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Literatura y crítica

Entierro en Westminster

Capítulo 3 de 1599: A Year in the Life of William Shakespeare, de James Shapiro ( Londres: Faber and Faber, 2005).

(Capítulo 2: A Great Blow in Ireland)


3. Burial at Westminster. El entierro de Spenser, poeta cortesano regresado de Irlanda

En 1598 y 1599 se sucedían en Inglaterra reclutamientos para las campañas de Irlanda, y también deserciones entre los reclutados a la fuerza. Huellas de estos episodios, y críticas, se ven en las escenas de militares de baja vida en las obras de Shakespeare: aprovechados y ladrones que presentan la otra cara del honor militar (pero también es significativo que por despreciables que sean estos personajes siempre son los cómicos en Shakespeare, y se les contempla con cierta complicidad).

En Henry IV (II) hay una escena de reclutamiento donde el simpático Falstaff se deja sobornar y hace gala de corrupción en lugar de patriotismo:

"Only Feeble doesn’t understand that a bribe is obligatory and his last chance to avoid impressment. The irony of watching this frail old man explaining why he wants to fight for his country, offrering up bits and pieces of the patriotic propaganda he has swallowed whole, would not have been lost on contemporary audiences" (Shapiro 75, traduzco).


También había colectas para apoyar la campaña irlandesa, cosas todas que tenían a la gente en actitud ambivalente, y tanto a caballeros como a ciudadanos con un sentimiento de vigilancia mutua ante las actitudes de los otros frente a la política del gobierno.

Spenser, autor del poema de caballerías al gusto de la reina, The Faerie Queene, era un colono en Munster, de los muchos que se habían instalado expulsando de su tierra a los irlandeses. Llevaba en Irlanda desde 1580. En 1598, con la rebelión contra los ingleses, había habido una matanza, y muchos colonos que no huyeron murieron. Spenser perdió una hija recién nacida.  Había escrito A View of the Present State of Ireland, recomendando aplicar una política cruel de matar de hambre a  los irlandeses para acabar con la rebelión. Ahora, de vuelta a Londres y resentido con los irlandeses, le añadió "A Brief Note of Ireland", insistiendo en la combinación de fuerza militar y hambre masiva—una joya de poeta, vamos, Spenser: un auténtico nazi isabelino.

Murió a mediados de febrero de 1599. Es posible que asistiese Shakespeare al funeral, pero no escribió ningún homenaje al respecto. "It’s hard not to conclude that, for Shakespeare, Spenser had built on sand" (81). En 1599 reescribiría Shakespeare dos géneros donde reinaba Spenser, la épica (con Henry V) y la poesía pastoral (con As You Like It). Un drama universitario contemporáneo de 1599 compara favorablemente al moderno Shakespeare con Chaucer y Spenser.

Quizá en esta ocasión (o en otra) visitase Shakespeare la tumba de Enrique V y su esposa Katherine en la abadía de Westminster: un triste espectáculo, con la efigie del glorioso rey decapitada, y su esposa momificada a la vista del público (allí seguía setenta años más tarde, cuando cogió la momia Samuel Pepys y la besó en la boca, por decir que había besado a una reina…). Las hazañas reales de Henry o las fantásticas de los caballeros artúricos de Spenser no suenan convincentes a quien pasea entre las tumbas de reyes y poetas.

Aunque el tema de su tumba es una constante en los poemas de homenaje que le dedicaron Jonson o Milton, Shakespeare no tenía ningún interés en ser enterrado en Westminster Abbey. Y de hecho (quizás para impedirlo...) se escribió a sí mismo como epitafio una maldición para quien "moviera sus huesos" de su tumba en la iglesia de Stratford.

Capítulo 4: Un sermón en Richmond

A Battle of Wills


Capítulo 1 de 1599: A Year in the Life of William Shakespeare, de James Shapiro ( Londres: Faber and Faber, 2005).

1. A Battle of Wills.
Will Shakespeare, autor y actor secundario, contra Will Kemp, el popular cómico y actor principal de su compañía. Termina 1598 con las representaciones de Navidad en el palacio de Whitehall, un espectáculo hipotético cuyo ambiente y ceremonial son cuidadosamente descritos por Shapiro. Posiblemente representasen la segunda parte de Henry IV, con su prólogo sobre el Rumor, muy adecuado a la corte, y su epílogo nuevo escrito para la ocasión—hablado por Shakespeare en lugar de Kemp. El epílogo original terminaba con una jiga, especialidad de Kemp, y pedía perdón por el asunto de su personaje Falstaff. Originalmente llamado "Sir John Oldcastle", había sido motivo de una protesta de la familia Oldcastle, al presentar al mártir protestante como un comilón juerguista y falsario. Shakespeare cambió el nombre (revirtiendo, me parece, al de ’Sir John Fastolf’, un cobarde personaje de Henry VI) y aclaró la confusión en su epílogo. Este personaje se convertiría en uno de los favoritos del público y de la reina, que al parecer pidió expresamente a Shakespeare que escribiese una comedia más sobre él (Las Alegres Comadres de Windsor). Es posible que fuese ésta, dice Shapiro, o Henry IV (I) el displeasing play a que alude Shakespeare en su nuevo epílogo a Henry IV para la corte: parece probable que esté aludiendo una vez más al episodio de Oldcastle con esto. Sea como sea, en el nuevo epílogo tenemos, dice Shapiro, "el único momento en sus obras en el que lo oímos hablar como él en persona y a favor de sí" (39). Vale la pena citar este parlamento y leer entre las líneas de la hojarasca protocolaria:

