El tercer capítulo de The Presentation of Self in Everyday Life, de Erving Goffman, se titula "Regions and Region Behaviour"—tras estudiar los sujetos actores y su organización en grupos, ahora estudia el espacio preparado para, y acotado por, la interacción pública. Añadiré algunas observaciones sobre la aplicación de estos conceptos a la interacción en red y a los blogs.
"Una región puede definirse como cualquier lugar que está delimitado en cierta medida por medio de barreras impuestas a la percepción. Las regiones varían, naturalmente, en la medida en que están delimitadas y según los medios de comunicación en los que se dan las barreras a la percepción" (106).
En el espacio humano físico: fronteras, espacios públicos y privados, instituciones con o sin acceso, puertas, cristales, cortinas... Goffman señala cómo determinados tipos de actuación e interacción van unidos a determinados espacios o los requieren, y viceversa, cómo los espacios están habilitados para la organización de la interacción. Los números o espectáculos desarrollados por los equipos tienen su espacio—y su tiempo, pues otras barreras son las temporales.
Los distintos medios de comunicación pueden entenderse, según sugiere Goffman, como distintas regiones, con sus subdivisiones o barreras inmateriales, que acotan temporal y "espacialmente" (pero aquí el espacio es muchas veces virtual) las distintas interacciones. En los medios electrónicos hace falta disponer de la señal adecuada y del receptor adecuado—lo cual es ya una acotación o barrera, por pública que sea la interacción. Cada medio (radio, TV) está acotado en cuanto a su capacidad de transmisión y la gama de señales disponibles. Internet, por su naturaleza más distribuida, es en sí mismo un gigantesco espacio público de interacción, una región a la vez tecnológicamente acotada e inmensa, con sus propias barreras virtuales, obstáculos, y espacios acotados—cada página, blog o sitio web es un espacio tal.
Las regiones tienen, según Goffman, una estructura teatral, con una "delantera" o escenario donde tiene lugar la interacción pública, y una "trasera" o bambalinas, donde los actores se ocultan a la vista del público y se cuecen las cosas no visibles en presentación pública. La Red es en gran medida un escenario o delantera, pero también puede haber secciones con carácter de bambalinas, relativamente a otras—por ejemplo lo que sólo ve el administrador de un sitio. Aunque gran parte de las bambalinas de la red están en los ordenadores personales (o institucionales) de cada cual, y son lo que está offline— lo que está online es en este sentido (en mayor o menor medida) más público—por oculto que pueda estar es accesible para un hacker.
Un frente de interacción puede tener un equipamiento semiótico o instrumental unido a la actuación en cuestión: una "ambientación" (setting) que muchas veces es parte esencial de la interacción: la consulta de un médico, por ejemplo (que también tiene su trasera o bambalinas). Goffman distingue entre cortesía, el tratamiento directo verbal o gestual entre los actores y el público, y decoro—o sea, el comportamiento y palabras de los actores en público, a la vista o alcance auditivo del público, aunque no con el público. Hay normas de cortesía y de decoro en Internet como las hay fuera de red. El término netiqueta podría incluir ambas dimensiones, cortesía en red y decoro en red: uso correcto de imágenes, respeto a la privacidad, adecuación lingüística, tono y tratamiento adecuado, etc. En cuanto al setting, cada sitio web viene por definición con su instrumental semiótico que no sólo lo identifica sino que lo constituye: aspectos como nombres, logotipos, decoración, etc. pueden ser secundarios y variables, pero como parte de la ambientación del local (o quizá sea mejor decir del como parte del instrumental) habría que incluir las distintas funcionalidades comunicativas de cada sitio web: posibilidad de interacción, acceso a información sobre novedades, comentarios recientes, visitas y contadores, etc.—cuestiones todas que pueden ser más o menos públicas, más o menos parte del frente o escenario o de las bambalinas inaccesibles del sitio web.
Las cuestiones de maneras de los actores son más relativas a la cortesía; las cuestiones de su apariencia son más relativas al decoro. (Luego distingue Goffman entre aspectos morales e instrumentales del decoro que debe observarse en cada local o cada encuentro social). El decoro tiene mayor alcance que la cortesía, por el mismo hecho de que puede ser examinado por el público aun en ausencia de ninguna acción concreta por parte del actor: "Los actores pueden dejar intencionadamente de emitir expresiones, pero no pueden evitar el emitirlas espontáneamente" (108).
Todas estos conceptos conectan con las reflexiones de Goffman, en otros libros, sobre el orden público—y también sobre lo sagrado cotidiano. En lo sagrado cotidiano se incluye la persona del otro; y los requisitos de decoro de los locales sagrados (iglesias, santuarios etc.) forman igualmente un continuo con el decoro requerido en los locales de trabajo u otros lugares públicos.
Una forma de decoro a mantener en el lugar de trabajo es la de aparentar que se trabaja (se esté trabajando o no). Es decir, es indecoroso no trabajar y dar señales de que no se trabaja, o trabajar emitiendo señales de que no se trabaja, mientras que no es indecoroso no trabajar y emitir señales de que se está trabajando. Será improductivo o inmoral o ilegal, o engordará, pero no es indecoroso.
Hay distintos grados de confianza, o de estar en el ajo en un equipo de trabajo, para controlar quién tiene acceso a las traseras o bambalinas, y a conocer el grado real en el que se está cumpliendo con las tareas oficalmente proyectadas. En lo más hondo, cada trabajador es su propio inspector, y uno de los últimos recovecos de las bambalinas está en la cabeza de cada cual, en el conocimiento de cada actor sobre su grado de cumplimiento con las apariencias proyectadas ante los demás miembros del equipo.
+Pero volvamos sobre las bambalinas entendidas de modo más general, o espacial-interaccional. En las bambalinas se manifiesta todo lo que se oculta en el escenario público:
"Una región trasera, o bambalinas, puede definirse como un lugar, relativo a una determinada función o actuación, en el que la impresión alimentada por la actuación se contradice a sabiendas y por sistema" (112)
La organización colectiva de la acción y del trabajo requieren cierto grado de ilusionismo, montar un número para el público, y hay aspectos indeseables pero necesarios para la función que no pueden mostrarse; se reservan para estos lugares separados por una barrera perceptual, a los que en principio no puede acceder el público. Todos llevamos nuestro teatro portátil—las mujeres más, dice Simone de Beauvoir, la feminidad requiere un plus de actuación y de interiorización de esa actuación. De ahí la relación especial de las mujeres con las bambalinas de los lugares públicos, los aseos—y si es posible en grupo. "Gestión de impresiones (Impression management)", llama Goffman a todo este control de lo que se muestra y de lo que se reserva para petit comité, o para el petit comité de uno mismo—como siempre, esta teoría de la interacción de Goffman forma un continuo con una teoría del sujeto, lo que hemos llamado interacción internalizada, o el teatro de la interioridad, que nos constituye como sujetos. Es otro de los aspectos que me interesa resaltar. El sujeto está internamente constituido por esta organización del trabajo, de grupos, de impresiones públicamente proyectables, etc.—que parecerían cuestiones externas. Cada sujeto se autocomunica por referencia a los demás: a la red social que lo liga a los otros y así también lo estructura desde dentro. Lo interno es una exterioridad más asimilada, y es la complejidad de su interacción social lo que en última instancia da complejidad y profundidad a un sujeto. Aunque los actores estén representando una obra, no por eso dejan de actuar en el gran teatro del mundo; entre estos dos niveles de actuación hay una relación parecida a la que hay entre subjetividad o fuero interno e interacción social externalizada.
