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Evolución

Con quién cooperamos

viernes 7 de mayo de 2010

Con quién cooperamos


En el tren, camino de la oposición, me venía leyendo un interesante libro de Michael Tomasello, Why We Cooperate (Boston Review / MIT Press, 2009), que versa sobre algunas características únicas de la especie humana, centradadas alrededor de la naturaleza cooperadora de los seres humanos. Es esa vida social cooperadora la base sobre la que se asientan otras características humanas fundacionales, como son el desarrollo de capacidades simbólicas y del lenguaje.
Machiavelli
Tomasello hace experimentos comparativos con niños y chimpancés, y sus resultados indican que los niños son, de manera innata y no aprendida, más cooperadores que los chimpancés (que son biológicamente nuestros parientes más cercanos). Hay algunos elementos comunes de las actitudes sociales de humanos y demás primates, claro, pero el estudio también resalta estas diferencias de origen.

¿Rousseau o Hobbes? ¿Es el hombre por naturaleza un buen salvaje o un lobo para el hombre? El desarrollo social de los niños pasa de uno a otro, hasta ajustar el comportamiento e interiorizar las normas sociales (un proceso que puede durar toda la vida). Primero los niños son instintivamente cooperadores; luego aprenden a discriminar, y seleccionan con quién cooperan.

Parte de ese desarrollo es la obediencia a normas: leyes e instituciones son un desarrollo cultural único entre los humanos, y parte del desarrollo social del individuo se encuentra en la acción cooperativa en el marco de leyes e instituciones.

Toda cultura social y cooperativa tiene el problema de los parásitos y manipuladores: los free riders, los que se aprovechan del sistema y de las tendencias cooperadoras de los demás. O de las leyes, claro.

Y parte importante de la educación social humana consiste en aprender a distinguir a esos manipuladores del sistema, y defenderse de sus maniobras.

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Recuerdo un interesante experimento sobre la capacidad imitativa de niños y de chimpancés. Se trataba de un dispositivo para obtener comida en una caja: la comida iba precedida de un ritual inútil de manipulaciones; luego se podía coger la comida (y antes también, pero eso no se mostraba, pues la caja era opaca). Tanto niños como chimpancés aprendían rápidamente las manipulaciones requeridas. Al cambiarles la caja por una caja transparente, que revelaba lo inútil de algunas de las maniobras, el chimpancé se saltaba rápidamente los pasos innecesarios, e iba a por la comida. Pero el niño no: seguía repitiendo como un "repitemonas" todo el ritual previo. Paradójicamente, en algunos aspectos los humanos son, por tanto, mucho más imitativos. Dependemos más del aprendizaje social, la enseñanza, y la tradición, y de ahí que los niños interiorizasen tanto esas manipulaciones aprendidas, a pesar de su inutilidad. En este ejemplo puede parecer una torpeza, claro, pero a la larga una especie inteligente y que aprende absorbiendo los procedimientos enseñados logra acceder a un nivel de inteligencia superior al del mono que va a lo práctico por cuenta propia. La cultura es cooperación. También Sánchez Vidal, en su conferencia anteayer sobre la función de las ficciones, especulaba sobre la importancia suprema que debió tener el ritual y la repetición a la hora de cohesionar el precario universo simbólico incipiente de los primeros humanos.

Por cierto, Tomasello habla de cultura en varias especies animales, no sólo en los humanos. Hay cultura en cuanto "diferentes poblaciones de una especie desarrollan distintas maneras de hacer las cosas, basadas en el aprendizaje social". Así, hay poblaciones de chimpancés que usan herramientas, o que cazan, de maneras distintas a otras, no por su mayor inteligencia sino por su cultura diferente. Los seres humanos, por su parte, han desarrollado una amplia gama de nichos culturales cuya riqueza, variedad y complejidad no tienen paralelo. Hay otras culturas animales, pero la nuestra es diferente y superior, cuantitativa y cualitativamente. El desarrollo y la transmisión de conocimientos y tecnologías cada vez más complejos y dependientes de los anteriormente desarrollados y transmitidos abre un universo cultural específicamente humano. Esto sucede no sólo con las tecnologías (o con los idiomas) sino con las instituciones sociales. Todo ello descansa, explica Tomasello, en la "intencionalidad compartida", que supone "la capacidad de crear con otros intenciones conjuntas y compromisos conjuntos, con vistas a empresas cooperativas". Para ello son básicos tanto las capacidades innatas, como los procedimientos de enseñanza y aprendizaje, y las normas sociales relativas al orden y al castigo para quienes no cooperan.

Tomasello observa que estas habilidades especiales humanas surgieron en el proceso de construcción de nichos culturales específicos y en el proceso de coevolución genética/cultural. Así los humanos se crearon mundos culturales en el seno de los cuales funcionar eficazmente. Observemos que el individuo tiene que funcionar eficazmente en el seno de su universo cultural, y que a su vez esta cultura tiene que ser capaz de existir junto a (o contra) otras culturas, y funcionar en el marco natural / cultural que le permite la obtención de recursos para perpetuarse y adaptarse. Una teoría evolucionista "simplona" que nos hable de la adaptación al medio, de la lucha por la existencia o de la selección natural, etc., pero sin tener en cuenta este marco cultural en el que tienen lugar esa adaptacion, esa lucha y esa selección, está ignorando precisamente la ecología que es propia de la especie humana, una ecología cultural.

Los estudios experimentales de Tomasello sobre el carácter innato de la cooperación humana se apoyan en otros estudios al respecto de Elizabeth Spelke (uno de los expertos cuyos comentarios sobre las tesis de Tomasello cierran este libro). Spelke ha estudiado experimentalmente comportamientos sociales y cooperativos que son innatos en los bebés. (Aquí hay un artículo de Paul Bloom relacionado con esta cuestión: The Moral Life of Babies). Sobre esta cuestión de la cooperación y la competitividad hay que distinguir varios niveles, para no confundir las cosas y creer que estas tesis refutan las teorías darwinistas (en lugar de refinarlas y especificarlas). Todos los individuos vivos compiten por su supervivencia y reproducción, a un nivel primario. Las estrategias cooperativas surgen como modo de optimizar esa supervivencia mediante la acción social concertada. Y, en una fase ulterior, estas estrategias cooperativas de los animales sociales requieren afinarse para evitar el problema mencionado del parasitismo.

Es decir, los niños cooperan de modo innato, como señala Spelke, por pertenecer a una especie innatamente social, pero en una fase de desarrollo un poquito más avanzada aprenden a seleccionar con quién cooperan, para no ser explotados. (Aunque aquí hablamos de generalidades, claro, y es fácil argüir que muchos adultos nunca aprenden a distinguir en qué relaciones sociales están siendo manipulados y explotados por otros individuos que utilizan estrategias sociales más refinadas y egoístas que las suyas).

A Tomasello no le gusta mucho hablar de "altruismo"—prefiere el término "cooperación". Pero en fin, también usa "altruismo" en este sentido, para hablar de tres tipos básicos: pueden compartirse con los demás a) alimentos (u otros bienes), b) servicios, o 3) información. En los tres tipos de cooperación (en un contexto tanto puramente altruista como de beneficio propio y ajeno) los niños pequeños cooperan o ayudan de manera mucho más consistente y fiable que los simios, y las diferencias son especialmente llamativas en los casos en que no obtienen en principio ningún beneficio inmediato.

Es de notar que los simios (los chimpancés para Tomasello, pero también los bonobos, que son menos agresivos y competitivos) cooperan mucho menos que los pequeños humanos en casi cualquier contexto. En el nivel informativo, observa Tomasello que los simios no señalan a los objetos para pasarse información: aunque pueden aprender a hacerlo en un contexto humano, tampoco entonces lo hacen de modo altruista, sino más bien en casos en los que indican algo que les va a beneficiar directamente. Ni siquiera comprenden la función puramente informativa del acto de señalar a algo. Es éste un caso muy claro en el que la capacidad de intencionalidad compartida, y la orientación cognitiva hacia un objeto distinto de los dos "interlocutores", se basa en modalidades de acción cooperativa. Esto parecería sugerir que el lenguaje (u otros modos de comunicación simbólica) descansan sobre protocolos previos de cooperación internalizados, antes que al revés.

