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Vanity Fea

Cómo somos

Indices de productividad, expertos y calidades

Acabo de comprarme un libro interesantísimo sobre todos estos temas que me traen a vueltas, de la retrospección, la falacia narrativa, el hindsight bias, la reescritura de la historia, las sorpresas, catástrofes, y reorganizaciones súbitas de la realidad....

Es El Cisne Negro: El impacto de lo altamente improbable, de Nassim Nicholas Taleb (2007; Círculo de lectores, 2008). Y desarrolla toda una teoría narrativa del conocimiento (prospectivo y retrospectivo) en esta línea, aplicándolo a multitud de cuestiones del mundo que nos rodea. En suma, un libro que me habría gustado escribir...

Por ejemplo, un comentario en esta línea sobre la crisis hipotecaria de las sub-prime, el desfonde del sistema financiero, la burbuja inmobiliaria que por fin estalló etc. etc. Observa Taleb que "el período de rendición de cuentas en el que se evalúan los resultados de las empresas es demasiado corto para poder revelar si se va o no por buen camino" (p. 162). Y esto se repite una y otra vez:

pensemos en el director de un banco que lleve mucho tiempo acumulando beneficios y que, por un único revés de la fortuna, lo pierde todo. Por regla general, los banqueros de crédito tienen forma de pera, van perfectamente afeitados y visten de la forma más cómoda y aburrida posible, con traje oscuro, camisa blanca y corbata roja. En efecto, para su negocio del préstamo, los bancos contratan a personas aburridas y las forman para que sean aún más sosas. Pero lo hacen para despistar. Si tienen el aspecto de personas conservadoras es porque sus préstamos sólo caen en la bancarrota en muy rarísimas ocasiones. No hay forma de calcular la eficacia de su actividad prestamista con la simple observación de la misma durante un día, una semana, un mes o... incluso un siglo. En verano de 1982, los grandes bancos estadounidenses perdieron casi todas sus ganancias anteriores (acumuladas), casi todo lo que habían reunido en la historia de la banca estadounidense. Habían estado concediendo préstamos a países de América Central y del Sur, que dejaron de pagar todos al mismo tiempo, "un suceso de carácter excepcional". Así que bastó con un verano para comprender que ése era un negocio de aprovechados y tque todas sus ganancias provenían de un juego muy arriesgado. Durante ese tiempo, los banqueros hicieron creer a todo el mundo, ellos los primeros, que eran "conservadores". No son conservadores, sólo fenomenalmente diestros para el autoengaño y para ocultar bajo la alfombra la posibilidad de una pérdida grande y devastadora. De hecho, la parodia se repitió diez años despés con los grandes bancos "conscientes del riesgo", que nuevamente se hallaban bajo presión económica, muchos de ellos a punto de quebrar, tras la caída del precio de las propiedades inmobiliarias a principios de la década de 1990, cuando la hoy desaparecida industria del ahorro y el préstamo necesitó un rescate a cargo del contribuyente de más de medio billón de dólares. El banco de la Reserva Federal los protegió a nuestras expensas: cuando los banqueros "conservadores" obtienen beneficios, ellos son quienes se llevan las ganancias; cuando caen enfermos, nosotros nos hacesmos cargo de los costes. (....) Otro suceso reciente es la bancarrota casi instantánea, en 1998, de una compañía de inversiones financieras (fondo de protección) llamada Long-Term Capital Management (LTCM, Gestión de Capital a Largo Plazo), que empleaba los métodos y la experiencia en riesgo de dos "premios Nobel de Economía", a los que llamaban "genios" pero que en realidad empleaban las falsas matemáticas al estilo de la curva de campana, mientras conseguían convencerse de que era ciencia de la buena y convertían a todos los empleados en unos redomados imbéciles. Una de las mayores pérdidas bursátiles de la historia tuvo lugar en un abrir y cerrar de ojos, sin ningún signo premonitorio. (92-94)
 


Eso, claro, si no se considera signo premonitorio la recurrencia de estas prácticas y de estos cracks. Lo más curioso es la manera en que los propios bancos han ido labrándose la crisis (la crisis nuestra más que suya) a base de planes de "eficacia" y productividad. Es conocida la manera en que han proliferado en los servicios financieros los controles de productividad, los cupos impuestos a cada empleado sobre las cantidades a contratar, según políticas establecidas por los bancos o aseguradoras. Bien, pues cada empleado se esforzaba por cumplir con el supuesto criterio de calidad, muchas veces contra su propio criterio sobre la seguridad o racionalidad del préstamo, o de la hipoteca, o del valor de la vivienda, porque era la plantilla impuesta desde la superioridad la que exigía cubrir esos cupos. Resultado al final de cada balance: fantástico, hemos cubierto con nuestros criterios de calidad y hemos aumentado la productividad en un tantos por ciento. Pero la Calidad a piñón fijo y a corto plazo llega hasta donde llega. ¿Resultado después del batacazo? Que pague el contribuyente. Que de eso ya se encargan los expertos.

