Blogia
Vanity Fea

Cómo somos

Libre de plagio

jueves, 27 de septiembre de 2012

Libre de plagio


Así se anuncia uno de esos sitios web en los que los estudiantes pueden comprar essays escritos por unos sufridos y honrados negros:

"Professionals will write your essay within a few days and you can have your free time. You can buy online essay or paper and get it plagiarism free."

—¡una práctica académicamente impecable, vamos, y sin copiar! Quien no tiene buena conciencia es porque no quiere.


Y a ver quién va a negar que el producto entregado tiene mayor calidad académica, si está plagiarism-free.

Eppur si muove
 


Deep Future of Things

domingo, 2 de septiembre de 2012

Deep Future of Things


Desembarcando en Zaragoza, encontramos la casa mayormente intacta, con sólo ese olor a casa que lleva cerrada un tiempo. Y encendiendo los ordenadores, poniendo en marcha los grifos y viendo los libros ordenados en los estantes, nos preguntamos cuántos años podría pasar la casa cerrada si no volviésemos más. Y cuánto duraría cada cosa—cuál empezaría a decaer antes, a qué aparato de música se le atascaría antes el disco, o cómo irían decayendo los archivos del ordenador. Qué libros (podrían mostrárnoslo iluminándolos en la estantería) serían los que habrán sido destruidos para el año 2050, cuáles seguirán existiendo en 2100, cuáles (muchos menos, si alguno) en el año 2500. Qué objeto (seguramente el más simple—el calendario metálico, la cruz egipcia) será el último en sobrevivirnos, en el futuro lejano. En qué año, en qué siglo, podrá todavía encontrarse el último objeto que ha pasado por nuestras manos—un objeto insignificante ya, pues habrá desaparecido la historia que lo convierte en lo que es ahora, y probablemente nadie le preste ninguna atención. Nuestros objetos nos sobrevivirán, en su mayor parte—de eso cabe poca duda. ¿Pero cuáles, y dentro de cuánto, irán a parar a manos de alguien que se pregunte de dónde habrán venido, y qué podrían contarle, si pudieran hablar o si llevasen su historia inscrita? Como la llevan para nosotros. Pinzas en espera¿En qué año desaparecerá del mundo la última foto que quede, en la que estemos delante o detrás de la cámara? ¿Cuándo se oirá nuestro nombre por última vez—o en qué momento del futuro desaparecerá la última de las frases que escribimos un día como hoy? No es sólo que nadie lo sepa—es que nunca nadie lo sabrá, porque el olvido final termina antes de empezar siquiera.


______


Estaba yo en estas reflexiones cuando tropiezo con el principio de Sunset Park, de Paul Auster—sobre un limpiador de casas abandonadas:


For almost a year now, he has been taking photographs of abandoned things. Thare at least two jobs every day, sometimes as many as six or seven and each time he and his cohorts enter another house, they are confronted by the things, the innumerable cast-off things left behind by the departed families. The absent people have all fled in haste, in shame, in confusion, and it is certain that wherever they are living (if they have found a place to live and are not camped out in the streets) their new dwellings are smaller than the houses they have lost. Each house is a story of failure—of bankruptcy and default, of debt and foreclosure—and he has taken it upon himself to document the last, lingering traces of those scattered lives in order to prove that the vanished families were once here, that the ghosts of people he will never see and never know are still present in the discarded things strewn about their empty houses...




El mundo todo es máscaras

jueves, 30 de agosto de 2012

El mundo todo es máscaras

"No hace muchas noches que me hallaba encerrado en mi cuarto, y entregado a profundas meditaciones filosóficas, nacidas de la dificultad de escribir diariamente para el público. ¿Cómo contentar a los necios y a los discretos, a los cuerdos y a los locos, a los ignorantes y a los entendidos que han de leerme, y sobre todo a los dichosos y a los desgraciados, que con tan distintos ojos suelen ver una misma cosa?"

