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Semiótica

Palabras, palabras, palabras

viernes 8 de octubre de 2010


Palabras, palabras, palabras


Dijo Hamlet. Y Dalida. Y Labordeta.




Ayer estuve en un par de confe
 rencias de las jornadas de lingüística Sylex, en concreto sobre la definición del concepto de palabra... Y pongo este comentario en la web sobre la charla  de Juan Carlos Moreno Cabrera,  CONTRA LA TIPOLOGÍA MORFOLÓGICA: AGLUTINACIÓN Y POLISÍNTESIS EN LA PALABRA NATURAL.

Pues he de decir que no me gustó nada la conferencia de Juan Carlos Moreno. Bueno, en toda propuesta hay elementos aprovechables, y tuvo sus momentos divertidos. Pero creo que el conferenciante perdió de vista totalmente la noción de “palabra”, y que centrándose en su noción muy particular e intransferible de “palabra natural” ignoró todo lo que el sentido común y la lingüística nos vienen diciendo sobre lo que son las palabras. Se echó de ver un exceso de voluntad rompedora no sustentado por la utilidad analítica (y un exceso de ligereza y de arrogancia, dicho sea de paso, cuando denuncia que todos están equivocados en su noción de palabra). Es pecado, supongo, de muchos lingüistas, se centran en exceso en su propuesta o teoría favorita descuidando otras perspectivas o arremetiendo polémicamente contra ellas… sin buscar el terreno común que posibilita el entendimiento.

Sobre la palabra… bien, a mi entender puede que no sea un término lingüísticamente claro y nítido, especialmente si afinamos y restringimos demasiado el instrumento de análisis (como sucede cuando se intenta definir desde una perspectiva únicamente morfológica, o fonológica, etc.). La palabra es más bien el punto de encuentro de una serie de criterios ya no sólo lingüísticos, sino intuitivos y populares – y la lingüística que se aleje de ese punto de contacto con la lingüística de la calle corre el riesgo de convertirse en un ejercicio académico vacuo. La palabra es un “fuzzy concept”, quizá, y de rasgos variables según el contexto en el que se la invoque, pero no nos entenderemos sin palabras… ni con palabras usadas en un sentido que nadie más usa.







Adam’s Tongue 9: El Reto de Chomsky

Cómo mostrar cosas con palabras

viernes 17 de septiembre de 2010


Cómo mostrar cosas con palabras

Este título de reminiscencias austinianas es el del libro del filósofo del lenguaje y narratólogo portugués Rui Linhares-Días (How to Show Things with Words: A Study on Logic, Language, and Literature; Mouton de Gruyter, 2006). Es un proyecto atípico—tan atípico como un narratólogo en las Azores—en el punto de intersección de la lógica formal, la lingüística cognitiva, la filosofía del lenguaje y la teoría narrativa. Se presenta como una exploración en profundidad de la oposición de modalidad narrativa que enfrenta el decir cosas, o narrarlas, frente a mostrarlas o presentarlas vívidamente y en proceso ante el receptor, mediante el lenguaje. Claro que el lenguaje oral o escrito no muestra cosas literalmente como el teatro o el cine, pero sin embargo sí se generan dinámicas discursivas que permiten hablar de modalidad narrativa, o distancia narrativa como la llamaba Genette en su Figuras III. Observa Linhares-Dias que al sostener Genette que en la narración escrita sólo se podían mostrar, literalmente, palabras—se presupone que los lenguajes significan sin imitar, y se abandona el enfoque "ilusionista" a la cuestión de mostrar con la narración, perdiéndose importantes vías de análisis y posibilidades de contacto con ciertos estudios lingüísticos—en concreto interesan al autor los estudios de las estructuras evidenciales, gramaticalizadas en algunas lenguas.

Los críticos formalistas anglosajones, por su parte, oponían telling y showing: contar era, en los modernistas que seguían la estela de Henry James, la manera desfasada y poco artística de narrar historias, pues el artista de la ficción debía mostrarlas a su lector. Ya antes de James se aprecia este gusto por la mostración, presentación directa, o dramatismo narrativo en otros autores: en Dickens (sí, Dickens el omnisciente...) en Stendhal, que hacía gala de que él mostraba la historia, y no la "contaba" como otros—y hasta en Aristóteles, si nos remontamos a la Poética.Era Homero el primer mostrador de cosas con palabras. El debate se retomó con fuerza a finales del XIX: "mientas Ludwig, Spielhagen, Lubbock, Walzel y Beach proclamaban la superioridad del mostrar sobre el decir, Friedemann, Forster, Petsch, Kayser y Booth son conocidos por sus pronunciamientos excesivos a favor de lo contrario" (56). Las discusiones sobre esta cuestión a finales del siglo XX normalmente prestaban gran atención a las cuestiones del punto de vista o focalización, y a la representación del lenguaje, en especial al uso del estilo indirecto libre. Puede verse por ejemplo el libro de Dorrit Cohn sobre diversas técnicas de mostrar las mentes de los personajes, Transparent Minds. Y yo mismo escribí sobre estas cuestiones en mi libro Acción, Relato, Discurso.
 
Este libro enfoca el asunto de la "distancia" narrativa de una manera más inhabitual, al menos para lo que se suele estudiar en la narratología de tradición estructuralista. Comienza con unos prolegómenos que me resultan más familiares: sobre la estructura lingüística de la comunicación narrativa, y dando un repaso a los enfoques lingüísticos en narratología pertinentes para la cuestión. Allí sí se trata la obra de autores con los que yo ya había tratado, como Ingarden, Stanzel, Hamburger, Müller, Weinrich, Uspenski... y se aborda la cuestón de la función de los tiempos pasados en la narración, al margen de la retrospección y de indicar temporalidad propiamente dicha. Pero pronto se lleva la discusión al terreno propio en el que se centrará el libro: cuestiones cognitivas de conceptualización y "empaquetamiento" de procesos y acciones en las formas verbales y en la sintaxis narrativa. Hacia allí se orientan la discusión del "efecto de realidad" de Barthes y los comentarios de Chatman y Prince sobre la narratividad de los distintos tipos de acción verbal. Los estudios de Chafe sobre la narración oral sirven para contraponer el desplazamiento y la inmediatez que se da en el relato oral, frente a la inmediatez desplazada que se genera en la prosa narrativa. Ya desde el primer capítulo, tras una introducción a la problemática del decir frente al mostrar, se pasa a un planteamiento lógico-semiótico de la cuestión, en un apartado sobre "la transmisión narrativa como distancia cognitiva: de las modalidades evidenciales a los signos indicativos"; y se anuncia el enfoque principal del libro sobre la cuestión, que se centra en el análisis de cómo se generan efectos de presentación mediante el uso del tiempo verbal, el aspecto, y la semántica del tipo de acción (Aktionsart).

