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Política

Estos no se han fugado

Estos no se han fugado

La Audiencia Nacional, hecha la picha un lío, ordena ahora que detengan al etarra Troitiño. Que, claro, ya se ha fugado, después de que amablemente lo pusieran en libertad antes de tiempo. Aquí la noticia según ABC. Lo que interesa subrayar aquí es que estos tres individuos que lo liberaron, los jueces digo, no se han fugado. Y van a seguir tan anchos en sus puestos, impartiendo "justicia".  ¿No habrá un partido político que pida sus cabezas? Me parece que no. En este país hay cosas inexplicables.

Ah, y todo esto porque en mil años de jurisprudencia experta, aún no se han aclarado qué quieren decir cuando le ponen a un individuo una condena de tantos años, cuándo empiezan a contar.... Estos magistrados los cojones son como un mecánico que confunde las ruedas y el volante. El nivel es peor que bajo, es que además les da lo mismo meter cuatro que cuatro mil años de cárcel, todo va a voleo, y los cuentan con los dedos de los pies. Por qué habrá que aguantar a esta gentuza en puestos clave, qué condenación es ésta.

 

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Y ahora, las autoridades judiciales salen a justificar que la decisión de los magistrados estuvo perfectamente ajustada a derecho. ¿Cuál? Porque las dos son contradictorias. El poder judicial apesta, y lo peor es que encima tomen al público por imbécil (aunque quizá razón no les falte). La justicia se desacredita con estas actuaciones: estos individuos que están en los altos cargos, en las magistraturas, en el Tribunal Supremo, en el Constitucional, en la Audiencia Nacional, son más peligrosos con diferencia que los chorizos a los que juzgan.  ¡Con qué caradura van a ir luego a intentar pasar sus patas de banco por criterios técnicos y basados en una jurisprudencia fina!  Aquí hace falta un trabajo de base que es desenmascararlos y abuchearlos por la calle, y desacreditarlos como merecen, y echarlos a patadas de sus puestos en cuanto se pueda. El respeto a la justicia pasa por hacer primero lo más básico, que es no dejarse engañar por estos excelentísimos sinvergüenzas.

Traición en el parlamento catalán... normal


Un parlamento regional va y vota esta semana una Ley de Independencia de Cataluña.  OK, la rechaza, porque allí lo que quieren realmente no es precisamente ser independientes. Pero el votar esa ley es un acto de traición y de instrumentalización manipulativa y prevaricadora de una institución que no tiene capacidad para votar esa ley. No me refiero al grupo que presentó el proyecto de ley—que es muy libre de hacer lo que le dé la gana. Me refiero a la mesa del parlamento o a la presidencia del mismo que tolera que eso llegue a votarse. ¿Acaso no se ha leído la Constitución, el individuo que preside este parlamento?

Pero ya sabe lo que hace, ya... ¿Por qué lo sabe? Pues porque nadie le va a poner una denuncia por alta traición, ni lo va a procesar, aunque lo que ha hecho es a todas luces ilegal, una desviación de poder en su cargo, y un atentado a la ley en favor de ni se sabe qué intereses. Nadie lo denunciará, nadie lo procesará. Porque así funcionan los partidos, y el gobierno,  y la fiscalía, y los tribunales de justicia en este país. Y así, los que tuercen las leyes a la luz del día, van a tener siempre las de ganar. 


