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Vanity Fea

Cómo somos

El triunfo de los mediocres

31/5/12


Una de esas cosas que circulan por la red y que se las hace circular porque llevan bastante razón:

EL TRIUNFO DE LOS MEDIOCRES
Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.

Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

Cómo lo veo yo
 


Somos teatreros

30/5/12


SOMOS TEATREROS—o: El sujeto, la interacción dialéctica y la estrategia de la representación según Goffman.

E
n este artículo comento los aspectos más prominentes de la teoría de la interaccionalidad presencial desarrollada por Erving Goffman, y apunto algunos correlatos teóricos de la misma para una definición de la realidad y una teoría de la subjetividad, así como algunas maneras en que esta teoría interaccional es aplicable, con los ajustes pertinentes, a otros tipos de interacción humana no presencial, como en la comunicación mediada por ordenador, en la ficción narrativa o en la hermenéutica de la interpretación. No es sorprendente el poder explicativo de la teoría de Goffman en estas áreas, pues toda interacción comunicativa humana deriva en última instancia, genéticamente, y se asienta estructuralmente, sobre unas estructuras centrales de naturaleza presencial y holística, en las que la información corporal y periférica, y las formas de su uso y reapropiación, son un elemento crucial. Para el análisis de toda interacción comunicativa humana, por tanto, son relevantes las reflexiones de Goffman sobre la dramaturgia de la acción y la teatralidad de la presentación en sociedad, pues somos teatreros en todo lo que hacemos, de principio a fin—that's no jest. 

 Somos Teatreros: El sujeto, la interacción dialéctica, y la estrategia de la representación según Goffman  —en Academia,

—y en el Social Science Research Network:  Somos teatreros: el sujeto, la interacción dialéctica y la estrategia de la representación según Goffman (
We Playact: The Subject, Dialectic Interaction and the Strategy of Representation According to Goffman).

This paper comments the most prominent aspects of Erving Goffman's theory of face-to-face interaction, suggesting its theoretical relevance for theories of reality and of the subject. It also notes the theory's applicability, with the relevant adjustments, to other types of human non-presential interaction, such as computer-mediated communication, narrative fiction, and the hermeneutics of interpretation. The explanatory power of Goffman's theory in these areas is not surprising, given that all human communicative interaction is ultimately derived, genetically and structurally speaking, from the basic and holistic structures of presential interaction, in which peripheral information and body language, and the modes of their use and reappropriation are crucial elements. Therefore, due to the inherent theatricality of human social interaction, Goffman's reflections on the dramaturgy of action and the theatricality of social presentation are highly relevant for the analysis of any mode of human communicational interaction.

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Y aquí siguen los posts que dieron lugar al artículo. Ojo, más de 50 páginas, se lo piensen antes de dedicarnos tanto rato de sus preciosas vidas a Goffman y a mí.

_____. "Teoría paranoica de la observación mutua."
_____. "El mundo social como presentación y re-presentación."
_____. "Actuaciones."
_____. "Equipos y sujetos (… al equipo)."
_____. "Redes, regiones y públicos."
_____. "El interlocutor interiorizado."
_____. "Double Talk."
_____. "Versiones de la realidad."

Y ya saben, si alguien lo quiere publicar en su revista, está disponible GRATISy nunca ha aparecido en letra impresa, pues técnicamente hablando todo esto son borradores y preprints.