Desde el punto de vista evidencial en que se centra el autor, "'Mostrar no es sino causar que otros vean que uno ha visto (...) como una especie de transferencia epistemológica inducida textualmente, de modo que el receptor descodifique la fuente de información perceptual como algo que él podría haber experimentado de haber estado presente" (7), mientras que los que se cuenta sin mostrarlo (telling, frente a showing) es lo que sería para la el narrador "perceptualmente inaccesible desde la ubicación espacio-temporal que ocupa en el universo de ficción" (7). Lubbock, el gran abogado del showing en su libro The Craft of Fiction, es claramente consciente de la naturaleza lingüística de la cuestión, observa Linhares-Días, pero carecía del instrumental lingüístico requerido para desarrollar una argumentación formal. Y lo mismo ha sucedido de hecho con narratólogos formalistas, fuesen o no partidarios de sostener que se pueden mostrar cosas con palabras. Una fundamentación lingüística, gramatical y lógico-semántica de la cuestion, es lo que este libro emprende, partiendo primero de la tradición filosófica sobre las funciones del lenguaje.myst

Así, el tercer capítulo es una contribución desde el punto de vista de la filosofía del lenguaje a la teoría de los actos de habla y su relevancia narrativa. No en la tradición de Austin, Searle, Pratt, Derrida, etc. que viene siendo la usual, sino tomando una línea más cercana a los intereses del libro y más remota para la teoría literaria al uso—es la discusión sobre representación, significación, tipos de signo, funciones del lenguaje, desplazamiento de referencia, etc. que se da en la tradición de lingüística fenomenológica alemana alrededor de Husserl: en Anton Marty, Bühler, hasta llegar a Jakobson—en la 'función expresiva' de este último ya se desenfoca un tanto la cuestión que interesaba a Linhares-Días en esta tradición, y que podría resumirse como "la subjetividad locutiva como función del tiempo verbal, el aspecto verbal y la Aktionsart". Según explica el autor en la introducción, y traduzco, "la función manifestativa del lenguaje engloba los actos intencionales que transpiran en el discurso narrativo como parte componente de la intención comunicativa global del hablante. Como estos fenómenos psíquicos son o bien intuitivos o bien no intuitivos, la distinción entre mostrar y decir puede explicarse según que la subjetividad locucionaria se manifieste de uno u otro modo" (10). O bien, aplicado al concepto de "distancia" narrativa,

"Concebida de este modo estrictamente cognitivo, la distancia varía según que las situaciones de las que se habla sean más o menos cercanas al Yo-Origen, es decir, según la fuerza epistémica de la fuente de información, de modo que el discurso narrativo se desarrolla a lo largo de un eje modal que representa estados de transición que van de lo que es conocido a lo que es menos conocido y viceversa." (26)


Como se ve, tiene también gran interés esta perspectiva para quienes estén interesados en la interfaz entre presuposición y estructura narrativa. No se priva el autor de observar al paso, aunque no entra en la teoría de los actos de habla, que "una lectura más detenida de Marty, Twardowsky y muchos otros ciertamente nos habría ahorrado muchos descubrimientos hechos con retraso por la teoría de los actos de habla" (121).

Una afirmación cognitivamente importante de la tradición alemana enfatiza el autor, a saber, el énfasis en la función indicativa del lenguaje. "La indicación es el proceso de infereir de algo que está presente efectivamente otra cosa (real) que resulta no estar presente"(40). El uso del lenguaje combina las funciones de expresión y de indicación, estrechamente interrelacionadas, ya que las mismas palabras y construcciones que representan los objetos y transmiten significados, sirven a la vez para transmitir la intencionalidad comunicativa del hablante, sus actos de consciencia por así decirlo; esta simultaneidad práctica es desenmarañada por Husserl como dos tipos de funciones teóricamente distintas.

Linhares-Días relaciona el uso gramatical y narrativo de la modalidad con distintos tipos de acto objetivante en la fenomenología de Husserl, los intuitivos frente a los signitivos-conceptuales.

"En último análisis, depende de la estructura lingüística del discurso el que el tipo de conocimiento que se indica resulte ser intuitivo antes que conceptual o viceversa. Dicho de otro modo, laas partes gramaticales del lenguaje no sólo señalan qué tipo de actos mentales está llevando a cabo el narrador; también son señales para que el narratario ejecute esos mismos actos o actividades" (41)


una noción desarrollada a partir de Dowty, y de Marty antes que él—y aquí se echa de ver el interés cognitivista de este tratamiento de la cuestión de la modalidad. Esta tradición lingüística fenomenológica, que ya nos dio la deixis en fantasma de Bühler, nos puede ayudar a conceptualizar mejor la naturaleza de fenómenos como la focalización virtual, sin focalizador identificable; fenómenos que no pertenecen en exclusiva a la narrativa de vanguardia, sino tambien al uso cotidiano del lenguaje.

Se examinan detalladamente en estos capítulos muchos ejemplos de construcciones evidenciales, varios de ellos procedentes de diversos idiomas con distinta tipología en lo referente a la codificación de la evidencialidad—pues hay lenguas en las que la naturaleza de la fuente de información sobre lo que se dice forma parte de la construcción gramatical de la frase (Bhat 1999 las llamó 'lenguas prominentes en cuanto al modo'). En inglés y en los idiomas occidentales más familiares no se usan marcas gramaticales para señalar el compromiso epistémico del hablante con lo que se dice, aunque sí se envían señales al respecto al nivel de la organización temporal, narrativa y perspectivística del discurso, lo que equivale a una marcación a nivel discursivo o estilístico sobre si la evidencia es directa o indirecta. La semiología de Husserl sirve como fundamentación para esta explicación de cómo los estados cognoscitivos pueden ser revelados a través del discurso sin ser explícitamente codificados: "los receptores los aprehenden del mismo modo que los emisores" (135). Y esto en el marco de una teoría del conocimiento que va desde el aristotelismo (nihil in intellectu quod non prius in sensu) a través de Husserl y Brentano (quien dijo que "die psychische phänomene sind Vorstellungen oder haben Vorstellungen zur Grundlage") y que enlaza muy bien con las últimas investigaciones neurológicas sobre el lenguaje, según las cuales huellas motrices y perceptuales van imbricadas en la raíz del significado de las palabras. Según señala Linhares-Días, al procesar el discurso reconstruimos espontáneamente las modalidades de percepción o cognición del hablante, ya directas y presenciales, o mediadas a lo largo de una elaboración temporalmente dilatada, que éste ha articulado en su construcción de las frases.

Todo este debate es interesantísimo para los narratólogos interesados en las bases lógico-filosóficas de la representación narrativa, y es más accesible que la segunda mitad del libro.

En la segunda parte del libro se entra en profundidad y en detalle en esta cuestión, "la organización temporal-perspectivística del discurso" en particular en lo referente a la conceptualización cognitiva de las acciones, y esto se hace en el lenguaje y tradición de la lógica formal, que sí son ya ajenos incluso a los narratólogos fomalistas más amantes de la notación formal como aquellos libros de la década de los 70, de Propp a Prince, pasando por Todorov y Greimas. La ubicación disciplinaria o mejor dicho interdisciplinaria de este libro no está en esta tradición, que yo creía la más formalista de la narratología, sino más bien en la lógica lingüística. La notación usada está en la tradición que va de Frege o Meinong o Husserl hace cien años, a la lingüística lógica de gente como Davidson o Reichenbach; los lingüistas actuales más citados, y entorno disciplinar de este trabajo, son David Dowty, Hans Kamp, Hans Reichenbach, Zeno Vendler o Henk Verkuyl, teorizadores todos sobre el aspecto y la semántica de la acción verbal.

Los capítulos de esta segunda parte son cuatro: uno (el 4) sobre el tiempo verbal, especialmente atento a la teoría de Reichenbach (Elements of Symbolic Logic) sobre los puntos de referencia que estructuran el sistema conceptual de los tiempos: "El mérito de Reichenbach fue convertir en una parte perenne de la estructura del tiempo verbal lo que parecái semánticamente 'invisible' o interpretivamente superfluo (... )" —introduce un análisis temporal basado en tres puntos de referencia, el de la enunciación (S, speakier), el del acontecimiento representado (E, event), y el punto virtual de orientación o referencia (R, reference). Este es el cuadro que recoge las posibles estructuras temporales y su reflejo en el sistema verbal, con la nueva nomenclatura que propuso Reichenbach:

STRUCTURES NEW NAME TRADITIONAL NAME
E — R — S Anterior Past Past Perfect
E,R —S Simple Past Simple Past
R — E — S Posterior Past ø
E — S,R Anterior Present Present Perfect
S,R,E Simple Present Present
S,R — E Posterior Present Simple Future
S — E — R Anterior Future Future Perfect
S — R,E Simple Future Simple Future
S — R — E Posterior Future ø
(Linhares-Días, p. 161)


Se discuten en este capítulo diversos posibles puntos de ambigüedad y confusión en torno a esta noción de "punto de referencia" virtual de la temporalidad (recordemos que tan importante es para la definición de tiempos y aspectos, en gramáticas tan dispares como la de la Real Academia, la de Bühler, o la de Guillaume). Para Linhares-Días,

"Narrative discourse does not encompass the whole past time sphere, but focusses instead on a definite portion thereof which is just taken to provide the specific time that temporal reference is being made to" (171).