La gestión de impresiones encuentra un terreno particularmente favorable en los medios de comunicación no presenciales, pues hay mucho margen para controlar las expresiones voluntarias que se quiere proyectar y sobre todo para restringir las involuntarias. Y por lo general la tecnología misma usada se encarga de aislar suficientemente las bambalinas por un lado y el escenario público por otro.
La multiplicidad de personalidades de cada sujeto va asociada (es la teoría del yo relacional) a los roles sociales que desempeña y los requisitos organizativos, profesionales, etc. de cada posición. El sujeto es la suma de todos estos escenarios públicos. Pero cada uno de estos escenarios públicos en los que aparece y hace su número tiene sus propias bambalinas, que en parte se solapan y en parte no (al igual que hay una etiqueta de la aparición en público, hay una etiqueta de las bambalinas, que es un espacio compartido con otro público, el del propio equipo. Goffman dice que en las bambalinas "el actor puede relajase: quitarse el frente público, dejar de pronunciar sus parlamentos, y salirse del personaje" (112)—pero todo esto sucede relativamente, en el espacio de interacción entre la obra representada en equipo (el trabajo, el grupo de amigos, etc.) y la que sigue representándose entre bambalinas (el grupo de amigos, la pareja, etc.).
Gran parte del trabajo que se ofrece al público, observa Goffman, ha de hacerse efectivamente en las traseras del escenario, en el espacio de trabajo al que no accede el público, que sólo viene a traer o llevarse su producto. La cocina, para los cocineros. Pero siendo que hay un tabú de la invasión indebida de este espacio, habrá toda una gramática del anecdotario que tiene lugar cuando no se sigue la norma y el espacio trasero queda a la vista: por invasión deliberada, o accidental, por exhibición indecente de hombres trabajando, etc. Los accidentes que conectan de modo imprevisto los dos tipos de espacios dan lugar a conflictos y contradicciones: micrófonos abiertos en los estudios de radio, disputas entre el personal de la trastienda que son oídas por los clientes, etc.
Otro motivo de exhibición impúdica puede consistir en revelar que las relaciones públicas de los miembros del equipo no son lo que aparentan ser (–decíamos que los equipos tienen mucho que ocultar—). A veces los roles del equipo son variables: entre bambalinas son de una manera, en público de otra. Utilizar un tipo de cortesía en otra situación es descortés, o incluso obsceno: y esto se aplica a cuestiones como el lenguaje utilizado, el atuendo apropiado, las posturas o gestos, la familiaridad de la interacción, etc. Goffman se remite a su experiencia como sociólogo infiltrado en un hotel-restaurante de pueblo: "Dadas, pues, las diversas maneras en que la actividad de la cocina contradecía las impresiones alimentadas en la región de los huéspedes del hotel, se entenderá por qué las puertas que llevaban de la cocina a otras partes del hotel eran un punto doloroso permanentemente en la organización del trabajo" (118)
—a unos les convienen cerradas, a otros abiertas; y por pocos momentos que se abran, a veces dejan traslucir esas puertas lo que no se debe, etc.
El orden público convencionalmente supuesto y mantenido se ve así atravesado por interferencias de la realidad—del otro régimen informativo que resulta no de las barreras teóricas a la comunicación entre espacios y roles, sino de las efectivas. Es lo que sucede con las paredes delgadas y los vecinos: "Aquí los vecinos que puede que se conozcan muy poco entre sí se encuentran en la situación embarazosa de saber que cada uno de ellos conoce demasiado bien al otro" (120).
Y, volviendo al las cuestiones de Internet, se puede observar un fenómeno de interferencia de espacios comparable. La red es un gran espacio público, en el que muchos sujetos pueden expresar distintas facetas de su actividad pública o "públicamente privada", si se me entiende—en vídeos de YouTube, blogs personales, comentarios de Facebook, etc. Existe un potencial de accesibilidad pública de información sobre las personas en diferentes roles o facetas que no existía antes: para un círculo de amigos y conocidos (que no necesariamente conocen al sujeto en todas sus facetas, o más bien necesariamente no lo conocen en todas sus facetas), para vecinos, para compañeros de trabajo y otros tipos de equipos, o para desconocidos totales). Internet abre un nuevo espacio potencial para la expresión de diferentes roles, pero a la vez tiende a colapsarlos todos, por la conectividad inherente al medio, por el desarrollo de herramientas de búsqueda que superponen resultados de diferentes procedencias, etc.—pensemos en la típica búsqueda de Google sobre cualquier persona que conozcamos.
Los sujetos desarrollan pues estrategias para impedir este colapso de los roles—de ahí los alias, nicks, alteregos y avatares que proliferan en la red, como remedio a este peligro que supone el verse manifestado públicamente de maneras inadecuadas para el rol más deseable. Por cierto, el rol más deseable (en público) suele ser el rol profesional, el ciudadano con responsabilidades: así que los yoes privados se han de batir en retirada y refugiarse en las bambalinas de los nicks, donde se superponen de este modo la autenticidad libre de responsabilidades con la fantasía y ficcionalización del yo a través de sus deseos. Claro que la identidad en red siempre es precaria, y se pueden reproducir allí las mismas dinámicas que en la realidad no virtual, o supuestamente no virtual. Una vez se ha delimitado el nick como trastienda del yo, pueden darse los mismos fenómenos de ruptura de límites y transferencias indeseadas entre estas nuevas bambalinas públicas y el yo profesional u oficial públicamente presentado en red.
Un blog multifacético, como el mío, que sea a la vez personal y profesional, es un fenómeno muy propio del nuevo medio, y a la vez relativamente atípico. Como el propio medio (Internet, la red) tiende a superponer aspectos del sujeto que en otro régimen de comunicaciones se considerarían incompatibles públicamente. Un blog temático evita este problema acotando severamente el tipo de manifestaciones del bloguero que son aceptables a través de ese medio. Lo cual no impide a un bloguero tener diversos blogs temáticos o personales, modulando de diversas maneras su presentación en estos espacios públicos. Pero a menos que se reserve para la trastienda la conexión entre estas facetas, existe la cuestión de la fácil transferencia, a golpe de click, de una identidad, o rol en red, a otra. Podría escribirse toda una gramática, también, de las maneras en que se producen estas interferencias de roles y regímenes de presentación pública, o internetferencias.
Unas inter(net)ferencias más llamativas que las producidas en el seno de la red son las que se dan entre el espacio público ordinario y el mediado por red. Por ejemplo, si hago pública cierta información (personal o no) por la red, nunca puedo saber en qué medida esa información es realmente conocida de modo público o es ignorada totalmente—caso éste el habitual y que podemos tomar como la norma, pero claro, hay excepciones. De modo que a la existencia social ordinaria se superpone una existencia fantasmal que sería la mediada por red, en la que otras personas quizá conozcan otros aspectos de nuestra persona, ideas, escritos, imágenes, opiniones, etc—al margen de los que manifestamos en la interacción ordinaria. Esto puede dar lugar a una paranoia panóptica reticular. Es un síndrome que antes aquejaba únicamente a los escritores, o a los famosos, y que ahora se puede generalizar más y adoptar nuevas formas. Aparecen así nuevas modalidades y dimensiones de lo que Goffman llama la gestión del frente público, o (inversamente) control de bambalinas. Es un problema, insisto, no nuevo, pues "no se puede estudiar ningún establecimiento social en el que no se dé algún problema de control de las traseras del escenario" (121), pero sí puede manifestarse de maneras diferentes en espacios (virtuales en este caso) diferentes, y en modalidades de interacción diferentes.