"First, my fear; then, my curtsy; last my speech. My fear is your displeasure; my curtsy, my duty, and my speech, to beg your pardons. If you look for a good speech now, you undo me,for what I have to say is of my own making, and what indeed I should say will, I doubt, prove my own marring. But to the purpose, and so to the venture. Be it known to you, as it is very well, I was lately here in the end of a displeasing play, to pray your patience for it, and to promise a better. I meant indeed to pay you with this, which if like an ill venture it come unluckily home, I break, and you, my gentle creditors, lose. Here I promised you I would be, and here I commit my body to your mercies. Bate me some and I will pay you some and, as most debtors do, promise you infinitely. And so I kneel down before you; but indeed, to pray for the Queen." (39)


Observa Shapiro que ha desaparecido la promesa de que volverá Falstaff (o sea, Kemp) en la próxima obra. En una lectura penetrante, observa el paso de la deferencia social (begging and curtsying) a la sugerencia de que autor y público son socios colaboradores en una empresa común: representada con la imagen de inversiones comerciales y navegaciones, imagen favorita de Shakespeare pero que recuerda especialmente a The Merchant of Venice. Y termina hábilmente haciendo que al arrodillarse él convencionalmente todos se arrodillen con él, probablemente, a rezar por la Reina, poniéndose así él (reciente gentleman) en pie de igualdad, o más bien rodilla de igualdad, con los demás cortesanos.

No lleva Shapiro más lejos su interpretación, pero podemos observar también en el lenguaje de este epílogo que Shakespeare, hablando en primera persona, se sitúa a la vez en el lugar de Antonio, el mercader de Venecia que corre el peligro de perder sus naves. De modo un tanto insolente, coloca a sus auditores en la posición de acreedores—la posición del poco razonable judío Shylock, en esa obra, a quien le entrega ahora el autor "su cuerpo". La insolencia solapada (propia por otra parte de Shakespeare) se presta a varias interpretaciones, aparte de la expresión disimulada de una cierta hostilidad hacia su público y la Corte. Yo lo interpreto así: Shakespeare está mezclando (como gustará de hacer este próximo año 1599, en los epílogos de Henry V o de As You Like It) los niveles de realidad efectiva y realidad representada, o realidad y ficción, de actor y de personaje. Probablemente, Shakespeare representó el papel de Antonio en El Mercader de Venecia, y está aquí jugando a lo mismo, hablando con la máscara del personaje medio puesta, contando con que el público lo recuerda como "Antonio" y encuentra por ello adecuada, o no improcedente, esta imagen de mercaduría y préstamo. Lo cual nos puede llevar a ampliar hipotéticamente una cierta línea interpretativa. Suponiendo que Shakespeare interpretase recientemente a "Antonio" de El Mercader de Venecia, es muy probable que interpretase también, en el año siguiente al que nos ocupa, en 1600, a otro Antonio, o que pensase el papel para sí. Estos dos Antonios son parecidos: ambos hombres más mayores enamorados con pasión homoerótica de un hermoso joven (y pensemos aquí en el argumento de los Sonetos). Ambos le prestan dinero, se empeñan más de lo debido en la relación, y terminan al final solitarios o marginados (Antonio de El Mercader de Venecia emplea una expresión amarga al respecto, diciendo de sí que es "a tainted wether of the flock / Meetest for death" (IV.i.113-14)). Tal vez Shakespeare estaba matando varios pájaros de un tiro al posar como Antonio. Y esto puede ser un dato más para asociar a Shakespeare a este erotismo homosexual desengañado o desilusionado, una desilusión que se expresaría de modo más personal y directo en los Sonetos. Aunque ya vemos que Shapiro no se siente inclinado a hacer la más mínima especulación a este respecto.

Un parlamento sabroso, pues, este epílogo de Henry IV. Para Shapiro, la comparación entre los mercaderes capitalistas y los empresarios teatrales es una analogía real: Shakespeare sabía que ambas actividades eran novedosas, producto de las nueva situación social, y podían transformar las diferencias de clase tradicionales. Habla Shakespeare el empresario que asciende de clase social, aunque (entiendo) habla tambien el Shakespeare que sabe que está arriesgando algo personal, de su carne, en toda esta empresa. Si va dirigido el reproche a alguien en concreto, eso no lo sabemos. En todo caso, como observa Shapiro, "es el momento en su obra en el que nos acercamos más a Shakespeare revelando su determinación de moverse en una nueva dirección, una en la que será más exigente con su público, sus compañeros actores, y consigo mismo" (41, traduzco)—y en ese sentido justifica el interés de Shapiro en examinar de cerca las obras que siguieron a esa declaración. Los editores subsiguientes, poco atentos a la situación concreta de este epílogo y del anterior, los mezclaron en uno, con la idea de "completar" la obra con un criterio nada atento al aquí y ahora del teatro.

