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Vanity Fea

Literatura y crítica

Judas y Matrix

Judas y Matrix

Acabo de colgar en el Social Science Research Network un artículo sobre el Evangelio de Judas—Judas ha abundado estos días por aquí a cuenta de Jesucristo Superstar, y también sale en Y entonces llegó ella. Pues el artículo, en español a pesar del título inglés, es "La Visión del Templo: Espiritualidad Antieclesiástica en el Evangelio de Judas y la Batalla por la Realidad" http://ssrn.com/abstract=1265207
Y sí, también aparece por ahí Matrix, y Borges el de "Tres versiones de Judas".

Los del SSRN han cambiado por cierto la interfaz, y está más cómoda e intuitiva, aunque sigue sin avisar de en qué idioma están los artículos allí colgadas. Sigo tan viciado por las capacidades de autogestión de esta red, que no envío mis artículos a ningún otro sitio—aunque me digan que aquí no están publicadas. La publicación sin publicar—es otro de los refinamientos angélicos a que vamos llegando en esta escolástica universidad. En realidad a lo que se refieren es que no les han dado el visto bueno dos expertos en la disciplina en cuestión, y por tanto no tienen esa garantía de calidad disciplinaria. Es cierto: lo malo es que los expertos, aparte de asegurar la calidad disciplinada, también acotan la discusión posible sobre los temas que tan celosamente guardan. Y en las humanidades esto me parece especialmente pernicioso o contraproducente: así que yo, como Judas y Cristo, he pasado a desconfiar del Sistema y de su sacerdotes y sanedrines.

Jesus Christ Superstar


Librofilia

Hola amigo—me dicen—

Hemos estado visitando tu blog, y por su contenido hemos creído que te podría interesar un proyecto que estamos arrancando con gran ilusión desde Zaragoza.

Acabamos de crear Librofilia.com, una red social de recomendación literaria en castellano. Básicamente es una página con una extensísima base de datos de libros, que los propios usuarios se encargan de incrementar y mejorar. Para cada libro, el usuario puede dar una votación numérica, y en base a sus votos se le recomiendan, mediante un complejo algoritmo, libros que a buen seguro le gustarán. También puede agregar notas personales a los libros, que sólo el propio usuario puede ver, o escribir críticas que podrán ser vistas por todos los usuarios.

La web permite además agregar a los amigos y conocer el grado de compatibilidad literaria con ellos, ver a usuarios con gustos similares a los propios ("almas gemelas") y muchas otras funcionalidades que poco a poco iremos creando. Un sistema propio de puntuación, el "karma", mide la actividad de cada usuario para mejorar la comunidad.

Esperamos que este mensaje sea de tu interés (si no lo es, disculpa las molestias, por la temática de tu blog pensamos que te podría interesar), y te animamos a pasar por la web y a darnos sugerencias para mejorar esta comunidad virtual. Al ser un sistema de recomendaciones, necesitamos que la gente vote para que las recomendaciones que da nuestro sistema sean precisas, por lo que cualquier entrada sobre nuestra web en tu blog sería de gran ayuda para nosotros, y para que esta comunidad pueda dar sus primeros pasos.

Un saludo y suerte con el blog.

Héctor
Librofilia.com
info@librofilia.com

Pues ya me he registrado en Librofilia y les he enviado mi reseña de The Road de Cormac McCarthy.

Mi Literaturas


Dialéctica de la crítica

Aparte de tumbarme en la playa y que me den masajes, este verano he estado reescribiendo en inglés, ensamblando y limando un artículo sobre teoría de la interpretación, a partir de cosas que escribí antes para el blog. Quizá aparezca en algún libro el año que viene o dentro de dos, pero de momento lo cuelgo en el SSRN con este título "Acritical Criticism, Critical Criticism: Reframing, Topsight and Critical Dialectics": http://ssrn.com/abstract=1259696

Según su abstract inicial, este artículo teoriza las lecturas críticas desde una perpectiva interaccional/argumentativa, proporcionando un análisis semiótico y fenomenológico de la escala que va de la crítica consonante, "simpática", a la crítica disonante, confrontacional o "antipática". Examinamos a la luz de esta concepción de la crítica varias teorías críticas importantes (de G.W.F. Hegel, Oscar Wilde, Jacques Lacan, Erving Goffman, Norman Holland, Jacques Derrida, Stanley Fish, Paul Ricoeur, Judith Fetterley, John Muller, Alan Sinfield, y H. Porter Abbott) y las situamos en el marco de una pragmática interaccional, de la dialéctica de la comunicación, y de una teoría semiótica de la verdad y de la consciencia.

(Y, por cierto, veo que si sigo así pronto entraré en el 10% superior de los autores más leídos del Social Science Research Network. El diez mil de cien mil, sin opción a medalla).

Poética de la consciencia subliminal

 

House of Leaves, by Z.

House of Leaves, by Z.

Domingo 24 de agosto de 2008

House of Leaves, by Z.


Esta novela de Mark Z. Danielewski les ha gustado mucho a los chavales por sus extravagancias tipográficas: páginas con tipografía expresiva y descolocada, un poco al estilo Geronimo Stilton, o párrafos tachados, páginas en blanco, fotos e ilustraciones de sentido indeterminado... Esta atención a la "forma física del libro" le gustó mucho también a N. Katherine Hayles, y a partir de allí se ha convertido House of Leaves en parte del canon postmodernista. Ivo ha hecho una serie de dibujos donde entre sus batallas de gormitis y dragones aparece el libro, al que llama "House of Leaves: El libro tonto". Lo cual es francamente exagerar—Ahora que también es exagerar el hacer de él un libro de culto o la última obra maestra de la literatura del siglo XX—aunque algunos van más allá y lo colocan como la gran novela experimental del siglo XXI—para lo cual le faltan varios meses y varios hervores.