Atraco banquero-socialista


Secretos, anagnórisis, retrospección, realidad

Acabo de enterarme de un secreto guardado muchos años por una persona que me fue muy próxima, un secreto de esos que salen a la luz por una tercera persona, años después de la muerte del secretista, sin que decida revelarlo quien lo ocultó durante tantos años. Es una historia a la vez increíble y muy característica, digna de Amar en Tiempos Revueltos si no de La Casa de Bernarda Alba. No lo contaré aquí, pues hay muchas sensibilidades en juego. Pero en fin, tiene que ver con la aparición de familiares cuya existencia desconocíamos hasta ahora.

Pero sí diré que me ha hecho reflexionar una vez más sobre cómo el pasado cambia, no sigue en su lugar como se supone que debería, y los secretos son una de las cosas que lo hacen cambiar. La persona que guardaba un secreto se transforma cuando el secreto sale a la luz, y sufre una disociación: sigue siendo (en cierto sentido no puede dejar de ser) la persona que conocíamos, y sin embargo se transforma en una desconocida. Y a la vez conocida de otra manera: hay que juntar las dos imágenes, atar cabos, reinterpretar viajes, rituales, costumbres, maneras de ser. Se conoce mejor, claro, en un sentido, aunque se corre el peligro de que desparezca la persona que conocíamos, que ha tenido su realidad, aunque sea la realidad de una ilusión, o de algo que sólo se ve desde un punto de vista. Porque, ¿sobre quién sabemos todo? Sobre nadie.

Hay que relativizar, claro; hay secretos más y menos espectaculares. Si no, no estaría escribiendo esto. Pero, si vivimos una realidad ilusoria como si fuese sustancial, con presuposiciones erróneas que creemos a pies juntillas.... (piénsese en las creencias religiosas....) y para nosotros es real mientras dura, e incluso mantiene su realidad tozudamente tras la anagnórisis...magritte

... ¿no queda toda la realidad cuestionada en cierto modo, por esta inestabilidad del pasado? Del pasado que es, pues lo ha sido, el presente. O del presente, que pronto será pasado. Lo que semeja non es, creo que era el Arcipreste de Hita quien lo decía. Y así puede decirse que nuestra realidad, la que habitamos, la que habito ahora que conozco el secreto, y la que habitas tú, que no conoces tantos secretos que el tiempo desvelará, no es sino una variante de la ilusión.

¿En qué verdad pues ponemos los pies? En algún tipo de ilusión consensuada, en la verdad que aún no ha sido desenmascarada para mostrarnos otro rostro. Un secreto desvelado nos proporciona la certidumbre, o la ilusión, de que por fin conocemos la verdad: su solidez viene medida por la magnitud de la revelación. Pero muchas revelaciones quedarán sin hacer—y muchos mueren, por ejemplo, creyendo que resucitarán en otra vida: una revelación ésta que tiene el mérito singular de no poder, por definición, desmentirse. Así otras muchas certidumbres que nos acompañan. ¿Y nada cierto hay entonces? Sí—que sólo llegaremos a conocer las verdades que lleguemos a descubrir con lo que nos den el tiempo, las fuerzas y el azar. Otras (verdades, ilusiones) serán el trasfondo de supuesta realidad en el que tengan lugar estos hallazgos y descubrimientos.

"De la materia de los sueños estamos hechos": de algunos despertaremos; otros durarán hasta el fin de los tiempos, y hay secretos que nadie descubrirá nunca. Quizá a local habitation and a name es a lo máximo a lo que podemos esperar, pues somos al fin y al cabo entes de palabras, hechos de las historias que nos cuentan y que nos contamos.

Qué es la verdad



¿Nadie quiere tele?

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Estamos (no me refiero a mí) desbordados, conmocionados y atontados; desbordados y descriteriados, por la transformación súbita que ha sufrido la televisión por Internet. Y la música. Por ejemplo, ninguno de mis conocidos parece interesarse por YouTube más que como un sitio donde ver vídeos chuscos o curiosos ocasionalmente. Cuando les explicas que es mucho más: que es una plataforma de videoblog que puedes manejar para tener tu propia cadena de televisión, no lo procesan.