Otra razón por la cual es Shakespeare y no Kemp/Falstaff el que habla este epílogo es, claro, un mayor protagonismo del autor, quizá debido a su responsabilidad como inventor de algo que "no gustó", quizá como toma deliberada de protagonismo frente al actor. Shapiro encuentra que este año de 1599 comenzó con la batalla entre Will Kemp y Will Shakespeare saldándose a favor de Shakespeare: Kempe deja la compañía, y será poco a poco olvidado a pesar de su popularidad de entonces. Shakespeare impone una técnica teatral más cuidadosa, más controlada por un texto de calidad y complejidad, y menos dependiente de improvisaciones y payasadas, que eran la especialidad de Kemp. En las instrucciones de Hamlet a los actores que actuarán ante su tío vemos explícitamente a Hamlet como Shakespeare insistiendo en que los cómicos se ajusten al personaje de modo realista, que no coloquen morcillas, y que los gestos y tonos de la interpretación sean adecuados a la situación y personaje creados por el autor.

Es posible que el detonante de la ruptura con Kemp fuesen las conversaciones a fines de 1598 para la formación de la nueva sociedad limitada, superpuesta a la compañía empresarial formada por los actores, con ocasión de la edificación del Globe. Ahora iban a ser propietarios del teatro, además de la compañía, fuente de rentabilidad abundante para Shakespeare (más que escribir…). Pero entre esos propietarios de esta segunda sociedad patrimonial pronto ya no se encontrará Will Kemp, pues deja incluso la compañía teatral. Kemp firmó el documento de sociedad para la construcción del Globe, pero poco después abandonó la sociedad, y los demás se repartieron su porción. Según interpreta Shapiro, y es bien plausible, esto sucedió con tensiones soterradas o abiertas con el actor secundario Shakespeare, que en tanto que autor se está convirtiendo en un auténtico director de la compañía en la sombra (no existía el puesto en tanto que tal).

Es posible, pues, que tanto la desaparición del epílogo que alude a las futuras andanzas de Falstaff, como la sustitución de Kemp por Shakespeare como hablante del epílogo, se deban a que la ruptura ya se ha producido. O al menos es éste uno de los episodios críticos que conducen a ella. Se detecta también en Henry V, escrita poco después, huellas del episodio y alusiones a él—comenzando por la desaparición y muerte de Falstaff—pero de eso hablaré en otro lugar. En lo que respecta a Shapiro, se inclina a creer que la ruptura con Kemp no había llegado aún, y que se produjo al enfadarse éste por la supresión de su personaje. Yo me inclino a creer que las discusiones monetarias que hubieron de preceder al "robo" de la madera del Theatre y la constitución de la nueva sociedad del Globe pudieron ser más bien la causa principal, y que Shakespeare cambió sus planes sobre Falstaff en consecuencia: pero todo puede haber ido muy mezclado. Mi especulación es que Kemp firmó como socio principal en el Globe, pero que luego no pudo hacer frente a las inversiones iniciales, o no encontró conveniente hacerlo, y que allí se rompió la sociedad. Es muy dudoso que Kemp hubiese realizado efectivamente la costosa inversión inicial y luego no se quedase para obtener las ganancias.

"La separación de caminos entre Shakespeare y Kemp—irónica aunque involuntariamente reflejada en el gélido repudio de Falstaff por parte de Hal—fue un rechazo no sólo de determinado tipo de comedia, sino también una declaración de que a partir de entonces iba a tratarse de un teatro de dramaturgo, y no un teatro de actor, por muy popular que fuese el actor" (43)


Kemp se desquitó haciendo un show personal en 1600, un espectacular baile continuado de varias semanas, que lo llevó desde Londres a Norwich en la jiga más larga de la historia (cosa que por cierto ningún gordo Falstaff hubiera podido hacer—la barriga de Falstaff era postiza). Para Shapiro, es una muestra de las raíces eminentemente populares de Kemp, que seguramente también se veía irritado por las pretensiones aristocráticas de Shakespeare; no era el único, y han quedado testimonios indirectos al respecto. Es posible que se conociesen con Shakespeare desde 1587, cuando los Earl of Leicester’s Men pasaron por Stratford. No sabemos si eso decidió a Shakespeare a su carrera teatral, pero sí terminaría asociado con alguno de ellos; quizá también ambos pasaron por la compañía de Lord Strange antes de la formación de los Lord Chamberlain’s Men en 1594. Shapiro también lee una incierta anécdota contemporánea (el chiste sobre ’William the Conqueror’ que llega antes que ’Richard the Third’ a seducir a una fan de su actor Richard Burbage) como una indicación de la insistencia de Shakespeare en la primacía del autor sobre el actor. Esa anécdota contradice un tanto otros informes sobre un Shakespeare austero y retirado, y la recoge el estudiante John Manningham en 1602 como algo del pasado. Los actores estelares siempre se interpretan a sí mismos además de al personaje, pero observa Shapiro que esto era especialmente así en el caso de los humoristas como Kemp, que tenían una identidad dramática ya establecida y ni siquiera al interpretar a Falstaff dejaban de ser prominentemente Kemp. Es un elemento más a tener en cuenta cuando hablamos de la interfaz fluida entre la ficción y la representación efectiva, el nivel de los actores y el público, en la obra de Shakespeare. A veces se colaba el nombre de Kemp en lugar del de su personaje en las acotaciones escritas por Shakespeare: pero después de Kemp eso dejó de pasar, y Shakespeare desarrolló un drama más complejo y naturalista, en el que los actores del tipo de Kemp hubieran sido un estorbo.

