial. "Por eso", concluye Uribari, "el principal fenómeno que habrá de ser examinado más de cerca en el futuro es la autocensura" (159). Tema fascinante éste al que apunta Uribarri, como antes Gómez Castro, aunque apuntaremos que es difícil de tratar de modo convincente, pues requiere un enfoque más interpretativo y multidisciplinar, a la vez histórico, estadístico, sociocultural, literario y ensayístico. Las huellas pueden ser muy leves y diversas, y desde luego no van a encontrarse reunidas en los archivos de los organismos censores.

Parte II: Cultura popular, literatura y traducción

¡Inténtala!


El Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad de Zaragoza ha lanzado la campaña "Nombrar en femenino es posible: ¡Inténtalo!"

—cuyo fin es "promover el uso del lenguaje inclusivo y no discriminatorio en toda la UZ".

Bien, la lingüística y teoría literaria feminista han tratado este tema abundantemente, y esta campaña va en esa línea. Claro que hay posturas y actitudes variables sobre esta cuestión del feministmo lingüístico, tanto en lo tocante a quienes promueven políticas de igualdad como entre quienes responden a esas iniciativas. Es conocida la anécdota de la ministra Aído, dirigiéndose a las miembras de ya no me acuerdo qué organismo, y la que se levantó por el uso del término ofensivo.

Realmente no sabe uno qué es más divertido, si los intentos políticos de controlar u orientar el lenguaje, o las furibundas respuestas que despiertan estos intentos en quienes comulgan con otras ideas. Como si les tocasen la pilila. Bueno, en realidad las políticas lingüísticas (me refiero a las políticas de planificación, no a las políticas) dejan de ser meramente graciosas en cuanto pasan a prohibir, o cuando emplean dinero público en subvencionar a quienes les sigan la corriente. Aunque supongo que de eso se trata, de fomentar determinados usos lingüísticos—y sin dinero nada se fomenta.

La campaña ésta propone "nombrar en femenino", dice, y alguna recomendación da en ese sentido, aunque otras van en la línea de evitar usar el masculino genérico, y otras recomendaciones promueven hacer visible la feminidad. Hay que tener en cuenta que esto se da en un contexto universitario de lenguaje mayormente oficialista y formal, por lo que las recomendaciones son más bien moderadas y sositas: por ejemplo, no hay que decir "cuantos soliciten" sino "quienes soliciten"; no hay que decir "todos los representantes" sino "cada representante" (donde se pueda intercambiar, vamos...); no hay que decir "los/las" sino variarlo al azar a "las/los".

En suma, una lucha contra el masculino genérico o dominante, con respecto a lo cual hay dos posturas:

—Una, la progre-feminista, consistente en subrayar que hay que evitar la discriminación, porque el lenguaje condiciona la ideología soterradamente: cambiar el lenguaje, o llamarnos la atención sobre él, es hacernos conscientes constantemente de esa desigualdad genérica de entrada (del machismo ambiental, diríamos) y hacer algo por cambiarlo.

—Otra, la conservadora-machista, consistente en decir que todo esto son pamemas, que el lenguaje es como es, que ni transmite ninguna ideología en concreto sólo porque se use el masculino genérico, y que los intentos de cambiarlo o de llamar la atención sobre estos asuntos son pérdidas de tiempo y esfuerzo, o pasatiempos de inútiles y parásitos sociales y maricomplejines. Es por ejemplo la actitud de Arturo Pérez-Reverte sobre una campaña de lenguaje no sexista de Comisiones Obreras, tal que la de la Universidad de Zaragoza. Bueno, la de Comisiones Obreras francamente sí pasaba un par de cuerpos los límites del meapilismo:

