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Cómo somos

Acoso laboral y personas susceptibles

viernes 26 de marzo de 2010

Acoso laboral y personas susceptibles

En la última columna de su blog, Javier Marías critica la próxima reforma del código penal para dar cabida al acoso laboral—lo que llama "la ley de los susceptibles". Lo ve como una tendencia contemporánea a hiperreglamentar todo comportamiento, y como un desnortamiento de la norma legal, pues tiende a introducir como criterio las nociones particulares que la gente tenga de honor, o su susceptibilidad:

"En el momento, así pues, en que se da entrada a la subjetividad de cada cual a la hora de condenar y castigar, las bases de la justicia están siendo pervertidas desde su raíz, y se está dando un instrumento de persecución a cualquier idiota o locatis 'con mucha sensibilidad'. Y como ya no cabe confiar en la sensatez de los jueces españoles en general, muchos de los cuales se distinguen por sus peregrinos veredictos y sus estupefacientes “consideraciones” en la redacción de sus sentencias, más vale que, en previsión de demencias mayores, toda reforma del Código Penal se abstenga de meterse en psicologismos y de hablar de nociones tan oscilantes y vagarosas como la humillación y la dignidad."


Me parece que estoy bastante de acuerdo con él, y que el acoso laboral tendría que tipificarse en base a la vulneración de leyes o normas generalmente aplicadas excepto en el caso concreto de quien está siendo acosado. O, viceversa, en base a la creación de normas ad hoc que sólo se aplican en el caso de la persona que está siendo acosada. (Como por ejemplo esta norma de nuestro departamento que se aplicó por vez primera a mi caso, y a la vez se derogó, en el mismo consejo de departamento). Si no se tiene en cuenta la vulneración de leyes y normas, se abre la puerta a que quien más ofendido esté sea quien acuse a los demás de acosarlo. Acoso laboral existe, por supuesto, en muchos ámbitos, y cualquier denuncia exigirá la atención a las circunstancias del caso concreto y requerirá un buen criterio por parte de los jueces. Como ése no puede darse por supuesto en gran parte de los casos, es especialmente importante que sea sustanciable la existencia de acoso basándose en la vulneración de otras leyes que no sean éstas específicas del acoso.

Si no, los abogados van a hacer fortuna, pues gente susceptible, y susceptible de querellarse, hay mucha. Además, en una situación de acoso revertido, está claro que no van a faltar testigos acosadores y acusadores, todos a una, continuando el mobbing en los tribunales—con lo que la reglamentación del acoso podría convertirse un caso perfecto de hecha la ley, hecha la trampa—no tendrían los acosados ni capacidad legal de protestar, por miedo a verse acusados de acoso a la comunidad a quien ofenden con sus protestas.

El acoso laboral en la Universidad

Acomodarse


Hoy estábamos entregando el material para nuestras "oposiciones" en el Registro—y ha habido que ir a otro registro, en la Facultad, porque en el de la Universidad les parecía una cosa rara y sin precedentes, preferían que se hiciese cargo la Facultad, que es un registro auxiliar igualmente válido.

Y de camino, llevando nuestros materiales, nos encontramos con el Subdirector del departamento, y hemos cambiado impresiones. Nos ha venido a decir que no entiende nuestra actitud de confrontación con el Departamento, no aceptando sus criterios y planteando recursos y pleitos—Que aunque somos muy libres de hacerlo, por supuesto, no es bueno para nadie; y pedir que intervenga la Justicia es una actitud de confrontación. Que lo mejor es acomodarse y llegar a un entendimiento con lo que quiere la mayoría: no entrar como un toro en una cacharrería exigiendo los derechos de uno, y que se cumpla la ley, sino ver cómo se hacen las cosas en ese sitio en concreto, y buscar un acomodo. Y que si quieren privarnos de algún derecho quienes allí mandan... pues que lo mejor es ceder, y pedir permiso, no insistir en que "tenemos derecho a tal cosa."