Goffman comenta la separación de espacios de trabajo público y ocultos al público, la separación entre espacios de trabajo y ocio, la de baños y servicios para necesidades fisiológicas frente a lugares públicos, los lugares en las viviendas que hacen de frente (salón) y traseras diversas (cocina, dormitorios)—toda una arquitectura y coreografía del control de impresiones. A veces un espacio público se vuelve su propia trasera privada a otra hora, o cuando se ha retirado el público; otras veces la separación espacial es imaginaria o convencional (no hay barreras) y es el tipo de trato, el lenguaje, la interrupción del trabajo, los gestos, o una ligera separación física, la que señala qué espacio es el público y cuál es el privado: "Invocando un estilo de traseras de escenario, los individuos pueden transformar cualquier región en una trasera de escenario" (129)—o intentarlo, claro. Todo esto está sujeto a redefinición y a improvisación situacional—lo cual no quiere decir que en ocasiones las convenciones no sean extremadamente rígidas y detalladas. Las ceremonias solemnes o las apariciones públicas de los reyes y autoridades son una pesadilla, claro, pero en el caso de los reyes también la vida privada es un espectáculo en diversos grados de privacidad convencional. Los reyes salen de un escenario formal para pasar a interpretar el papel de que están distendidos, con una informalidad formal. Pero todos somos un poco reyes en este sentido.
Isabel de Inglaterra (la primera) y Jacobo su sucesor ya decían que los reyes son como actores en un escenario, donde todos los contemplan. A este respecto me acuerdo de una bonita escena metateatral en el Enrique V de Shakespeare, filmado por Laurence Olivier. Esta película nos muestra la obra siendo representada en un teatro isabelino, en el que el público de la corte ficcional se confunde con el público del teatro que asiste a la obra. Pero también vemos las bambalinas del teatro, que se confunden con las bambalinas de palacio. Cuando entra el rey, o el actor principal, a escena (es Olivier) vemos muy bien tanto la superposición metaficcional de papeles (el gran actor cinematográfico Olivier, el gran actor teatral Burbage, el gran actor histórico Enrique) como el paso de las bambalinas al escenario público, de la corte y del teatro. No hay un paso al escenario público del cine, pero queda sugerido por analogía—es genial el carraspeo de transición justo en el momento de franquear la puerta que lleva de un rol a otro (minuto 11):
Obsérvese que el "rey" (pero es el actor Burbage, estrella de su tiempo) hace una reverencia al público antes de entrar del todo en su papel, y también al retirarse. Y es que, como dice Goffman, "uno de los momentos más interesantes en los que observar la gestión de impresiones es el momento en que un actor deja la región trasera y entra el lugar en que se encuentra el público—o cuando vuelve de allí—porque en estos momentos se puede detectar una manera magnífica de ponerse y quitarse de encima el personaje" (121). El personaje de "nosotros mismos", normalmente, el sujeto as himself, que decía Shakespeare (Enrique V, acto I, coro).
En la red el problema de las entradas y salidas del personaje queda en cierta medida obviado, en cada uno de los espacios y sitios web, por el hecho de que la comunicación textual, a distancia, es mucho más controlable que la presencia física, y la mera separación entre el tiempo y el espacio del público y los del emisor, obvian en cierto modo el problema. Pero sólo en cierto modo, pues como hemos dicho la red superpone al menos potencialmente distintos tipos de aparición "en red" del sujeto, interpretando distintos papeles (por ejemplo, catedrático y rockero punk, como mi compañero de facultad Doctor Túa—o yo mismo tarareando mis cancioncillas en YouTube). Es por eso que algunos lo consideran un espacio demasiado informativo, potencialmente peligroso o destructivo para la imagen que quieren mantener—incapaces de gestionar adecuadamente las impresiones allí proyectadas, con lo cual la estrategia favorecida es aparecer lo menos posible en la red, o al menos aparecer únicamente con la máscara profesional, ya que ésta es inevitable, e impedir que aspectos de otros roles y actividades, o de la vida digamos "privada", puedan superponerse al personaje oficialmente definido.
La organización social del espacio en frentes y traseras se da a todos los niveles. La política, la literatura, las instituciones, todas las actividades organizan sus rituales y ceremonias con espacios privilegiados y sus correspondientes bambalinas. La sociedad es, a un nivel dado, una gigantesca escena organizada para gestionar la presentación pública y la atención. Es la función (y la batalla) de la publicidad, las cadenas de televisión, los concursos, competiciones y premios... A un nivel determinado de atención concitada, no sólo el espectáculo público es espectáculo, sino también sus bambalinas (los pasillos del Congreso, los chismorreos sobre entrenadores de fútbol y fichajes...). Y así a muy distintos niveles todo en la vida social es escenario y bambalinas, y lo que es escenario para una persona o una función es bambalinas desde otro punto de vista, para otra función social u otro operario. Y esta división de la atención, o esta gestión de impresiones, tiene consecuencias casi infinitas a todos los niveles, pues "La línea que divide regiones delanteras y traseras se ejemplifica en todas partes en nuestra sociedad" (123). Por ejemplo, en la selección de estilos, materiales y personal (y no sólo de gestos o lenguaje): lo que se presenta en público es lo presentable, los guapos, lo caro—para las traseras de la cocina se dejan las peladuras y la cocinera gorda. Los sujetos "plenos" o socialmente autorizados se manifiestan en el escenario público —y los "socialmente incompletos" que dice Goffman, la servidumbre, los repartidores, los niños, usan la puerta trasera. Estando organizado así el espacio físico y la actividad presencial, no extrañará que se encuentren también manifestaciones de todo tipo de esta oposición entre regiones frontales/traseras en la gestión del ciberespacio.
La oposición entre frente de escenario y región trasera es, como se ve, no absoluta, dada la superposición de funciones que se están representando; ciertos escenarios se solapan con las traseras de otras situaciones interactivas. Por otra parte, Goffman señala que hay casos mixtos entre las dos polaridades:
"no debería uno esperar que las situaciones concretas proporcionen ejemplos puros de conducta informal o de conducta formal, aunque normalmente hay una tendencia a mover la definición de la situación en una de estas dos direcciones. No encontraremos estos casos puros porque los que son miembros de un mismo equipo en relación a un show determinado serán en cierta medida actores y público de otro show, y los actores y público de un show tenderán aunque sea en pequeña medida a ser miembros de un mismo equipo con respecto a otro show. Así en una situación concreta podemos esperar el predominio de un estilo o de otro, con algunos sentimientos de culpa o de duda respecto de la combinación efectiva o equilibrio que se está alcanzando entre los dos estilos." (129)
Por ejemplo, los miembros de un equipo en actuación están divididos muchas veces por barreras de sexo, edad, etc.—pertenencias a grupos que se entrecruzan con los grupos comparables del público. Goffman señala que "la división más importante es la sexual, pues no parece haber sociedad en la que los miembros de los miembros de cada sexo, por cercanos que sean, no mantengan ciertas apariencias ante el otro" (130). Esta superposición y multiplicidad de roles es en parte el problema que se planteaba para la definición de las "comunidades interpretativas" que quería delimitar Stanley Fish: pues en realidad siempre estamos divididos por la pertenencia a múltiples comunidades, aparte del equipo que esté llevando la voz cantante en una interacción determinada, y siempre estamos jugando a diversos juegos sociales simultáneos, aparte de la función o ritual que esté en el candelero en un momento determinado.