 En una librería de Bueu que cierra ahora me he comprado dos libros de artículos de Larra, quizá el primer blogger español a su manera. Así empieza el artículo "El mundo todo es máscaras. Todo el año es carnaval". Y así evalúa el bachiller su experiencia en las noches de mascaradas:

larvata prodeo"Ni me sé explicar de una manera satisfactoria la razón en que se fundan para creer ellos mismos que se divierten un enjambre de máscaras que vi buscando siempre y no encontrando jamás, sin hallar a quien embromar ni quién los embrome, que no bailan, que no hablan, que vagan errantes de sala en sala, como si de todas les echaran, imitando el vuelo de la mosca, que parece no tener nunca objeto determinado. ¿Es por ventura un apetito desordenado de hallarse donde se hallan todos, hijo de la pueril vanidad del hombre? ¿Es por aturdirse a sí mismos y creerse felices por espacio de una noche entera? ¿Es por dar a entender que también tienen un interés y una intriga? Algo nos inclinamos a creer lo último, cuando observamos que los más de éstos os dicen, si los habéis conocido: '¡Chitón! ¡Por Dio! No digáis nada a nadie'. Seguidlos, y os convenceréis de que no tienen motivos ni para descubrirse ni para taparse."

Me hace pensar esto que en los blogs y redes sociales tampoco es muy grande la diferencia entre lo que sucedía antes, cuando todo el mundo usaba nicks y avatares, y ahora que se lleva más el nombre propio o identidad auténtica so-called.

El artículo de Larra está en la tradición de la visión crítica del mundo social como teatro—o yendo a un tema arquetípico más universal, el contraste entre apariencia y realidad. Con la excusa de los bailes de disfraces y los carnavales, describe las apariencias que da la gente a otros cada día de la vida cotidiana, con vestidos y modales calculados para proyectar una impresión favorable o a la moda, muy distinta del cuerpo debajo de la ropa o de la cara sin afeites. Y el decalaje entre la imagen proyectada y la intención al actuar. Concluye pues que no es necesario ir al teatro, el teatro está en la calle, ya estamos en él lo sepamos o no...

"Ya que sin respeto a mis lectores me he metido en estas reflexiones filosóficas, no dejaré pasar en silencio antes de concluirlas la más principal que me ocurría. ¿Qué mejor careta ha menester don Braulio que su hipocresía? Pasa en el mundo por un santo, oye misa todos los días, y reza sus devociones; a merced de esta máscara que tiene constantemente adoptada, mirad cómo engaña, cómo intriga, cómo murmura, cómo roba... ¡Qué empeño de no parecer Julianita lo que es! ¿Para eso sólo se pone un rostro de cartón sobre el suyo? ¿Teme que sus facciones delaten su alma? Viva tranquila; tampoco ha menester careta. ¿Veis su cara angelical? ¡Qué suavidad! ¡Qué atractivo! ¡Cuán fácil trato debe de tener! No puede abrigar vicio alguno. Miradla por dentro, observadores de superficie; no hay día que no engañe a un nuevo pretendiente; veleidosa, infiel, perjura, desvanecida, envidiosa, áspera con los suyos, insufrible y altanera con su esposo: ésa es la hermosura perfecta, cuya cara os engaña más que su careta. ¿Veis aquel hombre tan amable y tan cortés, tan comedido con las damas en sociedad? ¡Qué deferencia! ¡Qué previsión! ¡Cuán sumiso debe ser! No le escojas sólo por eso para esposo, encantadora Amelia; es un tirano grosero de la que le entrega su corazón. Su cara es más pérfida que su careta (...)"

A Truth of Masks
 


Somos de lo más

martes, 31 de julio de 2012

Somos de lo más

Quizá sea una costumbre especialmente occidental, pero creo que es más general que eso. Todos somos dados a presentarnos a los demás con una imagen favorable (ejemplo: este blog, sin ir más lejos). O en lo que suponemos será una imagen favorable: al menos lo intentamos. Subir puntos ante los demás, obtener kudos que dicen los americanos. O, siguiendo la lógica de lo que hemos dicho, al menos obtener puntos imaginarios ante nosotros mismos, habida cuenta de la valoración imaginaria que recibimos.
SBR7 Decía Goffman que el rostro de uno (interaccionalmente definido, o sea, la face que presentamos ante los demás en un encuentro y cuidamos con el face-work) es sagrado. No sólo en la estimación propia, sino como regla general de fondo del trato social. Así, no sólo no ofendo yo a mi propio rostro, ni al de los demás, sino que espero que los demás van a colaborar conmigo más o menos manteniendo la línea en la cual me presento, y la imagen que quiero dar de mí mismo. Eso al menos si no me como demasiado terreno del vecino. Es parte del ritual social por tanto el protegerse mutuamente la cara, entrando en la ficción de que todos somos guays y extremadamente respetables, y ayudando a mantener el propio rostro y el del vecino a base de cortesía, protocolo y rituales de asentimiento.

