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Recuerdos

Cerca del río, cerca del río

sábado, 5 de enero de 2013

Cerca del río, cerca del río

Cerca del río, cerca del río by JoseAngelGarciaLanda

Intoxicación a Linotipia

martes, 24 de julio de 2012

Intoxicación a Linotipia

A a Andamán. Andarai a Ayuthia. Ayutla a Buceo. Bucer a Cerusita. Cervantes a Crosopterigios. Cross a Eco. Ecolalia a Españoleto. Espárrago a Francio. Francis a Gutagamba. Gutapercha a Intolerancia. Intoxicación a Linotipia. Lins a Metepec.... Ya me fallan en la memoria los demás volúmenes de la enciclopedia Durvan, la que compró papá en los años 60. Tenía la presentación escrita por Menéndez Pidal, me acuerdo. La tengo guardada.

Maestros del Pirineo

miércoles, 6 de junio de 2012

Maestros del Pirineo

Mis noticias de las Escuelas de Biescas no son anteriores a 1892. En esa fecha llegaron a Biescas un maestro y una maestra muy jóvenes llamados Amadeo García y Maximina Jordán...

Me han regalado (¡gracias!) por mi cincuenta y tantos cumpleaños, el "libro-museo" "As Crabetas"- sobre la infancia tradicional del Pirineo, de Enrique Satué y Roberto L'Hotellerie, un volumen que da gusto verlo, de los que pesan, y donde se habla de cuestiones de noviazgos y familias, nacimientos, bautizos, madres, vestido, pedagogía popular, enfermedades y curas, la escuela, fiestas, juegos y rituales, el inicio laboral... en fin, el paso por la infancia hace cincuenta, cien o ciento cincuenta años, incluidas las forganchas, losetas, chiflos, juegos en pandilla y demás.

En el capítulo de escuelas y maestros he encontrado esta foto:
amadeo garcia
Estos niños serían los abuelicos que yo veía en el pueblo de crío. El maestro también sale en otra ilustración, ésta de 1906, donde se le nombra: era Amadeo García, tío abuelo mío. La escuela femenina la llevaba su esposa doña Maximina. (La separación por sexos aún duraba en parte cuando yo empecé a ir a la escuela). Aún me acuerdo el respeto con que hablaba mi abuela, Eusebia Pomar, de Don Amadeo y Doña Maximina, los maestros de Biescas cuando ella llegó al pueblo de niña, y que la animarían a hacerse maestra ella también. Es una historia que cuenta mi padre en La Maestra.

Mi abuela se casaría con el hermano de Amadeo, Ángel García Benedito, que fue padre de mi padre, y maestro de Escuer. De él también se habla en este libro, y no mal por cierto—incluyendo su triste fin en la guerra a manos de algunos canallas de esos que salen de debajo de las piedras cuando hay guerra. No fue el único maestro asesinado en los alrededores:

"Fruto de aquel triste estado de cosas, sólo en los alrededores de Jaca y Sabiñánigo, fueron fusilados entre julio y agosto del 36 el maestro de Orna, Anselmo Jordán Otín; el de Javierrelatre, Antonio Santolaria Viñuales, el de Escuer, Ángel García Benedicto; los de Jaca, Alfonso Iguácel Berges, Luis Boved Ayora y Félix Godé Capistrós; así como la de Sabiñánigo, natural de aquella ciudad, doña Pilar Beltrán Pueyo, y el de Bailo aunque ejerciendo en Asturias, y estando de vacaciones con su esposa e hija, Mariano Acín Gracia. Todos ellos, personas inquietas, profesionales y con una profunda mirada social." (286).

Recuerdos horribles dejó la guerra. Pero también buen recuerdo dejó mi abuelo en muchas personas.

"Y, para finalizar, en una estela que podría ser inagotable, don Ángel García Benedicto, maestro de Escuer, desarrolló un hermoso currículo que, de haberlo hecho en el otro bando, le hubieran proporcionado los más altos laureles: organizó, junto al sacerdote, la bajada del pueblo desde los míseros bancales al fondo del valle y la orilla de la carretera, hacía préstamo sin usura, se le concedió una biblioteca del Patronato de Misiones Pedagógicas, organizó una cantina y ropero para la infancia necesitada, daba clases de adultos por la noche, creó una escuela moderna en el nuevo asentamiento del pueblo, y ornamentó sus calles con infinidad de nogales y acacias a través de la fiesta del árbol. Un hermoso legado guardado todavía en la cabeza y en el corazón por el alumnado que todavía pervive."

"Miguela Sampietro Escartín nació en 1929 en Escuer y pronto quedó huérfana. Para ella, don Ángel fue su auténtico padre. En el año 2002 me entregó este bello poema manuscrito dedicado a su maestro. Como homenaje a él lo transcribo."

A Don Ángel García, nuestro querido maestro

Al entrar muchos preguntan
¿quién ha organizado el pueblo?
y todos les contestamos
nuestro maestro tan bueno.

Escuer pueblo nuevo
con mucha alegría
nos ayudó a construirlo
Don Ángel García.

Bien puesto llevaba el nombre
muy bien le correspondía
que fue un Ángel para Escuer
y para el que lo conocía.

Él nos mandó hacer la escuela
y a cuidarla con esmero
y nos enseñó a plantar
los árboles que hay en el pueblo.

A las tardes nos mandaba
a regar con ilusión
y al volver siempre nos daba
una gratificación

unas veces caramelos
otras naranjas o manzanas
y todos muy obedientes
íbamos de buena gana.

Muchas veces comentaban
y llevaban la razón
que era uno de los mejores
de la región de Aragón.

A los más necesitados
también nos dio algún dinero
y nos daba de comer
en los tres meses de invierno.

