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Vanity Fea

Literatura y crítica

Centenario del centenario

Hace cien años también hubo centenario de Cervantes... Hasta mí sólo ha llegado este poema, que ya leí de pequeño en el libro de literatura de la escuela (Senda, se llamaba, y estaba muy bien hecho). No sé qué escribiría Rubén Darío hoy, si viese a los escolares haciendo molinos de viento como deberes de manualidades, periodistas haciendo reportajes desde el auténtico castillo de los Duques, tours de visitas guiadas a la Cueva de Montesinos, y políticos leyendo por turnos un capítulo del Quijote, incluso vestidos con armadura si hace falta (hoy todos somos falsos paladines, y tampoco faltan los falsos Quijotes).

Rubén Darío,

LETANIA DE NUESTRO SEÑOR DON QUIJOTE

Rey de los hidalgos, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón.
Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias,
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad . . .
¡Caballero errante de los caballeros,
varón de varones, príncipe de fieros,
par entre los pares, maestro, salud!
¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes,
entre los aplausos o entre los desdenes,
y entre las coronas y los parabienes
y las tonterías de la multitud!
¡Tú, para quien pocas fueran las victorias
antiguas y para quien clásicas glorias
serían apenas de ley y razón,
soportas elogios, memorias, discursos,
resistes certámenes, tarjetas, concursos,
y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!
Escucha, divino Rolando del sueño,
a un enamorado de tu Clavileño,
y cuyo Pegaso relincha hacia tí;
escucha los versos de estas letanías,
hechas con las cosas de todos los días
y con otras que en lo misterioso vi.
¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,
con el alma a tientas, con la fe perdida,
llenos de congojas y faltos de sol,
por advenedizas almas de manga ancha,
que ridiculizan el ser de la Mancha,
el ser generoso y el ser español!
¡Ruega por nosotros, que necesitamos
las mágicas rosas, los sublimes ramos
de laurel! Pro nobis ora, gran señor.
(Tiembla la floresta de laurel del mundo,
y antes que tu hermano vago, Segismundo,
el pálido Hamlet te ofrece una flor.)
Ruega generoso, piadoso, orgulloso,
ruega casto, puro, celeste, animoso;
por nos intercede, suplica por nos,
pues casi ya estamos sin savia, sin brote,
sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,
sin pies y sin alas, sin Sancho y sin Dios.
De tantas tristezas, de dolores tantos,
de los superhombres de Nietzsche, de cantos
áfonos, recetas que firma un doctor,
de las epidemias de horribles blasfemias
de las Academias,
líbranos, señor.
De rudos malsines,
falsos paladines,
y espíritus finos y blandos y ruines,
del hampa que sacia
su canallocracia
con burlar la gloria, la vida, el honor,
del puñal con gracia,
¡líbranos, señor!
Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos,
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias,
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad . . .
Ora por nosotros, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
¡que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón!

 

(1905)

Corrigiendo Milton

Cuando una frase en un comentario de texto encargado a los alumnos es demasiado familiar, ya no viene del manual como antes, sino de Internet. El 90% de las veces sin referencia, claro. Yo también voy a plagiar un poco, hala. De tanto leer comentarios sobre un soneto de Milton, me dan ganas de añadirle cuatro letras para escribir esta variante:

Methought I saw my late espousèd saints
Brought to me like Alcestis from the grave,
Whom Jove’s great son to her glad husband gave,
Rescued from death by force though pale and faint.
Mine, as whom washed from spot of childbed taint,
Purification in the old law did save,
And such, as with one more I trust to have
Full sight of them in heaven without restraint,
Came vested all in white, pure as their mind,
Their faces veiled, yet to my fancied sight
Love, sweetness, goodness, in their person shined
So clear, as in no face with more delight.
But O, as to embrace me they inclined,
I waked, they fled, and day brought back my might.

Los números secretos del Vaticano

Estos días en que está tan de moda la Plaza de San Pedro, en que es el mejor lugar del mundo para encuentros casuales e inesperados, quizá se pueda alguien encontrar en Roma con mi colega Antonio Armisén, que iba a dar un curso allí (aunque igual ha quedado suspendido por superpoblación). He leído estos días unos artículos suyos en los que hace unas interesantes y eruditas indagaciones sobre claves numerológicas, que también dan lugar a curiosas coincidencias que no se sabe si son casuales o guiadas por una mano oculta (o varias). ¿Cuántas estatuas rodean la Plaza de San Pedro? 153. Es el número de peces capturados en la pesca milagrosa del Evangelio de Juan (XXI, 1-25). ¿Casualidad?

