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Retropost (2006): Gusanos al horno

Gusanos al horno

Publicado en Sin tema. com. José Ángel García Landa

El aterrizaje en Zaragoza no ha sido todo lo pimpante que hubiera podido. Bien es cierto que este año por lo menos no nos habían cambiado la llave del portal y no estábamos encerrados fuera con el equipaje a las dos de la madrugada, como nos pasó el año pasado. Pero... a cambio, en nuestra ausencia ha petado el frigorífico. Así que hoy expedición a comprar uno nuevo (a la manera occidental, hemos juzgado que es más razonable eso que intentar conseguir un técnico eficaz y puntual y que no se nos riese del modelo...). Así que el viejo, para armario ropero. Ahora que peor ha sido la sorpresa con la que nos hemos encontrado (un mes después de haberla dejado dentro) en el horno... in-en-a-rrable—a rabble of maggots (the seething kind). Como que hemos optado por la vía del genocidio, empezando por poner el horno en marcha y acabar con la masa viviente que allí había, por la vía del asado socarrado.... El horno no lo hemos tirado luego, pero el fregote que ha seguido ha sido de penitencia. ¿Será este desagradable episodio una alegoría del retorno a la vida cotidiana?

La patata transgénica

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Retropost (2006): Y viajando


Y viajando

Publicado en Sin tema. com. José Ángel García Landa

(1 de septiembre)

 

de Galicia a Zaragoza, pasando otra vez por Madrid. (Et in Alcalá ego). ¿Tiene lógica? Pues ya ni lo sé... Hacemos alto para comer como auténticos salvajes, y para bañarnos en una piscina en Arévalo. Y llegamos a las dos y pico de la madrugada, sin incidentes.

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Retropost (2006): Plegueishion


Plegueishion

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa

(31 de agosto de 2006)

Ayer hicimos la última excursión, a ver una iglesia que se remonta al siglo sexto, San Pedro, y a andar por el Soto da Retorta. Es éste un paraje muy bonito aquí al lado de Viveiro; llegamos pasando al lado de los restos de un macrobotellón para adultos que se montan aquí a finales de agosto (lo llaman romería, pero ya, ya...). El soto es un sitio muy a la sombra, con un camino entre el río y una acequia; es una mezcla entre Arratiecho de Biescas y la selva de Tarzán, pues está lleno de eucaliptos enormes, de hasta treinta o cuarenta o cincuenta metros de alto; en Biescas bien poco habrían durado, aún me acuerdo cómo los mejores árboles del parque de la Conchada los talaron cuando yo era crío, por demasiado grandes, sin duda, o para sacarse unos duros.... y hace poco aún le pegaron otro repaso. Y de los pocos que había dentro del pueblo, han caído sistemáticamente; hay una frase que dicen allí: "huuy.... es que hacen más mal estos árboles... ". En fin, que me cabreo cada vez que lo pienso. Aquí cortan también muchos bosques, en Galicia—la mitad de la madera del país más o menos— y queman aún más... pero de momento el Soto aguanta, y está precioso; y alrededor de Viveiro se ven muchos bosques. Ójala duren. Son mayormente de eucaliptos, especie que aquí se desprecia un tanto (también "hace mal", y no es tan autóctona o nacionalista como los castaños o los robles)... pero más vale un eucalipto, sobre todo si es imponente, que nada. Los chavales se lo pasaron muy bien viendo sapitos enanos; en la realidad o en la tele, cuanto más se reduzca un bicho a cabeza, ojos, boca y patitas, más bonito les parece. ("¡Es adorable! Pero no lo adoraremos"). Y hoy ha salido un día de sol rabioso; nos hemos ido a nadar unos kilómetros a la playa de Area (aquí todo son "areas": arealonga, areatal, areacual....); pero no me despido de volver por la tarde a la playa de Covas para el último baño playero de este verano. Y creo que me voy a comprar de despedida un cuadro muy bonito que he visto en una tienda, una especie de versión expresionista de las Vistas de Londres del siglo XVII. También hemos hecho un repaso por las librerías para llevarnos libros de recuerdo: cayeron una Introducción a la Psicología de George Miller y un libro de Stanislavski, el de cómo interpretar un personaje. Álvaro se va feliz con las que le compré ayer, El Clan del Oso Cavernario y Sinuhé el Egipcio; ahora que lo que ha pillado con ganas, contra pronóstico, es la Historia Natural de Plinio el Viejo que me compré yo. Pero lo que más les ha encantado es uno que me he puesto a leerles en voz alta por las noches: la historia más antigua del mundo, el poema de Gilgamesh. Se lo han pasado genial con su amigo Enkidu, y las batallas de ambos con Huwawa el Guardián del Bosque, y con el Toro del Cielo. Viveiro nos ha gustado un montón, y el tiempo y la temperatura del agua han ido mejorando con el paso del mes. Hasta hay tentaciones de quedarnos unos días más... pero no puede ser. Tampoco creo que vayamos a Biescas como habíamos pensado, pues los abuelos se han ido al Mediterráneo. Será Zaragoza, pues, y piscinas... mientras duren.
(PS- Pues nos acaban de decir que se acaban las piscinas, pero ya, el 3 de septiembre. Qué vergüenza. Habría que darle a este Ayuntamiento de Zaragoza un calendario, para que se enteren hasta cuándo dura el verano. O un calendario escolar. Claro que los críos, y los mayores, se la traen al fresco. Menudo socialismo los cojones... Cubren el expediente para que no se note demasiado, y a correr...)