Primero a los de Escuer Alto
después, de abajo también
y qué feliz se sentía.

Yo nunca quiero olvidar
aquel cocido tan bueno
lo preparaba muy bien
Francisca del Herrero.

Nos daban un panecillo
que nos hacía ilusión
nos lo comíamos todo
aunque era buena ración.

Al terminar el invierno
nos preparaba un banquete
que a todos nos parecía
que estaba de rechupete.

Solamente uno entre todos
el que comía poquico
que si lo quieren saber
es Gregorio de Perico.

Muchas veces a mi madre
él le habló de esta manera:
Como eres viuda y ocho hijos
uno gratis la carrera.

Yo unos días a la escuela,
otros cabrero o vaquera
de esa manera imposible
que yo sacar la carrera.

No conocí a mis abuelos
y casi nada a mi padre
por eso sí mucho aprendí
del maestro y de mi madre.

Aunque se fue para siempre
en Escuer siempre estará.
El nos plantó los árboles
y mucho han crecido ya.

Sabemos que es un buen ángel
y que estará ya en el cielo
y nos sigue vigilando
para que seamos buenos.

Gracias, Miguela, y gracias Enrique. Mi padre, Ángel García Pomar, también estaba conmovido por el aprecio y el recuerdo que de mi abuelo tenía Miguela después de tantos años. Él, por su parte, llegaría a ser otro maestro muy querido y apreciado por varias generaciones de vecinos de Biescas. Era de esas personas incansables en intentar mejorar el pueblo y ayudar a la gente, y enseñarles a ayudarse unos a otros. Dar ejemplo, y no sólo dar clase de matemáticas o de física, era su manera de entender el papel del maestro—y está claro que en eso siguió el ejemplo de su padre, a pesar de perderlo tan pronto.

Homenaje a papá de sus compañeros
 




Nos conocemos en el No-Do

30/4/12

Y retrospectivamente. Ahora resulta que no nos conocimos con la Dra. Penas en el año 1986, en el País Vasco, aunque nos vimos allí por primera vez. Al parecer ella ya me había visto antes, en el año 1973 debió ser—en el No-Do. Hemos estado reviendo hoy un No-Do que hicieron a principios de 1973, sobre la Operación Aguilucho— y hemos visto muchas caras conocidas de entonces: José Benito, Bachín, Manzanetas, Peluquero... y algunas veces aparece mi padre, pastoreando chavales, muy joven (tenía entonces cuarenta y dos años nada más). También sale bien identificable Alfonsete, dando brincos con los esquís, y y yo en alguna periferia, y en una imagen en la que se me ve bastante bien. Este No-Do lo vio la futura Dra. Penas en Logroño, o quizá en Ferrol del Caudillo, vaya usted a saber. Del 73 al 2012 van.... treinta y nueve años. El No-Do era en color, cosa que le ha llamado la atención a Oscar. Que los chavales de entonces estuviésemos también en color.


Foto 38


Homenaje a Don Ángel
 


El vagaroso universo de las narraciones


Meditación de la Joven Prudente en Los enamoramientos de Javier Marías:

Todo acaba atenuándose, a veces poco a poco y con mucho esfuerzo y poniendo de nuestra voluntad; a veces con inesperada rapidez y en contra de esa voluntad, mientras intentamos en vano que no palidezcan ni se nos difuminen los rostros, y que los hechos y las palabras no se hagan imprecisos y floten en nuestra memoria con el mismo valor escaso que los leídos en las novelas y los vistos y oídos en las películas: lo que ocurre en ellas da lo mismo y se olvida, una vez terminadas, aunque tengan la facultad de enseñarnos lo que no conocemos y lo que no se da, como había dicho Díaz-Varela al hablarme de El Coronel Chabert. Lo que alguien nos cuenta siempre se parece a ellas, porque no lo conocemos de primera mano ni tenemos la certeza de que se haya dado, por mucho que nos aseguren que la historia es verídica, no inventada por nadie sino que aconteció. En todo caso forma parte del vagaroso universo de las narraciones, con sus puntos ciegos y contradicciones y sombras y fallos, circundadas y envueltas todas en la penumbra o en la oscuridad, sin que importe lo exhaustivas y diáfanas que pretendan ser, pues nada de eso está a su alcance, la diafanidad ni la exhaustividad.
      Sí, todo se atenúa, pero tambien es cierto que nada desaparece ni se va nunca del todo, permanecen débiles ecos y huidizas reminiscencias que surgen en cualquier instante como fragmentos de lápidas en la sala de un museo que nadie visita, cadavéricos, como ruinas de tímpanos con incripciones quebradas, materia pasada, materia muda, casi indescifrables, sin apenas sentido, absurdos restos que se conservan sin ningún propósito, porque no podrán recomponerse nunca y ya son menos iluminación que tiniebla y mucho menos recuerdo que olvido. Y sin embargo ahí están, sin que nadie los destruya y los junte con sus trozos desperdigados o hace siglos perdidos: ahí están guardados como pequeños tesoros y superstición, como valiosos testigos de que alguien existió alguna vez y de que murió y tuvo nombre, aunque no lo veamos compleyo y su reconstrucción sea imposible, y a nadie le importe nada ese alguien que no es nadie. (361-62)






Secretos, anagnórisis, retrospección, realidad


Primeros años del tío Víctor

sábado 10 de diciembre de 2011

Primeros años del tío Víctor


En noviembre de 1981, mi padre, Ángel García, grabó una entrevista con mi tío abuelo Víctor Carrera Vera, en la que éste le cuenta su vida. La cinta se titula "Historia de Víctor Carrera Vera 1899-1981", aunque sólo cubre hasta aproximadamente el año 1916. Aquí transcribo lo que dicen:

_____

VC: ¿Otra vez?

