Pasan por aquí mis padres
—incluyendo a mis madres: así de maja se la veía hoy ante el ordenador... y eso que estaba malucha.

—incluyendo a mis madres: así de maja se la veía hoy ante el ordenador... y eso que estaba malucha.

Por la mañana, registrando el bolso de Tata, encontramos una foto misteriosa. Misteriosa hasta ahora. Nos despedimos de los padres en Biescas, y bajamos hasta Villanueva, donde tenemos comida (no japonesa) con Carmen y Paco —y Rodri y Valma, claro. Pero no contentos, seguimos camino hasta las urgencias de la clínica Montpellier, donde me tratan de una crisis aguda de alergia—con Urbasón al canto, y más pastillas pal pastillero. De ahí a casa, a enviar un artículo que me pedían de Inglaterra—y a cenar al vegetariano con Chusa y José Mari. Hablamos de la incertidumbre de si petará o no Occidente: ni los expertos tienen ni idea, concluimos. El futuro es impredecible (qué cosas, en tantos años de Biescas, nunca hasta había visto una garza al pasear por el río). Y el pasado también, quién decía que no sabemos qué pasado nos espera... la prueba, la historia esta de las revelaciones familiares. En el restaurante, la camarera rusa tenía mal de amores, al parecer. Nada podemos por ella. Plegamos tarde, y recorremos la ciudad en fiesta en nuestra Vulcan, nosotros buscando farmacias. Al volver a casa encontramos a los nenes pacíficamente dormidos. A estas horas sigue la fiesta, pero sin nosotros.

