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Vanity Fea

Universidad

Calidad lolái

Me anuncia Ángel Escobar la publicación del libro Contra los mitos y sofismas de las ’teorías literarias’ posmodernas (Identidad, Género, Ideología, Relativismo, Americocentrismo, Minoría, Otredad), ed. Jesús G. Maestro e Inger Enkvist (Vigo: Editorial Academia del Hispanismo, 2010). Interesará mucho su crítica del panorama educativo y crítico actual y postmoderno a los ya interesados en la defensio philologiae, entre los que me cuento al menos ocasionalmente. Como muestra un botón, una crítica a la manera en que se ha venido implantando en la universidad el famoso Plan Bolonia. Algo que Escobar ve como un síntoma más de la manera en que nuestra sociedad prima, en lo político, el conformismo ambiental a lo que nos manden desde arriba, y en lo intelectual, lo light, o incluso lolái como decía Aute:





En lo académico, esto se refleja en un Sistema que —en aras supuestamente de la “calidad de la enseñanza”— ha malherido la escuela, pese a la resistencia heroica de tantos profesores, ha destruido un instituto que gozaba de reconocido prestigio y desmantela a marchas forzadas —ya sin tapujo alguno— la Universidad pública, propiciando que el título de licenciado haya perdido su valor en todas las ramas y apenas dé opción a un puesto de trabajo o éste sea tan precario que no ofrece estabilidad alguna en décadas a quien lo ocupa, con la disgregación e indefensión social que tal situación comporta.pulp

Cuando la formación universitaria gratuita y de relativa calidad se ha sustituido por otra de futuro tan incierto, dependiente de la veleidad de los poderes políticos locales (siempre dispuestos a enmascarar su arbitrariedad mediante la aplicación del criterio de “oportunidad”, por ejemplo), urge enmascarar el “sálvese quien pueda” —el gran timo de Bolonia— y declarar que tal involución se realiza en aras de la “movilidad” europea y de la “convertibilidad de títulos” (irreal de hecho en una Europa como la actual, de sistemas educativos muy heterogéneos, aunque capaz aun así de engendrar conceptos de supuesta aplicación común como el monstruoso “crédito ECTS” o European Credit Transfer System). Tan nociva reconversión necesitaba, como es natural, de la intervención de muchas instancias: desde los órganos que supervisan en principio la acción política (como nuestro Consejo de Estado, en el caso español) y que siempre acaban auspiciando aquello que supuestamente les repugna, a los artífices directos de tal acción y sus “colaboradores” más próximos, como la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE), sumisa cadena de transmisión de todos los despropósitos ministeriales, o como el consejo de dirección de cualquiera de nuestras Universidades, poblado de aspirantes a políticos profesionales a quienes las aulas aburren soberanamente desde hace lustros. Ni qué decir tiene que tal maquinaria ha sido capaz de amortiguar o sofocar cualquier noble intención de signo contrario —siempre individual y heroica— tendente a invertir la deriva del Sistema y a postular mecanismos de calidad verdaderamente eficaces. Por supuesto, la responsabilidad es de todos, por acción o por omisión, pero eso no hace que ésta se diluya, como a veces se insinúa interesadamente, sino que debe asignarse de manera alícuota: “Todos somos culpables, pero el Poder es el culpable principal”, según sentenciaba Sciascia con plena lucidez.

Unto this last




Asalto a Unizar 2010

lunes 8 de noviembre de 2010

Asalto a Unizar 2010

Empieza a moverse la red universitaria en UN blog, en económicas y empresariales: http://dadeladeylezgz.blogspot.com/

Hoy salía una noticia al respecto en el periódico: http://www.unizar.es/prensa/noticias/noticias.php?noticia=17619&enlace=1011/101108_z0_20.pdf&via=m&fecha2=2010-11-08

Cuelgan allí apuntes, contribuciones de diversos miembros, recopilan blogs de profesores del centro... ¡Bien, ya era hora, a los veinte años de la World Wide Web! Vamos reaccionando, aunque un poquito tarde me parece. La red universitaria siempre ha dejado mucho que desear, y de hecho ha habido y hay un desinterés activo por utilizar a pleno rendimiento las posibilidades de los nuevos medios. La academia se atrinchera detrás de sus prácticas habituales, y le da yuyu todo lo que pueda parecer pinchar su burbuja, fomentar la interactividad, descolocarla de su discurso....
29 psalms
Me temo que en mi entorno de humanidades no veo nada parecido a este blog de empresariales. Yo voy dando la vara con mi blog desde hace seis años, pero digamos que no ha cundido el ejemplo.

Hice hace años un pequeño recopilatorio de blogs de la Facultad de Filosofía y Letras; supongo que habrá más, pero no han llegado a mis oídos. Ni se ha formado una red visible entre ellos. Y, desde luego, fomentar desde la Facultad algo así como una red de blogs.... ¡vade retro! Cuando la Facultad en sí ni tiene su propio blog ni quiere tenerlo (quiero suponer que si lo quisiese ya lo tendría). En la Universidad de Valencia están más avanzados, aunque sea poco.