Les muestras: "mira, como Televisión Española, o como Telecinco: tengo un sitio en el espacio mediático que controlo. Y pongo contenido autoproducido, o selecciono del producido por otros—igual que otras cadenas." No reaccionan. No entienden para qué puede uno querer un canal propio, como si el mismo concepto estuviese realmente más allá de sus entendederas. O se bloquean deliberadamente, casi alarmados, si les sugieres que ellos también se podrían abrir su canal particular de televisión: "No no, que prefiero no saberlo. Ya veo la tele cuando quiero..." —o algo así.  The shock of the new, o un capítulo más de la tecnofobia. Por una persona que esté interesada en poner algo en la tele, hay mil que prefieren que les echen algo. Esto tarda en calar: a veces, ni cala. Parece que la gente, con el móvil, va que arde. O con el mando para zapear: que fue el inicio y fin de la televisión dinámica, para muchos.

Bueno, pues a quien le guste ver la tele, o tener música de fondo, aquí están mis canales. Primero, mi canal por excelencia, claro: JoseAngelGL's Channel. Donde se pueden ver mis vídeos guitarrísticos y mis cancioncillas. Pero muchas más cosas: comentarios a ellos, puntuaciones, suscripciones a otros canales... y también los vídeos que he estado viendo recientemente. Y si alguien considera que la tele tele es cuando te sientas coflao en el asiento y no tocas ningún botón de "play" más que al principio, a ver qué te echan—pues entonces están las Playlists: un enlace que pasa desapercibido a muchos, para ensartar vídeos en serie. Por ejemplo, esta secuencia de algunos vídeos musicales favoritos.

Hale, que quien no tiene tele propia es porque no quiere, o porque pasa demasiado tiempo viendo la tele.

La aporía de Shandy


La conjura de los mediocres

La conjura de los mediocres

Voy leyendo las muy entretenidas memorias de Albert Boadella, Adiós Cataluña: Crónica de amor y guerra (Espasa, 2007), que en efecto alternan capítulos de "amor" y capítulos de "guerra". Una de las guerras narradas, guerra intestina y local, es la que le enfrentó a los otros componentes de Els Joglars cuando las divergencias les llevaron a dirimir a quién le correspondía el nombre de la compañía, si al director Boadella o a los actores de quienes ahora se quería desembarazar por considerar que eran plomo en las alas. Y allí diagnostica un fenómeno bastante frecuente en tiempos de reacción contra el conservadurismo, la mediocridad disfrazada de igualitarismo, y "la doblez que se esconde bajo esa generalización que el vulgo llama hoy progresismo". In extenso:

"¿Por qué he descrito con abundancia de detalles lo que podría considerarse un simple conflicto casero? Me ha parecido fundamental relatar este desencuentro, porque, al margen de la anécdota gremial y la frustración artística que supuso, las actitudes de los jóvenes participantes que intervinieron en aquel episodio constituyen un fiel reflejo de lo que posteriormente ha sido la implantación generalizada de la impostura progre. Gente poco preparada en general, que acostumbra a ver enemigos en todo lo que no está fuera de sus excelsas letanías de libertad, paz, solidaridad, y bla, bla, bla. Por ello fuerzan siempre la cohesión entre mediocres, con el fin de conseguir por la mayoría lo que no pueden realizar individualmente. Es verdad que entonces se adjudicaban el papel de víctimas, fingiendo despreciar al maligno poder, pero la edulcorada exhibición de filantropía que se ha instalado hoy en España, desde los gobiernos hasta las protectoras de animales, tiene precisamente su germen en actitudes como las que me tocó soportar. Empezaba a emerger una nueva casta cuya clave de actuación se apoya en la destrucción del mérito y, por consiguiente, en la alianza entre fervientes mediocres, lo cual lleva como objetivo una selección en la que los peores siempre tienen las mejores oportunidades de medrar.

    Paradójicamente, aquellas víctimas crónicas del maléfico sistema capitalista se han transformado ahora en un nuevo poder sectario que actúa impunemente bajo la franquicia de la verdad absoluta. En concreto, al huir de esta gente estaba rompiendo definitivamente con una generación de la que, con toda franqueza, me exasperaba sobre todo su doblez." (p. 94).


Dinámica de grupos ésta descrita por Boadella que sin duda puede observarse, con las variaciones de matiz que corresponda, en muchos otros lugares y contextos.

El contexto de Boadella en concreto era el momento en que los catalanistas se instalan en el poder e imponen la ideología oficial y las señas de identidad obligatorias; y así nació (contra la nació) la parodia antipujolista de Ubú president, derivada de Ubú rey que a su vez derivaba de Macbeth.