AG: Aquí cerca, sí... hala.

VC: ... no, no, ya vale, ya me pondré yo más cerca, si hace falta, si hace que me ponga así...

AG: Empieza, empieza.



VC: Me llamo VICTOR CARRERA VERA. Nací en Villareal.

AG: ¿De qué provincia?

VC: Provincia de Huesca. Soy hijo... —verdad, vamos a poner— hijo de CONSTANCIO CARRERA NAVARRO, nacido en... en Embún. De la provincia de Huesca, también.

AG: ¿Qué año nació?

VC: Me acuerdo de que en Villarreal me tuvieron, estuvieron mis padres, hasta la edad que yo tenía cuatro años...

AG: ¿Y qué año nació usted?

VC: Bueno, ahora tengo noventa y dos.

AG: No, ochenta y dos.

VC: Ochenta y dos. Ahora tengo ochenta y dos. Eh... de Villareal, cuando tenía cuatro años, mis padres me llevaron, a mí y a mis hermanos, a un pueblo que llaman, dentro de la misma provincia, me paece que es de la misma provincia también, Asso Veral. No sé si no es de la provincia de Zaragoza ya. Asso Veral.

AG: Si... Usted nació en 1899.

VC: Noventa y nueve.

AG. 1899, bien...

VC: Y de Asso Veral, cuando tenía unos seis años, no cumplidos, me acuerdo aún todavía que mis padres se marcharon de ese pueblo para ir a Ruesta, en la provincia de Zaragoza.

AG: ¿Y qué hacía... a qué se dedicaban?

VC: Se dedicaban al campo, a labrar, a... quehaceres del campo, ganados, ecétera ecétera. Pues me acuerdo muy bien que cuando nos salimos de Asso Veral, pues cargaron los muebles que tenían, lo poco que tenían, lo cargaron en unos mulos, que iban con bastes, verdad, que en aquél entonces no había carros. Y cargaron los mulos y a mí me pusieron ¡dentro de un cuenco, je! Pasamos el río de Aragón, entre el molino de Esco y el molino de Ruesta, allí pasamos Aragón. Y llegamos a Ruesta. Y cuando tenía siete años, me acuerdo muy bien que mi madre, pues tuvo una enfermedad que estuvo tres años loca. Y mi padre, pues naturalmente como éramos, en aquél entonces éramos seis en casa, pues no tuvo más remedio que... colocar a mi madre en un manicomio, luego a nosotros, los que pudo, los que podíamos ya hacer algo, pues nos colocó; a mí, yo con siete años me puso en un pueblo que llaman Gordún.

AG: Gordún.. —¿y cuántos hermanos eran, pues?

VC: Seis.

AG: Seis. Seis hermanos, ¿tres, o cuatro...?

VC: Seis; éramos cuatro de padre, y dos de... es decir, seis de madre y cuatro de padre, seguidos. Bueno...

AG: Y eran...

VC: Éramos seis.

AG: Y todos... seis de... ¿y eran todos chicos, o todo chicas...?

VC: No. Éramos cuatro hermanos y dos hermanas, las dos hermanas las más... que son las que vienen detrás de todos, más jóvenes. Y claro, pues mi padre, al verse en esa situación, no tuvo más remedio que colocarnos, a los que ya podíamos hacer algo, y claro, a mí me colocó en un pueblo que llaman Gordún. En provincia de Zaragoza también, y me colocó en una casa de campo, campesinos, verdad, y allí tenían unas vacas. Y yo cuidaba, me hacían guardar esas vacas, y por la noche, pues cuando entraba de guardar las vacas, tenían un par de bueyes pa labrar, que eran padre e hijo, que eran los que hacían las faenas del campo. Y a mí por la noche cuando llegaba, pues me daban un poco de cenar y a darles de comer a esos dos bueyes que, que tenían que trabajar, y que venían de trabajar tó el día. Y me acuerdo siempre de que había unos fajos de avena, verdad, que estaba cortada, pero entera así, y que había que doblala y darles en la boca y que se la comían así. Por las tardes cuando llegaba ese era mi trabajo, y por las mañanas, antes de salir con las vacas, también era mi trabajo, el darles de comer a estos bueyes. Bueno, pues todo el día ya iba así. Pero... no estaba muy bien tratado, porque claro, eh... pasaba incluso hambre y ya, pues estuve allí seis meses, y a los seis meses, pues había otra casa en el mismo pueblo que... eran un poco más ricos, y que tenían más hacienda, y que...

AG: ¿Y cómo se llamaba la casa?

VC: No me acuerdo de la... el nombre de la casa, de la casa ésa, no me acuerdo cómo se llamaba.... Porque ese pueblo pertenecía a un conde que era, toda la comuna ésa de ese pueblecito es de un conde de por allí, ni sé tampoco eso, nunca he sabido el nombre de ese pueblo... del conde ése. Pero bueno, ya de esta casa entonces ya los dueños de la casa vecina pues me querían coger allí y me decían que a mí que me darían mejor de comer, que me tratarían mejor, ecétera ecétera...  Y sí, pues hice zafrán, porque entonces se llamaban los zafraneros los que cambiaban de posada, hice zafrán de esa casa y me cambié a la otra, jeje... Bueno, pues allí, desde luego sí, el primer mes bastante bien, mejor atendido, pero ya luego vino la misma ranguena [rengaine, canción], verdad, es decir, que... escuela ninguna, y nos hacían levantar por la mañana muy temprano, a las cinco la mañana que había una misa que hacían, porque había... no había escuelas en el pueblo, pero sí había una iglesia. Y había un cura. Y claro, hacía la misa para los que iban a trabajar a las cinco de la mañana. Y luego, pues cuando venías por la tarde, a las ocho, el rosario, ¿no? entrabas cuando.... era similar a esto....
 
