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Ideología

La objetividad existe

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La objetividad existe

Pero no es, en ningún caso, "nuestra capacidad de explicar el mundo con independencia de lo que pensemos sobre él." Con independencia DE LA VALORACION que nos merezca, sí. Ahora bien, la primera condición para la objetividad, y la verdad, es atenernos a lo que pensamos que el mundo es. Esa será nuestra verdad. Y en la medida en que coincida con la de otros, será la verdad de nuestro grupo, "la verdad" sin más mientras nadie venga a contestarla. Pero los hechos no son independientes de sus representaciones. De hecho, apenas puede decirse que suceda algo, si no hay nadie mirando. La verdad y la objetividad son construcciones comunitarias. Basadas, naturalmente, en el reconocimiento compartido de lo que son los hechos, al margen de las opiniones o valoraciones que merezcan. Ahora bien, que haya que explicar todos los hechos, o narrar todo lo que pasa, o informar de todos los hechos incuestionables, aun de los que nos desagradan, eso es un axioma de otro cajón. Eso no es un hecho, sino una opinión. La mejor manera de hacer justicia a algunos hechos, y de valorarlos adecuadamente, es ignorarlos.

con referencia a:

"Es sorprendente, pero existe la verdad. Y existe la capacidad de explicar el mundo con independencia de las convicciones personales. La objetividad no es nada más que eso"

con referencia a: Tres consejos (ver en Google Sidewiki)

Nuestras Autoridades hacen flojear la realidad

Nuestras Autoridades hacen flojear la realidad

Releyendo Frame Analysis, de Goffman—un libro que analiza la estructura de la realidad como un complejo sistema de representaciones, imitaciones de representaciones, y simulaciones de esas imitaciones. De toda esa inestable arquitectura de ficciones compartidas surge lo que denominamos realidad, y nos parece sólida. Ahora bien, constantemente hay cosas que pueden hacerla disolverse, o flojear en su esencia. Aquí hay una:

"El más alto funcionario de los servicios de inteligencia de una nación es en cierta manera un tribunal de última instancia, y un tribunal de última instancia es de alguna manera el tutor de la realidad. (Y habla con un acento de ministerio de asuntos exteriores). Si la última persona que tiene la autoridad te vende en secreto a los enemigos de su nación, y es por tanto lo contrario de lo que parece ser, entonces ¿en qué podemos confiar que sea lo que parece ser? Podría añadirse que el máximo cargo político de un estado parece situar a su ocupante en un tipo de relación especial con las realidades. Se le toma como el representante de éstas. Si resultase, por tanto, que vive engañado, o que está engañando, su reputación no es lo único que sufre por eso: la reputación de las realidades también se resiente." (470)
 


Me parece que de los tres o cuatro o cinco poderes del Estado ninguno se libra en estos momentos de sospechas de estar alterando el valor y sustancia de la realidad.

La realidad flojea


El Pilar desde la Plaza Santa Engracia

El Pilar desde la plaza Santa Engracia


El Pilar desde la plaza Aragón, originally uploaded by JoseAngelGarciaLanda.

Facebook como sociedad líquida de individuos

Facebook como sociedad líquida de individuos


La sociedad de individuos, característica del mundo postmoderno, la contrapone Zygmunt Bauman (desfavorablemente, entiéndase) a la "sociedad de ciudadanos" socialmente responsables—que no sé realmente de qué período histórico ha sido característica—o si pertenece sólo al desiderátum de las utopías o de las miradas selectivas e idealizantes sobre el pasado.  Cuando escribió esto Bauman no había Facebook, y apenas "redes sociales" en Internet. No es de esto de lo que habla Bauman, sino de las experiencias característicamente postmodernas—pero sin embargo se ajusta muy bien su descripción pesimista y desilusionada a lo que podría pensar de las relaciones sociales virtuales, siendo casi una descripción por anticipado de lo que viene siendo la red social de los individuos en lo que él llama la modernidad líquida:

Si el individuo es el enemigo número uno del ciudadano, y si la individualización pone en aprietos la idea de ciudadanía y la política basada en ese principio, es porque las preocupaciones de los individuos en tanto tales colman hasta el borde el espacio público cuando éstos aducen ser los únicos ocupantes legítimos y expulsan a codazos del discurso público todo lo demás. Lo 'público' se encuentra colonizado por lo 'privado'. El interés público se limita a la curiosidad por la vida privada de las figuras públicas, y el arte de la vida pública queda reducido a la exhibición pública de asuntos privados y a a confesiones públicas de sentimientos privados (cuanto más íntimos, mejor). Los 'temas públicos' que se resisten a esa reducción se transforman en algo incomprensible.
    Las posibilidades de que los actores individualizados sean 'rearraigados' en el cuerpo republicano de la ciudadanía son escasas. Lo que los anima a aventurarse dentro de la escena pública no es tanto la búsqueda de causas comunes ni de los modos de negociar el significado del bien común y los principios de la vida en común, sino más bien una desesperada necesidad de 'interconectarse'. [Nunca mejor dicho con respecto a Internet y Facebook—aunque quizá Bauman esté pensando en comunidades típicamente urbanas del tipo "grupos de autoayuda", etc.] Compartir intimidades, como no cesa de señalar Richard Sennett, tiende a ser el método preferido, si no el único restante, de 'construcción de comunidad'. Esta técnica de construcción sólo puede dar a luz 'comunidades' frágiles y efímeras como emociones dispersas y erráticas que cambian de objetivo sin ton ni son, a la deriva en su búsqueda infructuosa de un puerto seguro: comunidades de preocupaciones compartidas, ansiedades compartidas u odios compartidos—pero en todo caso comunidades 'perchero', reuniones momentáneas alrededor de un clavo en el que muchos individuos solitarios cuelgan sus miedos individuales y solitarios—. [Aquí está realmente certero Bauman, caracterizando las inútiles páginas de "gustos" de Facebook, comunidades inútiles, evanescentes e inutilizables de cientos o miles de gentes a las que les "gusta esto"] Como lo señala Ulrich Beck (en su ensayo 'On the Mortality of Industrial Society'),
 
aquello que emerge de la disuelta norma social es un ego desnudo, atermorizado y agresivo en busca de amor y ayuda. En su búsqueda de sí mismo y del afecto social, se pierde con facilidad en la jungla del yo [...] Alguien que anda hurgueteando en la niebla del propio yo se vuelve incapaz de advertir que ese aislamiento, ese 'solitario confinamiento del ego', es una condena masiva.
second lifeLa individualización ha llegado para quedarse; todo razonamiento acerca de los medios de hacer frente a su impacto sobre el modo en que llevamos adelante nuestras vidas debe partir de la aceptación de ese hecho. La individualización concede a un número cada vez mayor de hombres y mujeres una libertad de experimentación sin precedentes—pero (timeo danaos et dona ferentes...) también acarrea la tarea sin precedentes de hacerse cargo de las consecuencias—. El abismo que se abre entre el derecho a la autoafirmación y la capacidad de controlar los mecanismos sociales que la hacen viable o inviable parece alzarse como la mayor contradicción de la modernidad fluida—una brecha a la que por ensayo/error, reflexión crítica y abierta experimentación, deberemos aprender a enfrentarnos colectivamente—. 


E individualmente, hay que añadir, claro.  Esto viene de la sección "El individuo en guerra con el ciudadano", de Modernidad Líquida (2000). Bauman es un tanto all-or-nothingist, "todo-o-nadista"—ve unos síntomas característicos de nuevas tendencias, y ya reduce el conjunto de la realidad a esos síntomas característicos como si hubiese todo sufrido una transformación de raíz, y no hubiese inercias más que notables en la sociedad humana. Yo tengo menos fe que él en esa hipotética sociedad de ciudadanos en la que los ciudadanos no sean a la vez individuos. La visualizo muy claramente en los movimientos de masas de ciudadanos, algunos de ellos ciudadasnos poco individuales, en los años 30 pongamos, todos socialmente muy concienciados y todos poniendo alguna colectividad nacional o de clase o de Pueblo o de lo que sea, por delante de las individualidades que eran denunciadas como un vicio burgués. En aquellos años de modernidad sólida Bauman era un comunista ortodoxo—en Polonia; luego heterodoxo dentro de un orden, pero siempre comunista. ¿Será Bauman un nostálgico de esos de que con Stalin primero, y luego contra Stalin, vivíamos mejor?