Pero donde ya te caes de la silla, tronchándote, es en los ejemplos prácticos de máxima claridad y legibilidad. Nada de niños, jóvenes o ancianos; lo recomendable es decir «la infancia, la juventud, las personas mayores». Palabras como padres, maestros o alumnos quedan proscritas; nos referiremos a ellos como «comunidad escolar», procurando no llamar padres a los padres, sino «progenitores». Buenísimo, ¿verdad? A los extremeños –se los cita expresamente, pues sin duda se trata de algún chiste regional como los de Lepe– se les llamará: «población extremeña o de Extremadura». No diremos parados sino «población en paro», ni trabajadores sino «personas trabajadoras». Los funcionarios serán «personal trabajador de las administraciones públicas»; los psicólogos, «profesionales de la Psicología»; los bomberos, «profesionales del servicio de extinción de incendios»; y los soldados –esto es sublime por su laconismo y sabor castrense–, «la tropa». Pero la alternativa más rotunda es la de lector –«persona que lee»–; y la más deliciosa, en lugar de españoles, «la ciudadanía del Estado español». Tela.


—y esto es lo que opina Pérez-Reverte, cómo no, rompedor él:

Lo mosqueante es que, a ratos, sospecho que la secretaría de servicios y administraciones públicas de Comisiones Obreras puede haber publicado todo eso en serio. Luego muevo la cabeza. Imposible, concluyo. Se puede ser imbécil, pero no tanto. Cachondos, es lo que son. Unos cachondos. Y cachondas.


Me parece que lo mismo opinaría su colega Javier Marías, y eso que ese figura entre los progres en algunos sentidos, por lo menos escribe en El País.

Bueno, pues yo, que hoy me siento más rompedor/a que Pérez-Reverte, debo declarar que estoy con el grupo progre-feminista, de todas todas. Sin negarle empero al grupo conservador-machista en lo de los maricomplejines, que creo que a la vista de algunos ejemplos y actitudes didácticas de promoción de este Newspeak, es difícilmente refutable. Yo sería machista por sentido del humor y comodidad, si no fuese por mi aguda conciencia de que, caso de ser mujer, o mujera, sería una feminista furibunda, pero de las de antorcha y desmelene, me temo. Y por supuesto no le concedería ni la menor uña meñique de crédito al masculino genérico. Ni aire le daría—si no porque se me escaparía de vez en cuando, como a todo quisque. Para meapilas, creo que hacen mucho mejor el papel las señoras del bando conservador-machista, cuando oyen a sus compañeros crecerse y despotricar en su indignación contra estos atentados feministas, y asienten en silencio o con convencimiento que flojea.... por la cuenta que les trae. A mí me puede, eso de que las mujeres opinen con humilde ecuanimidad que por supuesto el masculino genérico es mucho más apropiado.

Hombre, hay casos y casas. A lo que voy es que cada cual traza la línea de lo que le parece lógico o aceptable en algún sitio—hasta Pérez Reverte acepta que se hable de "autoras", y lo que le revienta es el tono didáctico y de prepotencia contraria a la intuición, más que ninguna otra cosa. Y otros colocarán la raya en otro sitio. A algunas les parecerá genial lo de "juezas" pero fatal lo de "testigas" o "miembras". A otras les parecerá abusivo lo de que las mujeres digan todo terminado en "-a"—a otras les parecerá intolerable que se emplee el masculino cuando hay un hombre en la sala. A lo que voy es que éste es un tema contencioso por necesidad—algo que viene a avalar (entiendo) la tesis feminista de que en efecto algo se juega en el terreno del lenguaje, mal que les pese a algun@s, y por mucho que rechinen los dientes oída Aído, o Zapatera la feminista.

Creo que el error de estas campañas (pero sólo es una opinión, para que rabie quien quiera)— el error, digo, es creer que a una "normalización" anormal, como es la de la Real Academia, la Gramática, la Tradición y el Sentido Común, puede oponrse una "normalización normal"—porque aquí nunca va a haber nada normal, de eso se encarga la historia que arrastramos. Es el tono de monja psoe la que les pierde a las feministas didácticas, y lo en serio que se toman la cuestión, como si creyesen que sus recomendaciones van a ser universalmente adoptadas. Bueno, que conste que por otra parte me parece muy bien que las propongan, que cada cual proponga lo que quiera, así es más divertido, ya pensaremos contrapropuestas.