Otas, Swift, Phobos, Deimos, Titán, Brown 
 


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Retropost (2006): A Ribadeo


(Domingo 27 de agosto de 2006)

A Ribadeo

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa

Oscar es un niño agradecido: se lee sus libros, juega con sus bolos, da sus besitos, recita la lista de regalos a quienes lo llaman por teléfono para felicitarlo. Luego nos vamos de excursión a Ribadeo, y le ponemos las velitas en un trozo de tarta Contessa en un restaurante de carretera, de camino a Ribadeo. Bajamos a la Playa de las Catedrales, y nos lo pasamos en grande saltando olas, sobre todo la sección femenina, que no había quien la sacase del mar. Luego, habiendo comido como boas, se nos hacen cuesta arriba las cuestas abajo de Ribadeo. Los mejores caserones antiguos están en ruinas, sobre todo los del barrio que baja a la ría, los clásicos... sigue en pie, arriba, el del marqués de Sargadelos, el que fusilaron por afrancesado hace doscientos años. ("Seguro que fueron los del barrio de abajo los que lo denunciarion—que les pudría la envidia que ya no tenían el dinero, pero tenían la sociedad agarrada y bien agarrada"). Luego hacemos una excursión al faro (o "to the lighthouse", los hombres no tienen muy bien papel, mentes cuadradas y obsesivas frente a la poética mentalidad femenina en las excursiones a los faros).  Y de vuelta, vuelta a saltar olas, al ponerse el sol, en la playa de Reinantes, bien grande, y que la teníamos para nosotros solos; esta vez se animan hasta los pequeños a enfrentarse a los tsunamis y las brutas de animal. Las olas daban bofetadas imponentes, y Oscar, a pesar de sus flamantes seis años, acaba revolcado por los suelos y escarmentado como un pollo escaldao. Se bate en retirada, y nos mira prudente desde la orilla. Y yo, para redondear el día, piso una faneca. Otra faneca, vamos. Pero cuando se pasa el dolor de la picadura se nota un calorcillo agradable en el pie. Y rematamos el día en una pizzería con pizzero italiano y todo, donde nos cuentan toda la historia de la familia de la pizzera, y sus emigraciones y sus adopciones y la novia rusa del chico, una lagarta sin duda según la suegra... Álvaro se está leyendo Sapiens de Eudald Carbonell et al., y nos informa sobre la dieta de parántropos que gastaban los de Atapuerca. (Ivo: - "¿Qué es un Boisei?" - "Pues hombre, esos que imitabas tú tan bien... Siempre me acordaré de Pibo haciendo su imitación del Australopithecus Boisei"). Oscar redondea el día con un volantito volador que le sale en el helado; y se va a la cama satisfecho de haber cumplido años como es debido ("Con todo el dinero que tengo, me podría comprar una burra"). Por la noche, los sueños soñados incluyen un atentado de la extrema derecha contra Letizia, una casa-barco inestable y semiflotante, y una vuelta a matricularme en la Universidad, en Hispánicas, donde me aprobaban un examen por evaluación continua; menuda sensación de back in school again... y es que ya quedan pocas vacaciones.