Al fin tendrá que abrirse un poquito a la Red, esta red de la Universidad. Quizá llegue el día en que los profesores tengan su web visible, aparte de su moodle oculto a la vista del público. Pero el movimiento es lento, y hay muchos intereses en contra de volverse demasiado visible. Se pierde... qué era... ah, sí, el aura académica. Que consta en gran medida de marco, retórica y oropel, como tantos asuntos humanos.

Asalto a Unizar 2008
 

La web Universidad Zaragoza necesita mejorarse

viernes 8 de octubre de 2010


La web Universidad Zaragoza necesita mejorarse

La web de la llamada Universidad Zaragoza necesita mejorarse, urgentemente. En muchas cuestiones de usabilidad, como reorganizar enlaces, pasando los enlaces más usados a primer nivel y simplificando la vía de acceso a funciones de consulta importantes. Y hay poner un buscador en la página de inicio. Pero sobre todo hay que permitir que los estudiantes puedan consultar los programas docentes. Ahora mismo es una información prácticamente imposible de localizar; no funcionan los buscadores de asignaturas y los enlaces son insuficientes. Y hay que recordar que la Universidad dejó de dar esta información en forma impresa a los estudiantes precisamente porque existía esta página. La consulta de datos de matrícula para los profesores por la red Sigma también está en un estado caótico e inutilizable. Esta página es ahora parte esencial del trabajo en la Universidad de Zaragoza, y su escaparate público. No debe seguir en el estado en que se encuentra, pues si no la imagen errónea que da de nuestra universidad va a convertirse pronto en una imagen ajustada a la realidad.

con referencia a: Universidad de Zaragoza (ver en Google Sidewiki)

Performativement

lunes 13 de septiembre de 2010

A photo on Flickr

Performativement


Leyendo a Jacques derrida, en Derrida en castellano (aunque mejor en francés) sobre "La universidad incondicional" Un ensayo o manifiesto memorable, que debería leer todo profesor de humanidades.

Esta universidad incondicional no existe, de hecho, como demasiado bien sabemos. Pero, en principio y de acuerdo con su vocación declarada, en virtud de su esencia profesada, ésta debería seguir siendo un último lugar de resistencia crítica -y más que crítica- frente a todos los poderes de apropiación dogmáticos e injustos.

Cuando digo «más que crítica», sobreentiendo «deconstructiva» (¿por qué no decirlo directamente y sin perder tiempo?). Apelo al derecho a la deconstrucción como derecho incondicional a plantear cuestiones críticas no sólo a la historia del concepto de hombre sino a la historia misma de la noción de crítica, a la forma y a la autoridad de la cuestión, a la forma interrogativa del pensamiento. Porque eso implica el derecho de hacerlo afirmativa y performativamente, es decir, produciendo acontecimientos, por ejemplo, escribiendo y dando lugar (lo cual hasta ahora no dependía de las Humanidades clásicas o modernas) a obras singulares. Se trataría, debido al acontecimiento de pensamiento que constituirían semejantes obras, de hacer que algo le ocurriese, sin necesariamente traicionarlo, a ese concepto de verdad o de humanidad que conforma los estatutos y la profesión de fe de toda universidad.

 


La opinión sobra en la Universidad 

La apropiación de la universidad y la promoción del conformismo

sábado 14 de agosto de 2010

La apropiación de la Universidad y la promoción del conformismo

Una vez me dijo una directora de mi departamento—totalmente en serio lo decía—que el departamento, a pesar de ser en apariencia parte de una institución pública, de hecho pertenecía a la catedrática, era SUYO. Puede que el caso no sea tan extraño, aunque normalmente las maneras en que los funcionarios se apropian de las instituciones son más indirectas. Pero son muy reales, sin embargo, las génesis de oligarquías funcionariales, redes de dependencias, grupos de gatekeepers o de trepadores asociados de escalafones... Cada vez se define más estrictamente, para la promoción dentro de la Universidad, lo que han de ser una carrera política y un expediente académico promocionables—que han de ser estándar, impolutos, con las afiliaciones convenientes, y con sellos de calidades y acreditaciones que hacen muy fácil descabalgar a quien no vaya recto por la vía trazada. Sobre todo eso tiene algo que decir José Carlos Bermejo Barrera, en la última sección de su libro La Fábrica de la Ignorancia (Akal, 2009). Algunos párrafos de esa sección final, titulada como sigue: "Se está gestando un proceso de patrimonialización de la Universidad, mediante el cual grupos de funcionarios pasan a monopolizar el control de la misma".