Las nuestras son dos, por ejemplo, o tres. Para empezar, que dejemos de utilizar el singular, puesto que todos sabemos que somos entes plurales y divididos—lo del número gramatical me parece una concomitancia inseparable de lo del género. Aunque sólo sea por montar el número y sacar a la luz nuestras presuposiciones ocultas.

Pero ateniéndonos al género de nuestros congéneres, también propongo que no se quede la cosa a medias. Que la campaña de "Nombrar en femenino" se atreva a hacer lo que dice. Que se renombre Nombrar en femenina es posible—¡inténtala!, y que proponga el femenino genérico. Que no lo pienso utilizar yo, que no, pero por dar guerra me parece bastante más coherente. Sobre todo para las mujeres—y que no se pongan falsos varones a utilizarlo en plan hacerse los sensibles. Los chicos con los chicos, y las chicas con las chicas. O mejor al revés, que empleeemos los hombres el femenino genérico, y las mujeres que hagan lo que les parezca políticamente oportuno—lo esencial, me parece, es no perder la perspectiva del sentido del humor, que ahí les vienen ganando la plana Pérez-Reverte y compañía. A las del sermón antigenérico digo. Si es que es tan flojeras eso de hablar de "el profesorado" cuando nos referimos a "las profesoras y Ricardo", pongamos. También propongo el descoloque caótico, a saber, utilizar el "queridos/queridas amigos/amigas" cuando haya sólo hombres en la sala. O referirse uno a sí mismo como si fuera una mujer, en femenino—o si suena mariquita, pues reservarlo sólo a las mujeres, que empleen el masculino para hablar de sí mismas, si no los puedes vencer únete a ellos. También abogo por emplear sistemáticamente el masculino genérico ante las asambleas de mujeres, para que las que flojean en su convicción vayan prestando más atención al tema.

Más ambiciosamente, propongo que se alcance la igualdad plena de género (lingüístico, por favor) y que se ignore completamente toda diferencia de género gramatical como irrelevante, y que se interprete toda concordancia indistintamente como masculina y femenina; el femenino en -o será un gran avance, inténtelo usted. Y que nadie aluda a su sexo ni a lo que tiene entre los piernos, so pena de atentar contra la igualdad de la ciudadanía, e instigar actitudes sexistas.

También requiero un uso abundante de las formas paródico-crueles en "-e" como "les miembres", y de los masculinos meapilas como "meapilos"—Pero precisamente hay que usarlos donde duele realmente, o sea en el lenguaje académico serio y en el Newspeak políticamente correcto, en ese que quieren normalizar Comisiones Obreras, y Aído, y la Academia Española, y Pérez-Reverte, y el Observatorio de la Igualdad ése. En las actas de exámenes, que las alumnas, una vez investigado su sexo/a, o mejor aún sin indagar en él para nada, sean "sobresalientas" o "suspensas"–fuera el lenguaje sexista de la universidad, y también el bienpensante y pisahuevos. Mejor que tanta normalización de lo que no es ni normal ni normalizable, igual nos viene mejor un poco de anormalización, digo ya.

Categorías obsoletas


Unverdorben


nazis


—"Eine gruppe von Mensche macht alles möglich"

Leía un artículo de Seymour Chatman, "Backwards", sobre Time's Arrow, la novela de Martin Amis que se remonta, en narración marcha atrás, a los años en Auschwitz de un viejo nazi, médico emigrado a América. Así lo describe el narrador:

"En tanto que ser moral, Odilo Unverdorben es absolutamente ajeno a la excepcionalidad; hará lo que todo el mundo hace, bueno o malo, sin límites, sólo con encontrarse a cubierto tras los números. Jamás podría ser una excepción: depende de la salud de su sociedad."


Piscina nazi

Aliens en la tripa

Para que veamos el nivel de los personajes que nos están haciendo las leyes en este país— leyes que luego hay que cumplir y joderse.
foetus
La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ha opinado en una entrevista en la Cadena SER sobre el anteproyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo que un feto de 13 semanas de gestación no es un ser humano.

En ABC puede verse un vídeo donde declara literalmente lo siguiente sobre lo que son esos fetos abortables a voluntad:

"Un ser vivo, claro. Lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica".