Las nuevas circunstancias me planteaban un dilema: o bien optaba por volver a emigrar a otro territorio o me decidía a presentar batalla en pro de la supervivencia. Mi irrefrenable belicosidad me llevó a decidirme por lo segundo, aunque consciente de que sólo podría proyectar el combate bajo una estrategia de guerrillas, pues ahora ya no eran los fingidos antifranquistas de antes, sino que el nuevo panorama autonómico de España los había convertido en el prepotente ejército del poder. Tampoco podía confiar en los colegas del gremio, porque andaban todos a la caza de alguna prebenda que les permitiera vivir del erario público. La milicia de volatineros se hallaba dedicada por entero a colaborar entusiásticamente en la implantación de la nueva patología endogámica, y nadie quería pasar por desafecto a la causa. (p. 106).


Vigilancia al disidente, localismo, clientelismos y prebendas, feudalismo, grupos de protección mutua, balcanización que permite las normativas locales... Vamos, que el nacionalismo no es sino un ingrediente apestoso más en este nauseabundante caldo de la dieta mediterránea.

Ganado lanar



La misteriosa paternidad

El diario electrónico marroquí L'Observateur daba una "noticia" con tono burlón y de mala baba atribuyendo a Aznar la paternidad del hijo de la ministra francesa Rachida Dati, de origen magrebí. Eso en cuanto al tono: no iba firmada la noticia, ni citaba fuente alguna, por lo que entra en la categoría de cotilleos. Sin embargo la noticia es interesante (aparte del morbo en sí) por el eco mediático que ha tenido y por la manera de tratarlo que se ha elegido en cada sitio, valorando tanto la fuente original como las reacciones a ella.

Al parecer Aznar ha desmentido la noticia, pero ha elegido hacerlo a través de un comunicado de su fundación FAES—una vía harto indirecta, pues no se sabe qué pinta FAES en este asunto, ni qué información tiene (oficial e institucional, se entiende) sobre la verdad o falsedad de la noticia. Podría aplicarse aquí el principio de excusatio non petita, con lo cual habrá que deducir al menos que el inmiscuir a FAES en este asunto es una torpeza: bastaba (y quizá sobraba) con el desmentido personal de Aznar. Ahora la cosa adquiere un tono de cerrar filas y actos de fe impropiamente requeridos.

Habiendo elegido la vía de los desmentidos, queda ahora en mal lugar también la ministra Dati, pues al parecer su postura es no decir nada sobre la identidad del padre. Cosa comprensible y allá ella cuando no se ha señalado a nadie en particular, pero habiéndose señalado a un eminente líder político, casado y conservador, y habiéndose molestado el interesado en negar su implicación, no estaría de más que por cortesía hiciera lo mismo la ministra—sin necesidad de señalar a nadie como el padre. Por supuesto es muy suya de hacer lo que le dé la gana, pero estando activamente en política parece que bien merece la cosa un pequeño desmentido—siquiera sea por cortesía con Aznar. Y por supuesto demandar también a L'Observateur.

Todo esto presuponiendo que se trata de un bulo. Las políticas de información mal llevadas crean tanta confusión como los bulos mismos, y los alimentan. Y si no se trata de un bulo, la ministra habría hecho bien en callarse si lo prefiere— pero en cuanto a Aznar y FAES, quedarían a la altura del betún.  
Ahora bien, siempre es posible, sea por voluntad de una parte o por mutuo acuerdo, desvincularse de una paternidad no deseada, y eso se hace mediante declaraciones y negativas de este tipo. En el caso hipotético de que la noticia fuese cierta, un desmentido de los dos interesados significaría (al margen de su falsedad factual) un acto oficial de desvinculación: referencialmente falso, pero performativamente auténtico en el sentido de que no se admitiría públicamente nada al respecto. Es la postura que ha tomado Aznar. La ministra, al respecto, ni afirma ni niega. Por eso sería muy inoportuno para Aznar y para FAES que en estas circunstancias no hubiese un desmentido de la embarazada ministra. (Señora que, al margen de este lado de la polémica, merece una enhorabuena por su arrojo).

Una apostilla al matrimonio unisexual


Septorrinoplastia

—Dice la Casa Real que por problemas respiratorios.

—Ya.

—Y lo de la barbilla, dirán que para equilibrar la cara, por haber tocado la nariz le tenían que retocar la barbilla.

—La barbilla. Lla.

—Es que Letizia es muy guapa de frente, pero menos de perfil.

—Ahora más. Como la habían diseñado para el Telediario, allí tenía que salir sólo de frente. Y ahora en la Zarzuela, como tiene que mirar a un lado, y luego a otro...