En ese proceso, a su vez, están teniendo lugar dos procesos paralelos: a) la monopolización de los beneficios académicos y materiales que se pueden obtener de la misma universidad por parte de oligarquías de profesores, y b) la degradación del ejercicio de la autoridad académica, que sufre un proceso de deslegitimación y que progresivamente pasa a ser monopolizada y ejercida por personas de menor jerarquía intelectual, lo que se reflejaría en la necesidad obsesiva de incrementar el control de la institución y el debilitamiento de de la capacidad de argumentación y el debate público e institucional. Un proceso éste último paralelo al de la degradación general de la vida política y de los partidos políticos españoles.

El incremento de la necesidad de control por parte de grupos de funcionarios en crisis es una consecuencia no sólo de la crisis de los propios sistemas en los que viven, sino de su incapacidad de analizar la realidad circundante. Esto les ha llevado, y les sigue llevando, a incrementar los procedimientos administrativos y de control de las instituciones y de la población, y a hacerlos cada vez más complejos y farragosos, con lo que se puede conseguir que lleguen a ser casi inútiles, además de perder su credibilidad propia.

Ese incremento de los procedimientos puede justificar y justifica la necesidad de la existencia de los propios cuerpos de funcionarios y del incremento de su número, pero a su vez el creciente alejamiento de la realidad circundante y la inutilidad de los propios procedimientos no pueden hacer otra cosa que alargar la agonía del sistema, a veces en plazos desesperadamente largos, si la caída no se ve precipitada por circunstancias externas.

Todo ello está ocurriendo también en la universidad española actual, en la que se ha creado una agencia de acreditación y control: la ANECA. Una agencia que viola los principios básicos del ejercicio de la función pública, puesto que suele ser más bien afín al partido político gobernante en cada momento, cuyos mandatos ejecuta. Esta agencia establece criterios de control de la calidad que no tienen ningún valor ni ninguna eficacia.

Se trata de unos procedimientos complejos hasta el barroquismo, meramente verbales y vacíos de contenido, construidos en torno a un lenguaje pseudopedagógico y pseudoempresarial, que sirven para justificarlo todo. Con ellos se puede conseguir aprobar cualquier plan de estudios que sea exactamente igual que el anterior, o en el que grupos de profesores ofrezcan sus materias sin ton ni son, superponiendo cada uno las suyas con las de los demás. Con ellos se pueden acreditar másteres carentes de valor en el mercado, y esteblecer toda clase de clasificaciones científicas, que en muchos casos ni siquiera coinciden con las establecidas internacionalmente, como es el caso de muchas revistas científicas.

Los participantes en los procesos de evaluación son los propios funcionarios, evaluados previamente con ese mismo sistema, y a veces ni siquiera los que han merecido las evaluaciones más altas. Unos funcionarios que creen poder controlarlo todo, desde los baremos para nombrar profesores hasta la distribución de todo tipo de recursos. Unos recursos que se controlan muy poco, una vez han sido asignados, debido a que da la impresión de que el mayor mérito es haber conseguido cada recurso específico, independientemente de los resultados que se obtengan con él. Y todo ello se debe a que en el caso de la ANECA, como en muchos casos cuando se trata de cuerpos de funcionarios, lo importante es el propio procedimiento, un procedimiento que puede llegar a constituirse en un verdadero ritual, tal como ocurría en la China antigua.

Como se trata, pues, de funcionarios aislados del mundo real, rentistas del Estado, que se hipervaloran a sí mismos y la importancia de su labor, complican voluntariamente los procedimientos, de tal modo que lo que se valora es la voluntad de someterse al propio procedimiento, de aceptar las normas y los sistemas cada vez más arbitrarios y complejos, a la vez que progresivamente menos creíbles.

En este caso, como en el de todo sistema funcionarial en descomposición, cunde la sensación de que todos esos procedimientos en realidad son inútiles y meramente verbales. Se predica, por ejemplo, la movilidad y el cosmopolitismo, pero en realidad no hay movilidad de profesores entre las universidades españolas, y prácticamente ningún profesor español es promovido a puestos fijos en las universidades que sí poseen un prestigio en el mundo. Se alaba la tecnología, la industria y la flexibilidad del mercado, pero casi ninguno de los que se proclaman tecnólogos cosmopolitas se marcha a formar parte de industrias existentes al margen de las universidades, sino que prefieren seguir dentro de las propias universidades, en ese mundo que cada vez parece más ficticio.

Sin embargo el sistema sigue en pie tal como está porque pequeños grupos de profesores, que gustan de denominarse a sí mismo elites académicas, y a los que otros simplemente llaman oligarquías, encuentran beneficioso que las universidades sigan así. Para ellos es beneficioso porque se han hecho con el control de la institución y sus órganos de gobierno, de evaluación y de control a nivel autonómico y estatal. (...)

