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Vanity Fea

Semiótica

Poco irónico

"¡Poco elegante que estás con chándal y tacones!" Evidentemente, la frase significa, literalmente, "estás muy elegante con chándal y tacones" (otra cosa es que se diga con ironía o no). Aquí "poco" es sinónimo del adverbio modificador de adjetivos "bien". Esta acepción de "bien" sí está recogida en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española; el "poco" observo que no está ni allí ni en el Diccionario Panhispánico de Dudas.

En cierto modo es una ironía gramaticalizada: "poco elegante" por "bien elegante" o "muy elegante". La gramaticalización de "poco" se demuestra, por ejemplo, por el hecho de que admite fácilmente una re-ironización: así, "¡Poco elegante que estás con chándal y tacones!" en según qué circunstancias se entiende fácilmente como "estás poco elegante con chándal y tacones".

No hay tropos en el diccionario, claro. Y, sin embargo, apenas hay otra cosa en él.

Narratología del 23-F

¿Es un meme? Lo del veintitrés efe, digo. Es en todo caso un recuerdo colectivo que aprovecha la ocasión para resurgir. Yo miraba la radio, en mi habitación del colegio mayor, y me preguntaba si debía salir a la calle a manifestarme, a algo. Finalmente me quedé en mi cuarto escuchando las noticias.

Hoy he oído hablar en la radio a Perote, por entonces oficial de guardia en el servicio de inteligencia, que ha dicho algo que podría ser una gran verdad: el golpe fracasó por las cámaras de televisión. Es decir, los elefantes blancos, etc., no se sumaron a Tejero porque nadie podía hacerse responsable de administrar políticamente un golpe que había sido retransmitido en directo. Un asunto para que reflexionen los filósofos de los medios. ¿Qué cosas sería imposible hacer hoy existiendo Internet? ¿Y cuáles se vuelven posibles? No me refiero sólo a las "resistentes" o "alternativas", sino también a nuevas formas de control. Porque anda que no controla la tele, aunque en aquella ocasión pusiese en evidencia a Tejero...

Todo el mundo recuerda qué estaba haciendo el veintitrés F, igual que todo el mundo recuerda imágenes del 11-M o del 11-S. Son los puntos de contacto entre nuestra memoria personal y la memoria de la colectividad, y dan lugar a fenómenos memorísticos especiales. Hay un libro interesantísimo sobre este tema que puedo recomendar, Momentous Events, Vivid Memories, de David Pillemer (Harvard UP, 1998). Según el autor, cada generación comparte el recuerdo de acontecimientos inolvidables; son recuerdos compartidos, y el evocarlos puede evocar una intimidad transitoria entre extraños. Estos recuerdos públicos, combinados con recuerdos personales que nos afectan (el primer día de la universidad, un partido con tu padre, la alabanza de un profesor... son elementos críticos de estructuración del recuerdo, puntos de anclaje para las narraciones personales de nuestras vidas individuales. Es un libro esencial para quien esté interesado en el funcionamiento de la memoria y en la manera en que se estructura nuestra identidad. Y muy particularmente en estos recuerdos vívidos de acontecimientos trascendentales.

Hay un trocito que voy a traducir para hacerse una idea del libro, uno que habla de un tema favorito mío, la causalidad retrospectiva.

Otra manera de conceptualizar el impacto psicológico de los acontecimientos trascendentales requiere que adoptemos una perspectiva distinta: se ve al recuerdo, y no al acontecimiento en sí, como agente causal continuado y que pervive (...). Desde esta perspectiva, el recuerdo personal de un acontecimiento trascendental es mucho más que una anotación pasiva; es de modo activo un agente que dirige, orienta, y proporciona una comprensión mayor. La realidad psicológica del acontecimiento para quien recuerda, incluyendo el significado construido que adquiere en el contexto de una autobiografía, cobra vida propia al margen de la verdad objetiva, histórica, sea cual sea el status de esa elusiva cualidad, la objetividad.