PSOEicoanálisis de la Castración Trascendental


Luna de agosto

Lunes 18 de agosto de 2008

Menudas olas ayer en la playa—no dejamos bañarse a los niños, que les encanta saltar olas, porque estas son de las que mandan a la gente dando tumbos por el suelo, o los estampan contra el fondo. A pesar de eso, muchos se lo pasan en grande con las olazas, y un pobre señor se lo lleva la ambulancia con el cuello y una pierna torcidos. Debe ser la luna llena la que produce semejantes olas—desde casa las oímos.

Y también está el fenómeno de los crímenes de la "luna de sangre" de agosto. Dice la mitología popular que los crímenes "pasionales" son especialmente frecuentes las noches de luna llena especialmente en el mes de agosto, y desde luego esta luna de agosto no ha hecho nada por desmentirlo. Tres mujeres asesinadas en unas pocas horas: hace poco una en Ontiñente según el tradicional rito de primero la mato y luego me suicido; otra en Vigo anteayer, de una pareja de brasileños, que muere tras una paliza que le dan delante de sus niños. Y otra ayer de Europa del Este, en Tenerife, que volvió el marido con orden de alejamiento, disfrazado y con malas intenciones, con intención de "ejecutarla" según dice una feminista (Cristina Alberdi) en la radio. Se suponía que eran las mujeres las más susceptibles a la influencia de la luna. Pero parece que no andamos a falta de lunáticos tampoco.

Presunción de inocencia

Acomplejamientos y amnesias españolas

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Giles Tremlett lleva muchos años de corresponsal extranjero en España, y ha escrito un libro sobre España para anglosajones, Ghosts of Spain (2006). Se presenta como un libro sobre el "pasado oculto" de España, y se abre en efecto con los fantasmas de la guerra civil, la transición y el pacto del olvido, pero pronto pasa a tratar otras cuestiones como el turismo, la política, el flamenco, los puticlubs, el machismo ibérico, los nacionalismos y periferias, la Eta y los desfases entre pueblerinismo y modernidad. Es una visión panorámica de España muy recomendable tanto para extranjeros como para nacionales, por eso de verse un poquito esquinado desde fuera—y aunque toca una variedad enorme de temas y aspectos de la vida del país, podría titularse muy bien "complejos y peculiaridades" de España.

Uno de los complejos es el que estamos ejerciendo aquí: Tremlett observa, agradablemente sorprendido, la importancia que se da en España a la opinión de los extranjeros, sobre todo si son corresponsales como él—tratándolos como autoridades o personas con visión privilegiada, como se hacía con Gerald Brenan, Hugh Thomas, Ian Gibson y otros hispanistas. Buscamos la aprobación del europeo, tanto más si es anglosajón.

A veces la tiene Tremlett, la perspectiva privilegiada—por ejemplo, a poca gente se le ocurre ir el 20-N al Valle de los Caídos a ver a los últimos franquistas en acción; esto es pintoresco. Y también revelador: fuera de allí, Tremlett se las ve y se las desea para encontrar algún ex-franquista en España. Hace cuarenta años, "Franco Franco" a mansalva, y hoy resulta que nadie lo quería ni lo apoyaba. Mucha hipocresía nacional se trasluce aquí—sobre todo cuando los españoles denuncian los pactos del olvido en Argentina o Chile, pero se atienen a su propio pacto del olvido como un gran logro. Claro que en esto hay diferentes opiniones... y se verá facilmente que Tremlett simpatiza a grandes rasgos con la política del actual PSOE. No en vano es corresponsal de The Guardian.

Muchas herencias del franquismo ve Tremlett, aunque ninguna en la superficie (aparte del Valle de Los Caídos). Se podría decir, sin embargo, que la misma forma de las ciudades es una huella del franquismo, aunque Tremlett también lo atribuya a un gusto especial de los españoles por vivir apiñados. Pero Franco está en el desván de la memoria:

Los españoles sentían vergüenza y sonrojo—algunos por haberlo apoyado, otros por no haber podido derrocarlo, y otros simplemente porque existía. Era como un secreto familiar, del cual era mejor no hablar, mejor echarlo al fondo del cajón y dejarlo allí que no hiciese más daño. (66).

El franquismo fue un gran promotor del silencio público, y en muchos aspectos sigue persistiendo ese silencio por debajo de la juerga y la palabrería. Sigue la pista Tremlett a los desenterradores de fosas comunes, a los maquis, y a los socialistas que vuelven a la "memoria histórica" ante la resistencia de la derecha.  La gente mayor sigue bajando la voz para hablar de la guerra civil.

