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Vanity Fea

Literatura y crítica

Case Histories


sábado 19 de diciembre de 2009

Case histories

Case Histories es una novela sobre traumas, insatisfacciones y misterios, de Kate Atkinson (2004). Está centrada alrededor de Jackson Brodie, expolicía y ahora detective, hombre recto y fiable, pero maltratado por la vida y por su ex, Josie. Jackson quiere con desesperación a su hija Marlee y teme perderla por su mala relación con Josie. Sueña con jubilarse y va resolviendo sus casos, un poco por azar y un poco por intuición, mientras oye Emmylou Harris; al final, tras recibir varias magulladuras más de la vida, hereda una fortuna de una anciana de gatos a la que ayudaba a veces. Claro que tiene que evitar las asechanzas del malvado sobrino que esperaba heredar él, pero lo consigue con la ayuda de su amigo el negrazo Howell. Con esto Jackson se jubilará y hará el viaje que soñaba hacer a Francia, en compañía de dos de sus clientas, hermanas que pierden las bragas por él, Amelia y Julia Land. Y el peligro de que Josie se llevase a Marlee a vivir a Nueva Zelanda se conjura más o menos...

Dos misterios o casos abiertos resuelve Jackson y otro no, antes de cerrar su garito y vendérselo a su antipática secretaria. Resuelve el misterio de la desaparición de Olivia, hermana pequeña de Amelia y Julia, treinta y cuatro años antes, en 1970 (—dormía en el jardín con su hermana Amelia, y se volatilizó sin más, llevándose a su muñeco Ratón Azul). Resuelve también Jackson el asesinato de Laura Wyre, hija de su gordo cliente Theo, a manos de un misterioso demente que la acuchilló en la oficina en 1994. No resuelve el paradero misterioso de Michelle, la hermana de su clienta Shirley, aunque casi se da de narices con el coche de ella mientras huía del malvado sobrino. Que acaba en la cuneta por culpa de Michelle.
carapuzzle
Cada caso se resuelve tirando de hilos mal tirados antes. Ha muerto Victor, el antipático padre de Amelia y Julia. Estas casi celebran su muerte, y Jackson asiste a una parodia de funeral. Al visitarle en su lecho de muerte y remover la casa, ha aparecido el misterioso Ratón Azul escondido en su escritorio. Así que le encargan a Jackson que investigue. En realidad Amelia calla un recuerdo mal suprimido de abusos sexuales de Victor a una cuarta hermana, Sylvia—que ahora es monja. Y es entrevistando a Sylvia como Jackson desvela la verdad—fue Sylvia, la víctima de abusos—y mala cabeza—la que asfixió a la pequeña Olivia por imprudencia, intentando hacerla callar. Y Victor, peor cabeza, la enterró en el jardín de la vecina—la de los gatos—intentando evitar sin duda una investigación a fondo.

A Laura Wyre no la mató un demente al azar, ni nadie que buscase a su padre. La mató un chiflado que se había enamorado de ella y la venía siguiendo. Pero para dar con él hubo que dar con la única que sabía la historia, la ex mujer de un profesor de Laura al que fue a visitar un par de veces. Y para saber de esas visitas había que entrevistar a una compañera de clase que es la única que lo dice, y localizar a la ex después de ver que no daba nada la visita al profesor (que había intentado propasarse con Laura).

Michelle cambió de identidad tras años en la cárcel. A la que fue por asesinato de su marido, a hachazos, delante del bebé—en un momento de tensión de pareja. Al menos eso creemos al leer la primera versión del asesinato... pero hay truco, el narrador nos oculta arbitrariamente la verdad, que es que por mucho que le tentase a Michelle darle un hachazo a su marido, quien se lo da efectivamente es su hermana Shirley, la que será clienta de Jackson, que pasaba por allí, ve la pelea y resulta extrañamente resuelta a la hora de cargarse al cuñado. Será Michelle quien cargue voluntariamente con la culpa, dejando a su bebé para que lo críe Michelle... Pero este caso queda sin resolver, y Jackson no descubre ni dónde está Michelle, ni el paradero de su bebé desaparecido. Michelle está huyendo de su boda con un aristócrata campestre, escapando preñada y en su Mercedes, posiblemente fugándose con el párroco. Si todo pega, su primer bebé debe ser ahora una joven mendiga callejera que acaba de compañera de piso del gordo Theo, a quien ha salvado de un ataque de asma.

Se ve que las historias de los personajes se tropiezan por azar—Binky Rain, la anciana de los gatos, es vecina de los Land; el mercedes de Michelle (ahora Caroline de momento, huyendo de su nueva vida para empezar otra más) manda a la cuneta al sobrino de Binky—; unos capítulos narran preliminares, cuando comenzó el caso (1970, 1979, 1994) y los capítulos de Jackson lo llevan de un cliente a otro y un caso a otro. El caso de Shirley/Michelle lo deja por ética, habiéndose acostado con la primera sin saber que estaba casada. Los demás se resuelven bien; Jackson es un varón castigado y eficaz que gusta a su autora tanto como a las Land. De éstas una parece destinada a ser pareja nueva de Jackson, la actriz Julia. Amelia es menos atractiva y se intenta suicidar por su asco de vida y su falta de esperanzas, pero de repente se convierte al nudismo y a la bisexualidad, y oye, una revelación. Tampoco resuelve todos los traumas pendientes—Jackson lleva un par más a cuestas, el asesinato de su hermana y el suicidio de su hermano— sino que deja al lector en la posición de ver cómo se va rehaciendo la vida a medida que se van dejando atrás mal que bien. Pueden resurgir cosas inesperadas del pasado, sin embargo, que alteren el equilibrio precario—como ese Ratón Azul.