A través de su repetida activación en la memoria, un acontecimiento trascendental, o más propiamente, el sistema de creencias asociado al recuerdo del acontecimiento, se vuelve en última instancia causal; por usar un término muy gráfico que me ha sugerido Jerome Bruner, un acontecimiento crucial es retrospectivamente causal. El recuerdo repetido se inmiscuye en la consciencia y aplica su fuerza conductora.... (86)

La historia de una vida se construye conectando los periodos de tiempo que rodean a los acontecimientos trascendentales para formar una historia coherente. (96).

Si el recuerdo, y no el acontecimiento en sí, es lo que se asienta, los rituales y tecnologías del recuerdo tienen una importancia crucial. Tanto las colectividades políticas como las personas tienen estos recuerdos compartidos y cruciales, y los organizan y retransmiten con tecnologías del recuerdo (y protocolos de la memoria) que siempre tienen formas específicas, y elementos básicos comunes. El 23-F es un recuerdo a la vez público y privado, es uno de los recuerdos que dejan claro que, queramos o no, somos animales políticos.

Algunos más animales que otros, claro.

 

 

(PS: Por cierto, cuando digo que el golpe fracasó debido a las cámaras de televisión no es por quitar protagonismo a la figura del Rey. Nada tiene una sola causa, y el Rey tuvo su papel. Pero cuando el Rey llegó ante las cámaras, fue porque alguien le permitió, o no le impidió, llegar allí).

Memes e intertextualidad

Hay quien dice que los memes son una memez, pero visto que yo mismo me he visto implicado en el origen de alguno, no voy a tirar piedras sobre mi propio tejado. Ahora, eso sí, que no se moleste nadie en preguntarme por mis cinco manías o por los objetos reales o virtuales que tengo en el escritorio, o mis cinco posturas favoritas, porque lo más probable es que me haga el sueco. Más me interesará la teoría intertextual de los memes, cuando alguien la desarrolle. De momento le he puesto un comentario a este artículo de José Luis Orihuela sobre los memes, señalando la conveniencia de integrar esta teoría de la memética con una teoría general de la intertextualidad. Por supuesto, está en la interfaz entre intertextualidad y CMC, comunicación mediada por ordenador o cibercomunicación; hay modalidades intertextuales que son propias de un determinado medio, aunque tengan elementos comunes con los procesos intertextuales que se dan en la literatura o en la conversación.

En mi bibliografía sobre literatura, crítica y filología clasifico las modalidades, dimensiones o procesos intertextuales en unas pocas principales y otras menos centrales para la crítica. Las principales son: Géneros lingüísticos y literarios, Estudios interculturales e interculturalidad, Tradición, Interpretación/hermenéutica, Lectura, Crítica, Teoría literaria, Literatura comparada, Mitos, Estereotipos, Autoría, Originalidad, Estilo, Dialogismo, Hipertexto, Paratextualidad, Parodia, Sátira, Presuposición y Traducción/interpretación.

Las secundarias son: Adaptación, Alusión, Anticipación, Apropiación, Arquetipos, Traición, Lecturas biográficas, Centón, Citas, Clichés, Crítica comparada, Convenciones literarias, Estudios interculturales, Epigonismo, Esquemas y modelos, Falsificación, Hipogramas, Imagología, Imitación, Infidelidad, Influencia, Interdiscursividad, Interdisciplinariedad, Intermedialidad, Grandes Narrativas, Memes, Metatextualidad, Lectura errónea, Polifonía, Paralelismo, Pastiche, Plagio, Publicidad, Hurto, Teoría de los Polisistemas, Precedentes, Precursores, Referencias, Remakes, Reescritura, Revisión, Selección, Muestreo, Serialización, Fuentes, Subtexto, Resúmenes, Reseñas, Intertextualidad estructural, Travestismo, Tipología, Zeitgeist.

Como se verá no son categorías excluyentes, sino más bien focos de atención. Y hay más, claro, en la cabeza de algún escrilector.