Se remite varias veces Tomasello al principio de cooperación de Grice como un fundamento básico que permite cualquier otro tipo de comunicación: los otros me pueden ayudar informándome de cosas relevantes no sólo para ellos, sino también para mí. Los monos no se informan unos a otros de esta manera—ni siquiera a través de los gritos de alarma, arguye Tomasello, aunque en este punto su razonamiento es menos convincente. Yo diría más bien que hay pocas cosas de las que monos y simios puedan informarse unos a otros de modo cooperativo. Los monos y simios (y otros animales) obtienen mucha información de la observación del comportamiento ajeno, tanto de sus coespecímenes como de otros animales, pero no llegan a desarrollar una intencionalidad comunicativa a no ser muy rudimentaria y en general limitada a avisos de peligro, llamadas de auxilio, peticiones de rascamientos, invitaciones o solicitudes sexuales, de alimento... De hecho, una intencionalidad tan limitada no es distinguible claramente de la interpretación desarrollada en interacción con un comportamiento instintivo.

Los niños aprenden a mentir después de haber desarrollado los principios de la cooperación y la confianza. La mentira y otras formas de explotación se edifican sobre la base de la confianza mutua y de la veracidad. (Aquí Tomasello no parece dejar mucho lugar a un análisis desconstructivista de las nociones de verdad y mentira: por muy imbricadas que puedan estar en unas relaciones sociales complejas y elaboradas, en el nivel básico y primordial se encuentra la cooperación social, y la explotación o la mentira son fenómenos derivados, no primordiales).

En este comentario sobe "Language, Mind-Reading and Cooperation" sopesaba yo las teorías que priman la inteligencia social y la cooperación, frente a las que priman el desarrollo del lenguaje precisamente como impulsor de ese universo social (pues así podrían interpretarse las teorías de Bickerton sobre el origen del lenguaje). En realidad no hay ninguna oposición tajante: la especie humana podía ser extremadamente social y cooperadora previamente al origen del lenguaje, por necesidades ecológicas, y el posterior desarrollo del lenguaje no haría sino potenciar la inteligencia social y la construcción de universos culturales específicos.

Un aspecto importante del libro de Tomasello es la manera en que muestra cómo las acciones humanas, aunque parezcan puramente individuales, son institucionales, y están mediadas por un sistema social de valoraciones y normas. Así, por ejemplo, los chimpancés buscan maximizar el beneficio propio y en los experimentos consiguen la comida que pueden sin preocuparse de si es justo que a otros les den más. Simplemente maximizan su beneficio. Los humanos, en cambio, muy pronto muestran que sus acciones están mediadas por un sentimiento de justicia que es social o institucional—por ejemplo, en los juegos de ganar o perder apuestas (o comida) frente a un abusón, los humanos prefieren no ganar nada, y castigar al abusón, antes que conformarse con un poco y que el otro se lleve casi todo. No hay instituciones o normas similares entre los animales. (También es cierto, me dice la Dra. Penas, que algunos humanos aprenden a actuar como los chimpancés, y a conformarse con lo que les cae, renunciando a nociones de justicia...). Las normas humanas no sólo regulan la interacción: son normas constitutivas, que crean hechos no brutos sino institucionales. Searle ya hablaba de esto en Speech Acts; y la noción de la acción lingüística individual como algo mediado por la colectividad se encuentra en Bajtín. Aquí se extiende esa noción a toda acción humana. Para Tomasello, los niños pequeños pronto dan señales de comprender que actúan con este tipo de reglas, y pronto desarrollan una racionalidad social de un modo que no hacen los animales. No es sólo que los humanos sean sensibles a presiones sociales de diversos tipos, sino que también revela "un tipo de identidad grupal y una racionalidad social que es inherente a todas las actividades que conllevan una intencionalidad compartida, de 'nosotros'" (44).

Se remite Tomasello al concepto de Thomas Nagel (The Possibility of Altruism) de la identificación con el otro, una intersubjetividad inherente, podríamos decir, a la comprensión. Y esto crea una perspectiva humana propia que es la "visión desde ninguna parte" o comprensión del yo como otro. (Habría que relacionar esto con la fenomenología de Ricoeur y Lévinas). Desde el punto de vista de la teoría narrativa, me interesa esta "visión desde ninguna parte" como modalidad del punto de vista: vendría la voz narrativa omnisciente y anónima, característica de la ficción realista clásica, a ocupar la posición de la pura racionalidad social, y a darle expresión. La ficción narrativa puede entenderse así, desde un punto de vista biolingüístico o evolucionista, como un juego de perspectivismo social que nos es muy propio, muy próximo a lo que nos hace humanos. (Y concurrimos aquí una vez más con la visión de Brian Boyd, On the Origin of Stories, o con la de Agustín Sánchez Vidal en su reciente conferencia sobre el por qué de las ficciones).

Los niños pasan en su desarrollo de la identificación con "Otros significativos" (familia y amigos) a la identificación con un "Otro generalizado" o grupo social, político... (los términos son de G. H. Mead; Tomasello también se refiere someramente a Goffman en su noción de afiliación grupal). La identificación con un grupo ha sido una dinámica evolucionista potentísima que ha hecho a los humanos lo que son. La cooperación se da no indiscriminadamente, sino en el seno de un grupo social en el que se coopera. (Eso no quiere decir que no podamos cooperar con un miembro de otro grupo, claro, pero—y esto sí lo muestra bien Goffman—la propia identidad social del individuo se delimita en el seno de un grupo social y subgrupos laborales o afiliativos—mediante sus rituales, modos de interacción, espacios e instituciones.

Los niños nos sólo internalizan las normas sociales, sino que inmediatamente participan en su aplicación y la exigen. Aquí corrige Tomasello a Piaget que subestimaba esto. Y arguye que el altruismo humano deriva de la mutualidad en las actividades colaborativas. No procede la cooperación del altruismo, sino al revés.  Los humanos primitivos, desarrollando una ecología de cooperación mutua, hubieron de volverse más confiados y menos egoístas que los simios, y desarrollaron normas sociales que asignan un status deóntico a los roles sociales institucionales. La acción humana es colectiva, es interacción, es inherentemente social, y así se crean expectativas mutuas, derechos, obligaciones, identidades sociales reguladas. Volviendo al concepto de Nagel de la "vista desde ninguna parte", en una interacción social, podemos decir que esa perspectiva que trasciende el egoísmo primigenio es característica de los humanos:

"Así, desde la perspectiva de ambos participantes, las actividades colaborativas humanas se realizan mediante roles generalizados que potencialmente son desempeñados por cualquiera, incluyendo el propio sujeto. Algunos filósofos llaman a esto 'roles de agentividad neutra'" (68)


—y aquí sí podemos remitir a la teoría de Goffman de los roles sociales, de la identidad del sujeto social humano como una serie o conjunción de roles. Y entenderemos así cómo estos roles—y con ellos nuestra identidad—están socialmente definidos y son en muchos casos rápidamente intercambiables, asumibles o susceptibles de ser aparcados o supeditados a otros.