La Red Social


Opiniones sobre la Verdad

miércoles 26 de enero de 2011

Opiniones sobre la verdad



Voy a una conferencia de Ángel Cristóbal Montes sobre La verdad, en Ibercaja. El conferenciante es catedrático emérito de derecho civil de la UZ, y antiguo presidente de las Cortes de Aragón. Inaugura un ciclo titulado "Tres nuevas lecciones sobre lo trascendente" con conferencias sobre lo verdadero, lo bueno, y lo bello. El año pasado, en un primer ciclo, dio "Tres lecciones sobre lo trascendente" y trató sobre Dios, hombre, y la idea del mundo. Las nuevas conferencias versarán sobre la verdad, la bondad, y la belleza.  Presento aquí notas sueltas con algún comentario marginal mío en cursiva:

Verdad, bondad y belleza son valores permanentes en la filosofía occidental,  y a ellos se dedican cada una de las 3 Críticas de Kant.

Crítica de la Razón Pura, o de la conducta teórica, trata lo relativo a la verdad. Un tema complicado.

La sensación de lo verdadero, es fácil tenerla o sentirla—pero es difícil explicarlo, aunque el sentimiento sea claro.
Históricamente, en Occidente, 3 (o 4) versiones de la Verdad:

-    En la antigua Grecia, la noción de la verdad como "no ocultamiento" (Heidegger), desvelamiento, desocultamiento, lo que se arranca al ocultamiento. Aletheia. Es una conquista contra los factores que la ocultan: hay que desvelarla con esfuerzo y capacidad de penetración. (Yo apuntaría que a veces se desvela sola para nosotros, por la fuerza de los hechos, por la acción de los otros, o por azar... Por cierto que hay una interesante dimensión retrospectiva y narratológica, en la verdad como desvelamiento.)

-    Pese a Heidegger, no todos los griegos vieron así la verdad. Aristóteles decía que la verdad y la falsedad no están en las cosas, sino en la mente de los hombres ("in intellectu", dirán sus seguidores). En sí no son las cosas ni verdaderas ni falsas. Es nuestra mente la que encierra la verdad o falsedad. 

- Una derivación particular y hegemónica de esta noción aristotélica fue la de la Escolástica, p. ej. En Santo Tomás de Aquino. La verdad se alcanza mediante la indagación del sujeto pensante: no está oculta en las cosas, sino en nuestra mente. La verdad como adecuación entre el intelecto y la cosa, "Adequatio intellectus ad rem". Hay un importante cambio, el protagonismo cambia. Se llega a la verdad trabajando, como en los griegos, pero es un trabajo más tranquilo y cómodo: trabajo de reflexión que busca adecuar el pensamiento a la cosa.

(Claro que es una noción inadecuada de la verdad: porque ¿qué concepción tenemos de la cosa aparte de la que podamos tener en nuestro intelecto? La cosa que nuestro intelecto compara con "lo que tenemos en nuestro intelecto" tiene que habérsenos aparecido de alguna manera, para ejercer este criterio. El problema es que "la cosa" así definida también es una "cosa" intelectual, y esta definición no está lo bastante atenta a las consecuencias de ese hecho).

-    Tercera (o cuarta) concepción: frente a la verdad metafísica,  la verdad social. Una noción que también puede remontarse a Aristóteles (toda la filosofía da vueltas en torno a Aristóteles). (Tenía Aristóteles por cierto una gran desconfianza de la historia – la ficción, dice, es más verdadera que la historia).

(Esto lo dice en la Poética. Y esta noción de la verdad como opinión también explica algunas expresiones extrañas de la Poética: por ejemplo, la noción de que las cosas verdaderas no son siempre verosímiles. Aquí vemos contrapuesta la verdad "objetiva" o vista por el pensador a la verdad "comúnmente aceptada" que es la que rige más adecuadamente para Aristóteles en poética. Por cierto que este gusto aristotélico también tiene sus límites. Podríamos decir que el realismo entendido así es poco realista, desde un punto de vista más filosófico. Las imágenes de la realidad auténtica suelen herir o trastocar nuestra concepción de la realidad verosímil o comúnmente aceptada, y son una de las vías hacia el arte innovador—y casi siempre feísta).

