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Vanity Fea

Nuevo look de mi SSRN

Nuevo look de mi SSRN


Ha cambiado el diseño de mi página de autor en el Social Science Research Network (bueno, de la mía y de las demás). Ahora tiene este aspecto:


Tiene un nuevo look mi SSRN



Me felicito de que estoy entre los 1500 primeros en la clasificación general; en algunos otros parámetro aún estoy mejor posicionado, siendo mi récord absoluto el puesto 5 mundial... por "actividad reciente", una temporada en que me dio fuerte. Ya voy aflojando.

Por número de citas estoy peor ubicado, y en general no me cita nadie, pero bueno, se mire como se mire estoy entre los 30.000 principales, que son los que cuentan a efectos de datos. Aunque sea éste un podio con tantos escalones que parece la escalera al arco de Tianmen.


tianmen



SSRN


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Nana Mouskouri sings Bob Dylan

miércoles, 21 de diciembre de 2016

 

Nana Mouskouri sings Bob Dylan






En moto junto al mar


miércoles, 21 de diciembre de 2016

En moto junto al mar

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Retropost (2006): La misteriosa llama de la reina Loana

La misteriosa llama de la reina Loana

Publicado en Literatura y crítica. com. José Ángel García Landa


Que es el misterioso título de la última novela de Umberto Eco, vendida masivamente a cientos de miles de personas hace un año y ahora leída por unos pocos y olvidada por muchos, supongo. Del olvido va, y al olvido va, supongo. Aunque no está mal para un público cortado a la medida de Eco: vamos, de una edad parecida, de intereses similares, especialistas en semiótica si es posible, nostálgicos de la cultura popular de hace años, reprimidos sexuales y dados a enamoramientos platónicos... porque la novela va más o menos de Umberto Ego y su mundo interno y obsesiones y ansiedades particulares.  
 No es que esté mal, no... pero realmente es la novela de un hombre de ideas embebido en sí mismo y en sus ideas. Le falta vida, interacción, sociedad, a pesar de los intentos del autor, los personajes que no son Yambo, el protagonista, pasan como sombras por el trasfondo, o como voces que resuenan en su cabeza. Excesiva, exhaustiva, en su dedicación a los viejos recuerdos que nos formaron. Supongo que también va sobre el autoembebimiento, o sobre nuestro destino último que es hacernos nuestro propio mundo y habitarlo mayormente en soledad mientras la muerte va distribuyendo sus rayos aniquiladores a nuestro alrededor, y un día nos toca.
Es una novela sobre la memoria, sobre cómo somos memoria; estamos hechos de recuerdos. Como en otras novelas sobre la amnesia, se utiliza aquí como estrategia para involucrar al lector y seguirle y guiarle los pasos a medida que se adentra en la novela: el narrador en primera persona (luego sabremos que es Giambattista Bodoni, "Yambo", librero sesentañero) ha perdido la memoria, no sabe quién es, el lector tampoco lo sabe, claro, y así poco a poco lo vamos conociendo a medida que se conoce. Es un nuevo nacimiento a la vida, con una mente inocente de sí, y como estrategia narrativa es ciertamente sugestiva, y está magistralmente llevada por Eco. Claro que inocente del todo no es... lo que nos encontramos es un personaje diseñado a medida para ejemplificar algunas de las ideas de Eco sobre el conocimiento enciclopédico: porque eso es lo que Yambo tiene, es una colección de citas, una enciclopedia sobre dos patas y sin recuerdos sobre sí mismo. Un caso tan perfecto que uno duda que pueda existir como no sea a modo de estrategia narrativa, pero oye, cosas veredes.
Y la historia es la historia de cómo Yambo recupera la memoria de su identidad, de cómo llegó a ser quien es... o más bien quien ya no es, porque la mayor parte de los recuerdos personales se recuperan tras un segundo ataque cerebral, con el protagonista reducido a una especie de limbo comatoso o conciencia lúcida e incorpórea. Mientras estuvo deambulando de nuevo por el mundo, el nuevo y viejo Yambo conoce (que no reconoce) a su mujer Paola, duda sobre si sería amante de su ayudante la bella librera Sibilla (¿le dará ella alguna pista? No), se las apaña como puede para no actuar como un marciano. Esperando recuperar sus recuerdos viaja a la casa de campo de su abuelo en Solara, mantenida en hibernación durante cuarenta años, oye discos viejos, relee sus cuadernos de deberes y sus lecturas infantiles, sus tebeos... sin mucho éxito de momento.
Todo va volviendo poco a poco tras un segundo infarto cerebral que deja a Yambo sin cuerpo ni sentidos, pero con recuerdos. Esta parte recuerda al Innombrable de Beckett, que se hallaba en una situación parecida, pero con problemas de identidad aún más angustiosos que los de Yambo. Es sin embargo una bonita variación sobre el tema y homenaje supongo a Beckett.
Aquí volvemos con doble intensidad a la recuperación de la cultura popular de los años cuarenta: los tebeos, las historias de ciencia-ficción, las aventuras de héroes machotes en países exóticos, donde se hallan mujeres atractivas con velos tentadores, como la reina Loana...
De todo esto se ve que disfruta enormemente Yambo (un eco de su autor), y que con estas cosas retro pierde los papeles.  El libro está decorado abundantemente con viñetas y portadas de época, y se somete a detenido análisis la influencia de esos Sandokanes, esos Rip Kirby, esos Pinochos y Chapetes, esos Capitán Trueno que diríamos por aquí, en el imaginario del protagonista. También se vuelve cada vez con más precisión e intensidad a escenas vividas durante la época fascista y la Segunda Guerra Mundial, al final incluso rememorando la participación de Yambo, aún niño, como guía para unos resistentes contra las SS. Y se reconstruye el amor platónico (platónico a falta de otra cosa), ideal, del joven Yambo, la colegiala Lila Saba, cuyo rostro está tan velado como el de la reina Loana que es quizá su encarnación en otro plano de la economía mental del Yambo tineiyar.  La lluvia caótica de imágenes paraliterarias se acelera al final y se combina en una parodia del apocalipsis, a medida que Yambo se acerca a la visión beatífica del rostro de Lila, y de la muerte, dos experiencias que quedan más allá de lo efable. Un final con muerte, recuerdos y cita, entrada simultánea en la luz y en la oscuridad. Rosebud.
 Tunnel light  
Atrás quedan las personas reales, Paola, con quien hizo el amor Yambo por última vez dudando si ella cometía adulterio al hacerlo; Sibilla, con quien no lo hizo (¿o sí?), sus hijas, la vieja criada de Solara, algún amigo... Mucho más vívidas son las personas recordadas: el abuelo, su amigo mayor Gragnola, suicidado para escapar de los fascistas. Y sobre todo las lecturas, seres de letras más literalmente, más conocidos, más cercanos realmente al protagonista, que está hecho de ellas. A través de las lecturas vemos cómo llegó Yambo a ser lo que es, desde las novelas de aventuras, pasando por la poesía y la frustración amorosa y sexual, a las sublimidades decadentes y egocéntricas de Huysmans... un sistema interno de actitudes, desplazamientos simbólicos y fetiches privados. Todo esto sugiere una vida mental y emocional tenuemente conectada con la gente real que lo rodea, y más centrada en su propio universo personal. Lo dicho: Umberto Ego... Se non è vero, eccóme, è ben trovato. Ciertamente, a pesar de los años de desfase entre Eco y yo, es ésta una historia personal que me suena bastante, en cuanto al ambiente y la relación con las lecturas, una especie de variación sobre mi propia experiencia de la lectura y la memoria y los años del fascismo.
Si es que el colapso cerebral le da a Yambo cuando descubre entre los papeles de su abuelo un original del First Folio de Shakespeare. A mí también me daría, me parece. La gente le importa menos, en realidad, a este Yambo absorto en sí; los comparsas vivos pasan a segundo plano, y quedan los recuerdos y lecturas. Y qué poquita cosa somos al final, "hombres de letras"... a poor player, an unperfect actor on the stage, que (antes o después) olvida su papel. And then is heard no more: un día ya no oímos más esa ecolalia resonando en nuestra cabeza. Who now, who knows. Nos convertiremos, con suerte, en un recuerdo, o en una cita.
Had we but world enough, and time