Sigue un estudio del uso del tiempo en el discurso narrativo, en concreto claro está del pasado y de los pretéritos perfectos (esos que los ingleses llaman "presente perfecto"). Se introducen aquí los sistemas de representación HITL (hybrid improved tense-logic) y DRT (Discourse representation theory), y es uno de los puntos del libro en los que se tienden puentes a la lingüística cognitiva y la psicolingüística. El resumen sustancial del propio autor es como sigue:

"Los tiempos con puntos de acontecimiento y de referencia que se solapan, por una parte, son formas no marcadas que sitúan el escenario en el que se tiene lugar el desarrollo de la acción; los tiempos con puntos tales que no se solapan, por otra parte, introducen líneas de desarrollo colaterales para acontecimientos que se contemplan como pasados desde ese punto de referencia. En último término, la 'inmediatez desplazada' que se asocia al pretérito perfecto simple es irrelevante siempre que se conserve en la memoria el horizonte proto-retentivo de la experiencia (directa)." (10)


El capítulo 5 versa sobre la teoría del aspecto. Se examinan los tipos de oposiciones aspectuales y se propone una teoría del aspecto. Luego se examina en detalle la cuestión de los aspectos imperfectivos y su relación con el punto de vista usado para conceptualizar la acción—todo en el marco de la teoría de la intuición hussrliana, y con la mencionada insistencia del autor en la reconstrucción discursiva de la evidencialidad. Así, por ejemplo, sobre un pasaje de la Educación Sentimental de Flaubert, basado en los pretéritos imperfectos, señala que "el narratario reconoce la subjetividad locucionaria intimada por ellos como una fuente perceptual de conocimiento relativa al sitio específico y la gente del texto de Flaubert, transponiéndose a este mismo parámetro intencional y produciéndose la ilusión de que él podría también haber estado en ese sitio en aquel momento" (243). Tal como lo pone en la conclusión,

"Since the reference point defines the time sphere we are talking about, what really counts when it comes to matters of narrative perspective is the backshifting operations performed by the perfect tenses on the interval of reference provided by their respective simple counterparts, not the temporal relations between past- and present-tense systems" (399)


Es decir, que la narración es todo un sistema ordenado y complejo de anclajes temporales, y sistemas de referencia provisionales desplazados, sólo en última instancia ligados al punto de referencia que marca el presente del enunciador. (Más sobre anclajes narrativos, desde una perspectiva bastante diferente, aquí).
Se discute la notación lógica más adecuada para representar la semántica de los tiempos progresivos y de los verbos que representan estados. Los ejemplos del libro, por cierto, provienen de diversos idiomas, aunque el inglés y el francés son los centrales. Termina el capítulo con una nota sobre la iteratividad, que quizá les resulte especialmente familiar a los narratólogos por la atención que le prestó Genette en su teoría del tiempo narrativo.

El capítulo 6 se centra todavía más en el proyecto concreto del libro, y pasa a discutir la Aktionsart, "una categoría muy descuidada en los estudios de teoría de la narración" en efecto (11)—yo debo decir que la traté en mi libro bajo el epígrafe del aspecto, algo que supongo en absoluto merecería la aprobación del autor, que usa un arsenal mucho más específico.Se realiza un análisis lógico de diversos tipos de acción, por ejemplo actividades télicas frente a atélicas, otras semánticamente completas desde su comienzo o sólo cuando culminan, etc. Aquí las referencias principales son David Dowty (Word Meaning and Montague Grammar) y Zeno Vendler (Linguistics in Philosophy). Sobre toda esta sección poco puedo decir, pues el libro me ha servido sólo para entrar en contacto con este tipo de lingüística e introducirme siquiera mínimamente en ella—desde luego no estoy capacitado para discutir el detalle de las notaciones utilizadas en la representación lógico-formal de la semántica de los verbos. Sí hay que destacar que a pesar de su extremada especialización dentro del campo de la lógica lingüística, la discusión de Linhares-Días tiene múltiples puntos de contacto con cuestiones tratadas por narratólogos literarios, lingüistas funcionalistas, y cognitivistas, con un impresionante combinado de referencias pertenecientes a tradiciones intelectuales diversas, y un enfoque de la cuestión llamativamente original en su interdisciplinariedad. Y es un libro en absoluto improvisado, sino más bien una de esas labores de muchos años de la vida de su autor, si nos atenemos a la nota 260 (que también explica la dedicatoria del libro).

El capítulo 7, "Efectos de la Aktionsart en la transmisión narrativa", se centra en la semántica de la representación de procesos o situaciones no estáticas, y muestra lo mucho que depende la distinción showing/telling (o algunos aspectos de la misma, matizaría yo) de la categoría de Aktionsart y del tipo de verbos utilizados para representar la acción. Primero trata de la distinción entre achievements, accomplishments, y activities, atendiendo a si las situaciones son prolongadas o no, y describiendo la estructura lógica subyacente. Sigue una sección sobre la fenomenología de la percepción de acontecimientos, oponiendo movimiento propiamente dicho a desplazamiento simple, diferenciando modalidades de representación que atienden a una perspectiva global frente a las perspectivas que atienden a las fases del desplazamiento, se describen procesos de transformación gradual.... Por ejemplo, "accomplishments are bigger than achievements and so are mapped by defalut into signitive rather than intuitive acts" (397)—resultado de una reelaboración narrativa, y no de una transposición perceptual que los "muestre" con palabras. Aquí hay muchos elementos útiles para una teoría semántica de la focalización, por ejemplo, pues ésta va muy a menudo unida a la descripción de procesos percibidos; aunque echo de menos referencias más explícitas al análisis de la focalización de Bal, que aunque es citada a través de Genette no está en la bibliografía—y Genette no es el más indicado para apreciar los méritos de su teoría de la focalización. Termina el capítulo con una descripción de las actividades estáticas, y con un repaso de la fenomenología de percepción de acontecimientos, consecuciones, actividades... una discusión con implicaciones cognitivistas (por ejemplo con la teoría del "specious present"). También discute el autor ciertos problemas tipológicos que surgen al interferir las clasificaciones basadas en criterios lógico-lingüísticos con lo que podríamos llamar la gramática más parda de cómo se conceptualizan las situaciones efectivamente en nuestro conociento práctico del mundo. En suma,

"event description happens to be a complex interactive process between a continuous flow of sensory impressions and the structural patterns of natural-language systems, mediated through culture-specific cognitive models or mental schemes" (383)


— modelos entre los cuales cabría especificar e incluir, apunto, los diversos estilos narrativos, convenciones literarias, y retóricas de la ficción.

El libro tiene una extensa bibliografía especializada sobre temporalidad, aspecto y modo narrativo; notas detalladas, índices alfabéticos de nombres y temas, y dos anexos: un glosario narratológico, y una explicación de la notación lógica usada. Por su perspectiva sobre la cuestión tratada, extremadamente especializada, no es un libro adecuado para principiantes, pero puede ser muy interesante para estudiosos del lenguaje que estén interesados en cuestiones avanzadas de la semántica de los tiempos verbales, de modalidad y perspectiva de la narración, y en estudios que tiendan puentes entre lógica formal, semántica lingüística, y narratología cognitivista.


