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Vanity Fea

Cómo somos

Mind the Spot

Mind the Spot

Extracto de un nuevo libro de Alison Winter sobre la memoria (Memory: Fragments of a Modern History) en Salon.com : sobre los recuerdos dolorosos o traumáticos, y la dudosa ética de borrarlos deliberadamente. http://www.salon.com/2011/12/31/should_we_erase_painful_memories/
Claro que muchos se borran espontáneamente, y se plantea menos problema ético, por la vía de los hechos consumados.

También está el problema más complejo de los recuerdos asociados a Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Sobre si deberían borrarse. Los recuerdos se aferran unos a otros, o a uno, mediante asociaciones remotas a veces pero tenaces, todo un código secreto personal o lenguaje invisible.
dark angel
La película en sí es una de las que más recomiendo. Otra película interesante sobre la cuestión del borrado de memoria, esta vez no de recuerdos privados sino relativos a la imagen pública, es The Final Cut (La memoria de los muertos), una de Robin Williams. Borrando, conservando, seleccionando, todos gestionamos los recuerdos dolorosos, y los agradables, lo mejor que podemos; todos tenemos una política personal de la memoria y del olvido.

Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Dir. Michel Gondry. Screenplay by Charlie Kaufman. Cast: Jim Carrey, Kate Winslet, Kirsten Dunst, Mark Ruffalo, Elijah Wood. Focus Features, 2004. DVD. UK: Momentum Pictures, 2004. (En español, Olvídate de mí).

The Final Cut. Writer and dir. Omar Naim. Cast: Robin Williams, Mira Sorvino, James Caviezel, Genevieve Buechner, Stephanie Romanov, Mimi Kuzyk,Thom Bishops, Brendan Fletcher. Prod. Nick Wechsler Music by Brian Tyler. Photog. by Tak Fujimoto. Ed. Dede Allen. USA, 2004. (Spanish title: La memoria de los muertos).

El desván


Ateniéndonos a nuestros principios

"Los principios son importantes porque normalmente terminamos muy cerca de donde empezamos."  

(Daniel Gilbert, Stumbling on Happiness).



Dúctil y maleable


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Corolario: no nos queda más remedio que vivir nuestra vida, que es la que resulta ser. Y aguantar nuestros textos, que son los que resultan ser. Claro que un buen lector da una segunda oportunidad, y mejora lo que se escribió.

The Middle Years
 


El teatro social de la incomunicación

viernes 9 de diciembre de 2011

El teatro social de la incomunicación

No sabemos cómo somos. Leído en un libro de Carlos Castilla del Pino que me acabo de comprar, para autodiagnosticarme— La incomunicación. Es una buena descripción de lo que podríamos llamar el teatro social de la incomunicación:
 
espejo"Buena parte de la comunicación no se realiza meramente en el mero decir, sino en el trabajo y por el trabajo. El trabajo enajenado conlleva asimismo una entrega al trabajo extraño como si fuera un trabajo propio, porque el trabajo así realizado puede deparar la no conciencia de la alienación en él. La enajenación en el trabajo—sobre la cual está lejos de haberse dicho ya todo, en cuanto las condiciones en que el trabajo se verifica son cambiantes—hace posible la distracción, o mejor dicho la absorción de la persona por él. No la absorción impuesta y vivida como tal, sino la absorción asumida gratamente por su no consciencia de la imposición. De esta forma, en el trabajo la persona encuentra la forma más 'respetable' de evasión y de autoafirmación. Mediante el trabajo, la propia persona se presenta ante sí misma como gratificada en su realización por sí y ante los demás. Al decir ahora 'los demás' no me refiero simplemente a aquellos que pagan o compran su trabajo de modo directo. También los demás le pagan indirectamente su trabajo, bien por la necesidad que de él tienen—por ejemplo, en el caso del profesional 'libre'—, bien merced a la consideración y el prestigio que de su trabajo se deriva. Éstos son los factores gratificadores del trabajo enajenado, que tienden a su perpetuación en forma de más y mayor alienación. Porque merced al trabajo que les cualifica frente a los demás, la realidad es que, ahora, él habrá de proseguir desempeñando su papel en la forma que los demás, mediante su expectativa, lo requieren. Ahora dirá a ellos, se comunicará con ellos, de esa forma parcial y distorsionada que implica el decir en cuanto yo inauténtico, en cuanto yo representativo del citado papel. El juez ya no es más que 'juez', incluso fuera del contexto que la acción de juzgar implica. El médico será 'el médico que le hace ser' y que él, a la perfección, 'representa', aun fuera del contexto que la acción de diagnosticar y curar supone... La petrificación en su papel lleva implícita la limitación de lo que puede decir y de lo que los demás le hacen decir. Esto significa que la enajenación en el trabajo—inherente a la división del trabajo que lleva consigo una división de la persona—le hace ser simplemente 'aquel' que trabaja en esto y de esta forma, y no otra cosa. La enajenación en el trabajo, pues, supone la extensión de la enajenación a la restante esfera de su hacer y de su ser, enajenación que ahora se ofrece en forma de 'limitación' de su ser, o de estrechamiento del campo de sus posibilidades de ser. Dicho con otras palabras: ya no se puede ser de otra manera. Pruébese a serlo y se verá la rotunda inaceptación por parte de los que componen el grupo propio". (97-98)