Este es el panorama de fondo, pero claro también hay face-threatening acts, como estudiaron Brown y Levinson en Politeness, después de Goffman—actos comunicativos que al dar respuesta al sujeto hablante amenazan el rostro público presentado por él. A veces estos son directos y explícitos (por ejemplo el comportamiento de muchos trolls en los blogs, atacando anónimamente al bloguero y procurando desacreditar su línea o autoimagen). Otros son indirectos—los que parece que conceden la mayor pero en realidad socavan la idea que pretende dar el sujeto de uno mismo, o de un tema, o de los otros. Estos pueden ser más o menos corteses o más o menos malignos—en principio siempre es más cortés jugar al juego ritual del respeto mutuo, aunque sólo sea como retórica preliminar.
 
Unas veces damos una idea favorable de nuestra personalidad en general, de nuestros accomplishments, o rasgos de carácter o belleza física. Otras veces de lo magnífica que es nuestra vida privada, nuestra familia, nuestro círculo de amistades, nuestro enfoque original sobre la vida, lo envidiable de nuestro éxito en tanto que sujetos sociales. La falsa modestia puede ser una estrategia útil a seguir en estos casos, mientras no sea demasiado evidentemente falsa, lo cual sería contraproducente. Pero quizá sea especialmente divertido el contraste que se da a veces en el paso súbito del tono desenfadado o relajado que conviene al hablar de uno mismo, para ponerse súbitamente en tono profesional y presentarse uno mismo como lo más de lo más en cuestiones profesionales—un profesional de eficacia estratosférica, si nos preguntan a nosotros. El trabajo es tan sagrado, o más, que la imagen privada de cada cual— o, por lo menos, el yo privado y el yo profesional sirven de refugios alternantes para las insuficiencias detectables en el otro. De acuerdo, soy feo y mi vida privada carece de interés, pero como profesional no me tose nadie. O bien viceversa: mi trabajo es mediocre y gris, mejor oculto mi faceta laboral en la que soy un mero esclavo de la noria, pero mi yo auténtico está fuera del trabajo, donde soy una persona de infinitas posibilidades, una mente libre e impredecible.

Para eso a veces es conveniente no aventurar demasiado el yo profesional por andurriales no profesionales, o el yo privado fuera de su ámbito, y en general no mostrar mucho ni de uno ni de otro, pues podría perderse el aura. Incluso en cuestiones de la red, es prudente mantener una atractiva nube difuminada de vaguedad sobre cuál es exactamente nuestro status profesional, o qué hacemos con precisión en nuestro trabajo, o en nuestro tiempo libre (a menos que sea espectacular, viajar, etc.). Es una manera de no darle argumentos al adversario, y así ponernos en situación de ser los que más información tengamos sobre nosotros mismos y nuestra valía, en un encuentro determinado. El oyente se verá casi obligado a seguir nuestra línea de autopresentación, a falta de datos propios que aportar en contra. Si decimos que somos de lo más, y ése es el único dato que consta, ¿quién nos va a contradecir? Por desgracia, el control de la autoimagen no siempre está tan fácil. Nos puede quedar el consuelo de que hablen de nosotros aunque sea mal, eso también da puntos.


El hombre duplicado

Rescue Me

domingo, 29 de julio de 2012

Rescue Me

No me gusta mucho Jeanette Winterson, aunque la veo original y e interesante, con frecuencia me repelen sus intimidades y sus emociones excesivas y arbitrarias; se me disgregan sus narraciones en los hilos desatados de la invención, y no me captan el interés sus personajes, que parecen más bien trozos de ideas de la autora, o caprichos provisionales suyos, nunca gente real en un mundo que exista de modo creíble. raycaesar1Para eso es postmodernista vocacional, supongo. Acabo de leerme Gut Symmetries, una confusa historia de triángulo erótico-sexual (más que amoroso) entre la desdibujada protagonista Alice, con otros dos narradores ocasionales— Jove, como ella un astrofísico que trabaja en física subatómica y teoría de cuerdas—y la mujer de Jove.  La cosa acaba por necesidades del guión en un crucero con fiesta caníbal, sin víctimas mortales, tras pasar largamente por los antecedentes familiares de cada cual, en una construcción bastante arbitraria y prescindible. Hay transiciones violentas entre la GUT (General unified theory) cosmológica y las vísceras y latidos de los protagonistas. Así acaba el libro:

Blue sky light had turned black, red tracks of automobiles wound across the bridge, safety lights on brake reflectors, red on red.
    The universe hangs here, in this narrow strait, infinity and compression caught in the hour. Space and time cannot be separated. History and futurity are now. What you remember. What you invent. The universe curving in your gut. Put out your hand. Kiss me. The city is a scintilla, light to light, quartz and neon of the Brooklyn Bridge and the incandescence of the stars.
    They were letting off fireworks down at the waterfront, the sky exploding in grenades of coloour. Whatever it is that pulls the pin, that hurls you past the boundaries of your own life into a brief and total beauty, even for a moment, it is enough.