(Por ejemplo a pedir docencia en el máster, que es de lo que va el conflicto presente. El subdirector partía de la base de que el conflicto lo creamos quienes protestamos y defendemos nuestros derechos, no quienes se saltan las normas para excluirnos).

Yo sostenía que como mínimo, ante la disparidad de criterios, habría que atenerse a la legalidad y a las normas—que uno era muy libre de renunciar a derechos si lo estimaba oportuno, pero que había que respetarlos en cuanto alguien exigía que se respetasen. Sobre la base del marco legal. Pero no me concedía el subdirector la mayor—lo de que tiene uno derecho a que se le aplique la ley. Que eso es ir de maximalista, me decía; la ley no es algo objetivo—hay que interpretarla con flexibilidad, y si el grupo quiere aplicará otro tipo de normativa que vote "democráticamente". Que lo primero ha de ser acomodarse al grupo dominante, evitando enfrentamientos, y si no te quieren en un sitio, una opción personal posible es marcharse—aunque tengas derecho a estar allí.

Ojo, que hablamos de la función pública y de una institución oficial, no de un club de amigos...

Así que sobre esa base concluyo que es imposible que nos entendamos. Hablamos idiomas muy diferentes. Mi tesis es que si en un rincón de la Administracion un grupo está acomodado a hacer las cosas a su aire, y llega alguien exigiendo que se hagan según la ley, es el grupo quien tiene que acomodarse. No a ese alguien, sino a la ley—que no es un gusto personal.

Feudalismos y sociedades feudales


On not travelling

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From my Turkish correspondence...

Hi Selmin, I was turning thoughts around in my mind about traveling and not traveling.... you know, "and far ahead there's Istambul...!" and now I find that's the subject of the poem by Benedetti you were asking about! So here goes:

The Notion of Motherland

When I live in this country which does not dream
When I live in this city without eyelids
Where nonetheless my wife understands me
And where my childhood stayed and where my parents get old
And I call my friends from one lane to the next
And I can see the trees from my window
Forgotten and torpid at three'oclock in the afternoon
I feel something that encircles me and oppresses me
As if a thick and decisive shadow
Fell on me and on us
To hide some person who always disconnects
The old detonator of hope

When I live in this city without tears
Which has become selfish out of sheer generosity
Which has lost its verve without spending it
I think that the moment has come at last
To say good-bye to some assumptions
To take some distance perhaps and speak other languages
In which indifference is an obscene word

I admit that I have escaped some times
I will say first of all that I looked on the Arno
That I found in the Charing Cross booksellers
One Byron signed by Bull a vicar
One Christmas seventy years ago.
I marched among the drunkards at the Bowery
And the Brueghels at the Gallery
I noted how the sound system ath the Château de Langeais
Can go awry explaining medals and incensaries
When actually there were only suits of armour in sight.

I sweated in Darkar for the sake of solidarity
I saw mobs galloping to the Monna Lisa
And fleeing without a look at Botticelli
I saw priests from Madrid accosting prostitutes
And in Rembrandt's house tourists from Dallas
Asking about the dining room
Heaps of Swedes in two yards of sunlight
And in Copenhaguen the Russian embassy
And the American embassy
Separated by a pretty cemetery.

I saw Lidice's corpse covered in snow
And the carnival at Rio covered by the samba
And in Tuskegee the rabid optimism of black men
I tasted in Santiago conger eel soup
And welcomed the New Year in Times Square
Getting kites out of my ear.

I saw Ingrid Bergman running in the Rue Blanche
And although the differences are obvious
I saw Adenauer among weal Viennese applause
I saw Khruschev coming out of Pennsylvania Station
And although again the differences are obvious
I saw a bull with a peaceful pedigree
That did not want to kill his bullfighter.
I saw Henry Miller far from his tropics
With a Mediterranean sunstroke
And I had a photograph of me taken at Jan Neruda's
I slept listening to Wagner in Florence
And hearing a Swiss man between Geneva and Tarascon
I saw fat and humble artisans from Pomaire
And three young little nuns at the Carnegie Hall
Beating the jazz rhythm with their thick black shoes
I saw the prettiest women in the planet
Walking without me along the Via Nazionale

I looked
I admired
I tried to understand
I think to a fair extent I understood
And it's great
Everything is great
One can know that only there, far away,
And it's a nice vacation
It is a ravishment of images
It is a merry dictionary
It is an easy trip
It is a relief.