 Políticos (catalanes) de ayer y hoy





Garzón es noticia

martes 12 de abril de 2011

Garzón es noticia


Cosa que le agradará, al menos en parte. Que Garzón sea noticia no es noticia. Como ya he escrito tanto en este blog, cuando sale alguna noticia seguro que ya había escrito ya algo yo al respecto.  De Garzón en concreto, a quien hoy procesa el Tribunal Supremo, ya había opinado algo yo en estos artículos:

"Terroristas pero no delincuentes."  4 Sept. 2006. http://garciala.blogia.com/2006/090402-terroristas-pero-no-delincuentes.php

"Justicia poética."  18 oct. 2008   http://garciala.blogia.com/2008/101801-justicia-poetica.php

"El juez reo y el juez Verdugo."  Mayo 2009.   http://vanityfea.blogspot.com/2009/05/el-juez-reo-y-el-juez-verdugo.html

"Falta información o se ignoran los hechos."  17 feb. 2010.  http://vanityfea.blogspot.com/2010/02/falta-informacion-o-se-ignoran-los.html

"Los garzonitas." 19 Mayo 2010.   http://vanityfea.blogspot.com/2010/05/los-garzonitas.html

"Riofrío." 20 marzo 2011.   http://vanityfea.blogspot.com/2011/03/riofrio.html


Instruir deleitando
 


Buena limpia

Anuncia el inepto y pernicioso Zapatero que no se va a presentar a las siguientes elecciones generales como candidato del PSOE.

¡BUENA LIMPIA!  Cuanto antes pase al olvido este sujeto, mejor.

Lo malo es que conociendo al hatajo de borregos que lo han mantenido, y que lo iban a seguir y apoyar si le hubiese dado por continuar.... el que venga será igual de inepto, o parecido.
zplenoempleo
Ahora, los niveles de canalla que ha conseguido impulsar este que se va ahora, están difíciles de superar. Tiene un club que puede intentarlo, no cabe duda. Pero siempre hay niveles.

Este fue el que llevó a la Eta al parlamento español, y luego al europeo, a que les votasen  aceptarlos entre la gente civilizada—a esos antropoides. Este es el que no ha parado de darles alas y oxígeno. Este es el que negaba la crisis, y decía ya hace años que estábamos en plena recuperación económica. El que ha recortado las pensiones y ha forrado a los banqueros, y les ha protegido cuidadosamente el chiringuito.

Fuera de aquí, inepto, canalla—que encima lo peor que ha hecho es envenenarle el cerebro a la gente, torcerles los criterios y engañarlos y corromperlos—a medio país, piramidalmente desde el vértice, dando ejemplo y mandando señales. Buena limpia será con tal que el que venga no sea aún peor. Porque menuda corte ha reunido alrededor, de vendidos, corruptos, oportunistas, falsarios y traidores—ni Al Capone lo habría hecho mejor.

Abogado de la Eta
 


Ya perdida la vergüenza

viernes 25 de marzo de 2011

Ya perdida la vergüenza


Ya desmelenados y pasando de todo, jueces y fiscales y políticos van a por lo suyo atropellando a quien se les ponga por medio en su huída para adelante, a coger el botín de su Grupo.

El juez Garzón denuncia al Tribunal Supremo español, que presumiblemente lo va a empapelar por alguno de sus múltiples delitos—lo denuncia ante el tribunal de Estrasburgo, pero lo malo es que el Tribunal Supremo aún no lo ha condenado a nada: con lo cual el juez sigue olvidando sus cursos de primero de derecho cuando le conviene. En Estrasburgo le recordarán que no puede presentar recursos antes de la sentencia, pero da igual. Aquí, seguramente, lo que busca es hacerse la víctima internacional ante los simplistas que son mayoría siempre, y quizá buscarse una excusa mediática para cuando decida declarase prófugo y fugarse de la justicia española.

El Fiscal General del Estado, Conde Pumpido, sigue siendo un agente de la la manipulación y la corrupción de la justicia al más bajo precio. Este era el que decía, cuando la negociación con la ETA, que a veces los jueces tenían que manchar sus togas con el polvo del camino. Bien, pues ahora quiere cortar por lo sano el caso Faisán, cambiando la tipificación del delito—resulta que avisar a los etarras para que huyeran no era colaborar con ellos, sino una mera revelación de secretos, un defectillo administrativo que tendría pocas consecuencias. Este individuo sí que arrastra por el barro su toga, y la de todos los que lo rodean. Qué vergüenza de país, el que lo tiene como Fiscal General—pero visto el gobierno que tenemos, muy ocupado en cubrir sus propias vergüenzas, qué se puede esperar. Nos gobiernan, nos presiden y nos vicepresiden los manipuladores a los que han votado los manipulados. Así, el menú está servido.

