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Vanity Fea

Literatura y crítica

Un pájaro en la noche y la destrucción de los altares

martes 19 de octubre de 2010

Un pájaro en la noche y la destrucción de los altares


Este capítulo del libro segundo de la Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum, de Beda el Venerable (siglo VIII) narra de modo memorable la conversión al cristianismo del rey Edwin de Northumbria.

CHAPTER XIII


OF THE COUNCIL HE HELD WITH HIS CHIEF MEN ABOUT EMBRACING THE FAITH OF CHRIST, AND HOW THE HIGH PRIEST PROFANED HIS OWN ALTARS. [A.D. 627.]

THE king, hearing these words, answered, that he was both willing and bound to receive the faith which he taught; but that he would confer about it with his principal friends and counsellers, to the end that if they also were of his opinion, they might all together be cleansed in Christ the Fountain of Life. Paulinus consenting, the king did as he said; for, holding a council with the wise men, he asked of every one in particular what he thought of the new doctrine, and the new worship that was preached? To which the chief of his own priests, Coifi, immediately answered, "O king, consider what this is which is now preached to us; for I verily declare to you, that the religion which we have hitherto professed has, as far as I can learn, no virtue in it. For none of your people has applied himself more diligently to the worship of our gods than I; and yet there are many who receive greater favours from you, and are more preferred than I, and are more prosperous in all their undertakings. Now if the gods were good for any thing, they would rather forward me, who have been more careful to serve them. It remains, therefore, that if upon examination you find those new doctrines, which are now preached to us, better and more efficacious, we immediately receive them without any delay."
blizzard

Another of the king's chief men, approving of his words and exhortations, presently added: "The present life of man, O king, seems to me, in comparison of that time which is unknown to us, like to the swift flight of a sparrow through the room wherein you sit at supper in winter, with your commanders and ministers, and a good fire in the midst, whilst the storms of rain and snow prevail abroad; the sparrow, I say, flying in at one door, and immediately out at another, whilst he is within, is safe from the wintry storm; but after a short space of fair weather, he immediately vanishes out of your sight, into the dark winter from which he had emerged. So this life of man appears for a short space, but of what went before, or what is to follow, we are utterly ignorant. If, therefore, this new doctrine contains something more certain, it seems justly to deserve to be followed." The other elders and king's councillors, by Divine inspiration, spoke to the same effect.

But Coifi added, that he wished more attentively to bear Paulinus discourse concerning the God whom he preached; which he having by the king's command performed, Coifi, hearing his words, cried out, "I have long since been sensible that there was nothing in that which we worshipped; because the more diligently I sought after truth in that worship, the less I found it. But now I freely confess, that such truth evidently appears in this preaching as can confer on us the gifts of life, of salvation, and of eternal happiness. For which reason I advise, O king, that we instantly abjure and set fire to those temples and altars which we have consecrated without reaping any benefit from them." In short, the king publicly gave his licence to Paulinus to preach the Gospel, and renouncing idolatry, declared that he received the faith of Christ: and then he inquired of the high priest who should first profane the altars and temples of their idols, with the enclosures that were about them, he answered, "I; for who can more properly than myself destroy those things which I worshipped through ignorance, for an example to all others, through the wisdom which has been given me by the true God?" Then immediately, in contempt of his former superstitions, he desired the king to furnish him with arms and a stallion; and mounting the same, he set out to destroy the idols; for it was not lawful before for the high priest either to carry arms, or to ride on any but a mare. Having, therefore, girt a sword about him, with a spear in his hand, he mounted the king's stallion and proceeded to the idols. The multitude, beholding it, concluded he was distracted; but he lost no time, for as soon as he drew near the temple he profaned the same, casting into it the spear which he held; and rejoicing in the knowledge of the worship of the true God, he commanded his companions to destroy the temple, with all its enclosures, by fire. This place where the idols were is still shown, not far from York, to the eastward, beyond the river Derwent, and is now called Godmundinghan, where the high priest, by the inspiration of the true God, profaned and destroyed the altars which he had himself consecrated.


Upon This Bank and Shoal of Time


The Stand

domingo 17 de octubre de 2010

The Stand

No leía yo mucho Stephen King, pero poco que leas es mucho (se podría decir que demasiado). Tras empaparme hace un tiempo The Tommyknockers, acabo de leerme The Stand, ambas dos por encima de las mil páginas. Tengo esperando Duma Key, objeto hace poco del comentario despectivo de Norman Holland en su blog; y no sé si me animaré con su última, la de la ciudad aislada por una cúpula, visto que ya aparecía parodiada por anticipado en la película de los Simpson.

No me disgusta del todo Stephen King, no. Es un narrador muy eficaz sobre todo a la hora de presentar personajes solitarios embarcados en su propia actividad y tren de pensamientos. También me gusta su representación de la realidad cotidiana americana, los retratos de gente y de lenguaje, las alteraciones súbitas del paisaje ordinario del consumismo—el desastre o lo monstruoso irrumpiendo en la normalidad, en el mundo de hábitos televisivos y marcas y consumo irreflexivo. Es auténtica literatura popular, como los comics de Spiderman, o como Deepak Chopra, y hay en él un poco de todo, como en botica.

The Stand es la historia de una pandemia de gripe, que a modo de Peste apocalíptica extermina a casi toda la población del planeta. La novela sigue las aventuras de unos pocos de los supervivientes, desperdigados por los Estados Unidos, buscándose unos a otros, juntándose en grupos y formando la raíz de una nueva comunidad que perpetúe lo mejor de los valores y la civilización americana.
the stand
Se sitúa así en la tradición de la narración post-apocalíptica, o de desastres universales y destrucción seguida de un renacer. El modelo de este tipo de relatos es la historia de Noé en el Génesis: la tradición bíblica está muy presente en estas historias, y muy en concreto en The Stand. Hay otra tradición emparentada, en la línea de catástrofes universales, como son las novelas de extinción de la especie, como The Last Man de Mary Shelley. Pero de hecho este género tiene pocas obras; incluso en relatos post-apocalípticos de pesimismo acentuado como The Road, de Cormac McCarthy, hay un final esperanzador. Con lo cual la catástrofe resulta ser unas veces castigo divino, o purificación por los errores de la civilización, en la mejor tradición bíblica. En todo caso, es un nuevo comienzo lo que encontramos al final, no un final completo y absoluto, al cual la mente humana parece resistirse. Tenemos un atisbo de eso en La máquina del tiempo de H.G. Wells; pero ni siquiera la novela de El último hombre de Mary Shelley representa directamente la muerte absoluta de la humanidad. ¿Quizá sería un rasgo de misantropía el narrar eso?