El Tajo de Ronda 
 

Etiquetas: Diario, Nenes




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Retropost (2006) - Un exiliado: On a Distant Shore

viernes, 26 de agosto de 2016

Retropost #1117 (26 de agosto de 2006): Un exiliado: On a Distant Shore

(Sábado 26 de agosto de 2006)

 Me he ido nadando hasta enfrente de la casa de John Dutton, en Covas. No es que tenga mucho mérito, porque es el pueblo de al lado de Viveiro, pero para lo que yo nado (nada) ya me he dado buena jupa. Quería comprobar una cosa: la alineación de unos escollos entre sí y con la casa. Covas se llama así por la costa rocosa, que además de cuevas tiene unas rocas muy vistosas delante de la playa llamadas Os Castelos, que se adentran casi en fila india en el mar. Bueno, pues justo detrás está el pazo do Grallal, la casa de John Dutton. Toma el nombre de las rocas, seguramente ("grallal" viene a ser como "pedregal").

Dutton era un gentilhombre inglés del siglo XVI, que a resultas de sus visitas a España terminó exiliado en Viveiro. Había formado parte del cortejo de ingleses que viajó a España para acompañar a Felipe II (entonces príncipe) a casarse con María Tudor. Ya se sabe lo mal que resultó aquel matrimonio; no tuvieron descendientes, pues los únicos embarazos de la reina eran falsos embarazos histéricos. Y sus iras las descargaba con persecuciones contra los protestantes, no sé si para hacer méritos con su marido o por vocación propia, el caso es que acabó dando nombre a un refresco, el Bloody Mary de rojo color. Al morir ella cambiaron las tornas, y pronto fueron los católicos quienes eran objeto de persecuciones bajo su hermana Isabel. Dutton al parecer se había significado lo bastante como cortesano católico e hispanófilo  como para tener que poner tierra, y agua, por medio, y la puso. Se exilió a España y se construyó un pequeño pazo aquí al lado de Viveiro. Creo que al menos algunos de los Dotones, Outones o D'Outones que por aquí merodean son descendientes suyos, con el apellido galleguizado.

La casa pertenece ahora, creo, a dos señoras mayores, y no está muy bien conservada. Tiene su propia capillita y un buen trozo de tierra cercado alrededor, con una puerta frente a la casa, al lado de la capilla, que da de frente a la playa de Covas. Lo que me llamaba la atención es la alineación de las rocas, que desde luego señalan en dirección a Inglaterra. Dutton se quedó en la parte de España más cercana a Inglaterra, el extremo norte, y la más parecida también por su clima y aspecto. Bueno, podría haberse hecho la casa en la punta de Estaca de Bares, pero le alabo más el gusto en Covas. Se construyó la casa al fondo de la ría, de manera que los promontorios que la cierran enmarcan directamente la salida que lleva en línea recta a Inglaterra. Las rocas no están perfectamente alineadas, son más bien como una fila de pisadas que se adentran en el mar. Desde frente a la casa de Dutton se ven de tal manera que las dos más altas se enmarcan entre los promontorios de la ría y rodean a la más baja. Tal que así, siendo las emes los montes de la orilla de la ría, y las Aes los arrecifes altos y pequeños, casi con esa forma además:


MMmm A a A  mmMM


 Como un punto de mira, señalando directamente al mar abierto; el próximo pueblo en esa dirección es un pueblo inglés. En la cima de la casa hay esculpida una cara que mira al mar. El hijo de Dutton, James Dutton, sí navegó una vez más hacia Inglaterra: en el buque Santiago, formando parte de la Gran Armada. Pero el viento sopló fuerte en contra del regreso.