Entre los aspectos tontos del libro está su vocación de desconcertar incluyendo materiales innecesarios e irrelevantes—parece que además de la historia central, o de las dos historias centrales, el autor ha cogido unos cuantos papelillos y fotos que tenía guardados en el cajón y los ha incluido como cartas, poemas, anexos que no quedan extraordinariamente bien integrados al conjunto. Su capacidad de sorpresa, desde luego, no está a la altura de su irrelevancia, y poco parece memorable en estas divagaciones y petardillos finales del libro.

En cuanto a la historia principal, es en sustancia una historia de casa encantada, minimalista, pero envuelta en abundante texto adicional, a modo de aparato editorial. Tratemos, por partes, con la historia y con sus envoltorio por turnos.

 Will Navidson es un famoso fotógrafo y reportero cinematográfico, que tras una carrera coronada por el Pulitzer se retira a vivir una vida tranquila con su mujer Karen y dos pequeños. Acaban de comprar una casa supuestamente tranquila de Virginia, como concesión a las ansias de vida familiar de ella—aunque Navidson no puede evitar llenar la casa de cámaras, rodando imágenes de la familia que luego empleará en un documental. Pero resulta que la casa empieza a comportarse de modo extraño. Parece medir más por dentro que por fuera, y empieza a sufrir cambios primero pequeños, luego alarmantes. Aparece un armario que no estaba antes. Y de repente, un fenómeno más que intrigante: aparece un pasillo imposible, que lleva desde dentro de la casa a un espacio que no existe fuera de ella. Navidson, en lugar de mudarse inmediatamente como querría Karen, decide explorar ese pasillo.  Primero solo (casi se pierde en la oscuridad) y luego contratando un equipo de aventureros especialistas. Van poniendo señales por el camino, y siguen un hilo de pescar para no perderse. Pero la aventura termina mal: el pasillo conduce a un laberinto al parecer ilimitado de salas, pasillos y escalinatas, todo en la oscuridad total—pasan los días, y la desorientación y angustia llevan al jefe a disparar contra sus acompañantes, y luego a suicidarse. Uno de ellos se salva. Las tensiones en la familia son ahora mayores: y mientra hacían las maletas para irse, la casa les ataca, con violentos cambios de forma—casi mueren los niños, y el que sí muere es un hermano de Navidson, Tom, que le había ayudado en sus exploraciones. Ahora sí que se mudan de casa los Navidson, y la cierran. El episodio también lleva a una separación de hecho de la pareja. Unos meses después, Navidson vuelve solo a la casa, decidido a explorarla él mismo y a filmar lo que vea. Va en bicicleta, arrastrando un carrito de provisiones. Y recorre cientos de kilómetros de pasillos y llanuras subterráneas, en una dimensión de la realidad a la que sólo se accede a través de la casa. Vive el viaje como un viaje a los límites de la realidad, de sus temores y de la desesperación, y llega al límite del laberinto perdiéndolo todo, a un sitio donde no hay sino la oscuridad y sus propios pensamientos, sin suelo ni paredes ni luz, y allí filma sus últimas imágenes. Pero repentinamente (como ya sucedió antes) el laberinto se abre de repente y lo echa fuera, esta vez porque su mujer (his estranged wife) ha venido a buscarlo—. Se salva Navidson de esta experiencia inexplicable, aunque lesionado; y vuelven a cerrar la casa, y se enfrentan, unidos y castigados por la vida, a los años de su madurez. Con las grabaciones de Navidson se elabora un documental sobre la casa y su exploración, The Navidson Record, que tiene cierto éxito de público y un gran éxito de crítica.

Esta historia está narrada indirectamente en House of Leaves: el texto principal de la novela es una descripción y comentario de The Navidson Record escrito por un tal Zampanò, un viejo intelectual de origen europeo; se encuentra el manuscrito en su desordenada casa o el almacén donde vivía en América, tras su muerte. Zampanò aparece como el autor ficticio de House of Leaves—una de sus condiciones para la publicación del manuscrito. Pocas cosas sabemos de Zampanò, al margen de su amplia cultura: el comentario de The Navidson Record muestra familiaridad con una amplia tradición literaria y crítica; combina el tono narrativo, la descripción (no de la acción, sino de "una película que narra la acción") y el comentario crítico, donde se especula sobre el significado simbólico que adquiere la casa en la película, sobre arquitectura, sobre la estilística fílmica de Navidson, sobre los conceptos de espacio, de eco, de laberinto, de los límites de la representación, etc. Todo esto mezclando fuentes críticas reales (como Bachelard, Derrida) con fuentes ficticias—artículos de prensa, ensayos, análisis y tratados de la supuestamente amplísima literatura crítica inspirada por The Navidson Record en los años 90.

Pero este libro de Zampanó, que podemos llamar "House of Leaves by Zampanò" o sea, el que se presenta como comentario crítico real de una película realmente existente, se presenta anotado y comentado a su vez por un editor: Johnny Truant. Johnny no es un editor académico: nos cuenta básicamente cómo localizó el manuscrito, y que no puede dar fe de la existencia real de The Navidson Record. Aunque lo respeta y admira, no entiende a Zampanò, tiene menos cultura que él, y en realidad sus notas son la excusa para contarnos su propia historia—una novela en primera persona, o más bien una secuencia caótica de sus problemas con las drogas, sus encuentros sexuales ocasionales con chicas que están de muerte, y su lento descenso del proletariado fashion (trabaja en tatuajes) a la marginalidad, el caos y la locura. A Johnny lo acechan ataques de pánico y traumas mal curados de su niñez—era un niño adoptado, antes maltratado y a la vez querido por su madre; una historia que se va contando en anexos, cartas y notas al pie que en efecto vienen a convertir House of Leaves en dos historias alternas que se intercalan sin tocarse mucho: la aventura de Navidson con su casa de pesadilla, y el descenso de Johnny al caos de la marginalidad y el desequilibrio mental. Como se ve, puede establecerse una relación simbólica o de analogía entre ambas historias... pero no da para mucho más, y el efecto es a veces más bien el de materiales acumulados caóticamente, o mal cosidos, que el de una obra cuidadosamente diseñada como dos historias alternas. Entrecruzadas, poco se entrecruzan, como no sea cuando Johnny localiza a antiguas "lectoras" que trabajaban con Zampanó, o a "traductoras" que le ayudan con sus notas, y luego echan unos polvos de antología. Poco tiene esto que ver con la edición de manuscritos encontrados (al menos in my experience).