The Stand, en cualquier caso, se sitúa de lleno en esta tradición. Más en concreto, en la tradición de novelas de epidemia inaugurada por La peste escarlata de Jack London. Hay, claro está, muchas otras novelas de epidemia, desde el Journal of the Plague Year de Defoe, hasta La Peste de Camus o Ensayo sobre la ceguera de Saramago. Pero la peste de Jack London es apocalíptica: termina con la civilización occidental, y supone una reversión de la cultura humana a épocas primitivas. Hay otros post-apocalipsis, los nucleares, que plantean la cuestión en términos similares. A la rotura de los lazos sociales que produce toda catástrofe universal, guerra o plaga, las novelas de las pandemias añaden la desconfianza entre las personas que supone el temor al contagio. Este rasgo no está muy acentuado en The Stand, por cierto: la pandemia de gripe mutante se extiende tan rápido que la gente está más bien desinformada y sucumben casi todos simultáneamente, sin que el novelista enfatice mucho escenas de expulsión de enfermos, abandonos, o cuarentenas. La primera parte de la novela presenta a los principales protagonistas, junto con otros personajes que mueren; en un argumento de muchos hilos que al principio se hace difícil de seguir por el gran número de personajes. La novela va adquiriendo una forma más convergente y unificada a medida que los supervivientes dispersos se van juntando; esto es un principio estructural que define en gran medida su forma.

Otro principio argumental clave es, por supuesto, el maniqueísmo de la trama: los buenos se reúnen al este de las Montañas Rocosas, en última instancia en Boulder, Colorado, tras un periplo por muchos estados americanos, alrededor de la figura de una abuela negra centenaria, Mother Abagail. Los malos se agrupan en torno a una encarnacion del demonio llamada Randall Flagg—en Las Vegas. Cada una de las dos comunidades intenta reconstruir la civilización a su manera: pero la Zona Libre de Boulder retoma los ideales de la constitución norteamericana, mientras que los seguidores de Flagg están sometidos a una dictadura satánica que los esclaviza bajo un líder al modo hitleriano o napoleónico. 

Este es sin duda el aspecto más simplista y "pop" de la novela, el que le hace combinar una descripción realista de los efectos de una pandemia universal en USA —ingrediente importante de la novela—con una cosa muy distinta, una Batalla de Armageddón entre las fuerzas del Bien y del Mal, al modo de El Señor de los Anillos, obra que inspiró a Stephen King, y que algunos personajes de The Stand conocen por cierto. La Madre Abagail es humana, pero ha sido elegida por Dios para transmitir sus mensajes y reunir en torno a ella a los fieles; Flagg por su parte no es humano, sino una encarnación del mal que asume forma humana. Ambos tienen poderes visionarios sobrenaturales, y se encargan de transmitir a sus respectivas comunidades la naturaleza de su lucha, de modo que a través de sueños compartidos, visiones, rumores, intuiciones, etc., todos son conscientes de la lucha en la que se hallan embarcados. Los mensajes paranormales y avisos del más allá son parte necesaria del paisaje de Stephen King. Hay que señalar que no es que los personajes crean que hay un enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal, sino que el propio novelista (me refiero al autor implícito) es quien comparte esta visión mítica con ellos, y organiza así el mundo de la novela como un espacio donde las máquinas de Coca Cola y los coches automáticos se mueven por un paisaje ordenado por líneas de fuerza generadas por un pensamiento espiritualista, precientífíco—parece ser que es el paisaje real de la América profunda, este país de creyentes, un paisaje surreal en extremo para quienes hemos dejado atrás estas mitologías orientales. Sí, Stephen King hace terror con las raíces emocionales del pensamiento mítico, pero su éxito se debe a que esas raíces están muy vivas en el registro emocional de las personas, y más en América.

Esto no es literatura seria, claro, y le pone un nivelillo bajo de tope al análisis que hace Stephen King de los asuntos humanos. Ni siquiera los cristianos más irredentos, como el Papa, admitirían que Dios y el diablo intervienen de este modo en los asuntos humanos. Aunque el novelista busca guardar las distancias, mostrar indirectamente el plan divino de la lucha del Bien y del Mal, toda distancia es poca, y novelas como esta son un curioso resto de la mente mítica, invadida por terrores sobrenaturales, que todavía parece ser organiza muchos cerebros en el Occidente norteamericano. Un mundo diseñado y organizado por la lucha entre el Bien y el Mal a través de los asuntos humanos. Es el Pilgrim's Progress de Bunyan, o el Paraíso Perdido, cruzado como digo con una indigestión de consumismo pop. 

Porque uno de los rasgos más peculiares de The Stand es la pervivencia de los objetos, la sobreabundancia repentina de bienes de consumo inundando las calles y las ciudades, todos aún sin decaer y sin haber llegado a su fecha de caducidad; todos a disposición de los supervivientes. En cierto modo es una alegoría de la muerte por sobreproducción: nada tan característico como coches excelentes, con sus muertos dentro, y sus bolsas de patatas fritas o de comidas preparadas a disposición de los pocos supervivientes. También eligen estos las mejores casas, sin electricidad por desgracia de momento, aunque pronto reparan los generadores. Otro aspecto naíf profundo de esta novela es cómo parece desprenderse de ella que el novelista prepara (tras la victoria final) un renacer de los Estados Unidos en versión reducida, en forma de pequeña comunidad llevable y democrática, donde América va a arrancar de nuevo apenas interrumpida en sus costumbres. No parece consciente, ni el autor ni los personajes, de la manera en que el american way of life depende de todo un mundo globalizado y de una red económica amplia y compleja, que jamás podría ser replicada a escala menor en una pequeña comunidad.