Y el Tribunal Supremo, a punto ha estado de admitir otra vez a los pro-etarras en los ayuntamientos, a recoger fondos públicos y a subvencionar a los del tiro en la nuca—y a mantener el chiringuito de la recaudación intacto. Que por cierto aquí nunca se ha denunciado a nadie por colaborar con la Eta pagándole los fondos que le hayan solicitado, y así sigue por tanto la Hacienda paralela funcionando sin problemas. Bien, pues ahora los "progresistas" (entiéndase con sarcasmo) del Tribunal Supremo querían tener etarras en los ayuntamientos—el PSOE se desvive por conseguirlo, no para de promover declaraciones y mociones a su favor. Y en el grupo Prisa están indignados de que no haya salido adelante la cosa, pero se frotan las manos pensando que tienen mayoría en el Tribunal Constitucional. La cadena SER, tan amada por todos los españoles, no para de intentar convencerles de que lo que necesitan en realidad es un etarra en el ayuntamiento. Genial. Unos canallas, vamos. ¿Y por qué los sintoniza tanta gente?  ¿Será que quieren convencerse de eso también?

Yo, porque tengo un buen puesto de trabajo en este país—que si no, me parece que emigraba. No es normal que tengamos a esta pandilla gobernando y llenándonos las ondas aún y pontificando, después de dejar al país hecho unos zorros. No se puede ser tan memos.

 Cómo lo veo yo
 


Riofrío

Riofrío

Riofrío es un libro de Santiago Muñoz Machado, abogado y profesor de derecho, sobre el juez Garzón—a cuenta de un largo proceso en el que Garzón intentó empapelar a la una serie de inversores que iban desde Berlusconi hasta Miguel Durán, en un macroproceso pésimamente instruido, pero muy bien filtrado a la prensa, que duró casi diez años, y en el que el autor actuó como abogado defensor de los encausados. Al final, después de todo el aparato mediático filtrado por el juez, los argumentos de la Fiscalía y el proceso de instrucción resultaron irrelevantes, si no delictivos—y todos los acusados fueron absueltos tras diez años de pena "de banquillo". A continuación se puso una denuncia a Garzón por prevaricación y otros delitos.

Había oído hablar de este libro, que pretende pasar por "novela de no ficción" o roman à clef, y me interesó leerlo. Y ciertamente parece desprenderse del relato una actuación en la línea de otras que tienen a Garzón ahora mismo ante el banquillo: y surge la figura de un juez ególatra, arbitrario, interesado, manipulador, obcecado y redentorista, con un alto concepto de sí mismo que parece bastante injustificado. Concluye el autor que el proceso Garzón es una piedra de toque: si no resulta condenado y apartado de la carrera judicial, será que no hay en España más que una ficción de estado de derecho, y que la justicia está totalmente supeditada a oscuras maniobras e intereses políticos. Muñoz Machado mismo fue uno de los acusados en el juicio, además de defendido: aquí está su autorretrato, en la figura de "el Profesor" que al final resulta ser uno mismo con el abogado narrador:

"escogí para la prueba a uno de mis defendidos que era con el que más, y con menos fundamento, se estaba cebando el juez. Se trataba de un profesor de Derecho y abogado prestigioso que había sido cogido en aquella trampa sin que nos explicáramos la razón, que no se deducía, desde luego, de nada de lo actuado en la instrucción. En las largas y penosas conversaciones que mantuve aquellos años con él, me asombraba su serenidad y firmeza frente a la adversidad. Nunca faltó a sus clases diarias ni durante la instrucción ni durante el juicio, ni dejó de dictar conferencias por todas partes, ni de asistir a jornadas ni congresos, ni de escribir artículo y libros de su especialidad. Ni siquiera le hacían resentirse lo más mínimo las fabulaciones que se habían levantado contra su persona. Los más proclives a la envidia no podían disimular a hurtadillas cierto regocijo por lo que estaba ocurriendo. Mi estimado profesor sufrió lo indecible por las tibias respuestas de algunos colegas y las dudas sobre su conducta que, a sus espaldas, llegaron a exponerse según pudo saber en los cenáculos de la Villa y Corte, que es extraordinariamente pequeña si de guardar secretos se trata. Pero nunca contestó de ninguna manera que estudiando, escribiendo y trabajando. (52)
 


Y ahora con este libro, que tiene un tono de ajuste de cuentas con Garzón, a quien retrata al final leyéndolo y a la espera de su propio Juicio Final.

Repetidamente manifiesta el autor su fe en la honorabilidad de los jueces (en general) y en la fiabilidad del Derecho, y de los mecanismos y procedimientos del sistema judicial (aunque sí observa que en la fase instrucción de procesos está insuficientemente garantizados los derechos de los acusados si se topan con un juez arbitrario).  Bien, pues a pesar de ese relato, lo que se desprende del deprimente relato del proceso es para mí todo lo contrario: la ineficacia total y absoluta del sistema judicial, la monstruosa inoperancia de un procedimiento que puede ser infiltrado a cada paso por intereses espúreos, sin capacidad de reacción ni de intervención de nadie, pues todos están agazapados detrás de un procedimiento que parece pensado para permitirles echar balones fuera, y rodar hasta el infinito como una Oficina de las Circunlocuciones kafkiana, acumulando legajos y toneladas de expedientes que nadie lee pero todo el mundo hace circular. El procedimiento judicial, supuesto garante de objetividad, es en realidad una máquina de creación de una realidad alternativa, en la que sólo pueden navegar quienes tengan tiempo o dinero para ello. Su misma estructura es una máquina de generar desigualdades, arbitrariedades manipulables por los mandarines expertos, y cegueras selectivas entre los aliados en intereses. Como digo, nada de esto es lo que pretende transmitir el autor, pero es lo que se transmite de una visión interna a cualquier proceso de éstos que duran años. Como este otro, por ejemplo.  Yo también tengo mi propio "Riofrío", publicado por capítulos, a cuenta del proceso de varios años en torno al examen de cátedra que me suspendieron.

El relato de Muñoz Machado es interesante en lo que tiene de revelación (semiinconsciente, como digo) de las cárceles de papel que genera no sólo el sistema judicial, sino también las estratagemas de magnates y mangantes para trabajar al límite de la legalidad, donde ésta se vuelve interpretable y por tanto los jueces fácilmente torcibles por razones espúreas. Como novela no vale nada, está escrito el libro de manera torpe y confusa, con nula generación de suspense argumental, y con torpes intentos locales de introducción de anécdotas o personajes pintorescos. Tampoco es especialmente fino ni lúcido en tanto que ensayo sobre el sistema judicial o la jurisprudencia. No se lo lea nadie intentando sacar de aquí otra cosa que un retrato detallado de las detestables maneras de Garzón, vistas desde el banquillo. eyes wide shut

"Las conductas de este tipo, si se toleran, acaban generando otras iguales y multiplicándose a toda velocidad, y concluyen en un quebranto irreparable de instituciones esenciales. La convivencia deja de estar regida por el Derecho y se convierte en un cuerpo a cuerpo en el que nadie gana al final, porque no hay un solo valor constitucional que pueda sobrevivir en medio de semejante refriega". (201).


