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Evolución

Ways in which Culture Drives Evolution

An article in the forum On the Human, by Mark Stoneking, discusses ways in which cultural developments, far from "preventing" or putting a stop to human evolution, may be actually driving it. The issues are focused from the viewpoint of a molecular geneticist—natural selection of certain genes under specific cultural conditions, lactose tolerance, sickle-cell anemia, etc. I add the following comment:

Perhaps the most relevant ways in which culture may drive human evolution are left undiscussed. One: weapons of mass destruction (or their environmental equivalents). Once humans acquire the power to destroy most of their own populations, and use it, the surviving gene pool may show significant statistical variations with respect to the previous one. Perhaps hypothetical yet, but don’t rule it out. Two: Differential reproduction in different cultures. E.g. here in Spain slightly more than one child per couple; African populations have other habits. Chinese policies about number of children, etc.- All of that is relevant. Three: Increased communications mean an increased choice of mates for sexual selection. Some people likely to get married in a small agricultural community are likely to stay unmarried, with their genes de-selected, in a different régime of communications. And there may be other issues as well.

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Adam's Tongue 6: Nuestros ancestros en sus nichos

Adam's Tongue 12: El arbolito se convierte en un roble

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Adam's Tongue 12: El arbolito se convierte en un roble


Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)

Adam's Tongue 11: De una bellota crece un arbolito


Hay dos maneras de unir palabras: con una mera secuencia como cuentas en un collar, o con relaciones de jeraquía aparte de la mera secuencia: o sea,
A + B + C ....
o bien
A + (B + C) ....
En el pidgin, el protolenguaje o el lenguaje infantil usamos la primera; luego se desarrolla la segunda para estructurar oraciones, y la primera queda relegada a unidades supraoracionales. Las oraciones tienen estructuración jerárquica. (Claro que habría que especificar que hay jerarquías de otro tipo para las unidades supraoracionales... la cuestión es que la jerarquización de la sintaxis está más rígidamente codificada, gramaticalizada. Pronto escribiré un artículo sobre esta cuestión: sobre unidades, límites sintácticos, marcos y signos complejos).

Bickerton cree que el desarrollo de la sintaxis jerárquica (o sea, de la sintaxis propiamente dicha) no se dio antes de la aparición de nuetra propia especie (Homo sapiens)—"y es por entonces cuando las primeras señales de comportamiento realmente humano se vuelven manifiestas" (232). Hay señales de herramientas más complejas, y de comercio—instrumentos hallados muy lejos de su origen. Esto requeriría contacto entre protolenguajes diferentes.

La psicolingüística del protolenguaje es diferente a la del lenguaje: en el lenguaje se estructura mentalmente el mensaje antes de emitir la primera palabra; en el protolenguaje no se construye una frase antes de emitir la palabra. Este nuevo proceso mental requeriría el establecimiento de enlaces neurales entre representaciones de diferentes palabras: de lo contrario no es posible una estructura jerárquica. También se require un proceso que por así decirlo fije la atención mientras se estructura la frase—puesto que la estructura jerárquica puede ser confusa: esto lo compara Bickerton a un coro—una sola voz puede desentonar pero no se nota. Así, el "coro de neuronas" coordinadas forma la atención necesaria para estructurar un mensaje complejo. Esto es un desarrollo complejo, pero el resultado es más competitivo: la comunicación es más eficaz con estructuras jerárquicas, y por tanto es adaptativamente competitiva.

Es muy tajante Bickerton al distinguir estas dos modalidades (—y éste es un punto sorprendentemente flojo y arbitrario de su teoría). Insiste en que no hay pasos graduales entre estructura jerárquica y no jerárquica: o bien usas una o bien la otra—

"o bien usas protolenguaje, cuentas enhebradas, o lenguaje auténtico—fusión con estructura jerárquica. No podría haber habido, como algunos parecen suponer, una serie de cambios en el protolenguaje que lo acercaron gradualmente al auténtico lenguaje: o bien una enunciación está jerárquicamente estructurada o no lo está" (234)


(—pero claro, hay jerarquías simples, antes de haberlas compuestas, y no es difícil suponer de dónde pueden haber salido: de las combinaciones más frecuentes de términos, que pasan a percibirse como una unidad virtual compleja ya combinable en secuencia con otras. Parece claro que, contra lo que dice Bickerton, el desarrollo de estructuras jerárquicas fue gradual, con la aparición y difusión de formas sintácticas simples antes de la aparición de las complejas. La evolución no puede funcionar de otra manera).

Bickerton identifica la aparición del auténtico lenguaje, con su psicolingüística propia, con la aparición de la "fusión" o "ensamble" (merge) descrita por el minimalismo de Chomsky. Antes, sólo había protolenguaje con secuencias de unidades sueltas. Y era un tipo de estructura que de por sí no podría soportar un pensamiento complejo y claro. El lenguaje con sintaxis jerárquica sí lo permite, pues facilita la claridad de relaciones entre elementos y permite más anticipación mental a la hora de estructurar y de procesar. Se desarrollan marcas de estructura, líneas de entonación que marcan los límites de las unidades, etc. Los individuos capaces de procesar el lenguaje complejo, arguye Bickerton, serían más competitivos socialmente que los otros, y serían seleccionados.

La estructura jerárquica se implementa y desarrolla en cada lengua mediante una serie de plantillas o esquemas gramaticales, que determinan las relaciones entre términos: por ejemplo el orden de núcleos y modificadores en la frase nominal, o los roles admitidos por un verbo (agente, objeto directo, objeto indirecto...) en la frase verbal—así hay verbos que no admiten agente, otros que sólo admiten agente y objeto directo, etc.

Extraña historia de recursión— Hace poco, se habló mucho del lenguaje Piraha, supuestamente un lenguaje sin recursión. Causó mucho debate la cosa puesto que los chomskianos veían en la recursión la característica fundamental del lenguaje humano. Ahora bien, Bickerton arguye que hay una gran confusión entre los lingüistas sobre el sentido y alcance de este concepto de recursión. Cuando lo propuso Chomsky por primera vez, tenía sentido en la primera versión de su gramática generativo-transformacional: una serie de reglas de reescritura se aplicaban recursivamente. Pero al simplificar su modelo, y reducir todas las operaciones al Ensamblaje o fusión (merge), ya no estamos hablando de la misma recursión en la teoría chomskiana. El ensamblaje ensambla directamente palabras, no etiquetas categoriales... y aunque Chomsky dice no estar interesado en la psicolingüistica y en las operaciones efectivas de los cerebros, su "ensamble" o fusión sí proporciona un modelo creíble sobre cómo los las palabras se juntan en la mente para hacer frases en tiempo real. Con el concepto del ensamble, Chomsky, lo admita o no, mató su propio concepto de recursión.

Bickerton también arguye que con el ensamble o fusión se prescinde de la inserción de unidades dentro de unidades. (Aunque a mí me parece que vienen a ser dos maneras alternativas de describir la misma estructura— y lo mismo la recursión, si hablamos de la complejidad jerárquica como una aplicación recursiva del proceso de fusión de unidades, para dar lugar a una jerarquía: en el ejemplo de Bickerton— [[la [chica [que [tú [conociste ayer]]]]]] [habla francés] todo es describible como fusión secuencial, o como recursión de inserciones—y si bien es posible que la fusión esté más próxima a una descripción psicolingüística del proceso, difícilmente se puede interpretar sin más como una transcripción directa de las operaciones cerebrales).

Sigue quitándole importancia Bickerton al concepto de recursión, arguyendo que "Contra lo que Chomsky ha sostenido y la mayoría de la gente ha dado por supuesto, no hay ninguna capacidad especial que haya evolucionado en la especie humana para desarrollar procesamientos recursivos" (244). Y asegura que en todo esto no hace sino aplicar la propia lógica de la última teoría minimalista de Chomsky: "Es precisamente la ausencia de cualquier restricción sobre qué tipo de objeto pueda ensamblarse la que permite que exista la ilusión de un procesamiento recursivo" (245). Y es inútil para Bickerton estudiar analogías del procesamiento recursivo en otros animales para entender el lenguaje. (Aunque esto no deja claro por qué no habría de ser útil estudiar capacidades de ensamblaje mental en otros animales, y capacidades mentales de creación jerárquica de signos complejos, en la medida en que las haya...)

Claro que, dice Bickerton, hay muchos más elementos en la gramática de un lenguaje: flexiones, concordancias, casos, anáforas... Pero con este instrumental minimalista de fusión se puede montar el esquema básico de un lenguaje humano. Y con esta capacidad de pensamiento complejo, nuestra especie empezó a producir artefactos novedosos. Un desarrollo que sería gradual desde la aparición de nuestra especie hasta el desarrollo de la cultura simbólica—aunque cada vez se encontrarán restos de cultura simbólica más antiguos, predice Bickerton, amortiguando así ese misterioso desfase entre el comienzo de la especie y el del desarrollo cultural. Fue la competencia con una especie de capacidades casi equivalentes, los neanderthales, la que estimuló el desarrollo de los cromañones: un cambio ya de comportamiento, no genético. Y a partir de allí, la conquista de nuevos nichos ecológicos siguió un ritmo imparable.

O parable: porque en la teoría de construcción de nichos de Odling-Smee et al., se contempla el agotamiento de un nicho en el que se encierra una especie. "Lo cerca que estemos de eso está abierto a especulación", dice Bickerton.