Del mismo modo que en España ha desaparecido el debate político real, basado en ideas y programas concretos, para ser sustituido por una crónica más o menos escandalosa de la vida y milagros de los dirigentes y militantes de los partidos políticos, cuyos nuevos líderes son incapaces de argmentar con seriedad y rigor, en las universidades se está dando una dejacion de responsabilidades por parte de muchos profesores que permite, y a veces incluso obliga, a que personas menos capacitadas o muy inexpertas asuman cargos para los que no están preparados. Unas personas que por su excesiva juventud y a veces por su falta de perspectiva son las únicas capaces de creer en un nuevo sistema académico en el que su promoción y su futuro laboral dependen de evaluaciones sin sentido, basadas en la cantidad de sus publicaciones y en las técnicas de gestión del currículum (....).

Para estos nuevos profesores toda la universidad es un simulacro en el que se trata de manejar y acumular los signos externos de prestigio, que permiten ascender académicamente, sean los que sean esos signos, a los que siempre tend´ran que someterse, a pesar de que saben perfectamente que esos signos pueden resultar arbitrarios.

Ellos tienen que vivir en ese mundo cerrado de funcionarios rentistas, evaluadores de sí mismos, carentes cada vez más de un sistema de valores específico, y en el que sólo se puede ascender a costa de los demás, en el que hay que pelearse para conseguir unos recursos, que por definición siempre serán escasos para cualquier rentista, y en el que lo fundamental es llegar a formar parte de la pequeña oligarquía de evaluadores, contoladores y autoridades de todo tipo, para poder así estar seguro al juzgar a los demás y no ser juzgado.

En un sistema funcionarial en descomposición las oligarquías están regidas, como en cualuqier sistema, por la ley de hierro de la oligarquía de Mitchels, según la cual el gurpo dirigente tiene que ofrecer la opcion de formar parte de él a algunas personas, con el fin de que la mayoría pueda reconocer su legitimidad, a cambio de poder integrarse en el futuro en él. Sin embargo, por tratarse precisamente de una oligarquía muy cerrada, en este caso el número de cooptados de be ser muy pequeño, por lo que ese mecanismo debe ser reforzado por los mecanismos de control de la mayoría, mientras las circunstancias externas a la institución permitan que esta misma siga existiendo de la misma manera en la que lo hace.

¿Hasta cuándo será así? No lo podemos saber, puesto que los historiadores, como alguien dijo, sólo sabemos profetizar el pasado. Sin embargo si desembocamos en el mundo real, con el que habíamos comenzado este artículo, podemos conjeturar que la situación de las universidades españolas deberá cambiar en el futuro, ya sea con una reforma radical, impuesta desde el exterior, pero que trate de salvar los caracteres básicos de la institución, con el fin de que pueda seguir cumpliendo sus funciones específicas, o bien con una reconversión más o menos salvaje, que sería impuesta cuando la absoluta disonancia entre las universidades y la realidad llegue a ser realmente conocida.

La posibilidad de una reforma integral y coherente no parece de momento posible, debido a la situación de crisis económica mundial en la que estamos. Pero no sólo por ella, sino porque la mentalidad de las propias oligarquías dirigentes, de evaluadores, controladores y autoridades académicas y políticas en cada uno de sus niveles la hace difícilmente concebible, por una parte, y nada deseable, por la otra. (...)

R. A. Baker ha señalado que el problema actual del capitalismo, un sistema que él considera esencialmente bueno, es el excesivo peso del capital financiero, o especulativo, frente al capital productivo. Por ello sería lógico pensar que, si algún capital va a entrar en las universidades españolas, será precisamente el capital financiero, que encarna la banca.

Dicho capital buscará beneficios rápidos en las universidades, a las que le interesará endeudar. Es en el mundo de ese capital donde el riesgo de descontrol fiscal y de corrupción puede ser más grande, como señala Baker, y por ello podría ser un peligro para nuestras universidades que unos funcionarios obsesionados por el control de sus instituciones decidiesen ponerse excesivamente en manos de ese capital, que por definición no mejoraría la calidad de esas universidades, sino que trataría de hacerlas entrar en sus circuitos de búsqueda de una alta rentabilidad inmediata.

Deberíamos evitar esa tentación, y la de todos los grupos de funcionarios en decadencia: la corrupción económica, que quizá pueda llegar a ser posible en el futuro. Y sobre todo deberíamos intentar que la pérdida de los valores específicos de la universidad permita que, gracias a la burocracia más desmedida e inútil, entremos en un proceso de control y normalización de las personas y las instituciones en el que sólo puedan llegar a sobrvivir los intelectuamente más mediocres, pues sólo ellos pueden hallar satisfacción y reconocimiento en un mundo académico en el que han desaparecido los verdaderos debates de ideas y en el que los controles más obsesivos y rutinarios se imponen por doquier por parte de quienes se saben incapaces, por su falta de conocimientos y valores, de controlar todas las universidades de un país de otra manera.