Armisén pasa revista al uso del número 153 en la numerología eclesiástica, y en particular la jesuítica, a la que Bernini y sus colaboradores no parecen ajenos. Jesucristo (se recordará el símbolo del pez) traía consigo, al menos en la versión derivada de la Vulgata, un pez más, con lo cual fueron 153+1 los peces reunidos en la orilla. Y el número 153 o el 154 aparecen inopinadamente en diversas circunstancias y contextos literarios y artísticos. Por ejemplo: si catorce versos dicen que es soneto, catorce endecasílabos nos dan 154 sílabas. La misma forma del soneto parece ser así una clave numerológica, o prestarse a ella a posteriori.

Claro, que estamos hablando de sonetos italianos o españoles, sonetos de endecasílabos (los franceses suelen ser de alejandrinos, y los ingleses de pentámetros yámbicos de diez sílabas, cuyo ritmo es equivalente al del endecasílabo en esa lengua). En 1609 aparece Shakespeare’s Sonnets, sonetos no italianos, sino isabelinos, con una estructura de rima y metro diferente. Pero ¿cuántos son? Pues son 154. Un soneto por sílaba italiana, o por pez. O más bien diríamos que son 153+1, pues están divididos en dos secciones separadas por un poema irregular, que no tiene catorce versos sino doce (¿11 apóstoles + 1, especulo?). En cualquier caso, los sonetos no son de tema religioso, en absoluto. La clave numerológica sería en Shakespeare en todo caso una clave de pertenencia a un club de entendidos.

La biografía de Shakespeare que acaba de publicar Stephen Greenblatt, Will in the World: How Shakespeare Became Shakespeare (Nueva York: Norton, 2004) contribuye a dar más credibilidad a las relaciones de Shakespeare con círculos jesuíticos en Inglaterra. Greenblatt especula sobre si Shakespeare llegó a conocer a Edmund Campion, el misionero jesuita (santo desde 1970) que fue ejecutado en 1581; y recuerda el parentesco de Shakespeare con la familia Arden, perseguidos por supuestos nexos con un complot católico, o el legendario enfrentamiento del autor con el perseguidor de católicos Sir Thomas Lucy. Pero para Greenblatt Shakespeare se distanció tanto del dogma católico como del compromiso activo con su causa en Inglaterra, aunque siguieron reapareciendo en su vida conexiones o compromisos con la vieja fe. Por ejemplo, la cuestión de las almas del purgatorio que subyace al fantasma de Hamlet; o las exequias insuficientes, sin ritual, por el hijo del autor, Hamnet Shakespeare, que quedó así "mal enterrado" y cuyo recuerdo volvería a Shakespeare asociado con remordimiento en una obra como El cuento de invierno... Cuántos son los secretos que jamás serán desentrañados, y cuántas las pistas medio borradas que se pueden seguir un trecho, todavía discernibles, hasta que se borran del todo.

Las indagaciones de Antonio Armisén sobre el 153+1, en Shakespeare, San Agustín, Bernini, Gracián, Boscán, Petrarca y otros pueden leerse en sus artículos "Composición numérica e imitación. El 153 de la pesca milagrosa, la exégesis de Agustín y su huella en Petrarca y Boscán," Cuadernos de Filología Italiana 11 (2004): 75-98; "Sobre el 153 y la Piazza di San Pietro di Roma. Bernini y la numerología jesuítica. El caso Gracián," Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar 94 (agosto 2004): 65-101, y en otro artículo de próxima aparición, "Composición numérica en Petrarca, Boscán y Shakespeare. Nota sobre el caso de Sir Thomas Wyatt y Garcilaso de la Vega."

Más sobre intrigas secretas del Vaticano, y sobre el Papa, y hasta sobre números secretos, en Aventura en la Tierra. Es una visión del pontificado de Juan Pablo II que puede servir para contrarrestar los excesos hagiográficos de la mayoría de los medios.