Y termina el libro con una especie de epílogo ominoso—"¿De simio a hormiga?"— Ya desarrolló nuestra especie un comportamiento parecido al de las hormigas al desarrollar a la vez el lenguaje y un tipo parecido de explotación ecológica del territorio. También las hormigas han desarrollado formas de agricultura y ganadería, y han construido enormes ciudades organizadas. No son coincidencias, arguye Bickerton. El nicho ecológico humano se está creando todavía, y habría que preguntarse si todavía nos sigue cambiando. ¿Acabaremos desarrollando un comportamiento y organización colectiva similar a las hormigas? Los mecanismos de disciplina colectiva, control social y regimentación llevan en esa dirección—eliminando sistemáticamente a los sujetos menos acomodables al orden social. Se han desarrollado sistemas de castas en muchas sociedades. Es prematuro creer que esto son aberraciones primitivas superadas—puede que no sean sino primeros ensayos de lo que serán las castas humanas en el futuro. La noción de que vamos a un mundo más democrático e igualitario puede que sea peligrosamente ingenua y optimista.

"Al menos hay un consuelo. El camino que lleva a la construcción acelerada de nichos nos arrastra con una corriente poderosa, pero no es necesariamente una corriente imposible de desviar. La idea misma de la construcción de nichos ecológicos afirma la autonomía del organismo, el poder que hay latente en las especies para influir en su propio destino. Nuestro nicho nos dio el lenguaje, y el lenguaje nos dio inteligencia—pero sólo si usamos esta inteligencia con sabiduría podremos seguir siendo libres y plenamente humanos" (249).
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Adam's Tongue 11: De una bellota crece un arbolito

martes 27 de octubre de 2009

Adam’s Tongue 11: De una bellota crece un arbolito

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam’s Tongue (2009)

Adam’s Tongue 10: Mentalizándonos


Tras desarrollarse en la sociedad protohumana un puñado de señales que permitiese el reclutamiento de grupos, ¿por qué no se desarrolló rápidamente el lenguaje? Sería ventajoso adaptativamente, y no habría razón para que no se desarrrollase si ya existían conceptos previos a los que etiquetar lingüísticamente: pronto se desarrollaría un protolenguaje decente. Pero la prueba de que esos conceptos no existían, y de que la cosa no funciona así, fue el lento desarrollo del lenguaje según sugiere el registro fósil y arqueológico de los dos últimos millones de años.

Lo sorprendente es que mientras que el aumento de capacidad craneana en las especies Homo durante los últimos dos millones de años fue continuo, el desarrollo cultural sufrió un largo estancamiento durante el Paleolítico. No hubo un desarrollo sincrónico y acompasado de desarrollo cerebral y complejidad cultural, al contrario de lo que los paleoantroólogos sugieren a veces por su manera de narrar esta historia. Por ejemplo, no hay evidencia de herramientas de más de una pieza en la cultura del Homo erectus. Y desarrollos como el uso del fuego, la construcción de refugios y la invención de lanzas pertenecen al fin del periodo:

"todo en la civilización humana—el pastoreo, la agricultura, las ciudades, la industrialización, y la exploración del sistema solar—está apretujado en apenas una fracción de 1/200 del período—un 0,005.
Si el lenguaje es de hecho lo que conduce el pensamiento humano, y si el lenguaje empezó hace dos millones de años, ¿cómo puede ser esto?" (213)


No hay causa evolutiva convincente para el origen mismo del lenguaje que no sea el reclutamiento a distancia para aprovechamiento de carroña. Pero lo malo es que esto parece contradecirse con la tesis de una coevolución armoniosa del desarrollo cultural y del cerebral. La hipótesis de una larga prehistoria de cazadores-recolectores con una cultura material simple pero una cultura lingüística "moderna" como las de las tribus de cazadores-recolectores actuales no parece convincente a Bickerton: supondría que la especie, aunque era capaz de desarrollar un potencial complejo de alterar su comportamiento, no lo hizo—algo inaudito. "Así que la idea de una especie lingüística pero con tecnología casi nula es tan problemática como al idea de una especie que haya desarrollado el lenguaje a partir de cero en una fecha muy reciente" (215) (—entendiendo por "muy reciente" los últimos 100.000 años).

El reclutamiento de carroñeros no era un "arbolito" del lenguaje, ni siquiera un brote. Era sólo una bellota: algo con potencial de desarrollo, con buena suerte y alimento. Suponía romper los límites de los sistemas de comunicación animal habituales, por primera vez no con un cerebro de hormiga o de abeja, sino con el de un mamífero altamente encefalizado. Pero en ese primer paso no existía ni de lejos la noción de los usos, aplicaciones y desarrollos que podría llegar a tener el lenguaje; no sabían los homínidos lo que habían hecho.

Las señales de reclutamiento tenían una referencia funcional, similar a la de los gritos de alarma de los monos vervet, pero tenían además desplazamiento con respecto a la situación de referencia (pues se referían a un lejano cadáver por explotar); eran señales creadas y aprendidas culturalmente, no instintivas, y contenían protonombres y quizá también protoverbos (por ej. señales imperativas). Pero esto es previo a incluso a un protolenguaje. Las limitaciones que aún tenían eran que:
- Las señales seguían unidas a una situación concreta y específica (si bien desplazada),
- Iban unidas a una situación presente (un presente extendido, por así decirlo: aquí sugiere Bickerton que la capacidad narrativa no estaba desarrollada, pues no estaban desarrolladas las señales que la hiciesen posible).
- Y también iban unidas las señales a la aptitud de supervivencia competitiva.

El desarrollo de un protolenguaje requería ir más allá, rompiendo esta conexión con la aptitud, el presente y las situaciones específicas. (Es decir, y aquí le pongo palabras en la boca a Bickerton, requiere el desarrollo de un mundo lingüístico virtual, un mundo de las ideas y de otros tiempos y espacios, un mundo alternativo como el que se da en las narraciones. Obsérvese que las abejas puede que tengan lenguaje de señales con desplazamiento, y los delfines puede que tengan una rica gama de señales sociales, pero nadie ha sostenido nunca que abejas, ni delfines, ni hormigas, ni chimpancés ni monos diana se cuenten historias — por muchos sentidos y hasta referencias que intercambien. Como teorizador de la narración, un poquito habré de barrer para casa aprovechando esta teoría tan a propósito de Bickerton, y defender a la narración como un rasgo muy específico de lo humano. Por supuesto que no niego que haya otros, como por ejemplo el desarrollo de herramientas complejas, y de la sintaxis, o una teoría de la mente y de la alteridad, o la capacidad de planificar la acción. De hecho tanto la narración como la sintaxis son herramientas complejas, y requieren una capacidad mental especial de manejo y recombinación de bloques de signos tomados como unidades. Algo que también está implícito en el desarrollo de una teoría mental compleja. Estas capacidades de combinación compleja de signos pueden estar más relacionadas entre sí de lo que parecería a simple vista).

Se suele hablar de la arbitrariedad, y no tanto del desplazamiento, como la característica primordial de los signos lingüísticos. O de la capacidad de combinación (sintaxis, etc.). De la complejidad. Pero Bickerton insiste en el carácter esencial y primordial del desplazamiento, un rasgo definitorio crucial que separa a las mentes prehumanas de las humanas. Para explotar su potencial, se requeriría el desarrollo de los conceptos: "símbolos mentales de referencia ya no ligados a casos particulares de las cosas a que se refieren" (217)—(el "mundo de las ideas", podríamos decir en terminología platonizante). "Sólo con tales símbolos abstractos puede uno vagar mentalmente, libremente, por el espacio y por el tiempo, como hacemos hoy tanto con lenguaje como en pensamiento" (217) (Es esto mismo lo que en otro artículo llamábamos "el lenguaje como realidad virtual").

De la señal a la palabra: Las señales protolingüísticas de reclutamiento de aliados carroñeros no eran palabras. Eran todavía signos icónicos e indiciales. Pero la distanciación exigía representar de algún modo el animal a que se referían, y eso permitía extender su uso a otros contextos ajenos al reclutamiento, otras circunstancias relacionadas con esos animales. Quizá con la ausencia misma del animal, por el fracaso de la expedición, o con la enseñanza del término a los pequeños—la mímica es esencial para esta evolución, y quizá el ritual repetido. Así se va separando esa "palabra" de la situación que la hizo surgir; y a la vez se forma en el cerebro una representación estable del sonido de esa palabra. No son procesos que resulten de "genes" evolucionando por sí mismos: es una evolución guiada por la propia actividad deliberada de la especie, para explotar mejor su nicho ecológico de carroñeros de primer orden.homini erecti

La construcción de nichos impulsa el lenguaje. Un cambio en el comportamiento alimenticio de la especie conllevó un uso diferente del territorio (en el Homo erectus): se pasa de la explotación local intensiva de un pequeño terreno a la explotación colaborativa de un amplio territorio (posibilitada, se entiende, por cambios en el lenguaje y cambios concomitantes en la organización social. También habría que añadir a esto los cambios anatómicos del homo erectus, adaptado a la marcha de largas distancias). Y este nuevo uso del territorio conduce, a su vez, a una relación diferente con la fauna y a una intensificación de la actividad semiótica:

"Para una especie que se hubiese vuelto dependiente de la explotación carroñera de grandes cadáveres, sería cada vez más importante leer adecuadamente todas las señales que dejaba la megafauna, para determinar la identidad de la especie y la edad relativa, el número de individuos en el grupo, cosas que indicasen que un animal pudiese estar herido o enfermo. (Estas huellas naturales proporcionan, por cierto, otras tantas ocasiones hipotéticas para el uso desplazado de los protonombres o protoverbos de reclutamiento). Surgirían, inevitablemente, disputas sobre cómo habría que interpretar las señales. ¿Cómo de antiguas eran? ¿Cuántos animales las habrían dejado? ¿Deberíamos seguir al grupo A, pequeño pero con un animal en él que podría estar enfermo, o al grupo B, mucho más grande pero con todos los miembros aparentemente sanos?" (221)


De este modo las señales originalmente icónicas se van convirtiendo en símbolos a medida que se usan en contextos cada vez más diversos—incluida la enseñanza de las señales a la nueva generación. De este modo la explotación proactiva del nicho ecológico específico lleva al desarrollo de las capacidades comunicativas que mejoren esa explotación—algo que conlleva la desvinculación gradual de las señales, independizándolas de un contexto presente y de una situación concreta.

