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Retropost: Lectura amplificada

Retropost #634 (30 de noviembre de 2005): Lectura amplificada



Más comentarios que le pongo a Magda en Apostillas. Esta vez sobre la interpretación, el círculo hermenéutico, y la manera en que el sentido de un texto es completado y amplificado por el trabajo de la lectura y la interpretación, que, como dice Ricoeur, supera la distancia entre texto y lector, y lo hace un otro que también es nuestro:

Problemas fascinantes, Magda, aunque a quien no se detenga un momento puede que no se lo parezcan...
Una cuestión relacionada, creo, es también: "¿para quién leo? - y, si estoy escribiendo una crítica, ¿para quién escribo?" El sentido del texto, amplificado por la interpretación, no puede separarse de esta cuestión. Y no deja de ser curioso que la lectura profunda tenga que ser también escritura, necesite expresarse en un texto crítico propio... ¡Y cómo se aclaran, y se complican, las ideas al escribirlas!


En eso, supongo, se origina mucha de la blogorrea de mis artículos. También, quizá, de otra cuestión relacionada con ésta: la indefinición del receptor. En un blog (pero es también la quintaesencia de lo que se da en toda escritura) no sabes a quién te diriges exactamente: a tí mismo (a quien eras, a quien crees ser, a quien puedes ser) -- o a tus conocidos, o a tus desconocidos, o a algún ente ideal e imaginario, o a alguien que aún no existe pero existirá... o a una combinación variable de todos ellos. Esto complica notablemente la estabilización del sentido, aunque quizá lo haga proliferar.

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Retropost: Awful Daring

Retropost #633 (29 de noviembre de 2005): Awful Daring



Me llega un libro de regalo, una edición bilingüe de The Waste Land de T. S. Eliot: La tierra baldía, traducción de José Luis Palomares, editado por Viorica Patea (colección Letras Universales, 381; Madrid: Cátedra, 2005). De allí se pueden extraer estos datos:

Datta: what have we given?
My friend, blood shaking my heart
The awful daring of a moment’s surrender
Which an age of prudence can never retract
By this, and this only, we have existed
Which is not to be found in our obituaries
Or in memories draped by the beneficent spider
Or under seals broken by the lean solicitor
In our empty rooms

Vivir es arriesgar. Me llegan anónimos amenazantes, pero... ¿qué se le va a hacer? Cada cual procura darle a su vida la forma que estima más oportuna. Hay quienes nacieron para receptores de anónimos maliciosos, otros (y ésta es mayor desgracia) para ser sus autores.


También hay quienes pasan por el mundo a modo de obituarios vivientes, tan prudentes ellos... y cobardes, también; no hace falta que venga la muerte a archivarlos, ya están suscritos a ella.

Algo de esto sabía Eliot, por cierto. Cuidó mucho su obituario.


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Time Structure in the Story (Narrative Theory, 3)

miércoles, 10 de febrero de 2016

Time Structure in the Story (Narrative Theory, 3)


 
Narrative Theory is an online introduction to classical structuralist narratological analysis. The third section deals with the narrative articulation of time, taking as a guideline Gérard Genette's theory in Narrative Discourse, modified as required. Outline: 1. The Generation of Story Time. 2. Fabula time. 3. Story time: order. 4. Story time: duration. 4. Story time: Aspect. 6. Time and status of the narrating.

Time Structure in the Story

(Narrative Theory, 3)


Number of Pages in PDF File: 15
Keywords: Narrative, Narratology, Representation, Time, Narrative time, Narrative structure, Gérard Genette,
Date posted: January 30, 2016  

http://papers.ssrn.com/abstract=2723564

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Mi Facultad

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Retropost: Una canción del pasado

Retropost #630 (27 de noviembre de 2005): Una canción del pasado

 