Al final acaban todas las historias demasiado unidas, quizá, con lo cual la novela se va haciendo no sólo más convencional (de detectives) sino también más novela a medida que avanza. Comienza como una colección de cuentos, con capítulos relativos a cada caso, que podrían ser perfectamente independientes, y esta transformación e integración gradual, aunque sea en dirección a lo convencional y al argumento bien trabado—demasiado bien trabado parece, después de haber empezado tan suelto— es el aspecto más interesante de su estructura narrativa. Las experiencias de desengaño ante la vida y escepticismo de Jackson también valen lo suyo—y en conjunto la novela se lee muy bien y hay herencia al final, aunque haya traumas inconclusos y malos que queden sin castigar.

Lo esencial es no dejar que crezcan los problemas y mantenerlos en dimensiones tratables. A Jackson le han dejado una herencia, pero a condición de que se ocupe de todos los gatos de la anciana Binky Rain. No intenta escapar Jackson a su responsabilidad—pero, se dice, lo primero que voy a hacer va a ser contratar a alguien para caparlos a todos.

Michael Clayton

Imaginación, memoria y narración

martes 15 de diciembre de 2009

Imaginación, memoria y narración

(Notas de y sobre La loca de la casa, de Rosa Montero, 2003; Punto de Lectura, 2007)

"Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida con un cómputo de novios y de libros" (9). El orden de los recuerdos no es cronológico, sino que lo dará la narración; un orden imaginativo por tanto, ya que los capítulos del libro de Rosa Montero se centran en torno a alguna cuestión dictada temática o ensayísticamente. La memoria es el tercer ingrediente que se suma en este libro a "narración" e "imaginación", o el cuarto si sumamos los novios, y el quinto si contraponemos el presente al pasado, la niñez a la madurez (el paso de enana a mujer, dice Montero que la obsesionan los enanos, igual es por no tener hijos, vaya usted a saber...). En todo caso, la autora borra sus huellas en lo que se refiere a novios y recuerdos; empezamos suponiendo que es un libro en primera persona fiable, de la autora "real" Rosa Montero, y luego resulta que esa Rosa Montero está parcialmente ficcionalizada, o al menos lo está su vida y su hermana gemela Martina, sin duda imaginaria, tan imaginaria como su desaparición de unos días cuando era niña. Y desde luego está ficcionalizada su aventura erótica frustrada con un olivia 8famoso actor extranjero, narrada en varias versiones, todas con final más o menos malo en la despedida y en el reencuentro años más tarde, con la distancia del olvido y la madurez y el desencanto y el desenamoramiento. Es con el tema éste del actor donde (sin saber nada de Rosa Montero) primero te preguntas si es que le falla la memoria a la autora, o si te cuenta una bola, o si (finalmente la opción elegida) todo forma parte de un plan novelístico para combinar el ensayo y la ficción autobiográfica. En fin, uno supone, no sabe bien por qué, que la ficción o mentira se limita a los novios y hermanas y recuerdos de infancia (no todos, ni de lejos)—pero que en ningún caso llega a los libros que acompañan a los novios en esa frase inicial. Que si Montero nos dice que le impresiona tal autor, "la conmovedora y trágica Carson McCullers", etc., suponemos que eso no es ficción (tiene ésta un campo honesto al que aplicarse, la vida e identidad pública, y uno que sería, suponemos, ilegítimo, las ideas, gustos y sentimientos de la autora. Y su imaginación. ¡Con la estética y la ética no se hace ficción! Ni con la imaginación, aunque suene paradójico.... O al menos no parece hacela Montero, ése sería un juego completamente distinto del que parece ventilarse en este libro. Pero me pierdo. No quería comentarlo ni criticarlo, sino recopilar las reflexiones de Rosa Montero sobre la invención y el arte de la narración, que me han parecido muy vívidas y vividas, además de certeras e interesantes. Y como digo creo que son, éstas sí, de Rosa Montero, y no de una narradora no fiable que se haga pasar por ella.

La infancia en las novelas rusas, tan llena de detalles luminosos.... A Montero le parece sospechosa esa memoria, a mí también—y así pasamos a la imbricación de narración e invención que es el centro de sus reflexiones:

"Son tan iguales esas paradisíacas infancias que una no puede menos que suponerlas una mera recreación, un mito, un invento.
Cosa que sucede con todas las infancias, por otra parte. Siempre he pensado que la narrativa es el arte primordial de los humanos. Para ser, tenemos que narrarnos, y en ese cuento de nosotros mismos hay muchísimo cuento: nos mentimos, nos imaginamos, nos engañamos." (10)


Sobre la narración como arte primordial de los humanos, puede que no sea una exageración de novelista. Ver aquí—"Lo específicamente humano".

"De manera que nos inventamos nuestros recuerdos, que es igual que decir que nos inventamos a nosotros mismos, porque nuestra identidad reside en la memoria, en el relato de nuestra biografía. Por consiguiente, podríamos decir que los humanos somos, por encima de todo, novelistas, autores de una única novela cuya escritura nos lleva toda la existencia y en la que nos reservamos el papel protagonista. Es una escritura, eso sí, sin texto físico, pero cualquier narrador profesional sabe que se escribe, sobre todo, dentro de la cabeza" (11)


Nuestras vidas son relatos
, que van a dar al final... o al amar, o al desamar, que es el morir.... (bueno, a veces). Montero dice que en La Loca de la casa habla de vida y literatura porque para ella (y para nosotros) están mezcladas—vida y lectura, y escritura, sueños e imaginación, ficciones contenidas en la realidad, y realidad ficcionalizada en las ficciones realistas. Y la ficción de la supuesta realidad:

"poco a poco fui advirtiendo que no podía hablar de la literatura sin hablar de la vida; de la imaginación sin hablar de los sueños cotidianos; de la invención narrativa sin tener en cuenta que la primera mentira es lo real." (11)


También esto es una metáfora literalmente cierta, en cierto modo al menos. Graciasl al lenguaje que la conforma y modela, o por su culpa, toda la realidad es para nosotros realidad virtual.

Y muy especialmente la vida infantil, dice Montero—entramos en la vida sin distinguir muy bien lo real de lo soñado (18), y nunca llegan a separarse del todo, sobre todo para el escritor, que a través de la inventiva está en contacto con tantas pulsiones subterráneas.

