Contra el pensamiento positivo
Una animación sobre Barbara Ehrenreich:
Y otra sobre Slavoj Zizek, que en medio de sus insights se pasa de gafe, y de injusto, en su desprecio a la caridad:
Una animación sobre Barbara Ehrenreich:
Y otra sobre Slavoj Zizek, que en medio de sus insights se pasa de gafe, y de injusto, en su desprecio a la caridad:
Oyendo a un jurista en la radio, comentando el caso del juez Garzón, se percibe una curiosa contradicción. Por una parte, dice que el caso (este caso y los demás que afectan a Garzón) es obvio, flagrante, sin vuelta de hoja, que hay prevaricación con luces de neón, negro sobre blanco y demás. Y dice el jurista que confía plenamente en la profesionalidad y competencia y honradez de los magistrados del Tribunal Supremo que juzgan a Garzón.
Entonces le piden (aunque suene redundante) que haga una previsión sobre cuál será el fallo del tribunal.
Y responde que "ah, cuando era joven yo creía que esas cosas eran previsibles, ahora sé que no lo son", y que este caso (flagrante) juzgado por estos magistrados (homines honesti) no hay manera de prever si resultará en condena o absolución.
O sea: que igual podríamos cambiar a todo el sistema judicial y a toda la caterva de Togados, Magistrados, Procuradores y Conseguidores, por un tío con una boina que tirase una moneda, a cara o cruz, y el resultado sería a efectos prácticos el mismo—según se deriva de las palabras de gente con experiencia, aunque ellos no parezcan extraer esa conclusión. Imprevisibilidad total del resultado de un juicio, aun para los expertos. Pues sí que vamos bien.
Tenemos una justicia que vale al parecer vale sólo para cubrir el expediente. Para cubrirlo, digo, con una espesa capa de palabrería y argumentario cuya única función es ocultar los auténticos hilos que mueven la resolución. Discurso experto al servicio de las redes de influencias y contactos e intereses políticos: eso viene a ser la ley en España. Esto se presta a un análisis nietzscheano, o maquiavélico, bastante descorazonador.
Una magnífica y amenísima conferencia de Slavoj Zizek, "Why Only Atheists Can Truly Believe", en ocho partes. Zizek moquea como una fuente pero también emanan de él muchas ideas fascinantes—sobre la sociedad postmoderna y sus hipocresías, sobre las creencias y la fe, sobre el Otro y la abyección... —y sobre la ideología en acción, la imbricación en la vida concreta de la que nos cuesta separarnos, para llegar a saber que sabemos cosas que nos sabemos que sabemos. Y para empezar a situar cuáles podrían ser esas cosas, haciendo un cognitive mapping de nuestra situación, diferenciando la historicidad vivida de la historicidad conocida. (Mi idea del narrative mapping o del anclaje narrativo va un poquito en esa dirección también).
Como suele suceder con él, Zizek es a la vez tendencioso e interesante; pero en esta ocasión menos arbitrario y más interesante.
El Malo de la conferencia lo tiene la tentación de encontrar un sentido global a las cosas, aunque sea un sentido incomprensible—la religión o religión descafeinada que busca encontrar un sentido al mal en el mundo. Para Zizek esa es la revelación del libro de Job: que Job se niega a encontrar ese sentido, a pesar de la insistencia de sus "amigos". Reflexionando sobre este fragmento de Pope, se me ocurre empero que en el límite el sentido y la falta de sentido no tienen sentidos tan opuestos,
Una (u otra) disensión: Zizek (en una concesión al Zeitgeist) encuentra la tolerancia repugnante y paternalista, como criterio para regir nuestras relaciones con el Otro. Yo en cambio la encuentro esencial: creo que siguiendo la lógica de su propio razonamiento sí hace falta una dosis de tolerancia con lo que no nos gusta pero hay que tolerar. Y una dosis de intolerancia, claro, con lo que ni nos gusta ni hay que tolerar; es una distinción esencial.