AG: ¿Todos los días a las cinco?

VC: Ah, sí sí. Eso... era la moda entonces. [¿¿] también. Bueno, pues claro, allí, pues al cabo de un mes, ya... ya ví que iban aflojando la cuestión de dar la comida y al mismo tiempo los mismos tratos, entraba mojao, ya no... no me secaba ni nada, sino que me acostaba igual en la fajera. Mojado.

(Pausa)

AG: Siga...

VC: ¿Ya has enchufado, ya?

AG: Sí, sí...


VC: Ah, bueno. Pues nada, como ya me... eso, pues claro, yo iba aguantando, iba aguantando hasta que ya encontré otra posada. Porque claro, para... ir a casa, mi madre ya no estaba en casa. Mi padre, pues trabajaba, y claro, pues... y los demás hermanos, unos por un lado, otros por otro, y claro, yo... las dos hermanas estaban en casa, y yo pa qué iba a ir a casa, si nadie me iba a recibir, ¿no? Pues ya me tenía que buscar una posada antes de quitar [quitter] otra, y entonces pues ya me encontré otra posada, en el mismo pueblo aún, en otra casa que seguía también, porque había, había catorce casas en ese pueblo... [AG: Sí...] Y cada una iba... por orden, verdad, una, la... la primera que encomencé a trabajar, era la más pobre, de las que seguían allí. Y claro, pues allí, otra vez, pues cambié a los... me parece que llevé unos tres meses al fin, y al fin, pues ya también en esa casa me dijeron, "ah, pues ven con nosotros, con nuestra casa, que te trataremos mejor, porque... yo me quejaba que tenía hambre, y además pedía pan a los que trabajaban en esas casas. Y claro, me dijeron, ven, que ya te damos mejor de comer y mejor estar, pues sí, cambié, y hasta que eso, pues...

AG: ¿Y usted qué años tendría pues? ¿Siete?

VC: Bueno, yo entonces iba sobre los ocho años. [AG: Ocho...] Iba con los ocho años. Allí tuve seis que estuve, tres hacen nueve, iba aún todavía [encore] siempre sobre los... iba de siete a ocho. Y claro, pues continué así, ahí... y luego que ya cambio. Y ya, cuando ya cambié de las tres casas, la tercera que hice pues lo mismo, cuando se encomienza, siempre parecía que había una... un pequeño cambio, ¿no?... [AG: Hola, es que...] ... pero al fin y al cabo, total, vino igual. Bueno, pues, uno de los días, hem... no encontraba a los otros, y ya... no... o que no necesitaban, o bien que [aunque] yo no hubiera querido tampoco yo ya salir del pueblo, tampoco no buscaba arrimarme además ni a pedir trabajo en esas casas... Pues entonces tenía un hermano que era Isidro, que era el que era por delante de mí, que era del mismo padre, ¿no? Los otros dos mayores, ya... —uno trabajaba también en ese pueblo, pero en una, en otra...
 
AG: ¿Esos eran ya de otro padre? O sea—

VC: Los otros eran de otro padre pero al fin y al cabo éramos todo igual, era igual, como si hubieran sido hermanos de padre y madre, bueno solamente que había que diferenciarles los nombres, ¿no? Bueno, pues ya, entonces ya comuniqué con otro hermano que se llamaba Basilio, que era el segundo de los primeros que tuvo mi madre. [AG: Sí...] Que trabajaba en....

AG: El segundo era Basilio. ¿El tercero?

VC: El... el segundo era Basilio. El primero era Eleuterio.

AG: El primero Isidro. Primero Isidro...

VC: El primero era Eleuterio, se llamaba.

AG: Eleuterio. ¿El segundo?

VC: El segundo Basilio, y el tercero era Isidro.

AG: Isidro. ¿El cuarto?
Esposa desde Sinués

VC: Bueno, entonces, comuniqué....

AG: ¿El cuarto era usted? [VC: ¿Eh?] ¿El cuarto era usted?

VC: El que va delante de mí. Era el tercero de mi madre, y el cuarto, yo era de mi madre, ¿no?

AG: ¿Y después viene, eh....?

VC: Y después viene Felisa, y viene Aurelia.

AG: Felisa, y después Aurelia.

VC: Claro que Aurelia apenas había nacido. Fue además por esas fiebres de leche que mi madre estuvo... estuvo... cayo así, enferma, ¿no? — claro.... [AG: Hm...]. Bueno, pues al no ver eso, pues comuniqué primero, primero comuniqué a Basilio, porque Basilio trabajaba en la misma comuna [commune, pueblo], pero que esta comuna tenía una casa que llamaban la Venta, una venta que había ahí hay un río que era la Venta de, la Venta de...  porque claro, attends... la Venta de... aguarda, cómo llamaban a esta venta...

AG: ¿La venta Carrica?