Como se ve, priman los momentos e impresiones antes que el desarrollo lineal del tiempo. La teoría cuántica lleva a diversas especulaciones sobre si la línea narrativa es ficticia o si podría ser real en otro universo posible, si la vida continúa en otra dimensión, etc.—física más cuéntica que cuántica.  Me gusta más la Winterson a fragmentos y escenas sueltas que captan sensaciones, por ejemplo éste que supongo justifica los arbitrarios enamoramientos (cerebrales y desorientados) de la protagonista y narradora Alice, Winterson thinly disguised:
 

Rescue me. I leaned against the mocking mast furled tight as a banker's umbrella. The human condition seems one of waiting to be rescued. Will it be you? Will it be today? Will the world open in splendent colour, spirit-blue, that aniline blue, ripe indigo or the tone of an unclouded sky? Say it will. Each other's greatest fear. Each other's only hope. I put out my hand and withdraw it at the same time. What are my chances of choosing well? We court each other in elaborate masks and ballgowns. I clothe myself in conversation, money, wit. Whatever will win you, I become. I disguise myself as your rescuer so that you will be mine. (177)


brightwoman
 


Retroprospective self-making


El primer error, el segundo error y el tercer error

lunes, 23 de julio de 2012

El primer error, el segundo error, y el tercer error

Oyendo una entrevista sobre crisis y errores en LD Libros. Esto no lo dicen, pero es así:

El primer error consiste en no aprender de la experiencia. Ya se sabe: trial and error, o pick yourself up, dust yourself off, start all over again. Los que no conocen la historia están condenados a repetirla.

El segundo error consiste en creer que puedes aplicar tu conocimiento del primer error a la nueva situación. Hay que hacerlo (hemos dicho), hay que aprender de la experiencia, y cuando nos encontramos con una situación análoga, tomar las medidas oportunas en previsión de lo que va a pasar. Pero el segundo error viene del hecho de que la analogía entre las dos situaciones es una construcción mental, una abstracción. Las situaciones nunca coinciden: ya decía Genette que toda repetición es un esquema de identidad impuesto sobre situaciones individuales, para declarar que son la misma despreciando sus diferencias. Ese desprecio a veces cuesta caro: a veces las diferencias entre dos situaciones son cruciales, a pesar de los parecidos evidentes, y caemos en el segundo error.

El tercer error sería creer que podemos evitar el primero y el segundo, por el mero hecho de saber que se dan—que podemos escapar de esta situación donde estamos a merced de la contingencia y de lo que sobreviene. Nunca podremos, porque la atención se fija en lo conocido, pero es lo que no conocemos lo que menos percibimos por adelantado, y lo que más desbarata los planes.
robert carter
El cuarto error sería dejar que todo esto nos llevase a la parálisis, a la inacción, o al pasmo wittgensteiniano-kafkiano.

Termina el programa con una cita de Richard Feynman: "Hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro".

Que poco se sabe
 



Estamos por encima de la media

jueves, 5 de julio de 2012

Estamos por encima de la media

Acabo de leer el libro de Jonathan Gottschall The Storytelling Animal. En el capítulo "Life histories" habla de cómo nos montamos una película de nuestra vida a nuestro gusto, narrativizando lo narrativizable, y descartando lo que no nos interesa. La memoria, decía Jerome Bruner, sirve a muchos amos además de a la verdad. No es finalidad suya hacer una fotografía fiel del pasado, sino más bien resultar útil al sujeto construyendo un pasado que le resulte utilizable y práctico. Eso conlleva mucha selección, y mucha ficcionalización discretamente introducida. No somos conscientes de hasta qué punto son poco de fiar nuestros recuerdos, hasta qué punto cocinamos los datos del pasado. Lo muestran repetidamente experimentos de psicología. 