Goffman: El teatro de la interioridad


Más sobre simulación, detección y autoengaño

5/5/12


Leyendo ¿Qué nos hace humanos? de Gazzaniga, llegamos a la refinada capacidad humana para la mentira y la simulación. Los humanos somos extraordinariamente sensibles a la mirada y los gestos de otros humanos, hasta un nivel del cual ni siquiera es fácil darnos cuenta. La atracción sexual y la seducción comienza por miradas y encuentros visuales que a veces pasan desapercibios en sus fases iniciales incluso para los presuntos implicados. El tráfico por las aceras sigue las pistas que vamos lanzando con los ojos, para evitar colisiones, y la gente con gafas negras suele causar problemas de circulación. Las gafas negras de por sí son todo un fenómeno a estudiar. La experiencia de mirar a los ojos de otra persona es cualitativamente distinta de cualquier otra experiencia, y en el momento en que interpretamos dos formas orientadas hacia nosotros como dos ojos (o o) algo hace clic en nuestro cerebro.  Lo mismo los gestos: tenemos sistemas cerebrales específicos para captar, clasificar y procesar caras, tan importante es eso para la vida social humana, y somos hipersensibles a los menores cambios, expansiones y arrugas en esas superficies de tensión variable, que nos dan mensajes esenciales sobre la actitud de la persona con la que estamos interactuando.

bosque lluviaDe la contemplación del cuerpo del otro y sus gestos obtenemos información crucial sobre sus actitudes, necesaria para la interacción. Ahora bien, resulta que la expresión de las emociones durante la interacción puede manipularse hasta cierto punto, y se inaugura en la expresión personal una de esas dinámicas retroalimentadas de simulación y detección descritas por Goffman en Strategic Interaction. Lo curioso es que estudiosos de la expresión como Paul Ekman han llegado a demostrar cómo pueden sistematizarse las "microexpresiones que resultan de intentar disimular emociones. La mayoría de las personas no las ven, pero es posible aprender a detectarlas" (Gazzaniga 116). Dado que tenemos hipersensibilidad hacia los rostros, y que estas microexpresiones son significativas, ¿no deberíamos haber desarrollado algún sistema de detección que hiciese difícil mentir? ¿Algún seguro en la comunicación para saber cuál es la verdadera actitud de la persona con la que interactuamos, y no la que nos quiere transmitir por el canal oficial?

Bien, parte del problema supongo que está en la misma noción de carrera armamentística en la que nos hallamos envueltos. El refinamiento de los instrumentos de simulación por una parte, y de detección de la simulación por otra, tienen una relación dialéctica. De ese modo, siempre nos hallaremos en la situación en la que nos hallamos: que se puede simular una actitud hasta cierto punto o con determinado público o mediante determinadas tácticas, pero que esa misma simulación puede ser captada por parte del público con los detectores adecuados, o por otro público distinto del público al que nos dirigimos. Hay siempre una cierta combinación de éxito con desfase en las maniobras maquiavélicas de simulación interaccional.

Ekman (sigo a Gazzaniga) sugiere también que "en el entorno en el que evolucionamos, mentir no era tan común porque había menos oportunidades. La gente vivía en campo abierto y en grupos.
 La falta de privacidad haría que las posibilidades de detección fuesen altas, y el descubrimiento se efectuaría mediante la observación directa de la conducta de un individuo, en vez de tener que basarse en el juicio sobre su manera de comportarse" (Gazzaniga 116-17). Y por supuesto los mentirosos son free riders de la semiótica, parásitos de la comunicación que se ven sometidos a todas las maniobras sociobiológicas que intentan acabar con quienes agostan los bienes comunes en beneficio propio. Aquí también hay una dinámica de tira y afloja entre el ventajismo y los castigadores sociales, y (a fin de cuentas) el resultado neto es que es provechoso explotar a los demás, o mentirles, si el mentiroso no es descubierto, con lo cual siempre hay un margen en aquellas situaciones en las que el riesgo de descubrimiento es limitado, y en ese terreno proliferan las maniobras maquiavélicas de simulación y detección del engaño y del abuso de confianza. Ekman señala que en la sociedad grande y compleja de repente se puede escapar al castigo social de maneras antes no disponibles, se puede desaparecer, comenzar una nueva reputación, etc., y tenemos así, según una explicación sociobiológica clásica, unos instintos de primates de sabana, o de cazadores-recolectores, sin adaptar plenamente a la nueva situación:

"la evolución no nos ha preparado para detectar las mentiras por la manera de comportarse del mentiroso. Pero entonces, si no tenemos una facultad innata para detectar a los tramposos, ¿por qué no hemos aprendido a hacerlo? Tal vez porque nuestros padres nos enseeñan a no identificar sus mentiras, como las historias para ocultar la actividad sexual y quién sabe qué más. También puede ser que prefiramos no pillar a los mentirosos, porque sospechar de alguien en vez de confiar en él dificulta el establecimiento y mantenimiento de las relaciones. O quizá deseamos ser engañados porque tenemos interés en no saber la verdad. La verdad tal vez te haga libre, pero también podría hacerte libre con cuatro hijos y sin ningún ingreso. A menudo la razón es la cortesía: lo que el hablante nos dice es todo lo que desea que sepamos, y no queremos robar la información que no se nos ofrece" (Gazzaniga 117).


En gran medida, preferimos atenernos a la interacción social tal como nos es oficialmente propuesta, por muchos mensajes subliminales e informaciones indirectas que podríamos captar si de verdad lo intentásemos, o lo necesitásemos. La vida social funciona mejor engrasada por mentiras, ficciones colectivas, white lies y sobreentendidos. Incluso hay rituales de autoengaño educativos a este respecto, como el descubrimiento de la identidad de los Reyes Magos. Por otra parte, la comunicación social humana descansa no sobre la expresión directa de las actitudes, sino sobre las comunicación ambigua, negociable o indirecta; de esto hablaba Pinker en The Stuff of Thought. Podría decirse que la verdad reposa sobre una base de mentira, o quizá mejor, que la mentira y la verdad se encuentran tan imbricadas en el trato social de los humanos, que no es extraño que tengamos a la vez capacidades de detección muy sutiles, y que normalmente no las utilicemos, y prefiramos atenernos a la versión oficial de los acontecimientos, por comodidad o por no entrar en contradicciones con nosotros mismos, o por algún interés más directo. Gavin de Becker en The Gift of Fear "aconseja a la gente que confía en el fenómeno que él define como 'saber sin saber por qué'" (Gazzaniga 117)—la toma de decisiones con el cuerpo en lugar de con la mente social, podríamos decir. Pero cuando en tantas ocasiones nos resistimos tanto a creer a nuestras vibraciones, también debe ser por una razón. La verdad puede ser un conocimiento valioso, pero también incómodo, y muchas veces preferimos no saber las cosas que sabemos, o rodar sin más con el tráfico. Luego, claro, si los acontecimientos evolucionan de maneras molestas, siempre podemos decir que en realidad ya lo sabíamos, y mentimos sólo a medias.

Cuestión importante en el éxito de la mentira es que pase desapercibida incluso a nosotros mismos. Si sabemos que estamos deliberadamente manipulando o engañando o disimulando, es probable que nuestro lenguaje corporal nos delate. Tienen más éxito en sus trampas los tramposos que las hacen con el convencimiento de que actúan adecuadamente. En los experimentos de comportamiento egoísta/altruista que reporta Gazzaniga, en los que unos sujetos tenían que distribuir tareas (unas agradables y otras desagradables para hacer, por ejemplo lanzando una moneda al azar) entre sí mismos y otros, "los que tenían un mayor sentido de responsabilidad moral no mostraron signos de una mayor integridad moral: ¡en realidad, mostraban signos de una mayor hipocresía! Tenían más probabilidades de aparentar ser éticos (lanzar la moneda) pero no de serlo realmente (permitir que fuese el lanzamiento de la moneda el que determinase la asignación de tareas)." (119). O sea, que trucaban el proceso, pero envolviéndolo en un discurso de responsabilidad ética. En este y otros casos, "Para salir airoso del embuste es de utilidad no saber conscientemente que estás contando un cuento chino, porque entonces tendrás menos ansiedad y por tanto habrá menos posibilidades de que te pillen" (118).