Irónica mente,

La ironía, se dice a veces, presupone un cierto despego, una capacidad de colocarse por encima de la situación que se contempla con ironía; a veces incluso se produce un desdoblamiento entre la persona en tanto que está atrapada en esa situación o participa de ella, y en tanto que es observadar irónico de ella. Es el principio de la llamada ironía romántica, que lleva a la relativización y superación de las propias actitudes, en un despego de uno mismo que es un juego intelectual y una exploración de los límites de la libertad mental. Dejamos atrás nuestras máscaras, y las contemplamos como old selves, irónicamente desenmascarados (we’re so much younger now) al ponernos esta nueva máscara ("A visor for a visor", que dice Mercutio).

Escojamos el numberguán de los actuales resultados de Google para "irónicamente": "Zapatero califica irónicamente a Rajoy de ’valiente’ y ’listo’". Aquí el ironista Zapatero se libera de ese universo de discurso en el que Rajoy es valiente y listo (presumiblemente una cárcel mental en la que viven atrapados los seguidores de Rajoy) y se eleva a una perspectiva superior. En ese empíreo local no sólo goza de la libertad contemplativa de quien ve a los demás atrapados en actitudes mecánicas (una mecanización que cuando se aplica a seres vivos o pensantes produce risa, según Bergson), sino que se libera del lenguaje mismo, del peso y rigidez mecánica de las palabras. La ironía, es bien sabido, consiste en decir "lo contrario de lo que se piensa", con lo cual las palabras se utilizan para significar sus contrarios. ¿Qué mayor libertad? Claro, hay una libertad mayor, la del ironista que se no se atiene a esta inversión mecánica del lenguaje (los mecanismos, recordemos, dan risa). Si no supiésemos si las palabras de Zapatero son irónicas o no, la ironía sería más fina (más gallega quizá). Sería un problema para la política de partidos, eso sí: el ironista se separa del vulgo retirándose a su chambre séparée, pero necesita compañía, si no siempre un partido (para eso la ironía ha de ser tosca) al menos un corrillo de cómplices con quien compartir la broma, una aristocracia de la ironía. Cuanto más aristocrática esa compañía, más barreras interpretativas ha de superar para llegar a la posición superior. El ironista se va quedando solo. En última instancia estará él sólo, o ni siquiera él entero, sino sólo su mitad irónica que contempla a su otra mitad atrapada en los convencionalismos lingüísticos y sociales. Esta ironía no es efectiva como arma de combate; si la ironía es siempre un arma de dos filos, ésta que digo acaba por no tener ni empuñadura por donde cogerla. Pero al ironista trascendental no le importa que su cuerpo de a pie se haga cortes en los dedos: él no se corta.

Me llaman la atención algunos usos del adverbio "irónicamente", por la ambigüedad en la que sitúan a la mente irónica, la mente para la cual la situación descrita puede contemplarse irónicamente. En muchos usos de "irónicamente" (en especial los que deberían ir seguidos de coma), se aprecia toda una perspectivización narrativa: la ironía del destino, sólo perceptible retrospectivamente para el sujeto hablante, y no para el sujeto de la oración ni otros agentes u objetos representados en ella. En este sentido, en "irónicamente" se encuentran, cuasi-gramaticalizados, muchas cuestiones relevantes para quien esté interesado en el estudio de la perspectiva narrativa y su relación con la temporalidad, o, dicho de otra manera, el estudio de la retrospección y el hindsight bias.

Veamos algunos ejemplos extraídos de Internet:

- "Irónicamente el sueño de Babbage fue parcialmente reconocido por un imprentero sueco, George Scheutz, quien construyó una calculadora similar, luego de leer un artículo sobre la Máquina Diferencial en el Edinburgh Review en 1834." (Esta es de las que yo creo que están mejor escritas con coma. Aunque poca ironía hay aquí. No la hay para Babbage, claro, posiblemente ni para Scheutz. Quien disfruta de la leve ironía es el hablante, que invita a su receptor ideal a compartir su perspectiva histórica privilegiada, vedada para Babbage, quizá también para Scheutz).

- "Irónicamente el éxito de los resultados de Hawking le haría perder una apuesta que él mismo hizo junto al físico teórico Kip Thorne, del California Institute of Technology (Caltech) en Pasadena, contra John Preskill, tambien del Caltech." (Aquí la ironía sube de tono. Hawking mismo se convierte en testigo frustrado ligeramente trágico, de cómo su propio éxito es inseparable de su fracaso. Admitir a Hawking a nuestro palco irónico nos permite darle palmaditas en la espalda, algo que siempre gusta).