Claro que lo que dice Castilla del Pino sobre el trabajo puede aplicarse también a otro tipo de roles sociales—en especial, nuestra posición en la familia, que también nos da una identidad que nos constituye, un conjunto de posibilidades y limitaciones, de la cual no podemos apearnos a voluntad. Trabajo y familia son, sin duda, los más importantes constituyentes del teatro social del sujeto—pues los otros círculos, si los hay, son periféricos y están subordinados a éstos, cuando no son prolongaciones suyas de algún modo.

Esta noción de la 'vida como teatro' o de la identidad personal como un rol teatral ha dado lugar a importantes análisis sociológicos—en esta serie de artículos sobre Erving Goffman comento uno de los más significativos, y en mi artículo sobre "La realidad como expectativa autocumplidad y el teatro de la interioridad" intento mostrar cómo la estructura psíquica del sujeto, aun en su propia autocomunicación, no es sino un resultado de esta organización de las identidades sociales. Pero antes de ser sociología, o psicología, el Gran Teatro del Mundo fue una obra de Calderón, o de Shakespeare—dramaturgos muy conscientes de la manera en que la dimensión teatral del mundo humano se expresa a través de su drama, y puede potenciarlo a modo de retroalimentación (ver por ejemplo, a cuenta de Shakespeare, mi artículo "'Be Copy Now': Retroalimentación y dialéctica de la vida y el teatro en Shakespeare"). Antes aún, fue una intuición de aquellos predicadores y satiristas medievales, que, abiertos los ojos por el desarrollo del teatro en los misterios y moralidades, pasaron a ver el mundo como una función provisional, una representación teatral en la cual asumimos temporalmente unos papeles de los cuales luego nos despojamos—el rol es una vestimenta, una imposición sobre la identidad de la persona, que sin embargo no es nada sin ella, sólo un alma como las demás. Es la intuición que aparece en las Danzas de la Muerte, por ejemplo.

Al texto anterior le añade Castilla del Pino una nota:

"Hay mucho que decir todavía acerca del proceso por el cual esta forma de alienación acontece. Buena parte de esta limitación en nuestro papel, en el exclusivo papel, deriva del hecho de que la sociedad nos coloca estereotipadamente en sólo ese papel. Para 'rendir' en la sociedad hay que vivir el personaje, y la función a él inherente, cada vez con mayor profundidad. Por otra parte, la sociedad, los otros, operan con una economía mental que les depara comodidad. Es más fácil contar con que A es médico y sólo médico, y que renuncia a pensar en otra cosa: que B es profesor de Historia, que se exime de razonar de política contemporánea, etc. Salirse del papel impuesto es desconcertar, entendido este vocablo en el sentido literal, como factor que perturba el concierto que la división del trabajo social había conseguido." (98)

Algo en esta línea decíamos al respecto del nuevo desconcierto de las identidades en el ciberespacio—en "El obsceno blog", por ejemplo, o en "Opino demasiado, opino". En un nuevo ámbito de comunicación social, los protocolos sociales de creación de identidades pueden desconcertarse y desbaratarse—aunque por otra parte, también en la red se constituye una identidad con parámetros en gran medida importados de los otros ámbitos.

Por suerte, aparte de las salidas por lo virtual, Castilla del Pino sugiere una salida para estas petrificaciones de la identidad:

"Pero este vicioso círculo de la extrañación progresiva de sí mismo, de verse siendo como sólo el que se nos hace ser, puede romperse, y no precisamente merced a la voluntariedad del propio sujeto. Son los cambios extrasubjetivos, es decir, las modificaciones objetivas de la situación las que pueden subvenir a la ruptura del círculo alienador, que, de una u otra forma, es una situación de equilibrio, compensada. Estas modificaciones objetivas acontecen, como antes he dicho, gracias a la emergencia de circunstancias en apariencia triviales y fortuitas. Digo en apariencia con toda intención". (98).

