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Vanity Fea

Personales

Mapas de otro planeta

Mapas de otro planeta

Sábado 16 de agosto de 2008

Llegamos a Portonovo (otro Portonovo) a eso de las once de la noche, después de rodar con nuestros huesos por la aldea del abuelo, Vilar de Ferreiros, en la Galicia profunda, donde vemos la capillita de San Roque donde hacía de monaguillo. Y más santos, o non sanctos: paramos en Santiago de Compostela, donde había que abrazar al apóstol, o a Prisciliano, o a quien sea que allí yaga o yaciera. Y nos diluvia por el camino, y vemos muchas vacas y muchas carreterillas laberínticas, y muchos eucaliptos y muchos sitios con nombres repetidos, como decía Giles Tremlett en Ghosts of Spain: "The result, however, is that, as you meander, lost, through pastures and eucalyptus groves, you can find yourself passing through such delightful sounding places as Goo, Zoo, Pin or Bra" (379).

Y hasta cambiamos el aceite de nuestro sufrido coche, pues lo habíamos agotado totalmente según costumbre, y ya iba renqueando. Y más carreterillas y más vacas:

Ivo—Mira, vacas de las de mapa.

Oscar—Sí, a ver qué mapas son... Hum. Son mapas de otro planeta.

Y aunque no consultamos mucho el mapa (que tampoco es que sea fiable) acabamos llegando. A Portonovo, digo, y diluviando. Qué sitio es ese, mañana lo veremos.

A pedra de avalar

Pasados por agua

En nuestra excursión a San Ciprián. Así que nos refugiamos en el Ciber Pío.

Por cierto, los huevos pasados por agua parecen ser un plato que ha pasado a la historia. Con las cantidades que nos comíamos en los años sesenta.

Excursión por la Mariña

Excursión por la Mariña

Excursión del lunes—

Desde el monte San Roque - En el castillo del Mariscal Pardo de Cela - y por Burela:

Cuando tenga mejor conexión, irán a Flickr más fotos que me estoy hinchando de tomar. De momento lo tengo atrasado ese blog—pero bueno, a quien le guste ver fotos, ahí tiene más.

My photostream



Fourteenager

Fourteenager

Sábado 9 de agosto

Catorce cumpleaños de Álvaro—ya. Yo me acuerdo que de crío mirando un folleto de la reforma de la educación, allá hacia el 1970, veía planificados los años académicos 1974-75, y pensaba: uf, entonces tendré catorce años ya—un vejestorio, mi vida estará por detrás de mí. No parece que sea una sensación muy extendida por lo que me han dicho. Nos vamos a comer al mesón Boa Vista, y le escribimos una tarjeta entre todos. De regalos le han caído una suscripción al Muy Interesante y libros—ya ha empezado Los Pilares de la Tierra, que lo eligió él, y le encanta. Pibo ha aprovechado la ola de regalos para hacerse con su primera memoria USB, que la lleva al cuello como si fuese una medalla. Luego una buena tarde de playa en Area (aunque los niños querían ir a Xilloi: Area representa la realidad, Xilloi el sueño). Y al final vamos a ver La Momia III: La tumba del Emperador Dragón, que naturalmente les encanta. Por lo que se ve Rachel Weisz estaba como yo hasta el gorro de momias, así que había una nueva mami para el hijo del protagonista—y crisis de los cincuenta para su padre (había una escena alusiva al respecto, supuestamente comparando armas de fuego). Volvemos a casa a ver estrellas fugaces, con Otas repitiéndonos escenas de la película y haciendo variaciones fumadas sobre ellas. Y otra cosa: así de paso hemos visto hoy un piso sobre la ensenada, que quizá lo compremos y quizá no. Nos ha hecho muy buena impresión. Pero cómo saber lo que conviene invertir en un futuro determinado. Es como darle un empujón demasiado fuerte a ese sobre otros que están esperando en las incubadoras del tiempo. Y de hecho ninguno gusta. Gimme the present, any day.

Last words that last

 

Lo último de Carla Bruni

A photo on Flickr

Viernes 8 de agosto de 2008

Que no, que no va a dejar de gustarme Carla Bruni así por cosí, porque se haya casado con Sarkozy. Me refiero a sus canciones. Así que voy y me compro su disco, que decían que no vendía un clavel porque es el típico material de descarga por internet. Pues yo, como quien no quiere la cosa, voy y la subvenciono, hala. Si esto no es un lujo asiático, echarle unos durillos a Mme. la République, pues ya me dirán.

Además me parece genial que (como Sonsoles) siga con su carrera musical como si tal cosa, tras la boda real. Qué poco Letizia, mira si podía seguir presentando las noticias en el telediario (o en los programas del corazón—por ejemplo, "Se rumorean desavenencias entre los príncipes de Asturias por la decisión de la princesa de continuar su carrera televisiva...").