Ayer nos fuimos un trío de -as/-es a ver esta película del sur profundo, dirigida por Shainee Gabel. Va sobre unos personajes dejados de la mano de Dios que se regeneran y encuentran sentido a su desastrosa vida. Scarlett Johanson va a Louisiana, al funeral de su madre Lorraine, a quien no ve desde hace muchos años, pues era mala influencia, promiscua cantante de bar y un tanto alcohólica, al parecer, y la niña se crió con la abuela. La madre ya está enterrada, y no la vemos ni muerta en toda la película, pero sí a su círculo de blancos empobrecidos y negros cantantes de blues, todos aficionados a darle al bebercio mal vestidos sentados en sillones delante de caravanas desvencijadas. Conoce Scarlett a varios amigos y amantes de su madre, y entre ellos a su padre, Travolta cojo, alcohólico y viejo, profesor de literatura con mucha vida interior/anterior, y la vida familiar en concreto hecha unos zorros. Despedido de la universidad por agredir al sobrino del decano (y por zorrizo, supongo). Travolta vive con Gabriel Macht, casi una pareja de hecho, pareja homosocial: cuando descubrió que su amigo Macht se estaba acostando con la misma mujer que él (Lorraine seguramente), zurró al chivato (el sobrino ese) y se fue a vivir con Macht -- amor sellado para siempre compartiendo mujeres. Encima está intentando Macht, antiguo pupilo del ex-brillante profe Travolta, escribir su biografía, sin éxito. Se emborrachan juntos, y ahora comparten a Scarlett, pero sin sexo. Ella quiere que se vayan de la casa que los tres han heredado de la madre de ella, y al final descubre no sólo que la casa era sólo suya, sino que Travolta era su padre. Y menos mal que no ha habido insecto, aparte de las cucarachas que seguramente ha matado Scarlett, a la vez que les limpia la cocina y les pinta la casa. Poco a poco enderezan todos juntos: van dejando el alcohol, visitan al médico, se matriculan en la Universidad (esa es Scarlett, que era mala estudiante pero se ve recriminada por un Travolta al que de repente le sale el docente entre las botellas vacías). Bueno, al final descubre que ni siquiera la tenía tan abandonada su madre, pues le escribía muchas cartas que no le enviaba, y hasta le escribió una canción. Scarlett y Travolta evitan que Macht se vaya a vivir con una amiga sólo por sexo y cobijo, y se queda con ellos a merecer el auténtico amor de Scarlett, y a terminar su novela, y a ponerla en la tumba de Travolta, junto con la canción del pasado, una vez ha muerto feliz por haber recuperado un sentido en la vida, y haber dado gracias a Dios. Bueno, a pesar de todo, la peli se ve muy bien. A veces fallan los dos actores homosociales, pero las conversaciones y situaciones atrapan el interés, la fotografía es bonita, y la banda sonora blusera está impresionante, y le sirve de ritmo de fondo a la película. Un bonito sueño -- un tanto diría cristiano baptista si no porque me recuerda a Herzog de Saul Bellow -- un sueño de regeneración, reconciliación, penitencia, recuperación de la inocencia, publicación de la magna obra inédita... como si estas cosas fuesen posibles así todo a mogollón. Bueno, para que te pase tendrás que ir al sur más profundo, a comer mantequilla de cacahuete con lacasitos, entre otras delicias, y leer mucho clásico amarilleado de la literatura nortamericana (la canción en cuestión se titula "My heart was a lonely hunter", en alusión al libro que Travolta le regaló a Lorraine). It makes you a better person. Aunque tampoco estaría de más entretanto cuidar a los niños, y no dejar que se mueran mientras tú estás de ligue y bebiendo, o sería un detalle mandar alguna de esas cartas que escribes tan amorosamente... En fin, película de historia de tocar fondo y remontar, y de cómo gente que se aborrece a primera vista acaban haciéndose amigos primero y familia después. Es bonito, a mí también me gustaría vivir sin pegar chapa entre montones de libros en una casa preciosa, vieja, y sucia, y descubrir que la gente te va cogiendo aprecio, y cantar blues con la guitarra mientras te van limpiando la casa, y beber para olvidar, y luego olvidarse de beber, y descubrir hijos ya criados... Y tener intensas relaciones destructivas con mis amigos, pero nada, lo homosocial por lo menos se me da muy mal. En fin, una utopía, como la del paraíso blanquinegro cantando blues, ya se vio que también en la Nueva Orleans multirracial cocían habas, y ahora están las calles con un metro de barro, fue sólo un sueño, pero las biografías sobre las tumbas cuentan la historia como quieren, claro, para eso están. Yo quiero que me escriba el epitafio el mismo biógrafo, por favor.


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Retropost: Dino saurios

Retropost #629 (27 de noviembre de 2005): Dino saurios



Pues me he ido a ver la expo de dinosaurios con los críos, y les ha gustado mucho. Ahora, que Álvaro le ha hecho una crítica a fondo.

