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Vanity Fea

Cómo somos

Cada vez da más asco ir en avión

martes, 21 de abril de 2015

Cada vez da más asco ir en avión


A Oscar lo habíamos apuntado para una excursión con el cole a Inglaterra—pero sólo porque aún no había pasado el caso Lubitz-Germanwings, que hubiera sido la gota de agua para no apuntarlo.


Aquí hay otra gota, nos manda una circular el profesor que organiza el viaje:

En la reunión de ayer se nos olvidó comentar una cosa muy importante: los alumnos deberán llevar encendido el móvil antes de pasar la zona de control del aeropuerto ya que en la aduana se lo podrían requisar si el móvil no tiene batería.

Se trata de una nueva normativa. Si el pasajero no puede encender el móvil porque se ha quedado sin batería, es muy probable que se lo requisen. Así pues, avisad a vuestros hijos (nosotros también lo haremos) de que lleven el móvil cargado desde Zaragoza e incluso que lleven el cargador en el equipaje de mano por si lo tienen que cargar antes de pasar la zona de control.

 

Que España no puede

Redes 119: Sobre el autoengaño

sábado, 28 de marzo de 2015

Redes 119: Sobre el autoengaño






«El Yo y el cerebro», con Francisco Mora

lunes, 23 de marzo de 2015

«El Yo y el cerebro», con Francisco Mora

 







 

 


A partir del minuto 60. La discusión de los dos sistemas que se coordinan, el de la percepción sensorial y el de la memoria almacenada interna, que se coordina con él, pueden relacionarse con la oposición que veíamos en G. H. Mead, entre el I activo en el mundo, y el me que es un objeto para el yo, una imagen social ante la que reaccionar.

Por otra parte, los experimentos de privación sensorial consciente que llevan a la fabulación son los que sin duda experimentaban los chamanes en las profundidades de las cavernas, experimentando con la ensoñación y la fabulación a resultas de algún desarrollo cognitivo novedoso que les empujó a este desarrollo de la consciencia. De ahí la similaridad entre las imágenes visionarias pintadas en las rocas y que se encuentran entre las primeras obras de arte—de arte y de experiencia visionaria.

The Day We Learned to Think


To Keep on Keeping on

miércoles, 18 de marzo de 2015

To Keep on Keeping on

—according to G. H. Mead's Mind, Self, and Society:

"We always present ourselves to ourselves in the most favourable light possible; but since we all have the job of keeping ourselves going, it is quite necessary that if we are to keep ourselves going we should thus present ourselves to ourselves."  (307)




Somos de lo más 

A photo on Flickr

Sexto Quinquenio

lunes, 26 de enero de 2015

Sexto Quinquenio


eco

No es el nombre de ningún romano, esto de Sexto Quinquenio; lo que pasa es que (en cierto modo) cumplo hoy (seis por cinco) treinta años dedicado a la docencia—al menos en mi horario laboral.

Treintaañero en docencia universitaria, quiere decir que voy camino de sexagenario, y mi vida ya es algo que va quedando atrás, cosa del pasado. Pasé en algún momento de joven promesa a gris funcionario —y como en la general suerte humana, ya no soy ni un eco de lo que fui, ni de lo que pude ser.











About Time (Una cuestión de tiempo)  
 

Saber qué decir

domingo, 18 de enero de 2015

Saber qué decir

Dicho en Facebook:
Saber qué decir, y hasta dónde, en cada momento, es todo un arte (que no digo que tenga yo). A mí me gusta imaginarme que con las palabras adecuadas (las palabras mágicas, digamos) podrías conseguir cualquier cosa: que te revelasen secretos, seducir a la persona en cuestión, librarte de la pena de muerte o conmover a quien te escucha. Que te perdonen. Esas palabras deben existir, al menos en teoría, pero ¿cuáles son? Misterio.