La atención conjunta se desarrolla, dice Tomasello, unida a un objetivo común. Luego desarrolla formas desvinculadas de objetivos cooperativos (el lenguaje, por ejemplo, es un potente instrumento orientador de la atención a objetos no presentes)—en una fase posterior:

"Pero al principio, tanto en la filogenia como en la ontogenia, la atención conjunta sólo se da en el contexto de un objetivo conjunto, lo que hemos llamado atención conjunta de arriba abajo (top-down), ya que los objetivos de los actores determinan la atención" (70)

La propia estructura de la acción, conjunta pero con roles divididos, da lugar a una fragmentación perspectivística sobre ella, pues cada uno de los actores desarrolla su propia perspectiva sobre la acción:

"De hecho, la noción misma de perspectiva deriva de tener primero un foco atencional conjunto que luego podamos ver de manera diferente (si no, vemos simplemente cosas totalmente diferentes). Esta estructura atencional de doble nivel—con foco de atención compartido en el nivel superior, diferenciado en perspectivas en el nivel inferior—es directamente paralela a la estructura intencional de dos niveles de la propia actividad colaborativa (un objetivo común con roles individuales) y en última instancia deriva de ella" (70)


(Estas observaciones, me parece, tendrían una interesante aplicación al análisis de la perspectiva narrativa—siendo una elaboración secundaria de la acción, en el seno de esa modalidad de atención conjunta que es ya de por sí la narración, atención conjunta a un mundo virtual recreado conjuntamente por el narrador y los interlocutores. La perspectiva u orientación general (visual, informativa, ideológica, etc.—ver Uspenski) de la narración se fragmenta en perspectivas de nivel inferior que sin embargo están comprendidas en el mismo marco colaborativo general de la acción narrativa).
orangután resentido
Para Tomasello, los grandes simios no entran en relaciones de atención conjunta, ni hacen lecturas mentales recursivas. Esto me parece un poquito precipitado como interpretación suya. Evidentemente, la atención conjunta de los simios es limitadísima comparada con la humana, como lo es su teoría de la mente. Pero de ahí a decir que carezcan totalmente de ella, va un paso que creo que Tomasello recorre precipitadamente. Un chimpancé ve un mono, en la caza, y colabora con otro, pero de un modo primitivo, dice Tomasello: no hay pruebas de que el chimpancé sepa que el otro chimpancé le ve ver el mono. Y sin embargo en otros experimentos he leído que los chimpancés son capaces de disimulo, frente a otros, para ocultar que han visto comida que el otro no ve. Eso parece indicar un grado de reflexividad interpretativa mayor del que sugiere Tomasello. Nos dice que los simios no han desarrollado atención conjunta porque no participan en actividades con fines comunes que requieran comunicarse para establecer objetivos comunes. (Quizá la caza sea una excepción. Y habría que detenerse más en sus rituales de interacción social, espulgamientos, sexo, etc.—me parece un tanto precipitado Tomasello en este aspecto).

En suma, observa que los humanos desarrollan modos de cooperación comunicativa (como señalar) antes de desarrollar el lenguaje, y que así debió ser en un origen. La inteligencia social, la lectura mental de intenciones, y la cooperación en fines comunes, precedieron al lenguaje—y fueron el requisito previo o la base para su aparición. En la observación del desarrollo de los niños ve Tomasello indicaciones generales claras sobre el desarrollo que debieron seguir las modalidades de cooperación en la evolución humana.

Podría parecer que esta teoría contradice en cierto modo a la de Deacon o a la de Bickerton sobre el origen del lenguaje—pues (dentro de un marco general de coevolución entre el cerebro y el lenguaje) estos autores parecen dar la prioridad al desarrollo del lenguaje, que luego "arrastró" el desarrollo cerebral. Pero en realidad no hay tal contradicción, creo. Bickerton postula el principio del lenguaje en unos seres no mucho más inteligentes ni con mucho más cerebro que los chimpancés actuales, pero que sí tenían ya una intensa vida social mucho más cooperativa que los simios, y en una ecología totalmente diferente que requería una intensa cooperación grupal. Es el mismo condicionante ecológico que imagina Tomasello:

"De hecho, creo que el contexto ecológico en el seno del cual se desarrollaron estas habilidades y motivaciones fue una especie de recolección de alimentos cooperativa. Los humanos sufrieron algún tipo de presión selectiva para colaborar en su obtención de alimentos—se volvieron colaboradores obligados—de una manera que no sucedió con sus parientes primates más próximos" (75).


El blanco de los ojos de los humanos, que revela la dirección de la mirada, es un indicador de un entorno social cooperativo: "anunciar la dirección de mi mirada para que la vean todos es algo que sólo podría evolucionar en un entorno social cooperativo en el que no era probable que los otros lo explotasen en detrimento mío" (76). En ese entorno se desarrollaron las bases de la moralidad humana, como la tolerancia, la disposición a compartir, y la confianza mutua—como requisitos para la acción cooperativa que permitía la supervivencia del grupo. Y esto requirió sin duda también una temprana acción policial:

"como las sociedades de cazadores-recolectores tendían a ser igualitarias, y los abusones con frecuencia sufrían ostracismo o muerte, los humanos sufrieron una especie de proceso de auto-domestiación, en el que los individuos muy agresivos o  muy adquisitivos eran eliminados del grupo como malas hierbas" (84)


De hecho ya entre los simios se da una forma primitiva de "moralidad" en este sentido—pues tienden a evitar espontáneamente a los que menos comparten o menos colaboran, para evitar ser explotados. Es una modalidad de exclusión social que anticipa las instituciones humanas que regulan la cooperación, como las leyes y castigos.

Cita Tomasello los estudios de Hrdy sobre el cuidado cooperativo de los bebés—otra tarea necesaria en la ecología humana (la madre chimpancé cuida el 100% del tiempo a su cría, la humana cerca de un 50%). A ello se suma, en proceso retroalimentativo, la infancia cada vez más prolongada de los protohumanos, a medida que el desarrollo cerebral desmesurado hacía nacer crías cada vez más indefensas. Toda una serie de procesos anatómicos, mentales, sociales y ecológicos, mutuamente interdependientes, llevó a desarrollar un universo humano cooperativo.

"En algún momento de la evolucón humana, se hizo importante que los individuos de un grupo se comportasen todos igual: surgió la presión a favor de la conformidad. La motivación inmediata aquí es ser como los otros, ser aceptado en el grupo, ser uno de los 'nuestros' que constituyen el grupo y que compiten con otros grupos". (93)


Y así surgieron las culturas, y las tribus, y las tribus urbanas, y los idiomas, y las leyes e impuestos y reclutamientos forzosos, y los aparatos ideológicos del Estado y de la clase, y los equipos de fútbol. La imitación y la conformidad son para Tomasello principios de primer orden en la formación de la humanidad y su evolución.


 

"La razón es que la imitación y la conformidad pueden crear altos grados de homogeneidad intragrupal y de heterogeneidad intergrupal, y a una escala temporal mucho más rápida que la de la evolución biológica. Debido a este hecho peculiar—que presumiblemente no es característico de ninguna otra especie—se hizo posible un nuevo proceso de selección grupal cultural. Los grupos sociales humanos se volvieron máximamente diferenciados uno de otro en lenguaje, vestido y costumbres, y compitieron uno con otro. Los que tenían prácticas sociales más eficaces prosperaron en relación a los otros. Esta es presumiblemente la fuente de la mentalidad humana de inclusión y exclusión grupal, que los investigadores han mostrado que está activa incluso en infantes muy pequeños" (94).
demasiados

Y en ello seguimos, y de allí la extraordinaria potencia de las dinámicas de grupos que regulan la pertenencia a ellos de los sujetos, los rituales de conformidad, y las modalidades aceptables de la acción del sujeto en el seno del grupo. La teoría de la acción en grupos de Goffman, grupos éstos que estructuran al sujeto desde dentro, es un complemento útil de estas observaciones de Tomasello. La identificación de los humanos con la humanidad es siempre un potencial abierto: estamos abiertos a la colaboración. Pero con quienes cooperamos es con los miembros de nuestro grupo, definido en círculos concéntricos cada vez más difuminados. Procesos sociales que podrían parecer patológicos—como la furia religiosa, el racismo, el partidismo cerril, o el nacionalismo excluyente—llevan a veces a marcar una de esas líneas concéntricas con especial énfasis, y a reestructurar los límites de la cooperación.  Por imitación y por espíritu de grupo.  Pero hay que reconocer que estas particulares políticas de chimpancés no son sino humanas—demasiado humanas.