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El modo del género narrativo: Diversas interpretaciones

Niveles de intencionalidad y lectura mental

En La Odisea de la Humanidad, Robin Dunbar especula con el desarrollo evolutivo de las capacidades mentales que caracterizan a los humanos.  Limitando un tanto el papel del lenguaje, pone más énfasis en otro fenómeno asociado a la humanización: la llamada Teoría de la Mente—término que se refiere a algunos aspectos de lo que en otras tradiciones de pensamiento se llama intersubjetividad.

La experiencia humana tiene lugar en un espacio de comunicación intersubjetivo, en el que nuestro pensamiento está en constante imbricación con el de los demás, y de hecho consiste en gran parte en la interpretación y reconstrucción hipotética de los pensamientos de los demás. Todos somos un poco Profesor X, y vivimos inmersos en un proceso constante de lectura mental. Por supuesto, la representación de otras mentes también es una cuestión central para la teoría literaria y la narratología—De esto hablé algo en "Leyéndonos la mente" , y también en una serie de artículos sobre Topsight o perspectiva dominante en la comprensión de las situaciones.  Y también especulé un tanto sobre el origen simultáneo de la intersubjetividad humana y de la comunicación simbólica, en aquel artículo sobre "Interacción internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico".

Los fenomenólogos ya estudiaron la intencionalidad, y a ellos alude brevemente Dunbar. Intencionalidad en sentido amplio: referida no sólo a intenciones y planes, sino a cualquier tipo de estado mental relativo a la representación, "estados mentales como saber, creer, pensar, querer, desear, esperar, proponerse algo, etcétera." La intencionalidad tiene que ver para Dunbar con la consciencia reflexiva—está relacionada "con el hecho de ser consciente de los contenidos de la propia mente" (51), y en su dimensión intersubjetiva puede concebirse como "una serie de estados de creencia jerárquicamente organizada". Y pronto empiezo a disentir con algunos aspectos de su análisis:seeyou

"los ordenadores son entidades intencionales de grado cero: no son conscientes del contenido de sus 'mentes'. También algunos organismos vivos, como las bacterias (y quizá algunos insectos), son seres de grado intencional cero. La mayoría de los organismos que tienen algún tipo de cerebro probablemente son conscientes de los contenidos de sus mentes: 'saben' que tienen hambre o 'creen' que hay un depredador debajo de aquel arbusto. Se dice que estos organismos tienen un primer grado de intencionalidad." (51)


Aquí matizaría yo: no es lo mismo a) alimentarse, que b) tener hambre, y que c) saber que se tiene hambre. Un animal que tiene hambre tiene un grado de intencionalidad inferior al animal que sabe que tiene hambre, pues en este último caso ya estamos dando un paso más hacia la conceptualización y la consciencia reflexiva. Con respecto al caso del depredador, tampoco es lo mismo, supongo que convendría Dunbar, creer que hay un depredador porque se ha percibido alguna señal de su presencia, que temer que hay un depredador invisible porque se sabe que los depredadores se ocultan en arbustos. Este segundo proceso es mucho más elaborado, mentalmente hablando.

Y, por otra parte, quizá los grados de intencionalidad no estén tan bien definidos y acumulados  por inserción simple como haría pensar la exposición de Dunbar.

"Tener una creencia acerca de una creencia (o intención) de un tercero constituye un segundo grado de intencionalidad y constituye el criterio para la teoría de la mente. Jane cree que Sally piensa que la pelota está debajo del cojín. Jane tiene dos estados de creencia en mente (el suyo y el de Sally), de modo que la teoría de la mente es equivalente al segundo grado de intencionalidad.
     Haciendo la equivalencia, Peter quiere que Jane suponga que Sally cree que la pelota está todavía debajo del cojín. Sally está en el primer orden de intencionalidad, Jane en el segundo, y Peter, en el tercero. (Y según la terminología que veníamos usando, diremos que Peter tiene topsight o perspectiva dominante sobre la situación—JAGL). La sabiduría popular señala que los humanos adultos experimentan un límite máximo absoluto en un quinto o sexto grado con respecto a los niveles de intencionalidad que podemos plantearnos:
     Peter cree [1] que Jane piensa [2] que Sally quiere [3] que Peter suponga [4] que Jane pretende [5] que Sally crea [6] que la pelota está debajo del cojín." (51)


Nos perdemos, y es normal, dice Dunbar: la mayoría de las situaciones cotidianas tienen que ver con un segundo grado de intencionalidad, y en la práctica la gente llega a resolver problemas hasta un quinto grado de intencionalidad; menos de la mitad llegan a un sexto grado.... mientras que por ejemplo se resuelven sin gran dificultad problemas con siete grados de causalidad. Los esquizofrénicos, depresivos, autistas o personas con síndrome de Asperger tienen dificultades para tratar con la intencionalidad compleja—y también los varones, que según algunos tienen un punto de autistas:

"El psicólogo Simon Baron-Cohen ha argumentado que, en realidad, el autismo es un síndrome normal de los machos de nuestra especie, llevado al extremo en unos pocos individuos desafortunados, pero subyacente bajo la estructura mental de todos ellos". (57)


Dunbar sí arguye que las mujeres tienen más habilidades sociales y comunicativas y son más sensibles a los signos. Al parecer son estadísticamente más capaces de resolver problemas de segundo y tercer grado de teoría de la mente (58).

En la hipersociabilidad de nuestra especie, su hipersensibilidad a la intencionalidad ajena, puede encontrarse una de las raíces de la religiosidad, de la creencia en espíritus y en un mundo intencionalmente ordenado típica de los mitos creacionistas de todas las épocas. Nos equivocamos, atribuimos intenciones inexistentes a pseudo-agentes: al mar, al sol, a las tormentas—y también quizá sobreinterpretamos la intencionalidad de los animales. "De hecho, interpretar el comportamiento de otros organismos de este modo nos resulta tan natural que incluso atribuimos estados mentales a objetos del mundo inanimado" (58). (Más sobre esta raíz intersubjetiva y psicoevolucionista de la religiosidad puede verse en este post, "Programados para creer"). Dunbar concluye su libro con una especulación sobre el origen y papel de la religión como cohesionador social, como interpretación de la realidad, y como generador de fuertes emociones y experiencias de trascendencia. Las creencias religiosas son ilusorias, pero resultaron en su momento beneficiosas evolutivamente, y siguen desempeñando el mismo papel en las sociedades humanas, minorías racionalistas aparte.

Algunos casos de comportamiento maquiavélico entre los simios parecen sugerir a algunos estudiosos que tienen una elemental teoría de la mente, es decir, que son capaces de entender que los demás pueden tener falsas creencias y así manipularlos en beneficio propio. Dunbar explica numerosos experimentos que no le permiten dar una respuesta clara—y sin embargo parecería que muchos casos de interacción social compleja de los chimpancés y de algunos monos como los vervets o los macacos sí sugieren una capacidad de representación mental de varios niveles de mundos posibles representados en otras mentes. Eso sí, muy inferior a la de los humanos; entre los cuatro y los seis años los niños desarrollan una capacidad de comprensión de las creencias de otros que desbordan las de animales inteligentes como chimpancés o delfines:

"aun haciendo la interpretación más benevolente, una cosa parece clara: ni los chimpancés ni los delfines obtienen resultados que se acerquen a los resultados de los niños de seis años, que, en su mayoría, sí tienen teoría de la mente. Y, por mucho que los simios puedan hacer, sencillamente no están en la misma escala que un humano adulto en términos de la habilidad de resolución de problemas de un cuarto o quinto grado de intencionalidad" (64)


La teoría de la mente es una propiedad emergente de una capacidad mental mucho más básica: la imaginación, la capacidad de desligarse de las circunstancias inmediatas y construir un esquema mental de algo que no está presente. Los animales viven inmersos en el aquí y ahora: carecen de la capacidad para trazar planes complejos y para representarse las consecuencias de distintas vías de acción—excepto a un nivel bastante simple, habría que matizar. Es esta capacidad de representación mental, o de imaginación, la que nos separa más de ellos. La parte del cerebro que más se ha desarrollado en la evolución de los primates, señala Dunbar, es la anterior: los lóbulos frontales responsables de la mayor inteligencia de simios y humanos:

"Existe una correlación entre la dimensión de los grupos sociales de los primates y el volumen del neocórtex que presentan que señala que fue la necesidad de afrontar el complejo mundo social en el que vivían lo que los llevó a desarrollar cerebros más grandes" (75)


Dunbar quizá subestime el papel del lenguaje (un sistema de representación social al fin y al cabo) como parte de ese universo social; y quizá en teorías como la de Bickerton sobre el desarrollo del lenguaje se eche en falta un mayor énfasis (como el que sí pone Dunbar) en el desarrollo de la teoría de la mente necesaria para la interacción social típicamente humana.

