Michel Onfray sur 'Décadence'
El año pasado se publicó por primera vez El Evangelio de Judas, un importante texto gnóstico que llevaba muchos siglos perdido, y sólo se conocía por la mención que de él hizo Ireneo de Lyon, uno de los padres de la Iglesia. Es un texto interesantísimo para los historiadores de las religiones. Y muy molesto, sin duda, para la Iglesia, tanto hoy como en los tiempos del Imperio Romano. Claro que, qué se iba a esperar del Evangelio de Judas (Iscariote)... nada bueno para el cristianismo.
En la primera escena del Evangelio de Judas, Jesús se ríe de los discípulos cuando los ve rezando y bendiciendo la mesa:
En efecto, el dios en el que creen los discípulos, el dios del Antiguo Testamento, es según los gnósticos un impostor, un dios de segunda, imperfecto, que ha creado un mundo imperfecto como él. El Dios de la Iglesia será su continuación, y los "cristianos" a lo largo de la historia no conocerán al verdadero Maestro. Jesús participa de una realidad superior, "otra estirpe grande y santa", una realidad suprema más allá de esta realidad y de su dios. De entre los discípulos, sólo Judas lo adivina:
En esta teología hay dioses y diosas, principios femeninos y masculinos, alternativos a la teología tan viril del Antiguo y Nuevo Testamento (antes de la llegada de la Virgen María como nueva Diosa Madre). Judas será el único que comprende que Jesús no viene a ofrecerles la teología que esperaban, sino otra más incómoda.
En otra escena, los discípulos ven un Templo con sus sacerdotes haciendo sacrificios infames y pecaminosos mientras se alaban unos a otros, todos invocando el nombre de Jesús. Piden a Jesucristo que les explique esta visión, que les ha dejado preocupados:
Es alarmante para los discípulos saber que esta visión de un Establishment religioso corrompido amalgama en uno tanto el Templo de los fariseos como la nueva iglesia que está en sus comienzos y que va a nacer de las predicaciones cristianas, o más bien cristianistas. El Jesús del Evangelio de Judas no funda ninguna iglesia; a la manera de un iluminado revolucionario, enfatiza en su lugar el destino espiritual individual de cada alma, y su relación directa con la divinidad: "Dejad de luchar contra mí", les dice: "Cada uno de vosotros tiene su propia estrella". Recuerdan los editores el paralelismo aquí con la doctrina platónica del Timeo, que parece haber influido mucho a los gnósticos (en combinación con antiguos mitos de creación de Oriente Medio, en los que tienen un papel preponderante los principios femeninos además de los masculinos). La teología de este Evangelio, en suma, poco tiene que ver con la familiar teología cristiana. Muchas almas no son inmortales, hay toda una jerarquía de dioses y no es el mejor el que nos ha tocado; el Infierno brilla por su ausencia, y la Salvación es algo más impersonal y abstracto y menos ligado a una moral pública y una actitud ortodoxa.
Sólo Judas escucha realmente a Jesús, porque ha tenido una visión en la que los doce discípulos lo lapidaban y acosaban. También le pide una explicación:
Acto seguido, pasa a exponerle "secretos que nadie ha visto", y le narra la historia de la Creación y del origen de los dioses inferiores que han dado lugar a este mundo. También narra el fin de este mundo y sus creencias, y la muerte de todas las almas menos las que, según las creencias gnósticas, están destinadas a ser admitidas a la "gran estirpe" (un cielo más exclusivo, menos democrático por tanto que el de los evangelios canónicos). Judas, como Jesús, es uno de ellos, pues es el único discípulo digno de recibir esta revelación. También es el elegido para entregar a Jesús a la muerte, una muerte que no es sino el cumplimiento de su misión en este mundo. También Judas acepta así cumplir su misión, aunque ésta acarrea necesariamente la infamia, en lugar del aplauso, a los ojos de quienes comprenden imperfectamente. Así le dice Jesús en la penúltima escena:
El Evangelio de Judas termina en un tono un tanto offbeat con la escena de la "traición". Los sacerdotes buscan cómo arrestar a Jesús sin despertar la ira del pueblo. Judas les dirá cómo hacerlo.
This cartoon is a favorite of the anti-Trump side of reality, being ostensibly based on a witty paradox and an open-minded, alternative and anti-authoritarian multicultural perspective, in opposition to The Donald's discourse:
I love a paradox myself—all the more so if it's a paradox inside a paradox.
Simply note that in this cartoon the American Indian's notion of 'illegal immigrant' is a Nazi one—based on racial ancestry and ethnic grouping, regardless of whether you are born in the country or not, and making all citizens illegal except for those with the 'right' ethnicity.
On the other hand, Trump's notion, which the cartoon presents as Nazi, fascist, xenophobic, etc., is, paradoxically enough, the standard Western and democratic one, based on citizenship and the rule of law, regardless of ancestry or ethnic profiling.
So it goes, in the Left of the world. Remember that Hitler and Mussolini also began as socialists, and provocateurs against the rule of law. But the use of sentimental nativism and ethnic ancestry as the ultimate criterion is more characteristically Hitler's.
And so demagogy (and racism, and Nazism) lurk and grow where perhaps you least expected them—even in your politically correct smile.
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And, likewise:
I know Donald Trump's hairdo has been criticised, perhaps with some reason. But, seriously, choose one. Now.
Bien es sabido que Pablemos tiene a Lenin como ídolo y role model, lo ha dicho él mismo en diversas ocasiones. Ahora, quizá por hacerle la pelota al Gran Líder, sale un podemita pijo de estos de Madrid celebrando la Revolución de Octubre —celebrando "su belleza." Y puntualiza, ante las críticas al totalitarismo, que "en la Revolución de Octubre hubo cinco muertos. Cinco."
Aquí la serie de zascas despiadados que le da Jiménez Losantos, al siniestro mentecato éste, en todas las muelas.
Sánchez Mato, se llama el individuo éste. Le pagamos un sueldo entre todos. Y está administrando las cuentas de Madrid—un individuo con esta ideología, y con esta contabilidad.