Hay un deseo o utopía de la teatralidad—que es librarse de ella, y alcanzar una "autenticidad" o "integración con uno mismo" librándose de esta separación entre escenario público y bambalinas. Lo identifica Goffman en ciertos sueños de progreso social o de ascenso—pero, avisa, nunca salimos del teatro. Una vez alcanzamos la posición que envidiábamos en tanto que parecía algo libre de teatralidad, resulta que sólo veíamos la fachada pública, objeto de deseo, y que la nueva posición tiene también sus propias bambalinas: "la nueva situación tiene similitudes no previstas con la anterior; ambas suponen la presentación de un frente a un público, y ambas implican al presentador en el montaje de un espectáculo, asunto que lleva todos sus cotilleos y trapos sucios a cuestas" (132-33).
Hablábamos antes de las invasiones de espacios privados, traseras o cocinas, asunto indeseable para los actores. Una cuestión parecida es la invasión de un espacio público, representación o función, por parte de un público a quien no va dirigido el espectáculo. Es un asunto del cual podemos pasar en un continuo a los estudios de Goffman sobre la interacción conversacional—cuando un tercero escucha una conversación entre dos interlocutores que no contaban con él. En Forms of Talk proporcionaba Goffman interesantes ejemplos de este overhearing. En un artículo titulado "Overhearing Narrative" yo relacionaba esta línea de razonamiento con los interlocutores implícitos, narradores, lectores textuales, narratarios, etc. definidos por la narratología. Estas cuestiones se pueden contemplar también como la invasión de espacios privados y de funciones teatrales particulares, por parte de espectadores no buscados, por intrusos accidentales, o por espías malintencionados. Estas interferencias hacen peligrar el espectáculo en sí, y quizá también minen nuestra fe en el teatro:
"los actores tienden a dar la impresión, o tienden a no contradecir la impresión, de que el rol que están interpretando en cada momento es su rol más importante, y que los atributos que allí proclaman o que allí se les atribuyen son sus atributos más esenciales y característicos. Cuando los individuos contemplan un espectáculo que no iba dirigido a ellos pueden, por tanto, desilusionarse con respecto a este espectáculo, además de con respecto el espectáculo que sí les iba dirigido." (138)
Así pues, son indeseables las asistencias a actos religiosos por parte de los descreídos, o la asistencia de musulmanes a las misas, o de los cristianos a los rezos musulmanes, o de los ateos a cualquier tipo de misa negra o blanca. Aunque no veo yo casos tan claros de que la fe en el propio espectáculo se vea minada por contemplar al vecino en su teatro. Nuestro propio show suele concitar nuestra adhesión inmediata; de hecho no lo vemos como tal show sino como "la realidad". Sea como sea, para mantener la realidad bien ordenada, y evitar interferencias de espectadores no deseados, es importante la gestión de roles a que aludíamos antes, estableciendo separaciones claras, o conexiones medidas, entre los diversos espectáculos que ofrecemos. En la práctica esto supone una segregación de públicos:
"La respuesta a este problema para el actor es segregar sus públicos de manera que los individuos que los contemplan en uno de sus roles no sean los individuos que lo contemplan en otro de sus roles" (137)
—pues pueden producirse efectos incómodos que van desde la incomodidad a la obscenidad. Las visitas de familiares o novios al puesto de trabajo de uno son un ejemplo, o la presencia de párrocos y monjas en la piscina. Aunque todas estas anormalidades se normalizan en cuanto la gente desarrolla expectativas y protocolos de actuación. Lo malo son las superposiciones inesperadas e incómodas de roles y papeles, que dejan al actor sin saber por dónde tirar ni qué rol adoptar, a cuál de sus muchas personalidades darle prioridad. Pues cada uno de nuestros conocidos espera de nosotros un determinado tipo de espectáculo y actuación. Es todo un arte de la personalidad y de la vida social, el de combinar roles con sprezzatura, sin dejar traslucir incomodidad ni dudas ante un intruso inesperado—se hace todo más fácil para todo el mundo. Pero todo arte fino es un arte escaso, y
"rara vez se puede hacer esto con suficiente suavidad como para conservar la ilusión del recién llegado de que el show que de repente ponemos en marcha es el show natural del actor. E incluso si esto se consigue, es probable que el público que ya estaba presente tenga la sensación de que lo que estaban tomando por el yo esencial del intérprete no era algo tan esencial". (139)
Y esto se complica si es todo un equipo el que debe coordinar sus actuaciones ante la nueva situación creada por la llegada de una mirada externa. Es de esperar una cierta paralización de la función, mientras la persona en quien se concentra la interferencia de círculos sociales o de espectáculos suda y sale del paso lo mejor que puede, animando la función con entusiasmo fingido, ante la mirada de los Otros—que ya se sabe que son l'enfer en persona.
Ya en el origen de la cultura escrita se preocupaba Platon (en el Fedro) por este asunto de la segregación de interlocutores, y por su imposibilidad en el nuevo régimen, pues el autor no está presente en el escrito para controlar quién lo lee—de modo que los escritos van a parar indiscriminadamente a unos y otros públicos, a los que entienden y a los que no, problema especialmente delicado éste en el caso de que haya armarios de los que no se quiera salir.
En suma, con respecto a las regiones y roles en red... el problema no tiene solución más que parcial. La red amalgama todas las regiones y escenarios, a la vez que los mantiene nominalmente separados—proporcionando así una visión panorámica abreviada de las actividades de una persona allí visibles, y los numeritos que monta en sus diversos avatares y encarnaciones. La solución: volverse invisible para Google, el gran amalgamador—algo que muchas personas de momento van consiguiendo sin problemas, o sin proponérselo. Segregar los roles de uno por la vía de no aparecer en la red, quizá lo más recomendable para quien quiera tener una fachada oficial bien apañadita al modo tradicional. Y, si no, hacer una sabia distribución de identidades, roles y públicos. Hay que ser conscientes de que todo el mundo puede leer lo que escribas—en un blog o en un libro, sí, pero más en un blog, pues las máquinas nos leen rápidamente, y lo que encuentran lo exhiben en este nuevo escenario. Y hay que llevar por delante, por tanto, que gran parte del público que asista al show será un público imprevisto, y con frecuencia inoportuno.
Interviews and retrospection; empathy and self-disclosure. The story of outstanding lives as told by themselves (as "agents of their own self-revelation"), in Marc Pachter's video "The Art of the Interview" at TED:
Lo peor es entrevistar a gente modesta, dice. Les falta la energía para comunicarte que querían hacer algo, y que lo hicieron. Pero también hay que evitar que los enérgicos y famosos te den su "versión oficial" de sí mismos—hay que darles la oportunidad de escapar de esa coraza de oficialidad. Es necesario encontrar la llave que desbloquee a cada persona, para que revelen lo que sólo ellos saben que les hizo hacerse lo que fueron... hayan sido famosos o no.
En Language Continuity, Jesús Sanchís comenta el paso del protolenguaje al lenguaje, es decir, el origen y desarrollo de la gramática. La idea básica es que la gramática es una manera de organizar y regularizar un número creciente de palabras y otros elementos lingüísticos, haciéndolos manejables, mediante el establecimiento de regularidades, reglas, analogías y simplificaciones. La base del lenguaje "elaborado", el mecanismo de su desarrollo a partir del protolenguaje, se encontraría en la pura lógica, economía, sentido práctico y necesidad de simplificación. Este comentario surgió en el contexto de una discusión sobre protolenguaje en Babel’s Dawn.