Ex-Libris

Acabo de terminarme Ex-Libris, una novela de Ross King (de 1998), que ha pasado sin pena ni gloria por las listas de best-sellers y a mi lista de ex libris. Pertenece al género "literary thriller", o sea, novela conspiracional-histórica-libresca-detectivesca, línea El nombre de la rosa, o El código Da Vinci; cuenta la historia de un librero cojo que tiene su tienda en el puente de Londres en la época de la Restauración, y que se ve mezclado en la persecución de un mítico libro, The Labyrinth of the World, que contiene algún secreto hermético, o científico, o el mapa de un tesoro, o algo; todo a instancias de una dama llamada Alethea, que al final lo estaba empleando como distracción para los numerosos perseguidores mientras ella descifraba por su cuenta... El autor no se corta, y van a parar allí desde los textos herméticos, sus descubridores y refutadores, hasta la búsqueda del método para hallar la longitud; desde los Rosacruces hasta la búsqueda de El Dorado; desde las investigaciones de Galileo hasta la destrucción de la Biblioteca Palatina, y desde la guerra de los Treinta Años hasta la guerra civil inglesa, pasando por la decapitación de Sir Walter Raleigh; todos están pillados en la tremebunda conspiración que acaba de modo grotesco a la Poe, con el derrumbe de la casa de Alethea por corrientes subterráneas, que arrastran a sus perseguidores. Alethea, triste alegoría de la búsqueda de la verdad en medio de las manipulaciones del poder (aletheia, got it?), también muere en el desplome, dejando al pobre librero, Mr Inchbold, suspirando por ella (no hay consumación sexual), contarnos la historia de sus pesquisas y "reconstruir" en flashback la historia de los padres de ella, contada en capítulos alternos, mientras traían el célebre manuscrito a escondidas a Inglaterra. La ambientación es interesante, y algunos de los puzzles y anécdotas intelectuales también, pero aparte de lo absurdamente sobrecargado del argumento, el autor no es un artista narrando. Mucho oficio sí se ve, pero eso, que se ve; al conjunto le falta vida vivida y vívida, y le sobran fórmulas, intrigantes, calculadores a largo plazo, contrabandistas y perseguidores incansables...

De las reseñas citadas en la sección de "Praise for Ex-libris" se colige más bien que muchas no son en absoluto laudatorias, y yo les añadiría alguna restricción, por ejemplo (italics mine), "Only bookworms who yearn for thrills beyond the shelves will eat this up". Supongo que entro en esa categoría. (Otras opiniones: reseña muy positiva de Ann Bruns en Bookreporter; y de Francis J. Mcinerney en Amazon, que lo compara, acertadamente, a Charles Palliser; Timothy Haugh, también en Amazon, señala con acierto que el final es bastante anticlimático. Los reseñistas menos valorados que les siguen en Amazon están en general acertados en sus críticas negativas, y también en recomendar el libro a quienes disfruten con cosas librescas. Experimento realizado con esta reseña: la he enviado a Amazon.com en español, visto que sus guidelines sobre reviews no dicen nada sobre idioma. A ver qué pasa).

Ex-webis: hemos modificado un poco una web inmencionable aquí.

Y aparte: Ataque considerable de insomnio. Me dedico a leer sobre lo que lee un insomne en una noche de investigación frenética, en la novela Tu rostro mañana, de Javier Marías. Dice el protagonista que preferimos no saber quién nos traicionará, no tener esa lucidez, pero que podríamos saberlo si quisiéramos. Es una idea bonita, o bonitamente terrorífica, pero me parece que forma parte de las ilusiones producidas por el hindsight bias, o, cómo diríamos, las distorsiones perspectivísticas fruto de la retrospección, o: la lucidez retroactiva.

La profecía

Trabajando con manuscritos amarilleados presento en primicia este fragmento (es lo único que tengo) de un texto vagamente relacionado con viejas leyendas germánicas como "Beowulf" o la saga de los Nibelungos. Es lástima que se vaya a quedar así la cosa, porque de confirmarse esta lectura alternativa plantearía problemas comparativos interesantes, cotejándolo con las versiones transmitidas por otras fuentes. El pesimismo que parece traslucirse aquí, desde luego, estaría más a tono con poemas anglosajones como "The Wanderer", "The Seafarer" o "The Ruin", to name but a few. En fin, ahí queda, para ejercicio de mentes curiosas y amantes de tales sagas y tall tales.

 

Pergamino

 

 

—oOo—

El hombre descentrado

En la última clase de comentario de textos literarios ("literáreos", me escribe una alumna), vemos un curioso texto del Ensayo sobre el Hombre y la Mujer, de Pope. Es sobre el antropocentrismo, otra variante de la fea vánity. Vamos allá con una traducción libre... me salto los pentámetros yámbicos y los pareados heroicos.