Completando la triple desvinculación— O sea, desvincular las señales de las situaciones, del momento presente, e incluso de la aptitud competitiva inmediata. Esta última es la más difícil de lograr—hasta desarrollar la capacidad de impartir información por la información misma, no inmediatamente relevante (y se abre así la puerta, a la vez que a la humanidad moderna, a la invención, a la ficción, o a la divagación poética). Según Jean-Louis Dessalles la competitividad típica de los primates se desvió en primer lugar a la competitividad social por proporcionar información relevante—anotándose puntos por ello (y en eso seguimos, podríamos decir, sólo que con unos criterios de relevancia contextual cada vez más complicados y especializados).

El desarrollo de la negación también sería un paso significativo—pues es algo ajeno a la comunicación animal y supone una "irrealidad" y desvinculación del significado de la situación inmediata. (Hace poco tiempo, sin embargo, se describía una especie de protosintaxis combinatoria de gritos de alarma en una especie concreta de monos—gritos incompatibles que combinados vienen a anularse y a significar una interrupción de la actividad en curso. ver aquí una noticia de 2006 en el Times. Sería otro dato a tener en cuenta para el origen del "como si" y de la negación).

Enfatiza Bickerton que, en base a los datos de que disponemos, esta fase de protolenguaje primitivo, a mitad de camino de la comunicación animal, debió durar cientos de miles de años. Es la ilusión de la perspectiva la que nos hace suponer la posibilidad de un desarrollo rápido. Pero el lenguaje era algo tan nuevo, tan sin precedentes, que no hay manera de presuponer sus usos ni la dirección de su evolución, antes de que esta se diese lenta y penosamente, partiendo de un principio poco más elaborado que el lenguaje de las hormigas. (Queda por explicar, entonces, qué es lo que ’hizo clic’ en la cabeza de los Homo sapiens hace menos de cien mil años, para dar lugar al desarrollo por asi decirlo súbito de una cultura simbólica. Ese clic se vuelve tan difícil de comprender como el origen primigenio de un protolenguaje, que es en lo que se centra Bickerton).

Los pidgins al rescate—esta vez de verdad.
La solución al estancamiento, y al desarrollo posterior, es el surgimiento de la sintaxis—que hizo posible la organización del pensamiento innovador. Bickerton ha sido un teorizador de los pidgins enormemente influyente. Y sostiene ahora que hay una cierta similaridad entre el pidgin y el protolenguaje. (Ver también a este respecto mi artículo sobre "Integrationalism, Hinsight bias and the Pidgin Primordial Soup"). Hoy están desapareciendo los auténticos pidgin, dice Bickerton: "El inglés está matando a los pidgins aún quizá más deprisa de lo que está matando a los idiomas establecidos. ¿Para qué intentar emprender un nuevo lenguaje si ya hay uno ya prefabricado que se extiende por todo el planeta como la mala hierba?" (224)

Con el pidgin, sin apenas sintaxis, se pueden pensar y expresar ideas complejas, si bien de forma vaga. Claro que los hablantes de pidgin se basan para eso en otro idioma que dominan. Pero ¿podría un pseudo-pidgin protolingüístico haber persistido durante todo el paleolítico sin desarrollo aparente? La hipótesis de Bickerton es que esto indica que en efecto el protolenguaje paleolítico no llegaba ni siquiera al nivel de complejidad de un pidgin, hasta el surgimiento de nuestra propia especie... o que, por alguna razón aún desconocida, la capacidad de conectar palabras a nivel elemental para mensajes simples no conllevó, durante mucho tiempo, la capacidad de combinar conceptos en secuencias de pensamiento coherentes. Una cuestión indecisa.

Cosas que se pueden hacer con palabras: Como Terrence Deacon, Bickerton cree ahora que es el simbolismo, y no la sintaxis, la que marca el límite entre humanos y no humanos. (La cuestión, me temo, es que no hay, o mejor dicho, no había, un límite definido—¡es lo que se llama evolución!). El simbolismo es previo a, y requisito necesario, para la sintaxis. Habría ahora que estudiar, dice Bickerton, la relación entre vocabulario básico y las actividades y necesidades de una sociedad protohumana. Un aspecto descuidado—nadie se ha preocupado de especificar cuáles podrían haber sido las primeras palabras del vocabulario básico ni su relación con las presiones selectivas concretas de esa sociedad (Esto es mucho decir, me parece. El terreno está mucho más ocupado de lo que sugiere Bickerton. Desde luego todos los estudios de vocabulario comparado del indoeuropeo, por ejemplo, van en direcciones no muy diferentes a ésta. O véase sin más este artículo mío sobre protolenguaje infantil: "Pop & pap: Mamá y mamar / Papá y papilla"). Y aboga el autor por estudios experimentales de uso de vocabularios básicos.

Conexión nuevamente:
Aquí arguye Bickerton que la conectividad entre palabras es posible cuando hay palabras, pero imposible entre señales de ACS, pues éstas no tienen sentido combinadas, y además son completas en sí mismas. (En este punto hay una cierta petición de principio en el razonamiento de Bickerton, pues en cuanto las señales se combinan... ya ni son completas en sí, ni tienen su sentido aislado. Así que habría que matizar esto con los recientes hallazgos sobre la combinatoria de gritos de alarma "virtualizados" en al menos una especie de monos, a lo que antes me refería).

Con la evolución del protolenguaje incipiente al "pidgin primigenio", se produciría gradualmente el crecimiento y la organización del vocabulario y de la fonología, dos procesos interconectados:

"En otras palabras, cualquier aumento del vocabulario habría supuesto una fuerte presión selectiva para un aumento en la complejidad fonética. Y esto, en la fase avanzada del protolenguaje, habría dado comienzo a uno de los procesos que con el tiempo serían distintivos del auténtico lenguaje: la doble articulación de sonidos y palabras" (231)


El protolenguaje sería inicialmente tanto manual como gestual y hablado, pero las "palabras" serían sonidos no combinados ordenadamente, y desorganizados. Esto tendría que dar lugar con el tiempo a una estructura organizada basada en una fonología estandarizada.

"Pero el punto que realmente quiero enfatizar es que el lenguaje, como la construcción de nichos, es un proceso autocatalítico. Una vez ha comenzado, se impulsa a sí mismo: crea y satisface sus propias demandas" (231)


—(En esta noción de la autonomía lingüística hay parte de la herencia chomskiana en esta fase tardía del pensamiento de Bickerton. También me recuerda mucho a una noción que mi padre gusta de repetir sobre el desarrollo y evolución del lenguaje: que el lenguaje se selecciona a sí mismo, que se organiza como un proceso autónomo sobre la base de múltiples contextos de uso repetidos en muchos hablantes. Por ejemplo, en la selección de vocabulario, cuál permanece y cual no—pero también a muchos otros niveles). Las capacidades genéticamente codificadas de la especie tienen una flexibilidad, según el comportamiento: interactúan con las experiencias y comportamiento de los individuos para generar comportamiento nuevo y más específicamente orientado: "Así funciona la evolución" (231). Y así surgiría la primera sintaxis incipiente, basada en el principio de "el sujeto primero": la combinación de una información conocida con una modificación de la misma—algo que se predica sobre ella. Pero para mayor complejidad hace falta pasar a otra fase ya no protolingüística...


Adam’s Tongue 12: El arbolito se convierte en un roble

Todos out of Africa

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Es educativa la idea de que todos los humanos procedemos de Africa, que somos descendientes de emigrantes africanos, ahora que tantos problemas se plantean a España, y a Europa, con la emigración africana. Tiene, como poco, una cierta ironía, aunque no sea labor de los paleontólogos superponer contextos de esta manera. No sabemos, ni probablemente sabremos jamás, si eran africanos y negros, pero no sería de extrañar. Y qué difícil ha sido siempre, salir de África, menos cuando se salía obligado y arrastrado.
Con referencia a: Los orígenes de nuestra especie | elmundo.es (ver en Google Sidewiki)

De todos modos, otro aspecto de esta noticia sería a destacar. Llevan los científicos mucho tiempo negando la existencia de razas humanas, posiblemente en un ejercicio de buenismo exagerado. Los análisis de parentesco genético llevarán, supongo, a una puesta en perspectiva de esta cuestión de la raza—por ejemplo, los 14 "grupos ancestrales" que menciona el artículo de Eudald Carbonell. También tiene otra traducción la idea de que "la mayor diversidad genética existe en África": a saber, la idea de que, en general y panorámicamente hablando, son las razas africanas las que, después de todo lo dicho, son más diferentes del resto de la humanidad, y están más lejanamente emparentadas con los demás grupos humanos. Ese sería el reverso de la moneda. Por tanto, es aconsejable mantener las cuestiones en perspectiva y saber que cuando hablamos de diversidad genética y de orígenes, hablamos de eso y no de otras cosas. Por muchas ironías que parezcan sugerirse.