Yo comento que es una explicación muy plausible sobre el origen y la evolución de la gramática. Y que esto también haría pensar que la gramática "compleja" de los idiomas primitivos sería una gramática en fase de elaboración, es decir, de simplificación, y por ello no claramente distinguible de la falta de gramática. La evolución y estandarización del lenguaje llevaría a una simplificación de algunos esquemas básicos (por ejemplo, desarrollando un sistema fonológico, o regularidades léxicas y morfológicas). Por otro lado, el lenguaje se hace (evidentemente) más complicado a medida que evoluciona, complicado en otras direcciones. El establecimiento de regularidades y esquemas básicos permite utilizarlos como piezas de construcción para el desarrollo de formas sintácticas complejas, y de modalidades discursivas y estilísticas diferenciadas. Ciertas complejidades lingüísticas sólo son posibles a partir de una fase previa, son "tardías" por definición (por ejemplo la devinculación de agentes y sujetos en la voz pasiva); y por supuesto la complejidad discursiva de una lengua moderna es tan superior a la de una lengua primitiva cuanto más compleja es una cultura avanzada comparada con una primitiva. Pero estas complejidades se pueden edificar sólo con instrumentos cognitivos y lingüísticos que son resultado de las regularizaciones, simplificaciones y estandarizaciones que dan lugar a la gramática.
· Metalepsis. Es metalepsis la circulación ilegítima entre un nivel [de representación semiótica] y otro, rompiendo las fronteras de la verosimilitud o estableciendo conexiones ilegítimas entre uno y otro. (Don Quijote). Genette define la metalepsis como una violación de las fronteras entre niveles narrativos. Observaremos sin embargo que el fenómeno de la inserción dentro del texto narrativo no se limita a otros textos: cualquier elemento semiótico estructuralmente demarcado o autónomo y separado mediante un marco del resto de los elementos puede considerarse un fenómeno de inserción semiótica. Un cuadro, un sueño, una obra musical, etc. pueden ser así pequeños textos dentro del texto, y dar lugar a metalepsis con distinta estructura y potencialidades.
· Mise en abyme. No hay frontera clara entre la mise en abyme de una novela consciente de sí misma y otros mecanismos análogos, ya sea en la dirección del realismo o de la alegoría.
La mise en abyme puede clasificarse de diversas maneras. Dällenbach ofrece una clasificación que distingue entre la inclusión simple, la regresión al infinito y la inclusión paradójica. También podemos atender a otros criterios: si rompe o no las leyes de la verosimilitud; si los personajes son conscientes de ella, si sirve o no como elemento interpretativo del relato, y a quién (personajes, lector, o ambos), etc. Entonces ¿qué diferencia ves entre Metalepsis y Mise en abyme?
Respuesta:
Yo creo que son dos fenómenos independientes, la mise en abyme y la "metalepsis" entendida al modo de Genette (que por cierto no me gusta el término éste, creo que proviene de una confusión, me gusta más "ruptura de marco", marco de la propia narración en tanto que texto, o bien marco representado en ella... (por ejemplo, alrededor de una imagen pictórica o fotográfica descrita en un relato hay como un marco, pero no es un marco propiamente textual).
Así, hay veces en que coincide una mise en abyme con una metalepsis, e incluso puede que armonicen especialmente bien, pero el que se dé una no quiere decir que se haya de dar la otra.
Lo definitorio de una mise en abyme es una cierta identidad o repetición de un elemento incluido o inserto, con el elemento mayor en el cual se inserta. La misma imagen dentro de una imagen, o una imagen similar dentro de una imagen.... aquí ya hay, claro, grados de centralidad, y el fenómeno se puede volver más o menos difuso. De hecho, y hablando de narraciones, nunca se puede insertar exactamente la misma narración dentro de otra, y se trata de que haya una grado razonable de analogía o identidad entre ellas, para poder hablar de mise en abyme de modo convincente. Pero el término es elástico: por ejemplo, si enmarcado en un relato amplio hay una pequeña escena, o cuento, o episodio, que reproduce las líneas generales de fuerza del argumento global, bien podemos hablar de mise en abyme, al menos en sentido amplio. Por ejemplo, en Olalla de Stevenson, una historia en la que dos amantes se reúnen y se separan sobreponiéndose a su deseo, la primera escena en la que se encuentran ya representa lo mismo: podríamos hablar allí de mise en abyme, en sentido amplio, aunque no haya ni siquiera un cambio de nivel narrativo.
La metalepsis debe suponer una cierta transgresión paradójica de marcos narrativos, o semióticos. Por ejemplo, si un personaje (el Wang Fô de Marguerite Yourcenar) pinta un cuadro, y luego escapa a sus captores introduciéndose en el cuadro que ha pintado, allí hay una metalepsis, aunque no hay mise en abyme ni tampoco por cierto una ruptura de marcos narrativos, el marco que se rompe es un marco narrado (la frontera entre un cuadro y la realidad en la que está) pero no "narrativo" en el sentido de estar hecho de palabras. Aunque en un sentido más amplio todo esté hecho de palabras en el relato...
Así pues, puede a veces haber transgresión entre niveles de representación (metalepsis) sin que haya identidad entre un elemento inserto y su contexto de inserción (mise en abyme), o vice versa...
En el primer capítulo de esta sección, Natàlia Izard, de la Universidad Pompeu Fabra, examina la traducción en los doblajes cinematográficos, "una ecuación de tercer grado" según dice, debido a la complejidad de los textos audiovisuales y la complejidad concomitante de su traducción para el doblaje. ("Translating for Dubbing: A Third Degree Equation. An Analysis of Dubbings in Spain" 313-23). Como señala Dirk Delabastita, cada uno de los dos canales (visual y auditivo) puede transmitir signos verbales o no verbales; hay que atender a códigos lingüísticos, paralingüísticos, proxémicos culturales, literarios; hay música, ruidos … (y esto por no mencionar las imágenes dentro de imágenes, o los sonidos reproducidos en segundo nivel). El papel del lenguaje como tal es más limitado que en la literatura. Pero el doblaje también debe atender a esa complejidad semiótica, no sólo a la traducción lingüística. Izard describe el proceso habitual de realización de un doblaje, en el que intervienen muchos responsables—productor, traductor, director, guionistas, adaptadores, actores, dobladores, cantantes, músicos, técnicos de grabación….de modo que el resultado es de autoría colectiva, sin que el traductor tenga un papel dominante. También se toman en consideración la división en tomas y en pistas, las modalidades de doblaje (sincronizado o no con los movimientos de labios), los procesos de revisión, y los requisitos contextuales (censura, convenciones culturales, público de destino…). Las condiciones de trabajo de los dobladores son a menudo precarias e improvisadas. Se examinan aquí algunos ejemplos que muestran la complejidad situacional a que hay que atender en el doblaje y en su análisis, y los muy diversos condicionantes de las decisiones traductológicas que se toman en cada caso. La diversidad de registros sociolingüísticos (o el multilingüismo) de cada cultura, y su reflejo en la película y en la versión doblada, proporcionan varios ejemplos prácticos de las dificultades y de las soluciones siempre discutibles que se les dan.Aunque el traductor (…¡normalmente!) reciba una copia escrita del guión, sería un error juzgar la traducción audiovisual con los mismos criterios que la traducción de textos escritos.