La verdad, dice Aristóteles, está en la apariencia. (Podríamos decir que lo que es verosímil es la verdad comúnmente aceptada, aunque Aristóteles lo opone a lo "verdaderamente verdadero" que es lo que sabe el filósofo, o el que sabe más que la media, por oposición a la opinión común). Parece una boutade o contradicción, pero señala a la noción de una verdad social. "lo que aparezca como verdadero debe ser tenido como verdadero". La realidad nos muestra en efecto, que en los EEUU ha funcionado esta noción en la filsofía actual: el pragmatismo. Busca cosas que funcionen en la sociedad—y así se define la verdad en términos sociales. La apariencia es lo que cuenta, a todos los niveles. Un asesor de Carter decía que en Washington se tiene el éxito que se aparenta tener. (Sería una verdad democráticamente entendida… Pero claro, los pragmatistas también distinguen entre tipos de consenso, y es distinto el consenso de los expertos que el consenso popular). Cuando algo aparece públicamente como verdad, desconocerlo como tal e intentarlo sustituir por una verdad venida de fuera es tarea casi imposible. La verdad, en esta concepción, se nos muestra, no hay que desescombrarla.  La vemos contemplando la apariencia.

(Yo creo que esto no es así ni siquiera para un pragmatista convencido, porque para el pragmatista nunca va a haber un consenso global sobre la verdad. Lo que va a haber es un conflicto de verdades a distintos niveles, todas contestadas en algún contexto o por algún grupo. La verdad que un grupo se construye como seña de identidad es verdadera, claro... dentro de ese grupo. Desde fuera, es ideología, o consigna, o fe injustificada, o autoengaño). sanfermines

Así para Richard Rorty ("pragmatista vivo" dice Cristóbal Montes por error, cuando murió en 2007) la verdad es aquello que aparenta ser verdad , "es lo que funciona" (cf. Stanley Fish... o Woody Allen, whatever works). Pero añade: "¿funciona para qué?"  Cf. el Utilitarismo europeo de hace 200 años. Lessing decía ¿cuál es el uso del uso? por entonces).
 
Para los pragmatistas, la libertad de la sociedad va unida al razonamiento filosófico, una noción extraña a la filosofía occidental. Esta asociación no se había hecho en la tradición occidental. Los pragmatistas ligan la reflexión filosófica a la sociedad libre. Mientras que los mejores filósofos europeos, observa Cristóbal Montes, han vivido en sociedades autoritarias.

Un enunciado verdadero es aquél en que una sociedad libre se muestra de acuerdo en que es verdadero. Rorty dice, "cuidemos la libertad, que la verdad se cuidará sola". Vendrá por añadidura, no tendrá enemigos. Así se dice que el hombre no es "descubridor" de la verdad, como en las concepciones anteriores, sino autor o fabricante de la verdad.

(Lo es—pero hay que enfatizar que no es el hombre aislado quien fabrica la verdad, sino que se genera en el seno de grupos sociales—ideologías que los cohesionan, a veces por el procedimiento de enfrentar esa verdad a la verdad de otro grupo. La noción de conflicto de las verdades es esencial, porque ¿a quién interesa una verdad que no es discutida o contestada en modo alguno? Ni siquiera nos paramos a pensar en ella, no nos llega a la atención. Es en la dialéctica verdad/error donde vive más propiamente la verdad, donde se alimentan sus consensos, y también sus iluminaciones retrospectivas).

Probablemente los hombres somos, para Montes, a la vez autores y descubridores de la verdad. Autores porque la formulamos y la emitimos, y descubridores porque se requieren datos e indicaciones de algo externo a la mente.

Todo esto debería matizarse con afirmaciones como las de Goethe: que la verdad ha estado siempre con la minoría. Y para Einstein, el mejor conocimiento no es más que una maraña de sospechas. Algo que poco tiene que ver con lo dicho hasta ahora.