Otra vez una ola de disturbios repentinos y desproporcionados mayormente entre jóvenes, muchos de minorías étnicas, revueltos violentamente contra la policía y los demás vecinos, sirviéndose de redes sociales y mensajería para organizar sus ataques y concentraciones. Lo que pasa en Londres, Manchester, etc., no es sino lo que pasó en París hace seis años: el resultado de una generación de chavales que han crecido sin educación—desvinculados emocionalmente de sus familias y de los valores de su comunidad, ya sea étnica o nacional, e identificados con su grupillo de gamberros que les da el reconocimiento mutuo y con nada más. Se han criado en un ambiente de hostilidad al Estado y a la sociedad organizada: al "sistema" se le puede dar leña, que es de goma. Y la respuesta es la misma que ya recomendé para la red de quemacoches de París: lo que necesitan urgentemente es una manta de hostias bien dadas, para comenzar su educación para la ciudadanía, y enterarse de que forman parte de una sociedad más amplia. En su infancia les hacen falta: que no se las ha dado nadie y llevan muchas de retraso. Las necesitan más que comer, pues muertos de hambre no son: que no sólo de pan vive el hombre, sino también de hostias. Les ha faltado una familia responsable, una educación en el respeto a los demás, aunque no sean de su pandilla ni de su raza ni de su edad—y disciplina. Esto de las kdadas para saquear e incendiar, es su manera de pedir an education a gritos. Yo creo que tienen derecho a ella, empezando por lo básico. Lamentablemente, si no les han educado hasta ahora, no creo que vayan a empezar a estas alturas.
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Oigo a un sociólogo hablar del descontento con el sistema, de los jóvenes sin alicientes en la vida, falta de expectativas e ilusiones, etc. Muy propio de muchos intelectuales universitarios, el justificar a los vándalos y matones. Se hace con cierta frecuencia. Pero aquí no. Aquí hay un debate más sensato al respecto. A notar, especialmente, lo que dicen sobre el ingrediente de machismo, de testosterona masculina y de gallitos de barrio que en estos fenómenos.
Así está la cosa; me llega este correo, de HazteOír creo:
¡Hola, Jose Angel!
Yo SÍ espero a Benedicto XVI
Pide a la delegada del Gobierno en Madrid que aplique la Ley e impida la celebración de la "manifestación anti-Papa" del próximo 17 de agosto.
¡Basta ya de hostigar a los católicos!
Grupos autoritarios y gente del llamado “Movimiento 15-M” de indignados preparan un boicot a la Jornada Mundial de la Juventud y la visita del Papa Benedicto XVI.
Quieren tomar el centro de Madrid con su mensaje de odio a los católicos el próximo 17 de agosto, víspera de la llegada del Santo Padre.
Ayúdanos a parar este acto intolerante. Nuestras leyes garantizan la libertad religiosa y de culto. Recuérdaselo a la delegada del Gobierno en Madrid y pídele que impida la celebración de la “manifestación anti-Papa” convocada el próximo 17 de agosto.
Pincha en el siguiente enlace para enviar tu petición ahora:
http://www.hazteoir.org/firma/40580-firma-yo-si-espero-benedicto-xvi
Una iniciativa de MasLibres.org consiguió más de 100.000 firmas e influyó en la decisión de la delegada del Gobierno de negar, en el último momento, la autorización a la “anti-procesión” del pasado Jueves Santo, en la que quería invocar la quema de iglesias y la persecución religiosa durante la II República y la Guerra Civil española.
Ahora, la minoría intolerante quiere hacerse notar con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, en la que son esperados en Madrid entre uno y dos millones de peregrinos de todo el mundo, del 16 al 21 de agosto próximos.
Esto es lo que acordaron en la "asamblea" que se celebró en la Puerta del Sol el pasado viernes (copiamos directamente del acta de la asamblea):
* Que dentro de las movilizaciones convocadas, se incluya una manifestación en la que tod@s vayan disfrazad@s de bebés, para protestar contra la pederastia dentro del mundo eclesiástico.
* Que las asambleas de barrios y ciudades de la periferia se organicen para ocupar los colegios públicos cedidos gratuitamente para su uso en las jornadas.
* Boicot a las empresas financiadoras de la JMJ; el listado se puede encontrar en la web de las jornadas en la sección de patrocinadores, siguiendo este enlace: http://www.madrid11.com/es/patrocinadores
* Repetir una acción que se hizo en Barcelona durante la visita del Papa, convocando a todo el mundo a reivindicar los derechos del colectivo LGTB besándose en la calle a su paso.
* Ya hay convocada una manifestación “En contra de la financiación de la visita del Papa” para el día 17.08.2011 a las 19:30, más info en http://www.cuerposfeministaslaicos.wordpress.com
Pide a la delegada del Gobierno en Madrid, señora María Dolores Carrión Martín, que aplique la Ley, garantice la libertad de las personas para disfrutar pacíficamente de la JMJ y deniegue la autorización a una manifestación que promueve el odio y la intolerancia por motivos religiosos.