AntoniaMontes Fernández (Universidad de Alicante) examina las normas aplicables a la traducción de los textos publicitarios en tanto que género propio de un mundo globalizado ("Advertising Texts—A Globalised Genre: A Case Study of Translation Norms" 325-40).Los anuncios de las compañías multinacionales son un caso paradigmático de género discursivo propio de un mundo global: son difundidos internacionalmente en diversas culturas, a veces con mínimos cambios, y contribuyen a crear un sujeto de deseo globalizado, en un mundo "en el que los consumidores se sienten fascinados por el mensaje y estilo de vida que difunden" (326).Es quizá criticable la terminología de culture-free products "productos libres de cultura" utilizada por la autora para estos objetos comerciales del mundo global, aunque se entiende su sentido—no son específicos de una cultura local, sino que se hallan asociados a esta economía y modo de vida difundidos en todo el mundo por los procesos globalizadores y el márketing internacional. No están tan libres de cultura en el sentido de que estos discursos y anuncios "también enfatizan los valores de una cultura global moderna, en la que predominan los valores y estilos de vida anglonorteamericanos" (327).Si bien es también un anglosajonismo un tanto descafeinado, como señala la autora citando a Snell-Hornby:
"Está la lingua franca en estado de flotación libre (el Inglés Internacional) que ha perdido en gran medida la orientación de su identidad cultural originaria, sus frases hechas, sus connotaciones ocultas, sus sutilezas gramaticales, y se ha vuelto una forma reducida y estandarizada de lenguaje para la comunicación supra-cultural—el "McLenguaje" de nuestro "McMundo" globalizado." (Snell-Hornby 2000: 11)
Los anuncios en concreto son un discurso globalizado en el sentido de que (1) se modifican sólo verbalmente con vistas a una cultura de destino (traducción y adaptación del texto) mientras que el diseño gráfico e imágenes son idénticos; (2) las campañas de promoción y ejecución tienen lugar en un entorno global, siendo multinacionales los promotores del producto y los anunciantes; (3) la cultura consumista a la que se dirigen tiene también características globales, similares en países muy diversos.
Aplica la autora a los textos publicitarios las normas de traducción desarrolladas por Gideon Toury (1980, 1995) para textos literarios, y estudia un caso concreto, un anuncio de cosméticos. El objetivo es reconstruir las decisiones del traductor en cada paso del proceso de traducción, comparando un anuncio original en inglés con las traducciones española y alemana del mismo. Según Toury, las normas traductológicas pueden clasificarse en (1) preliminares, relativas a la información previa de que ha de disponer el traductor;(2) operativas, relativas a las decisiones efectivas tomadas por el traductor a la hora de producir su texto; se dividen éstas en matriciales (relativas a la presentación formal, tipográfica, multimedial y estética) y lingüístico-textuales, relativas a los cambios propiamente lingüísticos que se efectúen, decisiones sintácticas, semánticas, pragmaestilísticas…; (3) la norma inicial puede determinarse tras un análisis de las otras: "se refiere a la estrategia general seguida por el traductor para traducir el texto. Esta elección global puede consistir en o bien adherirse a las normas de la cultura de origen—la adecuación de la traducción con respecto al texto original—o bien atenerse a normas dominantes en la cultura de destino—la aceptabilidad de la traducción en el seno de la otra cultura" (330).Se siguen estos pasos en el análisis de un anuncio de Estée Lauder para promocionar su producto Equalizer Smart Makeup. La autora concluye que la traducción al español ha seguido la norma inicial de primar la adecuación al original, mientras que la traducción alemana del mismo anuncio tiende más a primar la aceptabilidad, con mayor transformación del original.Siendo un caso único de estudio se echa en falta un enfoque más interpretativo—por ejemplo, no se da una indicación de si esto es un caso individual que no tendría mayor interés en sí, o si responde a condicionantes más generales de las culturas española o alemana; tampoco queda claro si se podría investigar esto último, o si el método propuesto sólo tiene sentido estudio de casos individuales.Por otra parte, no se menciona un eco intertextual relevante en el anuncio, la referencia a las smart bombs empleadas por los ejércitos aliados en Irak, que supuestamente "seleccionan" (como el maquillaje éste) las áreas de ataque. La manera en que estas asociaciones bélicas serían recibidas no ya por "la cultura" alemana o española, sino por un determinado público femenino burgués sólo puede ser materia de especulación, pero son preguntas relevantes para el estudio en profundidad de un caso concreto.
Fernando Repullés Sánchez (Universidad de Zaragoza). "Shrek: When Audiovisual Humour Becomes a Lingua Franca." 337-56.
Considera el humor audiovisual una especie de lengua franca internacional—en una metáfora que implica una comunicación efectiva. Se centra en una película de animación como Shrek (2001) para mostrar cómo la multiculturalidad es de gran ayuda en la traducción funcional de los materiales humorísticos, y contribuye al éxito de una película.
María Rox Barasoain, aquí adscrita a la Universidad de León, escribe sobre "How ’Marujita Díaz’ Became ’Julie Andrews’: Idiosyncrasies of Translating Cultural References in the Filmography of Pedro Almodóvar." 357-67.
Explora las dificultades inherentes a la traducción de algunas de las referencias culturales usadas por Almodóvar en sus películas. En la mayoría de los casos se muestra la imposibilidad de conservar el mensaje humorístico relativo a la cultura de origen, ya que los traductores se atienen por lo general a las normas de la cultura de destino a la que se dirigen las versiones traducidas: un público norteamericano que difiere del original en múltiples cuestiones como religión, estilo de vida, trasfondo cultural, etc.
María Milagros del Saz Rubio (Universidad Politécnica de Valencia) y Barry Pennock-Speck (Universidad de Valencia) son coautores de "Male and Female Stereotypes in Spanish and British Commercials." 369-82.
Examinan un corpus de anuncios británicos, españoles y norteamericanos para valorar el uso de estereotipos masculinos y femeninos a la hora de anunciar una determinada gama de productos. Prestan atención a las voces que los anunciantes dan a los personajes que participan en el anuncio televisivo (ya sea como voz en off o como participantes) para mostrar cómo el manejo cuidadoso de una imagen acoplado con la voz apropiada desencadena en el público determinadas asociaciones entre el producto que se anuncia y los personajes, con el fin de ayudar a vender o promover el producto.
Este artículo presenta una interpretación y una crítica de los conceptos narratológicos de nivel narrativo y persona narrativa, tal como son definidos por Genette, Bal y otros teorizadores. Estos conceptos quedan asentados con fundamentos más sólidos al relacionarlos con una teoría semiótica más amplia, en especial con la teoría de la enunciación. La estructura de la narración se basa en la construcción enunciativa de sujetos textuales y en la capacidad del relato de incorporar múltiples enunciaciones que pueden usarse para motivar su estructura discursiva. Algunas de las principales posiciones narrativas (la narración en primera persona, el narrador testigo, la narración autorial fiable o no fiable) se examinan desde esta perspectiva. También se redefine el concepto de metalepsis o ruptura de marco.
This paper is an interpretation and a critique of the narratological concepts of narrative level and narrative person as defined by Genette, Bal and other theorists. These concepts are placed on a firmer ground by relating them to a wider semiotic theory, especially to the theory of enunciation. The structure of narrative relies on the enunciative construction of textual subjects and on the story’s ability to convey multiple enunciations which can be used to motivate its discursive structure. Some of the main narrative positions (first-person narration, witness narration, reliable and unreliable authorial narration) are examined from this perspective. The concept of metalepsis or frame-break is also redefined.
Este artículo apareció en 1996 en el volumen 17 de Miscelánea: A Journal of English and American Studies. La revista tiene ahora una nueva edición en red que va completando volúmenes antiguos. También he subido una copia al repositorio digital de la Universidad de Zaragoza. _________________
2011: Más ejemplares en otros repositorios: en Academia y en el SSRN.
A dialogue stemming from the Narrative-L distribution list. It is about different time sequences in narrative and their structural relationship. I restore the sequential order of the exchange—otherwise e-mail responses, like blogs, have an analeptic structure and move steadily back in time:
My overall claim is that Genette's model needs to be adjusted so that it does not require a logical ordering of all story events, but only of a small number of core story events. Events that occur outside of the essential core needonly be understood in (temporal) relation to the core, not necessarily in relation to each other.