(Pero que sí tiene mucho que ver con la verdad entendida como conflicto entre verdades sostenidas por grupos diferentes. Contra Goethe, yo diría que la verdad mayoritariamente creída siempre ha estado con la mayoría. Y que sólo deja de ser verdad vista desde fuera. —¿Y nosotros? A veces somos mayoría, a veces minoría).

Verdad e intuición:


Parecen contradictorias, en principio. Reflexión vs. intuición. Se pueden tener intuiciones, pero la intuición no es un proceso de descubrimiento, es un relámpago, un golpe de luz, no se basa en indagaciones previas. Es una aparición. ¿Para qué pensar, pues? Es una pregunta falaz, porque la intuición respecto a la verdad no se da para todas las personas. (Los filósofos, como los poetas, han de ser pocos, dice Cristóbal Montes). La intuición sólo suele darse para aquellas personas que tienen por costumbre pensar. No se dan las súbitas intuiciones entre aquellos que no se dedican a la reflexión—y esto supone la conjunción de ambas modalidades de acceso a la verdad. El ejemplo de Descartes: una noche de 1616, tuvo un golpe de intuición que le llevó al cogito ergo sum. No llegó allí reflexivamente, pero llevaba muchos años reflexionando, y la intuición se producce sobre la base de una conjunción de pensamiento hondo y reflexivo. Poincaré también encontraba la solución al problema que buscaba, por intuición súbita…. Pero "la cuestión es cómo encontrar el camino para llegar a ella". Todavía faltaba trabajo de razonamiento. La intuición, pues, es una forma de conocimiento—para Kant: todo conocimiento no es intuición, la mayor parte es reflexión, pero en cambio toda intuición es conocimiento.

Admitida la verdad— que estemos en posesión de ella, una cualquiera (que a veces ha costado mucho llegar a ella o conservarla). Por ej. la concepción astronómica de la tierra. (Se atiene Cristóbal Montes a la noción un tanto simplista de que la Tierra geocéntrica era plana—cuando no lo era así para muchos de los entendidos, fuese cual fuese el concepto popular más generalizado). Para los árabes como los romanos, se temía el occidente donde se pone el sol. Esto  se juzgó verdadero durante siglos, hasta la revolución copernicana.  Esta nueva verdad, la del heliocentrismo, le costó la vida a Giordano Bruno, y casi a Galileo.

¿Qué sucederá pues con la contraposicón entre estos conceptos—
-    verdades absolutas / verdades relativas
-    verdades temporales / eternas?

Lo primero parecería un requisito de la verdad, el absolutismo. Pero de hecho es más bien al contrario. Es más bien "verdad absoluta" lo que es una contradicción en teérminos. Si la verdad emana del hombre (como lo hace en las tres concepciones discutidas, por unos u otros caminos).

(Aclara repetidamente Cristóbal Montes que no está atacando a ninguna creencia, que es un punto de vista filosófico, no un ataque a la relición. Es otro campo. Aunque me quedo con las ganas de observar que la noción misma de un concepto filosófico de la verdad desacredita de entrada las verdades reveladas, como el logos racional desacredita al mito—nos resulte incómodo o no para los tabiques mentales de cada cual).

Si el hombre es finito, temporal, limitado—entonces la verdad absoluta también está fuera de lugar, en un ser relativo por sustancia.

(El ergo que extraigo es que las verdades dogmáticas decretadas por la religión están fuera de lugar en esta concepción. Aunque, siendo ficticias, siempre gozarán de predicamento en determinadas comunidades: después de todo es nuestra especialidad, la de los humanos, vivir en una realidad virtual o ficción consensuada).

Karl Popper decía que no hay saber seguro, que todo saber o verdad es contingente, aleatorio, o acomodado a las circunstancias. Ingluso las leyes naturales, son verdades hipotéticas o relativas, son conjeturales. También Wittgenstein decía que seguramente "mañana amanecerá" pero que no tenemos la seguridad. Es una verdad conjetural o contingente. En Grecia, decía Popper, había dos tipos de saberes: el saber absoluto, de los dioses, episteme, y el saber de los hombres: doxa—opinión, conjetura.