- Hm. Demasiado gorda la mandíbula del tiranosaurio. Y lo han puesto de pie, como esas películas viejas que se mueven así a trompicones. Y vaya huevos. [Eran ovíparos, aclaro]. ¡Si el más grande que había de verdad era sólo así! Ni la mitad de esos, y lo ponía un dinosaurio del tamaño de un tractor. Mira, me temo que se han equivocado. En el panel pone que es un Carcharodontosaurus, y en realidad es un Utahraptor. Claro que tampoco está bien hecho para Utahraptor, porque mira, tiene dos dedos en las patas de delante, como si fuese un tiranosaurio. Y el panel lo han sacado de uno de mis libros, de esos que tengo una serie, Dinosaurios: Conoce los gigantes de la prehistoria. Será que no tenían el del Utahraptor y han puesto este. La gente no se da cuenta. Allí tampoco, mira, ven ese esqueletito de tiranosaurio al lado de una garra de Therizinosaurus, y como el cartel dice "Therizinosaurus", por la garra, ya se creen que el esqueleto es de Therizinosaurus. ¿Pero no ven que no lleva esa garra por ningún lado? Jo, y he oído a una señora que decía: mira, dinosaurios voladores, ¡y se refería a los Pteranodon! Y qué pintará un Dimetrodon en una exposición de dinosaurios. Están bien hechos algunos, me gusta el Dilophosaurus. En Parque Jurásico lo ponían así de pequeño, y encima venenoso, y se comía al gordo repelente ese, pero se inventan todo. Como les gustaba más el nombre de Velociraptor, pues ponen un Deinonychus y lo llaman Velociraptor, hala. Si el Velociraptor era como un perro de grande. A mí lo que más me extraña es cuando aparecen en Parque Jurásico Tres que les proyectan el código encima, salen todo con cifras al ponerse delante de la cámara, debe ser por la reconstrucción del código genético con que los habían hecho. ¿Es cierto que los ordenadores todo lo hacen con listas de ceros y unos?

Yo, particularmente, hubiera alucinado con la moda actual de dinosaurios, Parques Jurásicos, Dinópolis y similares. En mis tiempos me apañaba con dos o tres ilustraciones de enciclopedias, alguna fantasía del Capitán Trueno o del Jabato con dinosaurios ("Sika Balaka salir del río, ¡huir! ¡huir!"), las escenas de dinosaurios de King Kong o de una película rusa que ví, El planeta de las tormentas – y poco más. Ah, sí, los Picapiedra. Pero yo también pasaba por experto, jeje...


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Retropost - William Gibson: PATTERN RECOGNITION

Retropost #628 (27 de noviembre de 2005): William Gibson, Pattern Recognition

 

Publicada en 2003, Pattern Recognition es la última novela por ahora de William Gibson, el autor de Neuromante. Ya está escribiendo otra, según su blog -- que es el mejor sitio para meterse en discusiones sobre esta novela. Pero alguna impresión sí que voy a dejar. Va de una heroína, Cayce, alusiva al Case homónimo de Neuromante; aunque esta Cayce está en nuestro principio de siglo post-11-S. Es una detectora de modas emergentes y asesora para compañías de marketing. Es frágil a pesar de algunas durezas, está sin pareja, jetlagueada, descentrada, inquieta. En su tiempo libre, chatea por Internet con un tal Parkaboy y otros que no conoce sobre una misteriosa película que va apareciendo fragmentariamente en distintos puntos de la Red (una "narración distribuida" que diría Jill Walker). El argumento va de cómo "se vende" a un inquietante tiburoncillo del márketing, Bigend, que la contrata para convertir su hobby en un trabajo y localizarle a él a la persona que está haciendo esta misteriosa obra de arte. Así que Cayce va de Londres a Tokyo a Moscú desentrañando el misterio, y sorteando las intrigas de su rival, la trepa intrigante Dorotea, que quiere llegar antes que ella. Cayce no sólo consigue a la vez cubrir su objetivo, triunfar sobre Dorotea y hasta mantener una cierta honestidad personal entre tanto márketing, sino que además conoce a Parkaboy ITF, in the flesh, y la novela que comenzaba con la heroína alienada y con jet lag termina con ella plácidamente dormida compartiendo lecho con quien quería, y con su alma en su sitio (por ahora...).

Cayce tiene varios traumas que también cura durante sus aventuras: una alergia a las marcas promocionadas (y eso que es a lo que se dedica...). Reconciliación, pues, con el capitalismo logotípico, perspectivas de convivencia más armoniosa con el márketing. A través de la red, quizá. Otro trauma de Cayce es relativo a su padre, desaparecido en el 11-S. Casualmente, Cayce logra apaciguar su espectro, que hasta se le aparece en un momento difícil para infundirle fuerzas, y decirle adiós. Cayce es un poco la América post-11/S, o algunos aspectos de la misma; va repitiendo como un mantra una frase sobre un pato que se estrella en la cara de alguien, desplazamiento simbólico del ataque a las torres gemelas... pero la curación viene a través de la red. Paradójicamente, la curación del trauma está ligada a esta película que a su vez tiene un trauma inscrito - reproduce en su estructura la forma de un fragmento de metralla que la explosión de la bomba de un terrorista dejó alojada en el centro de la cabeza de la misteriosa directora de la película (305)... A su vez, esta directora es rusa, una inocente jovencita asociada por familia a oscuras mafias post-soviéticas; hay una especie de hermanamiento entre Rusia y América a través de la herida del terrorismo, y de la promesa del márketing internacional en red. Y a mí que no me produce tanta tranquilidad esta resolución... y hasta el happy end es deliberadamente artificial y buscado, casi con mala conciencia, América encontrándose a sí misma a través de la red, veo la idea, pero... hay bastante wishful thinking. Al final de la novela, Gibson/Parkaboy y su ánima Cayce se encuentran al fin juntos. Y hemos vivido una casi casi de James Bond, con Parkaboy localizando a Cayce en la estepa rusa desde un helicóptero, en la mejor tradición de la caballería al rescate. Es un sueño de unidad consigo mismo que sólo se da, claro, desplazándose uno a alteregos ficcionalizados.pattern recognition