Por métodos estadísticos se puede hacer una estimación sobre la correlación entre el volumen cerebral y el desarrollo de una intencionalidad compleja en nuestros antepasados:

"Esto sugiere que el tercer grado de intencionalidad apareció por primera vez en el Homo erectus, hace unos dos millones de años. El cuarto grado de intencionalidad, sin embargo, no debió de aparecer hasta hace aproximadamente quinientos mil años, cuando el arcaico Homo sapiens (nuestra propia especie) entró en escena. Como el tamaño del cerebro continuó creciendo considerablemente en el linaje humano, el quinto grado de intencionalidad debió de haber surgido bastante rápido." (78)


Unos doscientos mil años atrás, lo sitúa Dunbar.

Un capítulo interesante de La Odisea de la humanidad está dedicado a las culturas animales—repasa Dunbar las distintas modalidades  de recolección de las hormigas y de uso de herramientas que tienen los chimpancés según la población a la que pertenezcan; esto son desarrollos culturalmente transmitidos, por elementales que sean. Pero el desarrollo cultural avanzado y la transmisión del mismo requieren del lenguaje y de una capacidad intencional superior a la que tienen los simios. Y aquí introduce Dunbar un ejemplo shakespeareano de cómo la comprensión cultural humana requiere una elaborada intencionalidad jerarquizada:

"Cuando escribió Noche de reyes, Shakespeare pretendía [1] que su público se diera cuenta [2] de que el muy ridiculizado Malvolio creía [3] que su señora Olivia quería [4] casarse con él en lugar de que fuera su mayordomo (los niveles intencionales están marcados numéricamente). Y, cuando escribió Otelo, lo que quería [1] era que su público comprendiera [2] que el moro creía [3] que Yago, un hombre a su servicio, era honesto con él cuando declaraba saber [4] que su amada Desdémona amaba [5] a Casio.  Los esfuerzos  literarios de Shakespeare llegan a un cuarto—e incluso un quinto—grado de intencionalidad, y las pruebas de cinco niveles de intencionalidad, como hemos visto en el capítulo 3, son complicadas incluso para los seres humanos de inteligencia superior a la media. Aun si un chimpancé pudiera hablar, no podría seguir las circunvoluciones de la trama, por más que para comprenderlas se requiera un nivel menos de intencionalidad de los que necesitó el gran bardo para escribirla. No hay indicios de que niveles de intencionalidad por encima del segundo excedan el ámbito estrictamente humano" (156)


Como he dicho antes, dudo que la cosa funcione así exactamente. Aun aceptando la utilidad analítica provisional de la teoría de los niveles de intencionalidad simplemente "acumulados" o superpuestos. Una cuestión es que algunos comportamientos de primates descritos por el propio Dunbar parecen sugerir una intencionalidad más compleja—pero en eso no entraré. Más en lo mío, haré una observación sobre la estructura intencional de las obras literarias.

La descripción que hace Dunbar de los niveles de intencionalidad involucrados en la comunicación literaria es, me parece, inadecuada. No creo que en la práctica puedan superponerse los niveles del modo sencillo presupuesto aquí. Más bien funciona la intencionalidad en forma de paquetes complejos, orquestados convencionalmente mediante géneros comunicativos y esquemas situacionales. Estas estructuras organizativas permiten a los comunicantes manejar una compleja estructura intencional sin ser conscientes en cada momento de cada uno de los niveles de intencionalidad involucrados en ella—que vienen por así decirlo ya por defecto con el género usado o el marco comunicativo. (Más sobre marcos en mi comentario a la teoría de la organización social de Erving Goffman).

Obsérvese que en Noche de Reyes la situación es mucho más complicada de lo dicho hasta ahora: Maria y Sir Toby preparan una trampa para que Malvolio crea que Olivia le ama, y la escena es divertida precisamente porque la vemos a través de los ojos de los intrigantes que controlan la escena... y a la vez por encima de su hombro. Con lo cual los niveles de intencionalidad se multiplicarían. Tenemos que suponer que el público disfruta viendo cómo Malvolio actúa manipulado por un mensaje que ha encontrado, supuestamente escrito por Olivia. Pero nada más tender esa trampa ya presupone toda una serie de niveles de intencionalidad: el espectador observa cómo Maria planea que Malvolio creerá que Olivia le ama. También la actuación de Maria parece guiada por un plan cuyo objetivo último no es sólo ridiculizar a Malvolio, sino también seducir a Sir Toby. Los disfraces de Viola aún dan lugar a situaciones más complicadas: Shakespeare diseña una situación para que el espectador disfrute viendo cómo Olivia cree que está casándose no con Sebastian sino con Cesario—situación divertida para el espectador porque Cesario oculta una identidad secreta (la de Viola, gemela de Sebastian)—con lo cual no sólo es divertida la confusión de Olivia como tal, sino también es divertido lo que Olivia cree que sucede y en realidad no está sucediendo, por suerte para ella, porque si no estaría casándose con una mujer... etc.

A lo que voy: en esta descripción de las complicaciones intencionales de Shakespeare, estamos dando por supuesto, y ni siquiera mencionando, la estructura intencional de toda representación dramática. El espectador no ve directamente a Viola disfrazada de Cesario, puesto que no está en Iliria—sino que ve a un actor (o actriz) disfrazado de Viola disfrazada de Cesario. La actuación dramática presupone un nivel más de intencionalidad no mencionado en el análisis de Dunbar, y es uno de esos package deals intencionales a que aludíamos (la prueba de que se presupone, es que ni siquiera se le ha mencionado en el análisis). Lo mismo sucede con el uso de la palabra: el lenguaje es de por sí un complejo sistema intencional, y más cuando entramos en las complejidades de usos figurados del lenguaje, ironía, actos de habla indirectos, etc. Tampoco esta compleja intencionalidad lingüística es mencionada en el análisis de Dunbar.

¿Cuántos niveles de intencionalidad, contados uno a uno, habría en una frase de Twelfth Night pronunciada por Viola-Cesario, o por un muchacho interpretando el papel de Viola-Cesario, si esa frase es figurativa? Por ejemplo, esa de que soy todos los hijos de la casa de mi padre... frase que, pronunciada para desorientar a Orsino, es sin embargo inadvertidamente irónica, puesto que el gemelo de Viola, Sebastian, no se ha ahogado como cree Viola, y ya ha reaparecido para el espectador.  Si empezamos a contar, quizá nos plantemos en doce o catorce niveles de intencionalidad. Demasiado para un primate: y es que uno de los grandes inventos del primate humano ha sido la orquestación compleja de la intencionalidad en esquemas, marcos, géneros... de tal manera que se pueda gestionar sin necesidad de suponer una consciencia sobrenaturalmente potente y atenta, ni un lóbulo frontal del tamaño de una sandía.