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PS: Un vídeo de Redes, "Somos primates (2)", con Michael Tomasello:



Atención a la atención


Una sombra, una ficción

miércoles 5 de mayo de 2010

Una sombra, una ficción


En apenas unos minutos me voy para Santiago de Compostela, no de peregrinación, sino de oposición. Aunque igual me contaría algo el año santo, si fuese in the right mood. Pero estoy más cansado que otra cosa. La vida es sueño a estas horas de la mañana.

Aunque no quiero irme sin dejar constancia de la excelente conferencia que oímos ayer la Dra. Penas y yo, en la ex-capilla del Paraninfo. La daba Agustín Sánchez Vidal, reciente emérito-jubilado de nuestra universidad, y fue realmente memorable, redonda como pocas las he oído u oiré. Se titulaba "El por qué de las ficciones" —o "para qué sirven las ficciones"... me falla la memoria. Pero fue, además de amenísima y eficaz, un repaso memorable a la cuestión de la creación de ficciones, su sentido y su evolución, desde las pinturas en las cavernas, o más aún, desde las neuronas espejo, hasta las ficciones literarias clásicas, la gran ilusión del cine en el siglo XX (en la caverna iluminada) hasta las narraciones interactivas, los e-books y la SGAE. Y el problema de la dinámica cultural y el mercado, la industria que reduce las cosas al nivel vendible y sin embargo logra grandes obras, las dificultades inherentes a la cultura elitista, minoritaria, o a la subvencionada.... el cambio de paradigma a que nos lleva la evolución de los medios, y la nuestra. Todo bien hilado, bien trabado, y tan resonante con las cosas que me traen a vueltas (a mí y a otros muchos) estos últimos años, que fue realmente un caso de oft was thought, but ne’er so well expressed. O más bien, como diría Samuel Johnson, un caso de algo que debería haberse pensado así antes, y que estaba de algún modo en el aire, pero que encontró su expresión memorable allí, en esa sala de conferencias. Espero que lo publique pronto Sánchez Vidal.

Resultó ser una conferencia muy informada no sólo por los conocimientos históricos y estéticos que asociaba yo con Sánchez Vidal, sino también por las nuevas tendencias cognitivistas, evoucionistas y neurocríticas en lingüística y en poética. Ya decían por ahí que las mentes más alertas intelectualmente están actualmente atentas a este nuevo paradigma. Así que nos remitió el conferenciante a las teorías de Terrence Deacon sobre el desarrollo de nuevos circuitos cerebrales asociados al lenguaje, sobe la interacción de lenguaje y desarrollo cerebral, y sobre el surgimiento único en la especie humana del símbolo, ese signo que permite la arbitrariedad de los significados y el desplazamiento—la desconexión entre el signo y su ocasión (algo que no pasa ni en el icono ni en el indicio). Así permite el símbolo la generación de mundos virtuales—en la caverna iluminada del cerebro. Las ideas, algo que ningún animal tiene—ideas humanas, asociadas a la manipulabilidad de los sentidos hecha posible por el lenguaje y por el universo simbólico que empezamos a externalizar... pintándolo en las cavernas. No sólo Deacon, sino Jaynes, a Brian Boyd y a su análisis cognitivo de la Odisea en On the origin of Stories... A todos los repasó y combinó magistralmente Sánchez Vidal; hasta a Bickerton pensaba yo que estaba a punto de citar, hasta tal punto me leía el pensamiento, the echo of our mind. Del blanco de los ojos nos habló, que señala la mirada y potencia nuestra intersubjetividad. De la apofenia, que llena el mundo de sobreinterpretaciones y signos ominosos. Puestos a interpretar el mundo, lo sobreinterpretamos, lo cargamos de sentido, una logorrea del signo: y de allís surgen dioses y otras mythologies.

Un libro importante, el de Boyd, convengo aquí con Sánchez Vidal. Es curioso que ayer mismo venía yo explicando en clase de crítica muchas de estas cuestiones, no a cuenta de Boyd sino de Northrop Frye. También éste buscaba, hace cincuenta años, un centro de gravedad permanente (Battiato dixit) para su teoría literaria, y lo hallaba en la antropología y en los arquetipos del inconsciente. Que tienen mucha relación, cómo no, con esa nueva lingüística cognitiva de los esquemas corporales y perceptuales básicos. Con la filosofía cognitiva de Mark Johnson, The Body in the Mind, y también con la teoría de la fusión y extensión de esquemas cognitivos, la metáfora como herramienta del pensamiento, en Lakoff, Fauconnier, y Turner.

Frye proponía que la crítica necesitaba un principio que le permitiese hacer afirmaciones contrastables, no arbitrarias; una base conceptual coherente que la transformase en ciencia, como había sucedido en biología con la teoría de la evolución. Y la analogía no era gratuita. Para Boyd será el evolucionismo darwiniano, precisamente, quien proporcione esa fundamentación. Y a la vez un paso hacia la consiliencia, hacia la integración cognitiva de las humanidades y las ciencias de la naturaleza. Algo que sin duda está más allá del horizonte de Frye: éste aspira más bien a una fundamentación intrínseca de la ciencia literaria, que encontraría en sí misma sus propios criterios, sin edificarse sobre otra ciencia. Así pues, Frye no llegó tan lejos, pero señaló el camino: la literatura descansa sobre el mito y el ritual, y el ritual y el mito están allí para coordinar la vida en sociedad que crea la comunidad humana, y que garantiza la estabilidad del lenguaje que nos permite comunicarnos. Darwin era para Frye una analogía, tentadora: para Boyd, que comienza su libro sobre On the Origin of Fictions con Darwin, y con esa cita de Frye, el evolucionismo no es una analogía útil y orientadora, sino un paradigma en el que fundar la ciencia de la literatura, que es (no podía ser de otra manera) la ciencia del lenguaje y la ciencia de cómo nos hicimos humanos.

Junto con los símbolos, fundamento del lenguaje, están las metáforas, garantía de su fluidez y crecimiento. Pues el lenguaje, como dijo Emerson, es poesía fósil. Con las metáforas se expande y conquista nuevos ámbitos cognitivos, desarrolla posibilidades de manipulación del sentido y de expresión. Y una metáfora es una ficción, como lo es (en un cierto sentido) una narración que identifica una línea de causa y efecto, y así ordena el tiempo y da sentido al mundo. De esas ficciones cargados. En última instancia, las ficciones son lo que nos libera la mente de su apego a la realidad estricta y nos hace concebirnos como seres posibles, trazar planes, hipótesis.... narrarnos: soy un fue, y un será, y un es cansado. O, en otra línea, imaginar, lo que podría haber sido. De esas sombras y ficciones está hecha la sustancia humana, y lo dijo Calderón, "yo sueño que estoy aquí / destas prisiones cargado / y soñé que en otro estado / más lisonjero me vi / ¿Qué es la vida? Un frenesí / ¿Qué es la vida? Una ilusión / Una sombra, una ficción, / Y el mayor bien es pequeño / Que toda la vida es sueño / Y los sueños, sueños son"...

A la salida nos encontramos por sorpresa con MJ y su hermana. Las saludamos un momento (la vida te da sorpresas...) ...y luego volvimos a casa a cuidar a los niños. MJ— y lo que podría haber sido. Vidas imaginarias en una dimensión fantasmal, en ficciones también vivimos. Al final nuestra vida acaba girando en torno a unos pocos signos y unas pocas ficciones a las que volvemos y volvemos, buscando también nosotros un centro de gravedad lo más permanente posible. Y así volvemos siempre a los clasicos, a los clásicos y a nuestros clásicos, que también nos ayudan a orientarnos. Aún recuerdo cuando en el instituto hace treinta y tantos años leíamos en clase La Vida es Sueño de Calderón—A mí me tocó hacer de Segismundo, y a Beatriz (otra Beatriz) de Rosaura, aún me parece que la oigo:

Hipogrifo violento,
Que corriste parejas con el viento...


Language, mind-reading and cooperation

Historia(s) de Todo

A photo on Flickr 

domingo 11 de abril de 2010

Historia(s) de todo

Mi blog sobre la historia que incluye todas las historias se encuentra aquí:

The Story in Any Story.


