Blogia
Vanity Fea

Departamento

La comisión fantasma

Por cierto, también solicito en nuestra reunión de ayer, de la comisión de Filología Inglesa, que el Departamento debería hablar de la reforma de las titulaciones y adoptar una postura al respecto, establecer lo que se considera deseable, para poder opinar sobre las propuestas que se vayan desarrollando, en lugar de ir a remolque. Hago notar, por ejemplo, que en la cuestión del grado se ha postpuesto una decisión hasta que ya nos encontramos con la decisión tomada sin haber podido intervenir en ella por no tener postura al respecto (no deja de ser irónico que el Departamento apoye oficialmente la propuesta de Estudios Ingleses sólo cuando ésta ya ha sido descartada por el grupo de trabajo de Humanidades). De la misma manera, arguyo, el Departamento debería plantearse qué futuros estudios de postgrado son deseables, cuál debería ser su orientación, estructura, etc., antes de que nos llegue el plan hecho desde fuera. Es decir, que hay que tratar ya globalmente el tema de los másters que vaya a haber de inglés: incluirlo como un punto del orden del día en un Consejo de Departamento, o delegarlo a la comisión de Docencia, o a la de Planes de Estudios, a la que se vea más adecuada como representante de todo el Departamento, para hacer un estudio preliminar. Pero la Dirección, y la comisión en su mayoría, opina que no procede todavía hablar de este tema. Así que pido que conste en acta que yo he solicitado (una vez más) que se trate el tema de los másters, y que no se ha considerado oportuno que se trate. Es, si se piensa, bastante increíble: que pillados en un proceso de reforma como el que se nos avecina, no se establezca un plan de trabajo con vistas a él. En fin, qué se le va a hacer. Supongo que los distintos grupitos se van buscando la vida cada cual por su propio camino o su estudio propio, para presentarle luego al Departamento el trabajo ya hecho en petit comité, y que se aprueben los hechos consumados, y los másters ya organizados, con un mínimo de discusión previa por parte del Departamento, que se supone que es el que coordina las enseñanzas en su área de conocimiento, según los estatutos de la Universidad.
También solicito que se determine si existe la Comisión de Planes de Estudios del Departamento, y las respuestas son llamativas: unos creen que no existe, otros que sí pero que no tiene otros miembros que el presidente y el secretario... a lo que yo recuerdo que no es así, que yo por ejemplo soy miembro (pueden verse las memorias del Departamento en su página web), y que esta comisión debería disolverse, reelegirse, pues no se renovó en las últimas eleccciones, cuando se me dijo también que no existía. y ponerse a trabajar sobre este proceso de reforma. Pero a nadie le interesa ni esta comisión ni el trabajo que debería hacer... Por cierto, que yo quiero darme de baja de ella, para eso quiero que se renueve. No tiene sentido estar en una comisión tan inoperante, a la que su presidenta se niega a convocar para que trabaje, y donde se cuenta con un único miembro activo, el secretario, que parece desconocer que hay otras personas en la comisión que también deberían opinar. Y además es de muy dudosa legitimidad que lleve más de diez años sin renovarse su composición.

Cierta incoherencia

Último día de febrero, una suerte. ¿Por qué?


- Porque febrero tiene un día menos.


- Porque no hay elecciones americanas.


- Porque no hay Juegos Olímpicos.


Y, ¿por qué el 2000 fue bisiesto? ¿eh? ¿Porque hubo elecciones americanas y juegos olímpicos? ¿Porque el 1996 había sido bisiesto? Pues no. Los años terminados en dos ceros no son bisiestos. Pero bueno, ¡si este sí que lo fue! Es que la regla es más complicada: porque cada 500 años se incumple. Un lío. Pero el año pasado por fin fue bisiesto sin complicaciones (aunque sí, ay, con elecciones americanas y juegos olímpicos), y éste es, albricias, no bisiesto.


Enhorabuena a los que han terminado los exámenes de Febrero, o el Febrero de los exámenes, sobre todo si han aprobado algo... put a feather in your cap!


Y una noticia triste: sin esperar a marzo se ha ido a morir el padre de mi macintosh.

Hoy hemos tenido consejo de Departamento. Había que elegir dos tribunales para dos concursos de plazas de profesorado funcionario, las primeras oposiciones que se harán por la nueva ley (LOU). Una de las plazas ya había salido por el viejo sistema, pero se dejó sin cubrir en una actuación memorable del tribunal, actuación notablemente injusta que llevó a denuncias, recursos, protestas, bajas laborales, gritos, cierres de filas, correcciones de actas, peticiones de apertura de expediente, vergüenzas ajenas y propias, grabaciones de reuniones, y un empeoramiento generalizado del ambiente en nuestro centro. Ahora, una vez está fuera del camino de la plaza el candidato inconveniente a quien no se quiso aprobar (a pesar de que tenía méritos sobrados para ello), vuelve a salir la plaza a concurso: así se cumple la voluntad del tribunal que la dejó vacante alegando insuficiencia del candidato. Esperarían otro mejor. Se va cumpliendo así el trayecto de la plaza, hasta que vaya a parar a donde tiene que ir, y no a donde parecía que iba a ir si alguien no intervenía decisivamente. Se consiguió, pero todo tiene un precio.


Yo fui uno de los denunciantes del caso, pero mis denuncias fueron enviadas por el Rectorado al archivo de la papelera: no soy parte implicada, así que mis detalladas argumentaciones de por qué el tribunal había actuado incorrectamente se consideraron impertinentes. Sí se me investigó a instancias de la presidenta del tribunal, que consideraba que mis denuncias la difamaban y pidió que me abrieran un expediente. De momento no me han abierto ninguno; a ella tampoco. El recurso presentado por el propio candidato también se desestimó porque el Rectorado en estos casos hace suyas las valoraciones del tribunal, mientras las formas mantengan un envoltorio externo de legalidad. (Aunque un miembro del tribunal vote a favor del candidato y luego argumente apasionadamente, en un escrito dirigido al Rectorado, en su contra – el Rectorado no hila tan fino como para ver en eso ’cierta incoherencia’).


Hoy se designaban, pues, tribunales para esa plaza y para otra. Se me ha mencionado, para sugerir que por haberme visto implicado en "el caso" no formase yo parte de esos tribunales; a lo que he contestado que, en efecto y por favor, no contasen conmigo para ningún tribunal. También se ha sugerido que no participe la presidenta del tribunal que dejó la plaza vacante; por otra parte no se la había nombrado de oficio, algo que en otros casos hubiera cabido esperar. Y se ha optado por consenso por formar tribunales para las dos oposiciones con otros miembros que no sean presuntos implicados.

Pues que las ganen los mejores. Así quedará a salvo la justicia y nadie se habrá visto maltratado.