- "...la revuelta había sido organizada por los oficiales ex-zaristas liderados por el ex-general Kozlovsky (quien, irónicamente, había sido colocado en la fortaleza como un especialista militar por Trotsky)." (Caso parecido. Qué poco conocía Trotsky a sus oficiales reconvertidos. Kozlovsky tiene su propia atalaya irónica, antes de que erijamos la nuestra, es él quien hace posible la ironía. Quien tiene un plan, quien guarda secretos o trama algo contra los demás, o planea utilizarlos como peones, es un ironista. Que se lo pregunten a Yago. Obsérvese, en esta frase, que Trotsky no colocó al especialista "con una actitud irónica". El -mente del adverbio, o la "mente" irónica, hay que buscarla fuera de la gramática de la frase, a nivel de estructuras narrativas implícitas).

- "Irónicamente, el éxito de las empresas suele favorecer más las habilidades gerenciales que las del líder". (Según el articulista, este hecho es letal pra la empresa. Al hundirse en la quiebra tanto el gerente como el líder, sólo sobrevive el analista económico para ver la ironía. O quizá le podamos conceder al líder una pequeña y amarga ironía póstuma, al contemplar el fracaso de ese trepa, el gerente).

- "Irónicamente, el nuevo episodio de un conflicto de casi medio siglo, ocurre en momentos en que en se informó que las compras de alimentos de Cuba a Estados Unidos crecieron un 12 por ciento en el 2005 en comparación con el 2004, y totalizan mil 757.2 millones de dólares desde que comenzaron en 2001". (Aquí la ironía es pública, al menos para quien coteja los datos. A veces el ironista debe señalar los datos que avalan su visión irónica, para tener compañía, pues el fino analista o especialista de la observación que ve ironías puede sentirse si no muy solo).

- "Irónicamente, el presidente denigra al libre mercado con la excusa de promoverlo al denunciar que fomenta la competencia combatiendo los oligopolios." (Insisto, este presidente no es irónico, al contrario que nuestro Zapatero. Quizá sea más bien un falso, si acaso percibe la ironía y sin embargo sigue adelante con su torticera política. Por cierto, "denunciar" está mal utilizado: el autor de la frase se ha equivocado, es él quien denuncia al presidente, y le puede la impaciencia).

- "Irónicamente, el acceso limitado a los recursos en el periodo de formación de un científico tiene, no pocas veces, una consecuencia positiva: los investigadores se fuerzan a ser más creativos." (Esta es la ironía del Maestro que impone duras pruebas al aspirante a monje guerrero, al Pequeño Saltamontes. O bien el científico contempla satisfecho su carrera y cómo el mal fue para bien en última instancia. Su creatividad lograda, y la libertad mental del ironista, van mano a mano).

- "Irónicamente, el niño tampoco está contento con aquello en lo que se ha convertido." (Es un niño muy concreto, el niño de la película The Kid. Pero el caso es frecuente).

En tiempos planeé escribir un artículo que se titularía "’Ironically/Irónicamente’: Retrospección y punto de vista en el uso de un marcador del discurso". Tenía en mente tratarlo como marcador del discurso (y narrativizador implícito) más que como un adverbio en -mente: un operador de la solidaridad discursiva, utilizado interaccionalmente para ubicar a los sujetos (del enunciado, de la enunciación, de las diversas interacciones) en la perspectiva correcta hacia el tema, y en el bando correcto respecto de la postura ideológica del hablante.

Yo premedité alguna vez un examen del adverbio "irónicamente". Irónicamente, no sabía que escribiría el artículo tan irónicamente.

Indicios

Indicios

"El autor puede llenar su obra, aparte de la comunicación explícita, de falsos indicios (es decir, de indicios aparentemente no intencionales pero en realidad calculados) para atrapar mejor al lector gracias a la labor que invierte éste en sus investigaciones lectoras... y, conversamente, una lectura crítica es especialmente convincente si nos permite ver en distintos elementos de la obra del autor síntomas de un sentido que no podemos creer calculado o intencionado por parte del autor."