But now I have no more excuses left
Because one returns here
One always returns.
Nostalgia oozes from the books
Gets under the skin
And this city without eyelids
This country that never dreams
Suddenly becomes the only place
Where the air is my air
And the guilt is my guilt
And in my bed there is a pit which is my pit
And when I stretch my arm I feel certain
About the wall I touch or about the void
And when I look at the sky
I see here my clouds and my Southern Cross
My surroundings are everyone's eyes
And I do not feel I am aside
Now I know I do not feel I am aside.

Maybe my sole notion of motherland
Is this urge to say We
Maybe my sole notion of motherland
Is this return to one's own disarray.


---So far Benedetti. As for me, just the idea of going to see the Mona Lisa makes her feel superfluous, or makes me feel superfluous; one of us shouldn't be there. Well, I'm not going to say those are my feelings in the poem, not quite... but it does make me feel as if I were already back from all those trips, even before I set out! So you see perhaps I am past cure. Anyway... Ein Kuss.



Meditación mirando al mar

Dúctil y maleable

lunes 14 de septiembre de 2009

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Dúctil y maleable

La gente es maleable y, con el liderazgo adecuado, a veces se malea sin remedio.


Somos la peste

Somos teatreros

Somos teatreros

sábado 5 de septiembre de 2009

Somos teatreros

Y no sólo los blogueros. Todos unos farsantes, y el que no, pues actor trágico. Nos dice Santayana que una vez hemos decidido quiénes somos, o nos han convencido de ello, nos dedicamos a interpretar el papel de nosotros mismos a las mil maravillas. El proceso de socialización no sólo nos da un rostro social, sino que contribuye a fijarlo, y convierte nuestras actitudes en una máscara (trágica o cómica según los casos) que llamamos "yo"... máscara que se acabará pegando a la piel, si piel había.

Pero sea alegre o triste el visaje que adoptamos, al adoptarlo y al enfatizarlo definimos nuestro temperamento soberano. A partir de ahora, y mientras continuemos bajo el hechizo de ese conocimiento de nosotros mismos, no nos limitamos a vivir, sino que hacemos una actuación; componemos e interpretamos al personaje que hemos elegido, nos ponemos los coturnos de la actitud decidida, defendemos e idealizamos nuestras pasiones, nos autoanimamos elocuentemente a ser lo que somos, gente dedicada, o burlona, o descuidada, o austera, recitamos soliloquios (ante un público imaginario) y nos envolvemos grácilmente en el manto de nuestro papel inalienable. Bajo esta vestimenta, solicitamos aplauso y esperamos morir entre el atento silencio de todos. Declaramos vivir a la altura de los magníficos sentimintos que hemos enunciado, de la misma manera que intentamos creer en la religión que profesamos. Cuanto mayores sean nuestras dificultades, mayor será el celo que le dediquemos. Bajo los principios que hemos publicado, y el lenguaje de nuestras palabras que hemos empeñado, debemos esconder asiduamente todas las desigualdades de nuestros humores y conducta, y esto sin hipocresía, ya que nuestro personaje deliberado es más "nosotros" de lo que lo es el flujo de nuestros sueños involuntarios. El retrato que pintamos así, y que exhibimos como nuestra auténtica persona, bien puede que esté trazado a la manera solemne, con columna y cortina y un paisaje en la distancia, y un dedo señalando al globo terráqueo, o al cráneo Yorick de la filosofía; pero si este estilo nos es connatural y nuestro arte es vital, cuanto más transmute a su modelo, más profundo y auténtico será el arte. El busto severo de una escultura clásica, apenas humanizando el bloque de piedra, expresará un espíritu con mucha mayor verdad que la mala cara del hombre por la mañana o sus gestos ridículos casuales. Todo el que esté seguro de lo que piensa, u orgulloso de su cargo, o ansioso por su deber, se pone una máscara trágica. Por delegación la declara ser él mismo, y le transfiere casi toda su vanidad. Mientras aún vive y está sujeto, como todo lo existente, al flujo de las cosas que le va minando su sustancia, ha cristalizado su alma en una idea, y con más orgullo que dolor, ha hecho ofrenda de su vida en el altar de las Musas. El conocimiento de uno mismo, como cualquier arte o ciencia, convierte su objeto en un nuevo medio, el medio de las ideas, en el que pierde sus antiguas dimensiones y su antiguo lugar. Nuestros hábitos animales los transforma la consciencia en lealtades y deberes, y nos volvemos "personas", o máscaras.

