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Niñas del mar

lunes, 19 de diciembre de 2016

Niñas del mar



Niñas del mar

Retropost (2006): La raya de la frontera

 
La raya de la frontera

Publicado en Nenes. com. José Ángel García Landa

(Oscar tiene ciertos problemas fronterizos en el cole, parece la gesta de Perejil...)

 Sabes, papi, Rodrigo es un poco chinchón. Me grita todo el rato, me dice "Eh tú", y me empuja. Eso lo hace cuando yo me olvido y pongo el codo en su mesa, porque tenía la mesa pegadita a la mía, y hay una rayita, y cuando pongo el codo, "¡Eh tú!" Grito. Empujón. No, no, yo no le grito, y entonces no le pongo el codo, porque está mirando la rayita. Bueno, menos si se me cae el lápiz. Entonces a veces sí que pongo el codo. Pero se enfada mucho. Y también, cuando nos vamos a ir, para levantarme de la mesa, pues apoyo la mano en mi mesa, pero mi dedito siempre se apoya un poquito más allá de la raya, y entonces, "eh, tú!" …—Es un gritón, y un picón. Antes estaba con Erica, y ella no reñía. Pero luego con Rodrigo, que mira mucho la rayita. Todo el rato la vigila. Pero ahora ya no me grita, porque me han puesto con Coque. Coque es más bueno. Si apoyo el dedito al otro lado de la raya, no me empuja. Y creo que tampoco me pone el codo en mi lado. Es que no sé, porque yo no miro a ver si hay un codo, un codo con ropa, en mi lado. Yo no miro la rayita.
- ¡Eh, no! ¡No se lo cuentes! ¡Es de mi diario!
(Aquí se me han apropiado los zipizapes del ordenador; en fin:)
nabidad
por

oscar

y 
 ivo
Catwoman
Etiquetas: Diario, Nenes
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Retropost (2006): Los girasoles ciegos

Los girasoles ciegos

Publicado en Literatura y crítica. com. José Ángel García Landa

Es una colección de cuatro relatos sobre la guerra civil, único libro de Alberto Méndez, publicado en 2004, poco antes de su muerte a finales de ese año; obtuvo el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa en 2005. Es un libro triste, escrito desde el punto de vista de los perdedores, y es una especie de meditación y testimonio sobre la derrota. No sólo política o militar: para los personajes de este libro se convierte en una derrota existencial; han sido derrotados en sus vidas y sus aspiraciones ya no políticas, sino familiares y personales. Comprendemos así desde dentro parte de la experiencia de muchos españoles a consecuencia de la guerra civil, contrastando los problemas prácticos y la sensación claustrofóbica de los derrotados, con la retórica hueca y las consignas de los vencedores. Es inevitable, claro, que sólo uno de los bandos aparece retratado con rostro humano; el otro es una caricatura—caricatura en la que se convirtió por vocación propia, claro, por los ideales defendidos, por la hipocresía cruel con la que se defendían, y por la retórica grotesca utilizada para defenderlos.
Antonio López, Gran Vía
La primera historia, "Primera derrota: 1939 o Si el corazón dejara de latir", va sobre un capitán del ejército rebelde que, en la víspera de la toma de Madrid, se rinde con premeditación y alevosía a los republicanos derrotados; un acto kafkiano que ni los republicanos ni los nazionales saben cómo interpretar. Lo hizo por no participar de una victoria que consideraba obscena:

"... el procesado responde que ... sabe que en noviembre de 1937 el coronel Ríos Capapé y Mohamed el Mizzian llegaron hasta la parte alta de la calle Ferraz, en el centro de Madrid, donde sólo encontraron una resistencia de francotiradores en retirada.
"El declarante es mandado callar y lo hace.
"Preguntado acerca de si son las gloriosas gestas del Ejército Nacional la razón para traicionar a la Patria, responde: que no, que la verdadera razón es que no quisimos entonces ganar la guerra al Frente Popular.
"Preguntado que si no queríamos ganar la Gloriosa Cruzada, qué es lo que queríamos, el procesado responde: queríamos matarlos." (27).

El capitán Alegría termina siendo fusilado, mal fusilado, pues sobrevive, y es rematado más adelante en otro cuento. La segunda historia, o "Segunda derrota: 1940 o Manuscrito encontrado en el olvido" va sobre un chaval joven que escondido en un cobertizo en la montaña ha tenido un hijo con su novia; esta ha muerto, y el jovenzuelo, con veleidades literarias, escribe un diario mientras pasa el invierno, al que no sobrevivirán ni él ni el niño. Es una especie de alegoría de la muerte de la esperanza. Aquí falla un tanto el control de simpatías del autor, pues a mí se me hace repelente este personaje que durante días ni se molesta en alimentar al recién nacido, concentrado en su dolor y eso sí, escribiendo su diario (necesario para motivar la narración en primera persona). En fin, no andaba desacertado al pensar que de todos modos daría igual. 

"Tercera derrota: 1941 o El idioma de los muertos" es una historia de juicios sumarísimos seguidos de sumarísimos fusilamientos. El protagonista sobrevive porque conoció al hijo del juez militar en la cárcel de Díaz Porlier, y le va contando a él y a su señora, haciéndose el estrecho, lo bueno y heroico que era su hijo... hasta que harto de la pantomima, elige decirles la verdad, que era un falsario sinvergüenza y criminal, para que lo fusilen a él ya de una vez. 