(De una apostilla que he puesto en Apostillas a una apostilla sobre improntas, síntomas e indicios )

Hay aquí un ingrediente de voluntad de poder, que diría Nietzsche, por parte del autor o del crítico... apoderarse del sentido más poderoso del texto, como de la vida: el que se mueve entre líneas, el que no ha sido todavía codificado, el que convierte la interpretación en una aventura y en un riesgo, pues no hay solución preestablecida.

La realidad flojea

La realidad flojea
Thou dost not see where thou hast lived so long,-
The place is called the skull where thou dost tread.

(Jones Very, "The Prison")


Las representaciones hacen vacilar nuestro sentido de la realidad, de tal manera que nuestra atención se desconecta del aquí y ahora de nuestro cuerpo y nuestro mundo, y se sumerge en el mundo representado, experimentándolo ya sea a través de otros cuerpos allí representados, ya sea en un estado nebuloso de flotación, a modo de espíritu viajero por otras mentes y espacios, sin ubicación fija.

Si la realidad puede flojear, es porque ella misma es una representación. La neurología contemporánea ha mostrado cómo nuestro cerebro es un intérprete que genera la realidad (la realidad en tanto que representación) en la que nos ubicamos. La mente es, así, una especie de pequeño dios creando su cosmos (pequeño, porque se le escapa su propio proceso creador, y se engaña a sí mismo con sus creaciones). Y si esa realidad que genera nuestro cerebro es más auténtica que otras representaciones secundarias para nosotros, unas y otras son, hasta cierto punto, intercambiables; al menos nos podemos apoyar temporalmente en otras realidades virtuales.

La realidad virtual propiamente dicha sería la simulación perfecta, mediante la tecnología de la representación, de nuestra realidad de primer nivel. No existe todavía, claro: existen simulaciones o aproximaciones, como las ha habido siempre... desde que hay teatro, imágenes o ficciones. De hecho, es en una ficción como Matrix donde la realidad virtual puede alcanzar su pleno desarrollo: allí, al ser la realidad de base también una representación (generada por ordenador en parte), la realidad virtual generada por ordenador puede implantarse en ella sin que se vean las costuras. Pero experiencias análogas hay en nuestro mundo: la inmersión del espectador en la película, o la anulación del yo frente al televisor. La absorción en la lectura. Las charadas de la política internacional, en las que todos nos vemos atrapados. El deseo de las imágenes de la moda: de los chicos, de las chicas, de los maniquís. La máscara de nuestro papel necesario en la interacción social, la máscara que se pega a la cara (¿a qué cara? A otra máscara).

Siempre me han atraído las ficciones de la realidad virtual y la reflexión sobre ella. La hipótesis cartesiana del genio maligno: quizá lo que tomamos por realidad sustancial sea realidad virtual, una ilusión generada por un genio maligno (es la hipótesis de Matrix, avant la lettre). Si la realidad tiene estructura mental, ya es una hipótesis aceptada de entrada. El mito de la caverna, por ir todavía más lejos. Claro que para Platón existía la posibilidad de salir de la caverna, posibilidad que en el estado actual de la reflexión queda descartada. Esse est percipi-- otro paso en la fenomenologización del mundo. Es importante, sí, la observación mutua. Todavía más cuando se interioriza, y nos constituimos desde dentro como resultado de la observación mutua, hecha ahora nuestra (porque quién vamos a ser, si no somos quienes nos han dicho que somos). Es lo que yo he llamado en alguna ocasión el yo relacional: un yo sin sustancia, mantenido en equilibrio enteramente por nuestra circunstancia (yo soy mi circunstancia, por así decirlo). Me gusta pensar que es una postura que tiene algo que ver con los postulados del interaccionalismo simbólico: generamos sentido mediante la interacción, y mediante la interacción interiorizada, los signos que según Blumer nos enviamos constantemente a nosotros mismos. También Goffman parece pensar en este sentido: un día de estos expondré lo que yo entiendo es su teoría de la génesis del yo mediante la interiorización estructurada de circunstancias y relaciones. Pero a lo que iba: la realidad flojea, unas veces más que otras.