Por el contrario este nuevo tipo de funcionarios mediocres podrían sentirse muy a gusto y encontrar el reconocimiento en unas nuevas universidades en las que una docencia anodina, simplificada y regulada hasta la saciedad, unida a una pseudoinvestigación que desea más enterar en los moldes de los controles y las evaluaciones que la búsqueda del conocimiento en sí mismo, puedan llegar a convertir a estas viejas instituciones en pequeñas fábricas de producción en serie de los recursos humanos que requiera en cada momento el mercado, cada vez más degradado, del trabajo.

 


Cuando la calidad pierde su honesto nombre

La Burocracia Celestial

martes 3 de agosto de 2010

La Burocracia Celestial

A veces tengo la sensación de pertenecer a una Burocracia Celestial, y de ser yo mismo un Burócrata Celestial, o un escriba asentado.

Así ve a los funcionarios universitarios José Carlos Bermejo Barrera en el libro La fábrica de la ignorancia: La Universidad del "como si" (2010). heron

Los funcionarios públicos han sido y son parte fundamental de la estructura de los diferentes estados, desde el Antiguo Egipto o la China imperial hasta la actualidad. Los funcionarios públicos (...) se caracterizan en primer lugar porque poseen un conocimiento especializado, en el cual es fundamental, desde hace ya cinco mil años, el uso de la escritura. Un uso asociado a sus capacidades de organización, de cálculo y de previsión, y al control de los recursos públicos, ya fuesen en forma de rentas en especie o en dinero.

Fue este saber letrado y la capacidad organizativa de los escribas y los funcionarios lo que permitió la coordinacióin de la fuerza de trabajo de los grandes imperios y la movilización de los recursos necesarios para el reclutamiento de los ejércitos y la planificación o ejecucuón de la guerra o para la construcción de las grandes obras públicas y la prestación de determinados servicios necesarios para la comunidad (Wittfogel, 1966). En ese sentido podríamos afirmar que, al hablar de los funcionarios, no hay nada nuevo bajo el sol.

Ahora bien, es necesario distinguir (...) las funciones necesarias que los funcionarios desempeñan de la idea que los funcionarios se hacen de sí mismos. Una idea mediante la que intentan, también desde hace unos cinco mil años, marcar la distinción entre ellos mismos y el resto de la población con el find de justificar sus privilegios económicos, sociales y políticos. Y es una parte fundamental de esa idea la importancia que los escribas, letrados y funcionarios otorgan a sus largos, trabajosos y complejos procesos de formación. La educación letrada pasaría así a ser una de las bases esenciales que les permitirían reivindicar sus privilegios, como ha señalado Pierre Bourdieu (1984).

Los escribas y los funcionarios tienden a mantenerse alejados de la realidad económica y social. Los funcionaros suelen tender a creer que se puede vivir en un mundo perfecto, en el que todo está regulado al milímetro, en el que todo se puede explicar, y en el que por lo tanto todo está perfectamente justificado. En el caso de la Antigua China, algunos sociólogos denominaron a este tipo de funcionarios, eficaces, sí, pero obsesionados por la jerarquía y los rangos, así como por los signos externos de distinción, los gestos y el ceremonial, la burocracia celestial. (...)

Los funcionarios se describen siempre a sí mismos como letrados, y por eso aman los textos, su estudio y su comentario, pudiendo llegar a obsesionarse con los detalles de la corrección gramatical, con las sutilezas de la exégesis y la interpretación textual, sea legal o no, y siempre estarán orgullosos de poder producir ellos mismos esos textos, o al menos sus comentarios. Esto ocurre desde hace milenios y sigue ocurriendo exactamente igual en la actualidad. (...)

Como los funcionarios y los letrados viven de las rentas del rey o el emperador, del Estado, de la Iglesia o de la nobleza (recueérdese ue las universidades europeas anteriores al siglo XIX vivían de las rentas de sus tierras), tienden a situarse por encima de la realidad económica, del mundo de la producción y el consumo, puesto que siempre tienden a tener unos ingresos garantizados. Por esta razón solían despreciar el trabajo físico, como se puede ver en la Sátira de los Oficios que leían los escribas egipcios, en los textos sumerios o acadios, o en los textos de los mandatarios chinos, para los que el cultivo de unas muy largas uñas era un símbolo de distinción social porque mostraba su libertad de no tener que trabajar con las manos.

Es ese aislamiento de la realidad económica y de sus fluctuaciones, unido al alto concepto que los funcionarios suelen tener de sí mismos, lo que hace que tiendan a sobrevalorar la importancia de su trabajo, cuya necesidad no se puede discutir, y a creer que siempre merecerían estar mejor pagados y a aque sus instituciones son merecedoras de recibir más dinero. Como los funcionarios poseen una mentalidad de rentista suelen tener una cierta tendencia, típica de esa mentalidad, a no medir los gastos, e incluso a despilfarrar el dinero en lo que ellos consideran como lo más importante: su propia promoción y el cultivo de sus propios sistemas de honores y valores. (...)