My own feeling is that written fiction can indeed "roam" much more freely in time and space, especially in expository passages, that is, passages where the action is not set in any specific temporal-spatial (scenic) frame. Also, it seems to me that chronological/logical order is more important for those events that take place in the fictive present than for the events represented in retrospective or prospective passages. It is often quite difficult to arrange events evoked in flashbacks in various parts of the narrative in a chronological sequence, especially in novels with multiple story lines. On the other hand, it is usually less difficult to keep track of what is going on in the narrative present, since it unfolds more or less chronologically. Sellars formulation concerning "events that need only be understood in (temporal) relation to the core, but not necessarily in relation to each other" is IMHO a quite good description of the relation between main narrative and anachronies in many novels.
I would also like to mention list member I.S. Talib's fine article on "Nostromo" ("Conrad's Nostromo and the Reader's Understanding of Anachronic Narratives") where he puts forward the hypothesis that the fictive present (rather than the underlying fabula/story "per se") is the most important point of comparison or anchoring point for the reader in the processing of anachronic narratives. Accordingly, what makes "Nostromo" a somewhat difficult read is the fact that the narrator does not establish such a fictive present until quite late in the narrative:
"The narrative "now" is the Archimedean platform from which the past and future could be moved about in the reader's mind during textual response. Even if the chronology continues to move backwards or forwards after the narrative "now" has been found, these movements could be seen in terms of clear-cut analepses or prolepses from the "now", instead of unmotivated movements back and forth in time. I am convinced that this inability to find the narrative "now" during reading performance lies behind many readers' difficulties with the chronology of Nostromo, where, as Said has observed, "the present seems most reluctant to hold center stage".
Best, Eva
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Dear Eva,
If you're interested in that line of criticism of Genette's model you might also be interested in this paper, which puts forward a similar proposal (the one in the quote from Sellars' paper):
Adams, Jon-K. "Order and Narrative." In Recent Trends in Narratological Research: Papers form the Narratology Round Table ESSE-4, September 1997, Debrecen, Hungary, and Other Contributions. Ed. John Pier. (GRAAT 21). Tours: Publications des Groupes de Recherches Anglo-Américaines de l'Université François Rabelais de Tours, 1999. 111-28.
Thanks for the response. I have Adams' article, which I think is quite interesting and thought-provoking. Adams has also pursued this line of thought in " Narrative theory and the executable Text" (Journal of Literary Semantics. Volume 29, Issue 3). Adams does not refer to the differences between film and written fiction, though-that's why I thought it would be interesting to hear what film narratologists have to say on the matter.
Although Genette himself describes his method as involving a comparison between two different orders (story order versus discourse order), I would not consider this way of looking at anachronic narratives as a criticism of Genette's method-after all, the notion of a chronological "primary narrative" is a vital part of Genette's theory of narrative order as well. In fact, his categories of anachronies (external/internal, heterodiegetic/homodiegetic) more or less depend on a well-defined "narrative present", from which the anachronic segments can deviate in various ways. If there is no clear primary narrative, or if the narrative goes "backwards", it might be quite hard to decide whether a specific chunk of discourse should be regarded as a chronological deviation (deviation from what?).
As for the issue of absolute chronology, it might be that most readers do not consciously register that the analeptic or proleptic segments are "achronous" (in the sense that they cannot be arranged in a clear chronological sequence), as long as the background information they provide can be integrated into the ongoing action.
Another problem with regards to the analysis of narrative order is that "event in the fabula" and "narrated event" are still quite nebulous concepts in narrative theory-as you yourself have shown in your fine (Spanish) introduction to narrative theory. I have seen some quite odd applications of Genettian theory, where every element in the text that could conceivably be considered as an "evocation" of an earlier or later event is included in the analysis, with the result that even (in my eyes at least!) quite straightforwardly narrated passages are described as displaying complex anachronic movements between various temporal positions.
Best, Eva ____________________
dear Eva, Well, Genette himself provides the model for "microscopic" analyses of temporal complexity in Narrative Discourse, just before he embarks on the "macro" analysis of prolepses, analepses, etc... and then he finishes the chapter on anachronies with a reference to "achrony", when temporal relationships become too vague or complex to track down. Still, perhaps we analysts are tempted by the most extreme cases (Proust, Memento, etc.) while most narrative is comparatively straightforward in this respect; thence the temporal disconnection of anachronies Adams alludes to. Both in films and in novels the notion you allude to, an "ongoing present" which serves as a basis for eventual anachronies, is crucial, since it provides for immersion, an essential ingredient in narrative, especially in popular narrative. Thanks for the answer! Jose Angel ____________________ Eva Broman escribió: > Hi again, > > Thanks for the personal reply! I had hoped that my query would generate some onlist discussion among the narratology mavens, especially since the fabula/sjuzhet dichotomy has been so influential *and* contested. However, it seems that nobody except you took the bait!;-) > > I have to admit that I find Genette's micro-analyses a bit problematic...I have the feeling that he focuses too much on relations between "temporal positions" rather than relations between events (characters' physical, mental etc. actions), which I think is the most important element of temporal analysis at the micro-narrative level. > > To me it seems as Genettes efforts to "date stamp" the text fragments he deals with and arrange them in elaborate arithmetic formulas doesn't really convey the reader's experience of temporality in these sample texts. Take this passage, for example, where Genette has marked the "narrative sections", which each belong to a specific temporal position in the "histoire": > > D) Swann interested Bloch greatly by telling him that the Prince de Guermantes was a Dreyfusard. "We must ask him to sign our appeal for Piquart; a name like his would have a tremendous effect". But Swann, blending with his ardent conviction as an Israelite the diplomatic moderation of a man of the world, (E) whose habits he had too thoroughly acquired (F) to be able to shed them at this late hour, refused to allow Bloch to send the Prince a circular to sign, even on his own initiative. > > In my reading experience, the marked sentences would be the ones I'd focus on when trying to assess the temporal order between the story events narrated in this passage; Genette's narrative sections E and F contain background information, which play a minor role in my understanding of "what is happening" in this particular passage. And yet Genette includes them in his scheme of the temporal relations between the events in the story and their presentation in the narrative, which results in (in my humble opinion, at least!) an overly complex representation. Furthermore, in Genettes scheme you get the impression that the events described in section D and F belong to the same chronological level (level 6, "the Swann-Bloch luncheon"). Such a notation misses that there is a chronological passing of time within that level. If you look at the segment in which this extract belongs, you see that all the events which are included in the "Swann-Bloch luncheon" section follow each other in diegetic time. At " F6" Swann does not allow Bloch to send the circular, then he repeats himself, then he refuses to sign it himself. At "N6" we find a summary account of the result of the action at F6. Genette's method of analysis suggests that "D6", "F6" and "N6", while progressing in presentational order, do not progress in chronological order. Although his method ostensibly deals with temporal sequencing on the narrative micro-level, it cannot account for "iconic sequence", which I would say is one of the most important features of narrative temporality at this level of analysis. Of course, it might be that Genette thought this type of (chronological) temporal sequencing so mundane and self-evident that he refrained from dealing with it, concentrating on miniscule anachronic movements instead! > > It might also be that Genette never intended these particular sample analyses from the 70's to be used a general model 30 years later-the problem is that many budding narratologists (e.g. PhD students!) regard them as the gospel truth and apply them mechanically on their chosen texts, which sometimes results in some rather bizarre descriptions of temporal structure. Anyway, I find Genette's examples and analyses of macro-structural anachronies more convincing and useful, and quite close to the work of Lämmert and other theorists of narrative time. > > > > Eva
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Dear Eva, Well, actually when one thinks of Genette's account of temporal structure one thinks of the "macro" analyses of time instead of the micro ones you mention, but I think both are useful and illuminating---although of course one may disagree (actually one disagrees at almost every step!) with the actual analyses carried out and even with the conceptual apparatus, which struck people as complex but in fact deals in a simplified way with the complexities involved in narrative. That is, I like both kinds of analysis, and the way they allow us to connect on the micro side with grammatical analyses of time at sentence level, anaphora, coherence, and the traditional "linguistic" approach to time; and on the macro side with large categories of textual organization such as narration and focalization.