Colom... rara avis


Os Castelos

Retropost (2006): Los Guardianes del Sueño

Los Guardianes del Sueño

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa

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Esta tarde nos vamos a pasear por un sitio de las afueras de Viveiro donde súbitamente acaba la expansión urbana, cortada de repente por la vía del tren (es un tren de vía estrecha con unos puentes de piedra preciosos que cruzan las rías). El tren va elevado, como sobre un muro; pasamos al otro lado del muro por un túnel, y quedan atrás los coches, y tiendas, y chalés; es el fondo de la ría, remontando el río Landro, separado del resto por uno de esos puentes que digo, con arcos góticos, de hace cien años. Hay un paseo a lo largo, hecho hace poco, pero aparte todo sigue como hace muchísimos años, o siglos; con marismas que se inundan cuando sube la marea, casas de labranza sueltas por aquí y por allá, arroyos claros, y un valle verde que es "como Brigadoon, un lugar imaginario, o un sitio fuera del tiempo", me dice mi acompañanta. Es un valle rodeado de montañas bajas casi aisladas unas de otras, hace un efecto un poco chino, sobre todo con bruma. Está todo de un verde rabioso, húmedo, y tranquilo, bueno, más bien de todos los tonos de verde combinados; y tranquilo: no se oye nada; no hay ni lanchas ni motos de agua ni nada ni nadie en la ría. Una yegua y su potrillo, gaviotas, alguna garza. Una poza increíble para bañarse, con árbol gigante y liana para saltar al agua... Parece demasiado perfecto, tan cerca de la villa, como una simulación de algo imposible colocada aposta, una ilusión hiperreal. Qué casualidad, nos cruzamos a los pocos kilómetros con la señora que nos alquiló la casa. (La señora Oca, se llama). Hay un convento medieval allí cerca, al lado del arroyo, con una historia de aparición de la Virgen. Se les apareció la imagen y se la llevaron a Viveiro, pero les desapareció del altar y volvió a aparecer aquí: tenía las ideas claras, esa Virgen. Así que le hicieron el convento alrededor. Se respira una tranquilidad casi--"eerie", me dice mi compañera, "un sitio especial, sobre todo siendo que hay que entrar por esa puerta que lo separa como del resto del mundo--y con esas figuras tan inquietantes a la entrada". Es que algún artista moderno ha decorado, por encargo municipal, el túnel por donde se pasa al valle, con unas esculturas metálicas, unas siluetas humanas altas y estilizadas, de casi tres metros de altas, plateadas, con las manos cruzadas a la espalda y la vista al frente, sin rasgos; otras siluetas parecidas a éstas, o sus sombras, están grabadas en las paredes del túnel. A Álvaro también le han impresionado las figuras éstas, y les va buscando un nombre adecuado:


- "Yo creo que podrían llamarse... los Vivientes. Así, con uve mayúscula. O Los Que Esperan--Los Que Pueden Aguardar. Tiene que ser todo con mayúsculas. O... hum... ’los Contempladores’. O ’los Impasibles’. O... ’los Vigilantes del Valle’, o ’los Informadores’. O quizá ’los Anotadores’... no, los Anotadores no. Mejor ’Los Que Son’, o ’los Durmientes’, o ’los Habitantes’, o ’los Existentes’...


Visita a las mazmorras
Etiquetas: Diario, Nenes, Paisaje



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Retropost (2006): Poca sociabilidad

Poca sociabilidad

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa

Me resultan un poco cargantes los veranos por su poca sociabilidad, o la poca mía, supongo. Suelo ir con la familia a un sitio distinto cada año, donde no conozco a nadie, y me vuelvo también normalmente sin haber hablado con nadie en todo el mes (menos con las cajeras de las tiendas: "Son 50 euros"- "Tenga"-"Adiós"). Desde luego muy dicharachero no soy, pero es que tampoco encuentro que el verano tal como lo vivo yo al menos se preste mucho para conocer gente: de lúdico-festivo y mogollónico, nada de nada. Las tómbolas y verbenas de la plaza del pueblo no me van. Todos tus conocidos están dispersos por aquí y por allá (normalmente ni me contestan al correo); y en la playa no hay ninguna razón, ni ganas, de hablar con el de la toalla de al lado. Sobre todo si, como sucede aquí, en Galicia, la toalla de al lado está a treinta metros. Nada, que igual debería apuntarme a clases de aerobic playero por socializar un poco. A la familia la veo más que todo el resto del año... en proporción únicamente: 100%. A ver: que no es que me resulte cargante la familia... lo que me resulta cargante es mi patrón establecido de sociabilidad cero. Álvaro me dice: "Los nenes se han hecho amigos de Jairo. Pero yo prefiero no hacerme amigos. Sobre todo si son amigos divertidos y que me lo paso bien con ellos, porque luego me voy y no los vuelvo a ver en la vida, eso ya lo sé segurísimo". Yo parecido, pero como si ya me hubiese ido. Mis amistades vienen de mis estudios o de mi trabajo. Si no estudio, y no trabajo, no tendría amistades, parece claro. Ahora entiendo el éxito de los clubes de alpinismo, alfarería, o punto de cruz. Si aún tendré que apuntarme a uno. O a un sitio web con más movimiento que éste.