Envía tu petición, ahora, pinchando aquí:
http://www.hazteoir.org/firma/40580-firma-yo-si-espero-benedicto-xvi
Muchas gracias por seguir alerta y activo en la causa de la libertad religiosa,
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Súmese cada cual a la que prefiera, o mejor ni a una ni a otra... Yo quizá ni pegue esto en el blog, por no aumentar el ruido mediático. Hay quien dice que estamos programados para tener creencias religiosas; lo que sí es muy cierto es que hay muchos programados para sumarse a un grupo, indignado o no, cuando lo ven pasar en procesión.
Para mí, si los antipapas quieren hacer una manifestación, que la hagan, en otro recorrido sin puntos en común. Si quieren por el mismo recorrido, pues otro día. Y viceversa, o versavice.
En su libro titulado Ideología: Una aproximación multidisciplinaria, Teun van Dijk realiza un estudio conceptual detallado de lo que se entiende por ideología en especial en su relación con la práctica discursiva. El concepto de ideología se estudia y define en una primera parte en tanto que cognición: en relación a ideas y creencias, personales y sociales, valores, modelos mentales, conocimiento y saber, identidad. Luego se estudia la relación de las ideologías con la sociedad: las relaciones entre grupos, las élites, los discursos dominantes, las instituciones. Por último, la tercera parte dedicada a la ideología y el análisis del discurso. Termina el libro con un análisis práctico de la ideología en funcionamiento en el libro de Dinesh D'Souza The End of Racism, expuesto como un discurso racista encubierto.
Quizá vaya añadiendo aquí algunas notas que resuman las principales cuestiones del libro, y sus ideas más interesantes. Pero de momento quiero apuntar lo que me parece la principal objeción que se puede hacer al planteamiento de van Dijk. Podría resumirse en que es un tanto contradictorio. Por una parte, muestra cómo la ideología se manifiesta a través del discurso, para promocionar los intereses de diversos grupos sociales. Por ejemplo, en el libro de D'Souza. Esto sugeriría que el discurso académico es, como cualquier otro, un vehículo de la ideología, o un espacio donde se articula. Pero por otra parte, el propio discurso de van Dijk parece extrañamente inmune a este espacio de debate. No me refiero a que no debata o no se posicione (contra D'Souza, por ejemplo), o que su ideología no esté claramente manifiesta. Me refiero a que no teoriza este posicionamiento ideológico del propio discurso, el del analista. Es decir, la ideología aparece como un objeto de estudio frente a un sujeto observador no ideológico, a un sujeto que desde un punto de vista objetivo y basado en un análisis multidisciplinar pero nunca explícitamente posicionado políticamente, expone los condicionantes ideológicos del discurso del otro. En suma, que un discurso político aparece un tanto disfrazado de análisis "a vista de pájaro" u omnisciente sobre la ideología de los otros. A lo que voy es a que la ideología tiende a ser siempre, en sus diversas teorizaciones, algo que tienen los demás, mientras que "lo nuestro" sería ciencia (es la conocida posición marxista, por ejemplo, o la actitud cristiana ante el paganismo por elegir un ejemplo más remoto). Llama aquí especialmente la atención la perpetuación de este proceder, en cuanto que van Dijk, como digo, señala el posicionamiento ideológico de todo discurso—pero no saca todas las conclusiones para su teoría que cabría esperar de ese reconocimiento.
La ideología se articula en un juego de posiciones, o podríamos decir que se hace visible relacionalmente. De este modo, podríamos decir que el posicionamiento que toma frente a D'Souza hace visible la ideología de van Dijk. Sin embargo, esta dimensión relacional del propio discurso analítico no aparece teorizada en ningún momento en el libro. Quizá sea un caso de invisibilización del propio discurso (como digo relativa, pues van Dijk a un nivel determinado sí teoriza la visibilidad de la ideología en todo discurso... analizado). La cuestión es que la ideología de un discurso se hace visible o determinable por diferenciación, por distancia y contraposición. Se hace visible a través del análisis que sobre un discurso (o acción, institución, práctica etc.) efectúa otro discurso. Este proceso de emergencia diferencial de la ideología no aparece suficientemente teorizado aquí: parece como si la ideología se manifestase por sí misma, o "estuviese" sin más en el discurso que se analiza. Y está: pero hay que hacerla consciente, o visible, o extraerla con un trabajo metadiscursivo. Hasta ahí supongo que puede entenderse que sí lo acepta la teoría de van Dijk—lo que ya queda menos evidente es que ese metadiscurso (una determinada teoría de análisis del discurso, por ejemplo) también está ideológicamente posicionado.