VC: No... ah... la Venta de Sutirana. Que era entre Urr... entre un pueblo que llaman Longás y otro pueblo que llaman Isuerre. Esta ventana, esta, esta venta, ésta, la llamaban la Venta, ¿no? pero era porque era una casa, de la misma comuna pero que había la doncella que pasar el río, ese río que llevaba agua que los inviernos un poco y el verano siempre estaba seco, ¿no? Un barranco que... muy pobre. Y claro, comuniqué a mi hermano, y me dijo, pues mira, pues tendrás que aguantar, porque ¿aónde vas a ir a trabajar, a dónde vas a ir, y quién te va a dar de comer? Y claro, pues aguanté aguanté, pero de todas maneras ya luego comuniqué a Isidro que, Isidro estaba en un pueblo que llaman allí, eh, attends, cómo lo llaman a este pueblo, tal—mi hermana se acuerda mejor de los nombres de los pueblos, que está en la mismo eso, pero, attends, cómo lo llamaban, Irrués, [Urriés] me paece que es... pero bueno... Y claro, pues Isidro trabajaba allí en esa y ya él, ya encomenzaba a labrar, cuando fuimos... y le pregunté y entonces ese Isidro me dijo "pues mira, no, de momento aquí no puedes porque en la casa que estoy yo hace falta un segundo para labrar, pero tú eres aún muy joven, tú no puedes aún poner el yugo a los animales"—porque entonces era con yugos, que se ponían, no había collares—porque los collares no existían en esos pueblos aún todavía, hasta que luego ya vino el brabant [arado]. Estaba pues entonces, y no tuve más remedio que... —porque me escapé, porque al escaparme también me querían pegar, no, al mismo tiempo cogiéndome pa decir, cogerme y guardarme y pegarme y obligarme a continuar, ¿no?
    Pues entonces sí, vine a Ruesta, vine a casa, y mis padres entonces, pues al ver estas cosas, no, como yo le conté las cosas, pues mi padre entonces me puso a guardar ovejas en Ruesta, ¿comprendes? En casa de Miterio. Una casa que llamaban Miterio, que estaban... rebadán, que llaman allí, sabes, un... tenían el mayoral, [AG: Sí, ya...] uno que va con él... Y allí comencé a guardar ovejas, naturalmente. Pues también en esta casa, pues más o menos, verdad, pero... En estas casas se disputaban muchas veces por la cuestión de tener un rebadán, verdad, que... que era mejor, o que si guardaba mejor las ovejas, es decir, estas cosas que tienen entre ellos... Pero allí, de todas las maneras, ya cuando entré ya había hecho los ocho años, ¿verdad? Y ya enconmencé la carrera de nueve años. Y en esta casa de Miterio pues estuve unos seis meses también. Y al cabo de nueve—de seis meses, en una casa que llamaban Tendero, también en el mismo pueblo, en Ruesta, pues necesitaban un rebadán. Y esta casa mi padre pues tenía más confianza, en esta casa, es decir, que eran mejor, además atendían mejor a los críos, tal, ecétera ecétera, y sí, por cierto, fui a esta casa. En esta casa estuve hasta que tuve doce años. Guardando las ovejas. Que incluso, el mayoral que tenían, era joven también, era un chico de Tiermas. Era muy bueno, pero se tuvo que ir al servicio. Y al marcharse al servicio no encontraban un mayoral. Y yo incluso hice el mayoral, hacía de mayoral porque me quedé solo, ya... —como no encontraban otro... Hubieran encontrado otro más joven, verdá, pero yo ya era bastante joven para... pero, a pesar de eso, yo hice el mayoral y el rebadán. Tenían dos perros, verdá, pa guardar el ganao, ecétera. Y así, pues ahí en esta casa también, estuve cuasi el año, también. Y así ya me va llevando, me va llevando, verdad, que ya llego a los once años. Y a los once años yo ya encomienzo, verdad, porque claro, guardando las ovejas, como allí son todos casas de campo, de labor, verdad...

AG: ¿Y a la escuela no había ido ningún día?

VC: Ah, no... a la escuela nada. A la es... Si, estuve seis meses al comienzo cuando mi madre aún podía— que, cuando comencé, a ir a la escuela, mi madre aún no había caído enferma. A la escuela sí, si pongo la escuela no vale la pena de ponerla porque hemos pasado el tiempo, pero en fin...

AG: Ya, pero al principio fue...

VC: Al principio fui, estuve seis meses fui a la escuela.

AG: ¿Y aprendió a leer en ese tiempo?

VC: Aprendí— en los seis meses, cuasi pasé todas las pizarras. [AG: Sí...] Porque iba mi hermano también a la escuela, entonces, y había ya Felisa que encomenzaba a ir, porque comprendes, ella ya tenía sobre los cuatro añicos, cuando mi madre...

AG: Ah, ¿y a los cuatro ya iban?