Más, aquí:

—oOo—
HISTORIA(S) DE TODO


Me he dado de alta en iVoox, un excelente sitio web de podcasts y radio en red; y estreno mis recomendaciones con este audio sobre el Big Bang y la historia del universo. Procede al parecer de un DVD del History Channel, pero está tan bien hecho que se sigue perfectamente sin las imágenes.

Y lo que cuenta es en realidad dos historias: una, la historia del Universo, tal como ahora la entiende la ciencia, y otra, la historia de cómo se llegó a construir esta historia del universo—es decir, la historia de la astronomía y de la física, clásica y relativista. Son dos tramas engarzadas de modo muy interesante (aunque conviene distinguir una de otra). Me ha motivado para dar un repaso a la historia de Todo, hoy que tengo un rato libre.

Historias de todo las hay míticas (como la Biblia), y las hay científicas y filosóficas. Nos centraremos aquí en las científicas/filosóficas. En este sentido hay varias historias de todo de las que ya he hablado aquí, adelantando trabajo: por ejemplo una historia de diez mil millones de años luz de evoluciones, y la Historia del Tiempo según Stephen Hawking.

Una potente historia de todo la proporciona una teoría evolucionista del siglo XIX, más ambiciosa que la de Darwin (y hoy injustamente ignorada o minusvalorada). Es la de Herbert Spencer, que presenta un grandioso panorama de la evolución de todo lo existente: cómo lo complejo se genera a partir de lo simple. Busca Spencer entender los principios comunes de todo lo que pasa—en un razonamiento que va desde la naturaleza de las fuerzas elementales del universo, pasando por la generación de sistemas planetarios y seres vivos, hasta las dinámicas de la economía y del comportamiento humano. Sobre Spencer y sus grandes narrativas he escrito diversas cosas, entre ellas éstas:

- Materia Oscura victoriana

- El efecto mariposa y la complejidad ex nihilo (—o de cómo puede explicarse que todo lo que hay saliese de la Nada), y, por último,

- Consiliencia, Evolución y Anclaje narrativo

También he comentado algo sobre la historia de la teoría evolucionista de Charles Darwin—que no es propiamente una historia de todo, pero sí una historización de la biología, y una historia panorámica de la vida, en la que tenemos un trocito reciente que protagonizar. Sobre la historia de la humanidad y del lenguaje dentro del paradigma darwiniano he examinado diversas panorámicas: aquí hay algunas de ellas.

- La evolución de las especies y el origen del hombre según Darwin: una grandiosa secuencia de acontecimientos según la caracterizó él mismo—una Gran Narración en efecto, analizable pero no disoluble por la crítica postestructuralista.

- El origen (del lenguaje), según Derek Bickerton.

- Interacción internalizada: el origen especular del lenguaje y el orden simbólico

- Evolutivamente hablando, soy más de Stephen Jay Gould que de Darwin, en realidad. La Estructura de la Teoría de la Evolución de Gould es otro gran relato del desarrollo de la vida, y del desarrollo de la teoría que nos permite entenderla.

Una historia de Todo, o de casi todo, incluirá la historia del origen de la especie humana—y de otras especies humanas, y antropoides, que nos precedieron. Sobre eso también pueden leerse aquí algunos artículos y reseñas:

- Doce últimos hombresmutus liber dino valls

- La odisea de la especie... dos.

- Extrasomatizaciones, sobre hombres del Paleolítico (una conferencia de Ignacio Martínez). Y otra más del mismo, sobre la evolución y los hombres de Atapuerca. También, uno de mis primeros posts al respecto, un comentario sobre Juan Luis Arsuaga y el enigma de la Esfinge.

Filósofos de la cultura como Giambattista Vico o como G. W. F. Hegel escribieron grandes panorámicas evolucionistas del desarrollo de la cultura y de las formas espirituales—la Ciencia Nueva, la Fenomenología del Espíritu. Pero al carecer de un concepto claro de evolución biológica y del origen del hombre, no consiguen engarzar esta historia de las formas mentales con una historia de las formas vivas, ni llevar la noción de emergentismo a sus consecuencias más radicales.

Más promete en este sentido la filosofía (pragmática, o simbólica interaccionista) de George Herbert Mead. En su Filosofía del Presente se contiene, entre otras cosas, el origen e historia de las mentes, y de cómo llegaron a aparecer en ellas el pasado, y el futuro—pues éstos son objetos mentales en un mundo que en cierto sentido es todo presente. Esta posibilidad del surgimiento del pasado, y del tiempo como objeto mental, es desde luego un preliminar necesario para toda historia, y para toda historia de todo.

Vico y Hegel sí contribuyen, tanto como Mead, a desarrollar el análisis del emergentismo: a saber, el estudio del desarrollo de fenómenos complejos a partir de los simples. El hecho es que cuando algo simple da lugar a procesos complejos, éstos requieren una disciplina especial para su estudio. Y sería un error pretender reducir una disciplina a la otra—la biología a física, por ejemplo. Hay que hallar un modus vivendi y reparto de labores entre las disciplinas del conocimiento. No resulta práctico analizar un jaguar como un conjunto de quarks: más vale acercarle la lupa de la zoología. Las disciplinas del conocimiento buscan engarzarse unas con otras (en un anclaje cognoscitivo o conceptual que también tiene sus dimensiones historicas). Pero conviene estar atentos a la especificidad de los fenómenos emergente, y comprender el concepto de reducción sin aplicarlo indebidamente. Aquí hay un post sobre Gell-Mann, consciencia, reducción y emergencia. Y aquí hay un comentario sobre el concepto de consiliencia, o convergencia y armonización de las disciplinas de conocimiento, las que nos cuentan distintas historias sobre la realidad, historias que deben conciliarse o combinarse de modo coherente. El concepto de consiliencia lo ha promocionado E. O. Wilson, pero en mi post examino la crítica que le hace Stephen Jay Gould, quien considera que en esa prometida armonización de las disciplinas o gran Consiliencia de Todo lo Sabido hay que ser especialmente cuidadoso con el papel y lugar de las humanidades.

Una historia que podríamos escribir es la historia de las historias—de las narraciones y de su origen. Mucho se podría decir al respecto, pero por abreviar remitiré en este punto por ejemplo a Brian Boyd, y a su libro Sobre el origen de las historias, que tiende un puente interesante entre narratología y evolucionismo, entre ciencias y humanidades. Tan bien lo hace que podría dejar satisfechos tanto a Wilson como a Gould.

Y hablando de humanidades, historias y disciplinas del conocimiento... También está, por cierto, la historia de la Historia—de la historiografía, digo, aunque lo que normalmente entendemos por historia no es sino un pequeño capítulo de esta gran historia panorámica que es la realidad, o la evolución de todo. Sobre historia de la historiografía, he escrito este comentario sobre "El surgimiento de la crítica histórica" de Oscar Wilde. Con una cierta atención al concepto de retrospección, tan necesario para entender la dinámica de cualquier tipo de historia, pues mirando hacia atrás las contamos, desde la atalaya del presente.

En la Historia, esa pequeña historia, situamos las historias de todo lo que hicieron y dijeron los humanos, y de todo lo que quedó escrito. Pues la escritura es una frontera entre la historia y la prehistoria.

Las diversas historias de las civilizaciones con escritura, y las diversas historias del desarrollo de la cultura, se ubican, claro, como una fase tardía de la historia humana entendida en sentido amplio. Como muestra un botón, aquí hay una historia (la Galaxia Gutenberg de McLuhan) de cómo distintos medios de comunicación suponen otras tantas fases de la cultura y pensamiento humanos—las sociedades iletradas preceden a las culturas con escritura y a las alfabetizadas. De ahí pasamos a la era de la imprenta, y luego a la de las comunicaciones electrizadas y electrónicas—y aquí es donde estás, lectriz.