Las relaciones entre Zampanó y The Navidson Record, así como entre Johnny Truant y Zampanò, se presentan como reales: Navidson existe para Zampanò, y Zampanò existe para Johnny. Sin embargo, la existencia de Navidson y su película ya es más dudosa para Johnny, como si la mediación fuese así de indeterminizante y de poco fiable. Ello lleva a figurar esta novela como un núcleo de ficción y de misterio (la casa) rodeada por capas de transmisión tanto más inciertas a medida que nos acercamos a la oscuridad central del laberinto.

Todavía hay capas más externas: unos supuestos editores que conocen a "Mr. Truant" editan sus materiales literarios, que han ido circulando de manera fragmentaria o desordenada (como la película The Navidson Record, rodeada de una serie de cortos complementarios, fragmentos previos, trozos sin editar, etc.).  A veces, un comentario o nota de Zampanó sobre The Navidson Record es anotado por Johnny, y luego reanotado (o es corregida la anotación) por los editores.

De estos editores y su reorganización de los fragmentos del libro de Johnny se pasa casi imperceptiblemente a los editores de un texto de Mark Z. Danielewski, titulado House of Leaves (o quizá House of Leaves, by Zampanò), que también acumula materiales heterogéneos, y también ha ido apareciendo fragmentariamente por aquí y por allá antes de esta edición... Bueno, se nos anuncian diferentes ediciones, según incluyan más o menos convenciones tipográficas, colores o ilustraciones. La cuestión es que hay un fundido entre la realidad y la ficción, una transición por una serie de pasos que nos lleva desde el libro físico y real que tenemos (me consta la existencia de Danielewski, porque lo he visto por videoconferencia), hasta los acontecimientos fantásticos y siniestros en el núcleo de la casa.

Como se verá es una estructura y planteamiento literario con bastantes posibilidades para la complicación experimental—casi diseñada para encandilar a los críticos. Y la novela se nos presenta (a modo de The Navidson Record) como algo que tiene un respetable éxito de público y un enorme éxito de crítica—un proceso casi ya prefigurado en la propia novela, y al parecer deseado por ella. También tiene esto un cierto regusto de fenómeno mediático autoconstruido, o de libro con instrucciones para convertirlo en libro de culto. Lo cual es un tanto irritante (como si la novela soñase con generar por anticipado la exhaustiva literatura crítica que genera The Navidson Record en su ficción)—pero no deja de tener su interés como forma y fenómeno narrativo. Si a esto le añadimos la tipografía expresiva, el resultado prometía ser irresistible. Lástima que también tenga muchos elementos que trabajen en contra: el efectismo de sus efectos tipográficos, la indirección del método narrativo, que distancia a los personajes, y no logra interesarnos mucho por ellos toda la literatura psicológica que se nos cita sobre sus relaciones (que sugiere un caso serio de sobrecomentario). Tampoco se vuelve más interesante la historia de sexo y drogas de Johnny por aparecer en notas al pie inconexas con el texto, ni su caos se acaba de volver forma.  Sí son más interesantes los aspectos de reflexividad de la novela—que para eso se ha escrito de esta manera, claro; para casas siniestras ya tenemos a Stephen King. Cuyos comentarios ficticios sobre esta historia o casa aparecen, junto con los de Harold Bloom, Camille Paglia, y toda una colección de personajes reales ficcionalizados. También se encuentra Johnny consigo mismo entre sus páginas, y Danielewski como el gran relojero detrás de la máquina, cuya presencia es intuida por Johnny. Esperando, desde ese cierto endiosamiento, el éxito viral que tuvieron The Navidson Record y el libro de Johnny, y que se muere de ganas de tener esta novela. Lo invoca como puede.