¿Para quién lo está? Para el objeto de análisis Uno, seguramente, si sabe que está siendo analizado por Dos. O para un tercero Tres, que a su vez tiene que hacer visible la ideología de Dos, y menos obviamente la suya propia, a través de un texto destinado a Cuatro, su receptor ideal o implícito—pero que a la vez puede ser oído y entendido contra su intención por un oyente no invitado, al que llamaremos Cinco. Y, claro, también es el texto legible al menos en potencia para Uno y Dos y Tres. (Aquí Tres soy yo, por si nos hemos perdido). De este modo, la ideología emerge, adquiere forma plena y manifestación de todas sus implicaciones mediante un proceso dialógico o dialéctico. En algún punto de mi libro Acción, Relato, Discurso, decía yo que la ideología no es un contenido que "esté" en un texto o discurso, sino un proceso de relación entre dos textos, el texto y otro texto crítico—es un proceso de relación, de emergencia y de constitución interaccional.
Esta perspectiva está en línea con los razonamientos de Mijail Bajtin, según los cuales el uso del lenguaje siempre es dialógico, por no decir confrontacional, siempre en debate implícito o explícito con un texto anterior, y siempre dirigido a un receptor que no coincide plenamente con el emisor (aunque sea por el mero hecho de que si coincidiesen, el emisor se quedaría callado al no tener que informar de nada a nadie). En suma, que el discurso y la ideología que en él se articula o manifiesta no son un contenido determinable o estable, sino un sistema de relaciones en el que se encuentra implicado el propio analista-observador, y cualquiera que le ponga objeciones o responda a su análisis con un contra-análisis.
Podría escribirse sobre el 15-M como revolución zapaterista– no contra Zapatero (o sea, la autoridad, contra quien deberían ir dirigidas las revoluciones) sino contra quien controla a Zapatero y le impide que sea Zapatero, o sea, el Mal, el Capital que le ha movido los hilos y ha desilusionado al personal. Hay mucha gente en las manifestaciones, y por diversas razones, pero todo acaba tomando su carácter, y ésta será la revolución de los NiNis. Y es esencialmente una revolución à la Zapatero, el tipo de revolución que les caracteriza como generación acomodada y sin expectativas de mejorar—subidos como estamos en la cresta de la deuda, y con la obligación de pagarla. Como pensamiento, el pensamiento Alicia, igual que el del Presidente—un buenismo al cuadrado sin pies en la tierra, un simplismo atroz a la hora de las recetas, una ignorancia descarada de los derechos y prioridades de los demás, y una confusión casi conmovedora entre los deseos y la realidad. Por ejemplo, el deseo de "hacer una revolución", whatever that means, se confunde con la revolución en sí, y así unas protestas o disturbios se confunden con una revolución en la mente de los participantes. Que se están dando, eso sí, un "baño de democracia" asambleísta como nunca lo habían tenido, y el delirio les lleva a confundir su burbuja de utopía con una transformación social—para la cual no tienen ni instrumentos ni perspectivas ni siquiera se la ve venir por el horizonte. Creen que la mera formulación de objetivos es la revolución, aunque se toque muy remotamente con cuestiones como las elecciones que esas sí reparten el bacalao ("esto es democracia, y no lo de Sol", cantaban los del Partido Popular). Parte del Ninismo de esta revolución se debe a que es esencialmente postmodernista, vive de imágenes de sí misma—los Indignados se indignan con frecuencia ante los medios de comunicación, sobre todo si muestran algún indignado con los indignados—pero ellos llevan sus propios medios, graban en directo con descarga inmediata a YouTube al policía que les da con la porra. Llegamos a los disturbios como parte necesaria de toda revolución que se precie, hace falta escenificar visiblemente la naturaleza opresora del Falso Orden Democrático, frente a la apropiación de la calle por parte de los Indignados (la calle es mía, decía también Fraga, indignado él). Viven de imágenes—de mayo del 68, de la Represión, de la Transición, de la película aquélla de V de Vendetta, del Flower Power y los claveles contra el Ejército...