"Las novelas, como los sueños nacen de un territorio profundo y movedizo que está más allá de las palabras. Y en ese mundo saturnal y subterráneo reina la fantasía" (27).


Otro lazo que une amor y literatura (aparte de la ficcionalización del ser amado....) sería una cierta narratividad del enamoramiento, que promete una culminación... como la vida por otra parte, que también parece que nos va a llevar a una culminación que si no está aparente hay que inventársela en el más allá....

"Ni que decir tiene que esa culminación nunca se alcanza, ni en el amor ni en la narrativa; pero ambas situaciones comparten la formidable expectativa de sentirte en vísperas de un prodigio" (13)


—y debe ser esa sensación el prodigio en sí, el waiting for the miracle, porque si no, nos podríamos quejar prosaicamente de fraude. El enamoramiento y la pasión creadora, dice Montero, nos desvían la mirada de la muerte y nos sacan del tiempo.

"También eres eterno mientras inventas historias. Uno escribe siempre contra la muerte." (13)


Algo que supongo se aplica incluso a esos escritores que como Beckett escriben siempre al borde de la muerte y desengañados de las historias. Sería el suyo un optimismo liminal—donde el optimismo y el pesimismo pierden su honesta diferencia.

"Hay un momento en que todo viaje se convierte en una pesadilla" (26)—supongo que esto incluye al viaje de la vida. Esa frase, unida a una anécdota infantil, llevó a Montero a escribir Bella y oscura, nos dice, pero igual es mentira, porque todo lo cambiamos retroactivamente:

"Visto aquel asunto desde hoy, con la perspectiva del tiempo, puedo añadir sensatas y profusas explicaciones, porque la razón posee una naturaleza pulcra y hacendosa y siempre se esfuerza por llenar de causas y efectos todos los misterios con los que se topa, al contrario de la imaginación (la loca de la casa, como la llamaba Santa Teresa de Jesús), que es pura desmesura y deslumbrante caos" (27).


No me hagáis mucho caos, pero igual el orden de las cosas es imaginario. Y qué no habremos escrito aquí sobre la distorsión retrospectiva, y la perspectiva superior del que mira atrás, cara y cruz de la misma moneda, de la organización de la vida pasada que llevamos a cuestas—que nos sale cara a veces, o que es una cruz.

Somos muchos, y quizá tengamos muchas vidas posibles o imposibles. Ser novelista para Montero es ser consciente de eso y vivirlas en cierto modo, "los narradores somos seres más disociados o tal vez más conscientes de la disociación que los demás" (28). Pueden inventar otras vidas, además de la propia, y reflejarse en ellas. Ningún espejo nos enseña toda nuestra imagen, claro.

Más ideas que le pasan por la cabeza a Montero: que, ah, las escribe pero eso le desagrada, porque "Una idea escrita es una idea herida y esclavizada a una cierta forma material; por eso da tanto miedo sentarse a trabajar, porque es algo de algún modo irreversible" (49). Sí, eso de la procrastinación lo entiendo, habla Montero mucho y bien sobre el proceso de escritura, o de no escritura; yo a veces también me pongo a hacer cualquier cosa antes que lo urgente, o lo irreversible—me hago un huevo frito, me lavo los calcetines... cosas también irreversibles. Y entiendo en cierto modo eso de que la letra mata al espíritu de la idea. Pero como soy poco cristiano, también entiendo lo contrario: que la letra limpia, fija y da esplendor a ideas tan nebulosas que si no por la letra no llegarían a expresarse nunca, qué digo, ni a pensarse. Y lo que es fijar, fijémonos en que lo escrito sólo está fijo hasta cierto punto. Vamos, que sobre este particular prefiero llevarle la contraria a Montero—me recuerda su defensa de una fluidez así vaga y flotante aquel debate sobre "la tiranía de la narración" una idea que refutaba yo (hoy hace tres años de eso). Para comunicar y expresar hay que dar forma, y decir algo. No hay tu tía. Luego ya lo modificaremos si procede, o lo modificará el lector a su gusto. Como decía, la escritura (no la mental, sino la que se saca del cuerpo) tira de las palabras, nos lleva de una idea a otra, y nos hace pensar cosas que quedarían sin pensar de no ser porque una frase que hemos escrito antes las hace salir a la luz. Pero bueno, Montero no es especialmente inconsistente en este punto, pues también le gusta ver el envés a las ideas y el otro lado de la cuestión, aunque a veces se fije especialmente en uno de los dos aspectos, y bien que hace, que no se puede estar en todo a la vez.

Por ejemplo cuando habla de los conflictos que tenemos constantes con el poder, micropoder en las relaciones personales, o poder político: "a los escritores", dice, "se nos suele notar más ese conflicto. En primer lugar, porque la crítica o el análisis honesto de las relaciones de poder forma parte de nuestro oficio" (54). Lo cual es cierto en parte, claro, y falso en parte, claro. ¿Será a los buenos escritores? Y hasta algunos se venden al poder de modo vergonzante (mira, no sé por qué se me ha pasado García Márquez por la cabeza... ah, sí, p. 57). De los malos o mediocres ni te cuento: relaciones excelentes con todo tipo de poderes y quereres se les dan genial. Y sin embargo entiendo lo que dice Rosa Montero. Sobre el compromiso del escritor:

"Para mí el famoso compromiso del escritor no consiste en poner sus obras a favor de una causa (el utilitarismo panfletario es la máxima traición del oficio; la literatura es un camino de conocimiento que uno debe emprender cargado de preguntas, no de respuestas), sino en mantenerse siempre alerta contra el tópico general, contra el prejuicio propio, contra todas esas ideas heredadas y no contrastadas que se nos meten insidiosamente en la cabeza, venenosas como el cianuro, inertes como el plomo, malas ideas que conducen a la pereza intelectual. Para mí, escribir es una manera de pensar; y ha de ser un pensamiento lo más limpio, lo más libre, lo más riguroso posible" (55-56)