Este fragmento de Soliloquies in England and Later Soliloquies lo cita Erving Goffman en The Presentation of Self in Everyday Life. Mucho debe a esto la noción de face o rostro social, a la que dedica Goffman pasmosos análisis, una vez observado el teatro de lo que hay. De allí a la noción de la realidad como una expectativa autocumplida no hay sino un paso.

Y siendo la vida social "puro teatro", también es lógico que se encuentren en dramaturgos como Shakespeare ciertas intuiciones sobre cómo nos autoconstruimos imitándonos unos a otros, o imitándonos a nosotros mismos, playing ourselves.

Por tanto, cuando nos encontramos con una canción como el bolero aquél de "lo tuyo es puro teatro", habrá que preguntarse si la quejosa que lo canta será consciente de su propia máscara... Siendo que todos participamos del Gran Teatro del Mundo, la cuestión interesante pasa a ser qué grados de teatralidad, o qué estilos teatrales, consideramos aceptables en cada momento de la representación.




Espejito, espejito


El Efecto Mateo y la calidad retroactiva

El "efecto Mateo" es una ley de distribución y redistribución de bienes y atenciones, que con más justicia podría llamarse "el efecto Jesucristo". Viene la cosa del evangelio de San Mateo, donde dice aquéllo de "A quien tiene, se le dará más; y a quien no tiene, se le quitará aun lo que tiene." Una cita que no creo que sea del gusto de esos que veían en Cristo una especie de socialista utópico... aunque cabe que no esté describiendo una utopía, sino una realidad.

Me he leído un libro que podríamos decir que es de estadística, si de algo en concreto va: El cisne negro, de Nassim Nicholas Taleb, subtitulado "sobre el impacto de lo altamente improbable". Lo altamente improbable va desde los cisnes negros (en aquellos tiempos en los que se suponía que todos eran blancos), pasando por sucesos catastróficos imprevistos, o torbellinos de información inexplicables, hasta fenómenos tan extraños e improbables como tú mismo, hipócrita lector. Todos ellos son sucesos que desafían la probabilidad y la estadística, pero son sin embargo muy reales y causan efectos que desequilibran las previsiones formalizadas.

De esas previsiones formalizadas, Taleb les tiene tirria especial a los modelos matematizados de inversiones económicas y cálculos de inversiones y beneficios supuestamente "científicos"; y sobre todo a una bestia negra de su libro, no un cisne sino una campana, la campana de Gauss, emblema de lo que él llama "Mediocristán":

"el aspecto principal de la campana de Gauss es (...) que la mayor parte de las observaciones se sitúan en torno a lo mediocre, la media, mientras que las probabilidades de una desviación disminuyen de forma cada vez más rápida (exponencialmente) a medida que nos alejamos de la media." (El cisne negro 356)


Según los habitantes de este Mediocristán, podemos ignorar esas excepciones. Pero en realidad, nos dice Taleb, no habitamos en Mediocristán, sino en Extremistán. En teoría evolutiva, diríamos que vamos regidos por fenómenos extremos como la explosión de la vida, o del lenguaje, o por las catástrofes y extinciones masivas. Y rige Extremistán, muy en especial, en lo referente a todos los fenómenos que tienen que ver con la información—desde el arte a Internet o a las inversiones en bolsa: y allí la campana de Gauss es una engañadora.