En suma, que parece que la cooperación en la sociedad humana está ajustada de modo que todos salen ganando del hecho de la cooperación social, incluso los que son explotados por los demás, de modo que les resulta rentable autoengañarse. Pero siempre hay quien sabe hacer jugar las cosas a su favor, y no sólo se beneficia de la existencia de la sociedad cooperativa, sino que además explota las ganancias marginales obtenidas mediante el engaño. Esta dinámica es la que ha seleccionado la evolución humana, y la que nos ha hecho como somos, con grandes capacidades para el engaño, para el autoengaño, y para la ceguera interesada a ambos.

Double Talk


Viaje al franquismo rancio

5/5/12


En menudo túnel del tiempo me he metido hoy sin comerlo ni beberlo. Resulta que en algún momento perdí el pasaporte, y ahora que parece que igual quiebra Europa digo, mejor me lo hago, por si hay que salir volao a alguna parte. Y bien, pido cita previa, tó muy moderno, tó muy bonito, informatizado y demás. Voy a la Comisaría de Policía con mi foto y el DNI y mis dos dedos índices en la mano.

Pero vaya. Que a la funcionaria no le gustaba mi foto. Me dice, "Esta foto está estropeada" —bueno, tenía una pequeña muesquilla debajo, fuera totalmente del trozo que sacan ellos en el pasaporte. Y total la iban a digitalizar... le digo, vaya, ¿no sirve? Y me dice, "Es que quizá tenga problemas, luego en algún aeropuerto".... y yo, "bueno, no creo, pero bah, eso me da igual, lo que me interesa es tener el pasaporte, si me lo puede hacer con ésta". Y dice, mirando el DNI, "Es que esta foto no es nueva: Es la misma foto del DNI." Que no es que fuese viejo el DNI, vamos, era de nuevo modelo—y además la foto no era la misma, era más reciente. Le digo "¿Pero entonces, es que no me parezco a la foto?" (igualito que soy estaba en la foto)—"No es cuestión de que se parezca o no. Es que la foto es vieja. Yo se lo aconsejo por su propio bien". Y le digo, "Mire, de verdad que me da igual. Si usted me lo quiere hacer con esta foto, yo prefiero hacérmelo antes que irme a hacer otra". "Es que no se lo puedo hacer. Porque la foto tiene más de cuatro meses". "Bueno, pues podría haber empezado por allí". Como me decía que era un consejo particular suyo, y me daba a elegir.... Así que me voy, me hago fotos y vuelvo. Y mientras espero, allí en la comisaría...

... —Caballero, la gorra.

Me vuelvo, era un guardia.

—¿Sí? ¿dígame?
—Que se quite la gorra.
—¿La gorra? ¿Que me la quite? ¿Por qué?
—Porque está usted en un centro oficial. No puede usted ir con gorra.
—¿Pero por qué? ¿Le molesta a usted?
—No, a mí no, pero es que aquí no puede llevar gorra.

—¿No? ¿Y eso dónde lo dice? ¿Está prohibido?
—Hombre, prohibido prohibido no sé, pero no va usted a ir con gorra aquí. 
—Si hace el favor, indíqueme una norma oficial por la que no pueda yo ir con gorra.
A ver, no puede usted ir con gorra, por ética, caballero. Por ética.
—Será la ética de Vd., o sus gustos particulares, pero no son los míos.
—¡Pero bueno, aquí ya cada cual va a ir como quiera!

El guardia, que no era ningún vejestorio, no llegaría a los treinta, se retira horrorizado. Pero no pasa un minuto que acude el conserje. Que este sí entró en la época de Franco.