Como digo, malo sería que el sistema se malease, pues bastante malo es ya—más apto para corros de mandarines intrigantes, o de escolásticos miopes, que para producir nada que pueda parecerse a la justicia. El arte de la justicia es tratar a todos por igual, pero todos no son iguales, y cada caso es diferente. Hay que hacer caer el caso concreto bajo el caso abstracto contemplado por la ley, pero entre la particularidad del caso y la generalidad de la ley hay un amplio espacio de maniobras, espacio en el que a menudo resultan indistinguibles la incompetencia de un juez, su mala fe o interés, o sus nociones sobre cuánto hay que afinar a la hora de aplicar las normas. Proporcionen un caso con un mínimo de criterios dispares contemplables, y el resultado del peritaje judicial viene a ser como el de echar una moneda a cara o cruz, ni mejor ni peor. Y si el juicio se anula o se repite o se recurre, el resultado del segundo juicio respecto del primero viene a ser como volver a echar la moneda al aire. Así de mal está el tema.

A veces es cierto que a Muñoz Machado le asalta la duda sobre si efectivamente vivimos en la selva, disfrazada de Estado de Derecho, por ejemplo cuando más allá de la maldad de un individuo se pregunta por qué el sistema no lo ha detenido antes: "El juez transgrede la legalidad y asume atribuciones que las leyes no le otorgan. Pero los poderes públicos afectados, que lo saben y lo consienten, y no defienden los valores esenciales del Estado de Derecho, son cómplices o cooperadores necesarios de esta ignominiosa situación" (85). Pues claro—pero cuando alguien es poderoso, es porque no le faltan cooperadores.  Y cuando se perpetúan en el sistema legal y judicial leyes absurdas, procedimientos inoperantes, y arbitrariedades sin otra justificación que el poder del juez, es para preguntarse en qué oficio está uno—si en el de la justicia o en el del abuso organizado, cuando procede. Por ejemplo (y esto lo dice tras muchos años de Derecho y Jurisprudencia teórica, sólo cuando se convierte en acusado él):

"Aprendí de una vez por todas que la incongruencia omisiva es un rasgo esencial del diálogo entre el juez instructor y las defensas. Es decir, el abogado hace un fundado alegato sobre la improcedencia, la ilegalidad o la inconstitucionalidad de una decisión, pide su revocación o levantamiento, y el juez no responde a los argumentos sino que contesta con dos líneas en las que no ofrece más motivación que la que cabe en un contundente no me da la gana. Yo no sabía nada de estas prácticas entonces, porque no había ejercido como penalista (....). Nunca se debe recurrir nada porque nunca te darán la razón. Y además, al recurrir te señalas y puedes perjudicar a tu cliente." (23-24).


Compárese con una observación que extraigo de mi propio Riofrío, la "sentencia de la cátedra":

Esta manera de escamotear las cuestiones es, por lo visto, un procedimiento habitual a todos los niveles de la actuación judicial. Hablando el otro día con un amigo abogado, me decía que, en base a su experiencia, los jueces se hacen una idea previa primero de si van a dar una sentencia favorable o desfavorable, y ello por múltiples razones, entre las cuales la argumentación presentada por las partes es sólo una, y a veces la menor. En muchos casos se olfatea el ambiente, se atiende a "la manera habitual de resolver estos casos" (sea lógica o no); otras veces se detectan los contactos y apoyos de una y otra parte, hay telefonazos de conocidos. E incluso hay casos de corrupción, de la de maletín, seguramente mucho más frecuentes de lo que imaginamos (...). En fin, una vez tomada la decisión previa, por las razones públicas u ocultas que resulten operativas, pasan los jueces a argumentar esa decisión por la vía rápida, creando una ficción de razonamiento que les lleva a esa decisión: o sea, estructuran una argumentación considerando sólo los aspectos de la cuestión que favorecen la decisión que ya han tomado. (Esto tiene su interés desde el punto de vista de una teoría de la retroactividad). Los demás aspectos del caso, los argumentos de la parte contraria, los refutan a veces de malísima gana. Los minimizan en lo posible, y con argumentos malos si no los hay buenos. (Y en esta sentencia sí vemos un caso acabado de este proceder). De tal manera que, si la parte "contraria" —que ya lo es, parte contraria—presenta un argumento demasiado fuerte, o irrefutable, éste suele desaparecer sin más de la argumentación del juez, y de la sentencia. De tal modo que, decía este abogado, a veces es una estrategia más provechosa para un abogado presentar únicamente el argumento más incontrovertible, aunque haya muchas otras razones que aducir y muchas irregularidades de procedimiento... y fundar la apelación exclusivamente sobre este punto incontrovertible. De esta manera, el juez no puede ignorarlo, pues como no puede entregar una sentencia en blanco, no puede dar un simulacro de sentencia donde la verborrea sobre cuestiones menores disimule el pufo grande. Algo tiene que escribir el juez, y se retrata vivamente si resuelve un asunto bien visible de modo chapucero.