Por lo que veo, la campana de Gauss se pega de narices con la otra curva que define y organiza la realidad—en especial la realidad de la información y la de la red: la cola larga. Aquí las tengo superpuestas, comparando por ejemplo lo que supondrían en un factor como la venta de libros, o los éxitos musicales, o la popularidad y fama mundial, o las citas académicas:

gauss
 
Con éxitos me refiero, en el ejemplo de los libros, a bestsellers. Hay relativamente muy pocos, y su éxito no es, como diría Taleb, escalable. Forman la alta cabeza de la larga cola (verde). Del primero al segundo de la lista podría haber una diferencia de centenares de millones de ejemplares vendidos. La mayoría de los libros (sigamos con el ejemplo típico de fenómeno informativo, tipo Extremistán) venden pongamos mil ejemplares, o quinientos, o los que sean: son el grueso de la campana (que es la línea roja del gráfico). Según cómo midamos, el fenómeno más significativo podría parecer ese gran bloque central de libros que venden ni mucho ni poco. Pero desde otros parámetros, son los poquísimos libros de la parte izquierda del gráfico (los fenómenos extremos) los que crean influencia, moda, opinión, orientación, beneficios espectaculares, etc.

Es concebible, claro, que para distintos tipos de fenómenos informativos, la curva superior de la campana esté más o menos escorada hacia la derecha o hacia la izquierda: tienen desfases variables. Los torbellinos de información, que crecen hasta extremos incalculables, por efectos azarosos, se encuentran en la parte izquierda del gráfico, y son los que se rigen por lo que hemos llamado el efecto Mateo ("tened y se os dará aún más"). La expresión viene del sociólogo de la ciencia Robert K. Merton ("The Matthew Effect in Science", Science 159, 1968: 56-63). Otro caso que observa Taleb que se rige por el efecto Mateo es el uso de las lenguas francas: el crecimiento del inglés como lengua franca también viene regido por este efecto—es su propia difusión la que hace que continúe siendo la lengua franca preferida, en progresión creciente. Pero me ha gustado especialmente la aplicación del fenómeno a las citas académicas y a las reputaciones intelectuales:

"Imaginemos que alguien escribe un artículo académico en el que cita a cincuenta personas que han trabajado en el tema y han aportado materiales de fondo para su estudio; supongamos, para hacerlo sencillo, que todas ellas reúnen los mismos méritos. Otro investigador que trabaje exactamente en el mismo tema citará de forma aleatoria a tres de esas cincuenta personas en su bibliografía. Merton demostró que muchos académicos citan referencias sin haber leído la obra original: leen un artículo y sacan sus propias citas de entre las fuentes de ese artículo. De modo que un tercer investigador que lea el segundo artículo selecciona para sus citas a los tres autores antes citados. Estos tres autores recibirán cada vez mayor atención ya que sus nombres se van asociando con mayor derecho al tema en cuestión. La diferencia entre los tres ganadores y los otros miembros del grupo original es, en su mayor parte, cuestión de suerte: fueron escogidos inicialmente no por su mayor destreza, sino sencillamente por la forma en que sus nombres aparecían en la bibliografía anterior. Gracias a su fama, estos académicos de éxito seguirán escribiendo artículos y les será fácil publicar su obra. El éxito académico es en parte (pero en parte importante) una lotería." (315)


La idea central es que el éxito informativo no depende sustancialmente del valor intrínseco o de las destrezas especiales de quienes triunfan. Habrá que admitir que juegan con más cartas quienes tienen un mínimo, y no siempre triunfa un Bienvenido, Mr Chance—pero en gran medida el éxito de quien llega, de quien llega a vender, a sonar, a triunfar—es producto del azar y de los torbellinos de información creados en torno a estas ventajas acumulativas. El mundo académico es especialmente dado a ellas, y cada vez más, según priman criterios como los famosos "índices de impacto" de las publicaciones:

"a los eruditos se les juzga ante todo por las veces que su obra es citada en la de otras personas, y así se forman las camarillas de personas que se citan mutuamente (es aquello de 'si me citas, te cito')." (316)


Lo mismo sucede, supongo, en el mundo de los blogs.