Más realista es en este sentido La Peste Escarlata, de London, en el que en el espacio de dos generaciones se ha interrumpido la historia civilizada, y el mundo ha vuelto a un estado tribal prehistórico. Lo mismo sucede en el final memorable de Earth Abides, de George R. Stewart. Es una excelente novela dentro de esta tradición, muy diferente a la de King. Para empezar, no hay fuerzas divinas ni satánicas organizando los asuntos humanos, sino que estos dependen (como de hecho sucede según nuestras noticias) de sus propias fuerzas, de las fuerzas naturales de su entorno, y de las opciones que toman. En Earth Abides se reconstruye una pequeña comunidad americana en un origen, y se vive (como en The Stand) de las rentas de la vieja civilización moderna—pero los coches van envejeciendo, los bienes se van deteriorando, y la pequeña comunidad americana va transformándose en una tribu de salvajes que al final veneran al anciano, al último superviviente del viejo mundo, como a un dios viviente, o quizá más bien como a un fetiche.

En The Stand se nos promete, como en The Scarlet Plague, una vuelta al ciclo de los asuntos humanos. Flagg ha muerto en la explosión nuclear que destruye la comunidad de Las Vegas, pero se reencarna en el último capítulo y va buscando nuevos acólitos en una tribu de negros ignorantes. Por cierto, aparte de la negra Mother Abagail (los negros tienen en el imaginario popular americano un contacto especialmente directo con la autenticidad y con la palabra de Dios) no parece haber otros negros en la comunidad de la Zona Libre de Boulder, parece una América idealmente blanca, tras la muerte de su profetisa.

Las causas del desastre encierran una lección, naturalmente, en toda novela de ciencia ficción (pues también de esto, aparte de la fantasía, tiene su dosis The Stand). En Earth Abides, la plaga era de origen misterioso, una especie de accidente natural. En The Scarlet Plague, está asociada a la superpoblación, fruto del desarrollo productivo, que causa el hacinamiento de la población en ciudades y la aparición de gérmenes nuevos de modo incontrolable (una teoría que tiene tanto de premonición científica como de ciencia-ficción, por cierto). En The Stand, el origen de la epidemia es un arma bacteriológica descontrolada—pero todo va mezclado con la acción de las fuerzas del Mal, que se manifiestan en los tiranos, en los intelectuales ególatras como Harold Lauder, y en los lobos y comadrejas. La novela tiene su lado de denuncia frente al militarismo criminal, pero (como suele suceder con los productos del pensamiento pop) lleva una empanada mental no resuelta con los fines y medios y criterios de las Fuerzas del Bien— en un momento una de las protagonistas, Frannie Goldsmith, casi lo pone de manifiesto al denunciar al dios de la Madre Abigail como un sanguinario matarife que ha exterminado sin pensárselo bien a la especie humana. Y es que la teología de The Stand es tan nebulosa a este respecto, sobre los poderes e intenciones de Dios, como cualquier otra teología que vea espíritus interviniendo en asuntos humanos. Otro aspecto de la empanada emocional del autor con estas cuestiones es el papel de la Bomba Atómica, ciertamente un producto del militarismo demente, pero que aquí hace el papel de la Mano de Dios, tal cual, al encargarse el Todopoderoso de que uno de los secuaces de Flagg, enloquecido por amor al fuego o confundido, la haga detonar en medio de la fiesta del Malvado.

Una pequeña expedición con la mayoría de los protagonistas (el ex-cantante pop Larry Underwood, el sociólogo Glen Bateman, etc.) había viajado a Las Vegas por inspiración divina para acabar con el Malo— no se sabe para qué, puesto que el esbirro pirómano que hace detonar la bomba, Trashcan Man, la hubiera hecho detonar igualmente sin la intervención de este grupito para nada. En la deflagración se consumen, observa el narrador, buenos y malos por igual (y sin mucha coherencia teológica que digamos, pero es éste un dios y un Autor al que no hay que pedir muchas cuentas). En fin, el Amor a la Bomba, satirizado tan bien por Kubrick en Doctor Strangelove, aquí aparece en estado casi puro, como en esas películas de los 50 (The Day the Earth Stood Still es un buen ejemplo) en el que la Bomba aparece encarnada a la vez como el peligro y como la Solución. Hay también en The Stand alguna frase al efecto de que la Peste Universal ha sido una buena limpia... no se perdió mucho, comenta el narrador. Un pensamiento digamos que poco humanista; extraño este narrador, capaz de prestar tanta atención a la humanidad vulgar y sus banales acciones, y a la vez despreciarlos tan olímpicamente. También en eso se parece a su dios.

Sobrevive inesperadamente, de los miembros de la expedición, el más cercano al papel del protagonista de la novela, Stuart Redman, varón americano modelo, sencillo y directo, la pareja de Frannie Goldsmith (aunque no el padre del hijo que ésta da a luz). Stuart y Frannie también serán de los primeros que dejen la comunidad de Boulder para convertirse en pioneros que colonicen de nuevo la costa Este. De lo que haya sucedido en otras partes del mundo no se sabe mucho, ni tampoco parece preocupar como cuestión relevante, también en eso la novela ésta es extraordinariamente norteamericana. En fin, muy recomendable The Stand como literatura de la América profunda. Y de la superficial.

Soy leyenda
 

Trouthe

viernes 15 de octubre de 2010


Trouthe

Un poema de Geoffrey Chaucer, "Truth":

Flee fro the prees, and dwelle with sothfastnesse,
Suffice thee thy good, tho hit be smal;
For hord hath hate, and climbing tickelnesse,
Prees hath envye, and wele blent overal;
Savour no more than thee bihove shal;
Werk wel thy-self, that other folk canst rede;
And trouthe thee shal delivere, hit is no drede.