Todos vivimos de retazos, claro, pero su conjunción concreta en este caso parece señalar que esta Spanish Revolution no es exactamente lo que quiere parecer, y eso por el hecho mismo de que quiera parecerlo cogiendo su imaginería de previos episodios de resistencia idealista tan reciclados por la mercadotecnia: por ejemplo, no el Che sino la Camiseta del Che, no el terrorista Guy Fawkes sino la máscara de Guy Fawkes de V de Vendetta—que apuntaba a su pesar una cierta despersonalización siniestra o sectaria en los revolucionados en cuanto todos adoptaban la máscara, como si todos fuesen John Malkovich o el Agente Smith—o los artistas de la Zeja. Los fenómenos de masas iluminadas tienen siempre algo de eso, como cuando los revolucionados hacían La Ola levantando las manos sincronizadamente, como en un concierto rock, y es que el meme revolucionario les da especialmente fuerte a los que ya tienen una inclinación al meme, al pásalo, pásalo sin analizar mucho. Como decía, son a su manera la Vendetta del zapaterismo, no sólo por lo desnortado o utópico del programa, sino por su pretensión no muy democrática, digamos, de creerse el cogollo del mundo, una asamblea que va a dar instrucciones al Parlamento—porque está en posesión de la verdad. Tienen así una tendencia a saltarse a la torera, o a reinventar, los instrumentos de gobierno de la sociedad, para sustituirlos por una versión más casera y más de la propia línea (la "pequeña ciudad" cutre e ilusionada que crean en cada plaza), desautorizando al conjunto de la sociedad y a sus prioridades, y por supuesto a sus instrumentos de orden. Es una revuelta que ya que no puede o no quiere dirigirse contra el Gobierno, se dirige contra la Realidad. Y genera su propia burbujilla de realidad alternativa, que para los captados en la ilusión y en el deseo de ilusión parece sostenerse en sí misma, aunque obviamente va perdiendo lustre y como toda burbuja de realidad acabará haciendo plop. Pero realmente la idea central de ese hipotético ensayo sobre los Indignados debería ser que son los hijos del Zapaterismo. No en vano le faltó un tris al presidente para ponerse al frente de la manifestación, de abanderado sin bandera—allí estaba su hija, se decía, y allí hubiera estado él de ser joven, dijo él mismo. Es la Revolución a la Zapatero, la Revolución del Pensamiento Alicia. Si nadie la esperó, deberíamos haberla esperado, porque tantos años de Zapatero tienen consecuencias. En fin, ya pasará la fiesta de la revolución, todo tiene su ciclo, y luego tendremos que ponernos a trabajar para pagar la deuda.
Notes on Michel Foucault’s The Order of Discourse, an inaugural lecture at the Collège de France, given on Dec. 2, 1970. (L’Ordre du Discours, Paris: Gallimard, 1970). (Here is an outline in English, and here a summary in French). (My comments are added in parentheses and italics).
I
Foucault begins by commenting on the context of his own discourse—the fear of speaking, the institutional context. He opposes the automatisms which would make us let discourse speak through us (as in Beckett’s The Unnamable). Desire wants a transparent discourse, one which carries us along, not an order full of hazard and risk. On the other hand, institutions try to control discourse through the very gesture of giving it a place. But discourse (this discourse of Foucault’s too, by implication—JAGL) has a subversive power, beyond the play of desire and bureaucratic institutions.
II
Therefore, he assumes "that in every society the production of discourse is at once controlled, selected, organised and redistributed by a certain number of procedures whose role is to ward off its powers and dangers, to gain mastery over its chance events, to evade its ponderous, formidable materiality" (52).
A) Procedures of exclusion
1) Prohibition. The subject matter of discourse may be forbidden; so may the speaker, or the occasion. E.g. sexuality and politics are often forbidden. But they proliferate thorugh discourse, instead of becoming extinguished. Discourse is also an object of desire, a power to get hold of, not just a medium.
2) Division of discourses, or rejection. Such is the opposition between madness and reason. The discourse of madness is rejected, taken as noise, but it has a strange circulation: the "wise madman" was given a say only on the stage. Today the same division is played otherwise, filtered through the discourse of psychoanalysis, etc.
3) The opposition between truth and falsity. The will to know is governed by a system of exclusions. The ancient discourse of truth in Greece had a performative nature, it was linked to power: but in the fifth century BC, the discourse of truth became linked to its meaning, its reference, the value of the utterance. Truth becomes semantic: it is displaced from the act to the utterance. It is the origin of philosophy, of the will to truth, born in opposition to the sophists. There is an evolution in this will to truth, not always due to a discovery. Around 1600 (Foucault is probably thinking of Francis Bacon) there is a new regime of classification and mensuration being born in England. It is the origin of technicism/positivism. The will to truth has a history of its own, which is not the history of constraining truths: a history of the delimitation of methods, of the objects of knowledge... It is sustained by institutional practices, among them the use of knowledge. This "truth" exerts pressure on the other discourses, which converge towards the discourse of truth. (E.g. realist or sincere literature). Thus, the modern penal code is no longer founded on power or spectacle, but on the scientific discourse of psychology, psychiatry, etc. (See on this point Foucault’s work Discipline and Punish). That is, procedures of exclusion (1) and (2) become subordinated to (3): they become more fragile, while (3) grows all the time. But (3) is masked: in the sense that it necessarily ignores its links with power and desire. In Nietzsche, Artaud, Bataille... we appreciate a will to truth turned towards a critique of the notion of truth itself; they are the models for Foucault’s analysis.