—Caballero, quítese la gorra.
—Mire, no tengo por qué quitarme la gorra.
—¡Que está usted en unas dependencias oficiales!
—Que yo sepa no está prohibido llevar gorras en dependencias oficiales. (Me podía haber quitado la gorra pero ya se me iban hinchando las narices, claro).
Por ser persona, se la tenía que quitar usted. Por ser como la gente.
—Mire, eso serán cuestiones de gustos u opiniones de usted, que no tiene por qué decírselas al público. Es como si yo le digo que no me gusta cómo viste usted. También me podría decir que no tengo que venir con vaqueros, ¿no? O que tengo que usar corbata. Como si le dice a este otro señor que no puede entrar aquí en mangas de camisa que va, o con deportivas.
—Así que no se va a quitar usted la gorra. Ya se ve, ya se le ve de lejos. ¡Que es usted el espíritu de la contradicción!

Para entonces ya había escena, y me estaba esperando que viniesen dos fornidos a confiscarme la gorra, o a arrestarme por resistencia a la autoridad, pero bueno. Por fin se imprime el pasaporte, y me lo dan, y me voy sin que me detengan en la frontera, aunque estaban allí expresando su escándalo mayúsculo.

De no creérselo, vamos.


Y porque estaba yo cabreao y en otra cosa. Y griposo. Que si no les podría haber informado de que siendo doctor por la Universidad de Zaragoza, tengo el privilegio reservado a los Grandes de España (por una de esas curiosidades de la historia), consistente en no tener que descubrirse ante nadie, ni bajo techado, ni siquiera ante el rey. Especialmente no ante el rey, ahora que lo pienso.





Actitudes ante la Ley


Programados para creernos libres

16/4/12

De una entrevista a Adolf Tobeña en Tercera Cultura, sobre la mente y la enfermedad mental:

El cerebro humano está probablemente construido para decirnos en todo momento que somos los amos de nuestro pensamiento y de nuestras conductas y de nuestras opciones, y que, además, las tenemos abiertas. No las tenemos accesibles, pero, cuando hay una lesión severa, cuando hay un traumatismo y nos quedamos sin la posibilidad de mover los brazos, o las piernas, o las cuerdas vocales. Es decir, cuando no hay más remedio que aceptar que como resultado de una fractura o una lesión tisular hay una pérdida de libertad. Y también cuando se nos imponen otros individuos. Pero, en estos casos no hay pérdida de libertad personal porque a pesar de todo, aunque te enjaulen, el cerebro nos continúa diciendo que dentro de tu mente puedes pensar con tanta libertad como siempre y puedes enfrentarte a los problemas más abiertos que quieras. Igual no lo podrás comunicar, no lo podrás escribir, nadie se enterará, pero continúas teniendo la libertad de pensar, de imaginar, de conjeturar.

El cerebro está montado para darnos esta autonomía en todo momento. Porque es imprescindible, porque lo necesitamos para vivir.

***
 

To Althea, from Prison

WHEN Love with unconfinèd wings    
  Hovers within my gates,    
And my divine Althea brings    
  To whisper at the grates;    
When I lie tangled in her hair         
  And fetter'd to her eye,    
The birds that wanton in the air    
  Know no such liberty.    

When flowing cups run swiftly round    
  With no allaying Thames,   
Our careless heads with roses bound,    
  Our hearts with loyal flames;    
When thirsty grief in wine we steep,    
  When healths and draughts go free—    
Fishes that tipple in the deep  
  Know no such liberty.    

When, like committed linnets, I    
  With shriller throat shall sing    
The sweetness, mercy, majesty,    
  And glories of my King;   
When I shall voice aloud how good    
  He is, how great should be,    
Enlargèd winds, that curl the flood,    
  Know no such liberty.    

Stone walls do not a prison make,   
  Nor iron bars a cage;    
Minds innocent and quiet take    
  That for an hermitage;    
If I have freedom in my love    
  And in my soul am free,   
Angels alone, that soar above,    
  Enjoy such liberty.