Y el arte, aunque los artistas juegan a ignorarse unos a otros, no está sin embargo exento de procesos demenciales de acumulación informativa; es lo que llamamos las grandes obras, o el canon, o las obras de éxito. Se creó un vistoso torbellino en torno a El Código Da Vinci; y el último torbellino descontrolado se ha formado en torno a las novelas de Stieg Larsson, que son como cientos de otras. Así nos explica Taleb estos fenómenos:

"el arte, dada su dependencia del boca a boca, es extremadamente propenso a estos efectos de ventaja acumulativa. (...) Nuestras opiniones sobre el mérito artístico son el resultado del contagio arbitrario, más aún de lo que lo son nuestras ideas políticas. Una persona escribe una reseña de un libro; otra la lee y escribe un comentario que usa los mismos argumentos. Enseguida tenemos varios cientos de reseñas que en realidad se reducen, por su contenido, a no más de dos o tres, porque hay mucho solapamiento. Para un ejemplo anecdótico, léase Fire the Bastards!, cuyo autor, Jack Green, recoge sistemáticamente las críticas de la novela de William Gaddis The Recognitions. Green demuestra claramente que los autores de las críticas del libro anclan éstas en otras críticas, y revela una potente influencia mutua, incluso en su forma de redactar. Este fenómeno recuerda la actitud gregaria de los analistas financieros...." (317)


En fin, argumentación suficiente como para poner entre comillas los "índices de impacto" y otras mediciones metódicas y matematizadas de la calidad intelectual o artística de nuestros escritos. A menos que incluyamos como parte de la calidad intelectual o artística (y de hecho lo incluimos) el efecto producido a posteriori, efecto quizá deseado pero incalculable a priori: a saber,—la subida disparatada del valor informativo de las acciones. Parte esencial del razonamiento de Taleb en El Cisne Negro es el efecto del hindsight bias, la distorsión retrospectiva que afecta a nuestros juicios y valoraciones una vez se ha producido el fenómeno de la distribución informativa; en ese sentido es un libro altamente recomendable para los interesados en estudiar la falacia narrativa—y en aprender a desconfiar de ella.


Torbellinos de información

 

Non, merci!

Declaración de principios de Cyrano de Bergerac a su amigo—Visto en español en el blog de Rosa Díez:

CYRANO: Et que faudrait-il faire ?
Chercher un protecteur puissant, prendre un patron,
Et comme un lierre obscur qui circonvient un tronc
Et s'en fait un tuteur en lui léchant l'écorce,
Grimper par ruse au lieu de s'élever par force ?
Non, merci ! Dédier, comme tous ils le font,
Des vers aux financiers ? se changer en bouffon
Dans l'espoir vil de voir, aux lèvres d'un ministre,
Naître un sourire, enfin, qui ne soit pas sinistre ?
Non, merci ! Déjeuner, chaque jour, d'un crapaud ?
Avoir un ventre usé par la marche ? une peau
Qui plus vite, à l'endroit des genoux, devient sale ?
Exécuter des tours de souplesse dorsale ?...
Non, merci ! D'une main flatter la chèvre au cou
Cependant que, de l'autre, on arrose le chou,
Et donneur de séné par désir de rhubarbe,
Avoir son encensoir, toujours, dans quelque barbe ?
Non, merci ! Se pousser de giron en giron,
Devenir un petit grand homme dans un rond,
Et naviguer, avec des madrigaux pour rames,
Et dans ses voiles des soupirs de vieilles dames ?
Non, merci ! Chez le bon éditeur de Sercy
Faire éditer ses vers en payant ? Non, merci !
S'aller faire nommer pape par les conciles
Que dans des cabarets tiennent des imbéciles ?
Non, merci ! Travailler à se construire un nom
Sur un sonnet, au lieu d'en faire d'autres ? Non,
Merci ! Ne découvrir du talent qu'aux mazettes ?
Être terrorisé par de vagues gazettes,
Et se dire sans cesse : "Oh ! pourvu que je sois
Dans les petits papiers du Mercure François" ?...
Non, merci ! Calculer, avoir peur, être blême,
Préférer faire une visite qu'un poème,
Rédiger des placets, se faire présenter ?
Non, merci ! non, merci ! non, merci ! Mais... chanter,
Rêver, rire, passer, être seul, être libre,
Avoir l'œil qui regarde bien, la voix qui vibre,
Mettre, quand il vous plaît, son feutre de travers,
Pour un oui, pour un non, se battre, - ou faire un vers !
Travailler sans souci de gloire ou de fortune,
À tel voyage, auquel on pense, dans la lune !
N'écrire jamais rien qui de soi ne sortît,
Et modeste d'ailleurs, se dire : mon petit,
Sois satisfait des fleurs, des fruits, même des feuilles,
Si c'est dans ton jardin à toi que tu les cueilles !
Puis, s'il advient d'un peu triompher, par hasard,
Ne pas être obligé d'en rien rendre à César,
Vis-à-vis de soi-même en garder le mérite,
Bref, dédaignant d'être le lierre parasite,
Lors même qu'on n'est pas le chêne ou le tilleul,
Ne pas monter bien haut, peut-être, mais tout seul !