La historia acecha por debajo de la frenética modernidad: barrios japoneses quemados, Stukas desenterrados del barro de la estepa rusa... Todos temas bien hilados en la odisea de Cayce siguiendo la pista del misterioso pattern inscrito en el código de la red. Algunos de ellos tienen interés cibernético para info-yonquis ("the highest level of play, for techno-obsessives, is always and purely about information itself" - 169). Así, otro de los sub-argumentos lleva a Cayce a la Segunda Guerra Mundial, a los campos de concentración donde se diseñaron algunas de las primeras calculadoras, otro a ligues fantásticos por chat con objetos eróticos que se materializan... como le sucede de hecho a Cayce también, menos espectacularmente, con su mawg (middle-aged white guy) Parkaboy. En este sentido, quizá podría criticarse que Internet aparece no tanto como un nuevo contenido o experiencia, sino como un medio difusor y que permite contactos inesperados. La obra de arte dispersa, por ejemplo, es cinematográfica, no es una obra propiamente ciber-Nética, aunque sea diseñada por ordenador y se distribuya por la red. En este sentido la novela hace "menos" con la red que Neuromante. Y, claro, es una novela, y no una obra en red. Aunque intenta, sin duda, a través del website de Gibson, volverse en un fenómeno de comportamiento de grupo, el culto de Gibson, "a group behavior pattern around a particular class of object" (86). 


- And then?
- I point a commodifier at it. (86).

Gibson también está "scouting cool for the commodifiers" (195), en cierto modo. "Any creation that attracts the attention of the world, on an ongoing basis, becomes valuable, if only in terms of potential" (307).

Un tema importante en la novela es la diferenciación entre reconocer una regularidad emergente (pattern recognition) e imaginarla (apophenia). Así, el argumento juega a despistarnos insinuando posibles estructuras, tentando al lector, siguiendo las sospechas de Cayce, a volverse paranoico y ver conspiraciones inexistentes (como la obsesiva imagen del cantante Billy Prion que sigue a Cayce por doquier). Así la novela se sitúa en la tradición de la ficción paranoica: "Paranoia, he said, was fundamentally egocentric, and every conspiracy theory served in some way to aggrandize the believer" (124). Siempre debe haber lugar para la coincidencia, para el azar, para regularidades gratuitas e insignificantes. "When there’s not, you’re probably well into apophenia, each thing then perceived as part of an overarching pattern of conspiracy" (294). Así pues, también intenta el argumento darnos una lección de humildad, no esperar demasiado de los argumentos y de la capacidad de la vida para darnos resoluciones limpias. A la vez nos da un argumento bastante completito, las dos cosas se pueden hacer a la vez.

El mayor logro de Gibson, más allá de lo cuestionable del argumento básico, está en el lenguaje, la construcción de la percepción de la protagonista mediante las imágenes recicladas de la experiencia postmoderna. Así, por ejemplo, Cayce ve en directo, desde la ventana de un rascacielos de Nueva York, el ataque a las torres gemelas, pero en realidad no mira a la ventana, mira a la televisión que en ese cuarto está emitiendo la misma imagen. "An experience outside of culture" (137), dice el narrador sobre sus sentimientos. El libro en cierto modo busca palabras para esta experiencia, y otros traumas de la experiencia postmoderna. Una experiencia de white noise, que decía DeLillo. Y comenta Gibson / Parkaboy: "As to how blankness can yield image, I do not pretend to know, though I suppose that is the question, ultimately, that underlies the entire history of art" (170).

El sentido principal que cree descubrir Cayce, y Gibson, organizándose a su alrededor, es "a new paradigm of history" (340), la globalización en red, dirigida y explotada por gente como Bigend y esos tiburones rusos; y que nos lleva al apocalipsis de la postmodernidad, aquí sólo entrevisto:

"a world where there are no mirrors to find yourself on the other side of, all experience having been reduced, by the spectral hand of marketing, to price-point variations on the same thing. But as she’s thinking this, Marchwinska-Wyrwal taps his glass with the edge of a spoon" (341)

Me temo que volveremos a saber de esta asociación de ideas aquí interrumpida – lo sabremos ITF.

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