Tempest thee noght al croked to redresse,
In trust of hir that turneth as a bal:
Gret reste stant in litel besinesse;
And eek bewar to sporne ageyn an al;
Stryve noght, as doth the crokke with the wal.
Daunte thy-self, that dauntest otheres dede;
And trouthe thee shal delivere, hit is no drede.

That thee is sent, receyve in buxumnesse,
The wrastling for this worlde axeth a fal.
Her nis non hoom, her nis but wildernesse:
Forth, pilgrim, forth! Forth, beste, out of thy stal!
Know thy contree, lok up, thank God of al;
Hold the hye way, and lat thy gost thee lede:
And trouthe thee shal delivere, hit is no drede.

ENVOY

Therefore, thou vache, leve thyn old wrecchednesse
Unto the worlde; leve now to be thral;
Crye him mercy, that of his hy goodnesse
Made thee of nought, and in especial
Draw unto him, and pray in general
For thee, and eek for other, hevenlich mede;
And trouthe thee shal delivere, hit is no drede.


Un ideal a la vez de independencia personal, de autoconocimiento y equilibrio, y de humildad cristiana. Chaucer nos anima a salir al camino con confianza y prudencia, y a ir más allá de nuestro pequeño mundo. Cierto que a él le tocó ir más lejos de Canterbury en sus peregrinaciones. Otra verdad algo distinta sobre el poeta nos la cuenta él mismo, en su poema "The House of Fame", en un pasaje en el que un águila lo coge en sus garras y lo eleva por los aires. Se pregunta Chaucer si es acaso que Júpiter lo va a hacer copero suyo, o si lo va a convertir en una estrella...  Así le contesta el águila:

'Thou demest of thy-self amis;
For Ioves is not ther-aboute—
I dar wel putte thee out of doute—
To make of thee as yet a sterre (...)
Ioves halt hit greet humblesse
And vertu eek, that thou wolt make
A-night ful ofte thyn heed to ake,
In thy studie so thou wrytest (...)
But of thy verray neyghebores,
That dwellen almost at thy dores,
Thou herest neither that ne this;
For whan thy labour doon al is,
And hast y-maad thy rekeninges,
In stede of reste and newe thinges,
Thou goost hoom to thy hous anoon;
And, also domb as any stoon,
Thou sittest at another boke,
Til fully daswed is thy loke,
And livest thus as an hermyte,
Although thyn abstinence is lyte.


El poema de la semana: To Hear with Eyes 
 

Versos sueltos y poesías líricas

jueves 14 de octubre de 2010


Versos sueltos y poesías líricas


Mi madre siempre ha sido aficionada a escribir versos, muy ocasionalmente, eso sí. Me acaba de pasar una colección de liras, su estrofa favorita, la que le sale sola podríamos decir. Ya me gustaría poner aquí esas liras, de no ser porque a mi madre no le apetece nada pasar a ser poetisa publicada. Pero, para muestra un botón, me deja poner un ejemplo que no es poesía lírica, sino más bien self-begetting reflexive poetry. Esta poesía la debió escribir hacia 1948, pero con su memoria prodigiosa aún se acuerda. Así presenta ella el "Empeño vano":

Mi primera poesía fue la que escribí cuando estudiaba 2º de bachillerato, como ejercicio de “ Preceptiva literaria” que me ordenó mi profesor de entonces , un fraile capuchino llamado por todos Padre Lorenzo y quien , muchos años más tarde, ya casada y maestra en Biescas, vino a hacerme una visita:
 
 

EMPEÑO VANO

Ayer, cuando ya me iba
De clase de preceptiva
Me dijo el Padre Lorenzo
“Mª Dolores: un verso”
“¿Un verso?”dije extrañada
¡Padre, si yo no sé nada!
¿Cómo no vas a saber?
¡Si eso es muy fácil, mujer!
Mas el Padre se equivoca
Pues me he vuelto medio loca
Discurriendo a ver si hallaba
Lo que desde ayer buscaba.
Lo dejo por imposible.
No se me ha ocurrido nada
Debe ser imprescindible
Ser poco menos que  un hada.


(¡Me parece que por fin le puso buena nota el Padre Lorenzo!)

Años góticos

Long hammering at single thoughts

martes 12 de octubre de 2010

Long hammering at single thoughts


Leía en On the Human un ensayo de Gillian Beer sobre Darwin, en concreto sobre su idea de la diferencia sexual y ciertas interferencias victorianas en su pensamiento a la hora de teorizar sobre las capacidades relativas de hombres y mujeres. Es el "Darwin tardío" de The Descent of Man el que se discute aquí, y como observan algunos comentadores tiene un cierto tono de Darwin autobiográfico. De hecho estas conexiones entre la teoría y su contexto cultural, humano, intelectual, histórico y personal son lo que hace tan interesantes los ensayos de Gillian Beer, que como señalan en los comentarios no son en absoluto ejemplos de "constructivismo vulgar".

Me ha llamado la atención un detalle comentado por Beer. Darwin entra en polémica con John Stuart Mill, el defensor de los derechos de las mujeres, en un punto en el que Mill defiende las capacidades intelectuales de las mujeres frente a la supuesta superioridad intelectual de los hombres. Este es el fragmento del ensayo de Beer:

This equalising between the human and other animals is the argumentative gesture that recurs throughout the discussion, and is in line with all that Darwin has written earlier. It comes as a surprise only because it is here focussed specifically on human beings in a transhistorical and generalising manner, whereas the other crucial aspect of his argument until now has been the emphasis on variability. He acknowledges that ‘some writers doubt whether there is any such inherent difference’ between the human sexes. He has in mind John Stuart Mill, as becomes evident on the next page where he joins in open dispute with Mill. In the text Darwin writes:
 
    Now, when two men are put into competition, or a man with a woman, both possessed of every mental quality in equal perfection, save that one has higher energy, perseverance, and courage, the latter will generally become more eminent in every pursuit, and will gain the ascendancy.