La carrera de Kemp declinó en otros escenarios; se endeudó y murió arruinado poco después. En el registro de su entierro ya estaba olvidado, sólo dice allí "Kemp, a man".

Capítulo 2: A Great Blow in Ireland

 

1599: Un año en la vida de William Shakespeare

1599: Un año en la vida de William Shakespeare

Reseñaré en una serie de posts el libro de James Shapiro (Columbia University), 1599: A Year in the Life of William Shakespeare. Londres: Faber and Faber, 2005.

Esta es una biografía de Shakespeare centrada en un año de su carrera, 1599, sobre el que existen abundantes datos—especialmente ahora, una vez los ha organizado el libro de Shapiro. Es un año crucial en la carrera de Shakespeare como autor, "the most decisive year of his career, one in which he redefined himself and his theatre" (371). Y tal como lo usa Shapiro este año es como una mirilla a través de la cual vemos mucho más de lo que hay en él: en cualquier año vemos por una parte el pasado acumulado que ha llevado a él y que ha hecho que las cosas sean como son. Y por otra parte vemos las semillas del futuro, quizá invisibles aquel año, pero contenidas en él y visibles desde la perspectiva de hoy. Así pues, una estrategia a la vez original y eficaz para construir una biografía. Lo que se pierde en panorámica temporal se gana en intensidad y en inmersión en la complejidad de un momento concreto. Para la reconstrucción de los detalles de ese mundo, maneja Shapiro una impresionante bibliografía presentada en un ensayo bibliográfico al final.

Como dice su autor, no es éste un libro sobre "Shakespeare in love", sino "Shakespeare at work", Shakespeare escribiendo sus obras en contacto por una parte con el día a día de su compañía teatral, y por otra parte con el ambiente sociopolítico de los últimos años de la era isabelina, la vida colectiva de Londres, la propaganda política, la situación internacional y las habladurías… De Shakespeare el individuo privado poco hay, ciertamente, y nada de sus amores, si los había. La persona Shakespeare sale mejor conocido de aquí sólo a través de su obra y del mundo en que vivió; en cierto modo sigue tan impenetrable como siempre.

Recogeré algunos de los episodios más llamativos de este año, siguiendo a Shapiro por capítulos.

En el prólogo, se nos muestra a la compañía de Shakespeare, los Lord Chamberlain’s Men, desmantelando, con acusaciones de allanamiento de propiedad, su teatro The Theatre, al norte de Londres (cuyos cimientos se localizaron este verano pasado de 2008), para llevarse la madera que emplearían en la construcción del Globe, en la orilla sur del río. De este episodio quedan huellas por los litigios que siguieron con Giles Allen, el abusivo propietario del solar... pero no del edificio desmantelado. Shakespeare se convertiría en accionista copropietario ya no sólo de la compañía, sino del teatro del Globe, y también de otro teatro interior en la City, el Blackfriars. Era un año de transición en su carrera. Su hijo  Hamnet había muerto hace poco (las reacciones explícitas a esta muerte son nulas en su escritura) y poco después Shakespeare había "comprado" en el Colegio de Heraldos un escudo de gentilhombre para su padre y para sí. Estaba trabajando duro, al decir de Shapiro, y no tenía tiempo para amores (aunque esto ya es especulación…). Las condiciones de intensidad laboral del teatro isabelino hacían no sólo que trabajase intensamente, sino que se enfrentase al público más experimentado que haya habido jamás, en cuanto a experiencia teatral se refiere. Shakespeare terminaba su ciclo histórico con Enrique V mirando atrás en su epílogo, rarísima referencia explícita a su obra en su obra. Como también es rarísima la alusión abierta a un acontecimiento político contemporáneo—la campaña militar de Essex en Irlanda—en esa misma obra.

Frente a los autores que escribían en colaboración, Shakespeare escribía solo este año (estos años); escribía a la vez para el público culto y el popular, y en las alusiones populares se rastrea que, como nadie, estaba inspirando a su público, manteniéndolo atento a él, y dándole claves para interpretar la realidad que les rodeaba.