Sigo presuponiendo que son éstas ideas de Rosa Montero, al menos en alguno de sus avatares vitales reales, y no de "Rosa Montero" la narradora de ficción, aunque claro que puede haber terreno gris aquí. Lo que quería matizar es que (ya lo dijo Gadamer) estamos hechos de prejuicios, y es un prejuicio contra los prejuicios, eso de quererse desembarazar de todos. Todo lo más podrías cambiarlos por otros. Hay algunos muy estrechos, que nos separan de lo que es la humanidad en general, o la sociedad que nos rodea. Pero otros prejuicios de una persona extravagante en su círculo inmediato puede que sean sanas ideas para la humanidad en general. Así que es inevitable un vaivén entre unos y otros prejuicios. Pero, ¿liberarnos de ellos así en bloque? Dios nos libere, que la humanidad misma ya es un prejuicio contra la naturaleza. Y que conste que prejuicios rancios yo los denuncio como el que más, y también los tengo como el que más. El debate está servido:

"Ir en contra de la corriente general es algo sumamente incómodo. Puede que la mayoría de las miserias morales e intelectuales se cometan por eso: por no contradecir las ideas de tus patronos, de tus vecinos, de tus amigos. Un pensamiento independiente es un lugar solitario y ventoso" (56)


Aunque eso no existe, Montero—lo que pasa es que cuando tenemos el viento a favor no nos damos ni cuenta, y bien contentos que vamos.



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Coincidencias. Es otro efecto de sin duda de la lógica de la narratividad, la proliferación de coincidencias. Igual que atamos causas a efectos en una explicación retrospectiva, y así creamos la impresión de una lógica inexorable que conduce hasta el presente, de la misma manera es fácil descubrir coincidencias a toro pasado, siendo que todo el arte de narrar es un arte de seleccionar y subrayar. Inevitable seleccionar por analogía y paralelismo, y así se puebla el mundo de coincidencias. Que ya lo estaba, pero no llamaban la atención ni se salían de la estadística. Para Montero, las coincidencias desbordan el mundo de la ficción e invaden, rompiendo el marco, la realidad de la escritora:

"llega un día, cuando la novela ya está muy adelantada, en el que las paredes que separan ambos mundos parecen empezar a fundirse. Yo lo llamo la etapa del embudo, porque es como si colocaras un embudo encima de la novela, de manera que todo lo que ocurre en tu vida cotidiana empieza a caer sobre lo que escribes en una explosión de coincidencias. Aunque, bien mirado, puede que suceda justo lo contrario; en realidad, el fenómeno se parece más a una inundación: la novela crece y crece hasta anegar el territorio de lo real." (65)

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Fantasmas. "Los fantasmas de un escritor son aquellos personajes o detalles o situaciones que persiguen al autor, como perros de presa, a lo largo de todos sus libros" (66)—como los enanos en el caso de Rosa Montero. En Bella y Oscura, por ejemplo... o, en este libro, en la portada, Rosa Montero entre enanas y enanos, ella misma una niña enana o con una extraña gemela enana. Claro que se me ocurre que en su primera aparición no son tales fantasmas, sino que sólo a base de tiempo, de repetición, de retrospección—y de coincidencias—vemos cómo los fantasmas van tomando rostro y nos enteramos de lo que nos habitaba, o de lo que nos iba a habitar y ahora nos habita, como un hábito heredado de quien fuimos.

"De modo que escribir novelas es una actividad increíblemente íntima, que te sumerge en el fondo de ti mismo y saca a la superficie tus fantasmas más ocultos. ¿Cómo no va a sentirse frágil el escritor, después de tan desaforado exhibicionismo?" (111)


Igual estos fantasmas son de dos clases, visibles e invisibles (para el escritor, para terceros) y muchos de los que nos rodean sólo los ven otros o sólo los verán personas aún no nacidas—en el caso de quienes vayan a ser leídos después de muertos (fantasmas ellos mismos) y que son desde luego una minoría.


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Vanity Fea, y Tonta. Vuelta al exhibicionismo inherente al escritor. Le sorprende a Montero el narcisismo pueril de un autor que le gusta, Italo Calvino, intentando que se lean o se vendan sus obras. Vergüenzas de la autopromoción...

"He aquí de nuevo a la vanidad asomando sus ojitos ansiosos, y una vanidad además perfectamente reconocible, porque todos los escritores somos pasto de este narcisismo loco, sólo que unos somos tal vez más conscientes del ridículo e intentamos reprimirnos y aguantarnos, mientras que otros viven su vanidad como un largo viaje sin retorno" (104).


Dice que la única manera de no caer en ella es abstenerse de su uso lo más posible—algo difícil en un mundo que la fomenta hasta el paroxismo. A mí se me ocurre otra manera, la que aquí practico, que es la parodia autocomplaciente. Supongo que los resultados son discutibles, pero siendo el blog personal un género egocéntrico por definición, no se me ocurrió mejor cosa que hacer las paces con la vanidad y llamarlo al mío Vanity Fea, en homenaje a Bunyan y Thackeray.

La particular, o general, vanidad de Naipaul: "No puedo interesarme por la gente a la que no le gusta lo que escribo, pues al no gustarte lo que escribo me estás despreciando" (112). Montero: "Es una frase egocéntrica y bárbara, pero, la verdad, la entiendo..." (112). Hay que intentar no depender tanto de lo que otros digan... —Pero cómo no tener en cuenta a las personas cuya opinión nos interesa, digo yo. Que haberlas haylas, aunque sean unas brujas, o unos fantasmas.




Reflexividad

How to Apply Poststructuralist Feminism to a Novel


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How to apply poststructuralist feminism to a novel


—an answer to a question on how to begin to analyze a novel from the critical standpoint of poststructuralist feminism.