The footnote runs:

    J. Stuart Mill remarks ( ‘The subjection of Women’, 1869, p.122), ‘The things in which man most excels woman are those which require most plodding, and long hammering at single thoughts.’ What is this but energy and perseverance? (630)

The tone of exasperation as the qualities slide downhill in Mill’s description from energy and perseverance to plodding and one-track mind sounds as if Darwin has felt Mill’s comments as a personal affront. He has earlier, with a certain ethical self-abnegation spoken of competition, ambition, and selfishness as the ‘natural and unfortunate birthright’ of men. (629) Here, ‘natural’ seems a cover-word for social. Darwin is struggling, and the effect is to make him much more emphatic than is his wont.

El trasfondo autobiográfico es casi divertido, o molesto, a veces. Podemos imaginar a Darwin en su estudio, reflexionando sobre la superioridad de las capacidades masculinas, embarcado en su obra, mientras su esposa se ocupa de las labores del hogar, de tener la casa y a los niños en orden, y va proporcionando al sabio, sin enterarse ella, un ejemplo de la diferencia entre las labores y atenciones intrascendentes de las mujeres y la inteligencia original y creativa de los hombres. Una escena a superponer a esa célebre anotación de los diarios de Darwin en la que sopesa las ventajas y desventajas del matrimonio.

Observa Beer que la reacción de Darwin en su nota ante la observación de Mill es una de "afrenta personal". Y no es por casualidad. Creo que Darwin es muy consciente en este momento de la importancia que ha tenido para su pensamiento, y para la biología, el hecho de que él haya sido capaz de concentrarse obsesivamente en un único pensamiento, en concreto el de los procesos de la selección natural. Lo que algunos considerarían en él un rasgo de limitación intelectual, de una mentalidad de un solo carril, este continuo centrarse en una cuestión durante años y años, es para Darwin, y con el tiempo se ha hecho más consciente de ello, una señal de energía y perseverancia. Aquí Darwin presenta (casi) su logro intelectual como el producto de la diferencia sexual—producto de la diferencia de atención, de abstracción o de intensidad de concentración que son capaces de dar a una cuestión las mentes masculinas frente a las femeninas. Todo esto, claro, sin ser plenamente consciente Darwin de los condicionantes sociohistóricos de esas modalidades sexuadas de pensamiento.
persuasion

"Single thoughts", por otra parte, eran los pensamientos que tenía Darwin sobre lo que podía haber sido su carrera intelectual de haber seguido soltero, single. Temía que el matrimonio y sus condicionantes sociales dañasen su capacidad de concentración y de dedicación a la ciencia. De ahí quizá que se tomase de modo personal la expresión de Stuart Mill, "long hammering at single thoughts".

Uno de los comentadores se pregunta cómo no supo integrar Darwin en su teoría de la selección natural y selección sexual los aspectos de la inteligencia social propiamente humana, ejemplificada en las novelas de Jane Austen. El darwinismo se quedó lejos de poder teorizar el comportamiento cultural, ciertamente.

Ayer veía la película de Persuasion (la excelente adaptación de Adrian Shergold). Es Persuasion una novela casi arquetípica dentro de la tradición inglesa. Podríamos definirla como la búsqueda de una autenticidad personal en un mundo lleno de falsos ideales sociales. La autenticidad personal no está al margen de los ideales sociales, pero sí ha de definirse en el seno de esos ideales, en un proceso de maduración que lleva a distinguir la auténticamente buena compañía y sociedad de lo que pasa por ser buena compañía o buena sociedad. Anne Elliot, la protagonista casi solterona de Persuasion, rechazó al capitán Wentworth ocho años atrás, influida por los consejos desacertados de su familia. Y ahora vuelve a encontrarse con él, cuando las fortunas de él han prosperado. Ella ha madurado, ha meditado largamente sobre lo desacertado de aquella elección. Aquí también hay un long hammering at single thoughts, y se pregunta Anne por qué sus elecciones la han llevado a quedarse soltera. En este segundo encuentro Anne tiene la ocasión de enmendar su error—cosa que sucede tras unos cuantos malentendidos.  Podríamos decir que en una primera fase, Anne había desarrollado un instinto social acorde con su entorno, pero equivocado en su conjunto—el tipo de instinto social que lleva a la aristocracia inglesa a la irrelevancia social y a la extinción, encerrándola en sí misma. Su segundo aprendizaje consiste en aprender que la buena sociedad tiene que integrarse con la buena vida—que los asfixiantes ideales sociales de su familia no son ni sanos, ni cuerdos, ni deseables. El premio que se lleva la heroína no es sólo el eminentemente elegible marido, sino también la propiedad familiar que todos codiciaban pero que eran incapaces de mantener precisamente por un tren de vida social insostenible e irreal.

Una lectura sociobiológica de Jane Austen (que no habría que separar de una lectura sociológica) nos llevaría pues a relacionar ideales de autenticidad personal y comportamiento del individuo en sociedad, con los ideales de viabilidad de una cierta aristocracia que está integrada en la vida productiva de un país y su lugar en el mundo—allí nos encontramos con el capitán Wentworth y  su cuñado el almirante, que ejemplifican el imperio británico y la potencia naval, comercial, imperialista y militar de Inglaterra. Para Jane Austen está claro que las mujeres también hacen imperio—de un modo supeditado al de los hombres, eso sí. En Persuasion, el logro intelectual y moral de Anne es ser capaz de poner su inteligencia social al nivel que ya tenía el capitán Wentworth cuando ella lo rechazó. La palabra persuasión se asocia primero a la falsa persuasión de su familia, persuasión externa—luego a la persuasión interna, la auténtica, la persuasión que imponen las propias circunstancias y la naturaleza de las personas y las cosas, conforme el tiempo nos va abriendo los ojos.