Una estrategia favorita, pues, es escamotear sin más la argumentación del apelante—sin llegar a refutarla. Se pierde por el camino, entre punto y punto, o en el rincón de una frase, y ya está. Como si no hubiese existido.


—¿No son éstas las descripciones de un proceder general corrupto, fosilizado y devorado por su propio procedimiento? ¿Una máquina absurda de rituales supuestamente garantes que no garantizan nada en absoluto, a no ser la arbitrariedad del juzgador? Por otra parte, el propio Muñoz Machado relata cómo una de las estrategias de defensa seguidas, por lo eficaz, supongo, en otros casos, era la de compadreo extraoficial, en ambientes de ocio del caro, con el juez en cuestión de que se trate. En fin, todo un panorama judicial.

El título del libro viene de un cruce entre la cafetería Riofrío, frecuentada por jueces y abogados en Madrid, donde el autor redacta esta novela, y una novela del XIX, Los bandidos de Río Frío, de Manuel Payno, en la que aparece un juez canalla que "es un charlatán, un intrigante y un malvado, que ha logrado sorprender con embustes, con servicios fingidos y con mentiras, la buena fe del gobierno". Lo malo es que el nombre del juez nunca está dicho—y que el libro se subtitula "la justicia del señor Juez", así en genérico. Justicia poética, quizá.  Que no tengas pleitos, porque los ganes o los pierdas, y sea quien sea el juzgador, razones suele haber más que suficientes para pensar que los razonamientos del señor juez, los de cualquier señor juez, o sus simpatías subterráneas, o sus omisiones selectivas, o su interpretación particular de la norma, podrían haber sido los que son, o exactamente los contrarios. Y los del abogado, eso ya depende de quién lo contrate, directamente.

Los garzonitas


La imposibilidad de la autoenmienda

La imposibilidad de la autoenmienda

La Constitución española, que ha servido durante más de treinta años para que este país funcione a trancas y barrancas, es sin duda imprescindible, a la manera de un mal necesario. Necesaria es como la ley—mala es como los malos de película que nunca se enmiendan ni se vuelven buenos. Porque si bien la constitución tiene defectos serios, el más serio de ellos es la imposibilidad práctica de enmendarla. Sí, hay en teoría un procedimiento para modificar la constitución y quitarle sus feas verrugas (o añadirle alguna más, vaya usted a saber...). Pero hay otro procedimiento más expeditivo para la autoenmienda constitucional, sin pasar por el quirófano.

Quien quiera investigar más la cuestión, puede empezar por leerse el libro de Peter Suber The Paradox of Self-Amendment. Quien explica así el punto central de esta paradoja:

If legal rules that authorize change can be used to change themselves, then we have paradox and contradiction; but if they cannot be used to change themselves (and if there is no higher rule that could authorize their change), then we have immutable rules. Paradox and immutability should create an uncomfortable dilemma for jurists and citizens in western legal systems. It appears that we must give up either a central element of legal rationality or a central element of democratic theory.

I argue both descriptively and normatively that law can tolerate paradox but cannot tolerate immutability.


La cuestión en el caso español es más paradójica: qué sucede si hay una inmutabilidad no teórica, pero sí de facto, de la letra de la ley–y una mutabilidad indeterminable en su significado.