Well... I suppose it depends very much on the kind of novel you wish to analyze (realist, experimental, feminist etc.) and also on your own interests, priorities, etc. But I suppose one key thing to do would be trying to situate the novel in a specific historical and cultural context: these contexts are always mixed, with influences coming from local traditions, nationalist discourses, globalizing influences, etc. I would try to see how these different traditions, discourses and influences contribute to the making of women's experiences in the novel. Especially as they result in tensions (in society, with other women and men, and also internal tensions within themselves) and how these tensions and the choices women make help make the plot of the novel. Also how the narrating technique uses these different discourses and languages coming from different sources, how the discourse on women and gender "makes" the female characters in the novel. I suppose one essential thing is the basic contrast between traditional images and roles of women (religious or cultural customs, etc.) and the more global, fluid, movable postmodern subject, less constrained by local culture and more by global, "modern" discourses and experiences. But this may result in those tensions, fractures, etc. which are the interesting thing to analyze... Hope that helps. Are you thinking of a specific novel? Although most probably I won't know it, there are so many books in the world... but look, books there are many, but basic kinds of human conflict and experience, there are fewer. That might provide a starting point.

Bapsi Sidhwa's novels seem to be highly conscious of their political and historical context themselves, so the analysis should be at least as politically aware as the novels themselves —of course also criticizing her position or taking a critical distance if you feel your position as a critic on the issues she depicts is not fully coincident. There is much matter for discussion there: women and men in public and private life, childhood/maturity, colonialism/postcolonialism, religious and ethnic confrontations, identity problems, nationalism... Lots of food for the critic! And one thing which complements the formal and ideological analysis of the novel: the reception history. That is, who is she writing for, which audience has responded to her novels and why, different reactions depending on political positions, etc. But this is more or less a recipe for writing a doctoral thesis! For a paper I suppose you will have to choose one or two lines of analysis at most - and always choose the ones which look most promising from your own perspective, the thing you feel is the key of the novel for you. The other issues can be dealt with as a background on which to centre this central issue you wish to foreground.

A reading list of criticism, reviews, responses etc. on the author's work is the best way to start. Also, if there is a lack of secondary literature, critical approaches on other authors dealing with analogous issues or writing in the same tradition may be useful to develop a critical focus. (E.g. Salman Rushdie, Anita Desai, Bharati Mukherjee...). And the work of critics focusing specifically on women's issues in the Indian context is essential, I'm thinking especially of Gayatri Chakravorty Spivak, e.g. her article on the Subaltern ( "Can the Subaltern Speak?" In Marxism and the Interpretation of Culture. Ed. Lawrence Grossberg and Cary Nelson. Urbana: U of Illinois P, 1988. 271-316). But the main thing... is to be aware of your supervisor's taste, priorities and mode of approach. Supervised research is work by two people, even though only one may do the writing, and it's essential to have a clear shared plan on such issues as work schedule, scope and of course critical approach. Especially given that issues in political criticism, postcolonialism and feminism are an ideological minefield for dissension.


Cultura popular, literatura y traducción

Historia de la teoría y crítica literaria en Estados Unidos

Historia de la teoría y la crítica literaria en Estados Unidos


En este libro que editó Ricardo Miguel Alfonso—un hombre con dos apellidos y un nombre—tengo un capítulo titulado "El formalismo crítico académico durante las vanguardias". Versa sobre sobre la Nueva Crítica, que lo fue, nueva, y sobre la Escuela de Chicago, literaria y neoaristotélica, no la de sociólogos y economistas. Ahora aparece por Google Books, que como siempre te lo permite insertar como si fuese un vídeo. Lo malo es que es una vista previa incompleta—ya puestos, por mí que pusiesen todo el texto en condiciones. Otro día pondré yo mi capítulo, en algún repositorio.

 

British Postmodern Fiction

Sublimación al cuadrado


sábado 24 de octubre de 2009

Sublimación al cuadrado

Vengo de la conferencia de clasura del simposio sobre "El diario como forma de escritura y pensamiento en el mundo contemporáneo". Nos ha hablado José Luis Rodríguez sobre un diario de juventud de Georg Lukács que ilumina algunos aspectos de su obra temprana. En concreto, se refiere a la colección de ensayos sobre literatura y estética, El alma y las formas—una historia que me ha parecido fascinante y muy ilustrativa a su manera; doy aquí mi versión según la he extraído de la exposición de J. L. Rodríguez.

Lukács atravesaba entonces, hace ahora cien años, una etapa esteticista, cuyas raíces psicológicas quizá queden clarificadas por las anotaciones de este diario. El libro de El alma y las formas lo dedicó Lukács, en su edición alemana, a Irma Seidler, una amada con la cual había cortado relaciones, y que se suicidó. El diario aclara los motivos de la dedicatoria. Lukács mantenía con esta joven unas relaciones de cortejo altamente idealizado y extremadamente formalista y educado. Pero cortó relaciones con ella, de una manera que ella encontró inexplicable—desde luego Lukács no se explicó suficientemente. Vete a saber qué cosas llevan a un suicidio... y quizá no haya que culpar a Lukács en absoluto, por mucho que se culpase él (Seidler tenía su propia crisis en un matrimonio desdichado). Para Lukács fue traumática la relación, y su resultado—concluye en su diario que "he perdido el derecho a vivir" y juguetea él mismo con la idea del suicidio... todo esto es antes de su descubrimiento del hegelianismo y del marxismo, y por supuesto antes de sus posteriores relaciones de pareja y matrimonios. Con eso pasaría Lukács a otra fase. Pero en este momento vivía en un mundo de esteticismo decimonónico o romanticismo tardío, que podría describirse como una sublimación de instintos eróticos en un mundo de idealización estética y aristocratizante, que incorporaba el rechazo juvenil a la cultura burguesa de la que provenía. ofelia gótica