Retroposts

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Retropost (2006): Nuevos directores, nuevas directrices

Nuevos directores, nuevas directrices

Publicado en Universidad. com. José Ángel García Landa

Se ha publicado en la página del Ministerio de Educación y Ciencia, con cierto retraso, un borrador de las "Directrices para la elaboración de títulos universitarios de Grado y Máster", que viene a corregir y aumentar a los actualmente vigentes Reales Decretos de Grado y Postgrado, tan ambiguos en algunos casos y que en tanto atasco metieron el proceso de reforma universitaria con el anterior equipo ministerial. También está el texto de estas nuevas directrices en Fírgoa.

Bueno, esto parece bastante preliminar aún, a pesar del retraso, y se nos promete un Anexo con gran parte de la madre del cordero (las asignaturas troncales y obligatorias de los títulos, para entendernos) que todavía no está: "se añadirá". Los títulos tendrán nombre y apellido (como el que me saqué yo, por ejemplo: "Filosofía y Letras (Filología Inglesa)". Una cuarta parte de materias comunes habrá en los que tengan el mismo nombre. Esto es lo que dibujará el mapa de titulaciones, de hecho. Y lo han de diseñar las subcomisiones del Consejo de Coordinación Universitaria, ya tiemblo... que fueron estas subcomisiones las que iniciaron el proceso que acabó en manifestaciones y caos y parón general la última vez. El trabajo de esas subcomisiones y sus sucesoras hasta ahora parece que pasa a mejor olvido; tampoco los Libros Blancos de la ANECA serán obligatorios para proponer un título, sino que se puede partir hasta de los actuales. Hay mucho más margen para la decisión de las universidades. Pero, visto que volvemos a empezar en el mismo sitio con las subcomisiones... ¿se repetirá la historia? Esperemos que no sea el caso. Tanto andar para redescubrir que había que reformar las titulaciones, no cargárselas de plano y empezar de cero. 