III
B) Internal procedures
Other procedures for the control of discourse are internal—principles of order within the discourses themselves.
4) Commentary. That is, the division between canonical texts and their commentaries. Some texts are privileged (the canon, in religion, law, literature or science); others are commentaries of these major texts. This hierarchy is always active, this opposition between the "truly original" text and the commentary, in spite of diverse blurrings. For instance, Borges and others suppress one of the terms (e.g. writing commentaries of imaginary texts), but not the relationship itself.
5) The author (as a principle for the grouping of discourses, a principle of unity and origin of their signification, as a focus of coherence) is another "principle of rarefaction" in discourse. The name of the author has a different use and value in scientific discourse and in literary discourse; these two types of discourse have exchanged their faith in the author since the Middle Ages. Scientific authors are no longer treated as authorities, but in literature "The author is what gives the disturbing language of fiction its unities, its nodes of coherence, its insertion of in the real" (58). The individual in question receives his modes of behaviour from the author-funciton as it is defined in his age, "or as he modifies it in his turn" (59).
(On the author-funcion as a principle of constraint and production, Foucault’s observations here must of course be complemented with his paper "What Is an Author?").
6) Disciplinarity. Disciplines constitute an anonymous system, in contrast to (4) and (5). There is a constant need for new formulations, for new propositions within the discipline. Disciplines define the kind of discourse on their object which will become a part of the discipline (not just any kind of discourse). For instance, from the eighteenth century the discourse of botany no longer includes the symbolic values of plants, which also used to fall within its purview, for instance in the sixteenth century. Disciplines have theoretical horizons. (This kind of analysis is undertaken in Foucault’s works The Archaeology of Knowledge and The Order of Things: An Archaeology of the Human Sciences. Foucault’s analysis at this point is to be related with T. S. Kuhn’s notions of paradigm and scientific revolution, and with Paul Feyerabend’s critique of disciplinary methodology). In order to be recognized as such by a discipline, in order to be true or false, a discourse must be "in the true", it must in a sense play the game of the discipline, accept its discourse. Disciplines are also a principle of control of the production of discourse; they fix limits to what can be said within the discipline. They are at once an element of constraint and an element of creation and proliferation. But let us examine another set of principles linked to constraint:
IV
C) Conditions of access to discourse, for instance
7) The qualification of the speaking subjet to enter the order of discourse. Rituals define this qualification, as well as the signs which must accompany the discourse.
8) Societies of discourse, which preserve discourses and make them circulate within a closed space. Today they are loose, but the very act of writing and publishing in modern societies is a society of discourse in the wider sense. Literatury conventions as well as technical or scientific secrets, set their own constraints. (Curiously enough, Foucault does not draw attention to the role of academic societies, universities, etc. as societies of discourse in the most literal sense. Whereas it could be argued that the University is itself a materialized society of discourse, an official society of disciplinary discourse, physically and administratively organized in the shape of buildings, departments, and groups of teachers. The role of societies of discourse in shaping attention should be studied within the wider anthropological context of attention strategies in human groups. See e.g. Brian Boyd’s analysis in The Origin of Stories, and my paper "Atención a la atención"—JAGL).
9) Doctrines— They belong to a group, but they tend to become disseminated, and to require the allegiance of individuals. "Heresy and orthodoxy do not derive from a fanatical exaggerantion of the doctrinal mechanisms, but rather belong fundamentally to them". (64) Doctrine is a way of binding individuals to certain types of enunciation. But it is also an enunciation which functions as a sign which binds the individuals in a group (a double binding).
10) Appropriation—i.e. the social appropriation of discourse. Discursive value being an object of desire. (Here one thinks of such works as Pierre Bourdieu’s studies of symbolic value in Language and Symbolic Power, or the essays collected in Shakespeare and Appropriation, ed. Christy Desmet and Robert Sawyer—JAGL). Social appropriation takes place, for instance, through educational systems.
One should note, Foucault adds, that all these types for the subjection and ordering of discourse are found mixed up or combined, their separation is an act of abstraction. (And one should stress the double action of these mechanisms: the existence of doctrines or disciplines, the qualification of a subject to speak, etc., are not only a means for the "rarefaction" or constraining of discourse, but also a principle of proliferation of discourse along certain lines or in certain contexts—a stimulus for the production of certain kinds of discourse, e.g. research papers, sermons, poems... They may constitute the very conditions of possibility for those discourses to exist—JAGL).