En el diario explica Lukács que escribió los ensayos de El alma y las formas, más en concreto algunos de ellos, como expresión de sus sentimientos hacia esta muchacha a la que amaba y a la vez rechazaba—como un explicación (que no lo fue, pues ella no llegó a recibir sus cartas, ni a leer el diario, que era secreto, y estaba desconcertada). Dice Lukács que si hubiera sabido escribir poemas lo hubiera expresado con poemas—pero que como no sabía, lo hacía mediante ensayos. Es lo que podríamos llamar una sublimación de una sublimación… el deseo erótico frustrado por múltiples razones daría lugar a estos poemas hipotéticos, pero que al no poder existir quizá por la magnitud del bloqueo, encuentran su expresión sublimada en segundo grado bajo la forma de ensayos, o analogías. Porque sirva de ejemplo el ensayo sobre Kierkegaard: también él cortejó a una muchacha y la amó apasionadamente, y también la rechazó a la vez, explicándose a sí mismo que no la trataría como merecía ella, y que él se debía a su obra, una obra que seguramente no podría escribir si optaba por el matrimonio con ella. Se mezclan actitudes de sadomasoquismo emocional (dice Rodríguez), otras de machismo descarado, y otras de profunda represión erótica... junto con esa idealizada vocación intelectual. Bien, pues Lukács ve esta historia de Kierkegaard como una analogía o explicación de su propia actitud. No es extraño que la muchacha no lo captase: ninguno de los críticos de Lukács lo "captó" hasta que se descubrieron los diarios (olvidados al parecer por Lukács hace tiempo) en los años 70.

En los diaros, Lukács asocia la figura de la amada a los momentos de plenitud y de vida que le dan fuerzas; ella lo es todo, una amada divinizada (en contraste frecuente, claro, con la realidad de la muchacha que irritaba a Lukács porque "no entendía nada, absolutamente nada, de las ideas de él"). La amada se contempla como una visión de perfección y plenitud vital y estética que recuerda enormemente a la caracterización que dan Joyce y otros modernistas de las epifanías, esa especie de trascendencia mediante el arte. No es difícil adivinar una enorme carga de represión y deseo sexual dando energías a estas sublimaciones. Pero Lukács concluye que precisamente la perfección de esa visión exige que no sea vivida—la vida percibida en su plenitud exige renunciar a ella, para preservarla quizá, o evocarla con distanciamiento máximo. La propia plenitud de la vida exige renunciar a la vida... todo un programa tanático, el del joven Lukács. Coronado todo esto por el suicidio de la amada, no es difícil imaginar la empanada mental del joven Lukács. Rodríguez se inclina por interpretar que en su vida posterior no asimiló esta cuestión, mediante la comprensión y la superación intelectual, sino que la olvidó o rechazó, tomando un derrotero estético e intelectual totalmente diferente.

Quizá no haya que subestimar el papel del desbloqueo sexual, en sus posteriores relaciones de pareja, que permitió a Lukács dejar atrás, a su manera, este trauma de juventud, y terminar de convertirse en el "espeluznante intelecto" que triunfaría como polemista (intransigente) y como teorizador del marxismo. Es ya este Lukács el que retrata o caricaturiza Thomas Mann en La Montaña Mágica, como el iracundo polemista Nafta (que, al contrario que Lukács, sí se suicida).

Es muy interesante esta manera en que un sentido crucial para la interpretación de una obra permanece oculta. Los escritos pueden estar a veces llenos de mensajes secretos que el autor dirige a sí mismo. No sabemos qué otros sentidos se ocultan detrás de tantos poemas y obras de ficción... si hasta los ensayos de Lukács pueden ocultar sentidos autobiográficos deliberados, y sublimaciones al cuadrado. En este caso, al menos, el sentido era accesible para el autor, consciente y deliberado, y accesible también (gracias al diario en el que lo explica) para un público posterior. (No llegó a hacerse accesible, un tanto grotescamente, para su destinatario principal, la amada de Lukács Irma Seidler... que a saber qué hubiera pensado de esos desagradables poemas transfigurados en forma de ensayos).

Qué otros sentidos se ocultan en tantas obras (quizá en las obras posteriores de Lukács...), que las guían de modo no obvio y que no son visibles a veces ni para el propio autor. Para eso están la crítica psicoanalítica, la deconstrucción y la hermenéutica, pero aunque un intérprete formule una interpretación que ilumina secretamente la clave de una obra, no es extraño que estas interpretaciones sean debatidas, sobre todo cuando se entrecruzan las proyecciones, frustraciones y obsesiones de los propios críticos.

Wilde y el enigma de la Esfinge

Cultura popular, literatura y traducción

Cultura popular, literatura y traducción


Segunda parte de la reseña del libro New Trends in Translation and Cultural Identity, ed. Micaela Muñoz-Calvo, Carmen Buesa-Gómez, y M. Ángeles Ruiz-Moneva (Cambridge Scholars Publishing, 2008). (I. Cultural Identity, Ideology, and Translation; II. Popular culture, literature and translation; III. Translating the Media: Translating the Culture; IV. Scientific Discourse as Cultural Translation).