  
Samuel Beckett, What is the word 

Terrores metafísicos y otros problemas con la realidad

viernes, 25 de julio de 2014

Terrores metafísicos y otros problemas con la realidad


ship of reality
Entre los libros imprescindibles para conocer la estructura de la realidad, que no son tantos, suelo recomendar Frame Analysis de Goffman, o su Interaction Ritual o su Strategic Interaction, pero también The Social Construction of Reality, de Berger y Luckmann. Para mantener la realidad en estado puro es mejor no conocerla demasiado, sin embargo—son dos empresas divergentes, la de conocerla y la de mantenerla. Y las dos son todo un trabajo, pues ni se mantiene por sí sola—hay que apuntalarla constantemente con rituales y rutinas—ni desde luego se conoce por sí sola, que tiende a camuflarse detrás de esos rituales y rutinas y objetos cotidianos. Detrás de sí misma, por así decirlo. Berger y Luckmann señalan a la conversación como el instrumento más importante de mantenimiento de la realidad, pero en seguida vemos que no es tanto lo que se dice en la conversación como lo no dicho, las presuposiciones, lo que más contribuye a mantener la realidad. Es decir, que el conjunto de la realidad conspira para mantener la realidad, en sus lugares asignados. Sobre las presuposiciones y la realidad proyectada de antemano algo dije, a cuenta de Goffman, en este artículo sobre la realidad como expectativa autocumplida y el teatro de la interioridad. La vida cotidiana es de por sí tanto la realidad más accesible como el instrumento o técnica de mantenimiento de sí mimsa más eficaz. De Berger y Luckmann me llaman la atención hoy sus incursiones en las otras realidades marginales que rodean (y a la vez constituyen) a la vida cotidiana, extraña manera de constituirla, por el procedimiento de diferenciarse de ella. Quizá haya muchas personas sensibles a la inestabilidad o precariedad de la realidad, pero pocos autores lo son, o por lo menos no de esta manera tan reflexiva—las amenazas a la realidad, y los procedimientos para mantenerlas a raya, no suelen exponerse con tanta claridad como en este pasaje de La construcción social de la realidad:

As we have seen, the reality of everyday life maintains itself by being embodied in routines, which is the essence of institutionalization. Beyond this, however, the reality of everyday life is ongoingly reaffirmed in the individual's interaction with others. Just as reality is originally internalized by a social process, so it is maintained in consciousness by social processes. These latter processes are not drastically different from those of the earlier internalization. They also reflect the basic fact that subjective reality must stand in a relationship with an objective reality that is socially defined.
     In the social process of reality-maintenance it is possible to distinguish between significant others and less important others. In an important way all, or at least most, of the others encountered by the individual in everyday life serve to reaffirm his subjective reality. This occurs even in a situation as 'non-significant' as riding on a commuter train. The individual may not know anyone on the train and may speak to no one. All the same, the crowd of fellow-commuters reaffirms the basic structure of everyday life. By their overall conduct the fellow-commuters extract the individual from the tenuous reality of early-morning grogginess and proclaim to him in no uncertain terms that the world consists of earnest men going to work, of responsibility and schedules, of the New Haven Railroad and the New York Times. The last, of course, reaffirms the widest coordinates of the individual's reality. From the weather report to the help-wanted ads it assures him that he is, indeed, in the most real world possible. Concomitantly, it affirms the less-than-real status of the sinister ecstasies experienced before breakfast—the alien shape of allegedly familiar objects upon waking from a disturbing dream, the shock of non-recognition of one's own face in the bathroom mirror, the unspeakable suspicion a little later that one's wife and children are mysterious strangers. Most individuals susceptible to such metaphysical terrors manage to exorcize them to a degree in the course of their rigidly performed morning rituals, so that the reality of everyday life is at least gingerly established by the time they step out of their front door. But the reality begins to be fairly reliable only in the anonymous community of the commuter train. It attains massivity as the train pulls into Grand Central Station. Ergo sum, the individual can now murmur to himself, and proceed to the office wide-awake and self-assured.


E la nave va..
 

Un día pasó


Signs & Symbols & the Regiment of Tongue

 

viernes, 18 de julio de 2014

Signs & Symbols & the Regiment of Tongue


Dice mi chica rusa Retrospection,

"Я и не догадывалась, что есть такая примета: Когда ты резко вздрагиваешь, значит, кто-то думает о тебе."Retrospectsiia


En Rusia te estremeces de repente cuando piensan en ti (o cuando coges frío, supongo); aquí te pitan los oídos cuando hablan de ti. Debemos tener un pitido de fondo continuo, algunos, una música cósmica de esas que ya no se oyen, igual que no se oye lo que dicen de uno, aunque nos rodee como una nube espesa esa masa de palabras y comentarios, justo fuera de nuestro alcance.

Ahora las Redes Sociales (las electrónicas, digo, además de las otras) mantienen o potencian la ilusión de que sabemos lo que se dice o se piensa de nosotros. Tanto más que nos engañamos. Es la ilusión de todos los días, como la ONCE (la organización de ciegos, o de ciegos simulados). La ilusión que se cumple certeramente. Pero ya se sabe, o se ejerce cuando no se sabe: "Where ignorance is bliss, 'tis folly to be wise."

Y es que no podríamos soportarlo, si supiésemos realmente lo que se dice por allí de nosotros, las opiniones que se vierten de boca a oído nuestros conocidos y medio conocidos y remotos orbitantes. Y los íntimos y familiares. Por no hablar de lo que piensan y no dicen—ahí sí que se aplica eso de T. S. Eliot de que los humanos no podemos soportar demasiada realidad. Por suerte vivimos en una versión de la realidad más a nuestra medida, recortadita, una burbuja de información que confundimos con la información realmente existente. De la que nadie dispone, por otra parte.

Pero los efectos nos llegan, si bien atenuados. No es otra la misión de las opiniones sobre nosotros—el Castigo. El castigo infligido por los demás, que oscila, según los sociobiólogos, entre la pena de cotilleo y la pena de muerte.


—oOo—