V
Philosophical themes
A number of notions promoted by philosophers develop in keeping with these activities of limitation and exclusion of discourse. For instance: the notion of ideal truth as the law of discourse, of immanent rationality as a principle of unfolding for discourse. The desire for truth itself, or the ability to think it. Philosophical discours in the West presents itself as a simple putting in words of a preexisting thought—or conversely (and this would be the case for structuralist views on the matter) thought would be the mere effect of preexisting linguistic structures. (One thinks of Derrida’s critique of "logocentrism"—according to him, the philosophical tradition of the West tries to present the ideality of the pure presence of thought or meaning, evading the recognition of the materiality of signs, texts, discourses, etc. which articulate or shape it). There exists, therefore, an elision of the reality of discourse, through a variety of means.
a) Through the notion of the founding subject, the subject manifesting himself without a mediation through discourse.
b) Or else through the notion of the originating experience. Which assumes the existence of pre-discursive meanings in the world, of which the discourse would be a modest reading. (One may intuit here Foucault’s critique of Heidegger’s notion of signification. However, and quite from another tack, the notion of discursive meaning resting on pre-discursive meaning is criticized by contemporary evolutionary and cognitivist approaches to signification. For a strong statement against constructivism, see Joseph Carroll’s papers, for instance "Literary Study and Evolutionary Psychology". To put it in a nutshell: if "man gave names to all the animals" is the foundational act of discourse, there must have been a pre-discursive notion of which animals to name, before the names came along).
c) Or through the idea of universal mediation. At first glance this would seem to favour discourse and concept everywhere, but actually this notion makes discourse rest on self-consciousness, "discourse is little more than the gleaming of a truth in the process of being born to its own gaze" (66).
(a)= writing; (b)=reading; (c)=exchange. All three never put anything at stake except signs; "discourse is annulled in its reality and put at the disposal of the signifier" (66).
In spite of appearances, the logophilia which characterises our culture is due to a fear of the uncontrollable nature of discourse; it is actually logophobia. This deserves analysis: "we must call into question our will to truth, restore to discourse its character as an event, and finally throw off the sovereignty of the signifier" (66) (—a position on the part of Foucault which acknowledges the power of structures without reducing all events to a predetermined play of pre-existing structures). The method to carry out this analysis would be as follows.

VI
Strategies for future work on the analysis of discourses:
- A reversal of the analytical tradition. What is currently valued as a source of creativity, fecondity, ideals... Foucault is suspicious of.
- Discontinuity: Nonetheless, marginal or suppressed discourses should not be idealised. Discourses do not form coherent wholes; they are discontinuous practices which crisscross or ignore each other.
- Specificity: Against the myth which consists in believing that one is decyphering a pre-established signification. Discourse must be conceived as an active principle, a form of violence exerted on things. The world is not discursive in nature.
- Exteriority: The external conditions of the possibility of discourses must be analyzed.
"Term for term we find the notion of event opposed to that of creation, series opposed to unity, regularity opposed to originality, and condition of possibility opposed to signification" (67).
Foucault argues against the prevalent notions of origin and essence. Historical studies today do not abandon the study of specific events: rather, they enlarge the field of study of specific events, and conceive new groups of events. The conditions of possibility of events are circumscribed, but this notion is not yet a structural one: it is grounded on positivist assumptions. An event takes place in the material realm, as a relationship between material elements or a selection of material elements. Foucault notes the need to develop a materialism of the incorporeal, a study of discursive events. Series of discursive events are heterogenous because discourses dissolve the subject and the instant into a plurality of positions and of possible functions. Randomness is a necessary category, to be opposed to the assumption of a mechanical causality. Chance, discontinuity, and materiality are to be found at the roots of thought; there are attempts to exorcise them "by narrating the continous unravelling of an ideal necessity" (69). (One finds here a critique of narrativisation, of the retroactive construction of "well-made" stories. See my critique of retroactive dynamics and hindsight bias in the field of criticism and theory—JAGL).
Foucault’s proposal is to link history to historiography— to the actual writing of that history by historians (Which is to some extent the project of cultural materialists in the Anglo-Saxon countries: see for instance the essays collected in Dollimore and Sinfield’s Materialist Shakespeare).
VII
Kinds of analysis
Two kinds of analysis are suggested by Foucault: (a) critical analysis (b) genealogical analysis.