"Me dijo el historiador Vinyes que los antiguos prisioneros a los que entrevistaba a veces le pedían que apagase la grabadora, o cambiaban repentinamente de tema, si aparecían sus hijos. Años de silencio forzoso habían dejado huella. ’Les asustaba contar cosas que pudiesen alterar a la familia’, me explicó. ’El miedo se queda en la sangre’". (64).


Para los aspectos positivos del franquismo, desde luego mejor no consultar a Tremlett—allí no existen: habrá que acudir quizá a uno de los historiadores que cita como "franquistas", Pío Moa.

La Transición fue la continuación del silencio: se caracterizó por un pacto del silencio para no poner en cuestión los acontecimientos de los cincuenta años anteriores. Quizá esta visión de Tremlett también peque de simplista: mucho se habló de la guerra y la república, en los años de la transición. Pero cada época lo hace a su manera, y sí es significativo que sea ahora, cuando mueren los últimos protagonistas directos de la guerra, cuando se vuelve con otro ángulo al tema.

Le llama la atención a Tremlett el quijotismo español con antiguos fascistas y torturadores en otros países, y la distinta vara de medir que emplean con los de la propia España. Aunque también recuerda otra cosa que molesta a muchos aquí hoy: que muchos de los padres de la democracia fueron los propios franquistas. Aunque lo hicieron, claro, a su manera y poniendo condiciones. Amnistía, pero también amnesia—jugando con las dos palabras (76). Así pues, hubo amnistía para los crímenes "contra los derechos del pueblo" anteriores al 15 de diciembre de 1976 cometidos por "autoridades, funcionarios y agentes del orden público"—los esbirros de Franco. Aunque uno podría pensar que muchos de los esbirros (por ejemplo, los que asesinaron a mi abuelo) eran simples matones voluntarios o subcontratados, no "autoridades, funcionarios y agentes del orden público". La represión de la posguerra sí fue más "oficial", con el Estado franquista ya en su sitio. Observa Tremlett que la magnitud de la represión extrañó al propio Himmler durante una visita a Madrid en 1940. Se atiene Tremlett a la cifra de 100.000 víctimas mortales del franquismo desde 1936. Es de notar que no da cifras para el bando republicano.

Más desmemoria: Martín Villa, ahora presidente de un gran grupo mediático, mandó destruir los archivos del Movimiento Nacional en 1977. Otro franquista que sale a flote en todo clima.

Otro episodio mal comentado: el famoso Veintitrés Efe. Se recuerda mucho la frase de Tejero "Al suelo coño" pero poco se repite otro grito de los guardias: "’¡En nombre del Rey!" Para despistar, claro, se admite...

El caso es que el famoso Elefante Blanco que iba a tomar el mando nunca se ha identificado convincentemente. Los condenados no fueron los únicos conspiradores—y se les excarceló luego con sospechosa diligencia.  Y los oportunistas y chaqueteros estaban al acecho:

Pero está claro que éstos no eran los únicos conspiradores. Toda una serie de figuras militares, polícas y civiles estaban simplemente esperando a ver qué ocurría. Nunca quedó claro quiénes eran. Está claro que los conspiradores creían que tenían a Juan Carlos de parte suya. Incluso había rumores de que había políticos de la oposición dispuestos para formar un "gobierno de unidad nacional" bajo la jefatura de un misterioso jefe golpista sin identificar, llamado en clave Elefante Blanco. El golpe sigue siendo, hasta hoy, uno de los mayores misterios de la reciente historia española. (87).

Parece claro que la versión de los acontecimientos que se ha convertido en la "versión oficial" popular (el Rey como héroe nacional que deshace el golpe) es muy simplista y que la realidad fue mucho más complicada. Al margen de lo que dice Tremlett: En una reciente entrevista con Jiménez Losantos, el periodista Julián Lago, uno de los más informados durante la Transición, recordaba que hubo una reunión previa de capitostes del PSOE con el general Armada—uno de los candidatos a elefante blanco y prontamente excarcelado luego. Y que en una conversación telefónica en los días previos al 23-F oyó al rey debatir acaloradamente con un tal "Jaime" (¿Miláns del Bosch?) "¡Que no, Jaime, hombre, que eso no lo puedes hacer!". Datos, rumores, especulaciones. Lo que parece claro es que había distintos niveles y desacuerdos y desfases y contragolpes y maniobras de contención ya en los días previos, y que la "sorpresa" de entrar Tejero dando tiros fue sorpresa sólo para algunos. (Recomiendo el libro de Francisco Medina 23F: La verdad [2006]).