                         (Richard Lovelace)

Programados para creer

Emito wifi

6/4/12

Trasteando trasteando, en nuestra desconectada casa de Galicia, Álvaro ha descubierto cómo convertir mi ordenador en un router que emite wifi. Qué facilidad tienen estos chavales para descubrir las posibilidades de los aparatos; yo desde luego carezco de ese instinto, y tengo excelente material con posibilidades que desaprovecho por no saber o no tomarme el tiempo de aprender. ¿Y cómo le llega la señal a mi ordenador para que emita wifi? Pues conectándolo a un iPhone, que si no me lo enseña mi hijo, aún tendría el iPhone sólo para hacer fotos, porque lo que es llamar no llamo. También ha encontrado un vecino que pone el wifi de acceso libre, para chorizárselo. Así que, eso, emito wifi, pero no porque sea yo un ente tecnológicamente evolucionado.

 

A photo on Flickr

Ser y explicarse

5/4/12

"La personalidad no se basa en las maneras de ser, sino en las maneras de explicarse". 

(Es una cita apócrifa de William James o de Thomas Merton, que me aparecía como tal cita en un sueño).

Prière

19 de marzo de 2003

Me ha venido a la cabeza, hoy una vez más, este texto de Codicille, de Gérard Genette.

Prière. "Devant les foules qu'il voyait de son temps se presser dans les églises, Joseph de Maistre (nous dit Paul Veyne) demandait: 'combien y en a-t-il qui prient réellement?'" J'ai passé une partie de mon enfance à me demander moi-même si je priais comme il fallait, c'est-à-dire comme le souhaitait ma mère. Je fermais les yeux, comme je la voyais faire et pour mieux me concentrer sur ma supposée foi intérieure, pues je m'abîmais dans une interrogation sans issue quant à la nature de cette foi, et plus encore de l'action par laquelle j'étais censé l'exprimer. Le seul motif auquel j'aurais pu accrocher cette action consistait en un vœu dot elle pourrait garantir le succés—par exemple, une bonne note en calcul, indubitablement miraculeuse—, mais on me disait toujours que la prière n'est pas essentiellement une supplication, mais un acte de pure ferveur, et qu'on doit pouvoir prier Dieu sans rien attendre de Lui, mais au contraire pour s'offrir à Lui. Après un délai convenable, un peu plus déçu chaque fois, je mettais fin à l'exercise spirituel en prononçant un Amen expéditif et libérateur, et en me demandant  s'il y en avait beaucoup, moi compris, "qui priaient réellement". Mais le plus souvent je me réfugiais dans la sécurité du Notre Père, dont les paroles obligées, prononcées in petto et avec le tutoiement alors propre aux confessions protestantes, me  dispensaient du moindre effort de pensée dans ce qu'on appelait incompréhensiblement mon for intérieur. "Je me demande, dit Emmanuel Berl, ce que je fais, quand je dis que je prie." La suite de mon évolution me débarrassa de cette question sans y répondre. La recette de Pascal (la foi survenant par surcroît à force de posture mimétique : faites comme les autres, "cela vous fera croire et vous abêtira"—autrement dit : c'est en pratiquant qu'on devient croyant) n'avait pas tenu sa promesse. À quelque temps de là me vint une nouvelle croyance d'un autre ordre, je veux dire en fait une nouvelle pratique, dont je ne crois pas qu'elle ait été plus assurée de son fondement de certitude : là encore, il s'agissait de faire comme si, en attendant une confirmation qui ne vint jamais, ou plutôt qui s'éloigna peu à peu avant de disparaître à son tour, définitivement et á menu fracas. Mais l'expérience de cette rechute m'enseigna au moins, après réflexion, que l'aptitude à s'engager sans réelle conviction intime, et d'autant plus vivement que lui manque la conviction, est récurrente et multiforme. "On s'engage et puis l'on voit", disait Napoléon ; on s'engage plutôt pour voir, comme au poker, et puis souvent il n'y a rien à voir. Je paraphrase (je condense) Pascal: s'il ne fallait rien faire que pour le certain, on ne devrait rien faire du tout, car rien n'est certain, que le naïf désir de certitudes, successives et parfois contradictoires.


True believers