(a) Critical analysis, in the philosophical tradition, against sophistry: it would be concerned with
(1) An analysis of strategies of exclusion (e.g. the opposition between madness and reason, a study of sexuality and its evolution). (One thinks here of Foucault’s own analyses, both past, in Madness and Civilisation, and future, The History of Sexuality. As we see, The Order of Discourse also organizes Foucault’s own discourse, mapping a programme of critical analysis which encompasses the whole of his work).
(2) An analysis of the birth of sciences of observation. (Ditto for The History of Sexuality).
(3) A study of the great foundational acts of modern science in the 19th century, of positivist ideologies.These are "three stages of our philistinism".
Critical analysis will address the study of scientific expertise as a way of grounding the penal code. Following this tack, the procedures of limitation of discourse (the author, the commentary, the discipline) must be studied as they apply for instance to the history of medicine. Also, the development of the ideology of authorship and of the Work in literature must be studied as they unfold, "using, modifying, and displacing the procedures of religious exegesis, biblical criticism, hagiography, historical or legendary ’lives’, autobiography, and memoirs" (71). E.g. a study of the role of the figure of Freud in psychoanalytic knowledge. (See on this point the notion of founders of disciplinary practices as discussed in "What Is an Author?").
(b) Genealogical analysis, not really separable from critical analysis, since "any critical task, putting in question the instances of control, must at the same time analyse the discursive regularities through which they are formed" (72). Nonetheless, there is a difference in perspective. Each discursive series has its own kind of regularity, and the constitution of a new system out of the previous ones is not a smooth transition. (At this point one must think of Foucault’s notion of episteme as expounded in The Order of Things, —or again, see Thomas S. Kuhn’s quite related notion of scientific revolutions).
The critical approach studies the mechanisms for the control of discourse; the genealogical approach addresses the formation of domains of objects by means of discourse, the genesis of the possibility of truth within discourse. Discourse is both stimulated and rarefied by these formations of discourse; but we do not find in them the universal rule of one sense, there is no reign of the signifier (i.e. discourses are not automatically generated by a signifying system) and in this sense Foucault is not a structuralist.
VIII. Models and forerunners
Models and forerunners of this kind of analysis are to be found in the work of Dumézil—in his overcoming of traditional exegesis and of linguistic formalism through the use of comparison, in his transformation of critical discourse and of its relationship to the institution. Also in Canguilhem, in his studies on the history of science. Canguilhem sees the history of science as a succession of models and conceptual instruments, not as a chronicle of events and discoveries.
In the work of Jean Hyppolite—a Hegelian who allows us to escape Hegel by acknowledging our debt to him. Is a non-Hegelian philosophy possible? Hyppolite sees philosophy not as system but as process, a perpetual interrogation. It is in moving contact with non-philosophy, with the other disciplines of knowledge (psychoanalysis, mathematics...). In Hyppolite one finds a study of the foundations of philosophical thought and of its formal structure: the essential problem of philosophy is faced, that is: the problem of a discourse which aspires to universal value coming nonetheless from an individual and historically located subject.
It is with a moving homage to his master Hyppolite that Foucault closes his discourse on discourse—one which is also universal and historically situated.
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Page references and quotations come from the English translation by Ian McLeod, published in Untying the Text: A Poststructuralist Reader, ed. Robert Young (London: Routledge, 1981). Some notes on Foucault’s essay from Young’s introduction:
We find here a self-critical work, in which Foucault records his own progression from "archaeology" to "cartography"—a more directly political mapping of discourse practices. Discursive practices delimit fields of objects and perspectives of the agent of knowledge; they fix norms for concepts and theories. It is impossible to think outside them (it is the space of madness), and they are linked to power, control, domination. Discourse is defined as a play between desire and the institutions (comparable to the play between id and ego). Analysis separates the two. Procedures for mastery include exclusion and prohibition, or restrictive principles: rarefaction, disciplinarity, the imposition of roles. Foucault is against the notion of the founding, originating subject or experience in hermeneutics and in phenomenology. Against neo-Hegelianism, understood as the reduction of discursive practices to textual traces (against Derrida too!). He advocates a reversal of concepts: madness undermines philosophy and thought. He advocates the treatment of discourses as discontinuous practices, and is against the assumption of unities and regularities in works, epochs... We find at this stage of his thought the implication of a powerful determinism at work; later he will emphasize the possibility of resistance. As he writes in The History of Sexuality, "Discourse transmits and produces power; it reinforces it, but also undermines and exposes it, renders it fragile and makes it possible to thwart it."