INVIERNO

1. A Battle of Wills. Will Shakespeare, autor, contra Will Kemp, actor principal.

2. A Great Blow in Ireland.  La expedición a Irlanda de Essex, contra la rebelión de Tyrone.

3. Burial at Westminster. El entierro de Spenser, poeta laureado.

4. A Sermon at Richmond.
Ante la reina y Shakespeare, un sermon bélico.

5. Band of Brothers.
Enrique V y las huellas de la expedición de Essex.

 

PRIMAVERA

6. The Globe Rises. El nuevo teatro estrenado este año.

7. Book Burning. Por orden de los obispos: la historia de Henry IV de Hayward.

8. ’Is This a Holiday?’ La agitación popular en Roma y Londres, en Julius Caesar.

 

VERANO

9. The Invisible Armada. Los preparativos ante el temor de un ataque español.

10. The Passionate Pilgrim. Shakespeare y los piratas. Las revisiones del Soneto 138.

11. Simple Truth Suppressed. La nueva complejidad de Shakespeare en As You Like It.

12. The Forest of Arden. Viaje a Stratford, y antipastoralismo en As You Like It.

 

OTOÑO

13. Things Dying, Things Newborn. Muere la Caballería representada por Essex. Nace el capitalismo.

14. Essays and Soliloquies. La influencia del ensayo sobre Hamlet.

15. Second Thoughts. Versiones y revisión de Hamlet: varias obras y proyectos.

 

Termina el libro con los festivales teatrales de fin de año en la Corte. Isabel seguía espectacular y omnipotente: el fracasado Essex había perdido su favor, y el espectáculo de la corte seguía sin él. Pronto se alzaría en rebelión y sería ejecutado, con la compañía de Shakespeare oscuramente implicada en el asunto… aunque saldrían con mejor fortuna que él, actuando para la reina mientras Essex era conducido al cadalso. Se representaron este fin de año obras de Dekker y Jonson—las nuevas de Shakespeare eran demasiado arriesgadas políticamente para llevarlas a palacio; en parte Shakespeare había transformado su drama absorbiendo la atmósfera políticamente cargada de este año en concreto. Quizá representasen los Lord Chamberlain’s Men la comedia de este año, As You Like It. Pero en todo caso, Shakespeare se había convertido en el autor de referencia con quien competir: se había apoderado de la escena popular. Este año empezó escribiendo Enrique V, su obra histórica más compleja; ensayó un nuevo rumbo para la tragedia con Julio César, y terminó trabajando en Hamlet. Este año llevó su obra a un nivel superior de complejidad y calidad. Un botón de muestra de la contextualización que logra Shapiro:

With Hamlet, the cross-pollination of the plays reaches another level when Polonius unexpectedly tells Hamlet, ’I did enact Julius Caesar. I was killed i’th’Capitol; Brutus killed me’ (III, ii, 99). John Heminges, who played older men, probably spoke these lines and also played Caesar. The in-joke, which audiences at the Globe would have shared, is that Richard Burbage, who was playing Hamlet and had played Brutus, was about to stab Heminges again! (367)
 


Este año había estrenado la compañía de Shakespeare su teatro del Globe, con su lema probablemente a instancias del propio Shakespeare "todo el mundo actúa como un actor", lema reconocible también en un famoso parlamento de Jaques en As You Like It, escrito también este mismo año. Según Shapiro, Shakespeare es el primer dramaturgo moderno que desarrolló esta conexión estrecha con un espacio teatral concreto, el del Globe, y un público muy concreto—capaz de seguirle y captar estas referencias. (Otra que se me ocurre es el ’kiss me Kate’ de Enrique V a su princesa francesa: una alusión a otra obra de Shakespeare quizá recientemente retomada por su compañía, La fierecilla domada). En un contexto más amplio, esto tenía lugar en el marco de una especialización creciente de los teatros y públicos londinenses: los Chamberlain’s Men desarrollaban el teatro más complejo y avanzado de Shakespeare, mientras que sus rivales los Admiral’s Men vivían del pasado con una oferta más popular y tradicional, y las compañías infantiles se especializaban en drama lírico y aristocrático. El centro lo dominaba Shakespeare, que combinaba atractivo intelectual y gusto popular. Escribe obras más exigentes con sus actores, y es consciente de que el público busca en él, y ha encontrado, un intérprete incisivo de sus tiempos. Usando una de sus imágenes favoritas, de tantas basadas en contratos y préstamos, había dicho a finales de 1598 "hacedme una rebaja y os pagaré algo, y como hacen la mayoría de los deudores, os prometeré infinitamente"—una complicidad, o toma y daca con el público, que aún dura.

Ackroyd’s Shakespeare


Apocalipsis de la Comunicación Total

Apocalipsis de la Comunicación Total

Este es un artículo en inglés que presenté en un congreso en 2002 y que tenía sin electrificar. Apareció un par de años después en el volumen colectivo Memory, Imagination and Desire in Contemporary Anglo-American Literature and Film, editado por Constanza del Río-Álvaro y Luis Miguel García-Mainar. En inglés pero en Alemania, en la colección Anglistische Forschungen (no. 337) de Carl Winter, Heidelberg, 2004 (pp. 253-68). Trata de fantasías de conexión y comunicación total que terminan en una apoteosis ya sea infernal o utópica, centrándose en dos casos analizados más en detalle: la novela de Olaf Stapledon Star Maker (1937) y la película The Matrix (1999).  La primera, por cierto, prefigura entre otras muchas cosas más a la segunda.