Por otra parte, la datación del origen del Homo sapiens en 160.000-200.000 años plantea el interrogante de qué sucedió para que, después de cien mil o ciento cincuenta mil años sin rastro de cultura simbólica, apareciera ésta en unas poblaciones de esa misma especie, "ya evolucionadas" hacia la humanidad actual... ¿desliga esto un tanto la evolución cultural de la evolución biológica?

Doce últimos hombres

On evolutionary reductionism

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"Does evolution explain our behaviour?" For Raymond Tallis the answer is no. The latest contribution to the forum On the Human is a humorous attack on the simplistic evolutionary theories of human culture promoted by sociobiology à la E. O. Wilson, à la Desmond Morris, à la Dennett or à la Dawkins. The latter's theory of "memetics" gets a regular argumentative bashing. So does Dennettics. While I agree in part, as I have always found the notion of meme a bit mema, I counter with the following comment, a defense of evolutionary theory—minus the reductionism. So, yes indeed, evolution should explain our behaviour:

While one can enjoy this spirited attack on reductionism and “Dawkinism”, we should be wary of throwing out the baby of evolutionary thought with the bathwater of reductionism. I can’t see anywhere in Raymond Tallis’s account a proviso in this sense. Evolutionary thought, rightly understood, is attentive to emergent phenomena, such as language and the complexities of human culture, and will not try to reduce them to either memes or genes or primate behaviour in the savanna. But one thing it will do— it will attempt to trace both the process of emergence and the foundations that made it possible for these phenomena to emerge. I can see that Tallis’s contribution is interested in preserving the specificity of human behaviour. But I would insist that a historical sense of the human, when seen in the wider perspective, cannot help but tie up with the evolutionary development of the species. Bring in history, semiotics, science, cultural anthropology and all the disciplines which help to describe the complexity of the human phenomenon. They also have a history and a development, by the way. But do not stop at merely registering the complexity of humans: we should also try to understand how it came to be in the first place. If Tallis’s critique of some simplistic trends in evolutionary psychology helps to bring the real issues into focus, so much the better.

Gell-Mann: Consciencia, reducción y emergencia

Adam's Tongue 10: Mentalizándonos

sábado 26 de septiembre de 2009

Adam's Tongue 10: Mentalizándonos

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)

eggheadAdam's Tongue 9: El reto de Chomsky


En este capítulo habla Bickerton del desarrollo mental y cerebral, empezando con una referencia a las teorías de Gary Marcus, sobre la construcción históricamente contingente y "accidental" del cerebro humano. Como Marcus, nos propone Bickerton evitar la teleología y la falacia de la retrospección. Gracias al cerebro pensamos y hablamos. Peero, de ahí no se sigue que el cerebro se haya desarrollado "para" pensar y para hablar. Son los resultados colaterales, exaptados o imprevisibles que adornan la historia de la evolución (al menos tal como la veía Stephen Jay Gould) y le dan forma incalculable e irrepetible.

El cerebro se desarrollo para recibir mensajes de los órganos, analizarla, decidir una acción en respuesta a la información sobre el medio, y enviar una orden para ejecutar esa acción. Eso es lo que hacen los animales, mayoremente: reaccionar en interacción con el medio externo, procesar mentalmente información procedente del exterior. Es lo que Bickerton llama pensamiento en red o conectado (online thinking). Ahora bien, en el caso de los humanos, se ha desarrollado enormemente otro tipo de pensamiento, el pensamiento fuera de red o desconectado (offline thinking)—"pensamiento que no tiene conexión directa o necesaria con lo que sucede fuera, sino que se genera y tiene lugar íntegramente en el interior del cerebro" (194). Es lo que nos permite pensar cosas aparentemente tan sencillas como "las rosas son rojas"—un pensamiento abstracto desconectado de ninguna rosa que estemos viendo. El proceso de los dos tipos de pensamiento es muy diferente. Uno va por pasos necesarios del estímulo a la reacción y a la orden de respuesta; el otro no tiene por qué resultar en una orden al cuerpo, y tiene una estructura de conexión mucho más laxa o variable.

"Quizá debido a esta estructura aparentemente más laxa, y por lo que parece ser la simplicidad básica de pensamientos como 'las rosas son rojas', mucha gente da por hecho que nos llegan gratis, por así decirlo, sólo por tener cerebro. Y esto se suma a otra creencia muy extendida, compartida hasta por algunos que aceptan que el lenguaje es el motor primero de la inteligencia—a saber: que los pensamientos de alguna manera son lógicamente prioritarios con respecto a las oraciones, que el lenguaje surgió para expresar pensamientos, que primero tienes que pensar algo antes de poderlo vestir en palabras y mandarlo afuera al mundo. Recordemos que no es sólo que no haya imágenes ni palabras en el cerebro—tampoco hay pensamientos allí—sólo una cascada continua de actividad neuronal, de picos de actividad oscilando, de impulsos yendo en todas direcciones.
Para mí, la creencia de que el pensamiento precedió al habla en términos evolucionarios, y de que lo precede operacionalmente en nuestras vidas diarias, es una de esas creencias inicialmente plausibles que cuando la ponemos bajo la luz y la examinamos con cuidado, vemos que no tienen ningún fundamento real ni en los hechos ni en la teoría. De hecho, voy a sostener que hasta que pudimos hablar, no podíamos ni siquiera pensar 'las rosas son rojas'." (195)


Sigue una comparación entre las mentes humanas y las no humanas. Los otros animales están "presos del aquí y ahora" porque no tiene otro sitio a donde ir: "No pueden comunicarse sobre coss más allá del aquí y ahora porque no pueden dirigir sus pensamientos fuera del aquí y ahora"—sólo se pueden referir a acontecimientos específicos e inmediatos porque no tienen conceptos abstractos.

Hay una tendencia, desde Darwin, a enfatizar la continuidad y similaridad fundamental entre las mentes humanas y las de los animales. (Y mucha investigación sobre el origen y naturaleza del lenguaje sigue ese camino: ver por ejemplo el libro de Christine Kenneally The First Word, y mi artículo sobre "La caverna del cerebro: el lenguaje como realidad virtual"). Por ejemplo, Irene Pepperberg señala la capacidad de los animales para el razonamiento práctico y para resolver problemas complejos: "las capacidades para resolver problemas complejos de los animales no humanos forman un continuo con las de los humanos"—pero para Bickerton, esto sólo se aplica a la capacidad ante un problema relacionado con la capacidad selectiva, y si los elementos del problema están o bien presentes o almacenados en la memoria episódica—asociados a una experiencia almacenada narrativamente.

"La cuestión no es si los animales pueden solucionar problemas—obviamente pueden—sino si tienen conceptos que puedan invocar voluntariamente y manipular, de modo que puedan imaginar, y así producir a continuación, comportamientos novedosos" (197)


Se arguye a veces que el lenguaje supone una discontinuidad ya muy grande entre humanos y animales. Que si, además de no terner palabras, no tuviesen ni siquiera conceptos, toda la teoría darwiniana del gradualismo y el origen natural de lo humano se vería seriamente comprometida.

Y un poco maximalista parece Bickerton sobre la cuestión de si los animales tienen conceptos "como los nuestros"—dice que "o los tienen, o no los tienen", mientras que yo diría que los tienen más o menos, en mayor o menor (normalmente menor) grado—o, por así decirlo, cómo los nuestros sólo en parte. Un concepto es seguramente un complejo artefacto mental, un "loose baggy monster" hecho de múltiples conexiones neuronales de distintos tipos: algunas van ligadas a la verbalización, y al "etiquetado" del concepto—y eso falta, desde luego, en los conceptos animales, pero otros elementos de los conceptos, o preconceptos, o pseudoconceptos llámeseles si se quiere, tienen naturaleza procedimental, motora o perceptual. Y allí sí que tenemos más terreno en común con los animales. Por ejemplo, un animal que pueda percibir la diferencia entre el color rojo y el verde no tendrá el término "rojo" ni ningún otro que le permita comunicar al exterior el concepto de "rojo", pero sí tendrá unos hábitos perceptuales y unas asociaciones mentales que le permiten autocomunicárselo—y diferenciar el rojo del verde en su percepción y en su respuesta, dado el caso.

A este tipo de "conceptos" alude Bickerton, cuando se refiere a las investigaciones de Richard Herrnstein sobre la conceptualización en las palomas. Su conclusión de que este comportamiento no require conceptualización es demasiado tajante, separando limpiamente lo que es concepto humano de lo que no… pero dejándose por el camino, me temo, gran parte de los constituyentes "animales" de los conceptos humanos, precisamente los que permitían a las palomas de Herrnstein reconocer imágenes de árboles, gente, o hasta de unos peces que no habían visto nunca.