Lo previsto, claro, no desbarata lo previsto, y sólo se hace sitio a sí mismo. Pero el mundo es contingente, y por ahí se abren paso las crisis de identidad, las rupturas de protocolos comunicativos y sociales, los cambios de personalidad... La falta de espontaneidad puede llevar a estas crisis, y sobre eso dice Castilla del Pino lo siguiente, tomen nota:

"La pérdida de la espontaneidad es un rasgo de importancia, a mi modo de ver. Ella denuncia el fracaso de la comunicación. Es decir, la irreal comunicación se torna ahora real fáctica incomunicación.  ¿Por qué? ¿Cómo es posible que la falta de espontaneidad antes existente no sirviese como detectante de la real incomunicación y, en cambio, ahora sí?
    A mi parecer, lo ocurrido es lo siguiente: antes, efectivamente, la acción era cautelosa, titubeante. La comunicación obtenida era tan sólo un remedo tartamudeante de la comunicación posible. Pero era la forma habitual de comunicación. La repetición del dinamismo, una y otra vez, había pasado a ser 'constitutivo' del hacer del sujeto. Curiosamente, si bien se mira, lo que define nuestro modo de ser en nuestra comunidad es nuestro modo de hacer (tímido, reservado, osado pero ocultante, etc.) inespontáneo. Si todos fuéramos espontáneos, porque las condiciones objetivas no hubieran hecho imprescindible el aprendizaje de la acción en la inespontaneidad, evidentemente seríamos otros. Somos como tenemos que ser y se nos define en gracia a la índole de nuestra coartación en la acción que verificamos. Somos cualquier cosa menos espontáneos. Esto es, no se sabe—ni sabemos—cómo somos."


Actuaciones

Censuras privadas

Censuras privadas

En el artículo Libro censurado por Amazon escribe Arcadi Espada sobre el episodio de un libro erótico o pornográfico de su amigo Abreu, que no quisieron distribuir los de Amazon—"censura", lo llama. Perdone Arcadi Espada, pero al contrario de lo que supone allí, Amazon, como cualquier otro editor o distribuidor, tiene el derecho a editar o a distribuir lo que le dé la gana, acorde con su política de contenidos o sus perspectivas de negocio. La censura la ejercen los poderes públicos—lo que ejercen los agentes privados se llama gustos particulares o normas de la casa. De lo contrario, cualquier editor que rechaza un manuscrito sería algún tipo de censor. De ideas, y no ya de dibujitos eróticos. Al libro erótico "censurado", como a cualquier otro libro rechazado, sólo cabe aconsejarle que se busque otro editor, que los hay. En erotismos como en filosofías hay gustos, y disgustos. Amazon le podrán parecer a Abreu y a Espada pacatos o puritanos, o hipócritas, eso ya va en gustos. Si no le gusta tratar con puritanos etc., que no compre en Amazon. Lo que no puede ser ni será nunca es que las normas de gusto de uno las dicte otro.

Y, en fin, si Amazon censurase algo, sería una excelente promoción, cosa siempre muy necesaria.

 Censura y libertad de expresión en la Universidad


Vanity Fair

Vanity Fair



A veces concibo mi blog como un blog temático sobre la vanidad, ya sea a modo de ejemplo práctico, o quizá como una parodia del lo que sería ese blog temático. Tenga o no bien calibrado el tono, lo que sí es cierto es que antes de Vanity Fea estuvo la famosa revista Vanity Fair, también ella supuestamente autoirónica en su título; y antes de ella la desilusionada novela de William Makepeace Thackeray, Vanity Fair, y varios estratos de intertextualidad palimpséstica por debajo, está The Pilgrim's Progress, el relato religioso alegórico de John Bunyan—y la Feria de las Vanidades por la que pasan sus peregrinos.
 
delacroix

{215} Then I saw in my dream, that when they were got out of the wilderness, they presently saw a town before them, and the name of that town is Vanity; and at the town there is a fair kept, called Vanity Fair: it is kept all the year long. It beareth the name of Vanity Fair because the town where it is kept is lighter than vanity; and, also because all that is there sold, or that cometh thither, is vanity. As is the saying of the wise, "all that cometh is vanity." [Eccl. 1; 2:11,17; 11:8; Isa. 11:17]
 
{216} This fair is no new-erected business, but a thing of ancient standing; I will show you the original of it.