LE BRET
Tout seul, soit ! mais non pas contre tous ! Comment diable
As-tu donc contracté la manie effroyable
De te faire toujours, partout, des ennemis ?

CYRANO
A force de vous voir vous faire des amis,
Et rire à ces amis dont vous avez des foules,
D'une bouche empruntée au derrière des poules !
J'aime raréfier sur mes pas les saluts,
Et m'écrie avec joie : un ennemi de plus !

De Edmond Rostand, Cyrano de Bergerac.

Todo contexto y ritual

No leyendo a Bayard

quack

Comentario que pongo en POE a cuenta del libro de Pierre Bayard Cómo hablar acerca de los libros que no se han leído. No lo he leído, pero no me voy a cortar de opinar....

Es básico para una carrera académica aprender a hablar sobre lo que no se h
a leído. De hecho, teniendo en cuenta que lo que podemos llegar a leer es una fracción mínima—por no decir INFINITESIMAL—de lo que hay, es más importante saber hablar de lo que no hemos leído, que de lo que hemos leído, que puede ser una porción irrelevante de lo culturalmente relevante. Así que bravo por Bayard, que es un crítico muy divertido además de muy agudo.

—También es básico, claro, aprender a que no se noteque no hemos leído lo que no hemos leído: de eso se trata en realidad, no sólo de aprender a hablar de ello, sino de dar el pego con aplomo. Es divertido observar las estrategias de los académicos para esto. No negaré, mal académico sería, que sea conveniente, además de imposible, el dominar la literatura del área en cuestión en la que trabajes. Es importante leer mucho—o sea, "bastante"—y saber hablar también de lo que lees, sin por ello poner en evidencia lo que no lees... todo un encaje de bolillos, y de bolillas. Es la mitad de la carrera de un experto, la mitad trasera si se quiere, pero no una mitad a descuidar. Protocolos hay que aprender, para no ponerse en evidencia y para no poner en evidencia a los demás—dos mitades de lo mismo—y mantener la bicicleta rodando. Es la versión académica de lo que Goffman llama salvar nuestra cara colectiva por el procedimiento de proteger la de los demás.

Claro que otra estrategia posible—y por muchos seguida también—es acotar el área de especialización de tal manera que lo que queda fuera de ella es declarado, implícita o explícitamente, irrelevante, o actuar como si fuese inexistente sin más. Lo que Nassim N. Taleb llama el filisteísmo del estudioso exageradamente especializado. Esta es, de hecho, la auténtica receta a seguir para dar una impresión de solidez y solvencia académica.  Desconfíen de solideces tan endebles—si quieren, vamos. Si no, todo el mundo se lo agradecerá.


Mañana habrá sido escrito