"Armada y Milans del Bosch parecían los dos convencidos de que tenían el respaldo del  Rey para formar un gobierno de unidad nacional dirigido por Armada" (88). Y Miláns del Bosch, a Amadeo Martínez Inglés le dijo que había hablado constantemente con el Rey, y que éste siempre le dijo "que debía confiar en Armada". Igual en esa misma conversación telefónica...

"Armada, antiguo tutor y amigo del Rey, fue condenado a treinta años de cárcel en 1983. Cinco años más tarde recibió un indulto. Esto se justificó por razones de mala salud. Sin embargo, pasó a gozar de una vejez pimpante". (88)


Lo que subraya Tremlett es que a desde el mismo desencadenamiento del golpe el 23-F el rey siempre se opuso con claridad y con valor a él, "fuese lo que fuese lo que se hubiese hablado antes".

Más muertos al armario: con Vicenç Navarro, Tremlett recuerda los pufos financieros asociados a cuatro amigos y asesores financieros del Rey, e ignorados por las televisiones. Estos acabaron en la cárcel, y extraña el silencio que rodea a estos casos, algo impensable en otras democracias. Parece ser que alguno de ellos amenazó con desvelar líos sexuales del Rey (quizá para asegurarse inmunidad)—pero tocando ahí en otro punto silenciado por la prensa, en este caso haciéndolo pasar por tolerancia o discreción o falta de interés en la vida privada de los políticos.

Y un asunto más de la Corona que se conoce pero no se comenta mucho es la muerte de un hermano del rey al recibir un disparo accidental de Juan Carlos cuando éste tenía 17 años, y su hermano Alfonsito 14. Si bien ésto se comenta y conoce, no se subraya tanto el cambio que supuso en las relaciones entre el Rey y su padre—según la biografía de Paul Preston. Y esto sí que tuvo trascendencia política.

En el capítulo del turismo, el bikini y Benidorm, es interesante la conexión que subraya Tremlett entre la financiación municipal, la construcción ("el ladrillo") y el turismo. Es una espiral de dependencia que conduce a la corrupción institucionalizada y al establecimiento de una economía mafiosa. Bueno, qué vamos a decir. Está en los telediarios todos los días. Tremlett, sorprendentemente, cree que "aunque la corrupción flota libremente en torno a los gobiernos regionales y municipales, no se ha asentado en el núcleo del estado español" (133)… Pero si el núcleo del estado español está en lo local y autonómico, y cada vez más. También trata Tremlett un poco a la ligera el tema del amiguismo, como un rasgo de cultura local o manera alternativa de organizarse y hacer las cosas. No parece plenamente consciente de la manera en que se imbrican en España el amiguismo, corrrupción, construcción y partidismo. Una espiral bastante más perniciosa de lo que parece. Quizá por eso, por la manera en que unas cosas llevan a otras, soy yo tan enemigo del amiguismo, que me produce pampurrias y sarpullidos, tantos más cuanto más simpático sea el rostro con que se presenta. Alegre pisoteo de los derechos de los demás, eso es el amiguismo y el favoritismo y el partidismo nacional. Y de ese no nos libramos—porque es la manera nacional y establecida de medrar. Y quien diga que los catalanes y vascos no son españoles, que se fije en esta manera de hacer y verá que son la España profunda—con el nacionalismo añadido para completar el cóctel de barrer para casa.

Volviendo a secretos y complots nacionales, nos narra Tremlett el GAL y luego el 11-M. Del primero se acuerda de más cosas de las que se quieren acordar los psoecialistas; del segundo nos da estrictamente la versión oficial, hasta declarando que el explosivo fue "Goma 2 Eco" y que no se usó Titandyn—a pesar de las huellas químicas inexplicables. Tampoco le intriga la destrucción de pruebas y vagones, y, en suma, nos ofrece la versión de los cuatro moros indocumentados y confidentes de la policía. Vamos, que para él el caso está perfectamente conocido y resuelto—cuando yo creo más bien que va a pasar como el GAL y el 23-F a la lista de puntos borrosos y oscuros y más complicados, mucho más complicados, que las versiones estándar de los mismos.

Sí da Tremlett una narración bastante equilibrada de la reacción del PP y de Aznar ante los atentados—una reacción poco racional, marcada en parte por el juicio un tanto ofuscado del presidente, contagiado por servilismo a sus seguidores y servicios policiales. Aunque también hubo aquí más corrientes cruzadas de las que caben en un capítulo, o en un libro. Y quizá nunca conozcamos del todo cuestiones importantes relacionadas con estos atentados. Lo que queda claro es que para Tremlett, Aznar no mintió ni engañó a nadie con esta conspiración etarra—como no fuese a sí mismo.  Paradójicamente, la visión de Aznar del extremismo islámico es para Tremlett más acertada en su diagnóstico de Bin Laden et al. que la de otros que no quieren ver esas viejas contiendas y tendencias con el Islam. Aznar como español tradicional antiislamista, y los extremistas a la reconquista de Al-Andalus, formulan en su diagnóstico de la batalla una versión de la realidad sorprendente y paradójica pero que no puede ignorarse a la ligera.