VC: Hombre, ya encomenzaban a coger a la escuela...  ya sabes, las que querían, o las que podían ir, las crías y los críos... Allí se iba hasta que tenías la edad de poder hacer algo. En lo demás ya no ibas a la escuela, los que tenían necesidad, qué te diría yo, por ejemplo los que como mi padre, que tendría que servir, todos los que no tenían ninguna hacienda, pues los padres no tenían más remedio que poner los niños enseguida, en cuanto sabían que podían hacer algo, pues ya a trabajar. Y por la tarde el rosario, y les hacían una especie de escuela que no les hacían... no les enseñaban más que el Padrenuestro, el Avemaría, la Salve, el Credo, etcétera, pero cuestión de escuela, nada, y luego había una escuela de noche, pero, una escuela de noche, para nosotros, tan pequeños, verdad, que entrabas ya... además entrabas mojao, primeramente eso, entrabas todo el día a guardar el ganao, y luego pues que te encontrabas con una edad muy débil, verdad... Había la escuela de noche, pero no podías ir porque te dormías en la escuela, para qué....
   Yo fui seis meses a la escuela, y me acuerdo muy bien el por qué quité [dejé] la escuela; primero ¿por qué quité la escuela? Porque cuando mi padre me puso, si hubiera continuao la escuela hubiera llevao un año de— de escuela, antes que mi madre cayó enferma, comprendes, y hubiera aprendido, además aprendía muy bien, pero lo que pasa es que ese día me acordaré siempre, además mi hermano te lo puede repetir porque [se repitió?] en el pueblo, mi hermano iba a la escuela, entonces estaba por delante, mi hermano hacía cuasi ya el maestro entonces. Porque era un maestro... qué quieres, tenía conocimientos, con arreglo a en aquellos tiempos, tenía conocimientos, pero era un hombre que, además ya de edad, y muy pesao, muy fuerte, tenía un barrigón así, muy gordo, y estaba siempre sentao, no se movía siquiera, sino que daba orden. Y claro, algunas veces preguntaba de cosas que pasan, no sé por qué, pues saber lo que pasa por ejemplo,  que me pregunta, me llama y me dice, eh... "Diez y nueve, ¿cuántas hacen?"—Yo le dije diecinueve, tal como me lo preguntó, y entonces me llamó, yo no sé por qué, él lo cogió como burla, que le había contao diez y nueve, es decir, que yo repetía lo mismo que él, pero yo lo que quería decir, que hacían diecinueve, ¿no? Bueno, pues me llamó, y allí al lao de él, y entonces me dice, primero me hizo poner las manos así, sabes, tenía una regla, una regla de madera [AG: Ya... sí...]— que te pegaba en las manos que eso... jeje... Y entonces, claro, cuando levantó la regla, quité las manos y se pegó en la rodilla. Al pegarse en la rodilla, pues luego tienen una correa, y ya te engancha... Y quiso engancharme, coger la correa, engancharme por eso, pa darme un buen sobo— pero cogí yo, pero hombre, más listo que él, porque cuando yo ví el caso, pues cogí el couloir [el pasillo] y me marché. Y ya no volví más a la escuela. Por eso, por miedo de que... [AG: Ahá, hm...] no me pegara. Y como mi madre ya entonces ya no estaba bien, ya estaba un poco trastornada, pues tampoco no había—y mi padre, pues no sabía nada; además mi madre no sabía leer, mi padre tampoco... No le daban interés a estas cosas, ¿no?  [AG: Sí...]
   Y claro, pues estuve cierto tiempo, hasta que mi madre se marchó, estuve un cierto tiempo que yo decía que iba a la escuela, pero no iba a la escuela, no iba a la escuela, lo que iba por ahí por los barrancos a jugar, a ver los pastores...

AG: Bien; y ahora, vamos a continuar con los once años, cuando ya estaba en Ruesta... Y de ahí, ¿a dónde marchó, pues?

VC: Bueno, pues, de todas las maneras... Cuando ya tengo los, los once años, en esta casa, en esta casa de... que estaba después, amos, cómo se llamaba, casa del Tendero, pues ya quité de allí, porque ya, estando en su casa, yo ya encomencé a coger mulas, y a labrar, con los que estaban labrando pues a llevar el apero. Me interesaba todo eso a mí, porque lo que ves hacer, quieres hacer. Y claro, pues ya llega el tiempo que ya tengo demasiao trabajo; además llevaba un trabajo que entonces ya no buscaban a nadie y tenían seiscientas cabezas. Y sabes, cuando venía, cuando parieron, porque les hice un año, el año que se quedaron sin mayoral, yo tuve que atender todo esto, verdá...

AG: ¿Y iba con las seiscientas cabezas usted solo?

VC: Dos perros, y esas seiscientas cabezas de corral en corral, comprendes, y cuando parían tú date cuenta...

AG: ¿Con cuántos años? Once...

VC: Pues iba a hacer once, cuando terminé hacía once, en esta casa... Es decir, de diez a once hice, el año que hice de diez a once en su casa, me estuve solo. [AG: Sí, sí... ] Claro, venía el dueño, venía cuando tenía tiempo, comprendes, pero estaba tó el día solo, y cuando hicieron la... por ejemplo, el año porque comienzan a parir antes de San Miguel, porque en aquellos tiempos para San Miguel cuasi todas habían parido, verdá, y ya se ponían a los mardanos y tó eso, antes de subir, que las subían a los puertos... pues claro, ¡hacían treinta y cuarenta cada día! Y sabes, hay que recogelos, hay que ayudar, hay que en fin, unos y otros, y claro... Yo, tenía fe a esas cosas ¿no? —es que me gustaba además, me gustaba, y yo tenía un amor, por recoger los... pero claro, estaba demasiao apurao. Y ya, cuando ya vino el buen tiempo, que ya todo estaba salvao, pues yo le dije al dueño, "mire, yo no continúo así..." No le dije así, sino que le dije, "mire, la puerta está cerrada, si quiere que las ovejas coman, vaya y las suelte", porque me marché y... me encontré una posada. Y la posada que me encontré era donde trabajaba mi hermano, en ese pueblo que llaman Urriés, verdad, que necesitaban un segundo criáu. Para labrar, porque había cinco mulas. Y de cinco mulas, el mayor, que era mi hermano, ya llevaba tres, y llevaba un segundo, el segundo criáu, aunque hubiera sido un hombre de edad, no llevaba que dos. Y me acuerdo, pues sí, aunque volví a ver a mi hermano, y mi hermano me dijo "Sí, ahora sí, ya que sabes llevar dos mulas, ya puedes poner un yugo..."—porque en realidad, yo en todo lo haría igual como un hombre, como lo podía hacer... más bien que lo podría hacer ahora. Y ya en esta casa ya encomenzaron con los collares, porque ya aquí no, esta casa ya está cerca de Sos, y ya encomienzan los brabanes a venir, a labrar con brabant, y en esta casa ya, collares a las mulas. No llevan más que cuando se trabajaba con el apero o la vertedera, pero ya en trabajos, en muchos trabajos ya se ponía el collar. E incluso para trabajar luego ya se puso un... los collares con unas cosas acopladas, a efecto de que también con el apero se podía, sin un yugo. Pero en fin, de todas maneras, encomencé aún con el yugo, pero ya, y lo sabía coger, cogelo, y encima de las mulas. Y entonces entré en esta casa. Y en esta casa estuve hasta que tuve trece años, en esta casa. Había corrido algunas, pero me iba y venía, sabes, era una cosa, aquello, en aquellas casas, era en aquel entonces, los trabajos... tal. Era porque me llamaban siempre el zafranero. Yo en cuando me hacían una burla, un dueño, que no me daban de comer la comida, cuando veía una cosa que no... que se escondía, mira, me escapaba. Y algunas veces, pues volvía a la misma casa, ¿no? Vamos, que es así, la vida entonces era así.
     Bueno, pues en esta casa estuve entonces hasta que tuve trece años. Me iba y venía, estuve en Villarreal una vez, también, y a última hora me escapé y vine aún otra vez a esa casa, y de esa casa, volví a Villarreal. A la misma casa, a casa de Jordán. Y allí pues un día tuve una discusión con el mozo de casa, porque ahí también había cinco mulas. Cinco mulas y un caballo, que el dueño montaba a caballo. Y claro, el hijo, que eran— allí eran tres hijas y un hijo, era viudo, pero ya mayores, el hijo era uno de los de ahí...