La joven Jane Austen

Hacia el Ordenador Renacentista

miércoles 15 de septiembre de 2010

Hacia el Ordenador Renacentista


Hacia el Ordenador Renacentistacalculus ratiocinator

 Reseño aquí el artículo "Towards the Renaissance Computer", de Jonathan Sawday, publicado en The Renaissance Computer: Knowledge Technology in the First Age of Print (ed. Neil Rhodes y Jonathan Sawday, 2000). Según su propio resumen, 

"El ordenador moderno tiene una historia que se puede rastrear al menos hasta el siglo diecisiete, a los primeros intentos de conceptualizar el pensamiento a través de un proceso matemático. El ensayo de Jonathan Sawday nos muestra cuántos de los problemas asociados a la explosión informática de finales del siglo XX fueron anticipados de muchas maneras en la explosión similar que siguió a la 'revolución' de Gutenberg de mediados del siglo XV. Trabajando tanto hacia adelante, hacia Neuromante, la novela cyberpunk futurista de William Gibson) y hacia atrás por vía de Milton, Descartes, Hobbes, Leibniz, Donne, Browne, y Spenser, nos muestra cómo algunos de los términos lingüísticos clave que hemos comenzado a asociar con la cultura de los ordenadores (términos como red, matriz, web) tienen su momento fundador en la escritura de la modernidad temprana.

La máquina de razonar. Yendo más atrás, claro, la historia del ordenador se mezcla con la historia del cálculo y la medición—con la de los relojes, por ejemplo. El Adán de Milton es perversamente moderno al querer comprender la estructura de los cielos y calcular sus revoluciones. (Aquí aprovecho para recordar el satánico símbolo que figura en los ordenadores Apple, la manzana mordida... que no creo que sea la de Blancanieves, aunque quién sabe).

La calculadora de Pascal (1642), primer antecedente del ordenador, es coetánea de la redefinición cognitiva de Descartes, identificando al ser humano con "una cosa que piensa" (1641), definición racionalista. Y en De Corpore (1656) Hobbes va más allá, especificando que "By RATIOCINATION I mean computation". Está el terreno abonado para considerar a la mente una máquina de calcular, y también para la sátira de esta idea en un poema de Rochester (1674):

Hudled in dirt, the reas'ning Engine lyes
Who was so proud, so witty, and so wise.


En 1673, Leibniz había presentado una máquina de calcular, el calculus ratiocinator, ante la Royal Society; estaba basada en la de Pascal: pero apuntó Leibniz también que eventualmente "todas las verdades de la razón podrían reducirse a un tipo de cálculo". Es una idea insistente en la modernidad: el pensamiento como computación (y viceversa).

The Matrix
 
Así se inventa el término "ciberespacio" y se describe éste en Neuromante de William Gibson:

"Cyberspace. A consensual hallucination experienced by billions of legitimate operators, in every nation, by children being taught mathematical concepts. . . . A graphic representation of data abstracted from the banks of every computer in the human system. Unthinkable complexity. Lines of light ranged in the nonspace of the mind, clusters and costellations of data. Like city lights, receding . . . "


Para Sawday, "Reconocible también en la descripción de Gibson de la 'matrix' es la cualidad alucinatoria que tiene el surfear por la red— el sentido en el que el tiempo real se ha disuelto en un presente atemporal. La distancia, también, ha encogido" (32)

Aun en su estado todavía incipiente, la Red promete para Sawday "un sueño de conexión instantánea, infinita, entre personalidades en red cambiantes y transitorias" (32), una "fantasía de huída del cuerpo a una dimensión superior de la comunicación" (33) (Sobre lo ilusorio de estos sueños escribió Mark Dery, por cierto, un capítulo de Escape Velocity) —este sueño de una comunicación trascendental y espiritualizada es algo que también encontramos en la poesía renacentista y sus aspiraciones platónicas y de transcendencia. En Donne, por ejemplo, encontramos esto que yo relacionaría con otros apocalipsis de la comunicación total:printing press

            But up into the watch-towre get,
And see all things despoyl'd of fallacies:
Thou shalt not peepe though lattices of eyes,
Nor heare through Labyrinths of eares, nor learne
By circuit, or collections to discerne.
In heaven thou straight know'st all, concerning it,
And what concernes it not, shalt straight forget.
Thre thou (but in no other schoole) maist bee,
perchance, as learned, and as full as shee,
Shee who all libraries had thoroughly read
At home in her owne thoughts, and practisd
So much good as would make as many moore.


Este sueño de comunicación y conocimiento superior lo relaciona Sawday con la explosión de conocimiento generado por la imprenta y el Renacimiento; como en Gibson es un sueño de trascendencia a una dimensión superior del intelecto desmaterializado. Y, sobre la "matrix", "En la imprenta, una vez se hubo efectuado la transferencia a tipos móviles o redistribuibles (al contrario de la impresión xilográfica), la 'matriz' era la hoja de metal blando en la cual se grababan o imprimían las letras" (34) y era así el generador de las múltiples copias subsiguientes. El témino "fuente" también sobrevive en informática.

La red maravillosa

("Los que tejen redes serán confundidos" - Isaías, XIX.9): Aracne, la araña, también renacentista, también en Neuromancer, y también por la web hoy en día. La araña es animal emblemático, traicionero y resentido, lleno de veneno. Pero la red aparece asociada en Donne a la captura del conocimiento, y para Browne en The Garden of Cyrus la estructura reticular es una especie de idea platónica que ser repite en diversos ámbitos. Más interesa a Sawday la rete mirabile, la red maravillosa, una noción procedente de Galeno y repetida por muchos anatomistas del Renacimiento, una red de interrelaciones que comunica todo el interior del ser humano ... aunque nadie la había visto (por la descripción que da Sawday, parece una anticipación o intuición de la existencia del sistema nervioso que conecta todo el cuerpo humano al cerebro). De la misma manera, arguye, las representaciones visuales etc. que hoy damos de Internet son ficciones de la representación, para ayudarnos a entender procesos complejos.