Otro ejemplo—en los estudios de Clayton sobre la memoria episódica de los arrendajos, se demuestra sólo que algunos animales tienen capacidades memorísticas específicas diferentes y superiores a las humanas. Pero no demuestra eso que tengan conceptos como los humanos, insiste Bickerton. Cada especie desarrolla los mecanismos (mentales o físicos) necesarios para su nicho—y los arrendajos necesitan acordarse de sus almacenes de semillas, nosotros no. No existe una "escala universal" ordenada de la inteligencia y el poder mental, en la que nosotros estaríamos en la cima.

"La evolución no funciona así. Un estribillo repetido en este libro ha sido el siguiente: una especie hace lo que tiene que hacer. Si un ave entra en el nicho de hacer almacenes de semillas, probablemente desarrollará, antes o después, el tipo de habilidades que tiene un arrendajo de los matorrales. La selección natural se ocupará de que lo haga. Los que hacen lo que tienen que hacer mejor que otros sobrevivirán más, criarán más, tendrán descendientes que lo harán incluso mejor que ellos. El nicho crea la inteligencia—no algún tipo de talento generalizado, sino la clase de inteligencia especializada que necesite el nicho." (199)


Los experimentos con monos y simios tampoco convencen a Bickerton de que tengan conceptos estos animales. Tienen, sí, lo que Bickerton llama "categorías" (procesos mentales más asociados al comportamiento, la percepción y la respuesta, en la línea que hemos dicho antes). Así contradice a Jim Hurford sobre los "conceptos" asociados a las llamadas de alarma de los monos Diana, y también a quienes enseñan lenguaje humano a los simios. Vale la pena citar su razonamiento en este último punto—con dos explicaciones alternativas de por qué a los simios les cuesta tanto "coger" la idea de que un signo manual representa algo.

"Hay dos explicaciones posibles aquí. Si tiene razón la gente que piensa que los simios piensan como nosotros, los simios ya tenían los conceptos adecuados. Lo único es que no tenían etiquetas para esos conceptos. Entonces llegaron unos amables humanos y les proporcionaron etiquetas. Costó un tanto, pero antes o después llegó ese momento de "¡ajá!" y lo simios les adhirieron las etiquetas que les habían dado a los concepts que ya tenían—fin de la historia.
La alternativa reza así. Los simios no tenían conceptos. Igual que cualquier otro animal no humano tenían categorías en las cuales podían clasificar las cosas para saber cómo responder a ellas. Esaas categorías no se coagulaban para formar conceptos accesibles porque sólo funcionaban cuando los simios veían u oían u olían o tocaban o probaban los rasgos en los que se basaban las categorías. Esto pasaba de modo ocasional e impredecible. La red de neuronas que se activaba cuando en efecto pasaba sólo se enlazaba en esos momentos y rápidamente se desvanecía en el olvido cuando los rasgos dejaban de percibirse. No quedaba nada que amarrase juntos totos esos rasgos.
Entonces los simios aprendieron signos para nombrar sus categorías. Los signos amarraban juntos todos los rasgos de una categoría juntos y les daban un hogar permanente. Lo hacían porque la presentación de los rasgos categoriales—los rasgos que distinguen, pongamos, los plátanos de los lacasitos, ya no era ocasional e impredecible. Los investigadores seguían poniéndoles plátanos y lacasitos delante de la cara a los simios. Las neuronas de los circuitos activados por estas presentaciones, junto con las que representaban los nombres de los objetos, seguían activándose y activándose. Las neuronas que se activan juntas se enlazan unas a otras. El circuito se reforzó y quedó anclado por el signo que se acababa de aprender." (201)


El lenguaje proporcionó a los simios capacidades cognitivas que no tenían los simios sin lenguaje. ¿Que por qué no se volvieron humanos y empezaron a hablar como todo el mundo? Bickerton dice que ya hicieron bastante, pasando de cero a donde llegaron en unos años. Consiguieron juntar hasta tres conceptos en un mensaje. Nosotros llevamos la delantera de millones de años de evolución. No es extraño que hagamos más, y "deberíamos respetarlos, en lugar de intentarlos convertir en copias borrosas nuestras en papel carbón" (201).

En suma, para Bickerton "la presencia o ausencia de conceptos de tipo humano es lo que separa a los humanos de los no humanos" (202). (Un tema éste, lo que separa a los humanos de los no humanos, que ya hemos tratado antes aquí). La presencia de conceptos permite el comportamiento constantemente innovador de los humanos. Las herramientas humanas, hasta las más sencillas, como una punta de flecha, requieren pensamiento previo y planificación:

"El pensamiento previo y la planificación, as su vez, exigen que no se trabaje con objetos físicos sino con ideas de esos objetos—conceptos que puedes combinar en la mente para hacer nuevas estructuras y crear cosas maravillosas sin precedentes.
Observemos ahor exactamente dónde cae la línea divisoria, la discontinuidad, el límite entre lo humano y lo no humano. No entre los ancestros humanos y los simios. Cae entre nuestra propia especie, por una parte, y por otra todas las demás especies que viven o han vivido jamás, incluyendo a nuestros propios ancestros directos. Sólo nuestra especie, al parecer, ha prouducido jamás artefactos que necesitasen intencionalidad previa; por tanto sólo nuestra especie ha practicado jamás el pensamiento offline, fuera de red" (204)


Una idea sugestiva, ésta de Bickerton, y cierta seguramente en un 90%. Para el resto del porcentaje, hay que recurrir a las capacidades limitadas de pensamiento previo, planificación y conceptualización que tienen los animales—por ejemplo esos cuervos capaces de hacer un gancho para pescar alimento, o los carnívoros cazadores capaces de trazar un plan que anticipe el comportamiento propio y el de la presa.

Para Bickerton es crucial, pues, la diferencia entre conceptos y categorías, para distinguir el pensamiento humano del no humano. los quiere definir neurológicamente. Con un concepto, dice, se puede pensar, y también se puede pensar en él. Una categoría es sólo algo a lo que un objeto pertenece o no pertenece. Las categorías van asociadas a comportamientos y percepciones, y son desarrolladas por la selección natural para aumentar la adaptación de un animal y su adecuación al medio—a base de muchas respuestas adaptadas a situaciones e impresiones concretas, por ejemplo, la visión de un depredador. Pero estos hábitos asociativos de pensamiento no son equivalentes a lo que entendemos nosotros por "concepto"—por ejemplo el concepto "leopardo". No es esa su función:

"Los animales no tienen que pensar en leopardos una vez se ha ido un leopardo concreto. No tienen que preocuparse por lo que podrían hacer la siguiente vez que se encuentren con uno, ni trazar elaborados planes para evadirse de los leopardos. Recordemos que el aviso de leopardos del vervet sólo significa "leopardo" cuando hay un leopardo allí. Bien, lo que sostengo aquí es que su comunicación refleja directamente lo que sucede en sus mentes. No es lo que Hurford y muchos otros autores parecen pensar—que tienen una vida mental pero que nunca han encontrado la manera de comunicar esa vida. Al contrario, sólo se pueden comunicar sobre el aquí y ahora porque sus mentes sólo pueden funcionar en el aquí y ahora. No pueden pensar, como nosotros podemos, en leopardos en el pasado, o en el futuro, o sólo en su imaginación ("Me pregunto si podría domesticar un leopardo y tenerlo de mascota?") porque no tienen unidades mentales lo suficientemente abstractas con las que pudiesen hacerlo." (206)


Tienen memoria, por supuesto, y asociaciones mentales, y modos de acceder a sus recuerdos en situaciones concretas, pero no tienen manera de pensar mediante conceptos abstractos, porque en su mente "no hay neurona o cohorte de neuronas que funcione como un símbolo puro de 'leopardo'" (207). Es como la diferencia entre RAM y CAM en los ordenadores—random-access memory frente a content-addressable memory; esta última asocia los datos relevantes estén donde estén almacenados, no sólo los asociados a una dirección concreta, y es por supuesto más compleja. Las respuestas de los animales son difusas—responden a un "leopardo" cuando hay un determinado número y nivel de neuronas asociadas a un estímulo o peligro—pero no se responde a un "leopardo" como tal "leopardo", pues cada vez puede haber una combinación de estímulos diferente: "Lo crucial es que no hay en ninguna parte un conjunto de neuronas fijo y determinado que represente 'leopardo' y nada más"—y lo que aporta el lenguaje es precisamente eso: "una vez tienes una palabra o un signo para 'leopardo' tiene que existir ese conjunto" (207). Y a ese conjunto se asocian todas las representaciones de "leopardos":

En otras palabras, lo que sostengo es que lo que dio lugar a los conceptos de tipo humano—cosas con una residencia permanente en el cerebro, en lugar de ir y venir cuando y a medida que se estimulan—fue la emergencia de las palabras. (207)

Los animales piensan sin palabras, y sin conceptos, en el sentido de que procesan impresiones, recuerdos, anticipan comportamiento... pero lo hacen todo online, en interacción con el mundo real. (Y no pueden hacerlo en la realidad virtual creada con el lenguaje). Los humanos piensan tanto online como offline, en red y desconectados, y también simultáneamente las dos cosas a la vez. El pensamiento en red puede ser consciente o inconsciente—a veces va asociado a comportamiento interiorizado, manipulación de objetos, etc. En cambio, "el pensamiento offline tiene que ser consciente, porque por definición las cosas en las que estás pensando no están ahí. Sólo los conceptos pueden estar allí." Más aún, lo que llamamos consciencia, arguye Bickerton, quizá sea el pensamiento offline, fuera de red (o el mundo virtual creado por el pensamiento a que nos referíamos en el enlace anterior). ¿Y el lenguaje?

