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Vanity Fea

Literatura y crítica

El testamento de A. C. Clarke


Un escritor diciendo adiós. Recapitulación vital y despedida de A. C. Clarke, que ha muerto a los 90 años—aunque nos recuerda que si se separa de nosotros será sólo temporalmente. Pide ser recordado por sus libros—pero la memoria colectiva elige lo que quiere, y a veces el escritor interesa tanto como sus libros. Al menos durante un ratito (los libros también, un ratito duran).





Dice que para la especie humana elige el optimismo, porque nos da la oportunidad de crear una profecía autocumplida. Bueno, el pesimismo quizá también lo haga... pero seamos optimistas de oficio, sin perder de vista la ironía escéptica.

Hemos puesto comentarios sobre la vejez en esta conversación. La humanidad sigue, pero también tendrá su vejez.

Para esperanza, Bob Hope.

El asturiano, el gallego y el moro

La mort de l'auteur

Salía ayer en La Provence un reportaje sobre el libro de Jacques Pradel y Luc Venrell St-Exupéry: L'ultime secret (2008). Tras el hallazgo de restos del avión de St-Exupéry en 1998 y 2000, se desvela ahora la identidad del piloto alemán que al parecer derribó su P-38 Lightning en 1944. Sigue vivo; se llama Horst Rippert, y ha guardado silencio durante sesenta y cuatro años.

Son muchos años; y en efecto puede haber fallos de memoria, confusiones... ¿Y por qué habría de guardar silencio este piloto alemán?

Algunos expresan dudas, y quizá nunca se resuelva satisfactoriamente el asunto. St-Exupéry gusta más como misterio, abducido por el Principito—por interesante que pudiera ser esclarecer la historia de su fin. El interés no es sólo anecdótico—es también literario.

lightning

Según dicen los autores del libro, Rippert era un lector ferviente de St. Exupéry. Es más: que si se hizo piloto, fue al menos en parte por la influencia de las novelas sobre pilotos de St-Exupéry—el hombre que aunó aviación y literatura, el escritor aviador por excelencia en los años previos a la 2ª Guerra Mundial. De hecho todavía sigue siéndolo. Rippert dice que admiraba a St-Exupéry, y que de saber que era él no hubiera disparado. Y comenta que la vocación de muchos pilotos de su generación surgió de la obra de St-Exupéry...

Podría haber aquí una ironía trágica. Poco sabía el autor que con su éxito y su ejemplo, estaba atrayendo al cielo, para elevarse hasta las nubes y disparar contra él, al hombre que lo mataría. 

Y poco sabía el lector a quién estaba matando. Lo sospechó días después, y decidió guardar silencio hasta la vejez extrema, cuando ya nada importa, y todo en la vida parece una farsa irreal.

No deja de recordar esta historia al relato Continuidad de los parques de Julio Cortázar. Aunque aquí es el autor el que muere a manos del lector. O del personaje que ha creado.

Autores espectaculares

Escribirse

De una conversación en Mi Literaturas sobre si publicar es necesario, o si sólo lo es escribir.

Responde Adriana:

Escribir para mi es entrar en contacto con tu ser interno, es expresar tus pensamientos, sentimientos y temores, por otro lado es tener la libertad de hacer por medio de personajes lo que tu no te atreves, o decir lo que nunca dirás, es comunicar, no necesariamente con otros, de hecho al escribir estas tu solo ante las letras, tu objetivo primordial es transmitir de la forma más pura lo que llevas dentro... Publicar es empezar a contarles a los demás y también tiene su encanto, pero eso es un valor agregado, pues la meta principal es expresarte libremente y liberar esos pensamientos que no deseas que sigan encarcelados solo en tu interior.