Sí hay mucho énfasis en este documento en planificación previa, objetivos y métodos, control de calidad, énfasis en procedimientos medibles y adquisición de competencias concretas... y evaluación final de los títulos, en vista de los objetivos, y unida a la financiación. Aquello de financiar por resultados obtenidos que decía la ministra. O sea que habrá que pasar la mitad del tiempo enseñando y la otra mitad rellenando impresos justificando la necesidad y calidad de tus enseñanzas.

Por su parte los rectores han propuesto hace poco clarificaciones en la situación: por ejemplo, no saben aún (ni lo sabe nadie) lo que va a ser un máster y lo que no lo va a ser. Si todos los títulos de postgrado van a un registro oficial... ¿son oficiales o no? 

Y otra cosa: hasta 2009 se podrán mantener los viejos títulos matriculándose en primero: en quinto, cinco años más tarde. Aún hay filología inglesa para un rato. Si no la reinventamos, después de tanto dar vueltas; desde luego si ahora se suprime será porque queramos los anglistas.

La reforma de la reforma

Etiquetas: Universidad, Reforma, Titulaciones

El Estado Islámico atentó en Berlín

Jiménez Losantos, Federico, et al. "Tertulia de Federico: Atentado en Berlín." EsRadio 20 Dec. 2016.*

         http://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2016-12-20/tertulia-de-federico-atentado-en-berlin-108494.html

         2016

Chicas de un yate

martes, 20 de diciembre de 2016

Chicas de un yate

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Retropost (2006): Dishonest Reading


Dishonest reading

Publicado en Literatura y crítica. com. José Ángel García Landa

Another exchange from the Narrative-L discussion list. Elizabeth Patnoe raises this issue:

"In thinking about the issues that emerged today, I wonder:  What does it mean to be a dishonest or honest reader or listener or viewer?"

From Matthew Clark’s answer:

I like this question --

Here’s a thought -- I’ve tried to think of times that I have been a dishonest reader, and here are two:

1. Some writers rub me the wrong way, and I have difficulty putting my feelings aside to see what is valuable in what they have to say. Derrida, for example.

2. If a group that I identify with dislikes a particular writer, then I have difficulty forming an independent judgement. Leo Strauss, for example.

Do these count as instances of dishonesty? I’m not being confessional here -- I don’t claim to be much worse than the average (but not much better, either) -- just trying to use introspection as a way into the question. (...)




And my own post:


On the subject of "dishonesty" and "dishonest readers":

I find Matthew’s suggestions interesting, although they address the issue from one specific viewpoint: self-analysis, that is, trying to discover, through an examination of conscience, which are our flaws in living up to our own ideals of honesty. Which is all right, but I find is not the most evident focus on the issue. I would begin with "dishonesty" as an interactional value judgment, that is, it is applicable to self-interaction as Matthew does, but it is above all concerned with ethical and political positions vis à vis other people. That is, "dishonest", for whom? A dishonest reader is a dishonest reader mainly for another reader. Who in turn may be dishonest for the first, or for a third observer. One person (maybe the same person, OK) has to behave and another has to judge. Then each of them will be acting as representatives of general values or wider communities. And then each of them may be divided within, perhaps thence the possibility of being accused of dishonesty. This topic is fascinating from a narratological viewpoint of course: think of the connections with the issue of unreliable narrators, unreliable narratees, and unreliable authors. And unreliable readers, who needn’t be dishonest by the way.

Jose Angel García Landa
Universidad de Zaragoza

I am aware of course, that some people believe (actually it’s almost a consensus among narratologists) that narrative theory should be blind to such issues as "unreliable authors" or "dishonest readers". But to my mind a fully interactional narrative theory cannot be severed from an ethics of reading, and an ethics of writing as well. And an ethics of theorizing.

And—one last issue. The term "reader" may be confusing above, in such phrases as "a dishonest reader is a dishonest reader mainly for another reader". We have to posit here a communicated or textualized reading (whether conversational, broadcast, in private writing or in published criticism). Maybe the right term for a reader who articulates his or her reading in an expressive form is, in most cases, critic. And therefore we should be discussing dishonest criticism. (But who wants to acknowledge one is a critic, whether honest or dishonest...).



El cristal con que se mira (diferencias críticas)
 


Retroposts
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