Almost five thousand years agone, there were pilgrims walking to the Celestial City, as these two honest persons are: and Beelzebub, Apollyon, and Legion, with their companions, perceiving by the path that the pilgrims made, that their way to the city lay through this town of Vanity, they contrived here to set up a fair; a fair wherein, should be sold all sorts of vanity, and that it should last all the year long: therefore at this fair are all such merchandise sold, as houses, lands, trades, places, honours, preferments, titles, countries, kingdoms, lusts, pleasures, and delights of all sorts, as whores, bawds, wives, husbands, children, masters, servants, lives, blood, bodies, souls, silver, gold, pearls, precious stones, and what not.

And, moreover, at this fair there is at all times to be seen juggling cheats, games, plays, fools, apes, knaves, and rogues, and that of every kind.

Here are to be seen, too, and that for nothing, thefts, murders, adulteries, false swearers, and that of a blood-red colour.

{217} And as in other fairs of less moment, there are the several rows and streets, under their proper names, where such and such wares are vended; so here likewise you have the proper places, rows, streets, (viz. countries and kingdoms), where the wares of this fair are soonest to be found. Here is the Britain Row, the French Row, the Italian Row, the Spanish Row, the German Row, where several sorts of vanities are to be sold. But, as in other fairs, some one commodity is as the chief of all the fair, so the ware of Rome and her merchandise is greatly promoted in this fair; only our English nation, with some others, have taken a dislike thereat.

{218} Now, as I said, the way to the Celestial City lies just through this town where this lusty fair is kept; and he that will go to the city, and yet not go through this town, must needs go out of the world. [1 Cor. 5:10] The Prince of princes himself, when here, went through this town to his own country, and that upon a fair day too; yea, and as I think, it was Beelzebub, the chief lord of this fair, that invited him to buy of his vanities; yea, would have made him lord of the fair, would he but have done him reverence as he went through the town. [Matt. 4:8, Luke 4:5-7] Yea, because he was such a person of honour, Beelzebub had him from street to street, and showed him all the kingdoms of the world in a little time, that he might, if possible, allure the Blessed One to cheapen and buy some of his vanities; but he had no mind to the merchandise, and therefore left the town, without laying out so much as one farthing upon these vanities. This fair, therefore, is an ancient thing, of long standing, and a very great fair.

{219} Now these pilgrims, as I said, must needs go through this fair. Well, so they did: but, behold, even as they entered into the fair, all the people in the fair were moved, and the town itself as it were in a hubbub about them; and that for several reasons: for--

{220} First, The pilgrims were clothed with such kind of raiment as was diverse from the raiment of any that traded in that fair. The people, therefore, of the fair, made a great gazing upon them: some said they were fools, some they were bedlams, and some they are outlandish men. [1 Cor. 2:7-8]

{221} Secondly, And as they wondered at their apparel, so they did likewise at their speech; for few could understand what they said; they naturally spoke the language of Canaan, but they that kept the fair were the men of this world; so that, from one end of the fair to the other, they seemed barbarians each to the other.

{222} Thirdly, But that which did not a little amuse the merchandisers was, that these pilgrims set very light by all their wares; they cared not so much as to look upon them; and if they called upon them to buy, they would put their fingers in their ears, and cry, Turn away mine eyes from beholding vanity, and look upwards, signifying that their trade and traffic was in heaven. [Ps. 119:37, Phil. 3:19-20]

{223} One chanced mockingly, beholding the carriage of the men, to say unto them, What will ye buy? But they, looking gravely upon him, answered, "We buy the truth." [Prov. 23:23] At that there was an occasion taken to despise the men the more; some mocking, some taunting, some speaking reproachfully, and some calling upon others to smite them. At last things came to a hubbub and great stir in the fair, insomuch that all order was confounded. Now was word presently brought to the great one of the fair, who quickly came down, and deputed some of his most trusty friends to take these men into examination, about whom the fair was almost overturned. So the men were brought to examination; and they that sat upon them, asked them whence they came, whither they went, and what they did there, in such an unusual garb? The men told them that they were pilgrims and strangers in the world, and that they were going to their own country, which was the heavenly Jerusalem, [Heb. 11:13-16] and that they had given no occasion to the men of the town, nor yet to the merchandisers, thus to abuse them, and to let them in their journey, except it was for that, when one asked them what they would buy, they said they would buy the truth. But they that were appointed to examine them did not believe them to be any other than bedlams and mad, or else such as came to put all things into a confusion in the fair. Therefore they took them and beat them, and besmeared them with dirt, and then put them into the cage, that they might be made a spectacle to all the men of the fair.