Y responde JoseAngel:

Es cierto, nada más la expresión, dirigida a ni se sabe quién, a un oyente ideal, a un lector imaginario o implícito, a nosotros mismos, yo qué sé; nada más eso, digo, ya cumple con lo esencial de la escritura. Al menos se ha publicado o articulado eso para una persona, la más directamente implicada en ello—el escritor. Aunque siga el escrito en el fondo de un cajón, la comunicación más esencial ya ha tenido lugar (si es una escritura realmente implicada con uno mismo). Si además hay otros lectores, y también les aporta algo, pues mira qué bien. No hay que descartar tampoco que una escritura "muerta" o mecánica para el autor pueda ser de provecho, incalculablemente, para alguien. Pero, egoístamente, me resulta más crucial lo que me aporte mi escritura a mí que lo que les aporte a otros.

Ars brevis, vita brevis

SSNL - SSRN

A photo on Flickr

Me decido, por tercera vez creo, a hacerme miembro de la Sociedad para el Estudio de la Literatura Narrativa (Society for the Study  of Narrative Literature). Cuesta euros—por eso no me hago de más sociedades académicas o a veces me borro de ellas, por no llegar a fin de mes con las cuotas. En fin, en esta hasta ahora no he logrado apuntarme ni suscribirme a su revista, Narrative, y lo he intentado otros años. A ver si ahora funciona.

No sé si me llegará el entusiasmo como para ir a los congresos. Eso, a menos que tengas un proyecto de investigación, te sale bastante caro, y lo cierto es que no me lo puedo permitir ni aun con la ayuda que da la universidad.

De momento he ido conversando con los americanos a través del nuevo blog del Project Narrative de Ohio y la lista de distribución Narrative-L. Estos están abiertos a miembros y no miembros de estas sociedades. Aunque últimamente parece que no rulan mucho ni uno ni otra.

Bueno, les voy a poner un anuncio de este libro que por fin ha salido, y hasta me ha llegado en forma de unos cuandos sólidos ejemplares.;  hoy un anuncio en Fabula y próximamente aparece también allí una reseña.  También envío anuncio a la lista de la asociación de angloamericanistas:

Mensaje enviado a través de la lista de correo electrónico de AEDEAN
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Estimados compañeros:

Me complace comunicaros que acaba de salir el siguiente volumen, número 12
de la serie Narratologia publicada por Walter de Gruyter.

THEORIZING NARRATIVITY. Ed. John Pier y José Angel García Landa. Berlín y
Nueva York: Walter de Gruyter, 2008.
Información y pedidos:
http://www.degruyter.com/cont/fb/li/detailEn.cfm?id=IS-9783110202441-1


Os comunico asimismo que está disponible en libre acceso una colección de
artículos recientes míos, en un servidor utilísimo que os animo a utilizar
para difundir vuestras publicaciones, el SOCIAL SCIENCE RESEARCH NETWORK:
http://papers.ssrn.com/sol3/cf_dev/AbsByAuth.cfm?per_id=889468


Un saludo muy cordial,

Jose Angel García Landa
Universidad de Zaragoza
http://www.garcialanda.net



Siempre nos quedará París

Autores espectaculares

Autores espectaculares Hace no mucho escribió David Lodge Author, Author, una bionovela sobre la frustración de Henry James por no ser un autor de éxito masivo, ni como novelista ni como dramaturgo. Máxime visto el éxito inesperado en el terreno de la novela que tuvo un aficionado amigo suyo, George Du Maurier, autor de Trilby, el primer mega-bestseller moderno. Y, en el teatro, sufrió James asistiendo al triunfo de Oscar Wilde a la vez que se hundía su propia obra en el estreno.... salió de la representación de Oscar Wilde para ir a ser abucheado al final de su propia obra en el teatro vecino.

Tuvo David Lodge la puntería casual de publicar la novela en un año en el que salieron varias novelas sobre Henry James, pisándose el terreno. Promocionándose mutuamente en parte también, supongo, pero bueno, Lodge lo vivió como un pisarse el terreno, con angustias mezquinas, rabietas contenidas, y úlceras de estómago; sobre todo cuando Colm Tóibín (autor de The Master) consiguió muchas mayores ventas y éxitos críticos que él. Lodge observa irónicamente que casi se repite la historia de su novela—aún no se ha leído la novela de Tóibín por no sufrir más, y supongo que por no entrar en comparaciones odiosas. (Es curioso que Tóibín, como Wilde, es irlandés y homosexual, para terminar de redondear el paralelismo, y como para castigar a Lodge por ignorar prácticamente el tema homosexual en su retrato de James...).