"sin las palabras nunca habríamos llegado a tener conceptos. Las palabras son simplemente anclas permanentes que tienen la mayor parte de los conceptos—una manera de poner juntos todos los aspectos y sonidos y olores, todos los tipos variados de conocimiento que tenemos sobre aquello a lo que se refiere el concepto. Pero una vez el cerebro encontró dió con el tranquillo de construir conceptos, ya no necesitaba una palabra como base para un concepto nuevo. Sólo necesitaba algún lugar en el que todo el conocimiento pudiera converger y enlazarse a otros conceptos" (208).


Esta fue según Bickerton la manera en que comenzó la coevolucón del lenguaje y el pensamiento, que desarrollará algo más en el siguiente capítulo.

"Lo principal a tener en mente es que entre los humanos y los no humanos hay dos discontinuidades, no sólo una. Tenemos lenguaje, y ninguna otra especie lo tiene, y tenemos una creatividad al parecer ilimitada, y ninguna otra especie la tiene. El lenguaje y la creatividad son, a efectos prácticos, infinitos: ¿es esto una simple coincidencia? Que existan dos discontinuidades de esta categoría e independientes en una sola especie es algo realmente demasiado extraño en términos evolutivos. De modo que cuanto menos vale la pena explorar la posibilidad de que las dos discontinuidades tengan el mismo origen". (209)

Los conceptos humanos, como las categorías de la mente animal, clasifican las cosas en clases, pero además pueden ser evocados por otros conceptos incluso en ausencia de los objetos a los que se refieren, "Y así pueden usarse en el pensamiento desconectado, offline" (210). No hay nada en el comportamiento ni la psicología animal que requiera presuponer que tienen semejantes conceptos.

"Con el tiempo, el lenguaje y la cognición humana coevolucionaron efectivamente. Pero, antes, las primeras palabras tuvieron que desencadenar los primeros conceptos, y el cerebro tuvo que proporcionarles a esos conceptos unas ubicaciones neuronales permanentes. Sólo entonces pudo la creación de los conceptos capacitar a la mente para que pudiese vagar libremente por el pasado y el futuro, por lo real y por lo imaginario, igual que lo hacemos hoy en día en nuestra habla y nuestros escritos. Dicho de otro modo, antes de que pudieran desarrollarse maneras de conocimiento típicamente humanas, tuvo que crecer el lenguaje en sí. Y en el siguiente capítulo, veremos cómo" (210).



Adam's Tongue 11: Una semilla se hace un arbolito

Language, Mind-reading, and Cooperation


lunes 7 de septiembre de 2009

Language, Mind-reading and Cooperation


En el foro On the Human, Sarah B. Hrdy expone la teoría de su libro Mothers and Others: The Evolutionary History of Mutual Understanding (2009), en el que defiende el papel evolutivo que ha jugado en los humanos, y en el proceso de humanización, la necesidad de cuidar colectivamente a los bebés. Enfatiza así el papel evolutivo de amigas, abuelas, y otros tipos aloparentales en el desarrollo del pensamiento intersubjetivo.

Peter Ellison resume la argumentación de Hrdy como sigue:

Hrdy's unique contribution is to argue that novel conditions of rearing, conditions that involve many caretakers beyond the biological mother, may have provided the selective context in which enhanced intersubjectivity originally evolved. All the precursors exist in other apes, especially chimpanzees, Hrdy points out, yet enhanced intersubjectivity may be what set humans on our own particular cognitive trajectory. Having previously, in
Mother Nature, argued for the importance of allomothering in humans, to the point of categorizing us as 'cooperative breeders' (a special category to students of animal behavior), Hrdy has already prepared the ground for helping us to appreciate the special developmental context for human (and proto-human) infants. She points to a rich body of research that documents the emergence of intersubjectivity in infants as part of the exquisite choreography of interactions between babies and their caretakers. The complexity introduced by multiple caretakers, she argues, provides a particularly intense selective environment for honing intersubjectivity as it develops. It is a powerful, well-supported argument.

Derek Bickerton objeta que esta teoría no hace mucho por explicar el origen del lenguaje, que es lo que nos hace propiamente humanos. Yo comento a continuación:

There are all kinds of feedback processes in human evolution, so that perhaps it makes little sense to try to single out one specific cause or ingredient as the one which made humans human—but then reasoning demands that you should analyze these processes, instead of just pointing to the whole interacting lot. In this sense, Hrdy’s allomothering theory of sociality is of course illuminating and welcome. It may also provide a significant contribution to the theory of mind-reading, and once we have a primate with mind-reading abilities and the cooperative social structure required by this mode of child rearing we get much closer to defining human specificity. Of course there are many other ingredients left unaccounted for. Derek Bickerton points out that this does not account for the appearance of linguistic meaning and displaced reference, and indeed it doesn’t. This element too is crucial (perhaps “the” crucial one, pace myself) in articulating the communicative world that we recognize as human—although of course ‘human’ is a fuzzy concept, as it is defined by kinship and a potentiality for communication, not only by actual communicative interaction. One wonders though, if we keep on isolating ingredients in the human, what would be the value of an ability for displaced reference and meaning without any concomitant advanced abilities in mind-reading. Perhaps that might leave us as no more than upgraded bees, as against Bickerton’s upgraded bonobos! Human communication seems to require both language (meaning and reference) and mind-reading—that is, not just “knowing what someone says” but also “knowing what they actually mean”, or what they are trying to do with words. Social intelligence is so much an ingredient of language that it is actually the (moving) ground on which language is built.

Leyéndonos la mente: Dos artículos sobre narratología cognitiva

La Caverna del cerebro: El lenguaje como realidad virtual

lunes 31 de agosto de 2009

La caverna del cerebro: El lenguaje como realidad virtual

Thou dost not see where thou hast lived so long,—
The place is called the skull where thou dost tread.
(Jones Very, "The Prison")

La vida es todo fantasía
(Miguel Bosé, "Los del 56") 
 


Me gustó The First Word de Christine Kenneally, aunque no contiene una teoría sobre el origen del lenguaje, sino una visión de conjunto de las teorías de diversos investigadores (Chomsky, Lieberman, Arbib, Deacon y otros), de la que emerge un panorama de conjunto, con no pocas convergencias y también contradicciones. Hay una traducción española por cierto, de Enrique Bernárdez.

Sobre las teorías del origen del lenguaje de Chomsky y de Arbib ya he escrito aquí alguna cosa—y sobre las de Darwin. También sobre Bickerton, cuyas últimas teorías no llega a cubrir este libro de Kenneally. Sí comenta una de las teorías más interesantes e influyentes en los últimos años, la de Terrence Deacon en The Symbolic Species: The Co-evolution of Language and the Brain (Nueva York: Norton, 1997).

En sustancia, lo que propone Deacon es que el desarrollo cerebral de la especie humana va ligado al desarrollo del lenguaje. Así a grandes términos esto podría parecer innegable y poco problemático, pero claro, hay muchas cuestiones de timing de difícil comprobación. ¿Precedió la encefalización al desarrollo de un lenguaje elaborado, o incluso de un protolenguaje más complejo que la comunicación animal? ¿O por el contrario hay que entender que fue precisamente el desarrollo del lenguaje, en la medida de lo posible y con los medios limitados de a bordo, lo que actuó como un motor y un estímulo para el desarrollo cerebral? ¿Y cómo sucede eso?

Esta última postura es sostenida sin ambages por Bickerton, quien sostiene que el lenguaje hizo el cerebro humano, y no vice-versa. Una postura quizá más moderada sugiere el libro de Deacon, pero desde luego concediendo al lenguaje un papel muy activo en la construcción del cerebro—no va simplemente "a remolque" del desarrollo cerebral. Kenneally habla de coevolución en un sentido más amplio, entre el genoma humano y el lenguaje—la coevolución, poco estudiada aún, es "la manera en que el lenguaje y el genoma humano se han dado forma mutuamente" (250). Si consideramos la teoría de Bickerton sobre el lenguaje como la construcción de un nicho ecológico humano, la cuestión de la coevolución se vuelve primordial. Los humanos, como otros animales, construimos activamente el entorno ecológico en el que habitaremos. Con el caso particular, en el caso del cerebro, de que la coevolución supone aquí una intervención consciente sobre ese entorno, y a veces sobre el propio desarrollo del lenguaje y del cerebro. No hay que olvidar que gran parte de la construcción de lenguaje es producto consciente de las acciones de los hablantes, interviniendo de modo activo sobre cómo se habla y cómo se debe hablar.

Para Deacon, uno de los elementos de la coevolución es el uso de herramientas—que ya desde los australopitecos impulsó el desarrollo de un procesamiento simbólico, y la predisposición a usar símbolos en otros ámbitos. (Ver también "Language, Toolmaking, Reflexivity"). Aunque esto deja pendiente el problema de por qué no aparece un simbolismo complejo, mimético, etc., durante millones de años—y plantea la cuestión de qué es lo que sucedió exactamente en el lenguaje allá por los tiempos en que aparecen las primeras representaciones a través de imagenes, cosa mucho más reciente.