"Esta investigación es profundamente desconcertante. Si no podemos fiarnos de nuestra memoria para las cosas grandes de la vida—el 11-S, los abusos sexuales, estar hospitalizados tras el ataque de un perro— ¿cómo podremos fiarnos de ella para las cosas pequeñas? ¿Cómo podemos creer que nada en nuestras vidas sucedió tal como lo recordamos, visto especialmente que confiamos en nuestros recuerdos falsos—nuestras "alucinaciones retroactivas"—exactamente igual que en los auténticos?" (168)
 
"Dicho de otro modo, el pasado, como el futuro, no existe en realidad. Ambos son fantasías que genera nuestra mente. El futuro es una simulación probabilista que pasamos por la cabeza para ayudar a dar forma al mundo en que vivimos. El pasado, a diferencia del futuro, ha existido en realidad. Pero el pasado tal y como es representado en nuestra mente, también es una simulación mental. Nuestros recuerdos no son registros exactos de lo que sucedió en realidad. Son reconstrucciones de lo que pasó, y muchos de los detalles—grandes y pequeños—no son de fiar" (169).
 


Parte de la función de la memoria es convertirnos en protagonistas de nuestra propia épica. Todos tenemos razón, si nos preguntan, y somos gente excepcional:

"Los estudios muestran que cuando la gente corriente hace algo mal (romper una promesa, cometer un asesinato) normalmente lo envuelven en un relato que niega o al menos disminuye su culpa. Esta tendencia autoexculpatoria es tan potente en la vida humana que Steven Pinker la llama la 'Gran Hipocresía'". (170)


No salimos bien en las fotos, sobre todo si las hacen los demás, pero en el espejo somos más guapos, porque metemos tripa y sacamos barbilla. "Es una buena metáfora de lo que hacemos constantemnte: construir una autoimagen que mejora lo que hay" (172). En un blog llamado Vanity Fea no podría yo pasar por alto los datos que ofrece Gottschall:

"Todos lo hacemos. Por ejemplo, el 90 por ciento de nosotros pensamos que conducimos mejor que la media, y el 94 por ciento de los profesores universitarios piensan que son mejores que la media en su trabajo. (Sinceramente, me sorprende que la cifra sea tan baja)." (173)

egolatry
Eso lo llaman el "efecto Lake Woebegone"—todos somos más sinceros, fiables u auténticos que el vecino. Estamos por encima de la media, y, además, somos especialmente inmunes al efecto Lake Woebegone, porque nos conocemos a nosotros mismos mejor de lo que los demás se conocen a sí mismos. Eso del autoconocimiento es o una farsa, o una ficción agradable, concluye Gottschall. No queremos saber la verdad; nos gusta más la historia que nos montamos. Nos moriremos, esa es la verdad, y todos nuestros conocidos. Somos insignificantes. Tenemos que mantener a raya semejante autoconocimiento. Y quien no lo consigue—al psicoterapeuta. Los psicoterapeutas son para Gottschall especialistas narrativos.

"Según la psicóloga Michele Crossley, la depresión normalmente se de be a un 'relato incoherente', a una 'representación narrativa de uno mismo que es inadecuada', o a 'una historia vital que se ha desorientado'. La psicoterapia ayuda a la gente desdichada a recomponer sus historias vitales; literalmente, les proporciona una historia con la que puedan vivir. Y funciona. (...) Un psicoterapeuta es por tanto una especie de médico de guiones que les ayuda a los pacientes a revisar las historias de su vida de modo que puedan jugar de nuevo el papel de protagonistas. Protagonistas que sufren y tienen defectos, por supuesto, pero protagonistas que se dirigen hacia la luz." (175)


Vamos revisando la historia de nuestra vida a la vez que la vivimos, concluye Gottschall, y el narrador es un narrador no fiable. Vivimos, en gran medida, de ficciones y en ficciones.

Oigan, pero hay un consuelo. Realmente, y esto no es ensueño sino matemáticas, al menos la mitad de nosotros acertamos cuando creemos que estamos por encima de la media.









______

Pongo un comentario en The Storytelling Animal, el blog de Jonathan Gottschall.

Tesis sobre el autoengaño


Últimas palabras en prospectiva

24/6/12

Mejor cambio mis últimas palabras. Por si con las prisas no me acuerdo en su momento de cuáles iban a ser, mis famous last words, conste aquí que son, mientras no se diga lo contrario, éstas:

"¡No me da tiempo! ¡No me da tiempo!"


Pero no me las confundan con el epitafio, que ése es otro género literario.

Last Words that Last