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Vanity Fea

Universidad

Un complemento, por calidad


En septiembre pedí un complemento salarial por mejora a la docencia, y ahora me llega la resolución de la ACPUA, o sea, la Agencia de Calidad y Prospectiva Universitaria de Aragón, nuestra ANECA local, que es quien determina. Y es moderadamente positiva, o sea que algún eurillo me darán. Me han puesto un 1'4 sobre 2; o dicho de otra manera (puesto que teniendo encuestas positivas ya tenía asegurada la mitad, un punto) que de otro punto que me podían dar por actividades de mejora e innovación docente, me han dado 0'4. Será sabio, creo, reducir mi tiempo dedicado a estas actividades a un 40% del que le he venido dedicando...  y destinar a menesteres más provechosos el tiempo no perdido.

Tampoco sé cuánto me van a pagar de complemento. De esos detalles insignificantes no me informa el escrito que me ha llegado; habrá que esperar a recibir la nómina, que es ya un galimatías de complementos girando en torno a un sueldillo de mil euros (1069 euros, con 62 céntimos, para titulado superior doctorado funcionario nivel A en nuestro rincón de la administración). Más se vale de los complementos...  Pero mejor preparar la dura jubilación, creo, que seguir acumulando complementos evanescentes.

Ahora, que para mileuristas, los asociados. Y divide eso por la mitad, porque sólo les dan medio contrato. Y sin peldaños ni trienios, que no son funcionarios. ¿Será esto la universidad de Calidad de la que habla la ministra—o igual era caridad y entendí mal?

Me pagan las clases



Hoy olla podrida

Gracias a los blogueros universitarios de Fírgoa que me han colgado otra vez una cosa en portada, esta vez la nota sobre evaluación en la universidad que pasé ayer: "La evaluación evaluada." Era mayormente, recuerdo, una visión crítica que nos ha hecho llegar la UGT. Hoy nos pasaba Comisiones Obreras una intervención ante la Comisión de Educación del Congreso donde se expresaban similares temores de que la evaluación de calidad universitaria se convierta en un fin en sí mismo que vaya a distorsionar la propia actividad de la universidad...

Y cosas aún más interesantes pueden encontrarse en la portada de Fírgoa. No os perdáis las conclusiones del congreso que se ha celebrado sobre corrupción, acoso y endogamia en la Universidad, expuestas por su organizador Guillem Bou: "Investigar la Universidad: Una tarea restringida".
Para muestra un botón:

Corrupción y acoso, por lo general, van unidos a la casuística universitaria. Es decir, no existe la figura del ‘corrupto simpático’ o delincuente popular tipo Robin Hood. Al contrario, se trata siempre de personas ambiciosas en extremo, sin ningún tipo de empatía por el prójimo, tendentes al abuso reiterado de poder y capaces de cualquier crueldad. En esta tesitura, por tanto, la persona corrupta acosa sin piedad a todos aquellos testigos no participantes de sus corruptelas y, por añadidura, a cualquier persona mínimamente creativa, honrada o con un mínimo de conciencia personal o profesional.

Los casos de corrupción son tremendamente complejos; ello se debe a los múltiples recursos financieros a que da acceso la vida universitaria y al poco control sobre los mismos. Además, se dispone de un marco legal claramente insuficiente para perseguir la corrupción ya que las leyes, quizá malentendidas bajo el pretexto de la ‘autonomía universitaria’, garantizan la impunidad de quien corrompe.

La situación de corrupción en la asignación de plazas en la universidad pública española no es, en absoluto, nueva. Se remonta quizá a sus orígenes y, como muestra, disponemos de un artículo impagable del mismísimo Ramón y Cajal en el que opina que “la situación no tiene manera de ser arreglada”.

    
Pues seguro que Ramón y Cajal lo tenía bien estudiado... así que es desalentador.

Otra noticia interesante recogida en Fírgoa: un documento de trabajo del Ministerio sobre la reforma universitaria en curso que tantas vueltas nos ha hecho y nos hará dar: "Aclaraciones sobre el documento de 26 de septiembre de 2006: La organización de las enseñanzas universitarias en España" Lo de "aclaraciones" suena prometedor, pero lo cierto es que hay cosas que siguen sin estar nada claras. Por ejemplo: ya creíamos que con la reforma del registro de titulaciones se había alejado de momento el fantasma de la supresión de Filología Inglesa (y otras titulaciones). Ahora vuelven tímidamente asomando las orejas los Libros Blancos aquellos de la ANECA, que serán criterios, no se sabe si requisitos, para las nuevas titulaciones que se implanten. Con lo cual ¿volvemos a estar en las mismas? Recordemos que la ANECA (la necat en este caso) rechazó la existencia de un título de Estudios Ingleses, que están por tanto sin libro blanco... Tampoco queda nada claro si las titulaciones actualmente existentes y que no tengan Libro Blanco serán suprimidas, reformadas, amalgamadas, o qué. Hará falta una aclaración de la aclaración. Y quizá volver a desempolvar los silbatos y las pancartas, ay qué cruz.