Mucho recuerda Pilgrim's Progress, en algunos sentidos, a los paisajes alegóricos de El Criticón—del coetáneo de Bunyan, Baltasar Gracián. Barroco y católico Gracián, pero la predicación de fondo está igualmente distante de las vanidades del mundo. En Gracián: Barroco y Modernidad, observa Miguel Almoguera que el objeto de la crítica de El Criticón es "un modelo de hombre que se hace a sí mismo en un mundo en el que lo accidental deviene esencial. En un sentido spinosista, podría decirse que la sustancia se reduce al modo. En un modo de continuada creación, la manera de ser se convierte en el mismo ser del hombre" (223). El hombre como ser emergente, autocreativo, y dado a enfrascarse en la vanidad y liviandad de sus creaciones, en la impresentable levedad del ser. La mala conciencia ante esta naturaleza humana se articula desde el más allá imaginario—apoyando la palanca de la crítica en un mundo fuera del mundo, es la utilidad que tiene el más allá, mundo sustancial y sólido (paradójicamente, el más etéreo) donde asientan su prédica tanto Bunyan como Gracián.

Y así encontramos en El Criticón, cómo no, el pasaje paralelo a la Feria de las Vanidades de Bunyan: la feria de todo el Mundo (Crisi dezimatercia), "publicada para aquel grande emporio que divide los amenos prados de la juventud de las ásperas montañas de la eda varonil, y donde de una y otra parte acudían ríos de gentes, unos a vender, otros a comprar, y otros a estarse a la mira, como más cuerdos" (266). Allí las mercancías son todas las cualidades, valores y actividades humanas—las lenguas o el silencio, la virtud o la libertad, la flema o la sabiduría, la inmortalidad o la fama...

"Hasta el mismo vender hallaron que se feriaba, porque sabere uno vender sus cosas vale mucho, que ya no se estiman por lo que son, sino por lo que parecen; los más de los hombres ven y oyen con ojos y oídos prestados, viven de información de ageno gusto y juicio" (275).


Habría que ver a Gracián paseándose por las Bolsas hoy, por nuestra campaña electoral en la bancarrota, por eBay, por las redes sociales o por el barullo electrónico de la Web—si es que el siglo XVII lo veía así, está claro el juicio que le merecería nuestra postmodernidad acelerada y light. Más de lo mismo, sin duda. Ya lo decía Zapatero, el perito en nubes—que la Tierra es del viento...

Pero advirtieron había otra botica llena de redomas vacías, cajas desiertas, y con todo esso , muy embaraçada de gente y de ruido. A este reclamo acudió luego Andrenio, preguntó qué se vendía allí, porque no se veía cosa, y respondiéronle que vientos, aire, y aun menos.
—¿Y hay quién lo compre?
—Y quien gasta en ello todas sus rentas. Aquella caja está llena de lisonjas, que se pagan muy bien; en aquella redoma hay palabras que se estiman mucho; aquel bote es de favores, de que se pagan no pocos, aquella arca grande está rellena de mentiras, que se despachan harto mejor que las verdades, y más las que se pueden mantener por tres días, y en tempo de guerra, dize el italiano, bugía como terra.
¿Hay tal cosa? —ponderaba Critilo—. ¡Que haya quien compre el aire y se pague dél!
—¿Desso os espantáis? —les dixeron—. Pues en el mundo ¿qué hay sino viento? El mismo hombre, quitadle el aire y veréis lo que queda. Aun menos que aire se vende aquí, y muy bien que se paga. (278)


Más abajo, más abajo, siguiendo la pista de la vanidad detrás de la vanidad, nos encontramos con el Eclesiastés.

All Is Vanity


1     The words of the Preacher, the son of David, king in Jerusalem.

2     Vanity of vanities, saith the Preacher, vanity of vanities; all is vanity.
Eléctrica
3     What profit hath a man of all his labor which he taketh under the sun?

4     One generation passeth away, and another generation cometh: but the earth abideth for ever.

5     The sun also ariseth, and the sun goeth down, and hasteth to his place where he arose.

6     The wind goeth toward the south, and turneth about unto the north; it whirleth about continually, and the wind returneth again according to his circuits.