Son casi cómicos los sufrimientos de Lodge durante la promoción de su novela, y ha narrado el proceso interno y externo con notable ombliguismo e interés en The Year of Henry James, con un ensayo-memoria bastante ilustrativo sobre la carrera y día a día de los novelistas profesionales hoy en día.

Traduzco un fragmento sobre por qué se vive tan ansiosamente y tan en primera persona esta cuestión del lanzamiento de los libros:

Uno de los cambios más obvios que han tenido lugar en décadas recientes en la manera en que se comercializa y anuncia la ficción literaria es la manera en que se espera que los propios escritores tengan un papel central en el proceso—consecuencia de una mayor inversión financiera en la publicación de la ficción literaria y de mayores recompensas financieras para los que la escriben. Cuando MacGibbon & Kee publicaron mi primera novela The Picturegoers en 1960 dudo si como publicidad hicieron algo más que enviar ejemplares a reseñistas (y tampoco eso se les daba muy bien). Una vez hube entregado el texto revisado de mi novela, y corregido y devuelto las pruebas, mis editores ya no me importunaron más. Pero recibí un adelanto de sólo 75 libras, en tres pagos, al firmar el contrato, entregar, y publicar, lo cual incluso teniendo en cuenta la inflación era un riesgo bastante pequeño para el editor. El adelanto medio para una primera novela en 2005 era de 5.000 libras. La industria editorial funciona ahora en un marco empresarial completamente diferente, y el éxito depende de modo crucial de la publicidad. Aunque ideas tales como la 'impersonalidad' del arte, la 'falacia intencional' y 'la Muerte del Autor' han dominado la teorización académica sobre la literatura desde los años 1920, la generalidad del público lector sigue siendo irredentamente curiosa sobre los individuos humanos que crean los libros que ellos leen, y los editores han descubierto que las entrevistas con escritores en la prensa, y en la tele y la radio, o como ingrediente de las lecturas, sesiones de firmas, y demás eventos de encuentros con los autores, en librerías y en jornadas literarias, pueden potenciar las ventas de un libro más que las reseñas. Si has aceptado un adelanto importante por un libro, tanto el propio interés como el sentido de la obligación hacen difícil el negarse a participar en tales actividades, y algunos escritores disfrutan activamente con la oportunidad de explicar su obra, con el contacto personal con los lectores, y con el elemento de teatralidad que esto conlleva. Yo mismo disfruto de estas actividades con moderación... (The Year of Henry James 80-81).

Vemos pues que hoy en día el autor es una pieza fundamental de su obra. De su obra como fenómeno cultural del momento, y como objeto comercial. Que ésta vaya a tener una carrera póstuma (volverse "Literatura" enseñable, etc.) es algo prácticamente descartable. Quizá sobre alguna se escriba una tesis, o se mencione en un artículo... pero bah, el 99'9% irán como todo, al olvidadero por la vía rápida. En cualquier caso el éxito "literario" no depende del autor ni del lanzamiento ni de sus esfuerzos; la lógica sociocomunicativa es otra. Donde el autor es esencial es en lograr que la novela tenga al menos la corta vida perecedera a la que puede aspirar, antes de pasar a los saldos o a la trituradora. Un autor profesional debe vivir de éxitos, y los éxitos hay que trabajárselos con una cuidadosa promoción: ahí sí que puede intervenir la obra humana y la ayuda de los profesionales.

Algunos llegan, y más que llegarán, al extremo de Qin Dai, esta autora china que se despelota para vender más ejemplares. Al parecer el truco funciona. Y además así los críticos tienen algo con qué distraerse en lugar de masacrar sus novelas. Creo que cada vez veremos más fenómenos de escaparate de éstos. Que la competencia está dura, con la llegada de la Imprenta Universal Autogestionada.