I'll just focus on one of the cases you mention, to show that I also find them problematic, and how they should be even more complex. As to your objection that this does not account for the reader's experience of temporality... well, there is a problem with the notion of experience, because in a narrow sense experience is identified with the conscious, attentional aspects of consciousness. But what makes for the reader's experience, in a wider sense, is the whole, both what is consciously attended to, and what has been interiorized or "grammaticalized" and thus works unconsciously. I think that must be accounted for, too, although of course it is a different plane of analysis. For instance, in the passage you quote, take just the first sentence: "Swann interested Bloch greatly by telling him that the Prince de Guermantes was a Dreyfusard". We have a whole narrative sequence there, part of it by implication: 1. the Dreyfus case (a whole story in its own right). 2. The Prince de Guermantes becoming a Dreyfusard, a choice or significant response by one of the characters. 3. Swann's learning of it. 3. Swann's telling Bloch. 4. Bloch's reaction. In context, there is also the story of Swann's relationship to the Prince, and to Bloch, especially in the light of Swann's telling Bloch not to send the manifesto to Guermantes. So each micro event acquires its full sense in the context of larger events---including the Jewish diaspora in the larger historical background. And then, in the larger temporal frame, one must go beyond this particular episode in the Recherche to the larger frame, where the characters' actions and choices are seen in perspective from the authorial viewpoint. And this authorial viewpoint is itself situated in history—which is why Proust can write with a measure of hindsight and panoramic omniscience on the Dreyfus case. Of course this authorial dimension of temporality is another of the missing or faulty pieces in Genette's analysis, given that his model leads us to disregard Proust (even as an implied author) and concentrate at most on "Marcel" the narrator, as the most encompassing frame of narrative analysis, temporal or otherwise.
I suppose everyone must build their own model of temporal and structural categories for narrative analysis, depending on the needs, interests and priorities of their analysis. But the most comprehensive models, which find a place for the simpler ones, must necessarily be complex, and sometimes unwieldly, a way of "killing flies with cannon", as we say here in Spain!
Jose Angel
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Hi!
Thanks again for your thoughtful response! I agree with your thoughts on the particular passage, which I think go far beyond the standard conception of narrative/sjuzhet order as a "distortion" of a pre-existing temporal sequence of events, which is Genette's main concern at this point. As I wrote, my comments were more focused on the reader's impression of temporal progression in the particular passage. It seems to me that the subordinate clause which Genette in his scheme indexes as containing two narrative sections/"events", does not really affect our sense of temporal progression/ordering in this particular episode-they function more as an explanatory background to the distinct event that follows (the fact that Swann refused to allow Bloch to send the circular). Genette's micro-structural analysis of narrative order doesn't really account for the alternation between more or less static background information and dynamic foreground in narrative discourse, which I think is vital for the study of narrative progression.
> But Swann, > blending with his ardent conviction as an Israelite the diplomatic > moderation of a man of the world, (E) whose habits he had too > thoroughly acquired (F) to be able to shed them at this late hour,
Of course, I'm quite influenced by linguistic theories of foreground and background in narrative, such as those proposed by Reinhart, Dry and Fleischman. My personal reading experience is that in most narratives there is a "skeleton" of narrative clauses/dialogue sections which propel the action forward in the narrative now, and which we use as a kind of scaffolding to understand "where we are" in the evolving story. Other types of passages (thought representation/memory monologues, description, iterative sections etc.) do not convey the sense of time passing in the same way. Of course, in many novels the actional skeleton is not very important at all, while the inner fabula takes center stage (memories of things that happened in the narrative "past", projections of possible future events etc.). This multilayered nature of narrative discourse is not really accounted for in Genette's micro-analyses, although it is quite apparent in his description of Proustian "omnitemporality".
If you have the time, I'll give you an example of the kind of meticulous analysis of narrative time that I personally find somewhat misleading (the section concerning time is quite far down in the text):
The question whether this type of analysis should be considered adequate or not obviously depends on our definition of "event" and "fabula". However, if event should primarely be considered as something someone does (thinks, says) in the fictional world, and fabula as a (reconstructed) coherent series of such events/episodes, I think FitzSimmons analysis is too wide-ranging. For example, if a person in the fictional now mentions a historical event in conversation or if someone sings a song that might be temporally indexed, should these mentioned "events" be included in a description of the "action" or "story" that the narrative conveys or represents? FitzSimmons does include such instances as "events" in his paraphrase...I wouldn't deny that there is a complex layering of events and time schemes in Faulkner's fiction, but somehow I feel that this type of analysis makes it unnecessarily complex!
I don't want to take up too much of your time, so I'll stop here!
Best, Eva
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Yeah, I agree with your view that there are lots of temporal structures and distortions but some are more relevant than others to account for the reader's experience---and also to characterize the author's style. I suppose part of the issue is the difference between the temporal structures that are "already" there as part of the characters' world (or as part of background stories, songs, etc.) and those that are the immediate concern (attentional one might say) of the narrative, and its own work as an exercise in temporal structuring. Although some authors are more attentive than others to the "received" time of objects, received stories, myths, and so on, it doesn't make sense to collapse all of those events of many different kinds at the same level, as events in a fabula. One could say that the universe is a big story which encompasses everything all right, and everything's a chapter of that sequence of events--- but then the differences between different frames must be attended to, and the cogs and wheels of narrative, so to speak, are also part of the story---a watch is not the same thing as the pieces which make it up, all in a row. So I think we agree on the way to deal with these issues in narrative analysis. Glad about this exchange, Eva, we'll be around I guess; greetings from Zaragoza, Spain.
Este artículo examina algunas conexiones conceptuales entre las áreas de la narratología y de la pragmalingüística, con especial atención a las particulares características enunciativas del discurso de ficción. Se propone un modelo descriptivo de análisis semiótico, tomando en consideración la compleja estratificación estructural de la ficción narrativa y la diferencia entre los niveles de enunciación y los niveles de ficcionalidad.
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This paper examines some conceptual connections between the areas of narratology and pragmalinguistics, with a specific focus on the enunciative peculiarities of fictional discourse. A descriptive model for semiotic analysis is proposed, taking into account the complex and stratified structure of narrative fiction and the difference between levels of enunciation and levels of fictionality.
También he subido un PDF de este artículo al repositorio de la Universidad de Zaragoza, Zaguán.
El artículo apareció en 1994 en el volumen 15 de la revista de Filología Inglesa de nuestro departamento, la Miscelánea, que por entonces editaba yo. Era un volumen voluminoso, de homenaje a Carmen Olivares, próxima entonces a la jubilación. Tuvo la revista una primera edición electrónica a mi cargo, en los noventa, que luego desapareció de la red; ahora reaparecen poco a poco algunos volúmenes antiguos en la nueva edición electrónica de la revista llevada a cabo por las actuales editoras.