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Retropost (2006): Románico y rompientes



Románico y rompientes

Publicado en Curiosidades. com. José Ángel García Landa

Normalmente vamos a las playas de Viveiro, donde no se ve mucha gente, la mayoría señoras y ancianos (se pregunta uno dónde está la juventud y niñez de este país--en este mar, no). Pero también exploramos las playas de pueblos vecinos y las calas que calamos. A una de esas, la playa de Portonovo (que de puerto nada, pues estaba totalmente aislada de la civilización) hemos bajado por una pista de tierra que ha puesto a prueba el coche a la subida, lo hemos tratado como si fuese un cuatro por cuatro dieciséis, y para subir nos hemos apeado los cuatro pasajeros mientras la brava conductora subía en primera a toda leche con las ruedas patinando y el coche lanzando grava y haciendo eses por la rampa arriba. No había chalets ni chiringuitos en varios kilómetros a la vista. Había algunas personas en la playa, bañistas y pescadores; alguno no sé si lograría sacar el coche de allí... Pero ninguna persona le prestaba atención a lo que hemos visto--y que no se veía a primera vista, la verdad. Es de esas cosas que sólo te fijas cuando te las dicen, y por casualidad nos hemos dado cuenta. En las guías desde luego no viene anunciada. Es una especie de capilla primitiva que hay en las rocas ya casi a la altura donde rompen las olas. La playa es pequeña, limitada por dos promontorios rocosos y otra roca saliente en medio dividiéndola en dos, y ella misma dividida por una hendidura. Pues en el promontorio de la derecha, que se adentra en el mar y donde se pone la gente a pescar, hay una cueva que sí se ve perfectamente, una cueva pequeñita, justo para que quepa una persona dentro, pero bien definida: es una cueva, no un hueco en la roca. Está a unos tres metros por encima de donde rompían las olas; con marea alta, seguro que en ocasiones llega el mar hasta ella. Justo al lado de la cueva, a la derecha, hay tres figuras esculpidas en la roca; bajorrelieves, y tan bajos que están prácticamente al nivel del mar. Apenas se distinguen las figuras, como digo, en parte porque las rocas tienen formas muy variadas, y en parte porque están casi borradas; están más o menos tan definidas de rasgos como la Venus de Willendorf, aunque tienen el tamaño de personas (les faltan las piernas). Se encuentran en una especie de hornacinas talladas en la roca, que es allí más blanda y fácil de esculpir por una veta diferente que recorre el promontorio. El aspecto general recuerda el de las tallas románicas tardías, con proporciones casi góticas pero como digo totalmente difusas y borradas. La primera figura parece un hombre, la segunda una mujer (quizá tenga un niño en brazos, no se llega a apreciar) y la tercera un niño; ésta tiene además una aureola muy clara tallada alrededor de la cabeza. Las tres miran al frente. Entre la primera y la segunda, las hornacinas están separadas por un asomo de columna tallada en la roca también, y en la columna hay como una calavera, aunque los agujeros de boca y ojos se mezclan con otros agujeros que salpican la roca. ¿Será obra inacabada de un jipi aficionado al románico, hace cuarenta años? ¿Será un viejo santuario de cuando había aquí un puerto realmente, si jamás lo hubo (que no creo)? ¿Habrá habido alguna aparición milagrosa en la cueva? ¿Será un sitio sagrado desde tiempo inmemorial, reconvertido al cristianismo? Quizá lleven allí siglo tras siglo, cada vez más borrosas y olvidadas, muerta hace cientos de años la última vieja que puso allí un cirio. Puedes imaginar lo que quieras, mirándoles la cara erosionada a las figuras y oyendo romper las olas en esta costa sin gente.

La Gloriosa y los ríos sagrados
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