Y he estado explorando la web con Google, con combinaciones de los términos "profesor" "titular" "experiencia" "investigadora" "acreditada" "doctor", intentando resolver un conundrum legal, pero sin éxito—o sólo con éxito en egorías, porque Google me devolvía a mi propio blog que debe ser uno de los pocos sitios donde se plantea el tema. A ver, la cosa es que la LOU exige para dirigir tesis que el director tenga "experiencia investigadora acreditada". Allí está hablando de doctores directores, no de catedráticos ni de profesores titulares, ni nada similar sobre los cuerpos docentes universitarios, porque este punto también es aplicable a las universidades privadas. Bien, el Consejo de Gobierno de la Universidad de Zaragoza dictaminó que tienen "experiencia investigadora acreditada" a estos efectos quienes tengan un sexenio o tramo de complemento salarial investigador reconocido. O méritos comparables (pues sexenio o tramo sólo lo pueden tener los funcionarios).

Y mi duda es: ¿no se contradice esto con otro punto muy claramente expuesto de la LOU, aquél donde sí habla de los cuerpos docentes universitarios, y dice, cito: "Los Catedráticos y Profesores Titulares de Universidad tendrán plena capacidad docente e investigadora". ¿Acaso no incluye esta "plena capacidad investigadora", por definición, la dirección de tesis doctorales? La ley no considera oportuno introducir ninguna matización ni limitación en este punto. Creo que es un asunto que se va a tener que plantear nuestra Universidad, no vaya a ser que la normativa emanada del Consejo de Gobierno contradiga a la LOU.

Ah, y otra noticia de la ANECA (ultima necat). Es posible trabajar desde hace quince años en la Universidad, sacarte hace años tu título de doctor, tener todos los informes de docencia de tu centro positivos, teniendo tus publicaciones, un libro recién salido en una excelente serie de tu campo de estudio, bien reseñado... y es posible, digo que te den informe negativo de la ANECA para poder presentarse a concurso a una plaza de contratado doctor. (No sé si se entiende: es que ni siquiera puedes presentarte a concurso a competir con otros ciudadanos a sacar una plaza de profesor no permanente de la categoría que vienes ocupando desde hace años). Es lo que le ha pasado a un compañero nuestro. Claro que también se lo habían cargado injustamente en unas oposiciones antes, y eso igual marca. ¿Será que le pasaron la mota negra?

En fin, que esto es lo que se llama hacer atractiva la carrera docente.

doctores y Doctores tiene la Iglesia

Esto apesta

Me refiero a la "RESOLUCIÓN de 29 de septiembre de 2006, de la Secretaría de Estado de Universidades e Investigación, por la que se hace pública la convocatoria de ayudas para la realización de proyectos de investigación, en el marco de algunos Programas Nacionales del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica 2004-2007" (PDF aquí).

Lo que apesta no es que haya programas de subvención a la investigación, ni las cantidades destinadas a las humanidades (que serán como siempre, imagino, irrisorias). No, me refiero al planteamiento general sobre quién puede recibir las ayudas. Hay tres tipos de acceso, a cual más apestosillo cuando se estudian los criterios de cerca. El primero:

A. Proyectos para jóvenes investigadores de talento, con contribuciones científico-técnicas relevantes y prometedoras y con líneas de trabajo diferenciadas e innovadoras; los requisitos exigidos a los investigadores principales que presenten proyectos en este eje son: 1) tener como máximo 40 años en el año en curso de publicación de esta resolución de convocatoria; 2) no haber sido investigadores principales de un proyecto financiado previamente dentro de una convocatoria del plan nacional de I+D+i; 3) solicitar dedicación única al proyecto solicitado. Se considerará no adecuado al espíritu de este tipo de proyectos las peticiones que supongan una fractura de grupos previos y que mantengan y dupliquen la misma línea de trabajo, con objetivos y técnicas similares.

 
Bien, o sea que estos jóvenes lumbreras, estos mirlos blancos, tienen que aterrizar del extranjero, impolutos por el contacto con otros grupos de investigación aquí. Por ejemplo, alguien que trabaje en nanotecnología cristalográfica, suponiendo que tal cosa exista, y esté contaminado por haber colaborado con algún grupo de investigación subvencionado, y desee formar grupo aparte porque disienta de la manera en que se lleva la investigación en su grupo, está marcado como persona non grata para la convocatoria. Si te sales del grupo... allá tú. Nadie te va a financiar, por joven y prometedor que seas. Bueno, lo de los jóvenes de 40 años, me callo por interesado (tengo 45 y podría despotricar un poco... desde luego no hay convocatorias específicas para gente entre 45 y 50, y no veo por qué no podría haberlas)—pero desde luego si a los 40 no diriges tu propio proyecto, seguro que no lo vas a dirigir en la vida con los criterios que aquí te preparan. Eso sí, tendrás que aterrizar como algo nuevo y sorprendente, the new kid in town, como Cristo entre los Doctores. Vamos a la modalidad B:

B. Proyectos para grupos de trabajo usuarios tradicionales de esta convocatoria. No se aplica ninguna condición específica, salvo las genéricas de la convocatoria que se expresan en los correspondientes apartados. Este eje se corresponde con la convocatoria general, que será una opción estratégica para los grupos de investigación y tendrá unos niveles de calidad similares a las de los otros tipos de proyectos.