Dice que el papel del gobierno es "garantizar derechos" y proporcionar "seguridad jurídica". Se entiende que será a las mujeres que abortan, porque desde luego en ningún caso es a los fetos abortados. Y si se pregunta por qué garantizar la seguridad jurídica de unos y no de otros, la ministra no acude a ningún argumento jurídico, sino directamente a la autoridad inapelable, a la Ciencia. Esto es significativo: habrá de ser la Ciencia, y no los juristas, o los filósofos, o los teólogos, quienes determinen científicamente si lo que hay en la barriga es humano o no.

Y la Ciencia — la Ciencia de la ministra — dice que los seres que engendran los humanos, y que llevan en su barriga, no son humanos. No dice a qué especie pertenecen, la ministra. Posiblemente crea que a ninguna.

Ojo, que la ministra admite que los fetos humanos son "seres". Es más, que son "seres vivos". Por donde no pasa, e invoca a la Ciencia, es por que sean "humanos". No cita ninguna autoridad, claro, sólo a la ciencia así a voleo— como el mono del Anís del Mono. O sea que no le vayan a ir con pruebas genéticas, por favor.

Lo más triste es que se puede decir esto, y sacar una ley acorde con este nivel de razonamiento—y no pasa nada. Con personajas de este calibre, este país tiene lo que se merece.

Y lo peor es que la ministra no cree ni esto, ni todo lo contrario. Ella, y el resto del partido, siguen instrucciones, y si mañana les ordenan defender todo lo contrario (por estrategia o por lo que sea) pues eso harán, media vuelta ar. Y de estos modos de (no) pensar, y de actuar, salen los nazismos, y los nazismos cotidianos.

(Oh, por favor, no nos venga con esas, que esas cosas sólo pasaban en Alemania... aquí somos diferentes, aquí no se mata a nadie.)


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PS— LA LUCHA POR LA VIDA Y LA LEY DEL MÁS FUERTE. Arcadi Espada concluye, sopesadas las "científicas" opiniones de la ministra, y las de los obispos, que no hay opiniones objetivas sobre lo que define al ser humano—que todo se basa en creencias. Cierto. Pero las hay muy tendenciosas, como cuando se declara no humanos a los judíos, o a los negros, o a los que tienen síndrome de Down—genoma distinto—o a los fetillos como el de la foto. Es poner el listón un poco alto de más, diría yo. Más parece coger el toro por los cuernos Arcadi Espada cuando insinúa que la cuestión fundamental es "si el aborto forma parte de esa repetida necesidad de lo humano de volverse contra sí mismo a fin de cumplir el implacable mandato de supervivencia de la especie." Digo que es más claro–porque allí sí que presenta el aborto como un caso de lo humano volviéndose contra sí mismo, es decir, contra
lo humano. No diría yo sin embargo, como dice allí, que se vuelve lo humano contra lo humano por la supervivencia de la especie, un fin loable que sin embargo me parece un tanto dudoso en este contexto, indirecto hasta el interrogante, y en todo caso no buscado... Vamos, un curioso darwinismo abortivo, el de Arcadi Espada. En el aborto libre, que es de lo que se trata, lo humano se vuelve contra lo humano más bien por el interés egoísta, la pura conveniencia personal, o la indiferencia del más fuerte. Cuestión orillada en el análisis de Espada.

Vida oficial



Vida oficial


Totalitarismo, historia retroactiva, y control interiorizado

Totalitarismo, historia retroactiva, y control interiorizado

En Vida y destino, la novela de Vasili Grossman sobre la Rusia comunista durante la Segunda Guerra Mundial, hay varios personajes pasmados por el giro que han dado los acontecimientos—cómo antiguos revolucionarios son ahora acusados de enemigos del pueblo, y cómo ellos mismos han acabado en un campo de concentración o con sus palabras y pensamientos amordazados por el temor a la vigilancia mutua que impone el totalitarismo.  Es un retrato de la opresión de un sistema que no quiere sólo controlarlo todo ahora y por siempre jamás, sino que también pretende someter incluso el pasado incluso:

La tranquilidad en el tono de voz de Madiárov no parecía de este mundo. El poder del Estado había construido un nuevo pasado; hacía intervenir de nuevo a la caballería a su manera, exhumaba nuevos héroes para acontecimientos ya sepultados y destituía a los verdaderos. El Estado tenía poder para recrear lo que una vez había sido, para transformar figuras de granito y bronce, para manipular discursos pronunciados hacía tiempo, para cambiar la disposición de los personajes en una fotografía.
    Se forjaba realmente una nueva historia. Incluso los hombres que habían sobrevivido a aquellos tiempos volvían a vivir la experiencia pasada, de valientes se transformaban en cobardes, de revolucionarios en agentes extranjeros. (346)



No sé si este pasaje de Vida y Destino de Vasili Grossman debe algo a Orwell, donde el protagonista Winston trabaja en una oficina de información estatal en la que se reescriben las noticias antiguas de los periódicos, corrigiendo la historia reciente a conveniencia del gobierno. 

Lo que está claro es que muchos se confundieron pensando que Orwell escribía no sobre su propia experiencia vivida, sino sobre algún futuro que amenazaba un día con llegar, si no en 1984, quizá en un momento lejano, o que quizá fuese una fantasía satírica...  El doublethink y la práctica de la historia retroactiva no hay que proyectarlos al futuro, pues en realidad siempre han estado entre nosotros. Los fenómenos patológicos extremos como el régimen estalinista que bien conoció Orwell no hacen sino permitir que se manifiesten plenamente esas tendencias al conformismo y la sumisión que genera todo sistema de poder y control, especialmente los aderezados por prácticas de vigilancia mutua. También es cierto que en esos casos, y en esos momentos, salen a organizar la vida pública los peores especímenes de burócrata chupatintas servil, y también se airean las peores tendencias servilistas de las buenas personas, simplemente por la presión ambiental—como cuando en Vida y destino el protagonista Shtrum contradice a un crítico del gobierno:

Shtrum, adoptando una actitud que ni siquiera él mismo comprendía, sintió la necesidad de contradecir a Madiárov, aunque compartía punto por punto sus observaciones.
—Hay algo en su razonamiento que no encaja —dijo—. ¿Cómo puede afirmar que los intereses del hombre no coinciden, no confluyen plenamente con los intereses del Estado que ha creado una industria bélica para la defensa? Creo que los cañones, los tanques, los aviones con los que se envía a combatir a nuestros hijos, nuestros hermanos, son necesarios para todos y cada uno de nosotros.
—Rigurosamente exacto —dijo Sokolov. (353)


Hay un fragmento comparable, muy bonito, en Orwell, cuando Smith por fin contempla cómo actúa dentro de sí el doublethink que le impone O’Brien, y reconoce los efectos internos del sometimiento en su propia mente:  la voluntad del Hermano Mayor, por no llamarlo el Gran Hermano, está no sólo por encima de la ley y de la historia, sino por encima de la lógica misma y de las matemáticas:

Almost unconsciously, he traced with his finger in the dust on the table:

2+2=5

’They can’t get inside you,’ she had said. But they could get inside you. ’What happens to you here is for ever,’ O’Brien had said. That was a true word. There were things, your own acts, from which you could not recover.

(George Orwell. Nineteen Eighty-Four, Penguin, 1989, p. 303)


También podemos ponerlo en alemán, para los de Filología Alemana:

Fast unbewusst malte er mit dem Finger in den Staub der Tischplatte:

2+2 = 5

"In dein Inneres können sie nicht eindringen", hatt Julia gesagt. Aber sie konnten in einen eindringen. "Was Ihnen hier widerfährt, gilt für immer," hatte O’Brien gesagt. Das war ein wahres Wort. Es gab Dinge, eigene Taten, die man nie wieder los wurde.

Porque esto pasa en Rusia, en Alemania, en Catalonia, y en todas partes donde haya consignas oficiales, una voluntad de control desmedida y un sometimiento irracional a una autoridad arbitraria.



Goldstein / Laden