 Aquí, como en lo otro, no todos tienen material de la misma categoría que ofrecer... Autores-show los habrá más arriesgados y originales, y menos; con mejor y con peor trasero. El de Qin Dai no está nada mal, y el público se lo agradecerá. Otros autores peor provistos tendrán que inventar polémicas, escándalos: mantener la luz de los focos sobre sus opiniones o evoluciones por la ciudad y sus fiestas, o por los retiros de algún monasterio budista californiano. Vestir de Ruiz de la Prada. Subir en globo a la estratosfera, a esparcir ejemplares firmados de sus obras. Encerrar un ejemplar único manuscrito en una cápsula con destino a Plutón.

Veremos cómo se desarrollan artes paralelas al lado del arte de las letras: el arte de mantener a las letras en el candelero, y de atacar multimedialmente al inconsciente social. Los hermetismos del Código Da Vinci, y las arqueologías y merovingiadas asociadas, son sólo el primer capitulo de lo que veremos. Artistas veremos.

Acabo de poner en Mi Literaturas este comentario con respecto a Houellebecq, a quien no conozco más que por los círculos concéntricos que crea en el estanque:

Hoy en día (bueno, siempre, pero más hoy en día) no viene mal un poco de teatro, "a dramatizar" un poco como dice el Presidente; el autor es un animador imprescindible de su obra. Que hay demasiadas obras, y hay que hacer destacar algunas por encima. Para eso es imprescindible la polémica, y estar en el escaparate de los medios. Supongo que H. es sintomático, pero lo mismo otros muchos fenómenos. Bah, Byron también daba espectáculo. Esto va por épocas, y la nuestra aún pide un poquito más, por favor.

Autores, vuestro público os espera: no lo defraudéis.

Espejito, espejito

Escribir bien

Sigo participando, a ritmo lento, en los foros de Mi Literaturas: por ejemplo, sobre el tema de cómo escribir bien o desarrollar una buena escritura. A cuenta de una entrevista de Doris Lessing donde distingue entre el arte de escribir y el arte de simplemente llenar páginas, debato con "lobosluna", profesor chileno.

lobosluna:
Las palabras de Doris Lessing causaron mucha polémica en su momento, pero es algo con lo que definitivamente concuerdo. Escribir, literariamente hablando, no es un acto de mera inspiración, aunque esta juegue un rol muy importante en el acto literario. En un mundo donde la creación literaria pareciera debatirse entre el uso adecuado de la lengua y su versatilidad, y la mera invención, entonces es importante entrar en el debate de la buena escritura... me parece.

Jose Angel:
Buena escritura, OK, pero el tema en realidad es "buena para qué" o "buena para quién." Doris Lessing le disgusta a muchos. Por ejemplo al importantísimo crítico Harold Bloom. A otros les gusta. A mí, a ratos (escribí esto sobre una de sus novelas recientes). Lo que no cabe duda es que a Doris Lessing su trabajo o su estilo le ha valido para ganar el premio Nobel de literatura. Eso es una consagración importante. Y sin embargo hay escritores geniales que jamás han ganado el Nobel mientras que se ha dado a comparativas mediocridades. Y los escritores de "más éxito", los que más venden, tampoco son normalmente los mejores considerados por la crítica más elaborada. Así que... escribir "bien" es escribir con éxito "para alguien"; hay muchos álguienes y muchos tipos de apreciación, y no tienen mucho que ver entre sí. Pero premios, buenas críticas, ventas masivas (o satisfactorias) y comentarios favorables de tu círculo de conocidos son los principales indicadores de si lo estás haciendo bien en algún sentido. O el propio convencimiento, contra toda prueba y evidencia- JA, JA!!!