estoy, el blog de este verano que perdí... menos mal que lo tenía colgado aquí. También vamos apareciendo ya por la Universidad con paso tentativo... para que no haya shock postvacacional, que amaga. Esta tarde ya cae el primer examen, y aún tenemos todas las maletas por medio. Y seguimos con la rehabilitación del cojo, con lo cual lo del paso tentativo ya no es sólo por la universidad sino por todas partes. Peor está mi hermano Eduardo, que se iba de vacaciones a Cádiz y se ha tenido que quedar en el fisioterapeuta de Zaragoza con la espalda hecha polvo. A los noventa habrá que vernos, le decía yo. "A los noventa estaré bailando jotas", dice. Un optimista. Atrás va quedando el verano—qué depre. A mí me van a empezar a dar lloreras inexplicables cualquier rato.
The longest journey
Nuestro coche aprovecha los días de los largos viajes de ida y vuelta de vacaciones para petar. Esta vez emprendemos viaje desde la ría de Pontevedra a Zaragoza, y antes de perder de vista la ría nos fallan las bujías y la pieza amiga en la que se encastran. Y aún menos mal que encontramos un taller llevado al parecer por un judío y una vikinga, que nos soluciona el problema por la mañana. Comemos con vistas a la ría que queríamos perder de vista—un paisaje de maravilla—y luego conducimos sin pausa y sin incidentes hasta llegar a Zaragoza, según previsto, a la 1 de la madrugada.
31 de agosto de 2008
Cosas perdidas con mi memoria USB, en el Ciber Dobleclic:
- Casi todas mis publicaciones, éditas e inéditas, en versión original. ¡La Obra de mi vida, en edición de bolsillo! Por suerte no creo que me robe mis escritos el ladrón que se quedó con mi memoria, pues hasta la fecha no han despertado ningún interés entre los ladrones. Más bien borrará todo para hacer sitio a vídeos porno. Por otra parte, yo ya había puesto todos esos textos a libre disposición del público, aquí. Así que más se perdió en Cuba.
- Todavía no colgada: la traducción de La Filosofía del Presente que ya tenía tan avanzada y que tardará en volver a su estado presente—presente en algún sitio. Aunque me imagino que el feliz nuevo propietario habrá borrado todos mis archivos para ponerse empetreses de Pereza. Habrá que tomárselo con filosofía.
- He reconstruido, en cambio, la versión en Word que he perdido, de mi artículo sobre Crítica Acrítica, Crítica Crítica (por suerte éste acababa de colgarlo en PDF). Otro de los trabajitos de este verano, a falta de hacerme kilómetros de agua salada a nado—que estaba fría.
- He perdido también todo el blog de agosto y mitad del de julio. Suerte que también estaba colgado en la red, en otra versión. Para algo sirve hacer copias de seguridad, y más que debería hacer.
Otra cosa que pensaba hacer y no he hecho es leerme En busca del tiempo perdido... a cambio, "je me suis couché de bonne heure".
Hoy es el último día en Portonovo, que viene a ser Sanjenjo en menos pijo—un sitio agradable donde no hay gran cosa que hacer. Aunque de hecho he estado casi más tiempo en Pontevedra, en el fisioterapeuta. El resto del tiempo, leer y poco más—pasear, poco puedo. Veremos si vuelvo a buenas con los aceites y emplastos de hierbas y masajes y ejercicios que me han recetado. En todo caso, mañana bajamos de la Axiom y volvemos a la tierra, gordos pero morenos. Hoy apuramos hasta el último día de las vacaciones. Aunque nos toca batallón de limpieza.
Hoy comemos con unos amigos de por aquí. Aparte, la vida social veraniega es una ruina—una burbuja de irrealidad, como digo. A cambio llevo varias noches soñando con escenas y ambientes del curro. El cerebro también busca su propia adaptación gradual, para evitar el síndrome de la gravedad súbita.
Viernes 22 de agosto de 2008
No Bruxo
En Pontevedra me voy a ver si me arreglan lo de la cojera que cogí en un centro de fisioterapia famoso aquí—el Bruxo, lo llaman. Me han recetado una buena sesión de masajes y de fomentos de hierbas. El diagnóstico es que vengo a tener algo así como una tendinitis de la cual he abusado. Aunque de todas maneras aunque hubiese ido a más médicos es posible que me hubiera quedado como estoy—me dicen que la medicina oficial ignora la manera de tratar lo que me pasa, y en efecto esa es mi experiencia, mal que me pese.
Y aprovechando el viaje me compro una buena colección de discos, incluyendo uno de Jakob Dylan; y en la librería Michavila un libro de Searle sobre el libre albedrío, otro de Camilo José Cela y Francisco Ayala sobre la evolución humana, y otro de Armand Marie Leroy, Mutantes.
De vuelta entramos en Portosanto, por una debilidad que tiene un miembro de nuestra expedición por la teoría de que Colón era gallego, y de la ría de Pontevedra por más señas. Allí está la "casa de Colón", una ruina que ahora vemos que están haciendo amago de convertir en casa-museo.
Y a última hora vuelta a la playa.
Jueves 20 de agosto de 2008
Aquí estoy tecleando en mi balconcillo frente a la ría de Pontevedra, con las Cíes al fondo, jo qué lujo de rato, reescribiendo mi artículo de próxima aparición sobre "crítica acrítica, crítica crítica". Pero me interrumpe Beatriz para que nos vayamos a dar un baño en la playa de abajo—aprovechando que no hay nadie. Baño que sería nocturno si no por la hora de desfase que llevamos aquí en el Far West. Allá vamos, golfiños.
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Pues estaba el baño de vicio, y el paisaje de la ría increíble, crepúsculo con niebla y arco iris, y con los últimos rayos del sol iluminando los barcos a ras del agua. Lástima de foto: esa es de las que se quedan fotografiadas en la mente, sin embargo.
Domingo 17 de agosto de 2008
Qué foto me he perdido. En la verbena del pueblo, una orquesta verbenera buenísima, actuando con sus luces y humos y coreografías sincronizadas—y se lo trabajaban, los tíos, bailando y girando y paso palante y paso patrás y hop, saltando de medio lado... todo delante de una explanada vacía, con sólo una niña delante mirándolos y bailoteando consigo misma.
Hubiera corrido a por la cámara (pero bah, tengo la descripción)—sólo que estaba cojo, aún. Aunque también hemos contribuido luego a hacerles un poco de aprecio a la banda, y entre el cojo y unos jubilados que se han sumado al baile, pues ya se iba animando la cosa cuando ha empezado a llover.