[caetera desunt]


... y me marché y me encontré en Sigüés con un hombre, verdá, que era el que se ocupaba de mandar obreros a uno que llamaban Calvo y a las casas en... en Isaba, en el valle el Roncal, a esas casas que cortaban madera y que almadiaban, que el invierno tiraban la madera... Y me mandó... yo, al marcharme de esta casa, pues pasé por Sigüés, ya buscando posada, y claro, pues al llegar a Sigüés él me dijo que—mi hermana conoce bien la persona, ella de esos nombres se acuerda, porque ella, como ha vivido allí, yo no me acuerdo de los nombres de esa gente—pero en fin, este hombre, verdad, pues me dijo, "Oye, oye, ¿de dónde eres tú? Que no te he visto nunca aquí en el pueblo." Y le dije pues quien era, y por qué venía allí, y tal, porque ya mi madre entonces ya estaba en casa, ¿no? Sabes... Ya, pues le he dicho, "Mire, pues no soy de aquí, pero vengo a ver si encuentro una posada." "¿Y qué quieres hacer tú? ¿Sabes llevar mulos?" Y yo voy y le digo, "Sí", e ice, "Pues si quieres ir a trabajar, si eres bueno pa llevar mulas, si sabes poner los collares y tienes fuerza de eso, pues te mandaré a un pueblo, a Isaba, si quieres subir, que te voy a dar de comer y te... date prisa, antes de que se haga de... y me dio de comer, este hombre, me dio de comer, porque era por la mañana, y al mediodía aún estaba en Sigüés, que me dio de comer y me mandó a onde tenía que ir, a Isaba, y a la casa que me tenía que dirigir que iba de su parte. Y en Isaba...

AG: Y en Isaba, ¿fue andando, a Isaba?

VC: A Isaba, sí, ¡ah, sí, yo...! Si ya entonces, señor, no había coches ni bicicletas por [??]. Había, la Roncalesa ya andaba entonces, pero amigo, había que pagar, y yo andaba...

AG: Así que después de comer se marchó andando a....?

VC: Sí. "Bueno," dice, "te voy a dar de comer y date prisa, date prisa porque hay kilómetros, sabes, de Villarreal a Isaba. Y date prisa porque seguramente allí todos los días, cuando se mueve el cierzo, al escurecer, las borrascas de.. de... de agua ya caen allí y te van a mojar. Alors, date prisa de llegar antes de la noche". [¿] Ya andaba bien, sabes, y había que andar, y sí, efectivamente, como me lo dijo pasó, antes de entrar a Isaba, en el puente, ya encomenzaron, ya encomenzó a soplar el... ya encomenzaban las estrellas a brillar y ya conmenzaba la noche a caer, ya la noche... pues sí, encomenzó la borrasca, pero ya llegaba al pueblo. Y claro, me dijo, "Ya entrarás en el pueblo, la carretera, sigue la carretera, y verás, a un sitio, a tu izquierda verás que llaman el Casino"—yo no sabía ni leer, entonces, ni....  uh... bah... "Verás unas escaleras ahí, es el Casino; luego entrarás, y ves hace una revueltica así la casa, y verás enfrente siempre hay una puerta abierta, que tienen posada, hacen hotel... posada. Y estos tienen un hermano, ésta, la tía Fidela—que llamaban la tía Fidela—tiene, tiene un hermano que lo llaman Carallot, el tío Carallot, y que necesita—tiene un criado...

(...)


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Aquí se interrumpe la cinta. Muchos años faltan hasta el año 81, pero es que la cinta tiene trozos en blanco y otros con unas canciones de Maniobras Orquestales en la Oscuridad—"Enola Gay", "Joan of Arc"... cosas de los ochenta.

En el Roncal trabajó mi tío de almadiero, creo, como mi abuelo Severiano. Pasó a Francia a trabajar, creo que por también librarse del servicio militar. Si mal no recuerdo, no volvería a España hasta después de la guerra civil, infiltrándose con una partida de maquis, enviado por una misión del Partido Comunista a contactar con un grupo del interior. Lo capturaron y estuvo condenado a muerte, pero lo indultaron tras unos años de cárcel. Le escribieron de la cárcel a mi abuela, comunicándole su puesta en libertad (condicional, creo) y responsabilizándola de acogerlo. Durante una fiesta en un pueblo de la frontera se escapó a Francia, con mi abuela Aurelia y mi tía Encarnita, para reunirse con mi abuelo. Antes de volver a España, en Francia se había casado, luchó en la Resistencia en la Segunda Guerra Mundial, y se quedó viudo también.