Un caso en el que se aprecia la posible complejidad, y a la vez la sencillez, de las estructuras intencionales complejas, es el caso de la inserción narrativa múltiple. Los niveles de intención descritos por Dunbar recuerdan al caso arquetípico de relato dentro del relato: el narrador A introduce al personaje B que narra una historia en la que el personaje C narra una historia en la que el personaje D narra.... Aquí nos encontramos pronto con el límite que señala Dunbar, de sólo unos pocos niveles que caben en la consciencia si han de estar activos. Pero estas narraciones presuponen también la intencionalidad compleja de la comunicación lingüística, y más en concreto de la ficción literaria—con un autor implícito y un autor histórico, además del mencionado narrador. Aquí la estructura de la comunicación literaria es como el andamiaje presupuesto en el que se juega la complejidad de los diversos niveles narrativos, pero ese andamiaje que sujeta la estructura intencional compleja también es, a su vez, una estructura intencional compleja. Hay obras literarias que sacan gran partido a la inserción narrativa múltiple. El Quijote puede ser un ejemplo, pero también el Manuscrito encontrado en Zaragoza de Potocki, en el que los niveles narrativos son complicados de seguir, y la narración de un personaje se interrumpe con frecuencia para darnos paso a un nivel que ya habíamos olvidado de momento. John Barth lleva esta estructura a límites paródicos y grotescos en su cuento "Menelaiad", de Lost in the Funhouse. La inserción enunciativa, por cierto, no es sino una de las maneras en que se puede introducir un nivel ontológico en el seno de otro (ver "Enunciación, ficción y niveles semióticos en el texto narrativo").

Este verano de 2010 tenía gran éxito la película Inception, basada en una forma similar de inserción narrativa múltiple—en este caso, sueños dentro de sueños, a los que se puede tener acceso y que son compartidos por los personajes. Como en el caso del Manuscrito encontrado en Zaragoza o de la Menelaíada, parte de la dificultad de seguir el argumento de la película consiste en mantener los distintos niveles de inserción ordenados y diferenciados. Es una especie de gimnasia mental a la que nos retan algunos artistas—pero estas construcciones de intencionalidad compleja ya se edifican sobre otros andamios intencionales preexistentes, que pasan a ser confundidos con terreno sólido. El mundo humano que habitamos está hecho de intencionalidad compartida, y es difícil siquiera concebir un terreno firme que pisar que no esté ya estructurado por las intenciones intersubjetivas que nos permiten explorarlo. Podemos entender que a esto se refería Derrida cuando decía que no podemos ver el lenguaje desde afuera.

En suma, que en la práctica no podemos distinguir claramente un primer nivel de lectura mental de un segundo, porque en el mundo humano ya estamos, de entrada, en un mundo intencionalmente estructurado, un mundo en el que siempre estamos ya leyendo las mentes de los otros sin saber que lo que leemos son mentes.  Paseamos por un paisaje mental sin darnos cuenta, y creemos que es el mundo exterior— así como sin enterarnos leemos nuestra propia mente como si fuera nuestra sin más, y no estuviese ya surgiendo en un mundo de sentido compartido.


La caverna del cerebro: el lenguaje como realidad virtual

What Isn't Narrative

What Isn't Narrative


A question by Michael Frank on the Narrative-L:

following this thread leads me once again to a question that – in one version another – has bugged me for years: does any account of anything that includes a cause and effect dimension count as narrative . . . if i remember some of seymour chatman’s work accurately, it would seem that even verbal description [as distinguished from pictorial depiction] can have a cause/effect implication . . . . so maybe what i’m asking is “what _isn’t_ narrative?”

My response:

On the issue of narrative-ness, narrativity, etc. there are of course many positions. Some are discussed in a volume I co-edited with John Pier,

Theorizing Narrativity. (Narratologia, 12). Berlin and New York: Walter de Gruyter, 2008.
http://www.degruyter.com/cont/fb/li/detailEn.cfm?id=IS-9783110202441-1

My view is that there are of course degrees of narrativity, as well as more central and more deviant uses of the term and concept of narrative.

Some additional references on narrativity:
http://narrative.georgetown.edu/wiki/index.php/Narrativity
The discussion in Philip Sturgess's book is particularly elaborate.

Regards,
Jose Angel García Landa
University of Zaragoza
http://unizar.academia.edu/JoséAngelGarcíaLanda


Los blogs y la narratividad de la experiencia

Re: Echo Neurons?

Re: Echo Neurons?


Dear Aranye,

Try here, to see if it helps...

http://garciala.blogia.com/2009/021901-neurological-analysis-of-narrative-experience.php

Regards,

Jose Angel García Landa
University of Zaragoza (Spain)

In reply to:

Norman Holland escribió:
Please reply to: *Aranye Fradenburg* lfraden@english.ucsb.edu >

Norm

---------- Forwarded message ----------
From: *Aranye Fradenburg* lfraden@english.ucsb.edu >
Date: Sun, Jul 11, 2010 at 10:03 PM
Subject: [CogLAs] echo neurons?
To: CogLAs@lists.purdue.edu


Can anyone help me with this question: are there studies suggesting that the effects of _hearing_ about actions being performed is similar to the effects (mirror neurons) of _seeing_ an action performed? It would make sense in a way, but some rather different symbolic processing is involved in either case.

Thank you in advance!

Aranye Fradenburg, Ph.D.
Director, Literature and the Mind
UC Santa Barbara
Clinical Associate
New Center for Psychoanalysis
www.aranyefradenburg.com


Más consciencia

De Man, Benzon, Meaning, Intention

miércoles 23 de junio de 2010

de Man, Benzon, Meaning, Intention


On the poststructuralist theory of meaning; a comment to this passage on "Language Games" in Bill Benzon's New Savannah:

Consider this passage (de Man, p. 25):

“Intent” is seen, by analogy with a physical model, as a transfer of a psychic or mental content that exists in the mind of the poet to the mind of a reader, somewhat as one would pour wine from a jar into a glass. A certain content has to be transferred elsewhere, and the energy necessary to effect the transfer has to come from an outside source called intention.

De Man’s point was that, when we read a text, the intention (de Man uses the term in its somewhat rarified philosophical sense) that gives life to those signs on the page is our intention, not the author’s. And he is right.

(My commentary:)

On your comment on the text by de Man: it is all right "our" intention that animates the text and constructs meaning, but "our" intention cannot mean the intention of an isolated reader: it is a shared intention, shared by that reader with other readers of the same text with whom one would want to communicate, and also with the author. There is a community of meaning ranging across space and time; not a solid community of clear-cut meaning (there are fuzzy edges, negotiations as you say, etc.) but an interactive community nonetheless, and the author is part of that. Therefore, authorial intention cannot be dismissed any more than our own intentions as readers, and the communicative intent that we share with our own addressees when we try to make sense of a text.



Teoría interaccionalista del significado

Aspectos metadiscursivos en el discurso académico

jueves 13 de mayo de 2010

Aspectos metadiscursivos en el discurso académico

Notas sobre una conferencia de Annelie Ädel, de la Universidad de Estocolmo, invitada hoy en nuestro departamento. Puede encontrarse un artículo completo sobre este trabajo de investigación en el último número del Nordic Journal of English Studies, un volumen sobre metadiscurso editado por ella y por Anna Mauranen.

Pongo al final mis notas en inglés. La charla se titulaba, en inglés y sobre el inglés—

"
Just to give you kind of a map of where we are going: Metadiscourse in Spoken and Written Academic English".