Traduzco: tened y se os dará. Los usuarios tradicionales son bienvenidos; los otros, NO. Esta convocatoria fomenta el mantenimiento de grupos estables. Algo que suena a loable, y probablemente lo sea en muchos sentidos, pero a cambio perpetúa:

- La falta de innovación, es decir, la falta de investigación de calidad—hablo de las humanidades, que es lo que conozco. Se investiga aquí en ciencia normal, que diría Kuhn, se prima la continuidad con lo ya hecho. Los usuarios tradicionales seguirán con sus tradiciones, de eso poca duda cabe. Y en ciencia dura (física-química-ingeniería-etc. etc.) puede que la cosa tenga su lógica. Allí la gente firma los artículos en equipo, y los hace en equipo. Porque trabaja en equipo. Porque son importantes los resultados replicados, controlados, exactos, con procedimientos estandarizados, impersonales. Aunque a cambio quizá se pierdan iluminaciones rompedoras del paradigma; posiblemente compensa el progreso estable y medido; al menos no conozco a científicos que protesten contra el trabajo en equipo (sí contra algunas servidumbres específicas de cada equipo...). En cambio, cuando a las humanidades se les aplica el mismo rasero y los mismos impresos de solicitud, el fiasco es total. Se crea investigación mecánica, o colaboración ficticia. En las humanidades es esencial la interpretación del caso único, la investigación creadora y sin cuadrículas ni instrumentos de medida que estandaricen el resultado. Es la investigación más característica de estas disciplinas, la más valiosa, la de más calidad. En humanidades los artículos se firman individualmente (aunque luego se agregen como labor de equipo en el impreso). Y los grandes humanistas siempre han investigado solos. El mismo planteamiento por el cual se saca una convocatoria única y cuadriculada para ciencias y humanidades es un procedimiento antihumanístico. Es, eso sí, profundamente oficialista, oficinista, administrativista, y, para los "usuarios tradicionales", repetitivo. Justo lo que no deberían ser las humanidades jamás.

- Perpetúa también el feudalismo. Ya hemos visto en el punto A que los miembros de los equipos (pongamos, por simplificar, los profesores titulares) han de estar atados y bien atados al grupo. El que se mueve no sale en la foto. Hay que estar año tras año en el orden jerárquico establecido, y produciendo para el jefe. Porque, ¿se piensan ustedes que los grupos se van turnando la jefatura de grupo, que tienen tan buen fílin y tanto compañerismo de equipo que este año dirijo yo y el año siguiente tú? ¡Ji ji ji....! Si es que los privilegios que la LOU no da a los catedráticos, se los van arrogando luego entre líneas, y así la Universidad sigue siendo la que era, con los usuarios tradicionales.

- Perpetúa los intereses creados. Los contactos entre los interesados de siempre y las comisiones (también un petit comité de catedráticos, al fin y al cabo). La acumulación de recursos año tras año en poquitas manos, que lleva a malos hábitos y despilfarro—despilfarro por unos sitios, y carencias por otros. Lleva también al desarrollo de maniobras establecidas en las universidades, a resultas de las cuales se utiliza la pertenencia a grupos como un salvoconducto para muchas otras cosas. Y por allí pasamos a las tergiversaciones de las normativas, para favorecer a los grupos; a las dinámicas de apoyo mutuo por parte del fosilizado grupo contra quienes no pertenecen a él. Se estimula la lucha de partidos (partidillos casposos) en los Consejos de Departamento. Etc. etc. etc.

- Ah, he identificado "catedráticos" con "investigadores principales", y "profesores titulares" con "curretas de a pie". Una simplificación grosera, lo reconozco. Ahora bien, que si no lo son (catedráticos, investigadores principales), tranquilos, que pronto lo serán. Porque ya cuidarán los catedráticos de promocionar al cuerpo a los primus inter pares. Y los que no dirijan equipo van a tener muy pocas oportunidades de hacerse catedráticos; al menos si les dicen lo que me dijeron a mí en la Infausta Oposición: que si bien había participado en muchos proyectos, no había dirigido ninguno. Humm.... El Dedo no me había señalado, es cierto.

C. Proyectos para grupos con líneas de trabajo en la frontera del conocimiento y resultados previos de calidad, así como con una trayectoria acreditada y solvente dentro de la comunidad científico-técnica nacional e internacional. Para poder solicitar este tipo de proyectos, el investigador principal deberá haber realizado previamente, como tal, al menos 5 proyectos del Plan Nacional financiados dentro de este mismo tipo de convocatoria (no se consideran válidas otras convocatorias del plan nacional como las denominadas: acciones especiales-complementarias, ni los proyectos complemento al programa marco de la UE, ni proyectos PETRI, PROFIT, FEDER, OTRIS, P4, ... ( .... ) etc etc etc etc... (....) También será posible solicitar este tipo de proyectos cuando se unan dos o más grupos de trabajo en un proyecto único y cada grupo haya tenido al menos 4 proyectos previos con el mismo investigador principal, en las condiciones anteriormente reseñadas.