William Gibson, Pattern Recognition

Aparece El Teatro

Jueves 7 de agosto de 2008


Leía hoy en La Voz de Galicia que un equipo de arqueólogos del Museo de Londres ha encontrado los restos del primer teatro en el que se representaron las obras de Shakespeare—el teatro por antonomasia, The Theatre. Está en una calle del barrio de Shoreditch, al norte de la City, donde iban a construir precisamente un nuevo teatro. El Teatro, que había sido edificado por James Burbage antes del comienzo de la carrera de Shakespeare, en 1576. Algunos decían que era el primer teatro fijo que hubo en Londres, pero al parecer no es así. Y hay un espacio dudoso entre patios de posadas y corrales para ver espectáculos de lucha y números de circo. Desde luego, si no teatros, teatro venía habiendo desde hacía siglos. La consolidación y transformación de la práctica teatral le llevó a un auge en esta época, y eso llevó a diseñar nuevos edificios específicos para esta función. Burbage era un empresario teatral, y estaba detrás de la compañía de los Earl of Leicester’s Men. Shakespeare parece haber estado asociado a ellos, quizá tras su paso por Stratford, y varios actores de esta compañía irían a parar a la compañía de Shakespeare, los Lord Chamberlain’s Men, una vez se fundó ésta en 1594. Richard Burbage, el actor principal que encarnaría los principales personajes de Shakespare, era hijo de James Burbage. Las primeras obras de Shakespeare aparecen asociadas a diversas compañías, así que su relación con la compañía de los Earl of Leicester’s Men no parece exclusiva—aunque pocos biógrafos lo hacen pasearse por tantas compañías como hace Peter Ackroyd. Los restos de El Teatro hallados ahora no serán gran cosa, apenas los cimientos: The Theatre era de madera, y fue desmantelado en 1599. Es curioso que El Teatro se desmanteló al expirar un leasing del solar en el que estaba edificado. El propietario al parecer se las prometía felices quedándose el edificio que había construido Burbage en su solar, pero éste había dejado claro en el contrato que la madera le pertenecía a él. Así que a toda prisa una noche, y sin dar tiempo a reacciones ni desavenencias, hizo desmantelar el edificio y llevar las piezas a Bankside, al sur del Támesis. Allí edificaron el nuevo teatro de la compañía, The Globe, que se haría más famoso, con su lema de todo el mundo hace el payaso, o todos somos actores que representamos nuestros papeles, según se traduzca. En éste Shakespeare sí era uno de los accionistas y propietarios—que así es como hizo su fortuna, y no escribiendo literatura, que eso no da para mucho ni aunque escribas Hamlet.

Ackroyd’s Shakespeare

On Chesil Beach

On Chesil Beach

Miércoles 5 de agosto de 2008

Es la última novela de Ian McEwan, otra historia de malentendidos trágicos y amores arruinados, como Atonement, pero esta vez sencilla y directa, sin juegos metaficcionales. Es la historia de una pareja joven, un aspirante a historiador y una violinista, que por un malentendido se separan en su noche de bodas, en 1962. Una pelea tonta, si bien unida a una reacción visceral de ella, de rechazo al sexo. Lo más "experimental" que hay en la novela es el silencio sobre una cuestión que motiva ese rechazo de ella—abusos sexuales que había sufrido por parte de su padre, se trasluce, y que están tan borrados de su memoria como de la novela. Pero eso es sólo un factor más que se añade al malentendido, y quizá no determinante. Hay otras cuestiones (todas muy bien retratadas) de diferencia de clase—ella viene de un medio social más acomodado y culto, ha aportado más dinero a la pareja, y eso crea obstáculos que no se ven hasta el momento de la crisis, cuando surgen y hacen más difícil la reconciliación. Y el orgullo, y la impaciencia, y la falta de capacidad para poner palabras a lo que se siente, y la inmadurez... En suma, una historia sobre una pelea que sería irrelevante en sí (y quizá pronto superada, a pesar de los traumas subyacentes). Eso si no hubiera acabado siendo trágico el suceso, al echar a perder una vida futura juntos que quedó en nada, lo que iba a ser ese matrimonio del cual sin embargo no se librarán en el resto de su vida. Así termina la historia (p. 166):

Even in his sixties, a large, stout man with receding white hair and a pink, healthy face, he kept up the long hikes. His daily walk still took in the avenue of limes, and in good weather he would take a circular route to look at the wildflowers on the common at Maidensgrove or the butterflies in the nature reserve in Bix Bottom, returning through the beech woods to Pishill church, where, he thought, he too would one day be buried. Occasionally, he would come to a forking of the paths deep in a beech wood and idly think that this was where she must have paused to consult her map that morning in August, and he would imagine her vividly, only a few feet and forty years away, intent on finding him. Or he would pause by a view over the Stonor valley and wonder whether this was where she stopped to eat her orange. At last he could admit to himself that he had never met anyone he loved as much, that he had never found anyone, man or woman, who matched her seriousness. Perhaps if he had stayed with her, he would have been more focused and ambitious about his own life, he might have written those history books. It was not his kind of thing at all, but he knew that the Ennismore Quartet was eminent, and was still a revered feature of the classical music scene. He would never attend the concertos, or buy, or even look at, the boxed sets of Beethoven or Schubert. He did not want to see her photograph and discover what the years had wrought, or hear about the details of her life. He preferred to preserve her as she was in his memories, with the dandelion in her buttonhole and the piece of velvet in her hair, the canvas bag across her shoulder, and the beautiful strong-boned face with its wide and artless smile.
    When he thought of her, it rather amazed him, that he had let that girl with her violin go. Now, of course, he saw that her self-effacing proposal was quite irrelevant. All she had needed was the certainty of his love, and his reassurance that there was no hurry when a lifetime lay ahead of them. Love and patience—if only he had had them both at once—would surely have seen them both through. And then what unborn children might have had their chances, what young girl with an Alice band might have become his loved familiar? This is how the entire course of a life can be changed—by doing nothing. On Chesil Beach he could have called out to Florence, he could have gone after her. He did not know, or would not have cared to know, that as she ran away from him, certain in her distress that she was about to lose him, she had never loved him more, or more hopelessly, and that the sound of his voice would have been a deliverance, and she would have turned back. Instead, he stood in cold and righteous silence in the summer’s dusk, watching her hurry along the shore, the sound of her difficult progress lost to the breaking of small waves, until she was a blurred, receding point against the immense straight road of shingle gleaming in the pallid light.


 

Ian McEwan, Saturday

 

3 de junio de 1905

A photo on Flickr

Es uno de los cuentos sobre mundos imaginarios de Sueños de Einstein, de Alan Lightman (—traduzco):

Imagina un mundo en el que la gente vive sólo un día. O bien el ritmo cardíaco y respiratorio se acelera, de manera que toda una vida se comprime en el espacio de una vuelta de la Tierra sobre su eje—o la rotación de la Tierra se reduce a una marcha tan baja que una revolución completa ocupa toda una vida humana. Cualquiera de las dos interpretaciones es válida. En un caso o en otro, un hombre o mujer ve un amanecer, una puesta de sol.