Respuesta de lobosluna:

Nunca he leído a Doris Lessing, sin duda lo haré. Pero el punto no es Doris Lessing y a quién le gusta o no. Lo que me llamó la atención fue precisamente lo que dice en esta charla sobre el escribir y la crítica que hace a los muchos que creen que escribir significa tomar un lápiz y tirar líneas le guste a quien le guste. El gusto personal o de otros no decide necesariamente qué es bueno y qué es malo en literatura. Por lo mismo creo que debe haber un parámetro para definir lo que es escribir mal o bien, literariamente hablando, y marco lo de LITERARIAMENTE. Si no existiera ese parámetro no tendría ningún sentido hablar de "grandes escritores". Y eso que todo dependa del gusto de cada uno o de la propia crítica es algo que pone a la literatura y a la escritura al nivel de los productos de los shoppings o del mero gusto culinario, y eso para mí es muy difícil de aceptar, considerando el aprecio que siento por lo literario. Y viendo esta clase de parámetro con que se mide a la literatura y la creación literaria entiendo porqué las librerías se llenan de porquerías escritas por personas que en su vida han tomado un libro (actores, divas de esto o de lo otro, gente de la farándula, etc., etc.) y que se conviertan en superventas. En una cultura que ya ha perdido el parámetro de calidad literario, o está convencida que lo de la calidad literaria depende meramente de "gustos", no es extraño ese tipo de comportamiento. Luego, nosotros mismos que justificamos este tipo de parámetros nos quejamos muchos de la basura que aparece en las librerías y la gente que la compra a montones, pero con ese criterio lo único que hacemos es constribuir a ese comportamiento. ¿Sabes que creo en realidad? Para tanto "escritorcillo", como dice una amiga, que anda suelto o que se inicia, es más fácil creer que la literatura es pura subjetividad, porque así es más fácil para él o ella no tener que mirarse y hacer la crítica correspondiente a su propia forma de escribir, o mejor, hacer como que no escucha las críticas fundadas de su forma de escribir y justificar su mala escritura escudándose en eso de la "subjetividad" y los gustos de cada uno. Cierto, cuando se empieza no se empieza escribiendo nunca bien (con excepciones geniales pero pocas), y hay que iniciar de alguna forma, claro, pero lo más importante para el que escribe es ser radicalmente crítico consigo mismo y tener claro que sí hay mala escritura y buena. A menos, claro, que quiera reducir la literatura a un mero pasatiempo y a un producto de shopping cualquiera; esa es la valoración que se la da aquí en la red en la mayoría de los casos, por eso la ponen en la categoría de OCIO Y ENTRETENIMIENTO, y por supuesto, a la gran mayoría le conviene creer que eso es la literatura, así no le tienen que dar explicaciones a nadie para empezar a escribir lo que se les ocurre y llamarlo "literatura".


Respuesta de JoseAngel:

Pero no salimos de lo mismo, Lobosluna. Dices escribir "bien", pero insisto, ¿"bien" para quién? Porque "bien" así en abstracto, autocalificado, "bien" inscrito en el cielo o en la naturaleza de las cosas, no existe. "Bien" es "bien" para alguien. Y es obvio que los superventas que criticas escriben "bien" para alguien, si bien no para tí. Entonces, lo que tienes que comentar es qué es "bien" para tí (otros bienes otros los comentarán)— o, si no estás de acuerdo con mi razonamiento, por qué crees que lo que tú dices que está "bien" está "bien" objetivamente, y habría de estarlo (o mejor digo, "lo está") para todos, objetivamente, indiscutiblemente. O, puesto de otra manera, por qué tu "subjetividad" (lo que a tí te parece bueno) es una objetividad, señal certera de calidad, y otras cosas en cambio no...