Bueno, la idea de los C parece que es hacer grupos más fuertes y consolidados con los ya existentes. En la frontera del conocimiento (aunque no especifica si es la frontera de aquí o la de allá). Obsérvese el énfasis en la identidad personal e intransferible del investigador principal. Son proyectos no para equipos, sino para Investigadores Principales y su séquito. Aquí está claro que dependes de tu Señor; si tienes la desgracia de que se te jubile antes de que complete cuatro proyectos, no eres nadie; no pasarás al grupo C, lástima de vasallo, si no oviere buen señor. Ojo que estamos hablando de proyectos que suelen durar cuatro años, y en un sistema establecido no hace tanto tiempo; es decir que cinco proyectos por cuatro igual a veinte años: catedrático a los cuarenta pongamos (optimista) más veinte años de proyectos, todos bajo control continuado... sesenta años. Estamos hablando de un grupito de gente reducidísimo. Mirad quienes son los quinqueproyectistas, y veréis quiénes buscan asegurarse llegar a la jubilación (y pasar a eméritos si pueden) bien aupaditos por sus militantes de base, y sin ningún acelerado que se les vaya a subir a las barbas... Incluso no costaría mucho ver quiénes en concreto han redactado o inspirado la convocatoria ésta, que apesta.

Y encima igual piensan que no se nota.

Apoyo a la libre investigación


Me pagan las clases

Algo es algo. No, quiero decir que únicamente me pagan las clases, las horas efectivas en las que estoy dentro del aula. No me pagan ni las horas de preparación de clases, ni las reuniones y papeleos, etc., ni por supuesto la investigación...

Eso suponiendo que tenga un sueldo de dentista, claro. Qué menos, no, un profesor doctor en la Universidad, que cobre como un dentista. Y cobro como un dentista, en efecto... suponiendo que me paguen únicamente las horas de clase, y a mitad de precio las tutorías. Pongamos 48 horas al mes, a una media de 50 euros la hora.

Hoy mi dentista me ha cobrado más de 400 euros por tres horas (cortas) de trabajo. O sea que sale, descontando un tanto para material... a unos 100 euros la hora. Pongamos 25 para cada una de las dos enfermeras y 50 para el dentista, por hora. Corto se lo fío.

50 euros de sueldo de dentista por hora efectiva, multiplicado por 48 horas de un mes, dan 2400 euros. Que es, efectivamente, mi sueldo mensual, todos complementos incluidos.

Es decir, que no sólo cobro como un dentista, sino que tengo un horario privilegiado, que ya lo querría un dentista: sólo trabajo unas 12 horas por semana, lo dicho, 48 horas al mes. A cambio, el dentista, si trabaja pongamos 25 horas semanales, se saca cinco mil euros al mes, eso sí.

O sea, que trabajo como un dentista pero sólo doce horas por semana, y el resto de mi supuesto horario de trabajo, hasta 36 horas semanales, pongamos, yo me estoy tocando la barriga. Otras doce horas debería estarlas dedicando supuestamente a preparación de clases, y otras doce a investigación... por redondear. Pero de eso nada. Yo en las clases improviso, suelto lo primero que se me pasa por la cabeza, o leo del libro de texto. E investigar, ja, aquí investigan quienes tienen proyecto. Bueno, a mi nivel, quienes son directores de proyecto; porque en la oposición que me suspendieron me afearon NO que no tuviese participación en proyectos de investigación (que tenía, y mucha) sino que no hubiese dirigido ninguno. Ácabáramos. Quienes no dirigimos proyecto no investigamos, en realidad. Y en cualquier caso, todo lo que publiquemos no tiene validez si no va acompañado por el marchamo de la investigación oficial: "este trabajo forma parte del proyecto bla bla bla, subvencionado por la DGYCIT, con código PSF2006-48". Investigación-ficción la que no va subvencionada, hombre. Entretenimientos de cada cual; como si me da por hacer blogs. ¿Que invierto ese tiempo en prepararme y acumular méritos para la siguiente oposición? Vale, pues eso que llevo por delante. Pero es cosa mía, un pasatiempo útil, o a lo más algo que si se encuentra aprovechable puede ser compensado con una zanahoria para que lo siga haciendo... un complemento salarial, que me sale como si me pagasen seis horas extra al mes. A sueldo de dentista, digo... ay, no, que ya he dicho que ya lo he incluido en los cálculos del sueldo; habría que revisar mis cuentas a la baja. No cobro como un dentista, pues. Y desde luego le echo más de seis horas al mes, no sé si me explico.

Esto de que me pagan únicamente las clases, a sueldo de dentista (o de fontanero, que tampoco es malo), hace comprensibles algunas cosas que si no serían muy anómalas. Por ejemplo, la absoluta prioridad dada a las clases sobre cualquier otra actividad—no queda duda de para qué te contrata la institución. Aunque se hable mucho de la investigación, etc., lo que va a misa en la universidad y hace que todo gire a su alrededor es el Plan de Ordenación Docente. Lo demás, gaseosa y retórica. Se espera que estés como un clavo en las clases, y (con un poco más de flexibilidad) en las tutorías; pero de lo que hagas el resto del tiempo no hay control institucional alguno. Y cómo lo iba a haber, si en realidad es tu tiempo libre, que no está pagado.

También así se entiende que aunque la universidad supuestamente me contrata para labores de docencia e investigación, en realidad no destina ninguna partida fija a investigación... ni un duro, pues yo sólo tengo un presupuesto fijo (y muy escaso) de gastos de docencia. Quien quiera investigar, lo dicho: que se pida proyecto y entonces sí investiga. Si no, no: lo han contratado para dar clases, y que se dé con una piedra en los dientes, que en Argentina los profesores dan las clases gratis. Bastante favor nos hacen con dejarnos presumir de profesores universitarios... a unos mileuristas añosos y con ínfulas (pues mileurista soy de sueldo, si descuento los complementos). A unos tíos que no llegamos ni a fontaneros... ya nos vale.