La Constitución española de 1978 prevé en su título X ("De la reforma constitucional") que puede iniciarse una reforma constitucional por los procedimientos previstos en el artículo 87. Pero es un proceso mucho más arduo que la reforma de cualquier ley, según establecen los artículos 167 y 168:

Artículo 167.

1. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado.

2. De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso por mayoría de dos tercios podrá aprobar la reforma.

3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.

Artículo 168.

1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título Preliminar, al Capítulo II, Sección I del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.

2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.

3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.


curaNo digo que sea imposible una mayoría de dos tercios del Congreso, en absoluto, pues incluso un acuerdo más amplio entre los dos grandes partidos sería concebible para algunos asuntos tras un pacto previo. Pero una reforma que afecte a cuestiones sustanciales y objeto presumible de disensión no sólo requeriría dos tercios del Congreso y del Senado, sino también exigiría que el gobierno que hubiese podido reunir esa mayoría disolviese las cámaras, ganase otra vez ampliamente las elecciones, volviese a aprobar con una nueva mayoría de dos tercios la reforma propuesta, y luego la someta a referéndum. Parecen demasiados obstáculos prácticos, vista la realidad de la política en España. Es una buena medida, en principio: evita cambios a la ligera de cuestiones de ordenación básica, si bien no las hace imposibles—un gobierno bien podría plantear una reforma constitucional sin suicidarse, votándola justo antes del fin de la legislatura, al menos en teoría.

Pero de hecho, el sistema de reforma constitucional es tan exigente que se ha optado por un sistema más hispánico: en lugar de enmendar la constitución, vaciarla de contenido, o volverla puramente teórica en los aspectos que dicten los poderes fácticos y ambientales. Esto tiene la ventaja de que la Constitución no se toca, y la desventaja de que (especialmente cuando la cosa aprieta) no hay constitución, y sólo hay una ley—la ley del embudo del que manda. Un país que permite que  el gobierno, o el tribunal constitucional, finjan que la constitución dice lo contrario de lo que dice, no tiene ley sino letra muerta ante el poder—y por tanto da lo mismo que enmiende o deje de enmendar su ley fundamental. En España no es urgente la reforma de la Constitución: de hecho es totalmente innecesaria, mientras se pueda vaciar de contenido cualquiera de sus artículos sin que se les altere la cara a políticos y jueces.

Por cierto, que según estipula el artículo 169, no se puede iniciar la reforma constitucional habiendo estado de alarma, excepción, o sitio, como lo hay en estos momentos—por la rebeldía de los controladores aéreos. Así que la Constitución no se reformará hoy—ni mañana tampoco, pues donde se puede trampear sin límite claro, no hace falta enmienda ni reforma.

Quizá haya que ampliar el principio de Suber, para admitir que la ley puede por fin tolerar la inmutabilidad, una vez sobreentendido el principio de que puede tolerar las excepciones, cuando así lo dicta el que manda.

La Ley avala el Delito

(Bo)Libia, y Always Marruecos

miércoles 1 de diciembre de 2010

(Bo)Libia, y Always Marruecos


zpleno empleo
(Bo)Libia, y Always Marruecos
 
Le decía Zapatero al embajador marroquí, "Always Marruecos". Y el otro que ni lo entendía—como si no se le entendiese a Zapatero de lejos, lo de always Marruecos. Lo suyo con los tiranos es de vocación, una pasión por el olor a tigre. No tiene remedio. El país a punto de petar, en el remolino de la deuda (la quiebra que viene, ver minuto 20)—y mientras el presidente haciendo manitas con Goofy, digo con Gadaffi. Y dándoles de regalo a los regímenes de Bolivia y Marruecos lo que nos ha recortado a los funcionarios y a los pensionistas. Por favor que alguien se lo lleve. ¿Habrá alguien tan memo que no se haya arrepentido aún de votar a este sujeto?

Cara de cemento armado