[E]sos valores específicos pueden correr el riesgo de convertirse en meros instrumentos de justificación de los privilegios económicos, sociales y políticos de los que pueden disfrutar los distintos tipos de funcionarios. Y así la solidaridad d grupo o el "espírigu de cuerpo" necesario para la existencia de cualquier grupo de funcionarios pueden transformarse en una solidaridad de clase, cerrada frente al exterior, y orientada ante todo al mantenimiento y a la expansión del propio grupo, a costa de la supervivencia de otros grupos y en perjuicio del bien común.



(Carta de un Imperio Oriental)

Profesores monjes y profesores cortesanos

domingo 1 de agosto de 2010

Profesores monjes y profesores cortesanos


Es ésta una distinción a la que alude José Carlos Bermejo Barrera en su libro crítico-satírico sobre la universidad española, La fábrica de la ignorancia, y que ciertamente tiene su dosis de verdad. Parte del mal que diagnostica Bermejo se debe a la proyectitis, de la cual ya hablábamos aquí otro día ("La investigación individual sobra en la Universidad"). A través de los grupos de investigación subvencionados, los profesores se embarcan en una dinámica que Bermejo denomina capitalismo imaginario:

"Unos profesores que últimamente valoran más la actividad investigadora basándose no en los resultados científicos obtenidos y publicados, sino en el dinero gastado en los años anteriores, de acuerdo con el llamado por R. Merton efecto san Mateo, conocido desde hace más de cuarenta años en las universidades norteamericanas, un efecto que, de acuerdo con las palabras de ese evangelio dice que al que tiene, se le dará, y al que no tiene incluso eso se le quitará.
Unos profesores que no dudan a la hora de cambiar todo tipo de criterios para la valoración de la docencia y la investigación de sus colegas, según cada caso y cada persona, y que pueden llegar a considerar cosas como que si es necesario publicar en revistas de prestigio, eso puede lograrse bien accediendo a esas revistas, o bien pasando a considerar como revistas de prestigio aquellas revistas en las que ellos ya publican, lo que se puede conseguir fácilmente convirtiéndose en evaluador en las comisiones que establecen las catalogaciones de las revistas científicas." (68)


Pongo algunas de las observaciones más jugosas sobre la universidad, vista desde dentro por este experto conocedor de la fauna académica. En especial en el capítulo IV, "¿En qué creen los profesores y por qué es tan fácil manipularlos?". No le sorprenderá a nadie que se trate aquí de cuestiones muy relacionadas con el feudalismo en la academia, por mucho que Bermejo no entre de lleno en el tema.

"En la universidad española actual además parece estar vigente el concepto de servidumbre voluntaria, al que el amigo de Michel de Montaigne, Étienne de la Boétie, había dedicado un libro que citábamos en el capítulo primero. Los profesores españoles, en efecto, parecen haberse convertido de unos años a esta parte en unos seres aparentemente sumisos dispuestos a aceptar toda clase de normas y a someterse a todo tipo de pruebas, a cambio de unas mínimas compensaciones económicas" (71).


La docilidad de los profesores viene, según Bermejo, de la misma manera en que se constituye su identidad como sujetos de reconocimiento mutuo. "Los profesores somos seres empalabrados, debemos construir discursos en los que se comunique el conocimiento, y nuestra identidad depende de los discurso que seamos capaces de construir y de nuestra capacidad de comunicarnos con los demás" (73). El reconocimiento mutuo, tan importante en toda sociedad humana, es todavía más crucial en la Academia, que no es sino una sociedad organizada de reconocimiento mutuo. De allí que se produzcan en ella fenómenos patológicos ligados a los procesos, necesidades y ansiedades de reconocimiento mutuo.

"En una institución determinada cada sujeto asume uno o varios roles y logra consolidar un lugar propio o estatus, y de este modo construye su identidad. Se da la paradoja, como señalaba J. L. Moreno, que la identificación entre cada sujeto y su rol puede llegar a ser tan fuerte en algunos casos, que los ataques más profundos que se le pueden hacer a una persona no serán aquellos que vayan dirigidos a los aspectos más íntimos de su personalidad, sino a su yo externo, al yo que desempeña en una institución con la que se siente identificado" (72)


Lo mismo comentábamos a propósito de la teoría de Goffman sobre la generación grupal de identidades, en el post sobre "Equipos y sujetos... al equipo". Parece lógico que el academicismo al cuadrado, o sea, la pertenencia a grupos específicos dentro de la academia, producirá patologías académicas elevadas asimismo al cuadrado. La raíz de esas patologías: la inseguridad y endeblez de la identidad académica—

"El carácter fuertemente lingüístico de la institución académica hace que el grado de identificación entre lo que podríamos llamar el ego interno y el ego externo sea mucho mayor que el resto de las profesiones (...). Podríamos decir que en el mundo universitario más que definir a una persona mediante la fórmula: yo soy lo que hago, o he hecho, se la define mediante la fórmula alternativa: yo soy lo que digo, o lo que he dicho. En términos literarios podríamos traducir esta proposición por yo soy mi obra, que en los términos académicos actuales sería: yo soy mi currículum. (73).