 

(PS: La que se ha montado en Francia cuando han cogido a la candidata Ségolène Royal, dejándose grabar en público diciendo que quiere hacer fichar 35 horas semanales a los profesores en sus centros... vía Loïc Le Meur ).

Prestigio basura



De inhabilitados a desacreditados

Las diferencias que se están introduciendo en el procedimiento de acceso a los cuerpos docentes universitarios pueden verse en este  PDF que compara la redacción de la LOU antes y después de su reforma (ver artículos 57 al 66). Ya comenté algún aspecto de esta reforma hace algunos días. Hoy me voy a centrar en el asunto de las acreditaciones—que me disgustan casi casi tanto como las habilitaciones. Podíamos preguntarnos, por ejemplo, por qué, no se requieren acreditaciones previas para ocupar ministerios, subsecretarías generales, etc. — y a esos cargos se permite el acceso de cualquier nominado a dedo por el pasillamen del partido. ¿Igual es que no era democrático acreditarlos previamente, o qué? Desde luego sí que les alteraría la lógica del corralito, y mucho... ya que no han tenido que hacer ni siquiera concursos de méritos para llegar a ponerse a tiro de un cargo.

Cuando yo me presenté a mi última oposición, todos los Profesores Titulares estábamos habilitados de oficio para presentarnos a las oposiciones a cátedras. Esa fue de las últimas oposiciones a cátedras por el sistema pre-LOU; con la entrada en vigor de la LOU, de la noche a la mañana quedó todo el mundo inhabilitado. Ah, amigo. Los que una semana antes podían concursar, ahora ya no podían. No sé si técnicamente hablando es ésta una ley con efecto retroactivo, pero desde luego a efectos prácticos no hay duda. Se creó un cuerpo virtual intermedio entre los catedráticos y los titulares de universidad (y otro entre los titulares y los no titulares, claro): los habilitados, cuerpo fantasmal que ocupaba plazas fantasmales y sin sueldo. Las plazas eran (son) muy reales en otro sentido: se convocan plazas de habilitaciones limitadas según el número de plazas "de verdad" que quieren cubrir las universidades. ¿Lógico? Pues podría parecer que sí, pero....

... la lógica perversa de este sistema (y digo perversa no sólo por sus elementos de círculo vicioso, sino porque se hizo a conciencia, cuando se veía venir de lejos lo que iba a pasar)—la lógica perversa, digo, se verá con este ejemplo práctico de mi universidad. Como digo, me presenté a cátedras, pero la plaza (¡ay!) no se cubrió. Vale. Debería haber pasado al nuevo sistema, y generar una plaza de habilitación, para luego cubrirse, ¿no? Pues no. La universidad no quiere (va contra su política) sacar la plaza a concurso, y prefiere guardarla en salmuera, en tanto no haya un habilitado de la propia universidad que pueda cubrirla.  Vamos, ¿que no querías endogamia, que para eso dicen que pusieron las habilitaciones? Pues toma taza y media. Allí sigue la plaza de cátedra que digo, durmiendo el sueño de los justos, tres años después de la última prueba y siete u ocho años después de haber quedado vacante.

Las habilitaciones han quedado desacreditadas. Demasiada gente en movimiento para pocas plazas, alteración de la docencia, sistema costoso y engorroso... ¿pero es que no tenía un superior con talento el destalentado que propuso el sistema? No, no lo tenía, había que morir al palo. Vale, ahora se suprimen las habilitaciones, pero los profesores de los cuerpos docentes universitarios no quedan por eso habilitados. Tendrán que seguir pasando dos tandas de exámenes para acceder a una plaza. Se introducen las acreditaciones, con lo cual de estar inhabilitados hemos pasado a estar desacreditados. Necesitamos acreditación. (Es curioso, insisto, que los políticos que redactan estas normas no necesiten ellos nunca acreditación para nada, pero sí se la exijan a quien ha de tener titulaciones y  oposiciones y currículum bien nutridito para estar donde está. Aquí pasa como con sus sueldos: generosidad inexplicable para consigo mismos, y otra vara de medir para quienes han pasado el tiempo formándose como especialistas en lugar de ascender por la vía supersónica del dedo partidario).

Dos ventajas parecen tener las acreditaciones sobre las (casi) antiguas habilitaciones. La primera, una quizá de doble filo: no hay prueba presencial. Se valora el currículum del candidato, con lo cual es más cómodo para todos... pero las protestas y recursos se van a multiplicar, supongo. La segunda, que no hay un número limitado de "plazas". Así, es previsible que se acredite más gente de la que venía habilitándose. Se mantiene el concurso de acceso a la plaza en la universidad, claro... y ahí va a ser la fiesta de la endogamia. Con la mayor autonomía de la universidad, mayor flexibilidad de criterios, y candidatos todos acreditados, de casa y de fuera, pues poca duda va a haber de cuál es el candidato más conveniente y más adecuado a la línea de trabajo del departamento, ¿no? Bueno, eso si goza de las bendiciones del tribunal, que si su departamento se lo quiere quitar de encima, también lo va a tener fácil. En suma, preveo más endogamia y más perpetuación del feudalismo, todo bajo la garantía protectora de la acreditación.