En este mundo, nadie vive para ser testigo del cambio de las estaciones. Una persona nacida en diciembre en cualquier país europeo nunca ve el jacinto, la azucena, el aster, el ciclamen, el edelweiss, nunca ve las hojas del arce volverse rojas y oro, nunca oye los grillos ni el canto de los pájaros. Una persona nacida en diciembre vive su vida fría. Del mismo modo, una persona nacida en julio nunca siente un copo de nieve en su mejilla, nunca ve el cristal sobre un lago helado, nunca oye el crujido de las botas en la nieve reciente. Una persona nacida en julio vive su vida cálida. La variedad de las estaciones se aprende en los libros.

En este mundo, una vida se planifica por la luz. Una persona nacida a la puesta de sol pasa la primera mitad de su vida de noche, aprende oficios de interior como tejedor y relojero, lee mucho, se vuelve intelectual, come demasiado, se asusta de la inmensa oscuridad exterior, cultiva sombras. Una persona nacida al amanecer aprende ocupaciones de aire libre como granjero o albañil, se mantiene en forma, evita los libros y los projectos mentales, es soleada y segura de sí, no teme nada.

Tanto los bebés del anochecer como los del amanecer se desconciertan con el cambio de luz. Al llegar el alba, los que han nacido al anochecer se ven sobrecogidos por la visión súbita de árboles y océanos y montañas, se ciegan con la luz del día, vuleven a sus casas y cubren sus ventanas, pasan el resto de sus vidas en la penumbra. Al llegar el crepúsculo, los nacidos al alba se lamentan amargamente por la desaparición de los pájaros del cielo, de los matices y capas de azul en el mar, del movimiento hipnótico de las nubes. Se lamentan y se niegan a aprender los oficios oscuros de puertas adentro, se tumban en el suelo y miran arriba y se esfuerzan por ver lo que antes veían.

En este mundo en el que una vida humana dura un solo día, la gente atiende al paso del tiempo como los gatos aguzando el oído para oír ruidos del ático. Porque no hay tiempo que perder. El nacimiento, la escolarización, los enamoramientos, el matrimonio, la profesión, la vejez, deben caber todos en un solo tránsito del sol, una modulación de la luz. Cuando la gente se cruza por la calle, hacen un gesto con el sombrero y siguen adelante, aprisa. Cuando la gente se encuentra en las casas, educadamente se preguntan uno a otros por la salud y pasan ya cada cual a sus asuntos. Cuando la gente se reúne en los cafés, nerviosamente estudian los cambios en las sombras y no se sientan mucho rato. El tiempo es demasiado precioso. Una vida es un momento de una estación. Una vida es una nevada. Una vida es un día de otoño. Una vida es el borde rápido y delicado de la sombra de una puerta que se cierra. Una vida es un breve movimiento de brazos y piernas.

Cuando llega la vejez, ya sea en la luz o en la oscuridad, una persona descubre que no conoce a nadie. No ha habido tiempo. Los padres han fallecido a mediodía o a medianoche. Los hermanos y las hermanas se han ido a vivir a ciudades lejanas, para coger las oportunidades al vuelo. Los amigos han cambiado con el ángulo cambiante del sol. Las casas, las ciudades, los trabajos, los amantes, todos se han planeado para poder acomodar una vida enmarcada en un único día. Un anciano no conoce a nadie. Habla con la gente, pero no los conoce. Su vida se desperdiga por fragmentos de conversación, olvidados por fragmentos de personas. Su vida se divide en episodios apresurados, de los cuales pocos han sido testigos. Se sienta a su mesa al lado de la cama, escucha el ruido de la bañera, y se pregunta si existe algo fuera de su mente. ¿Existió realmente aquel abrazo de su madre? ¿Existió esa rivalidad bienhumorada con su amigo del colegio? ¿Existió realmente esa primera punzada de enamoramiento? ¿Existió la persona que amaba? ¿Dónde están ahora? Dónde están, ahora que está sentado, a la mesa de al lado de la cama, escuchando el ruido de la bañera al vaciarse, percibiendo vagamente la luz cambiar.


—No sólo es el cuento estremecedor, sino que creo que todos vivimos en ese mundo, o en uno muy parecido. A veces tardamos en enterarnos.

El pánico narrativo

Potocki: Formalización del trayecto vital

Potocki: Formalización del trayecto vital

Este post va sobre una especie de narratología formalista versión 1800—época que se supone erróneamente una época oscura de la narratología, ese período oscuro que se extiende entre Aristóteles y los formalistas rusos... Para narrar esa historia de la narratología hay que olvidar muchas narratologías por enmedio, claro, como las de las novellas, las del drama neoclásico, o los comentarios metaficcionales de las novelas de la edad moderna, como el Manuscrito encontrado en Zaragoza. La ventaja de este caso en concreto es que además de ofrecer una narratología formal nos ofrece también su refutación o parodia, siempre oportuna.