La coevolución propuesta por Deacon hace intervenir en la evolución el principio de la "evolución baldwiniana", que según la describe Kenneally "se da cuando el comportamiento de un animal contribuye efectivamente al entorno en el que toma forma la evolución genética" (250). Un ejemplo no cerebral es la tolerancia a la lactosa en adultos—producto de un gen que se ha difundido mucho entre las poblaciones con larga tradición de pastoreo (europeos por ejemplo) y nada en las poblaciones sin esa tradición (chinos, indios americanos). Aquí fue un comportamiento social, el pastoreo, el que contribuyó a la selección gradual de este gen. Para Deacon, de modo similar, el uso de herramientas en los humanoides primigenios seleccionó los genes que podían contribuir a ese comportamiento o hacerlo más eficaz—según lo pone Kenneally,

"No fue que nuestros cerebros se hicieran mayores debido al bipedismo o a cambios hereditarios o a otras razones, haciéndonos con ello más inteligentes y capaces de usar herramientas de piedra; más bien, empezamos a usar herramientas de piedra que son ligeramente más complicadas que las herramientas que usan los chimpancés incluso hoy en día, y como resultado nuestros cerebros se hicieron mayores" (Kenneally 251)


—teoría que en sustancia casa bien con la propuesta de Bickerton, a saber, cambios en el comportamiento que preceden al cambio genético, y lo impulsan. Con el desarrollo de una cultura compleja, la evolución baldwiniana adquiere cada vez más importancia frente a la simple selección natural. Cada vez más, "la interacción baldwiniana entre cultura y biología jugó un papel particularmente significativo" (Kenneally 251).

Pero hay una cuestión biológica especialmente llamativa en esta cuestión del desarrollo cerebral, sobre la cual llama la atención Deacon. Al crecer el cerebro, no creció de modo "equilibrado"—no se hizo un cerebro igual al que había, sólo que mayor—sino que, por el contrario, cambiaron sus proporciones estructurales. Fueron las partes exteriores del cerebro, y el cerebelo, lo que crecieron—con un enorme desarollo comparativo de la corteza cerebral, mientras que el resto del cerebro crecía siguiendo las proporciones esperables en otros cerebros de primates.

Aquí hay que señalar que si el hombre es excepcional entre los primates por su enorme encefalización, los primates son ya el grupo de animales más encefalizados comparativamente. Por lo cual somos un extremo de un extremo, o una excepción dentro de una excepción. (Para una exposición gráfica de estas proporciones, pueden verse los artículos al respecto de Stephen Jay Gould).

En el desarrollo embrionario puede verse el cambio de proporciones en el desarrollo del cerebro. La parte que habrá de convertirse en el exterior del cerebro abandona el ritmo de creciminento del resto, dejándolo atrás, cuando el cerebro aún no es sino un tubo neural. El crecimiento de esta parte está regulado al parecer por los genes Otx y Emx. Hay un "reloj del desarrollo" en los genes que con su activación y desactivación regula el crecimiento de los órganos—pues bien, en esta región se ha extendido comparativamente su actividad. (Lo cual puede hacer pensar en que los procesos de encefalización podrían haberse originado en parte por alteraciones genéticas—es decir, mutaciones).

Según Deacon, esta diferencia de desarrollo de unas y otras partes del cerebro significa que nuestra actividad cerebral está más orienbtada hacia algunos tipos particulares de procesamiento cerebral. El manejo y aprendizaje del lenguaje está distribuido por diferentes áreas del cerebro (no se limita a las conocidas áreas de Broca y Wernicke). Deacon sugiere que este problema de tipo nuevo para un animal requería un tipo de procesamiento que no puede ser realizado por los cerebros de mamíferos con su habitual estructura. El tipo de desarrollo cerebral con una gran corteza permitió que se desarrollasen estos tipos de procesamiento inhabituales. Son procesamientos que por otra parte activan tanto áreas primitivas del cerebro como otras de reciente formación:

"El hecho de que el lenguaje surja de regiones cerebrales en interacción dinámica, con sus enormemente diferentes historias evolucionarias (las más primitivas e inalteradas junto con las partes que se han modificado más recientemente) es otra razón por la cual no deberíamos conceptualizar el cerebro, o incluso otras capacidades mentales, como las matemáticas, como cosas monolíticas. En lugar de eso, arguye Deacon, surgen de un ’equilibro delicado de muchos sesgos de comportamiento, de aprendizaje y de percepción, complementarios y en competencia mutua’." (Kenneally 251)


También habrá que tener en cuenta que aunque las mutaciones que den lugar a encefalización puedan facilitar el surgimientos de estos procesos, también los cambios en el comportamiento a que den lugar estos procesos pueden favorecer la selección natural, y la selección baldwiniana, de estas mutaciones. De allí que tenga sentido hablar de coevolución o de influencia recíproca entre la encefalización y el desarrollo del lenguaje.

De hecho, según Deacon, no hemos podido entender hasta ahora cómo coevolucionaron el lenguaje y el cerebro porque la perspectiva era errónea:

"Desde el principio, los investigadores que estudiaban el lenguaje y el cerebro han supuesto que el cerebro vino primero. La línea de razonamiento habitual sostiene que el cerebro fue seleccionado para un aumento de la inteligencia general y que entonces desarrolló el lenguaje, que se basa en esa inteligencia optimizada. De hecho, dice Deacon, deberíamos contemplar el efecto del lenguaje en el cerebro, además del efecto del cerebro en el lenguaje" (Kenneally 252)


De hecho, a pesar de los argumentos de Bickerton y de Deacon, creo que la línea de razonamiento habitual no está tan equivocada. Sin detraer de esta importante intuición de Deacon, creo que el desarrollo del lenguaje viene de un desarrollo cognitivo previo—aunque a su vez el lenguaje diese lugar a un importantísmo desarrollo cognitivo ulterior.

Aquí es importante tener en cuenta la arquitectura básica del cerebro, su plan de base. Consta de dos hemisferios "mal comunicados" entre sí, pues sus conexiones se dan a través del tallo cerebral y del cuerpo calloso central que los une en su base y su parte central. (Ver "Dos medios cerebros"). Las partes desarrolladas más recientemente no tienen conexiones directas entre sí. Las dos medias cortezas están, podríamos decir, "desconectadas" una de otra en lo que se refiere a circuitos directos. El cerebro está más "integrado" por tanto en lo que se refiere a su base animal—el cerebro reptiliano, podríamos decir; las conexiones entre los hemisferios, con el resto del sistema nervioso, y con los órganos de los sentidos son allí mucho más directas y poderosas. Por el contrario, en la corteza, en todo el desarrollo "reciente" del cerebro, las conexiones con el otro hemisferio, con el resto del sistema neural y con los órganos de los sentidos son más indirectas. Donde sí son más directas es con las áreas inmediatamente vecinas. Esto tiene una importante consecuencia, que puede extraerse en líneas generales de la simple contemplación de la estructura de un cerebro, encerrado en su cráneo, en el último recoveco—en su caverna— sólo conectado con el mundo exterior a través de las partes más "animales", sensoriales y primitivas de su estructura. Gran parte de la actividad cerebral consistirá en autoproyecciones, reelaboracions mentales, procesamiento indirecto de información, autocomunicación, procesamiento y transformación de información ya codificada, para retransmitirla a otra sección cerebral.matrix pod

A mi entender, para el desarrollo del lenguaje es necesario el desarrollo (primero desarrollo previo, y luego desarrollo en interacción dinámica con él) de la conceptualización, de la "clasificación" de las cosas en una estructura ordenada y delimitada. Tendemos una vez y otra a dar por supuesto que, al igual que las cosas existen antes que sus nombres, el mundo existe previamente a nuestra percepción. Y en cierto sentido sí, pero no es el mundo que percibimos y entendemos. Ese requiere una elaboración mental—y esa es la labor del cerebro, crear un mundo virtual que represente el mundo real de un modo acorde a las necesidades diferentes de cada animal. Las necesidades humanas resultan ser muchas y muy variadas. Tanto más si surgen distintos lenguajes y culturas que reorganizan el mundo a su manera. Es familiar, de entre estas ideas, la imagen del Curso de Lingüística General de Saussure en la que el pensamiento aparece como un todo fluido antes de que los conceptos le den forma. Entendido en sentido estricto, sería "una palabra, un concepto", y nuestro mundo estaría estructurado lingüísticamente. Es el exceso de la hipótesis de Sapir-Whorf que ya ha sido ampliamente refutada en unos sentidos, y confirmada en otros. Está claro que el lenguaje ayuda a la conceptualización, pero hay que distinguir la capacidad de conceptualizar de la capacidad de nombrar. Los conceptos (en sentido amplio, no el "significado" lingüístico) están hechos de una sustancia más compleja, pueden ir asociados a procesos de manipulación, por ejemplo, o de orientación, cuando no van asociados a una señal lingüística.