Me gusta la moda actual de películas en las que la realidad flojea. Películas en las que la ilusión generada en la pantalla resulta ser dos ilusiones: la que creíamos real es doblemente ilusoria, el personaje ve cómo se le hurta la realidad en la que vivía, y que resulta ser un constructo cibernético, o psicológico, o mágico, o una simulación colectiva. Los ejemplos son muchos: he nombrado Matrix, quizá el caso arquetípico. Aquí van otros, cada uno con variantes: Total Recall, Sphere, Abre los ojos, Conspiracy Theory, The Game, Being John Malkovich, Adaptation (El ladrón de orquídeas), Los Otros, Infiltrado, La isla, Misteriosa obsesión, La memoria de los muertos,  Olvídate de mí (Eternal Sunshine of the Spotless Mind)... películas todas del género que Daniel Innerarity llamaba "cine cartesiano".

Aparte de sus raíces en la filosofía idealista, hay otras más inmediatas, claro, en la literatura y el teatro, que también han jugado con niveles de representación (de hecho si este fenómeno nos llama tanto la atención es porque no hacemos otra cosa en la vida que jugar con niveles de representación, marcos dentro de marcos que diría Goffman). Es un tema frecuente en la poesía amorosa soñar cómo se hace el amor con la amada, sólo para terminar el poema con el brusco despertar del poeta. Está en Petrarca, en Quevedo - y en Milton, que añade el detalle de que despierta a una vida real en la que está ciego, pues sólo puede ver ya en sueños. Nuestros despertares son brutales, apenas más en el sueño que en la ensoñación. Así pues son la imaginación y el sueño las primeras formas de realidad virtual, que todavía dejan chiquitas a las demás. La Vida es Sueño es un ejemplo magistral de uso literario de este motivo, combinando la charada (para el espectador) con la representación onírica (para Segismundo). Los sueños, sueños son... toda la vida es sueño para Calderón, todo el mundo es teatro para Shakespeare. Totus mundus agit histrionem: todo el mundo es un actor, o todo el mundo imita a los actores (o hace el payaso). Son dos perspectivas que tienen mucho en común: viendo el teatro también representamos nuestro papel de espectadors, llamados a colaborar con el actor según Shakespeare: "on your imaginary forces work". Y quién sabe en virtud de qué papel de nuestra vida social hemos ido al teatro, de espectadores. Cuando Shakespeare utiliza disfraces sobre disfraces, o utiliza imágenes sacadas del lenguaje dramático para infundirlas en la acción "real" de los personajes, está sacando a la luz, y a la vez intensificando, la teatralidad de la vida cotidiana, y el carácter convencional de las realidades en que vivimos. Tanto más cuando somos víctimas de un engaño o de una charada, esas ficciones de la interacción que envenenan (y constituyen) nuestra vida de modo tan real.

También en la narración me fascina la realidad virtual. Las realidades virtuales que aparecen en la ciencia ficción (Stapledon ya imaginaba un control social mediante la realidad virtual tecnológicamente generada, en Star Maker). Pero antes de la tecnología, magia para quien no la entiende, estaba la magia. En un famoso cuento de El conde Lucanor, Don Juan Manuel, Petronio y Don Illán el mago de Toledo confunden a la vez al lector, al conde Lucanor y al deán de Santiago: la realidad que éste último creía sustancial, y en la que era rico y poderoso, resulta ser una realidad virtual generada por el mago, para darle una lección de humildad. En "Asem", Oliver Goldsmith también nos lleva a una realidad mágica para dar una lección al protagonista, que intentaba suicidarse, y cuando termina la lección encontramos otra vez al protagonista al borde del abismo a donde le había llevado su desesperación, pero esta vez escarmentado por su experiencia -- que no ha tenido lugar en ningún tiempo ni en ningún lugar, aparte de la realidad virtual. Las realidades hipotéticas que aparecen en el Cuento de Navidad de Dickens (o en las variantes que ha inspirado, como la película Family Man) son también fenómenos de la misma especie. Y no deja de ser significativo que tienen mucho en común estas realidades inestables con otro tipo de realidad inestable y manipulable: la que aparece en el Libro de Job, donde las circunstancias de la vida de Job son fácilmente manipulables, elementos de un experimento o apuesta entre Dios y Satanás. Y yo me preguntaba, leyando el Libro de Job, si Job no echaría en falta sus esposas anteriores, y los hijos de su otra vida, aunque Dios o el diablo le hubiesen vuelto a cambiar las circunstancias. La realidad había flojeado, para mí si no para Job, y nada volvería a ser lo mismo.