Un personaje fascinante, el polígrafo polaco Jan Potocki, autor de este Manuscrito. O de estos "manuscritos", pues la historia editorial de esta obra y sus variantes es casi tan enrevesada como el mapa de las narraciones interrumpidas y reanudadas, entrecruzadas e insertadas a distintos niveles, de que consta la novela. Novela, colección de cuentos, sátira menipea, o lo que sea. Entre sus muchos ingredientes, están los comentarios metaficcionales sobre su propia estructura, tal que éste, en boca del geómetra Velázquez:

Hallándose el gitano en este punto de su relato, vinieron a buscarle por asuntos de sus gentes. Cuando se marchó, Velázquez tomó la palabra y dijo:
—Por más que presto atención a los relatos de nuestro jefe, no consigo comprenderlos. Ya no sé quién habla ni quién escucha. Ahora es el marqués de Val Florida el que cuenta su historia a su hija, que la cuenta al gitano, que nos la cuenta a nosotros. En verdad, todo resulta muy confuso. Siempre he pensado que las novelas y demás obras de este tipo deberían estar escritas en distintas columnas, como los tratados de cronología. (491)


(También sobre cronología escribió Potocki....). Además de muchas historias, son también muchas por tanto las perspectivas sobre las historias contadas. Éstas son siempre historias de vástagos de nobles familias que corren peripecias, sufren seducciones, tentaciones diabólicas, se disfrazan y hacen pasar por otros, se pelean en duelos por su honor. Historias en las que la precipitación, la imprudencia y el azar tienen efectos imprevisibles, favorables o desfavorables al protagonista, pero siempre evaluados y sopesados por éste. Y en medio de estas aventuras, o tras su fin, siempre siempre escuchan todos los relatos de alguien entretanto, relatos tan rocambolescos como los suyos propios, e igualmente obsesionados con la posición social, el honor aristocrático codeándose con la mala vida, con la autoridad problemática de los patriarcas, y con las inflexiones accidentales de la vida que frustran los cálculos matrimoniales y patrimoniales de las grandes familias. A veces aparecen inopinadamente especulaciones antropológicas o filológicas en boca de los personajes. Algunas de las más interesantes tienen que ver con los orígenes míticos del cristianismo, en una línea de pensamiento ilustrado que lleva directamente a estudios de mitología comparada como los de Schelling o con The Golden Bough de Frazer. Así nos dice el Judío Errante (en un razonamiento calificado de impío por el narrador principal) que los ritos cristianos tienen analogías con otros ritos mistéricos orientales:

En los misterios de Mitra se presenta al iniciado pan y vino, y a esa comida se le da el nombre de eucaristía: el pecador, reconciliado con Dios, empieza una nueva vida, más inocente que la que hasta entonces ha llevado. (...) Los misterios (...) tienen además una ceremonia común a todos: un dios muere, lo entierran y le lloran durante varios días: luego el dios resucita y todos se alegran. Algunos dicen que este emblema representa al sol, pero por regla general se entiende referido a semillas confiadas a la tierra. (590, 591)


A esto oponen los ortodoxos una refutación retroactiva sospechosamente ad hoc, atribuida a San Justino Mártir: "quien añade incluso que ahí podemos reconocer la maldad de los demonios, que imitaron por adelantado lo que los cristianos harían con el tiempo" (590). También en estas mitologías comparadas hay un elemento de abstracción y narratología, como lo hay en Frazer.

Otra perspectiva curiosa sobre las historias es la que ofrece el geómetra Velázquez. Como no podía ser menos, es Velázquez el más atento a las relaciones formales y metaficcionales del relato, y hasta propone una notación matemática para representar la inserción recursiva de relatos en relatos que es la característica sobresaliente del Manuscrito encontrado en Zaragoza:

—Tal vez el señor duque desea hacer algún cálculo interesante, y mi relato pueda distraerle.
—Nada de eso —respondió Velázquez—, al contrario, es vuestra historia la que me preocupa. Tal vez el señor Íñigo Suérez haya encontrado en América alguien que le haya contado la historia de alguien, que también habrá tenido una historia que contar. Para no perderme, he imaginado una escala de relación, muy parecida a la que se utiliza en las series recurrentes, llamadas así porque en ellas se recurre a los primeros términos. Seguid, por favor. (555)


Pero las ambiciones de Velázquez van más allá, y quiere matematizar también las acciones de los personajes. Los personajes son movidos por sus pasiones y deseos, que se manifiestan en los relatos contándolos desde dentro en boca del protagonista, pero Velázquez ofrece una perspectiva aséptica sobre la cuestión, reduciendo las acciones y motivaciones humanas a fórmulas matematizadas y a esquemas de fuerzas abstractas. Esto se hace de una manera ambigua: cierto es que Velázquez es objeto de la sátira del autor, con su mente que todo lo reduce a números y proporciones; pero sin embargo su pensamiento es demasiado elaborado, original e irónico como para reducirlo a la sátira sin más—ni siquiera cuando pretende hacer un cálculo matemático de la felicidad humana:

– Me parece –dijo Rebeca– que conocéis perfectamente los resortes del corazón humano, y que la geometría es el camino más seguro para llegar a la felicidad.
– Señora –contestó Velázquez–, en mi opinión esa búsqueda de la felicidad puede compararse con la resolución de una ecuación de grado superior. Conocéis el último término que, como bien sabéis, es el producto de todas las raíces. Pero antes de agotar los divisores, llegáis a muchísimas raíces imaginarias. Mientras, el día pasa y habéis tenido el placer de calcular. Lo mismo sucede con la vida humana. También llegáis en ella a cantidades imaginarias que habéis tomado por valores reales. Pero, mientras, habéis vivido y además habéis obrado; por lo tanto, la acción es la ley universal de la naturaleza. Creéis que esta roca reposa porque la tierra sobre la que descansa le opone una reacción superior a su presión; pero si pusiéseis el pie bajo la roca percibiríais su acción. (Potocki 363)


Está claro que a Potocki le intrigaban tanto como a Velázquez las posibilidades entrevistas de una descripción matemática del comportamiento—el desarrollo de una ciencia ilustrada en la que los fenómenos humanos complejos podrían reducirse en última instancia a los principios elementales que rigen el movimiento de los cuerpos físicos e inanimados. Las pasiones son para él fuerzas motrices representables mediante curvas y ecuaciones. Algo deben sin duda estas especulaciones al Hombre Máquina de La Mettrie. Es la versión dieciochesca (y decimonónica) de la consiliencia o de la reducción, ignorando claro está por la vía rápida el problema de los fenómenos emergentes en los diferentes niveles de complejidad. En Taine o en Zola en el diecinueve también encontramos (pasando por el positivismo) este sueño de dar cuenta de los fenómenos humanos con una explicación tan rígida como la de las ciencias duras.