En algunos artículos, como éste sobre "Interacción internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico" exponía yo la noción de que existe un elemento reflexivo en la percepción, incipiente quizá en toda percepción, pero enormemente desarrollado en la percepción humana. Conocemos a base de ideas, reconociendo en el mundo lo que ya sabemos que está ahí—en un complejo proceso de ajuste y reinterpretación, naturalmente, modificando nuestras ideas previas sobre la marcha.... pero, y esto es lo esencial, proyectando al mundo nuestras ideas, es decir, iluminando el mundo real con el que interactuamos con el mundo virtual que le superponemos gracias a nuestra compleja actividad cerebral. Como los prisioneros de la caverna de Platón, creemos que las sombras que vemos son las cosas en sí... o quizá se entienda mejor exactamente al revés: creemos que las cosas existen al margen de las ideas, y en realidad no podemos ver sino las ideas que proyectamos sobre ellas. Las sombras, lo Real que diría el otro, nos es accesible indirectamente, y sólo gracias a sus representaciones en nuestro sistema cognitivo. También tenemos ideas de sombras, y de caos informes.

Con nuestro teatro mental recreamos el mundo, le damos forma— habitamos este mundo de la cabeza, y también interactuamos con otros cerebros en otras cavernas, también... pero somos de hecho muy intuitivamente conscientes de dos cosas: de que cada cual habita en su mundo, y de que todos han de encontrar un punto común de entendimiento en la realidad física que nos rodea, y en las necesidades más imperiosas que organizan la vida social.

Cosas inmediatas, que son la base del mundo. Las metafísicas ya son para gustos especializados, o las físicas cuánticas, que cambian de una edición a otra sin que se altere fundamentalmente el mundo interactivo humano sobre el que se construyen.

Deacon observa que el tamaño de tejido cerebral dedicado a cada tipo de procesamiento guarda proporción, en términos generales, con la cantidad de información procesada. Saquemos una conclusión sencilla:

"Una de las diferencias cruciales entre le cerebro humano y otros cerebros de mamíferos es que el nuestro es más grande en relación al cuerpo Esto deja una proporción considerable del cerebro humano, dice Deacon, que no está procesando información proviniente del exterior de la manera en que lo están haciendo las cortezas visual y auditiva" (Kenneally 252)


—porque puede darse por sentado que, en términos generales, no es una mayor agudeza de nuestros sentidos lo que requiere un mayor volumen cerebral para su procesamiento. Es la mayor complejidad de nuestro mundo social y de nuestras ideas lo que nos ocupa la cabeza. Y la del lenguaje, arguye Deacon—para él, la mayor parte de la información que requiere un procesamiento interno, de una a otra región cerebral, es información ligada a la actividad lingüística. El lenguaje sigue unas modalidades de organización y desarrollo propios—aquí vemos un punto de contacto entre las teorías de Chomsky, y las de Deacon—el lenguaje se desarrolla como un "virus" con estructuras y patrones propios—y arrastra en ese desarrollo, según Deacon, al desarrollo cerebral: "El lenguaje es autor de sí mismo, dice Deacon, y el cerebro es la ’prueba del delito’ que deja el lenguaje" (Kenneally 252). En cierto sentido, si bien Deacon no propone un tipo especial de "órgano lingüístico" como hacía Chomsky, podríamos decir que el cerebro en su conjunto, tal como se ha desarrollado, es el órgano lingüístico. El tipo particular de procesamiento cerebral que favorece esta estructura cerebral, según Deacon, es el que ya he apuntado antes: el simbolismo, la organización cognitiva del mundo según patrones (dixit Deacon) mayormente lingüísticos:

"El resultado de esta coevolución del cerebro humano y del lenguaje es que ahora tenemos un sesgo cognitivo global hacia las ’extrañas relaciones asociativas del lenguaje’. En este sentido, a todo nuestro cerebro le ha dado forma el lenguaje, y muchos de nuestros procesos cognitivos son lingüísticos. Lo que esto significa, según Deacon, es que una vez nos hemos adaptado al lenguaje, no podemos sino ser criaturas lingüísticas. Para nosotros, todo es simbólico.
De hecho, explica Deacon, el mundo virtual en el que habitamos es tan real, a veces más real, que el mundo físico. Incluso la tendencia a inferir la mano de un diseñador cuando nos encontramos con un diseño complejo (ya sea una deidad que ha diseñado toda la creación, o un órgano del lenguaje que genera los lenguajes humanos) surge del hecho de que somos una especie simbólica. Irónicamente, lo que hace difícil discernir cómo se desarrolló el lenguaje es resultado del hecho mismo del desarrollo del lenguaje. La red mundial de palabras y reglas en la que habitamos es tan extensa, contraída en sí, y espesa, que es difícil mirar adentro de ella desde fuera." (Kenneally 252-53)


Los cambios a que se refiere Deacon tuvieron lugar a lo largo de millones de años de evolución. Los cambios lingüíisticos de los últimos milenos, dice, están asociados más bien a desarrollos culturales, y a movimientos de población, que a modificaciones genéticas o biológicas. Si bien hay una indicación de que el tamaño del cerebro humano ha disminuido en los últimos diez mil años. (Y piénsese en el volumen cerebral de los neandertales, mayor que el del Homo sapiens).

Ahora bien, algunos autores hablan de transformaciones cerebrales importantes en los últimos miles de años. Pienso en la teoría de Julian Jaynes en The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind. Es una teoría muy discutida, casi mejor muy discutible, pero que puede contener un importante elemento de verdad. Según Jaynes, el origen de la consciencia moderna va unido a la desaparición de las "voces" que oían nuestros ancestros en su cabeza—las voces de los dioses, tal como las llamaban ellos, pero en realidad efecto cognitivo del desarrollo cerebral en dos hemisferios imperfectamente conectados. El desarrollo cognitivo iría unido a esta transformación de una mente dividida en dos, en la dirección de una mayor integración cognitiva. Y con ello también se han acallado los dioses y espíritus que rodeaban a nuestros ancestros por todos partes. Queda su recuerdo, en los testimonios de la literatura de los antiguos, y en las tradiciones religiosas; es posible que todavía este coro de voces interiores esté en parte activo.

Quién puede decir cuál es el efecto de fenómenos como la escritura y la alfabetización, y de otros fenómenos culturales, sobre las conexiones del cerebro. Y quién puede decir aún cuáles han sido los avatares del desarrollo de conexiones neuronales entre uno y otro hemisferio, y cuál ha sido el efecto de estas transformaciones en nuestra percepción de la realidad, o del mundo virtual que a veces confundimos con la realidad. Walter Ong, en Orality and literacy, también encuentra diferencias cognitivas importantes entre las comunidades alfabetizadas y las analfabetas.images

Señala también Kenneally una posible conexión entre formas lingüísticas desarrolladas y formas sociales avanzadas, según las teorías de Jared Diamond y Peter Bellwood ("Farmers and Their Languages: The First Expansions" en Science 300, 2003). La agricultura y cría de ganado se desarrolló de manera independiente en al menos nueve focos distintos de comunidades humanas, entre el 8.500 y el 2.500 a.C.

"Los investigadores demuestran que las ventajas de la agricultura sobre el estilo de vida cazador-recolector, incluyendo mejor alimentación, poblaciones más densas y mayor resistencia a la enfermedad, estimuló la extensión de las comunidades agrícolas, y de su cultura y lenguaje con ellos. Proponen en sustancia que el lenguaje prehistórico y los genes se extendieron con la agricultura prehistórica, y que seguir la pista a unos iluminará los antiguos caminos tomados por los otros." (253)


Como se ve, hay muchos factores entrecruzados en la evolución del lenguaje y en su interacción actual con la mente y la cultura. Observa Kenneally, al cerrar su libro, que el lenguaje conforma nuestra identidad y nuestra cognición de modos irreversibles; nos hace ser quienes somos. Y sin embargo no lo aprenderíamos si no nos lo enseñasen. Es ilustrativo su experimento mental de "los bebés de las Galápagos", al final del libro. Les pregunta a una serie de expertos si una sociedad de bebés que no hubiesen oído hablar a nadie serían capaces de desarrollar el lenguaje por sí solos, y cómo. Lo curioso es la falta total de acuerdo entre los expertos, prueba de lo poco que se sabe al respecto aún. (Chomsky, por cierto, n/s, n/c). En realidad el experimento no puede tener lugar, claro, y es puramente mental. El desarrollo y adquisición del lenguaje va necesariamente unido a la interacción entre individuos y entre generaciones, tanto que es impensable una solución a esta pregunta.

El lenguaje procede de una multiplicidad infinita de factores, no de uno solo—su historia y evolución van unidos a la historia y evolución de los humanos, de nuestro cerebro y de nuestras culturas. No se puede separar de la realidad en la que vivimos como si fuese un sobreañadido o componente aislable. Por lo mismo, preguntar por su origen y evolución es preguntarse por el origen y evolución de la humanidad, y del mundo que ha construido para habitar en él.

"Remóntate ahora, en pensamiento, al entramado de lenguaje que cubre el mundo. Imagina todas las redes lingüísticas, de padre a hijo, que se extienden desde el presente, remontando el tiempo. No es de extrañar que los humanos sueñen en los mitos y en el arte con otros mundos, porque todos tenemos la experiencia de habitar un mundo y, al enseñársenos el lenguaje, cruzar una puerta y entrar en otro distinto. Hasta los físicos están obsesionados con la idea de un multiverso. Pero ya vivimos en uno." (Kenneally 290)


Con lo cual también está asegurado que nadie dirá la última palabra sobre la relación entre lenguaje, cerebro, evolución y cultura humana.


El origen (del lenguaje)