Como Gran Narrativa, también está, como medio para entender la dinámica de lo que pasa, la historia de la globalización—la historia de la división del trabajo y de la producción, del intercambio de bienes y procesos productivos, y del desarrollo de los fenómenos económicos y comunicativos que nos están encogiendo la aldea global. Casi cualquier cosa de la que hablamos en la vida moderna (teléfonos móviles, tiendas chinas...) es un capítulo de esa historia. La macdonaldización de la sociedad postmoderna no es sino un episodio tardío y característico.

Tantas historias hay que organizarlas. Sobre todo cuando tanto abarcan todas.

De hecho, se organizan espontáneamente, solapándose, complementándose o acabando una donde empieza la otra—cada historia encuentra su lugar, ya sea dentro de la otra, o englobando a la otra. Uno de los conceptos que me interesa desarrollar últimamente es el de anclaje narrativo: el engarce espontáneo de un proceso narrativo en otros procesos narrativos, la ubicación de una historia dentro de otras historias, o con respecto a otras historias.

Para un análisis conceptual de estas historias (que en ello estamos) supone una cierta dificultad el que se ubiquen en distintas disciplinas y se refieran a fenómenos de distinta naturaleza conceptual. Pero no es un problema insalvable: antes bien, la noción misma de consiliencia exigiría que habrá de ser salvable de alguna manera. Así, habrá que ubicar primero si las narraciones que intentamos conciliar, anclar y engarzar, son historias de procesos físicos... o si son historias de representaciones de los mismos, y de disciplinas y discursos que tratan de entenderlos (y de narrativizarlos).

Sobre esta cuestión puede verse mi post sobre PROCESOS, REPRESENTACIONES, NARRACIONES Y NARRATOLOGÍAS—

—(un mínimo de consciencia del emergentismo de los fenómenos nos dirá que sólo puede haber representaciones de procesos una vez hay procesos que representar, y que sólo puede haber narratologías, y análisis de las mismas, una vez hay narraciones, y análisis de las mismas).

El concepto de anclaje narrativo lo inauguré en este post: "El anclaje narrativo". Puede verse algo más desarrollado y aplicado al estudio de una novela "evolucionista" en este post: "Harry Thompson, This Thing of Darkness: Narrative Anchoring". He dicho hace poco que el anclaje narrativo resulta de un engarce "espontáneo" entre unas historias y otras. Entiéndase bien que esta "espontaneidad" requiere por supuesto un trabajo conceptual activo. En el mundo de los objetos conceptuales el emergentismo tiene lugar por medio de nuestras cabezas, y por eso podemos decir que la comprensión de los procesos, y el análisis narratológico de los mismos y de la misma, es un fenómeno emergente. Un fenómeno que para tener lugar requiere de la evolución y desarrollo de herramientas conceptuales, tecnologías comunicativas, e instrumentos cognitivos para la representación (como por ejemplo el alfabeto, o este blog). Sobre estas cuestiones pueden leerse mis posts sobre narratividad emergente (en inglés) y sobre los blogs y la narratividad de la experiencia.

Con esto me parece que queda tratada la historia de todo, tal como se ve desde esta esquina del tiempo—en la medida en que hoy podemos tratarla, y en la medida en que podemos organizar todas las historias que en ella se reúnen y combinan. Ya he hablado antes del concepto de consiliencia. Sobre la convergencia o consiliencia entre consiliencia y anclaje narrativo versa este post, y también éste.

 

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Nada. Todo. Nada.

 

Pensamiento simbólico y nicho ecológico

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Pensamiento simbólico y nicho ecológico

Un artículo de Terrence Deacon en On the Human: "Rethinking the Natural Selection of Human Language". Con más reflexiones sobre el nicho simbólico que ha desarrollado para sí la especie humana, y que ha impulsado su peculiar evolución. Somos la especie simbólica, con un cerebro desarrollado en torno a la actividad lingüística y simbólica. Tenemos tendencias innatas a ver las cosas como símbolos, lo sean o no. "With it comes an irrepressible predisposition to seek for a cryptic meaning hiding beneath the surface of appearances." Y habría que decir que (como los paranoicos), muchas veces acertamos. La apofenia parece ser un caso extremo de predisposiciones muy generales y muy humanas. "Estamos hechos a imagen de la palabra".


Los nichos no son todo (son lo único)

El origen del lenguaje y de la humanidad

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sábado 13 de febrero de 2010

El origen del lenguaje y la humanidad

He reseñado por extenso (y comentado) el libro de Derek Bickerton Adam's Tongue. Un libro (y un comentario) obre el origen del lenguaje, más en concreto sobre el momento en que emerge en una sociedad de antropoides algo que es diferente de los demás sistemas de comunicación animal.

Me sale un PDF de más de 90 páginas, descargable del SSRN, donde lo he colgado con el abstract en inglés de abajo. Pero la reseña (o comentario) en sí está en español, y viene de estos posts que fui publicando en el blog el año pasado:

El origen (Del lenguaje)

Adam's Tongue 1: Las dimensiones del problema
   
Adam's Tongue 2: Pensando como ingenieros

   
Adam's Tongue 3: ¿Simios cantores?
   
Adam's Tongue 4: ¿Simios parlanchines?
   
Adam's Tongue 5: Los nichos no son todo (son lo único)
   
Adam's Tongue 6: Nuestros ancestros en sus nichos
   
Adam's Tongue 7: Fíjate en la hormiga, holgazán

   
Adam's Tongue 8: El 'Big Bang'
   
Adam's Tongue 9: El reto de Chomsky
  
Adam's Tongue 10: Mentalizándonos
    
Adam's Tongue 11: De una bellota crece un arbolito
   
Adam's Tongue 12: El arbolito se convierte en un roble
   
Todo junto en un único artículo está en el SSRN:

Review of Derek Bickerton's ADAM'S TONGUE
José Angel García Landa
Universidad de Zaragoza
February 12, 2010


Abstract:    
This is an extensive review and commentary, in Spanish, of Derek Bickerton's book ADAM'S TONGUE: HOW HUMANS MADE LANGUAGE, HOW LANGUAGE MADE HUMANS (2009). The book puts forward an evolutionary theory of the origin of language (and mankind) which is attentive to the ecological functions of animal communication systems, and builds a bridge between linguistic emergentism and the theory of ecological niche-building (Lewontin, Odling-Smee et al.). Bickerton is particularly critical of Chomskian approaches to the issue of the origin of language, and of the current genetic bias in biology, which underestimates the behavioral adaptiveness and flexibility that allowed the emergence of language in a very specific ecological niche: collaborative scavenging.

Keywords: Language, Evolution, Ecology, Origin of language, Homo, Scavengers, Ecological niche, Emergence, Communication, Animal communication, Speech, Behavior
Working Paper Series

Resumen:

Reseña detallada y comentario del libro de Derek Bickerton ADAM'S TONGUE: HOW HUMANS MADE LANGUAGE, HOW LANGUAGE MADE HUMANS ("La lengua de Adán: Cómo los humanos hicieron el lenguaje, cómo el lenguaje hizo a los humanos"). Es un libro sobre el origen del lenguaje y de la humanidad, que contesta las teorías de Chomsky así como el paradigma geneticista. Partiendo de estudios de la comunicación animal y su función ecológica, intenta integrar los estudios del origen del lenguaje y la teoría evolucionista (darwinista) tomando como punto de encuentro la teoría de los nichos ecológicos desarrollada por Lewontin, Odling-Smee y otros.

También cuelgo este PDF en Zaguán. Y está como iPaper en Academia: Reseña de Adam's Tongue, de Derek Bickerton.


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Language, Cooperation, and Natural Selection

Estética y sociobiología de la atención

domingo 7 de febrero de 2010

Estética y sociobiología de la atención


Notas tomadas sobre la lectura del capítulo 7, "Art and Attention", de On the Origin of Stories, de Brian Boyd (2009).

Un elemento previo para explicar el origen del arte está la manera humana de organizar y compartir la atención. El juego de la fantasía, la creación de un mundo ficticio asociado a la experiencia virtual de los animales jóvenes, es otro elemento importante. Pero un elemento importante en la sociedad humana es esa dimensión de atención compartida. (Aquí en Babel's Dawn hay un post interesante sobre la biología de la atención compartida como algo diferencial en los humanos).