En general, como digo, está Tremlett más cercano a la visión PSOE de la vida. Así, por ejemplo, habla con aprobación de la ley española del aborto—sin interesarse, claro, por el punto de vista del feto ni por las trituradoras de bebés. Y eso que le sorprende agradablemente España como un "paraíso para criar niños", comparada con la antipática Inglaterra, tan hostil a la infancia (Tremlett es "pareja de hecho" con hijos). Bueno, aquí al que no se le tritura se le malcría... Socialmente hablando Tremlett parece aprobar la moral pública "progre", y lleva eso hasta la tolerancia a ciertas cosas que en otros países (y hasta en este en teoría) son delitos. Otra cuestión debatida y controvertida en España, y que no figura prácticamente en este libro, es la cuestión de la inmigración, legal e ilegal. Aunque sí hay una imagen de la Barcelona multicultural como algo que no tiene nada que ver con las ficciones locales de los catalanistas.

Hacia el final del libro sigue la pista Tremlett a los nacionalismos vasco y catalán, y a la ETA. Con respecto a la ETA, por supuesto, habemus postura PSOE. Después de una condena civilizada al terrorismo, tiene ciertos asomos de equidistancia o de buscar justificación a los etarras. Critica los éxitos de la política antiterrorista del PP, y pone sus esperanzas en un "proceso de paz" negociado. Ya sabemos el recorrido que tienen estos buenismos...

Los nacionalismos le parecen a Tremlett fenómenos por supuesto españoles (es de lo que va su libro, de España), característicamente españoles en su enfrentamiento con "España". En otro sitio dice que otro más de los complejos españoles es intentar comprender todo, ver el punto de vista de todos, como si todos tuviesen parte de razón—una tendencia peligrosa, dice. Bien, pues desde luego Tremlett intenta ver la parte de razón de separatistas vascos y catalanes, dedicándoles más atención de la que merecen a cerruzos, mangoneadores, batasunos y terroristas, e insuflándoles más dignidad de la debida. Romanticismo del inglés izquierdista hacia los que se resisten y luchan por su independencia... aunque también aparecen los nacionalismos en las descripciones de Tremlett en toda su egregia estupidez, bajo la mirada extrañada del inglés. Y hasta expone su carácter falsario y pervertido:

"El separatismo lo puedo entender. Es una creencia honesta y directa. La ambigüedad de los nacionalistas catalanes, sin embargo, hace imposible adivinar a dónde quieren ir. También asegura que la tensión entre Madrid y Cataluña no se pueda resolver nunca. Podría variar de grado, pero será eterna. La definición nacionalista de Cataluña así parece requerirlo." (356)


Fantasmas de España...Ya están aquí los fantasmas, y en primera línea de ellos están los nacionalistas que nos aquejan. A Tremlett le han vendido, sin embargo, ese mito nacionalista de los reyes catalanes. Demasiados años en Barcelona... aunque ahora el ambiente nacionalista le parece incómodo.

 Por suerte también hay otras actitudes y actividades en España. En el capítulo de Galicia, aparte de narcos y nacionalistas, también está la historia de éxito de Amancio Ortega, con su estilo propio e imaginativo de llevar un negocio y su desprecio olímpico a las maneras trilladas de actuar en moda, a la estupidez de la alta costura y de la publicidad.  Bravo. Y también le gusta Almodóvar, como a mí, con todas sus contradicciones, como encarnación del contraste brutal entre la España tradicional y la aceleración de la modernidad. A la vez avergonzado y enamorado de su pueblo, como España del pasado que arrastra y que le hace ser lo que es:

"Hay señales, sin embargo, de que España puede que esté llegando a un entendimiento con sus pueblos. Los atascos del domingo tarde para entrar en Madrid o Barcelona están llenos de personas que vuelven de escapadas de fin de semana a los pueblos. Muchos tienen segundas viviendas en los sitios donde nacieron sus padres o sus abuelos." (417).


Obsesión por no ser españoles—por ser europeos, por separarnos de la caspa nacional... o no por ser como somos, a la vez que nos agarramos a ello. Eso nos caracteriza, para Tremlett. Nos hace different.

Que vienen los fachas