7     All the rivers run into the sea; yet the sea is not full: unto the place from whence the rivers come, thither they return again.

8     All things are full of labor; man cannot utter it: the eye is not satisfied with seeing, nor the ear filled with hearing.

9     The thing that hath been, it is that which shall be; and that which is done is that which shall be done: and there is no new thing under the sun.

10     Is there any thing whereof it may be said, See, this is new? it hath been already of old time, which was before us.

11     There is no remembrance of former things; neither shall there be any remembrance of things that are to come with those that shall come after.


And of reading many books there is no end.

Like a Bubble


Rifa de pueblo

jueves 17 de noviembre de 2011

Rifa de pueblo


La Joven Prudente, María Dolz, reflexiona así sobre su modesta posición de segundona en los amores de Díaz-Varela:

No pertenezco yo a esa clase, a la de las creídas, la verdad es que no albergo esperanzas triunfantes, o las únicas que me permito pasan por que Díaz-Varela fracase con Luisa antes, y entonces, tal vez, con suerte, se quede junto a mí por no moverse, hasta los hombres más inquietos y diligentes o maquinadores pueden tornarse perezosos en algunas épocas, sobre todo tras una frustración o una derrota o una larga espera inútil. Sé que no me ofendería ser un sustitutivo, porque en realidad lo es todo el mundo siempre, inicialmente: lo sería Díaz-Varela para Luisa, a falta de su marido muerto; lo sería para mí Leopoldo, al que aún no he descartado pesea a gustarme sólo a medias —supongo que por si acaso— y con el que acababa de empezar a salir, qué oportuno, justo antes de encontrarme a Díaz-Varela en el Museo de Ciencias y de oírle hablar y hablar mirándole sin cesar los laboios como todavía sigo haciendo cada vez que estamos juntos, sólo puedo apartar de ellos la vista para llevarla hasta sus ojos nublados; quizá la propia Luisa lo fue para Deverne en su día, quién sabe, tras el primer matrimonio de aquel hombre tan agradable y  risueño que no se entendería que nadie hubiera podido hacerle mal o dejarlo, y sin embargo ahí lo tenemos, cosido a navajazos por nada y en camino hacia el olvido.
dance me 5Sí, todos somos remedos de gente que casi nunca hemos conocido, gente que no se acercó o pasó de largo en la vida de quienes ahora queremos, o que sí se detuvo pero se cansó al cabo del tiempo y desapareció sin deja rastro o sólo la polvareda de los pies que van huyendo, o que se les murió a esos que amamos causándoles mortal herida que casi siempre acaba cerrándose.  No podemos pretender ser los primeros, o los preferidos, sólo somos lo que está disponible, los restos, las sobras, los supervivientes, lo que va quedando, los saldos, y es con eso poco noble con lo que se erigen los más grandes amores y se fundan las mejores familias, de eso provenimos todos, producto de la casualidad y el conformismo, de los descartes y las timideces y los fracasos ajenos, y aun así daríamos cualquier cosa a veces por seguir junto a quien rescatamos un día de un desván o una almoneda, o nos tocó en suerte a los naipes o nos recogió de los desperdicios; inverosímilmente logramos convencernos de nuestros azarosos enamoramientos, y son muchos los que creen ver la mano del destino en lo que no es más que una rifa de pueblo cuando ya agoniza el verano...

(Javier Marías, Los enamoramientos, 150-51).


Negra espalda del tiempo 


Quien vive el último

Quien vive el último


brueghel crEn Los enamoramientos de Javier Marías edita Díaz-Varela que "no hay muerte que no alivie algo en algún aspecto, o que no ofrezca alguna ventaja"...

... se llora al amigo, pero también en eso hay una sensación grata de supervivencia y de mejor perspectiva, de ser uno quien asista a la muerte del otro y no a la inversa, de poder contemplar su cuadro completo y al final contar la historia, de encargarse de las personas que deja desamparadas y consolarlas. A medida que los amigos mueren uno se va sintiendo más encogido y más solo, pero a la vez va descontando, 'Uno menos, uno menos, yo sé lo que fue de ellos hasta el último instante, y soy quien queda para contarlo. A mí, en cambio, nadie me verá morir a quien yo le importe de veras ni será capaz de relatarme entero, luego en cierto modo estaré siempre inacabado, porque ellos no tendrán la certeza de que yo no siga vivo eternamente, si caer no me han visto'. (162-63).

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