Abre esta segunda parte Karen Seago (London Metropolitan U), que continúa su estudio de las traducciones de los cuentos de Grimm al inglés, en "Proto-Feminist Translation Strategies? A Case Study of 19th Century Translations of the Grimm Brothers' 'Sleeping Beauty'" (165-84). Estudia los sentidos localizados que adquieren las traducciones, con matices propios que les dan una especificidad histórica, en sus presupuestos culturales o sus actitudes genéricas. La perspectiva es feminista, siguiendo a Luise von Flotow: "Como la mujer, la traducción es un término negativo o infravalorado en un conjunto de oposiciones binarias en las que la masculinidad o el autor se asocian a la producción crativa y original, y las mujeres o los traductores a la imitación, a la reproducción" (165—traducciones mías). Frente a eso, la perspectiva feminista enfatiza el aspecto creativo de la traducción. Flotow identificaba una serie de estrategias traductológicas feministas—alguna de las cuales, por cierto, si bien pueden serlo típicamente, no lo son definitoria ni exclusivamente: el uso de prólogos y explicaciones de la intervención, la visibilización del trabajo de la traductora, el "secuestro" del texto exponiendo o saboteando sus ideas patriarcales, o transformando y corrigiendo éstas. Seago también matiza o modera las tendencias totalizantes de lo que podría ser un feminismo simplista o dicotómico, siguiendo a Massardier-Kenney, que propone también una serie de estrategias de traducción feministas, ya sea basadas en el autor o en el traductor. Con estos presupuestos teóricos se analiza un texto de la tradición "hostil" al feminismo (o viceversa), un texto patriarcal convencional como "La Bella Durmiente". Se comparan las traducciones de "La Bella Durmiente" de Matilda Louisa Davis (1855) y de Louisa Crane (1882) y sus respectivas elecciones y estrategias de traducción. Las traducciones no son declaradamente feministas, pero sí se aprecian intervenciones en el texto, y elecciones traductológicas, que refuerzan el papel de la mujer en el relato o debilitan ciertos presupuestos patriarcales del original. Crane, en particular, enfatiza la agentividad de las figuras femeninas o evita las construcciones gramaticales o elecciones léxicas que les atribuyan pasividad. La relectura de Grimm que hace Davis es menos pronunciadamente feminista, o más influida por el discurso entonces dominante sobre la mujer. Seago contempla estas opciones con referencia al debate sobre la naturaleza y el papel de la mujer, en la época victoriana, su complementariedad con respecto al hombre o su autonomía personal, y sobre cuál había de ser su papel en la esfera pública. Los detalles apreciados por Seago, y la modulación de una perspectiva y agentividad femenina, sólo se hacen visibles comparativamente, sobre la base de un estudio de diversas versiones del mismo texto.

Silvia Molina (Universidad Politécnica de of Madrid) escribe sobre "Conexiones perdidas: reescribiendo el feminismo anglonorteamericano en español ("Missed Connections: Re-Writing Anglo-American Feminism into Spanish", 185-93). Es un comentario de primera mano sobre la experiencia de la autora traducir un sustancial volumen de teoría feminista, Feminisms, A Reader (ed. Sandra Kemp y Judith Squires, Routledge, 1997), que incluye 85 textos representativos. Se comentan especialmente los conflictos inherentes al uso y traducción del género gramatical, un fenómeno que pone de manifiesto la dimensión interpretativa e ideológica de la traducción. También comienza la autora comentando las diversas estrategias de traducción relevantes desde una práctica feminista de la misma, y que se superponen al conjunto de problemas de transvase y adaptación culturales entre el original y la traducción: "las traductoras feministas repiensan no sólo la identidad cultural sino la genérica, dejando de lado las nociones 'naturales' preconcebidas" (186). A pesar del interés del tema, la orientación y redacción de este capítulo es sin embargo un tanto desorganizada e inconclusiva, y se encuentran traducciones discutibles o erratas ortográficas, como cuando se traduce una frase con estos acentos: "... nuestro deseo no-coercitivo de follar, cómo, cuándo, dónde elijamos".

La contribución de Ayse Banu Karadag (Universidad Técnica de Yildiz, Turquía) debe contemplarse en el contexto de la actual tensión entre occidentalización y tradicionalismo islámico en Turquía, y con el trasfondo de la influencia creciente del integrismo islamista. Versa sobre "La ideología religiosa y las traducciones de Robinson Crusoe al turco (otomano y moderno)" ("Religious Ideology and the Translations of Robinson Crusoe into [Ottoman and Modern] Turkish", 195-216). Aparte de ofrecer información bibliográfica al respecto, se centra en la traducción o adaptación de la obra de Defoe por el integrista Ali Çank1r1l1. Frente al Robinson heredado por la tradición turca, representante del hombre ilustrado occidental, este autor islamiza al personaje y a la obra—y comienza por presentarla como una deformación de Hayy Ibn Yaqzan de Ibn Tufail (a veces conocido en España como El Filósofo Autodidacto de Abentofail o Abubacer). La traducción reorienta el texto en múltiples aspectos, promoviendo la ideología del autor, en el seno de una casa editorial influida por el movimiento islámico Nur. Aun siendo informativo, este trabajo es muy elemental desde el punto de vista traductológico y del análisis de las ideologías, y se echa de ver que la autora no sólo escribe "con prudencia" sobre el fundamentalismo, sino que está todavía iniciándose en la redacción de trabajos académicos. Esto último sucede también con otras contribuciones de académicos jóvenes a este volumen.

Mª Isabel Herrando Rodrigo, de la Universidad de Zaragoza), escribe sobre los avatares traductológicos de otro clásico inglés del XVIII: en este caso, Los viajes de Gulliver y sus adaptaciones infantiles, en "A Reflection on Adaptations of Gulliver's Travels for Children and Teenagers in Spain During the Last Half of the 20th Century" (217-36). Es conocido el curioso destino de esta obra sarcástica e irónica, convertida en inofensivo cuento para niños. Herrando observa fenómenos como la simplificación o selección de episodios, la reutilización del mismo texto traducido, pero con distinto aparato crítico y editorial, para su orientación a diversos tipos o niveles de lectores, o las versiones simplificadas para su uso en clases de inglés: todo con atención a elementos paratextuales, como ilustraciones, notas, etc. Lo que yo subrayaría es que (todo lo característico de) Swift se pierde por el camino, y las traducciones se quedan con la anécdota o el episodio pintoresco, y queda sin traducir la auténtica aportación del autor. Son consecuencias de la muerte de éxito.