 En fin, aquí está, en inglés, "An Apocalypse of Total Communication".
I Screw Robots
Me he acordado del artículo a cuenta de las recientes reflexiones de algunos como Kevin Kelly sobre el siguiente paso en la Red—la  Red de las cosas, o la Red que atrapará el mundo, la Red que llevaremos encima y que cubrirá todo el espacio físico, interactivo y de objetos por el que nos movamos.... vamos, la Conexión Total, que ahora se atisba no como una fantasía literaria o cinematográfica, sino como un fenómeno real a la vuelta de la esquina. Será un efecto no tanto posible sino más bien inevitable de la producción hiperestandarizada y de la globalización. Será la Red de la que seremos parte porque estaremos integrados en ella, más de lo que jamás lo estuvo Sandra Bullock. A mí me da más escalofríos que a Kevin Kelly este desarrollo, no digo ya en los cinco mil días siguientes de la Red, sino en los cincuenta mil que seguirán a esos.

Welcome to the Machine


Sobre los gobernantes y el gobierno de sí

Es el título que le doy a este fragmento de la tragedia Thyestes, de Jasper Heywood traduciendo a Séneca (1560). Un magnífico poema de ideales estoicos:

Not riches make a king, or high renown;
Not garnish’d weed with purple Thyrian dye;
Not lofty looks, or head enclos’d with crown;
Not glitt’ring beams with gold, and turrets high.
A king he is, that fear hath laid aside,
And all affects that in the breast are bred;
Whom impotent ambition doth not guide,
Nor fickle favour hath of people led. (...)
It is the mind that only makes a king.
There is no need of sturdy steeds in war,
No need with arms, or arrows else, to fight,
That Parthus wonts with bow to fling from far,
While from the field he falsely feigneth flight.
Nor yet to siege no need it is to bring
Great guns in carts to overthrow the wall,
That from far off their batt’ring pellets sling.
A king he is that feareth nought at all.
Each man himself this kingdom gives at hand.
Let whoso list with mighty mace to reign
In tickle top of court delight to stand;
Let me the sweet and quiet rest obtain;
So set in place obscure, and low degree,
Of pleasant rest I shall the sweetness know.
My life, unknown to them that noble be,
Shall in the steps of secret silence go.
Thus when my days at length are overpass’d
And time without all troubles tumult spent,
An aged man I shall depart at last,
In mean estate to die full well content.
But grievous is to him the death, that, when
So far abroad the bruit of him is blown
That known he is too much to other men,
Departeth yet unto himself unknown.


No hacen a un rey riquezas, ni alto renombre;
Ni ornado el atavío de tiria púrpura teñido;
Ni el aspecto altivo y cabeza cercada por corona;
Ni doradas columnas y altos torreones.
Aquél es rey, que el miedo ha echado a un lado,
Y todas las afecciones criadas en su pecho;
Que no es guiado por ambiciones impotentes
Ni el favor caprichoso del pueblo a quien conduce. (...)
La mente sola es la que hace a un rey.
No necesita corceles recios en la guerra,
Ni combatir con armas, ni con las flechas
Que el Parto lanza desde lejos con su arco
Tras fingir su fuga del combate falsamente.
Ni es necesario arrastrar para el asedio en carros
Grandes cañones que tumben las murallas
Derrumbándolas con balas, arietes desde lejos;
Un rey es quien a nada le tiene ya temor.
Un reino que lo tiene cada cual, si se lo da.
Que esté quien guste de reinar con un pesado cetro
En la cima incierta alzado del gozo cortesano;
Que yo buscaré la descansada y dulce vía
Del puesto oscuro y de la alcurnia baja,
Y gozaré la dicha del descanso ameno.
Mi vida, ignorada por nobles e importantes,
Seguirá tras los pasos secretos del silencio.
Y así cuando mis días se salgan de su cuenta,
Sin tumulto de tormentos mi tiempo ya gastado,
Partiré ya, siendo hombre al fin anciano,
Contento de morir en la mediocridad.
Pero es atroz morir para quien, cuando
Tan lejos esparcidas noticias y rumores
Sobre él, pues todos demasiado lo conocen,
Parte siendo un desconocido para sí.



La Beatriz


Shakespeare y los cien clones


Otra de clones. If you want somebody you can love—clone yourself! Esto es lo que parece sugerir Shakespeare a su narcisista amigo, el Bello Joven de los sonetos.  (Cántese con música de Bob Dylan, "Trust Yourself"). He aquí un soneto revelador de la fijación erótico-contemplativa, y de la obsesión homosocial, del Poeta:

Sonnet 6

Then let not winters wragged hand deface,
In thee thy summer ere thou be distil’d:
Make sweet some viall: treasure thou some place,
With beauties treasure ere it be self kil’d:
That vse is not forbidden vsery,
Which happies those that pay the willing lone;
That’s for thy selfe to breed an other thee,
Or ten times happier be it ten for one,
Ten times thy selfe were happier then thou art,
If ten of thine ten times refigur’d thee,
Then what could death doe if thou should’st depart,
Leaving thee liuing in posterity?
Be not selfe-wild for thou art much too faire,
To be deaths conquest and make wormes thine heire.