Veamos a Velázquez en acción de nuevo. Está aquí escuchando, con el protagonista y otros, la historia de los amores del marqués de Torres Rovellas, que concluye así y da lugar a la especulación que sigue:

Finalmente la edad ha helado mis sentidos, pero mi corazón no ha cesado de ser sensible, y siento por mi hija una ternura más viva de lo que fueron mis pasiones. Verla feliz y morir en sus brazos es el voto que cada día hago. No tengo derecho a quejarme: mi querida niña me recompensa con su amor sincero. Su futuro no me inspira temor, las circunstancias le son favorables. Creo haber asegurado su porvenir hasta el punto en que puede asegurarse algo en la tierra. En paz, pero no sin penas, dejo este mundo en el que, como cualquier hombre, he conocido muchas adversidades, pero también mucha felicidad.
Habéis querido saber mi historia: ahí la tenéis. Mas temo que haya aburrido a nuestro geómetra, que acaba de sacar sus tablillas y las ha llenado de cifras.

—Debéis perdonarme —respondió el geómetra—, vuestra historia me ha interesado vivamente. Al seguiros en el camino de la vida y al ver que una pasión motriz os elevaba a medida que avanzabais, os sostenía en medio de vuestra carrera y os apoyaba incluso en el declive de la vida, me ha parecido ver la ordenada de una curva cerrada que avanza sobre el eje de las abscisas, crece según determinada ley, permanece casi estacionaria hacia la mitad del eje y luego decrece en proporción de su crecimiento.
—La verdad —dijo el marqués— pensaba que podría sacarse alguna moraleja de la historia de mi vida, pero no una ecuación.
—No es de vuestra vida de lo que aquí se trata —prosiguió Velázquez— sino de la vida humana en general. La energía física y moral crecen con la edad, se detienen luego y declinan; es lo mismo que ocurre con otras fuerzas y está sometida a leyes análogas, es decir, a cierta proporción entre el número de años y la cantidad de energía medida por la elevación moral. Me explicaré mejor. He considerado el curso de vuestra vida como el eje central de una elipse dividida en noventa partes iguales y he tomado la mitad del eje menor de forma que la ordenada de 45 sólo supere la de 40 y la de 50 en dos décimas. Observad que las ordenadas que representan los grados de energía no son valores de la misma naturaleza que las partes del eje mayor que son años, pero no obstante son funciones suyas. Así pues, debido a la naturaleza de la elipse tendremos una curva que primero se elevará rápidamente, permanecerá luego casi estacionaria y declinará tanto como se haya elevado.
"El instante de vuestro nacimiento es el origen de las ordenadas en que las y y las x son igual a cero. Nacéis, y al cabo de un año vuestra ordenada es de 31/10. Las ordenadas siguientes no os ofrecerán ya una diferencia de 31/10; porque la distancia de cero a un ser que balbucea los elementos de la razón es mayor que cualquier otra.
"El ser humano de dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete años tiene por ordenada de su energía los valores de 47/10, luego 57/10, 65/10, 73/10, 79/10, y 85/10, que tienen unas diferencias de 16, 10, 8, 8, 6 y 6 décimas.
"La ordenada de catorce años es 115/10, y la suma de las diferencias desde los siete no es más que de 30/10. A los catorce años empieza la juventud; todavía es muy fuerte a los veintiuno, y la suma de las diferencias para esos siete años sólo es de 19/10. De ahí a los veintiocho años es de 14/10. Observad que mi curva representa la vida de estos hombres cuyas pasiones son moderadas y cuya fuerza mayor se presenta pasados lo cuarenta años, hacia los cuarenta y cinco. En vuestro caso, con el amor como pasión motriz, vuestra ordenada mayor debía llegar diez años antes por lo menos, es decir hacia los treinta y cinco años, y debíais elevaros más deprisa. En efecto, que vuestra ordenada mayor se presente a los treinta y cinco años, responde a un gran diámetro de sextante. A partir de ese momento, la ordenada de catorce años, que en el hombre moderado era de 115/10, en vuestro caso es de 127/10; la ordenada de los veintiún años, en lugar de 134/10, en vuestro caso es de 144/10. Pero, mientras que a los cuarenta años el hombre moderado puede seguir aumentando su energía en una décima, en vos disminuye.
"Os ruego que me prestéis un poco de atención. A los catorce años, amáis a una joven; cumplidos los veinte, os convertís en el mejor de los maridos. Cumplidos los veintiocho, cometéis contra vuestra mujer una infidelidad notoria, pero la mujer que amáis tiene un alma elevada que exalta la vuestra: a los trienta y cinco, desempeñáis en sociedad un papel glorioso. No tardáis en volver a la afición por las aventuras, que ya teníais a los veintiocho años, cuya ordenada es igual a la de cuarenta y dos. Luego volvéis a ser buen marido como lo erais a los veintiún años. Finalmente, vais a casa de uno de vuestros vasallos y amáis a una muchacha jovencísima igual que amasteis a otra a los catorce años, cuya ordenada responde a la de cincuenta y seis. Espero, señor marqués, que el eje mayor de vuestra exigencia no se limite a setenta, que llegue incluso a cien. Pero en tal caso, vuestra elipsis irá trocándose poco a poco en una curva diferente que con toda probabilidad se parecerá a la catenaria. (716-719)