La competición entre individuos es un concepto básico en las teorías de la evolución, pero también lo es la cooperación y formación de grupos. Los seres vivos cooperan y forman sociedades para maximizar recursos y para competir mejor contra otros. Así pues, la evolución es un complicado juego de cooperación y competición: "incluyendo la competición para cooperar (en el interior de los grupos) y la cooperación (a nivel de grupo) para competir (contra otros grupos).

Problemas de la vida social: que nunca coinciden completamente los propósitos, para fundar la cooperación—pueden ser opuestos. Además, "las ventajas de la cooperación pueden ser explotadas por los que aceptan los beneficios sin pagar su parte de los gastos" (101). Cuanto mayor el grupo, más difícil es mantener la cooperación. Y sin embargo, cuanto mayor sea, mejor competirá contra otros grupos. Hay aquí un equilibrio difícil e inestable. Los grupos grandes tendrán éxito si consiguen desarrollar modos de controlar a parásitos y egoístas que minen el sistema.

El lenguaje es un medio básico para organizar la coordinación precisa y flexible de actividades. Y el arte ha tenido un papel crucial a la hora de organizar la atención y la voluntad colectiva. En el caso de una sociedad compleja como la humana, se ha vuelto cada vez más importante un tipo elaborado de atención: la atención a la atención de los demás. "A medida que se multiplican las ventajas de la vida social, los seres atienden a otros miembros del grupo y a su atención mutua para controlar afiliaciones, alianzas, y el status que son precisos para evitar un conflicto constante sobre el acceso a los recursos" (102). —(Habría que combinar esta teoría evolucionista de la atención con la manera en que explica Goffman tanto la dinámica de grupos como la vigilancia mutua recursiva que son inherentes a la interacción humana). En especies con distintos grados de inteligencia social (córvidos, delfines, monos y simios...) se observa esta atención reflexiva a la atención de los demás, aunque es en los humanos donde alcanza un extremado refinamiento y complejidad. Hay rituales de atención mutua, coordinación vocal o acciones, de movimientos, etc., en diversas especies sociales. A los humanos se nos nota hasta en el blanco de los ojos en qué medida prestamos atención a los demás. Es crucial para los humanos saber a dónde está mirando el vecino.
mascara
El acto de señalar es prelingüístico, pero presupone una orientación de la atención que subyace a la capacidad lingüística, que sin esa deixis primaria del señalar y esa atención compartida a lo señalado no tendría ni dónde asentarse. El lenguaje permite una mayor organización de la cooperación, pero igualmente se puede usar, esta nueva capacidad de cooperación, para fines competitivos.

Alude Boyd a la función especial de las neuronas espejo en el desarrollo de una forma avanzada de atención reflexiva y empatía. Goleman, el de la inteligencia emocional, observa que compartir la atención es un paso crucial para la cooperación eficaz y productiva; y es algo que se produce desde la compenetración física y emocional hasta la intencional y perceptual. El juego de los cachorros y animales jóvenes sirve para desarrollar esta empatía y cooperación:

"Los humanos, más flexibles en su comportamiento, y dependientes durante mucho más tiempo en la niñez, extienden y alargan el juego social, no sólo en la infancia, sino a lo largo de toda la vida adulta. Y lo extienden, de modo crucial, en el juego cognitivo del arte" (104).


(Y aquí vemos una de las paradojas de la realidad humana—— que lo "no serio", el juego, el arte, lo irrelevante y ficticio, es en cierto modo la garantía de la humanidad misma, lo que permite la flexibilidad mental que caracteriza a nuestra especie. Resulta de allí otra línea variable y difícil de calcular, la de cuánta "no seriedad" es oportuna a la hora de tratar cuestiones serias. No hay soluciones tajantes para esta cuestión, y de ahí que la falta de seriedad pueda ser tanto irrelevante e irresponsable, o contener los principios de un enfrentamiento mucho más radical y serio con la situación que se plantea).

En gran medida el arte está asociado a este principio hiperestimulativo del juego. Los niños "se saturan con estímulos sobrenormales, suficientemente vívidos como para mantenerles y volverles a captar la atención, y piden compulsivamente los mismos relatos y canciones." (Y los mayores somos iguales, salvando las estaturas: requerimos y admitimos ligeras variaciones). Las distintas modalidades de arte son para Boyd maneras especializadas de coordinar y mantener la atención, la coordinación, las normas compartidas, las interpretaciones sobre las modalidades de actuación social, los valores que organizan la sociedad y la acción del grupo. También promueve el arte directamente una identificación y atención, aumenta la socialidad alrededor de objetos, historias, rituales, etc., socialmente valorados. La ficción promueve modelos de comportamiento, historias ejemplares, consejos, admoniciones simbólicas: las historias e imágenes compartidas coordinan los valores y las emociones de los miembros de una sociedad.

Por otra parte, el arte es terreno de competición. Ya hemos visto que cooperación y competición se retroalimentan e interpenetran:

"Nuestra dependencia humana de la cooperación no elimina la competición. La cooperación nos proporciona muchas ventajas que no podemos obtener individualmente, pero entonces competimos por hacernos con esas ventajas: de hecho, como señaló Darwin, 'la competición será más fuerte entre las formas aliadas, que ocupan casi el mismo sitio en la economía de la naturaleza'" (109).


(Todo esto es aplicable también, claro, al reparto de recursos y puestos en las universidades. Por poner un ejemplo. También lo que a continuación dice Boyd sobre el status y la jerarquía).

La jerarquía social es parte inherente de la organización y coordinación social. Ahorra trabajo y posibilita la organización eficaz; evita disputas constantes. Ahora bien, también las genera, pues si el status superior proporciona más ventajas (sociales, sexuales, de atención, etc.), eso estimula la competencia por obtenerlo:

"Los humanos por naturaleza buscamos el status con ferocidad: sin descanso, aunque sea de modo inconsciente, intentamos aupar nuestra propia posición impresionando a nuestros iguales, y por naturaleza, aunque sea de modo inconsciente, evaluamos a los demás en base a su posición" (109)


(O sea que esto no sólo se aplica a los ránkings de blogs, ni a las compras de pisos y coches y vestimentas que nos adornen).

Las dinámicas que rigen estos comportamientos siempre son complejas. Como la mayoría estamos en posiciones relativamente inferiores, también cooperamos para resistir a las jerarquías, y para impedir que otros suban demasiado. Ya entre los chimpancés, el status social depende no tanto del individuo en sí, sino de su red social: de su capacidad para formar, interpretar y cultivar alianzas. (Las redes sociales de los humanos, Facebook etc., son por tanto sólo una versión mejorada, 2.0, de las redes sociales de los simios. Aún podría decirse que son primitivas estas redes sociales en red, por la manera un tanto primaria en que se busca captar la atención y alimentar el círculo social en "cantidad"). Entre los chimpancés, la dominancia la definió Michael Chance como "la atención que los subordinados centran en un sujeto dominante". Todo cuestion de organizacion social de la atención. Y no distintos son los famosos, ricos y poderosos, con todos los medios de comunicación pendientes de organizar la atención social hacia ellos, primates privilegiados y Primados. Choca que le demos tanta atención a algunas personas que la merecen poco, o que son una simple patología de la atención, un torbellino de atención sin nada en medio, y no mencionaré a nadie. Choca porque según dice Boyd,—"no sólo buscamos ganar la atención de los demás: también resistimos a que otros atraigan nuestra atención sin buenas razones" (110). Los niños dicen, "mira, mira lo que hago", pero pronto aprenden que los exhibicionistas aburren.

Y sin embargo el bla bla de la atención organiza (es la maldición de ser humanos) hasta la menor de las ocasiones en que abrimos la boca.