Una traducción libre, parafrástica y postmoderna del Sexto soneto lo versaría tal que así:

No toleres, pues, que la mano áspera del invierno desfigure el rostro del verano en ti, antes de que tu esencia haya sido destilada. Haz que tus fluidos sexuales concentrados dignifiquen algún receptáculo de cristal, probeta o matraz (u otro recipiente análogo: una madre de alquiler, mujer insignificante, deleznable de por sí, fea si es posible, y que no se mezclará contigo, que actuará como mero receptáculo neutro para tu líquido seminal— y bien afortunada puede considerarse con ello)—Resérvate, atesórate algún lugar donde guardar el genoma que codifica tu identidad única e intransferible, vuélvelo en tesoro con el tesoro de tu presencia, con el tesoro de la belleza, antes de que ésta se suicide, desperdiciándose: hazte una copia de seguridad. Usarte así a ti mismo no es un uso prohibido por las leyes (no es un préstamo abusivo el que deja contento a quien paga el interés de buena gana). Es hacer que tú mismo generes otro tú mismo, engendrándote o dándote a luz a ti mismo, para ti mismo. O, aún mejor, diez veces mejor—aunque pagases un interés de mil por cien T.A.E.—si del original que eres hicieras diez copias. Serías diez veces más feliz, con tu misma persona multiplicada por diez. Y si esos diez te reprodujesen haciendo nuevas copias, diez veces cada uno, dando figura cada uno de ellos a diez rostros idénticos al tuyo—entonces ¿qué podría hacer la muerte aunque tú te fueses, habiéndote dejado a ti mismo viviendo y multiplicándote para la posteridad? No seas testarudo, no te resistas a hacerlo, pues eres demasiado hermoso para ser conquistado por la muerte, y para darte en herencia a los gusanos.


El fluido al que se refiere el soneto al principio desarrolla y continúa la idea del soneto 5, que comparando al amado con una rosa, le dice que tras la muerte las rosas dejan su esencia transformada en perfume. Es el perfume destilado de la rosa la esencia de su belleza, y se guarda en un frasco para la posteridad, “A liquid prisoner pent in walls of glass” (Soneto 5). El frasco será, claro, por una parte, la imagen del soneto, pequeño receptáculo a prueba del tiempo, y que, es más, se reproduce por impresión de copias idénticas, ofreciendo una analogía textual al proceso de autoclonación imaginado para el amado. Como siempre en los Sonetos, la descendencia poética y la descendencia biológica son imágenes una de otra. Por otra parte, el “fluido” es naturalmente el fluido seminal, esencia del bello joven, destilación de su cuerpo, que permite su perpetuación en el futuro. Es aquí donde la misoginia que late en los sonetos asoma por primera vez su rostro. La mujer con la cual el poeta dice al amado que se case será por supuesto totalemente irrelevante desde el punto de vista emocional o erótico: es una mera nulidad, un cristal transparente, un recipiente que contiene el fluido sin mezclarse con el, es “vile” (viall) de por sí, y sólo por contacto puede volverse “sweet” en tanto que contiene o da a luz al pequeño clon. Porque lo que nace es un clon, una copia perfecta del Bello Joven: el joven no tiene un hijo suyo y de la mujer, el hijo es sólo suyo, es más, es él mismo, reeditado, reimpreso, clonado y multiplicado “to the crack of doom”. Sounds like too much of a good thing, sin duda; tanto dulzor concentrado emphalaga. Qué digo cien clones: mil, diez mil... el Bello Joven amenaza invadir la realidad con un ejército de clones, copias idénticas, inquietantes para el lector, no para el poeta, y no se sabe si esta proliferación de simulacros producto de las fijaciones eróticas del poeta es realmente preferible a la proliferación de gusanos que es su alternativa. Por suerte, la proliferación será únicamente una proliferación textual de los propios sonetos que invocan esa clonación y son su equivalente figurativo. Es también el sueño de una masculinidad que se perpetúa a sí misma sin ningún contacto de herencia genética con la mujer (ese peligro para la masculinidad); y es el sueño de una línea patrilineal perfecta, transmisión de herencia e identidad de hombre a hombre, sin interferencias de insignificantes linajes femeninos: la homosocialidad llevada a su extremo lógico, la anulación completa de la mujer en su papel vehicular entre varones idénticos a sí mismos.