Para Cristóbal Montes, toda verdad humana es relativa. Una verdad absoluta no nos serviría sólo para abocarnos al estancamiento, para caer en la excesiva confianza y en la soberbia iintelectual. La verdad relativa es una verdad estimulante. Constituye acicate para continuar avanzando. Lleva a mayores honduras en el pensamiento.

¿Es temporal o es eterna la verdad? (Insiste el conferenciante en respetear el plano religioso, muy respetable, etc., cuando un subtexto de su conferencia lleva a su descrédito intelectual para seres pensantes—no para beatas o integristas, claro. El conferenciante quiere muy deliberadamente evitar esta alternativa. A mí las religiones me parecen respetables a un nivel emocional, ético, en su contexto adecuado, etc.—pero intelectualmente hablando, no son presentables ni cotejables—me parece mucho más respetable la verdad que la creencia errónea que a otro le dicte su dogma de turno, o sus compromisos con la tradición).

Filosóficamente, no hay verdades eternas. Toda verdad corresponde a un tiempo, brota cuando puede brotar y refleja las circunstancias del momento. La verdad eterna trasladaría a su autor a un campo distinto de la estricta humanidad. (Cuando yo creo que la verdad absoluta es precisamente muy humana.... si bien es contemplada como un error humano por el filósofo). Para Heidegger, "cada verdad tiene su tiempo", y esto es así. Nace cuando tiene que nacer, asume las características que ha de asumir, y dura lo que tiene que durar, y se esfuma cuando le toca desaparecer. Einstein negaba haber llegado al fin del conocimiento, los sistemas se suceden, e indefectiblemente vendrá otro que será mejor que el de Einstein.

¿Sufre quebranto la verdad con esta noción? - ¿su santidad?

No, más bien lo contrario. Esta concepción engrandece la verdad, a juicio del conferenciante. El hombre no puede contar más que con verdades relativas y temporales. Para las verdades absolutas y eternas existe el camino de la fe y la creencia (Si es que eso son verdades.... son verdades sólo para la comunidad de creyentes, porque para los demás serán creencias, no verdades), o la resolución de que hay una verdad revelada, absoluta (Es decir: la resolución de creer en un error, si nos atenemos al punto de vista filosófico... contraposición que como digo Cristóbal Montes quiere a toda costa evitar). Creer no es pensar, decía Wittgenstein. Ratzinger dice que a Dios se le puede ver con el corazón, la simple razón no basta. (Pues allí no es tomista, Ratzinger). Schopenhauer decía: o creer, o filosofar—lo que se elija, que sea del todo. (Pues hay que decir entonces que el conferenciante no está con Schopenhauer, pues pretende compatibilizar ambas opciones. Claro que yo tampoco estoy con Schopenhauer, pues en unas cosas filosofamos, y en otras creemos sin plantearnos más cosas. Y además tenemos la mente modular que nos permite continuamente el credo autem impossibile... Insiste el conferenciante en que la fe y la razón son compatibles—y lo son en la misma cabeza, pero difícilmente si van referidas a la misma cuestión. Y más importante, por compatibles que sean con la razón, sobre todo para quien no la ejerza a fondo, por desconexión selectiva, y no explore sus últimas consecuencias, PARA MÍ es más importante el hecho de que las creencias infundadas o irracionales son combatibles con la razón. No siempre con éxito, pues la creencia busca sobrevivir, y desconecta oportunamente la razón, o le prohíbe el acceso a ciertas circunvoluciones cerebrales).

La fe trae consuelo y seguridad, que son valiosos (aunque sean falsos consuelos, es cierto, a veces se necesitan... "miénteme, Pinocho" como decía el chiste).  La filosofía trae dudas y problemas, pero la duda es la quintaesencia del hombre: "Señor, dame la duda" decía Unamuno.

Juvenal: vitam impendere vero. Dedicar su vida a la verdad.

(Es loable, pero verdades hay muchas como hemos visto. Quizá más loable sea dedicarla a la duda, o a la verdad que se descubre, no a la verdad que se cultiva o que se protege celosamente contra la crítica. Pero no hay tribunales de última instancia de la verdad, ni de lo loable. Lo que yo sé es que siempre me ha parecido un sarcasmo tremendo el lema cristiano de "la verdad os hará libres". Y no, sobre todo, porque no comparta yo esas concretas verdades reveladas—sino porque creo que la verdad no te hace necesariamente más libre. Ni tampoco más feliz—y menos aún, más popular).