Máxime cuando se ha suprimido una pequeña cláusula que daba un poco de chicha a las fantasmales plazas de los habilitados. En la redacción original de la LOU, los tribunales de la prueba de acceso (la oposición de verdad, en la universidad) podían dejar la plaza vacante un año, pero al segundo año la tenían que  cubrir si se presentaba un candidato habilitado. Aunque no les gustase, porque estaba habilitado, toma ya. Ahora en cambio, no. Puedes estar todo lo acreditado que quieras, pero si el tribunal estima (con su intocable discrecionalidad técnica) que no eres adecuado para la plaza, no te servirá ni el currículum ni la acreditación ni el Nobel de medicina. Ni el primer año ni el segundo. 

Esto me recuerda que sí que había en las viejas oposiciones un informe preliminar donde el tribunal expresaba su opinión sobre el currículum del candidato, previamente al primer ejercicio. En mi caso, en la cátedra que quedó vacante, todos los candidatos fuimos valorados positivamente por el tribunal, es decir, que teníamos en principio, a juicio del tribunal, el currículum esperable para ocupar una plaza de cátedra (una especie de habilitación sobre el terreno). Ello no impidió que en la oposición a la que me refiero luego ninguno de los candidatos superase la primera prueba (y eso que teníamos todos sexenios de investigación, otro dato indicativo). O sea, que discrecionalidad.... a discreción. Y ahora, parecido. Los acreditadores y acreditados, que canten misa si quieren, porque quien decide sobre la adecuación de un candidato es únicamente el tribunal de la segunda prueba, "en la casa". Y las reclamaciones no serán solventadas por una comisión específica del área de conocimiento, con lo cual la discrecionalidad técnica quedará intocable. Y baremos....  eso es para las plazas de asociado, hombre, eso de contar puntos. Aquí, en las oposiciones a titular o catedrático, funciona mejor la inspiración general del tribunal, la atmósfera, nada baremable, en todo caso. El mismo currículum puede valer un 10 o un cero, según respire el tribunal. Toma ya criterio técnico.

Todo esto poca traza lleva de cambiar con la nueva ley. La reforma de la ley no añade garantías objetivas para que sea el candidato con más mérito y preparación quien obtenga la plaza. En todo caso suprime algunas posibles garantías, y convierte el primer examen en un mero trámite vacío de contenido frente al segundo—un trámite que puede que te acredite, pero desde luego no te habilita para nada.

Ahora que, de todo este proceso de reforma en las oposiciones, lo más pasmoso ha sido ver cómo los cuerpos enteros de profesorado universitario (menos los catedráticos, que ya han hecho el último examen) han aceptado sin chistar su inhabilitación y desacreditación en masa por decreto-ley. Sin movimientos de protesta, sin extrañarles siquiera. Debe ser porque ya saben que se trata, antes y después, básicamente de aguardar turno, estudiar la correlación de fuerzas y ubicarse correctamente. Que las barreras, por muchas que haya, se alzarán al paso del Elegido, y que lo más seguro bajo cualquier sistema es saber quién manda y estar en el corrillo adecuado; lo de escuernarse a trabajar sin más es, pongamos, secundario, por no decir irrelevante. Vamos, igual que si fuésemos todos para ministros.

Hago un corralillo

Re-redactando la LOU

Nos han colgado en la página web de la universidad un PDF comparando la redacción de la LOU anterior y posterior a la reforma. Sería interesantísimo escribir un largo post comparando las dos versiones, pero no me va a dar el cuerpo de sí.

Ya hay movidillas con la nueva ley; por ejemplo se iba a hacer una reconversión precipitada de profesorado no permantente a colaboradores (más estables) antes de que desapareciese esa figura, pero el Rector la ha aparcado en el último momento. Como que se iba a ver demasiado el plumero... La nueva ley también busca limitar más aún el "coladero" de profesores asociados. Y exige a las Universidades Privadas un 50% de Doctores, en vez de un 25%... o sea, que haya menos academias de formación profesional disfrazadas de universidades.

Es interesante la sustitución de las infaustas habilitaciones por acreditaciones (Art. 57). La madre del cordero es que las acreditaciones no son presenciales y sobre todo que no tienen número limitado de plazas (bueno, de pseudo-plazas).

Los cuerpos docentes de funcionarios quedan reducidos a dos: Profesores Titulares de Universidad y Catedráticos de Universidad, sin funciones diferentes (aparte de las de selección del propio cuerpo) excepto en que los catedráticos pueden aspirar a ser rectores. Y el sueldillo, claro; eso va implícito.

El caso es que al margen de estos dos cuerpos seguirá habiendo otros (y eso sin contar los cuerpos a extinguir..., ni los distintos cargos que ocupen, claro). Por el precio de dos, existen al menos estos cuerpos con funciones y capacidades diferenciadas:

- Catedráticos
- Profesores titulares acreditados para Catedrático
- Profesores titulares sin acreditar, pero con "plena capacidad docente e investigadora" (Art. 56) de verdad. Y además están los Doctores acreditados, no funcionarios, con más de ocho años de antigüedad, que pueden pedir la acreditación para Catedrático (Art. 60). (Vamos, que los doctores de la universidad privada se podrán presentar a catedráticos directamente). 
- Profesores titulares sin acreditar y sin "aptitud científica y docente" reconocida (medida actualmente en sexenios, mientras no se alteren los Reales Decretos de postgrado). Estos quizá no puedan ni dirigir tesis doctorales, es decir, en realidad no tienen la "plena capacidad docente e investigadora" que supuestamente les concede el Art. 56. Y en mi departamento, si no tienen un proyecto de investigación en curso, tampoco la tendrán por muchos sexenios que tengan. (Es la norma que nos han vendido nuestros catedráticos, y que yo he recurrido). Veremos lo que dura esta norma, y veremos lo que duran los actuales Reales Decretos de Grado y Postgrado...