Respuesta de lobosluna:
 
Jamás he dicho que mi subjetividad sea una señal certera de calidad, ni que sea "la objetividad", si entramos en la discusión de qué es subjetivo u objetivo nos perderíamos en una discusión sin sentido y nos evadiríamos del tema central. Porque si lo que está "bien" para cada uno está bien, entonces ni siquiera las reglas morales tendrían sentido, y alguien que comente crímenes y le parece bien estaría bien, según él. No, lo que yo digo es precisamente que esa forma de pensar significa que consideremos como buena cualquier cosa que nos parece buena, entonces cualquier criterio que aspire aunque sea a la mínima objetividad se perdería. El "escribir bien" al que yo me refiero no apunta a una subjetividad, no es "para un quien", esa idea es precisamente la que mata toda posibilidad de ser crítico frente a la cuestión literaria. ¿Cómo podrías dar siquiera tu opinión si esa opinión sólo es válida para ti? No vale la pena opinar ni hacer crítica de nada en un mundo en que predomina la subjetividad y todo criterio se reduce para un "quien". Cierto, el criterio subjetivo predomina en muchas de nuestras opiniones, y la objetividad absoluta no existe, pero debe haber criterios mínimos de objetividad en muchas cuestiones, y una de esas cuestiones es la cuestión de la calidad literaria. Cuando se trata de meros gustos personales no tiene sentido hablar de "calidad". ¿Quién va a decidir si mi gusto por el helado de frutilla no es mejor que tu gusto a lo mejor por el helado de píña? Ahí no cabe el criterio de calidad, ni de objetividad, porque en situaciones como esa sí cabe la absoluta subjetividad, nadie puede decirte que está bien o mal tu gusto por un sabor u otro, puede tratar de hacerlo pero no tiene derecho y su crítica tiene la validez de mera opinión, puedes aceptarla o no, da lo mismo. Pero cuando se trata de algo como la literatura, ¿tú aceptarías realmente que se la tratase con los mismo parámetros que tu gusto por el sabor de los helados? Eso es lo que yo no puedo admitir. Y más allá si yo creo tener la razón o tú crees tenerla, porque esto iría más allá de las meras creencias que podamos tener cada uno. ¿Realmente la literatura deber ser tratada a ese nivel y aceptar que cualquier opinión es válida en el tema de la escritura literaria y que prime solamente la subjetividad de cada uno? Entonces, según eso, cualquier cosas es buena en literatura, porque si le preguntas a alguien sobre su propia escritura, dudo, salvo contadas excepciones, que te digan que encuentra que su escritura está mal. Entonces, ¿todos somos buenos escritores según nuestro propio criterio?

Respuesta de JoseAngel:

A ver... No, no todos somos buenos escritores según nuestro propio criterio. Según ese criterio, algunos somos muy malos, otros muy buenos. Quizá encuentres tantos que se consideren malos como que se consideren buenos (no entre los que buscan autopromocionarse, claro, ahí abundan más los que tienen buena opinión de sí mismos, justificada o no). Lo del helado de frutilla y de piña, sirve el ejemplo para un crítico literario, pero vete tú a discutir con expertos en repostería: también te dirían que te guste o no tal helado, su Calidad es muy superior a tal otro que a mí, en mi ignorancia gastronómica, me parece igual de rico. Siempre hay círculos de entendidos. Y no, yo tampoco creo que todas las opiniones valgan igual: pero eso es porque yo pertenezco a uno de esos círculos (no porque no pertenezca a ninguno). Todos los criterios son criterios, y todos otorgan valor, pero algunos criterios son (para nuestro criterio, que siempre está ubicado) mejores que otros. Por eso no puedes admitir (ni yo) que todas las obras valgan lo mismo, ni todos los juicios sobre ellas sean igual de juiciosos o atinados. Pero... tu juicio será sin embargo juzgado, tanto por los entendidos que reconoces como por los ignorantes que desprecias. Y muchos lo declararán poco atinado, no te quepa la menor duda. Ante eso, ¿qué queda? Primero, concurrir en gustos y juicios con quienes tengan criterios y percepciones semejantes. Segundo, ir cambiando, ir formándose, en contacto con otros juicios y otras opiniones que antes no compartíamos, leyendo obras que antes no disfrutábamos y aprendiendo a disfrutarlas... aunque no hay nada garantizado. En cualquier caso, creo que el terreno más firme (para uno mismo) se pisa cuando logras extraer de cada obra lo que da de sí no sólo gracias a ella, sino también gracias a la calidad de tu mirada crítica. No hay dos personas que vean lo mismo en un libro. Así que el interés que logres extraer de él depende en gran medida del libro, sí, pero también de lo que a él aporte tu lectura o interpretación. Esto también hace que la "calidad" se relativice un tanto... ¡aunque no la pierdo de vista por completo!
  