Siguiendo a Pierre Janet y a J. L. Moreno, ve Bermejo una implicación intelectual de la persona con su discurso, o quizá más bien con su imbricación en el discurso de la academia, que lleva a un mayor gasto de energía psíquica y mayor vulnerabilidad psíquica, a que

"esa energía que mantiene la tensión necesite un mayor grado de reconocimiento social. Ésa esa la razón que puede explicar la tendencia a la vanidad de los profesores universitarios y su búsqueda constante de ser reconocidos por los demás. Por la misma razón estrá allí su flanco más vulnerable: podrán ser manipulados mediante el halago, humillados mediante la injuria verbal y controlados gracias a la creación de sistemas que dosifiquen la alabanza y la crítica individual y colectivamente.
El carácter empalabrado de los profesores, unido a su constante necesidad de búsqueda del reconocimiento y al hecho de que por su profesión siempre están juzgando a sus alumnos y a otros profesores, valorando sus grados de conocimiento, hace que el uso del lenguaje pueda adquirir en el mundo universitario unas características muy particulares en el campo de la agresión verbal.
La agresión verbal en las universidades no se realiza básicamente mediante el insulto, sino mediante el uso y manejo constante de argumentos y contraargumentos, de alabanzas, de juicios de aprobación y de refutaciones. Cuando un profesor intenta atacar verbalmente a otro, lo que suele hacer es atacar su rol, su yo externo, siguiendo la lógica implícita, a la que ya habíamos aludido, según la cual: yo soy lo que digo o lo que he dicho." (74).


Sobre la vanidad de los académicos ya había disertado antes Bermejo—ver este post sobre "Enfermedad profesional". Vanidad que, aclaremos, no siempre se manifiesta haciendo ostentación, sino también conversamente en forma de inseguridad.

"La necesidad de reconocimiento académico por parte de los profesores es perfectamente natural, puesto que en primer lugar godos los seres humanos necesitamos el reconocimiento de los demás en todos los terrenos y por otra parte el gasto de energía psíquica que implica el trabajo intelectual hace que la necesidad de ese reconocimiento sea aún mayor, lo que los convierte en blanco fácil para la credulidad. Una credulidad que puede llegar a ser incluso un poco infantil y que resulta paradójica en unas personas y en unas instituciones que deberían estar dedicadas al cultivo de la inteligencia. Y es precisamente en esa crédula necesidad de reconocimiento en donde reside la gran debilidad de los profesores españoles actuales, una debilidad que será sistemáticamente manipulada por el sistema universitario español, de un modo especialmente perverso en el momento presente." (74)


Cosas como ésta suceden, es de suponer, en cualquier departamento. Y también en el mío, qué cosas—véase algún ejemplo relacionado con evaluación de méritos, en "Más Aneca".

Siendo el reconocimiento un bien tan ambicionado, es previsible que se intentará conseguirlo por diversas vías, o incluso mediante sucedéaneos. Explica Bermejo en otros capítulos cómo tiende a confundirse la unidad de valoración (el artículo) con la unidad de conocimiento, primando la cantidad de calidad sobre la calidad de calidad, por así decirlo. O cómo tiende a supeditarse el reconocimiento del conocimiento al reconociento del poder institucional—o directamente a primarse la influencia económica en forma de contratos y proyectos como medida de calidad. Es lo que Bourdieu (a quien se remite Bermejo) ha identificado en su libro Homo Academicus como dos formas de deseo y ambición en la institución universitaria, la libido sciendi y la libido dominandi. El ansia de saber puede estar muy oculta, no se sabe quién la tiene y quién no—la otra, la ambición de dominio, suele manifestarse de modo bastante más evidente y visible.

"Podríamos, para sintetizar, establecer una contraposición ya consagrada en los estudios de sociología de las universidades entre dos tipos ideales de profesores: el profesor monje, que valora el cultivo del conocimiento por el conocimiento mismo, que asume el gran esfuerzo intelectual y personal que ese cultivo exige y que sólo espera el reconocimiento de sí mismo en términos puramente intelectuales, no aspirando a salirse del marco académico ni a lograr grandes riquezas. Y el profesor cortesano, que se da cuenta de que, en último término, lo único que importa es el prestigio, que todo prestigio es externo, ya que depende de la valoración que los demás hagan de nosotros, y que ese prestigio se puede conseguir manipulando los mecanismos que le son propios." (78-79)