De momento, con el sexenio y la acreditación, ya estamos lo bastante entretenidos como para no dar mucha guerra con la carrera docente. Peleando por zanahorias. Por cierto, que el sexenio se ha evaporado en esta ley como criterio (yo firmé un manifiesto contra el uso de los sexenios como criterio para dividir pseudo-cuerpos dentro de los cuerpos universitarios). Pero sigue actuando el sexenio como una titulación suplementaria en las prácticas internas de selección de la universidad, y a través de su presencia fantasmal en los Reales Decretos.

Hay otros cambios graciosos, como el referente al "pelo de investigación" del antiguo artículo 52 en este PDF. Menos mal que han cambiado la redacción (¡que por suerte no era la original de la LOU!).

Desaparece lo que decía la LOU de que el Rector decidirá sobre la situación administrativa y régimen disciplinario de los funcionarios. Más cosas... No me gusta nada el artículo 35 bis: que las Universidades deberán solicitar autorización a la Comunidad Autónoma para la implantación de sus enseñanzas. Me parece justificable hasta cierto punto en el caso de las públicas, aunque de hecho no: debería ser la Universidad el órgano de la Comunidad Autónoma encargado de determinar qué enseñanzas habrían de implantarse. Financiarse con fondos de la Comunidad... eso ya es otra cosa. En todo caso, en el caso de las Universidades privadas, no veo por qué han de pedir autorización para implantar tal o cual carrera, si lo hacen de acuerdo con las garantías establecidas por la ley y están revisados los estudios por el Consejo de Coordinación Universitaria. También sigue sin quedarme clara la diferencia entre estudios propios y estudios oficiales. Si un "estudio propio" se ajusta a las normativas oficiales de titulaciones, ¿podrá inscribirse en el catálogo de títulos oficiales aun cuando no sea financiado por la Comunidad Autónoma? Aquí no se ve por qué no.

Y en fin, que las cosas van a cambiar mucho. Pero para mí, más que nada, porque aparte de todo esto, a final de curso nos derriban el edificio donde tenemos los despachos y nos mandan durante tres o cinco años a ni se sabe dónde, a alguna sala común para cuarenta personas nos han dicho. ("¡Menuda catarsis!", decía ayer un colega cuando nos lo contaban en la reunión). Esto sí que va a ser un antes y un después. Se me van a quitar las ganas de pedir la acreditación, si es que las tenía.

La reforma de la reforma


¿Puede una subvención validar el título de doctor?

¿Va a poder exigirse la pertenencia a grupos de investigación subvencionados como criterio eliminatorio para seleccionar funcionarios docentes en el postgrado?

Siempre se ha hablado de lo deseable que es la complementariedad y apoyo mutuo de docencia e investigación en la labor del profesor; aunque ciertamente es un desiderátum más fácil de cumplir en unas ocasiones que en otras.

En mi departamento, Filología Inglesa y Alemana, se ha adoptado una medida que pretende imponer una solución por la vía rápida para conciliar docencia e investigación. Se ha adoptado como criterio excluyente para poder optar a docencia de postgrado y para poder dirigir tesis doctorales el pertenecer a un equipo de investigación que actualmente tenga en curso un proyecto subvencionado. (Sólo valen los proyectos en curso, o sea, los puramente proyectos, no los resultados, ni proyectos anteriores cumplidos). Se requerirán, además, dos tramos de investigación para poder enseñar en segundo ciclo o poder dirigir una tesis.

Con lo cual se puede dar el caso de que un profesor que tenga tres tramos de investigación y un historial de participación en varios proyectos nacionales no puede enseñar en postgrado ni dirigir una tesis por no tener actualmente un proyecto subvencionado: porque, insisto, se ha hecho de esto un requisito eliminatorio de entrada, en lugar de un mérito baremable.

Esta decisión es de una más que dudosa legalidad, y va a ser recurrida ante la Comisión de Doctorado y ante el Rector. Las decisiones que adopte la Universidad al respecto serán sin duda ilustrativas sobre los límites de aplicación de la nueva normativa universitaria.

Sólo añadiré que es naturalmente la dinámica feudal y de apoyo mutuo de los equipos de investigación la que ha permitido que semejante despropósito sea aprobado en Consejo de Departamento.

José Ángel García Landa
Departamento de Filología Inglesa y Alemana
Facultad de Filosofía y Letras
http://garciala.blogia.com

(Nota enviada hoy al Rincón de Opinión de la Universidad de Zaragoza).