Etc. etc. Lo que me interesa de las teorías de Velázquez es la manera en que se ofrecen como una metodología para representar y comparar trayectos vitales. Por supuesto esto es ficción y sátira, y de ahí los elementos absurdos de las matemáticas que se exponen aquí—sobre todo la presuposición que parece tener Velázquez de que las vidas siguen la forma de curvas simétricas, y por tanto calculables a priori en principio, dados los primeros valores. Claro que (aunque Velázquez no llegue a formularlo así), la supuesta geometría vital habría de ser una ciencia predictiva—algo que se da de tortas con los avatares impredecibles de las vidas efectivamente vividas. Sin embargo, en el caso expuesto, en el que se "formaliza" una vida ya prácticamente vivida, la de Torres Rovellas, la matematización es mayormente retrospectiva, y queda un elemento de incertidumbre futura (si la curva de su vida será una catenaria o una elipsis), algo que está en realidad sin decidir hasta que sea vivida efectivamente, y no puede calcularse matemáticamente. Es de suponer que Velázquez se avendría a que otras vidas de trayectoria más errática fuesen representadas por curvas asimétricas—siempre trazadas retrospectivamente, una vez se dispone de los datos. Pero los datos del universo son numerosos, según reconoce Velázquez, aunque no desiste de llegar un día a ofrecer una teoría matemática total del universo (¡hoy siguen en ello Hawking, Penrose, et al!). Y a su vez esta explicación constituye una nueva historia:

"Tal es la historia de mi vida, a la que sólo falta la de mi sistema, es decir mis aplicaciones del cálculo al orden general de este universo; mas espero poder dároslo a conocer un día, y sobre todo a esta hermosa dama que parece sentir un gusto superior al de su sexo por la geometría". (433)


No vemos por desgracia en ninguna versión del Manuscrito esa teoría total del universo. Velázquez es premiado al final con una parte del tesoro, como el narrador y otros compañeros suyos, y su hijo casará con la hija del narrador. Este, se nos informa en el apresurado final de la novela, terminó siendo gobernador de Zaragoza, y encerró su manuscrito en una caja de hierro de donde al parecer siguen saliendo papeles.

Quizá la misma cantidad de historias integradas en la estructura del Manuscrito llevó a Potocki a reflexionar sobre los posibles avatares narrativos, y a trazar este intento de narratología matemática como método interpretativo y comparativo. Nos recuerda otras fórmulas utilizadas por narratólogos, no tanto las de Propp (Morfología del cuento) o Todorov (Gramática del Decamerón) cuanto las de Gergen y Gergen*, que proponen también curvas y gráficos con abscisas y ordenadas para representar las dimensiones temporales y evaluativas de la narración. Todo aparato formal para el análisis narrativo o discursivo conlleva, por supuesto, una abstracción, un sistema para representar con más precisión aquellas dimensiones a las que se atiende, con el precio de dejar fuera las demás. Pero hay que tener cuenta que una narración ya es de por sí una maquinaria evaluativa formalizada—una manera de deshomogeneizar el tiempo y estructurarlo de acuerdo con un orden de prioridades perceptuales (—acontecimientos clave, puntos de inflexión, crisis, conclusiones....). La narración analiza y sintetiza la vida; no es sorprendente que se preste ella misma a análisis y a síntesis. En la narración incluimos, y priorizamos, unas cosas sí y otras no. Lo hacemos al escribir ficción, y lo hacemos también al narrar las vidas, que una vez transcurridas vienen a ser historias analizables. Y analizables en cuanto a los análisis (y síntesis) que hacen de la vida. Sobre esta cuestión de la narratividad del transcurrir vital nos explayábamos más aquí: "Out of character: Narratología del sujeto y su trayectoria vital."**

No deja de ser útil esta noción potockiana de formalizar y matematizar trayectos vitales, al menos para fines descriptivos, si no predictivos. Una teoría de las probabilidades también sería un complemento útil para esta matemática. La estadística ha supuesto muchos progresos en este sentido. No cabe duda de que hay grandes fuerzas que impelen las vidas y les imprimen trayectorias calculables a grandes rasgos. La narratología de la vida también necesita simplificaciones, y vistas panorámicas, y matematizaciones, aunque las matemáticas dejen de ser una ciencia exacta en el momento en que intenten aplicarse a una vida individual específica y sus complejidades irreducibles.

En cuanto a Potocki, no hay desde luego una ecuación fácil para describir el trayecto de su vida. (Empezando porque hay misterios en su familia, como los del converso al judaísmo Valentín Potocki o Abraham ben Abraham). También hay relatos conflictivos sobre el final del autor, aunque de su suicidio no hay dudas. Estaba aquejado por la enfermedad y la depresión. Al parecer pulió con paciencia un trozo de plata para hacer una bala adaptada a su pistola; la hizo bendecir por su capellán (no sabemos si la pieza de plata o la bala), y luego se la disparó en la cabeza. Si todo suicidio es misterioso, éste no se queda atrás, por mucho que se aclarasen los hechos aclarables. Sería estudiable la procedencia y trayectoria de la bala, sin duda. Y Velázquez nos ofrecería distintas curvas sobre la energía vital, la esperanza y el sufrimiento, que se cruzaron en determinado punto en 1815. Pero hay motivaciones representadas por una x que yo, al menos, no sé despejar.

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* K. J. Gergen y M. M. Gergen. "Narrative Form and the Construction of Psychological Science." En Narrative Psychology: The Storied Nature of Human Conduct. Ed. T. R. Sarbin. Nueva York: Praeger, 1986. 22-44.*
** Ver también, en el mismo libro de Sarbin, los artículos de Scheibe y Crites: Stephen Crites, "Storytime: Recollecting the Past and Projecting the Future"; Karl E. Scheibe, "Self-Narratives and Adventure"; en Narrative Psychology: The Storied Nature of Human Conduct, ed. T. R. Sarbin. Nueva York: Praeger, 1986. 129-51; 152-73.

Mañana habrá sido escrito