 Respuesta de lobosluna:
 
Muy bien. Llegamos a un acuerdo, me parece, y eso es lo que me importaba. El tema de que no se pierda de vista la calidad literaria. Tienes razón cuando dices que al leer un libro entra la subjetividad en juego. Claro, incluso en su creación entre en juego. Lo que ha puesto en riesgo, sobre todo hoy en día en esta cutura de jolgorio masificado de "cualquier opinión es válida" (que se confunde, creo yo, con el "derecho a opinar", que sí es valido, pero no es igual que la "validez" de una opinión, porque eso merece un "fundamento" por lo menos medianamente objetivo), lo que ha puesto en riesgo el tema literario y su calidad es creer precisamente que cualquier opinión es válida. El tema del helado es un mero ejemplo, no quise ser ofensivo con lo culinario, use el término "culinario", que también es un arte en cierta medida y donde también priman criterios de calidad, obviamente, fue una mala elección del término. Pero en lo de los helados sí lo tomo como ejemplo, y me refiero a helados de esos que compra el común denominador, donde sólo el gusto personal prima y nada más, y está bien que sirva como ejemplo sólo para un "crítico literario" porque de eso se trata el tema, de literatura, no de respostería, tampoco hay que confundir los términos, de hecho por eso lo usé. Bueno, en consonancia con la literatura, cierto que no todas las opiniones son válidas y que todo es criticable. Pero que si lo va a ser que lo sea con fundamentos literarios. La literatura no se inventó ayer, tiene una larga historia, y no nace con el "mero escribir". Se inventó la "escritura", pero la "escritura literaria" nace más acá de la simple invención de la escritura o la capacidad de escribir, por eso distingo en la pregunta arriba entre el "escribir bien" y el "escribir por escribir". Con el escribir bien me refiero al escribir bien literariamente hablando. ¿Los parámetros? Están dados por la historia de la literatura y por la experiencia que da el leer y el escribir críticamente. No te digo que no hay escritores críticos de su misma escritura, los hay, pero también hay quien se pone a escribir a diestra y siniestra y se declara escritor o declara su escrito como literatura, como si se pusiera una chaqueta que decidió comprar en un centro comercial. Eso es lo que cuestiono. Y el tema tampoco tiene que ver creo con sólo "círculos de entendidos", a veces esos círculos no siempre encuentran su norte literariamente hablando, los críticos literarios de hoy en día tienen tanto de críticos como de reporteros de la farándula. Por eso la palabra "litetura" ha entrado fácilmente en el vaivén de las modas y de la supuesta "superventa". No todos los que venden son malos escritores, ni todos los que no venden nada son buenos, y viceversa. El tema aquí creo que está planteado: hay mala y buena escritura literaria. No todo es válido, pero es en este punto donde la cosa se ponde difícil y álguida precisamente: ¿quién va a tener el valor de decirlo y enfrentar todo el torrente de masividad que hoy dice lo contrario? No sé si yo. Pero sé que muchos que sí son escuchados masivamente han comenzado. Doris Lessing es una. Más allá del gusto personal por ella o no. Si muchos declaran poco atinado lo que digo, bienvenido sea, siempre y cuando lo hagan reflexivamente y planteando sus ideas bien fundamentadas en el terreno de lo literario, y tengan un criterio medianamente válido. Las contradicciones en un discurso caen por sí solas, no es necesario ser un experto para sacarlas a la luz, ni esperar encontrar criterios caídos del cielo, ni siquiera criterios "expertos" para decidir lo que es bueno o malo en literatura, incluso en los criterios de expertos hay que ser cuidadosos. Por lo mismo, porque la literatura rebosa de subjetividad es porque corre el riesgo de convertirse en el comodín de esta fiesta masiva de la red donde tanto blog suma y sigue. No estoy en contra de la libertad de opinión ni de expresión (y aunque estuviera de qué valdría), no, todo lo contrario. Pero tampoco estoy de acuerdo que "libertad de expresión" sea sinónimo de "calidad de expresión". Lo importante aquí es que coincidimos en algo, que era lo que me importaba. Que el lector y la opinión propia hace que el criterio de calidad se relativice un tanto, en eso te doy la razón, pero que eso signifique que no haya un criterio de calidad medianamente objetivo en literatura y que todo haya que relativizarlo en base a la propia opinión personal solamente, eso me cuesta más concederlo tratándose del ámbito literario o del arte en general. Una vez de acuerdo en este punto, ¿será que nos atreveremos a tratar de responder si lo importante es "escribir bien" o "escribir por escribir" en Literatura?