En un artículo que leía hoy  (*) Peter C. Herman examina cómo Shakespeare combina imágenes de usura y de procreación, de patrimonio y matrimonio, y las sitúa en su contexto histórico, el capitalismo temprano: "Not only does the speaker entirely occlude the partner’s role, but the child is himself now an endlessly reproducible commodity" (268). La usura era condenada por la Iglesia y las costumbres aristócratas, pero era incipientemente legislada por textos legales que en un ejercicio de mala conciencia a la vez decían aborrecer de ella; era un tema contencioso y ambiguo, quizá para el propio Shakespeare, especulador y quizá prestamista que sin embargo condenaba ambas prácticas en sus obras. "The homology between usury and procreation thus instantiates a hermeneutic dilemma, an aporia, that is difficult if not impossible to resolve" (274). La usura se describe en términos de procreación contra natura, de lo que no debía procrear de por sí (el dinero), "which creates a further homology between usury and homoeroticism, a practice medieval and early modern discourse also figured as fundamentally ’unnatural’. . . . Like usury, homosexuality was often considered an abomination that threatened the very order of the universe" (275). En los sonetos de Shakespeare, el lenguaje del mercado se infiltra en el del amor y el deseo, y también ilustran las ambivalencias donde la supremacía patriarcal corre el riesgo de volverse sodomita, de tanta fijación homosocial... El homoerotismo también parece hacer peligrar el orden del universo aquí, entre la carencia de descendencia por un lado y la multiplicación especular de más y más de lo mismo por el otro; también en ese exceso parecen ventilarse algunas fantasías o pesadillas homosociales.

En cuanto a los tabués y discursos que había sobre la usura hacia 1600, no dejan de recordar en cierto modo a los actuales tabúes hacia la manipulación genética humana y la clonación: prohibición religiosa, e intereses económicos; desacralizaciones obscenas, peligro de pérdida de la identidad del alma (la del cristiano, frente al abyecto judío que sí presta con interés—también lo hacía Shakespeare)... pero la ley autoriza algunos casos, y es tal la tentación y tan pingües los beneficios, que bien lo podemos utilizar al menos como una analogía aceptable.

En otro artículo de Shakespeare’s Sonnets ("The Matter of Inwardness: Shakespeare’s Sonnets", 1999) Michael Schoenfeldt analiza el ideal de autocontrol que tan a menudo presuponen los sonetos y que los hace a veces difíciles de entender para una mentalidad moderna, que identifica este autocontrol con hipocresía o represión. Cierto es que los sonetos tempranos incitan al joven a abandonar su estéril absorción en sí mismo, "But even in those early sonnets, the young man is urged to give himself away in order cunningly to preserve himself through the techniques of heterosexual reproduction, not out of some ethical joy implicit in the virtue of giving" (318). Podríamos añadir que en cierto modo el joven, protegido ya sea entre las paredes de cristal que contienen su "esencia" o entre las límpidas líneas del soneto, estará incólume y nunca mezclado por la polución con un elemento ajeno a sí. En especial no con el elemento femenino que (en la segunda parte de los Sonetos) aportará la experiencia de la vergüenza, la duplicidad y la corrupción a este Poeta sifilítico y escopofílico.

Para Schoenfeldt Shakespeare es "clásico" en su admiración al autocontrol, la autosuficiencia y el buen gobierno de sí. Yo argüiría, sin embargo, que es moderno al mostrar (quizá en parte a su pesar) la frialdad inhumana autorreplicante a la que puede llevar el autocontrol absoluto, y también por su actitud ambivalente hacia la propia corrupción, reconociéndola y admitiéndola como el resultado de un choque entre los ideales y el deseo, un conflicto que lleva al ahondamiento y complejidad de la experiencia subjetiva. Es decir, que me sigue pareciendo en líneas generales admirable y ajustada la interpretación de Joel Fineman en Shakespeare’s Perjured Eye.




Nota

(*) Peter C. Herman, "What’s the Use? Or, The Problematic of Economy in Shakespeare’s Procreation Sonnets", en Shakespeare’s Sonnets, ed. James Schiffer (Nueva York y Londres: Garland, 2000), 263-83.

Shakespeare y los eclipses

 

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in academic writing—and about self-making, free Will, Shakespeare, critical theory and much more. An excellent account of an interview with major Shakespearean scholar Stephen Greenblatt at if/book: "Greenblatt on Human Agency and the New Historicism". And the future of the book. Greenblatt, too, wants to have academic work published on the web—(but subscription-based "for the sense of community"—and he publishes books himself). The bit about the voice and professional self-making is worth reading.

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Why I Can't Be a Nun

El poema inglés medieval "Why I Can’t Be a Nun", editado por James Dean, se encuentra junto con muchos otros textos del inglés medio en un sitio artúrico y medieval, The Camelot Project, de la Universidad de Rochester (que una vez me concedió una beca... que no pude aprovechar. Pero gracias).  Se llama la colección TEAMS Middle English Texts.

Y estas cosas que encuentro navegando por la red todos los días, a decenas a veces, normalmente no las pongo en el blog como hoy, sino que van a parar, clasificadas por temas, a mi Bibliografía de Teoría, Crítica y Filología, a la que debería ir llamando ya BiblWebGrafía, y que se parece en parte a aquellos viejos directorios de Internet que aún se encuentra uno por allí a veces. Si clasificase estas referencias por temas en el blog necesitaría poner varios miles de secc
iones temáticas, como las que tengo allí, y no es cuestión. Bastante sobrecargado tengo el tema ya.

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