This is a contribution to the study of linguistic reflexivity and it will follow these steps:

a) a discussion of the present model
b) a sketch of previous reserch in academic metadiscourse
c) the material (corpora) used
d) the method of study
e) a proposed taxonomy of metadiscourse types and functions
f) a comparison of spoken and written metadiscourse
g) a conclusion

a) A discussion of the present model

Metadiscourse is discourse about discourse, language used to talk about talk. It may refer to communicators (Speaker and Hearer, interactants), or to the situation in which communication takes place. Lyons defined linguistic reflexivity as "the capacity of natural language to refer to itself" (1977: 5). Hockett argues it is a language universal (1977: 173) and Silverstein notes that it is unique to human communication systems (1976: 16). Verschueren (1999: 187-188) considers metadiscourse a fundamental dimension of discourse. The inaugural classical approach is Jakobson's inclusion of the metalinguistic function among his scheme of the several functions of language.

In applied linguistics, metadiscourse has been the object of study since late 1980s (Vande Kopple, Crismore, Markkanen et al., Mauranen, Hyland, Ädel)... It is nonetheless a divided area: problems of definition are a major issue. But 2 strands in definition: interactive vs. reflexive models of metadiscourse.

The interactive model
It uses a very broad definition of metadiscourse, with a bias towards written communication. Centered on the study of authorial stance, intertextuality, all types of connectives… For Ädel, it tries to subsume too many features or categories under the umbrella of metadiscourse.

The reflexive model
It uses a narrower definition, sticking rather more closely to the meta- notion: based on reflexivity. Restricted to elements of discourse which are about the ongoing discourse. Here we'll stick to this (perhaps biased) view of metadiscourse as reflexivity.

Anyway we use here fuzzy categories: instances analyzed are often multifunctional, and there is no absolute borderline between what is and what is not metadiscourse.

Ädel's definition (2006): metadiscourse is discourse "referring to the evolving discourse itself or its linguistic form". References should be to the world of discourse, not the "real world" in which the discourse activity takes place. Reference to the speaker-writer should be (in order to count as metadiscourse) to that speaker qua speaker-writer, audience qua audience—not in other possible capacities or social roles which may be superimposed.

Personas in the world of discourse: It is useful to think about metadiscursive reference in terms of personas. The speaker-writer can appear in many personas, only some of which are metadiscursive: e.g. he can also be simultaneously the organiser of the discourse activity, or an experiencer in the real world, a US citizen, a fellow human being... but these are different personas or capacities.

The use of "We" in lectures provides some examples. One may refer using "we" to communicators in ongoing discourse, or to other kind of personae ("we" as citizens, or as members of the human species..). But only those related to the ongoing interactive communication are metadiscursive uses of "we".



b) Previous research.

As regards academic discourse, research on metalanguage has been carried out almost exclusively on written language. There is very little done on spoken and written metadiscourse simultaneously. Luukka, Mauranen, Pérez-Llantada, Thompson, address spoken genres (conferences, lectures). And Mauranen & Luukka deal with both speech and writing.

Mauranen (2001) differentiates monologic, dialogic, or interactive types of metadiscourse (depending on whose talk is being commented on). She splits spoken and written discourse, arguing that they are different modes.

Luukka (1994) mentions the following functions: Textual (relative to the structuring of text), interpersonal (signaling of attitudes of participants), contextual… This is an interactive model, attentive to the speakers' stance. Lukka provides a "lumping" approach, dealing simultaneously with spoken and written discourse, but this choice is not commented on. Comparisons are provided between the oral/written versions of the same talk.

Ädel puts forward a proposal toward a new taxonomy—which should be attentive to specific discourse functions, and should be based on speech and writing (a "lumping" approach).

"Discourse function essentially refers to the rhetorical function that the metadiscursive expression performs in its immediate discourse context" (Ädel 2006: 57ff).


c) The material for study

The corpus for spoken discourse in this study consists of 30 large university lectures from the MICASE corpus, 255.000 words in all. For written discourse, 130 papers from MICUSP, a corpus of writing by senior university students and graduate students. 400,000 words, covering several disciplines.


d) the method:

Corpus linguistics methods were used to retrieve potential examples of metadiscourse, eg. I, we, you,—followed by a manual sifting of irrelevant (non-metadiscursive) instances. Other disregarded data include those coming from quotes or arising from speech dysfluencies, hesitations, etc.

Personal metadiscourse includes reference to discourse participants. Impersonal metadiscourse does not involve any explicit reference to participants. Here, only PERSONAL types of metadiscourse were dealt with.

The following taxonomy was based on 5,000 examples for spoken, 800 examples for written data. (But only one analyst...).


e) A taxonomy of discourse functions:

—a provisional proposal. Two big subtypes: functions relating to metatext, and functions relating to audience interaction.

1) Metatext (Metalinguistic comments, Discourse organisation, Speech act labels).

2) Audience interaction (references to the audience)

Metatext is oriented towards code, language, discourse… Audience interaction functions refer to the audience.


1. METATEXT

Metatextual functions can be classified under three headings: metalinguistic comments, discourse organisation, and speech act labels.

1.1. Metalinguistic comments

1.1.1. Repairing:

Corrections to discourse, both self- or other-initiated. (There are NO examples of discourse repairing in written data).

1.1.2. Reformulating:

This includes the offering of alternative terms or expressions, because of their added value of expanding previous discourse.

1.1.3. Commenting on linguistic form/meaning (choice of words, meaning…)

1.1.4. Clarifying (spelling out the addresser's intentions to avoid misinterpretation)

1.1.5. Managing terminology (giving definitions, providing terms or labels for phenomena talked about).

(Examples of all these were given in the talk and can be found in the paper).



1.2. Discourse organisation

Ten functions are distinguished. The first 5 manage the topic; 6-10 manage the phorics.

1.2.1. Introducing a topic.

1.2.2. Delimiting a topic (explicitly stating in which way the topic is constrained in the discussion. (see e.g. d) above).

1.2.3. Adding to a topic (Used to explicitly comment on the addition of a sub-topic).

1.2.4. Concluding a topic (closing the topic), e.g. "We've talked in detail…", "I have attempted in this paper to…" etc.

1.2.5. Making asides—opening or closing a 'topic sidetrack' or digression. (No examples of this function were found in the written data).

1.2.6. Enumerating: shows how specific parts of the discourse are ordered in relation to each other.

1.2.7. Endophoric marking: points to a speciific location in the discourse, refers to cses in which it is not clear whether what is referred to occurs before or after the current point – e.g. instructions to look at tables, or handouts…)

1.2.8. Previewing: points forward in discourse

1.2.9. Reviewing: points backwards, reminding what has already taken place in the discourse.

1.2.10. Contextualising: Comments on the conditions of the situation of writing or speaking, and thus containing traces of the production of the discourse (typically, spelled-out justifications for choices made in planning or organising the discourse). (Also found in written discourse: comments on layout or printing, on ways to navigate hypertextual links, etc.).



1.3. Speech act labels:

1.3.1. Arguing (for or against an issue)

1.3.2. Exemplifying (used when explicitly introducing an example).

1.3.3. Other speech act labels….
Other speech acts were found not to be frequent or common enough to give them separate categories. But the subtypes could be extended in specific genres or modes.



2. AUDIENCE INTERACTION (references to the audience)

2.1. Managing comprehension (channel) – No examples of this function are found in the written data.

2.2. Managing audience discipline (cases in which audience is directly addressed an instructed to do something, reprimanded or complimented). – No examples are found in the written data either.

2.3. Anticipating the audience's response (e..g. attributing statements to the audience as potential objections or counterarguments).

2.4. Managing the message:
Emphasises the core message in what is being conveyed, provides big picture or main poiint, what the audience should remember or experience based on the discourse. Also when addresser refers explicitly to the desired uptake.

2.5. Imagining scenarios:

A mutual thought experiment, asking the audience to see things from a specific perspectiv, opening up another world in the world of discourse.