Si preguntas con qué finalidad brillan los astros, o para quién está hecha la Tierra – el Orgullo contesta, "Para mí. Para mí la amable naturaleza despierta su virtud animadora, cría cada hierba y expande cada flor. Anualmente, para mí, la uva y la rosa renuevan su jugo de néctar y su rocío perfumado; para mí, la mina trae mil tesoros, para mí brota la salud por mil manantiales; los mares con su oleaje me mecen, los soles despuntan para alumbrarme; la Tierra es mi taburete; los cielos mi dosel."

 
Pero, ¿no se desvía la Natureza de este gentil propósito cuando los terremotos se tragan, o cuando las tempestades barren, ciudades a una tumba común, naciones enteras a los abismos?

 
"No," replican, "la primera Causa Todopoderosa no actúa en base a leyes parciales, sino generales; las excepciones o son pocas o ninguna; algunos cambios desde que todo empezó – y ¿qué ha sido creado perfecto?"

 
– ¿Y porqué el hombre habría de ser una excepción? Si la gran finalidad es la felicidad humana, entonces la naturaleza se desvía; ¿y puede el hombre ser menos? Esa finalidad requeriría un orden fijo tanto en las lluvias y el sol como en los deseos humanos; requeriría lo mismo eternas primaveras y cielos sin nubes, como hombres siempre moderados, en calma y sabios. Si las plagas o los terremotos no son excepciones al orden establecido por el cielo, ¿porqué habrían de serlo un Borgia, o un Catilina? ¿Quién sabe si acaso, el que da forma al rayo con su mano, alza el océano, y da alas a la tormenta, acaso vierte también una fiera ambición en la mente de un César, o da suelta al joven Alejandro para que sea el azote de la humanidad? Del orgullo, de orgullo brota nuestro razonamiento mismo. Explica pues los asuntos morales como los naturales: ¿por qué culpamos al Cielo de éstos, y le declaramos inocente de aquéllos? En ambos, razonar bien es someterse. Quizá parecería mejor para nosotros que allí todo fuese armonía, y aquí todo virtud; que nunca el aire ni el océano notasen viento, que nunca una pasión descompusiera la mente... pero TODO subsiste mediante una lucha elemental: y las pasiones son los elementos de la vida. El ORDEN general, desde que todo comenzó, lo sigue la naturaleza, y lo sigue el hombre.

 
(...)

 
El cielo a todas las criaturas les oculta el libro del Destino, todas menos la página prescrita, el estado presente: a las bestias oculta lo que los hombres saben, a los hombres lo que los espíritus. Si no, ¿quién podría soportar la existencia aquí abajo? El cordero que por tu fiesta ha de sangrar hoy, si tuviese tu conocimiento, ¿saltaría y jugaría? Contento hasta el fin, va comiendo flores y lame la mano que se acaba de alzar para derramar su sangre. ¡Oh ceguera ante el futuro! Un don generoso, para que todos podamos completar el círculo que nos ha marcado el Cielo –que ve con ojo ecuánime, como Dios de todos, perecer a un héroe, o caer un gorrión; átomos, o sistemas solares, lanzados a la ruina; ve cómo revienta una burbuja, o un mundo. Ten, por tanto, esperanzas humildes; alza el vuelo con alas temblorosas: espera al gran docente, la Muerte, y adora a Dios. Si existe la dicha futura, no te concede él saberlo; pero te da la esperanza de ella para que seas feliz –ahora. La esperanza brota eterna en el corazón humano; el hombre nunca conoce la dicha –que siempre está por venir en un futuro. El alma, inquieta y presa separada de su hogar, descansa y se explaya en una vida venidera.

 
Mira al pobre indio, cuya mente ignorante ve a Dios en las nubes, o lo oye en el viento. A su alma la orgullosa Ciencia nunca le ha enseñado a alejarse hasta la órbita solar, o la Vía Láctea; sin embargo, la mera Naturaleza le ha proporcionado la esperanza, detrás de la nube que corona la colina, de un cielo más modesto, algún mundo más seguro abrigado en lo hondo del bosque, alguna isla más dichosa perdida en las aguas, donde los esclavos vuelven a ver una vez más su tierra nativa, y no los atormentan demonios, ni hay allí cristianos sedientos de oro. Simplemente el existir le contenta sus deseos naturales: no pide alas de ángel, ni ardientes serafines; sino que piensa que, admitido en ese cielo igualitario, su perro fiel le hará compañía.