 

 

Artículos sobre la Universidad en Fírgoa: Universidade Pública

Los profesores sobramos en la Universidad

Es el nuevo discurso sobre la universidad, propiciado por las autoridades académicas y aliñado con salsa boloñesa. Los profesores estamos de más. Somos un problema, un obstáculo para la reforma necesaria de la universidad, en realidad una cosa del pasado. La universidad con profesores es un modelo en última instancia medieval, llevado al ridículo en la época de la universidad masificada de la segunda mitad del siglo XX. Ahora, con la privada, ya hay más competencia entre las universidades, el aula está más tenue, y los alumnos ya no son la peste que eran cuando yo estudiaba, antes son un bien preciado a adquirir y atraer, una fuente de ingresos, clientes. El profesor en cambio sólo produce gasto; aquí hace falta una reconversión industrial. Antes se creía que el profesor tenía una función: hoy se sabe que es inútil. La universidad debe ser más interesante, más participativa, con alumnos activos que se procuran a sí mismos el conocimiento. El énfasis, nos dicen, ya no está en la enseñanza, en realidad no hay que "enseñar": es prepotente, y antipedagógico eso de enseñar. Deben ser los alumnos los que se autoeduquen en una moderna universidad con medios interactivos a su alcance, en centros de autoaprendizaje. ¿Podría pensarse que el profesor, si bien sobra como docente, es necesario como evaluador? Pues no, tampoco; el profesor es la causa del fracaso escolar, primero por sus métodos repulsivos, y segundo por el planteamiento erróneo de toda la cuestión. No se trata de poner cortapisas al proceso de autoeducación, sino estimularlo y valorarlo en lo que tiene de positivo. Luego el mercado de trabajo se encargará del examen final. No es labor del profesor anticiparse al mercado: más bien debería cuidar de subir las tasas de éxito académico, y hacer que su empresa, la Universidad, presente un balance positivo. No es que haya que imponerle un porcentaje determinado de aprobados, por decreto; en realidad todo suspenso es malo, y el espíritu a inculcar es más bien un cambio espontáneo de actitud, una autocrítica, un sentir con los tiempos que lleve al docente a entrar en sintonía con la nueva manera de hacer las cosas, y facilite al alumno el éxito académico que todos deseamos, el alumno por supuesto, pero quizá aún más las autoridades que hacen estadísticas. En realidad, para ser sinceros, el profesor no es un profesor. Será un experto en su materia, si quieren, pero... ¿profesor? Ja. Para eso le haría falta mucha más pedagogía; en realidad sólo los expertos en pedagogía deberían llamarse propiamente profesores. Los demás, al ICE. Les hace falta rellenar unos cuantos impresos previos al curso (y posteriores también) con planificación, objetivos, diseño curricular—pronto estarán informatizados, y el ordenador no dejará pasar ciertas cosas. La clave está en diseñar, y luego dejar que todo funcione solo, que autoaprendan los estudiantes con las actividades y el trabajo en grupo. En grupo, sí, porque la calificación individual es una herencia del pasado. Es mucho mejor valorar a la clase en su conjunto, ya se sabe que el trabajo en equipo es formativo y potencia la sinergia. Mejor que evaluar a los alumnos, de hecho, el profesor debería someterse a una autocrítica, valorarse a sí mismo, autoevaluarse, hacer informes sobre la adecuación de su propio diseño curricular, en función del éxito académico de sus alumnos. Aún más adecuado es que los alumnos evalúen al profesor; esa sí es una evaluación pertinente y que hay que potenciar. Mejor si contribuye a moderar un poquito los sueldos, con complementos de docencia que pueden utilizarse también estadísticamente como indicadores de la modernización de nuestra universidad. ¿Que se obtienen muchos complementos? Modernos que somos. ¿Que no? Eso que nos ahorramos. Mal invertido en todo caso está el dinero que se dedique a preservar una figura medieval, decimonónica, desagradable, autoritaria. ¿Quién quiere oír una lección magistral? Yo desde luego, no. Lo mejor sería diseñar adecuadamente unos sistemas de autoaprendizaje, o importarlos de los americanos, que ya tienen todo esto hecho, y que todo funcionase luego por sí mismo, únicamente con personal de administración y servicios, técnicos para revisar los cuelgues del sistema, o todo lo más unos animadores culturales, unos psicólogos de grupo, que hiciesen las pocas clases, digo clases, reuniones de trabajo con los alumnos, amenas y provechosas para todos. Y titularlos a todos en el período de tiempo establecido. Después de todo, ¿qué mayor estafa puede haber, en una empresa-universidad, que cobrarle a un cliente por un servicio que no se le presta, un producto-diploma que no se le entrega? Deberían devolverle el dinero, en ese caso. La Ministra ya nos anuncia que las Universidades serán financiadas en función de sus resultados académicos (inmediatos, se entiende). Las que produzcan fracaso serán lentamente estranguladas. A buen entendedor. En realidad, los estudios universitarios no tienen por qué ser difíciles, está al alcance de cualquiera ser un médico, arquitecto o filólogo. Si no se le ponen obstáculos, claro; si se introducen las reformas adecuadas en la metodología docente, y si se logra que capten el mensaje los profesores, esos anticuados personajes de dura mollera que para desgracia de la universidad aún siguen siendo muy influyentes en ella. Arrebatar la universidad a los profesores, y luego, en la medida de lo posible, expulsarlos de ella: he ahí un objetivo loable para administradores, pedagogos, rectores y ministros.

Que estudien ellos