Lo último mío es que el agua ha subido un poquito de temperatura últimamente, y se puede uno bañar bastante. Que mañana es el cumpleaños de Álvaro, y que sigo trabajando en mis cosas pero muchas no las puedo colgar por mala conexión wifi—tengo mi portátil incomunicado. Pero aparte no pasa gran cosa. Mucha lectura, mucha playa, y mucho paseo con la familia por el pueblo y por la costa. Aparte de a Carla Bruni, oímos mucho a Carmen París (Incubando), Teresa Salgueiro, y Juliette Noureddine. Y a Sarah Brightman, que ahora mismo estará cantando en la inauguración de los juegos de Pekín. Por las tardes vemos en la tele "Hipólito", o sea, el serialón de siempre, Amar en tiempos revueltos, y los miércoles La mujer biónica. Me estoy leyendo cosas como Los mitos de la guerra civil de Pío Moa, Strategic Interaction de Goffman y House of Leaves de Mark Z. Danielewski. Y seguimos con Hegel también, con la Fenomenología del Espíritu, que no todo va a ser verano y playa y Carla Bruni.

Recuerdos a Teresa Force si lee esto, en Córcega o donde sea.

Lo de Carla Bruni


 

A Hyperborean Brew

Lunes 4 de agosto de 2008


A photo on Flickr

 

No llegan los calores africanos hasta estos países nórdicos (42º 40,5 Norte, latitud; 7º 35,4 Oeste, longitud), pero aun con todo a veces hay dificultades para dormir, y nos aquejan los insomnios, y luego los somnios—despertándome a las cinco y volviéndome a echar a las ocho, levantándome a las doce... uf. Bueno, hablo por mí—los demás parecen sufrir sólo de una cura de sueño sin más.

Y aparte del sueño, están los sueños, interesantes mescolanzas que me tienen ocupado primero soñándolos y luego descifrándolos, o especulando sobre ellos. Por ejemplo, esta noche examinaba el mueble viejo de la tele cuando vivía en la calle Ramón y Cajal—parece que no salgo de allí, ahora vivo en la casa de Ramón y Cajal. Y buscaba yo con afán papeles viejos de esos que nunca me habían interesado pero que sabía que estaban allí porque siempre habían estado—manuales de los años cuarenta, novelas de los años sesenta, guías con hojas manuscritas enmedio, mi álbum de sellos viejo, de esos que empezaban con una página entera con sellos de Franco de todos los precios—Y buscaba y rebuscaba y no encontraba lo que quería, era como si no tuviese bastante sustancia el papeleo amontonado. Lo que sí encontraba eran montones de cuentos de crío inutilizables por los desvencijado y apilado en exceso; pero no eran mis cuentos, sino los de mis hijos, esperando una relectura o reciclaje de otra generación. Y el cuarto de estar era pequeño, a la antigua. En unos cajones esperaba yo encontrar papeles, pero no había más que mantelería. Y tenía cuidado para no despertar a mis padres con el ruido de la búsqueda, pero no había peligro: dormían, como siempre, en el último cuarto del fondo del pasillo, y allí no llegaba el ruido. Y más sueños, sueños de una recurrencia incomprensible, de episodios pausados y repetidos que llevaban de una viñeta a otra y de la otra a la una, como un círculo vicioso, o como esas escenas de Myst, ese videojuego tan estático que le gusta a Álvaro. Más sueños, entre insomnio e insomnio: me casaba otra vez, o más bien me hubiera casado si hubiese acudido la novia a la boda, pero aunque la veía pasar por delante (una desconocida) tenía a los invitados esperando, y yo fuera a la espera, hasta que venía el cura y bueno, pasaba yo a que me casase a mí, ya la casaría a ella cuando decidiese venir... Y luego venía, en efecto, y nos volvía a casar el cura, no sin una declaración mía de que únicamente repetía la ceremonia porque la primera vez no había sido válida. A los invitados les agradecía su paciencia y su presencia. Y seguía soñando, esta vez furioso, porque me paseaba por la biblioteca de la Facultad buscando libros, pero todo el mundo estaba fumando, y yo me enfadaba, les señalaba los carteles: "¡Aquí no se puede fumar!", y cuando me miraban como una molestia, ya me cabreaba y me subía por las mesas de estudio brincando de una a otra: "Ah, pues yo también haré lo que me dé la gana". La directora de la biblioteca llamaba a un guardia, pero se le fundían los plomos cuando le decía que le dijese a la gente que primero dejase de fumar... Y no encontraba mis libros, que estaban en una sección aparte, e iba por la biblioteca gritando: "¡Que apaguen los cigarrillos, coño! ¡Que esto parece la batalla del Marne!" (estaban todas las salas de estudio llenas de nubes espesas de humo). Y jaleaba a los no fumadores: "¡Exigirles a estos que dejen de fumar—por vuestra propia salud! ¡La de ellos, por mí que los parta un rayo!"—Por cierto, me felicitaba Celestino por mi contundencia al pedir la aplicación de la ley.