(Examples were likewise provided for all of these categories…)

f) A comparison between metatextual functions in spoken and written academic discourse

A number of similarities as well as differences between spoken/written discourse were found. 23 functions were identified, most found in both sets of data. But there are salient data as regards their distribution.

7 discrepancies between speech and writing
5 of those related to different conditions in S/W
2 have to do with genre differences.

Discrepancies: can be attributed to the differences between prototypical speech and prototypical writing.

Repairing, marking asides, contextualising, managing channel and comprehension, managing audience discipline... are typical of spoken discourse and are missing in written data.

The presence of repairing or marking asides in spoken discourse is attributable to lack of time in real-time discourse—and is missing in writing.

Contextualising is marginal in writing, much more common in spoken lecturers. Marks of ad-libbing in talking, improvising discourse. E.g. references to remaining time, etc.: Temporal constraints are quite often commented on in lectures.

Managing comprehension, channel and audience discipline are possible in spoken discourse, and frequent; they could occur in writing, but they are rarer.

The importance of time and interaction. Both dimensions are important constraints in any linguistic production (Chafe 1982): the time available, and the modes of interaction available— 2 constraints marking all discourse. Regarding these, there are two constraints in speech which do not apply to writing: lack of time for revision, and the immediate presence of an audience.

Discrepancies in genre: (2) —arguing, and managing the message. These might be conditioned by the nature of the data used. Genres used have different purposes and involve different speaker-writer roles. Arguing is more common in written language, and the differences in data are also likely to be genre-related.

Managing the message is quite common in lectures, an oral genre, but rare in writing. Here too we find genre-related factors involving power relations (teacher-students).



g) Conclusions

A lumping approach makes possible a comparison between spoken and written discourse, showing their differences but also what they have in common—which is a lot.

Spoken metadiscourse appears to perform a greater range of discourse functions than written metadiscourse. Or perhaps the speakers (lecturers) happen to have a more advanced rhetorical repertoire. More studies are needed.

It would be interesting to study these functions in conversational interaction. Future research lines: Statistical differences would need to be studied, categorizing relative frequencies of functions in different modes. Likewise, more specific studies across modes and across speaker groups (teachers vs students, professional writers vs beginners…) would be welcome.

Also, only personal types of metadiscourse have been addressed here. Impersonal types may differ in speech and writing; it is to be expected that spoken discourse will be more personal.

Research should focus on specific forms used to carry out these functions (here the focus has fallen on functions). Many specific expressions are likely to play a role as stored units which help people process discourse, develop expectations, etc.


References

Ädel, Annelie, and Anna Mauranen, eds. Nordic Journal of English Studies 9.2 (2010). Special issue on metadiscourse. (Introd.: "Metadiscourse: Diversity and Division").
http://ojs.ub.gu.se/ojs/index.php/njes/issue/current
2010
Ädel, Annelie, and Ute Römer. "Research on Proficient Student Writing across Disciplines and Levels: Introducing MICUSP." Paper given at ICAME 30, Lancaster, UK, May 2009.
Ädel, Annelie. Metadiscourse in L1 and L2 English. Amsterdam and Philadelphia: John Benjamins, 2006.
Baron, Naomi. "The Written Turn." English Language and Linguistics 9.2 (2005): 359-76.
Biber, Douglas. Variation across Speech and Writing. Cambridge: Cambridge UP, 1988.
Chafe, Wallace, and Deborah Tannen. "The Relation between Written and Spoken Language." Annual Review of Anthropology 16 (1987): 383-407.
Chafe, Wallace. "Integration and Involvement in Speaking, Writing, and Oral Literature." Spoken and Written Language: Exploring Orality and Literacy. Ed. Deborah Tannen. Norwood (NJ): Ablex, 1982. 35-53.
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Crismore, Avon. Talking with Readers: Metadiscourse as Rhetorical Act. New York: Peter Lang, 1989.
Goldberg, Adele E., and Devin Casenhiser. "English Construction." The Handbook of English Linguistics.
Hockett, Charles. The View from Language: Selected Essays 1948-1974. Athens (GA): U of Georgia P, 1977.
Hyland, Ken. Metadiscourse: Exploring Interaction in Writing. London and New York: Continuum, 2005.
_____. "Persuasion and Context: The Pragmatics of Academic Discourse." Journal of Pragmatics 30 (1998): 437-55.
Jakobson, Roman. On Language: Roman Jakobson. Ed. L. R. Waugh and M. Monville-Burstion. Cambridge (MA) and London: Harvard UP, 1998.
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Luukka, Minna-Riitta. "Metadiscourse in Academic Texts." In Text and Talk in Professional Contexts: Selected Papers from the International Conference "Discourse and the Professions," Uppsala, 26-29 August, 1992. Ed. B.-L. Gunnarsson, P. Linell, and B. Nordberg. Uppsala: ASLA, The Swedish Association of Applied Linguistics, 1994. 77-88.
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Markkanen, Raija, Margaret Steffensen and Avon Crismore. "Quantitative Contrastive Study of Metadiscourse: Problem in Design and Analysis of Data." Papers and Studies in Contrastive Linguistics 28 (1993): 137-52.
Mauranen, Anna. "Reflexive Academic Talk: Observations from MICASE." Corpus Linguistics in North America: Selections from the 1999 Symposium. Ed. R. Simpson and J. Swales. Ann Arbor (MI): U of michigan P, 2001. 165-78.
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Vande Kopple, William J. "Metadiscourse and the Recall of Modality Markers." Visible Language 22 (1988): 233-72.
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Algunos elementos metaficcionales

Catastrofismo y retrospección

lunes 19 de abril de 2010

Catastrofismo y retrospección

Recupero para webearlo este artículo que escribí hace diez años, sobre el tema de la distorsión retrospectiva o hindsight bias: "Catastrofismo y retrospección: Hermenéutica narrativa en la biología y en la historia." Comento en él un paralelismo observable entre algunas teorías de la evolución biológica por una parte y de la hermenéutica textual por otra. Centro el análisis sobre dos obras: Wonderful Life, de Stephen Jay Gould, y Foregone Conclum morisions, de Michael André Bernstein. En ambas se observa una alta consciencia de la naturaleza inevitablemente narrativa de la historia, así como una llamada de aviso ante la interpretación direccional de la historia, en la que ven una ilusión perspectivística que resulta de esta narratividad.  

La versión española ya estaba aquí en html; ahora la subo a mi colección de repositorios digitales:  PDF en SSRN y en Zaguán; iPaper en Academia y en ResearchGate (también PDF en ambos).

La versión inglesa apareció en Beyond Borders: Redefining Generic and Ontological Boundaries. Ed. Ramón Plo-Alastrue and María Jesús Martínez-Alfaro. (Anglistische Forschungen, 303). Heidelberg: Winter, 2002. 105-119. (Por cierto, entiendo que los propios editores del volumen éste votaron hace poco, junto con casi todos mis colegas, que esta publicación mía, y suya, también vale cero puntos en un baremo. Un caso curioso de distorsión retrospectiva. En fin...)

"Catastrophism and Hindsight: Narrative Hermeneutics in Biology and in Historiography"

This paper examines some analogies between some contemporary views on the evolution of life on one hand and present-day textual hermeneutics on the other. For the purpose of my analysis, these disciplines will be represented by two works: Wonderful Life, by Stephen Jay Gould, and Foregone Conclusions, by Michael André Bernstein. Both evince an intense awareness of the inescapably narrative nature of historical studies, and both warn against teleological interpretations of history. Such directionality is denounced as the product of hindsight, a perspectival illusion resulting from the narrative nature of history.

iPaper@AcademiaPDF@SSRNPDF@ZaguániPaper@ResearchGate



En el retrovisor