Podrían hacerse muchas tipologías sobre este tipo de ficciones que utilizan varios planos de realidad: en cuanto a la importancia relativa de una y otra, su realismo o surrealismo respectivos, la motivación utilizada para introducir la realidad alternativa (tecnológica, interactiva, mágica, artística, narrativa...), o la sustancialidad relativa de una y otra realidad. Es importante, por ejemplo, saber si la realidad flojea sólo para un personaje o también para el espectador. Por ejemplo: ¿empieza el relato con un mundo sólido de base, dentro del cual un personaje es víctima de una ilusión, todo ello a sabiendas del espectador? O (como sucede en La Isla o Matrix) creemos estar instalados, como espectadores, en un mundo sólido, junto con los personajes, y caemos también junto con ellos por una trampilla en el suelo que nos lleva a otra realidad? (¿Y esa otra realidad, es estable?).

En última instancia, todas estas obras que usan la realidad virtual nos hacen dudar de la sustancialidad de nuestra realidad, nos muestran cómo está hecha de sueños intercalados, de ficciones en las que vivimos, de otras representaciones que se han solidificado y que tomamos, provisionalmente, por la realidad que nos aprisiona. Yo sueño que estoy aquí....

Lectura amplificada

Más comentarios que le pongo a Magda en Apostillas. Esta vez sobre la interpretación, el círculo hermenéutico, y la manera en que el sentido de un texto es completado y amplificado por el trabajo de la lectura y la interpretación, que, como dice Ricoeur, supera la distancia entre texto y lector, y lo hace un otro que también es nuestro:

Problemas fascinantes, Magda, aunque a quien no se detenga un momento puede que no se lo parezcan...
Una cuestión relacionada, creo, es también: "¿para quién leo? - y, si estoy escribiendo una crítica, ¿para quién escribo?" El sentido del texto, amplificado por la interpretación, no puede separarse de esta cuestión. Y no deja de ser curioso que la lectura profunda tenga que ser también escritura, necesite expresarse en un texto crítico propio... ¡Y cómo se aclaran, y se complican, las ideas al escribirlas!

En eso, supongo, se origina mucha de la blogorrea de mis artículos. También, quizá, de otra cuestión relacionada con ésta: la indefinición del receptor. En un blog (pero es también la quintaesencia de lo que se da en toda escritura) no sabes a quién te diriges exactamente: a tí mismo (a quien eras, a quien crees ser, a quien puedes ser) -- o a tus conocidos, o a tus desconocidos, o a algún ente ideal e imaginario, o a alguien que aún no existe pero existirá... o a una combinación variable de todos ellos. Esto complica notablemente la estabilización del sentido, aunque quizá lo haga proliferar.

Pragmática, interaccionismo, y análisis crítico del discurso

Cuando decimos o hacemos algo, las palabras y las acciones tienen varios niveles de significado. Uno es el significado "de diccionario" – descontextualizado. Varios niveles de significado se pueden distinguir a varios niveles de descontextualización. Pero el análisis realmente interesante del significado es el del significado plenamente contextualizado.

Así pues hay también muchos tipos de pragmática: pragmáticas que trabajan con modelos de acción o de lenguaje más o menos abstractos, y más o menos contextualizados. No es una cuestión de todo o nada, porque pueden incluirse en el análisis dimensiones contextualizadoras no plenamente concretizadas: así los tipos de actos de habla que analiza Austin en su libro sobre Cómo hacer cosas con palabras.