Y aún más sueños se acumulan... Nos han quitado los despachos, todo está en ruinas y apenas puedo creer que nos hayan asignado a este cuartucho desconchado con todo el mundo acumulado en confusión. Hay que pedir permiso para pasar. En mi ordenador se ha sentado Marta, pero le digo que no se moleste en levantarse, que me voy a una reunión (—je, tiene chiste lo de la reunión, ahora que lo pienso, con todo el mundo allí como en un tranvía). Al bajar (era una especie de ático) observo que ha habido un terremoto y ha desplazado los escalones y ha hecho una grieta enorme en la pared de la iglesia de Biescas, o en el velo del templo, no sé—entro con unos colegas al coro, veo que se ha acumulado mucha quincallería con los años, y también que ahora los curas tienen unas pantallas digitales alargadas para dar instrucciones y agradecimiento a los fieles. Luego me viene a afeitar a navaja un sirviente oriental, no muy hábil por cierto. Y hay unas escenas desagradables con unas arañas blancas y gordas que tenían invadidos los armarios. Una de ellas la echo fuera, perdonándole la vida (como me pasó ayer con una en el cuarto de los niños)—tiene comportamiento inteligente, se mueve como un pequeño robot humanoide japonés, de hecho al caer al balcón de los niños de abajo se metamorfosea en un Madelman que continúa esquivando a los perseguidores.

En fin, escenas que tienen la virtud de parecerse, por semejanza o por inversión, a las historias que nos van pasando. O de no parecerse a ellas, que también es mérito.

Ivo, por su parte, está quemando etapas de la civilización—tras descubrir a Lucky Luke, se está dedicando a los hermanos Marx, y también está redescubriendo por experiencia propia los principios básicos de la economía. Había en la tele un documental muy ilustrativo sobre el dinero en las sociedades primitivas—unas conchitas cuyo valor decidía arbitrariamente el Alan Greenspan de la tribu, un nativo avispado que trasteaba e intercambiaba y buscaba conchas e iba variando su precio y se las cambiaba a los demás por cosas de valor. Ahora Ivo repite la maniobra, y descubre la generación espontánea del dinero: ha instituido un mercado de venta de piedras, con carteles publicitarios y todo, y les está vendiendo a los chavales del barrio, a cincuenta céntimos, las piedras de la calle que selecciona, y va animándoles a hacer colecciones e intercambiarlas. Como quien les hace sopa de piedra, vamos. Ahora mismo lo oigo negociar. Esto no es sueño, sino una repetición acelerada de la evolución histórica y del desarrollo de las formas culturales: no deja de recordarme al relato de Jack London "A Hyperborean Brew". Cualquier día reinventa Ivo la religión, o les infla un perro. Esperemos que no nos lo denuncien por estafador, y tengamos que salir de aquí por piernas.

Parece que va amaneciendo... Me voy a ver si duermo un poco.

Tres sueños: Solo ante el Juicio - Los carteles - El alojamiento rural

El país de las Ts

El país de las Ts

(Domingo 3 de agosto de 2008)

Así es como llaman los chavales a este sitio de los alrededores de Morás y Lago—un lugar de estética surrealista, y casi casi vacío de turistas... a no ser porque allí aparece el ojo de esta cámara observadora. En el fotoblog pongo más fotos de acumulaciones de Ts, y de la playa de Lago—lástima que no se aprecien los miles de peces saltando en el agua.

Fotos de Galicia

 

 

Sábado 2 de agosto de 2008

It's the Final Countdown

Sábado 2 de agosto de 2008

Comienza, o termina de confirmarse, nuestra decadencia. Ayer vivimos uno de esos momentos emblemáticos en la balística de la trayectoria vital—como cuando bates tu último record, y de allí para abajo. Resulta que en la playa de Lago, vacía como siempre, nos picamos con Álvaro y echamos una carrera. Y le gano—pero por última vez en mi vida, porque me quedo con el pie resentido, que ya lo tenía, y se demuestra que ya no estoy yo para estos trotes ligeros. Esta noche me dolía el pie como si me lo hubiese roto, y ando hoy pisando huevos... Me veía ya fastidiao para todo el verano, y tirando de muletas, pero parece que volverá a buenas el asunto, mientras no abusemos del pobre cojo. Ahora es sábado por la tarde y ya anda la Cosa tan bien como para irnos a alguna playa—alguna lejana de Viveiro, que hay un festival rock; está el pueblo invadido por una horda de heavis tatuados que parecen sacados del anuncio ese de It’s the Final Countdown que tanta risa les da a los críos.

Reconstruyendo poquito a poco