Por supuesto, entre los cortesanos los hay serviles, meros pajecillos, y los hay conde-duques, cada cual intentando situarse en la corte según sus posibilidades. Cuando esta lógica llega a imponerse en el sistema, por diversas circunstancias que Bermejo analiza en detalle, en relación con la estructura político-económica de España y de la evolución de su sistema universitario, puede generarse un sistema bastante perverso "en el campo del conocimiento, en el que a partir de ahora estarán destinados a sobrevivir los más hábiles y oportunistas, es decir, aquellos que—como los virus—sepan encontrar y manipular los puntos débiles de los demás" (81)

Son procesos sin duda siempre presentes, pero que según lo ve Bermejo pueden proliferar de manera especialmente virulenta en la actual situación de la Universidad española. Así, se pervierten los sistemas de supuesta evaluación de la calidad, que operan sobre un sistema universitario políticamente irreformable, por el galimatías de la descentralización autonómica y la proliferación de normas y administraciones—En este contexto la evaluación de la calidad tiene efectos, pero son quizá tan perversos como beneficiosos:

"esa universidad está sobredimensionada, es disfuncional y se halla en un estado caótico. Sin embargo no se puede reformar por razones políticas y sindicales, y por la imposibilidad de coordinar las universidades de las diecisiete autonomías existentes. Por esta razón debería dar igual evaluar a las universidades que no evaluarlas, si se buscase algún fin real. Ese fin real no se busca, porque si se hallase no se podría aplicar, pero la evaluación cumple sin embargo un papel fundamental, del mismo modo que la instrucción en orden cerrado en el patio de un antiguo cuartel franquista: mantener a los soldados ocupados y disciplinados" (86).


En Fírgoa pueden encontrarse más artículos de Bermejo Barrera, por ejemplo algunos textos preliminares de La Fábrica de la ignorancia, o una entrevista sobre el actual proceso de reforma universitaria.

 Autoridad maquiavélica pura 

La investigación individual sobra en la Universidad

Veo que se ha remozado la página web de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza. Con diseño más moderno y algo más de información. Sigue, sin embargo, sin ser interactiva. Por no aparecer, no aparece ni el e-mail del webmaster. Sin embargo, intentaré localizarlo, y preguntarle una cosilla. Desde hace más de diez años, en la página de la Facultad aparecía mi bibliografía entre los diversos trabajos realizados en la Facultad—revistas, etc. Ahora se ha suprimido—al subdividirse esa página de enlaces en dos distintas: "Revistas" y "Grupos de investigación". Mi bibliografía, al parecer, se ha caído por el hueco de enmedio.

En mi opinión, está muy bien poner lo que hagan los grupos de investigación—aunque en la práctica muchos no hagan constar allí sino su nombre y existencia. Lo que está muy mal es la presuposición consistente en poner sólo proyectos, y no resultados. Está muy bien proyectar, y aún mejor obtener fondos por proyectar, y ponerse medallas a la calidad considerando el proyecto mismo como un mérito. Pero aún está mejor que los proyectos den resultados, y que estos sean accesibles. De hecho, con la nueva Ley de Ciencia zapaterina, todos los resultados de investigación financiados con fondos públicos deben ser publicados en la red, en acceso abierto, y en un plazo breve. (Me parece que esto no lo han procesado aún la mayoría, ni piensan).

Otra cosa que está un poquito mal es la presuposición de que toda investigación que se hace la hacen unos "grupos" de gente. Que tienen que tener una subvención oficial para hacerla, o si no, no es investigación. El signo de los tiempos, desde hace ya unos años, es que quien no está en un grupo, no investiga. Y si investiga, da igual, porque no se le va a tener en cuenta. Como, total, sólo cuenta y figura la pertenencia a grupos y el código del grupo, y no los resultados, que al parecer ni son requeridos ni se les espera...  Es un Zeitgeist éste especialmente pernicioso en las Humanidades. Ahora, a quienes sí que les viene muy bien es a los catedráticos, que por esa conjunción de reverencia natural que despiertan entre los demás profesores, y de las redes tácitas de contactos, acaban siendo vez sí vez y otra también los directores de los grupos de investigación. Y oigan, que parece como si aquí todo se hiciese a iniciativas o a lomos de catedrático. Esto crea una dinámica pernicisosa que se retroalimenta. Porque, si tu investigación es ignorada al no estar en un grupo, las opciones más razonables son o bien meterse en un grupo, a rendir pleitesía y engordar el currículum del vecino, o no investigar. Total, pa qué.

chain gang

—Si es lo que quieren. Apropiarse de la investigación cuatro, y de los fondos disponibles, claro—y decir que eso es "la investigación". Es oficializarla, lo que buscan. Y tendrás que investigar lo que te dicen que hay que investigar—lo que importa, lo que ya está hecho y demostrado y certificado oficialmente que importa. Lo demás, mejor ni tocarlo. Investigar por investigar... mejor, que no investigues.  Lo esencial son los grupos. La investigación en sí, sobra, mientras haya grupos de investigación y tengan su código y su subvención.

Investigación en grupo (o tribu)