Una teoría pragmática más contextualizada es la que propone Jenny Thomas en su libro Meaning in Interaction. Traduzco:

En este libro desarrollaré una definición de la pragmática como significado en interacción. Según esta noción, el significado no es algo inherente a las palabras sólo, ni es producido sólo por el hablante, ni sólo por el oyente. La construcción del significado es un proceso dinámico, que incluye la negociación del significado entre hablante y oyente, el contexto de enunciación, (físico, social y lingüístico) y el potencial de significado de una enunciación. (1995: 22)

Es éste un punto de vista que recuerda mucho al planteamiento básico de algunas versiones de "Reader-Response Criticism" (por ejemplo en Stanley Fish), y, yendo más atrás, al interaccionismo simbólico de G. H. Mead y Herbert Blumer.  Según el interaccionismo simbólico, el significado (de hechos, cosas, acciones, palabras – es una teoría más general–) surge en el proceso de la interacción social con otros sujetos, y no es fijo, sino que se ve constantemente modificado en un proceso continuo de reinterpretación. Blumer expone que hay tres tipos de teoría del significado:

1) Que el significado es intrínseco al objeto. (En el caso de un texto, intrínseco a las palabras sería. En esta ficción se basan muchos protocolos de interpretación legal, y muchas semánticas que no pasan del diccionario).

2) Que el significado es subjetivo, y que es creado por el intérprete del mismo. Serían teorías psicológicas, subjetivistas como algunas teorías de la recepción, también. "Cada libro significa una cosa distinta para cada lector", etc.

3) La tercera es la tesis sostenida por Blumer, y a la que según digo recuerda la definición arriba citada de Thomas. Según ella, el significado no es inherente a la cosa ni subjetivo, sino que se construye mediante un proceso interactivo. Traduzco a Blumer:

El interaccionismo simbólico considera que el significado tiene un origen distinto de los que sostienen las dos perspectivas dominantes que acabamos de examinar. No contempla al significado como algo que surja de la constitución intrínseca de la cosa que significa, ni ve al significado surgir de una conjunción de elementos psicológicos de la persona. Antes bien, considera que el significado surge en el proceso de interacción entre personas. El significado de una cosa para una persona surge de las maneras en que otras personas actúan con esta persona en relación a la cosa significante. Sus acciones operan de modo tal que definen la cosa para la persona. Así, el interaccionismo simbólico ve los significados como productos sociales, como creaciones que se forman en y a través de las actividades definitorias de la interacción entre personas. (Symbolic Interactionism, 1986: 4-5)

Un problema parece plantearse: al analizar el significado de un acontecimiento, unas palabras, o un texto, el analista muchas veces se encuentra en una situación que no es la original: a veces analizamos o interpretamos algo mientras ocurre o mientras se dice: otras veces interpretamos en un contexto más o menos distante. Hay que tener en cuenta la distorsión que introduce el contexto analítico, que es un contexto interactivo propio, y puede modificar el sentido de maneras a veces sutiles e invisibles para quien esté poco atento a esta dimensión del metadiscurso.

Quizá, pues, desde el punto de vista del interaccionismo simbólico, podríamos modificar ligeramente la noción de análisis pragmático contextualizado e interactivo que proponía Jenny Thomas. Llegaríamos así a una noción de análisis reflexivo del discurso como significado en interacción, o una pragmática crítica plenamente contextualizada. Adaptando la definición de Thomas, tendríamos que

el significado no es algo inherente a las palabras sólo, ni es producido sólo por el hablante, ni sólo por el oyente, ni sólo por los analistas del discurso. La construcción del significado es un proceso dinámico, que incluye la negociación del significado entre hablante y oyente, el contexto de enunciación, (físico, social y lingüístico), el potencial de significado de una enunciación, y el contexto crítico/analítico en el que se estudia esa enunciación, que conlleva su propia interacción entre el analista y otros sujetos.

La misma definición podríamos extender a la crítica y pragmática de las acciones, pues las palabras son acciones, y decir es una de las maneras de actuar.