Filosofía de la Verdad

Que poco se sabe

Que poco se sabe


candledarkness
Siendo que nunca podemos saber cuándo nos falta información esencial para entender una situación—o la estructura de la realidad—hay que reconocer que poco se sabe, que todo conocimiento es provisional y falible, y que nunca sabemos a ciencia cierta que entendemos algo correctamente.

Que cuando se nos abren los ojos o salimos del error se produce un efecto de verdad luminosa por contraste—pero que eso no garantiza la solidez de nuestras suposiciones en aquellos casos en los que no se produce una iluminación retrospectiva.

De la mayoría de nuestras ilusiones no nos veremos liberados.

Things that Might Have Been
 



Exudación de autorretratos

Exudación de autorretratos





creepy self portraits






En asuntos como éste, se retrata muy bien quién es cada cual–con un realismo casi insoportable.

Inducción a la aquiescencia por disonancia cognitiva
 


Tres tipos de discurso

viernes 19 de noviembre de 2010

Tres tipos de discurso

Todo lo que decimos puede concebirse, potencialmente o muy evidentemente, según el caso, como englobado en un discurso más amplio que lo transciende. Así, las palabras que pronunciamos al encontrarnos con los amigos por la calle, por espontáneas que sean, pueden entenderse como parte del discurso fático que mantiene engrasada esa relación amistosa. Por otra parte, también puede que esas inocuas palabras participen de algún discurso ideológico, político, etc. Por ejemplo, si mi amigo y yo al encontrarnos criticamos a las mujeres, aparte de crear solidaridad entre nosotros, aparte del valor fático que pueda tener esta conversación, también participa nuestra conversación del discurso del machismo, de la misoginia, o de la ideología de género.

Algunos actos de lenguaje pertenecen, formalmente e institucionalmente, a los discursos de alguna disciplina del conocimiento, por el contexto en que tienen lugar, la retórica comunicativa a la que se atienen, etc. Así, un artículo de lingüística es un pequeño acto de habla en el seno de una conversación (diferida) sobre la lingüística—sobre los actos de habla, pongamos, y es parte del discurso de la lingüística como disciplina (y de otros discursos más específicos en el seno de ésta: el discurso de la gramática, de la pragmática, de la teoría generativa, etc.). Apresurémonos a aclarar que no hay más que fronteras borrosas y conceptuales entre todos estos discursos, no casillas excluyentes.

astrea & celadon
Vamos a los tres tipos de discurso anunciados.  Un acto de discurso puede

A) Participar plenamente del ámbito de discurso al que pertenece y se refiere,
B) Tender puentes entre ese ámbito de discurso y otros, o  bien
C) Someter a crítica destructiva el ámbito de discurso al que se refiere (pero al cual, desde luego, ya no pertenece). 

Es lo que podíamos llamar también (A) pertenencia acrítica a un discurso, (B) participación crítica en él, o (C) batalla dialéctica contra un determinado discurso—o crítica demoledora.

Pongamos el ejemplo del discurso religioso. En el catolicismo, el discurso del Papa podría tomarse como ejemplo de discurso tipo A. Sus actos de discurso, hablando pronto y mal, no problematizan la conversación en la que se ubican, el discurso de la Iglesia Católica. De hecho el Papa, aun cuando tiende puentes con otras confesiones y participa de un discurso tipo (B), busca con frecuencia sentar la supremacía del propio discurso—el "ecumenismo" así entendido viene a significar el intentar que las ovejas vuelvan al redil. Es un discurso, pongamos, plenamente institucional. Y se explaya en su plenitud el discurso tipo A cuando se dirige a los miembros de la propia comunidad, a los convencidos—aún más cuando no se está oponiendo a ningún otro discurso. (A no ser por exclusión, pues desde luego toda promoción de un determinado discurso supone un trabajo ideológico de autopromoción y de descrédito de los demás discursos sobre la cuestión de que se trate).