Los trabajos de Hércules

Esta sección del artículo está centrada en los Adagios de Erasmo de Rotterdam y su crecimiento desbordante en sucesivas ediciones. Sobre Erasmo y lo que él llamaba sus Trabajos de Hércules ya hablé en otro post anterior, a cuenta de los míos propios. La idea central de Sawday es cómo ya en los primeros tiempos de la imprenta se echó de ver una limitación, la manera en que la impresión fijaba los textos, aunque estos siguiesen creciendo a la manera de los Adagios. Erasmo parece pedir un instrumento de tratamiento de textos más elástico y modificable, algo que no llegaría hasta la aparición de los ordenadores. El ensayo concluye con una descripción de los Adagios de Erasmo a principios del siglo XVI, en los cuales se puede echar de ver que ya aparecía la necesidad de algo que tuviese menos fijeza que la cultura impresa.


Conclusión: Replicabilidad

El binarismo de las clasificaciones de Ramus, en el Renacimiento, también anuncia una manera de pensar que será favorable a la revolución conceptual que nos llevaría a los ordenadores. Lo que el Renacimiento contribuyó al ordenador es para Sawday sobre todo la replicabilidad, "la facilidad para crear copias instantáneas e indistinguibles de la materia, materiales, palabras, incluso cuerpos" (42). "La replicabilidad fue invención del Renacimiento, y también es, claro, parte integral de nuestro propio instrumento de replicación y transmisión instantánea: el ordenador" (42).

(Como se puede ver en Orality and Literacy de Ong, la replicabilidad ya está inherente en las tecnologías de la escritura y la textualidad, aun antes de pasar a la fase de la imprenta. Especialmente, quizá, por lo que de analítico y combinatorio tiene, en la escritura alfabética. Y los procesos de producción serial, antes de llegar a los libros "idénticos" del Renacimiento, o al montaje en cadena de Ford, también van asociados a circunstancias más antiguas... pensemos en la producción de armas y equipamiento para los soldados del imperio romano, por ejemplo, o de ánforas idénticas para el almacenamiento y comercio. Quizá nos tengamos que remontar hasta la tecnología de las bifaces, en la cuestión de la replicabilidad. Pero entrando en el detalle de las tecnologías de las comunicaciones, naturalmente que supuso la imprenta primero, y la informática luego, una revolución en la cuestión de la replicabilidad).

Por la Galaxia Gutenberg





La Pasión

miércoles 8 de septiembre de 2010

La Pasión


angels cry
Traducción de una pieza teatral corta de Edward Bond, Passion (1971).
De tema antimilitarista y estilo guiñolesco. La hice en colaboración con unos amigos, Ernesto y Pili, y quizá aún más gente, hacia 1983 o 1984. Traducíamos cosas del inglés, del francés, del hitita antiguo... por cuatro perras. Aunque ésta la hicimos por amor al teatro. No sé cómo, al final me quedé yo con la copia mecanografiada, y acabó saliendo de algún baúl muchos años más tarde, all passion spent.

 


 The Stone Diaries

Narratología Genéttica

Narratología Genéttica

Conversando sobre narratología, en especial sobre los conceptos de análisis narrativo de Gérard Genette (desarrollados en su Figures III y Nouveau discours du récit), con una estudiante que está en ello, y que también ha estado leyendo mi libro sobre Acción, Relato, Discurso, donde tanto se comenta a Genette. Le contesto entre líneas a su propio mensaje:

Mis dudas son siempre de sutilezas. No termino de ceñir los términos,
sobre todo cuando se aproximan mucho. Por ejemplo:
Estoy revisando a Genette. Decidí que por ser mi primer encuentro con
la narratología, me centraría sólo en sus términos. Además de que fue
sugerencia de mi asesora.

Muy bien, porque Genette viene a ser la fuente de inspiración de todos los narratólogos a partir de los años setenta, y es importantísimo conocerlo. Ahora bien, también se puede disentir de él en muchas ocasiones, ¡y a veces hasta se debe!

Bueno, partiendo de ahí, he visto que tú y él tienen conceptos
diferentes del Relato. Para Genette es (tal vez desde aquí vaya mal)
el texto: el signo lingüístico mismo. Tú hablas de él como del
resultado de un proceso semiótico de selección y acomodo de los
eventos de la historia (acción).

Es que Genette está presuponiendo una discusión limitada al ámbito literario, y eso condiciona la definición de muchos de sus conceptos. Por ejemplo, no le interesa meterse en cuestiones de si el teatro, o el cine, son géneros narrativos, o en qué sentido... porque eso le obligaría a redefinir muchos de sus términos. Evidentemente, son narrativos en el sentido de que "transmiten una historia" y le dan forma, y no son narrativos porque no hay en ellos un narrador que realice el acto discursivo, lingüístico, de narrar verbalmente toda la historia.

Genette no es muy efusivo para explicar qué entiende él por narración.

Bueno, para él viene a ser el acto de narrar—oralmente o por escrito: o sea, la producción del récit, el relato verbal que contiene la historia (/histoire/) narrada.

Así que estuve leyendo lo que escribiste sobre el Discurso, para ver
si encontraba algo al respecto de este término. Pero tengo problemas
para aplicarlo: "narración es la configuración de un relato". Pero si
relato es el texto, entonces cuál es la diferencia entre narración y
relato?

Es que en mi propia terminología "relato" no es lo mismo que el récit de Genette. Relato es la estructuración que se da a la historia (o "acción" en mi terminología), independientemente del medio utilizado. Por ejemplo, un relato puede comenzar por en medio y luego introducir los preliminares, o puede centrarse en el punto de vista y el conocimiento de tal o cual personaje.... y esto puede suceder tanto en una novela como en "la película de esa novela", si se conservan similares estructuras del relato. Ahora bien, una película podría basarse en la misma historia de una novela pero cambiar totalmente el la estructura temporal, por ejemplo siguiendo un orden estrictamente cronológico, en lugar de introducir anacronías, flashbacks y demás. En ese caso no sólo tendríamos dos "textos" distintos, como es obvio (un texto fílmico y un texto escrito) sino también dos relatos diferentes—aunque estuviesen basados en la misma historia. relampago agua

Otra confusión también tiene que ver con esta relación. Si las
anacronías son un evento pasado en el relato, ¿qué son las "narraciones
anteriores"?