"En la conversación no es lo más frecuente que ofrezcamos información a otros con la esperanza de que a continuación nos ofrezcan ellos alguna información. En lugar de eso, a menudo buscamos status por medio de lo que decimos, según su relevancia o valor para los otros. Podemos impartir información en la conversación no tanto como un servicio, sino para que los oyentes nos otorguen status: nos 'recompensamos unos a otros con la moneda del status'" (Boyd, cita a Dessalles, "Altruism, Status, and the Origin of Relevance").


—del status, y de la atención: "escucha lo que digo, que yo luego luego escucharé yo lo que dices". También en los blogs escribimos "para ver los comentarios" como dice Carmen París. Y "en la conversación espontánea nos ganamos aceptación, respeto y status por la relevancia de lo que decimos a la situación" (111). (Académicamente, también explica esta teoría de la relevancia el status intelectual de los sujetos pensantes. Se supone que los académicos contribuimos de modo relevante a conversaciones altamente definidas y estructuradas. Aunque claro, siempre está el factor de los "torbellinos de información" y de las modas, que distorsionan la cuestión de la relevancia. A veces una contribución es altamente relevante simplemente por el hecho de estar de moda y tener más capacidad de atraer la atención. Todo esto se supone que lo filtra y lo sedimenta el tiempo, pero a veces el filtraje se hace para ningún espectador, o para muy pocos. Y muchas veces lo que parecía irrelevante se vuelve relevante retroactivamente.). La búsqueda de éxito de los artistas, la enfermiza necesidad de los escritores de que alguien los lea, pasándonos sus obras por las narices, los académicos buscando desesperadamente quien los cite y los reseñe... no son sino casos especializados de esta sociobiología de la atención que organiza la acción humana.

"La estrategia de una persona que busca atención puede ser rápidamente desplegada en su contra por otros, porque todos buscamos el status que confiere la atención, y porque todos tenemos una capacidad innata de imitación"—(112)


—y esto da lugar a complejas y endiabladas dinámicas y corrientes cruzadas de originalidad e imitación, role-models imitados por ejércitos de originales, lanzamientos de modas con y sin éxito, imitaciones patológicas, invenciones inauditas ignoradas, remolinos de información, inexplicables torbellinos de éxito y dinero alrededor de Harry Potter, vigilancias mutuas, contraataques... no lean a ése, ¡léanme a mí!

Se me ocurre, leyendo las explicaciones de Boyd sobre la atención (algunos dirían sobre la vanidad) que, siendo que la búsqueda de atención organiza la vida social de punta a punta, al margen de que se desarrollen estrategias más efectivas de relaciones públicas para atraer la atención sobre uno o sobre el negocio de uno (es decir, al margen del éxito tangible logrado en recursos, amistades o dinero) también hay lugar para toda una estética de la atención. Siendo que todos tenemos que gestionar la atención de nuestra red social, colegas o conciudadanos, hay en cada caso maneras más o menos aceptables o logradas de hacerlo. Puede evaluarse así positiva o negativamente no sólo la atención efectiva conseguida, sino la manera de hacerlo: su discreción, buen gusto, originalidad, aceptabilidad ética... Y no hay por supuesto una única estética de la atención, sino múltiples estéticas y criterios divergentes según la persona o la situación: lo que a uno le parece aceptable o adecuado como manera de gestionar su dosis de atención, el vecino lo considera un ligero exceso de autobombo, te pasaste de la raya. Eso no quiere decir que el vecino no haga lo propio por medios más indirectos o más aceptables en su círculo. Lo que está claro es que no puedes atraer la atención como lo estimes oportuno y además dejar a todo el mundo contento: hay estéticas enfrentadas al respecto—estéticas y éticas de la atención. Apenas nos dedicamos a otra cosa.



La crítica autobiográfica

Replicantes: Imitation of Life

domingo 31 de enero de 2010

Replicantes: Imitation of Life

En Tercera cultura le pongo un comentario al artículo "Replicadores y metabolismos", sobre el origen de la vida. Sostiene un científico de la UAB, Mauro Santos, que los primeros organismos no podrían informacionalmente hablando, replicarse eficazmente de modo que pudiesen sustentar una evolución darwiniana, hasta la aparición de las cadenas de ARN y luego ADN. La teoría de "metabolismo primero" es insostenible pues no logran las cadenas químicas replicarse de modo que haga posible una evolución continuada y una selección natural:

"Uno de los problemas básicos es que cuando se replica una molécula como el ARN o el ADN, tenemos enzimas que son muy sofisticados, tienen propiedades correctoras, y pueden reconocer que hay un error, repararlo, y entonces la tasa de error es muy baja. Esto es hoy en día. Pero en los replicadores originales no había esta maquinaria enzimática; esto es un resultado de la evolución. Entonces, por medios no-enzimáticos, se estima que la tasa de error, cuando se iba a copiar un mensaje, era muy elevada. Esto impone un límite a la máxima cantidad de información que se puede llevar."

Es una cuestión, pues, de transmisión de información. El origen de la transmisión fiable, del ARN y del ADN, y por tanto de la vida en este sentido, sigue siendo un misterio. Comento esto:


Una cuestión tan fascinante como ésta de “¿cómo surgió la vida por vez primera?” es la otra cuestión intrigante: “¿por qué no está surgiendo constantemente?”, es decir, por qué es un caso al parecer único de un fenómeno que es único. Seguramente las dos preguntas se responderán a la vez, pues deben ser en realidad (aunque aún no sabemos en qué sentido) la misma pregunta. Una cuestión a tener en cuenta es si es la propia existencia de la vida la que impide el surgimiento continuado de la vida, por el hecho de alterar radicalmente el entorno en que la vida surgió. Pero ¿TODO el entorno? ¿Puede la vida borrar sus propias huellas de manera tan radical?

Quizá haya hablado demasiado pronto de "fenómeno único". Pues hay otro "fenómeno único", de origen evolutivo igualmente misterioso, y que también tiene que ver con la codificación eficaz y replicable de información: el lenguaje. Ese virus, que diría Chomsky. Un virus informacional que ha posibilitado la generación de un mundo simbólico de replicantes e Ideas, un mundo de información superpuesto al mundo material. El lenguaje también surgió, posiblemente, una sola vez—y sin embargo sigue surgiendo constantemente en cada niño que nace. Y el fenómeno éste de "retirar la escalera una vez se ha subido", el borrado de huellas causado por el éxito fulminante del propio fenómeno, parece darse tanto en el lenguaje como en la vida. Aunque siempre quedan huellas de protolenguaje incorporadas al propio lenguaje, como quedan huellas de elementos primigenios incorporadas a la propia vida (mitocondrias, etc.). Quizá haya aquí una analogía interesante para su exploración.



La caverna del cerebro: El lenguaje como realidad virtual

Preantecesores

viernes 15 de enero de 2010

Preantecesores

Sobre los hombres de Héraut: se han hallado en Francia restos de cultura humana de al parecer de hace más de 1,5 millones de años. Pongo este comentario en el blog SAPIENS:

Una humanidad tan antigua en Europa, más antigua que Atapuerca, abre perspectivas interesantes sobre el origen de las poblaciones posteriores. Quizá haya habido menos "out of Africa" y más evolución autóctona en Europa de la que parecía. Ya era el caso de los neanderthales; ahora puede atisbarse que debió haber otras variedades europeas más antiguas que el Homo Antecessor, especies humanas evolucionadas ya en Europa. Aunque sigue en pie, claro, la tesis de que el Homo Sapiens, mucho más reciente, procede de Africa, y que sustituyó a todos estos homínidos o humanoides primitivos. No queda claro a qué especie se atribuyen estos restos (supongo que estarán a mitad de camino entre Homo Ergaster y Homo Antecessor) pero me extrañaría que la cultura lítica diese señales de un desarrollo simbólico mayor que el típico del Homo Ergaster/Erectus. Los humanos auténticos, los de poder hablar con ellos, estaban aún en el futuro, me temo, y mucho más al sur.

(Y a saber qué hallarán de nosotros, dentro de 1,5 millones de años).


Extrasomatizaciones