Maurice Frank O'Connor (Universidad de Cádiz) trata sobre el novelista anglo-nigeriano Ben Okri y su papel como mediador cultural ("Ben Okri as Cultural Translator", 237-47). La "traducción" se refiere aquí no literalmente a un transvase lingüístico que da lugar a un texto traducido a partir de un original, sino al elemento de mediación e interpretación cultural tan importante también en las traducciones propiamente dichas entre textos de orígenes culturales muy dispares, y que a menudo pasa desapercibido en la conceptualización de la traducción como un mero transvase de palabras y expresiones lingüísticas. Los textos de Okri son un ejemplo de los textos "multiculturales" de la segunda mitad del siglo XX, que cuestionan el etnocentrismo de las anteriores representaciones de Africa o el oriente recibido a través de una perspectiva imperialista y eurocéntrica. Suponen también una reapropiación y legitimación de la cultura nativa en sus propios términos. Se plantea, claro, la cuestión de la lengua, pues estas nuevas representaciones se articulan en el caso de Okri, Rushdie, o Achebe, en inglés—la lengua colonial. Hay un ejercicio por tanto de modelaje o reapropiación lingüística, en "un inglés nuevo, todavía en comunión plena con su hogar ancestral pero alterado para adecuarse al nuevo entorno africano", tal como lo expresa Achebe (1975). El desarrollo narrativo de The Famished Road de Okri se articula en torno al motivo del abiku, un niño-espíritu que recorre el mundo de los vivos y de los muertos. A diferencia del elemento mágico de los "hijos de medianoche" de Rushdie, en este caso el motivo se basa en una creencia con raíces en la conciencia colectiva nigeriana. A la vez Okri readapta muchos episodios de la Odisea, dándoles un correlato en la experiencia del protagonista Azaro, y efectúa así una mediación entre dos tradiciones mítico-narrativas. Es especialmente interesante este punto de encuentro en tanto que, como señala O'Connor, la obra de Homero representa un crucial punto de encuentro en Occidente entre la oralidad mítica tradicional y la nueva poesía escrita—en términos de W. Ong, "marcó el punto de la historia humana en el que interiorización profunda de la escritura alfabética se enfrentó directamente con la oralidad" (1982: 24). La escritura de Okri también asimila la oralidad africana, a la vez que entabla este diálogo con la tradición occidental—y crea así un complejo genérico para la modernidad africana, "una nueva mitopoética Afro-moderna que habla desde una inscripción migratoriamente ubicada" (O'Connor 243). También la figura de Don Quijote y su mundo paralelo de encantamientos halla su correlato, y es un influencia explícita en Okri. La obra de Okri es pues un complejo acto de intermediación postcolonial: "La reactivación del saber indígena a través de un canon occidental se vuelve así un acto de traducción cultural más que una simple re-evaluación de una determinada tradición cultural" (244), y supone una dignificación y promoción de la tradición africana nativa, frente a los presupuestos unidireccionales del colonialismo cultural europeo. Pero los efectos postcoloniales se producen en diversas direcciones: y así el artículo termina en otra nota, con unos apuntes de crítica a la promoción de los escritores "internacionales" como Okri, autores "culturalmente autotraducidos" por así decirlo para buscar un público más amplio, mientras se descuida totalmente la traducción de quienes promueven su cultural local escribiendo en las lenguas nativas minoritarias o culturalmente marginadas. Es la postura crítica asociada a Ngugi wa Thiong'o (otro "autotraducido", por cierto). Las decisiones comerciales de las grandes editoriales y la política de los premios literarios acaban modelando la recepción y el eco internacional de un tipo determinado de producción literaria "local".

# Muñoz-Basols, Javier. "Translating Sound-Based Humor in Carol Weston's With Love from Spain, Melanie Martin: A Practical Case Study." 249-66.


# Valero Garcés, Carmen. (U of Alcalá)). "Forging African Identity through Literature and Getting to Know It Through Translation." 267-87.


# Ráez Padilla, Juan. (U de Jaén). "Seating at the Head of the Literary Table: Seamus Heaney's Countercultural Redress in Beowulf: A New Translation." 289-98.


# Zarandona, Juan Miguel. (U of Valladolid). "Silver Shadow (2004): The Arthurian Poems of Antonio Enrique or the Different Reception of a Translation and a Self-Translation." 299-309.


Traduciendo los medios de comunicación: Traduciendo la cultura

Topsight

Cuántos sentidos ocultos pueden encontrarse en las cosas. Pero que puedan encontrarse no es garantía de que se encuentren. Ni siquiera de que estén allí: siempre podemos ser víctimas de una crisis de apofenia. Pero haberlos haylos, como hay programas de los Simpson por el aire transparente de la mañana. En realidad todo en el mundo es un mensaje secreto, pero hace falta tener la clave de la lectura, o el decodificador. Que algo esté allí, ante la vista, no es garantía de que se vaya a ver. Consúltese La Carta Robada—u otros relatos de detección. Pero si ha de poder decirse que está allí, el sentido, debe estar allí para alguien— aunque sea sólo para el narrador, o para el emisor, o para el trazador de oscuros planes. Nadie ve todo lo que hay—ni el plan detrás del plan—lo más que podemos decir, normalmente, es quién ve más, quién ve menos, en un sitio y un momento dados, sobre el tema que ocupa nuestra atención. Quién ve menos, a veces es obvio. Por las opciones que elige—cuando son previsibles, estúpidas, o controlables. Quién domina, perspectivísticamente, la parte de la situación en la que estamos... eso sólo puede saberse cuando descubrimos que hay otro que estaba viendo más que nosotros. Por ejemplo, que estaba viendo que no veíamos que veía.

En este caso, aunque no hay nada más odioso para la sabiduría que un exceso de ingenio, pensé que sería una lástima no dejar una pista.

—Un dessein si funeste, S'il n'est digne d'Atrée, est digne de Thyeste.


Todo es un código secreto

Lie Lady Lie

Lie Lady Lie

A debate on the PsyArt list, on the nature of lies, especially concerning literature. Some say poets and writers do not—cannot– lie. My view:

If only the "different worlds" of literature were simply "different", and separate from "the real world" or "the real worlds..." But they are intricately involved with it, and there's the rub. Take the problem of realism, for instance. And there are so many other senses in which lies are relevant to literature---characters may lie, just like people. Lie lady lie. And poets, if they may be "true to their vision" as someone said before, may surely betray their vision or sell it cheap. And there are relevant issues of truth and lying regarding authorship, like hoaxes, impersonations, apocrypha, plagiarism, etc. If there can be truth in literature, then surely enough there can be fakes in it. And lies, and all the grey gamut.

Dichtung und Wahrheit