Ah, es que ahí hay dos cuestiones distintas. Una se refiere a la situación temporal de la historia con respecto al narrador: la otra no. Cuando hablamos de narración ulterior, o simultánea, o profética, o intercalada.... el punto de referencia que estamos tomando para decir que es una cosa o la otra es la ubicación temporal del narrador. El narrador típico es un narrador ulterior: es decir, narra una serie de acontecimientos pasados, los narra porque los conoce, ya han concluido, y les da la organización que quiere. Él se sitúa, digamos, después del fin de la historia. Eso en los relatos en primera persona: y los relatos en tercera persona derivan de éstos estructuralmente, o se conforman de modo analógico, de ahí que el pasado sea el tiempo más habitual en la mayoría de las narraciones.

Otra cosa son las anacronías: prolepsis y analepsis en Genette, o flashbacks y flashforwards si hablamos de cine. Allí el punto de referencia que tomamos para decir que "se trata de un fragmento anterior" no es la situación temporal del narrador—porque en la mayoría de los casos, en una narración típica, no sólo es anterior al momento de la narración ese fragmento analéptico, sino todo lo que lo rodea también. En las analepsis, flashbacks, flashforwards, etc., el punto de referencia es el relato primero en la terminología de Genette, es decir, el contexto inmediato que se venía narrando, el "presente virtual" que se crea al narrar, y que va avanzando conforme avanza la historia. En un flashback o analepsis, de repente nos vemos transportados a otro presente virtual /anterior a aquél en el que estábamos. /Luego podemos volver a él, claro—si no volvemos, o no está clara la ubicación de unas escenas respecto a otras, etc... eso da lugar a distintos tipos de estructuras anacrónicas.

Igualmente estoy un poco perdida para entender la diferencia entre
diálogo y escena y entre punto de vista y focalización. De ésta última
además Genette dice que no hay que confundirlos, pero igual: hace una
explicación somera, asegura que luego volverá sobre la cuestión y yo
me quedo sin saber. ¿Podrías explicarme qué entiendes tú de estas
diferencias en sus términos?

A ver, diálogo y escena: La escena se define en Genette por la coincidencia (virtual o convencional) entre el tiempo de lectura del relato, récit, y el tiempo transcurrido en la historia. Esto puede ser muy variable a efectos prácticos, dependiendo de las convenciones y estilos literarios, y demás... pero, a efectos prácticos, la escena es un movimiento narrativo pausado, que crea la ilusión de que estamos en un tiempo que avanza de modo similar al de la vida real, no un tiempo comprimido como sería el caso del resumen, ni un tiempo detenido como el de la pausa narrativa. Esa ilusión de duración igual de los dos tiempos, de la historia y del relato, puede crearse fácilemente con un diálogo, puesto que en el diálogo es fácil sostener la ilusión de que la producción del discurso por parte de los personajes, las réplicas y contrarréplicas, pasan en la historia a la misma velocidad en que las estamos leyendo en el libro. Pero si no habla nadie, hay que utilizar alguna otra secuencia de tiempo identificable en la historia para crear la ilusión de que la estamos equiparando a la secuencia de la narración del relato. Puede ser, por ejemplo, una secuencia de observación: seguimos el punto de vista de un personajes que pasa la vista por diversos objetos que atraen su atención. O puede ser una secuencia de descripción de acciones, acciones que (por lo que vamos viendo) se describen más o menos en el mismo tiempo que duraría su ejecución. Así puede haber distintas modalidades de escena: escena dialogada, escena de acción, escena controlada por el punto de vista de un personaje... En el cine es más fácil, claro, mantener la ilusión de que el tiempo dentro de la pantalla es como el tiempo real: se supone en general que una misma secuencia sin interrupciones ni cortes es una escena, y también hay toda una gramática fílmica sobre cómo organizar planos y contraplanos para crear la ilusión de una escena continuada a pesar de los cortes y el montaje—hay señales de distintos tipos para aislar unas escenas de otras, escenas de resúmenes, etc. Y por supuesto el tiempo puede (y suele) estar trucado tanto en la narración literaria como en el cine, y lo que se nos presenta como una escena "sin comprimir" está de hecho lleno de coincidencias imposibles, abreviaturas casi imperceptibles de movimientos, y una narración acelerada que en realidad sólo es una escena de modo convencional, no porque coincida para nada con el ritmo del tiempo del lector o espectador, fuera del artefacto semiótico ése que es toda estructura narrativa.

Y el punto de vista, focalización.... Bueno, hay muchas terminologías distintas. Por ejemplo, a Genette no le gusta la interpretación (extraordinariamente influyente y exitosa) que hizo Mieke Bal, en Narratologie y Narratology, del término y concepto de focalización introducido por él. Es muy clarificador leer a Bal sobre este punto, creo.

Lo importante es tener en cuenta que la focalización (o "restricción de la informacióin narrativa") es un recurso controlado por el narrador. El narrador puede saber mucho o poco, pero nunca cuenta de golpe todo lo que sabe, aunque sea un narrador omnisciente—y por eso necesita un principio para organizar la información. Normalmente ese principio de orden lo da, de modo más o menos estricto, la experiencia de un personaje, del protagonista habitualmente. La información narrativa se va presentando no atendiendo a "lo que sabe" el narrador, sino a "lo que va sabiendo" el personaje. En los casos en los que esto se hace de modo sistemático, y se filtra estrictamente la información, percepciones, emociones, etc. del personaje, con las mínimas interferencias del conocimiento superior del narrador, Genette habla de relato focalizado. Y por supuesto están todas las variaciones posibles en cuanto a personajes focalizadores, su número, su secuenciación, focalizaciones ambiguas atribuibles tanto al narrador como al personaje. Y muy particularmente está el caso de la "focalización virtual"—es decir, el narrador restringe la información a veces no a lo que ve ningún personaje en concreto, sino a lo que vería un observador virtual, y no privilegiado ni con información superior, que se encontrase en ese lugar. Una especie de focalizador invisible, provisional, o imaginario, que le sirve al narrador como modo de organizar la información. En una narración, todo está en cómo se cuenta y en cómo se organiza la información...

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Narratology: An Introduction