La "Cuarta derrota: 1942 o Los girasoles ciegos" es a tres voces: el narrador en tercera persona que cuenta la historia de un "topo" republicano en Madrid, ocultado por su esposa en un armario con doble fondo. También oímos la voz del que fue el niño hijo de la pareja, y la de su profesor, un cura patético que persigue a la madre a la vez que se azota mentalmente por los embates de la Carne. Al final, su acoso lo llevará a descubrir al marido oculto, que se suicida despeñándose por el patio de luces. Es quizá este cuento el más logrado por el afinado contraste de voces, entre las experiencias vistas desde el punto de vista del niño por una parte, la falsísima conciencia del cura, que por lo familiar que suena desacredita totalmente a la experiencia religiosa de los vencedores (una religión de fantoches, vamos), y por fin la triste realidad objetiva de la opresión y el encarcelamiento mental representativos de todo un país.

A medida que pasaban los días, mi padre estaba cada vez más tiempo en el armario. Llegó un momento en que mi madre y yo comíamos en la mesa de la cocina y él en su escondite. Masticaba con una parsimonia desesperante, como si quisiese evitar el ruido que hace el pan de centeno cuando se muerde. Todo empezó a impregnarse de tristeza. Me sentí culpable porque aquel armario comenzó a adquirir el olor del Metro y a mí me parecía que eso terminaría atrayendo a los leprosos. (149).

En fin, un memorial de la desesperación, como para recordar hoy, 70 aniversario triunfal de la guerra, la dimensión que tuvo ésta hasta lo más hondo de las vivencias, actitudes y emociones de quienes la vivieron. O vivimos. Porque si somos lo españoles como somos, es en gran parte por haber crecido con estos derrotados, y con estos triunfadores. 

Guerra civil: el vaivén de la memoria

 

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Katie Melua with the Stuttgart Philharmonic Orchestra

sábado, 17 de diciembre de 2016

Katie Melua with The Stuttgart Philharmonic Orchestra







Bob Dylan - Not Dark Yet







Ponytail

sábado, 17 de diciembre de 2016

Ponytail

Ponytail

Kate Bush - Never for Ever

sábado, 17 de diciembre de 2016

Kate Bush - Never for Ever








Retropost (2006): El complot de los negros



- ¿Tú quieres argo? ¿Cómprass? Mira collar; figura. 
- Eu... No, no, gracias, nada.
- ¿Y tú? ¿Cómprass, alguna cosa? Brato.
- Bueno, si no tengo dónde meterlas... Y ahora por la noche, para qué quiero gafas de sol, hombre. No, no.
- Bueeno... Nadie compra. Adiosss.
(Salimos del bar...)
- Mira que son bien plantados estos negros. 
- Eso desde luego no se lo quita nadie.
- Mira, ahí tienes otro. "Compras, compras, barato". Nada. Estos pobres, la verdad es que no venden ni pa chinchetas. No sé si alguien le comprará algo en toda la noche.
- Bueno. A veces es la excusa. Yo creo que también venden otras cosas. Es la manera de irse metiendo por todas partes, ver gente. Y luego si hay ocasión también llevan otra mercancía.
- Anda ya. ¿Tú crees? Pues a mí ni se me había ocurrido. ¿Crees que son la misma peña?
(A nuestro lado va andando un negro con su carga de figuritas y collares. Bajamos la voz).
 - De todo habrá, seguro.  Pero algunos, no te quepa la menor duda. Mira. Este que llevábamos atrás se va ahora por la otra acera. Porque tenemos uno nuevo delante. Mira cómo se miran de reojo. Están controlando la calle, a ver si viene la poli. 
(El negro de delante va echando miradas al de la otra acera. De repente, aparece por el fondo de la calle un tipo joven con abrigo, bien plantado, hablando por un móvil. Inmediatamente se desvía el negro a un bar con un grupo de gente).
- Mira al fondo de la calle. Este ya no va a avanzar más, es su zona. Allá en la esquina tienes otro echando el ojo. Están organizadísimos.
- Bueno, esto puede que sea algo de verdad, pero la mitad películas que te inventas. No sé,  supongo que la poli estaría al tanto, ¿no? Se enterarán tanto como tú, digo yo, para eso les pagan.
- Ya, pero estos vigilan también.
- Es que esto que me cuentas parece el complot aquel de los ciegos. O el de los jorobados, qué novela era esa.
- O el de los jubilados, y por qué no. Eso era aquí en Zaragoza, te acuerdas, esa sociedad de agentes secretos de la tercera edad. De ellos sí que no sospechaba nadie. Si lo de los negros ya lo viste el otro día, mira si controlaban o no.
El otro día íbamos andando por la calle, cuando nos pasan cuatro negros corriendo a toda pastilla. Uno salta la valla del parque del Huerva y se esconde entre la maleza. Detrás vienen dos policías, uno lo ha visto, saca la pistola, lo encañona. "VAMOS, sal de ahí. No me hagas entrar que te tengo visto". Ese ha caído, los otros no. Apartamos deprisa a los niños, no sea que se escape alguna bala perdida. Los otros negros se han perdido de vista, pero en el semáforo siguiente hay uno parado, o que viene en dirección contraria, oteando disimuladamente de manera ligeramente nerviosa. Hay otro parado una manzana más allá, también observando.
 - Tienen un tramo asignado cada uno; igual que los policías están al tanto para pillarlos, estos están ojo avizor para detectar a los polis. Y se conocen unos a otros y así van tirando para adelante mal que bien.
Nos cruzamos en este momento con un grupo de personas deformes, de aspecto monstruoso, rostros quemados y paralizados, socializando juntos el sábado noche. Cambiamos de tema— a la conspiración de los feos.
La mirada del gato 
  


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