Yo viví con él en diversos sitios y momentos, en Francia, en unos pueblecitos del Allier donde iba a veces a pasar las vacaciones en los años sesenta, y setenta. Luego en Biescas, cuando nos visitaba él algunas veces, y en Huesca, varios meses, pues estuve en su casa el año que hice la mili allí, con mi abuela y mi tía Encarnita. En un pisito que alquilaban, ya jubilados y retirados de las faenas del campo, aunque tenía una bonita colección de macetas que regaba y cuidabamuy a gusto. Se había hecho francés ya hacía años, pues en Francia vivió casi toda su vida. Y en cuanto tenía ocasión iba a votar a Francia, contra la droite, y contra Mitterrand también.

Carrera
 


She Should Have Died Hereafter

She Should Have Died Hereafter


En Los enamoramientos, de Javier Marías, ésta la respuesta que da Díaz-Varela a la narradora, cuando le pregunta por su amiga Luisa, cómo sigue, unos meses después de perder súbitamente a su esposo Miguel Deverne. ¿Cómo sigue?

—Pues no bien —respondió por fin—, y ya me voy preocupando. No es que haya pasado demasiado tiempo, desde luego, pero no acaba de reaccionar, no avanza un milímetro, no es capaz de alzar la cabeza ni siquiera fugazmente y mirar a su alrededor y ver cuánto le quedea. Después de la muerte de un marido aún quedan muchas cosas; a su edad, de hecho, queda otra vida entera. La mayoría de las viudas salen adelante pronto, sobre todo si son más o menos jóvenes y además tienen hijos de los que ocuparse. Pero no son sólo los niños, que en seguida dejan de serlo. Si ella pudiera verse dentro de unos pocos años, de un año incluso, comprobaría que la imagen de Miguel que ahora la ronda incesantemente se le difumina cada día que pasa y cuánto se le ha adelgazado, y que sus nuevos afectos no le permiten acordarse de él más que de tarde en tarde, con una quietud hoy sorprendente, con invariable pena pero sin apenas desasosiego. Porque tendrá nuevos afectos y su primer matrimonio acabará por parecerle algo casi soñado, un recuerdo vacilante y amortiguado. Lo que hoy es visto como anomalía trágica será percibido como normalidad irremediable, y aun deseable, puesto que habrá sucedido. Hoy le resulta inadmisible que Miguel ya no sea, pero llegará un momento en que lo incomprensible sería que volviera a ser, que sí fuera; en que la mera fantasía de una reaparición milagrosa, de una resurrección, de su vuelta, se le haría intolerable, porque ya le habría asignado su lugar definitivo y su rostro apaciguado en el tiempo, y no consentiría que ese retrato suyo acabado y fijo se expusiera de nuevo a las modificaciones de lo que permanece vivo y por lo tanto es imprevisible. Tendemos a desear que nadie se muera y que nada termine, de lo que nos acompaña y es nuestra querida costumbre, sin darnos cuenta de que lo único que mantiene las costumbres intactas es que nos las supriman de golpe, sin desviación ni evolución posibles, sin que nos abandonen ni las abandonemos.
almohadaLo que dura se estropea y acaba pudriéndose, nos aburre, se vuelve contra nosotros, nos satura, nos cansa. Cuántas personas que nos parecían vitales se nos quedan en el camino, cuántas se nos agotan y con cuántas se nos diluye el trato sin que haya aparente motivo ni desde luego uno de peso. Las únicas que no nos fallan ni defraudan son las que se nos arrebata, las únicas que no dejamos caer son las que desaparecen contra nuestra voluntad, abruptamente, y así carecen de tiempo para darnos disgustos y decepcionarnos. Cuando eso ocurre nos desesperamos momentáneamente, porque creemos que podríamos haber seguido con ellas mucho más, sin ponerles plazo. Es una equivocación, aunque comprensible.  La prolongación lo altera todo, y lo que ayer era estupendo mañana habría sido un tormento. La reacción que tenemos todos ante la muerte de alguien cercano es parecida a la que tuvo Macbeth ante el anuncio de la de su mujer, la Reina. 'She should have died hereafter', responde de manera algo enigmática: 'Debería haber muerto a partir de ahora', es lo que dice, o 'de ahora en adelante'. También podría entenderse con menos ambigüedad y más llaneza, esto es, 'más adelante' a secas, o 'Debería haber esperado un poco más, haber aguantado'; en todo caso lo que se dice es 'no en este instante, no en el elegido'. ¿Y cuál seríaa el instante elegido? Nunca nos parece el momento justo, siempre pensamos que lo que nos gusta o alegra, lo que nos alivia o ayuda, lo que nos empuja a través de los días, podía haber durado un poco más, un año, unos meses, unas semanas, unas cuantas horas, nos parece que siempre es temprano para que se les ponga fin a las cosas o a las personas, nunca vemos el momento oportuno, aquel en el que nosotros mismos diríamos, 'Ya. Ya está bien. Es suficiente y más vale. Lo que venga a partir de ahora será peor, un deterioro, un rebajamiento, una mancha'. A eso nunca nos atrevemos, a decir 'Este tiempo ha pasado, aunque sea el nuestro', y por eso no está en nuestras manos el final de nada, porque si dependiera de ellas todo continuaría indefinidamente contaminándose y ensuciándose, sin que ningún vivo pasara jamás a ser muerto'.


El proceso de las nostalgias


Quid accidit?

Quid accidit?


Un momento curioso (e irrepetible, supongo) de la cultura europea en el siglo pasado,
esta conjunción del alemán, el latín y el Pato Donald. Por casa andaba, de cuando estudiábamos idiomas, y mi padre se hacía con materiales diversos e inopinados. Y si no daba con ellos a su gusto, él mismo los preparaba: también tenía yo cassettes en latín, grabados por él. Ubi sunt....

quid accidit

Iuvenes dum eramus