 

A photo on Flickr


Expandiendo el Ego

Me despido de la semana docente hoy con mi clase de crítica literaria; el lunes Oscar Wilde, hoy veíamos a Edgar Allan Poe y C. S. Lewis. Pudimos ver a Anthony Hopkins como Lewis en Shadowland, una película sobre su vida, y pronto veremos una nueva película basada en sus relatos fantásticos de las Crónicas de Narnia. Y la trilogía Out of the Silent Planet, Perelandra: A Voyage to Venus y That Hideous Strength merecería la atención de Peter Jackson, ya que se ha ocupado del amigo de Lewis, Tolkien. Pero hoy veíamos al C. S. crítico. Traduzco aquí una cita suya sobre la buena lectura, que él entiende como una inmersión plena en lo otro, en un universo mental alternativo. Al leer literatura, dice C. S. Lewis,


"buscamos una expansión de nuestro ser. Queremos ser más que nosotros mismos. Cada uno de nosotros, por naturaleza, vemos el mundo desde nuestro punto de vista, con una perspectiva y una selección propia de cada cual. E incluso cuando construimos fantasías desinteresadas, están saturadas con (y limitadas por) nuestra propia psicología.... Pero queremos escapar de las ilusiones de la perspectiva.... queremos ver con otros ojos, imaginar con otras imaginaciones, sentir con otros corazones, además de con los propios.
"La buena lectura, por tanto, aunque no es en su esencia una actividad ni afectiva, ni moral, ni intelectual, tiene algo en común con las tres. En el amor, escapamos de nuestro yo adentrándonos en el otro mutuamente. En el plano moral, cada acto de justicia o de caridad conlleva el ponernos en el lugar de la otra persona, trascendiendo así la particularidad competitiva que nos es propia. Y, al llegar a entender algo, rechazamos los hechos tal como eran para nosotros en favor de los hechos tal como son. El impulso primario de cada uno es mantenerse y agrandarse. El impulso secundario es salir del propio ser, corregir su provincianismo y curar su soledad. En el amor, en la virtud, en la búsqueda del conocimiento, y en la recepción del arte, es esto l o que hacemos. Obviamente, este proceso puede describirse ya sea como una ampliación o como una anulación temporal del yo. Pero eso es una vieja paradoja: ’el que pierde su vida la ganará’" (de An Experiment in Criticism).



(Serán capaces el escrilector de esta bitácora, y su otro escrilector, de perderse así en mundos ajenos? Hay otros mundos, pero están en este... que esconde más cosas de las que sueñan la razón–oh ratio– y todos sus monstruos juntos, cuando todos duermen. Abandónate a tí mismo, y cuando llegas a un paraje nunca visitado, ves que ya es extrañamente familiar, si te fijas bien. Déjà vu... but known for the first time perhaps. We shall not cease from wondering)."

Celebro

He conseguido poner un contador en mi blob de Blogia. Ah, la ansiedad del autor por espiar a sus lectores (¿o es a su obra?): aún se ve agudizada por el espionaje parcial que supone el entreverlos oscuramente, a través de una estadística de visitas. Patético, patético, como ethical path.


A moral beckons:

"En resolución, él se enfrascó tanto en su propia lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho bloguear se le secó el celebro..."


Hablando de celebraciones, quede el párrafo anterior como un breve homenaje al año Cervantes, así ya he cumplido. Bueno, no; que ahora estamos leyendo de cuando en cuando el Quijote con Álvaro; esto va para largo. Lo que sí que no voy a hacer es meterme en berenjenales, como los miles de concursos y congresos anunciados para la ocasión (por ejemplo, en mi propia Facultad, si alguien quiere participar en un concurso de ensayo sobre el Quijote). También me decían de dar una conferencia sobre Don Quijote y la literatura inglesa... pero esa es para preparársela. Así, a bote pronto que se dice ahora, me botan estas ideas del celebro: The Knight of the Burning Pestle, de Francis Beaumont; Hudibras de Butler,The Comical History of Don Quixote de Thomas D’Urfey; Fielding, claro, y su Joseph Andrews escrito "a la manera de Cervantes"; Sterne y su Tristram, también con nombre de caballero; The Female Quixote de Charlotte Lennox, The Spiritual Quixote de Richard Graves, el Sir Lancelot Greaves de Smollett; el Pickwick de Dickens;Don Quixote de Kathy Acker... y bla bla, que lo escriba Rita Hayworth, que yo estoy muy ocupado bloggueando right now.

Recomiendo un post sobre las ya olvidadas elecciones europeas, con valoración de su resultado, en Aventura en la Tierra. Yo no lo hubiera dicho mejor, desde luego.