Un discurso tipo B más propiamente dicho es el discurso interdisciplinar de quienes intervienen en el seno de una institución o en una disciplina de conocimiento buscando la integración o el desarrollo de discursos comunes con otras instituciones o disciplinas. La crítica constructiva o dialogante puede tomarse como modelo de este tipo de discurso. Pongamos, en el catolicismo, el discurso de quienes tienen posturas más "aperturistas" o próximas al protestantismo. (De hecho, el mismo catolicismo ha pasado a defender muchas creencias y maneras que antes se tenían como herejías protestantes... sic transit dogma). Como ejemplo en otro ámbito, pongamos el libro de Ricœur De l'interprétation. Aquí tiende Ricœur puentes entre psicoanálisis y hermenéutica—a la vez que propone una oposición parecida a la que aquí discutimos, entre hermenéuticas de la comprensión (las que intentan comprender a un discurso, o aprender algo de él) y hermenéuticas de la sospecha—las que buscan la hegemonía del crítico sobre el texto, considerado éste sospechoso de portar ideología errónea.

Para hermenéutica de la sospecha, y más que de la sospecha, tenemos el discurso tipo C. Antes que dialogar con el discurso ajeno, C busca aniquilarlo, refutarlo, destruirlo, desacreditarlo. Desconstruirlo y exponer sus vicios ideológicos, formales, estéticos, éticos o políticos; sus pecados contra el gusto y contra el pensamiento correcto. Pongamos las reseñas destructivas  como modelo de discurso tipo C—aderezándolas con argumentos ad hominem, si se quiere. El discurso C, en su estado puro, no se dirige a quienes participan del discurso objeto de discurso, excepto en la medida (improbable) en que vayan a aceptar su derrota dialéctica, y unan fuerzas a las huestes de C—dejándose convencer y admitiendo la derrota. C se dirige no a los fieles (como A) ni a las mentes críticas (como B), sino a aliados efectivos o potenciales contra un adversario común, un contradiscurso que hay que refutar, o un enemigo ideológico demasiado pervertido como para intentar convencerlo.

Algunas de estas ideas las desarrollo más por extenso, en relación al discurso crítico, en el artículo "Crítica acrítica, crítica crítica." Que por cierto va a aparecer próximamente en versión postprint, en un volumen colectivo titulado Con/Texts of Persuasion (Kassel: Editions Reichenberger, 2011).

Por supuesto estos tres tipos de discurso son calas ideales en un continuo que va desde el discurso dogmático hasta el discurso confrontacional, pasando por infinitos matices de discurso crítico. Y si bien no es difícil hallar ejemplos de discurso crítico, los dos extremos son, como las cosas puras, imposibles de hallar en la naturaleza. No hay discurso tan dogmático que no sea ecuménico, pues el mero hecho de usar un lenguaje común requiere comunidad de ideas que trasciende los límites del propio discurso. Y no hay discurso tan confrontacional que no participe de una cierta comunidad con aquello que se quiere refutar. Qué tono de gris sea el más adecuado en cada circunstancia, eso ya hay que verlo sobre el terreno.

Por otra parte, la adscripción de una intervención discursiva a uno de los tres tipos (o su posicionamiento exacto en el continuo que va del discurso acrítico al discurso destructor) no es algo que suceda de por sí. La ideología es algo que ascribimos a otros, algo que se ve desde fuera: en diálogo con un interlocutor favorable o comprensivo, analizamos críticamente la ideología criticable de un tercero. Es por tanto siempre un tercero quien identifica el discurso crítico como tal discurso crítico, desde un posicionamiento que a su vez es crítico o no plenamente coincidente con el discurso crítico objeto de análisis.... con lo cual se produce un cierto regressus in infinitum, o una amenaza potencial del mismo. Un peligro de círculo vicioso que, felizmente, no llega muy lejos, porque todos damos un margen a nuestro interlocutor, e imaginamos una cierta comunidad de discurso que nos une. O al menos, rara vez estamos en una posición que permita matizar nuestras diferencias hasta el infinito—e imaginamos comunidades que (si no existentes) son, como las de Benedict Anderson, en buena medida imaginarias... o provisionales, o estratégicas. Y así, hasta las discusiones entre quienes están en desacuerdo suelen terminar con el acuerdo (mínimo) de dejar la discusión para otro día.

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