Respuesta de JoseAngel:

Bueno, como en todas partes hay algunos puntos que compartimos y otros no. Por ejemplo, sigo sin ver claro en qué fundas tu criterio "objetivista", al margen de tu subjetividad, si tú mismo dices que incluso con los "expertos" hay que ser cuidadoso (y concurro, hay que ser cuidadoso siempre...). Dices que en la historia pasada, la tradición literaria, etc.… pero ésta cambia, lo que no valía anteayer valía ayer, y quizá no valga hoy. Matizo antes de que me matices: cosas permanecen, sí, pero muchas cambian. Y lo válido hoy hay que juzgarlo con criterios de hoy, no con los de ayer, porque sencillamente ya no son los nuestros. Podemos aprender de ellos, aceptarlos en gran o en pequeña medida... pero siempre nuestra valoración depende de un juicio presente, nunca de criterios previamente establecidos a los que podamos acudir. Y terminas, "¿será que nos atreveremos a tratar de responder si lo importante es "escribir bien" o "escribir por escribir" en Literatura?" — Bueno, eso sólo puede tener una respuesta en principio, es pregunta retórica: lo importante es "escribir bien". Pero sin embargo: cuántos creyeron que escribían bien o lo intentaron y no era tal (no es tal para nuestro juicio); y hasta algunos creyeron que escribían por escribir, literatura alimenticia o emborronamiento de páginas, y luego eso ha sido leído con gran atención y disfrute por otros. Creo que como criterios medianamente objetivables no podemos sino recurrir a los indicadores de calidad: premios, ventas, eco y respeto entre los colegas de la profesión de las letras, crítica especializada (del círculo que sea) con la que concurrimos, e instituciones culturalmente respetables - enseñanzas, academias, etc. O en los blogs que mencionas, número de visitas, de comentarios, valoración de críticos respetados, etc. Son distintos indicadores, como digo; quizá sea que tú das más valor a unos que a otros (por ejemplo más a la consagración en las instituciones educativas que a los números de ventas)- o combinarlos de una u otra manera— lo cual es perfectamente legítimo. Pero todos estos criterios tienen una cierta objetividad en el sentido de que indican la opinión de muchos, no de uno solo.

Respuesta de lobosluna:

Muy cierto lo que dices. Y ahora sí vamos al punto. Mi criterio objetivista, que sí lo es (no necesariamente objetivo, porque siempre es cuestionable eso), va por el lado precisamente de ese margen de criterio que aún hoy, a pesar de que los criterios cambien, siguen considerando a las grandes obras de la literatura como grandes obras. Esas grandes obras han traspasado y su calidad literaria y cultural se ha impuesto incluso a los cambios de criterios de las épocas. ¿Qué tienen que las hizo mantenerse a pesar de ello? Eso que tienen y que las convierte en grandes obras a pesar del cambio de criterio estético y literario, eso es lo que tienen de "objetivamente literario" en cuanto a calidad literaria, y en eso es en lo que hay que hincar el diente a la hora de hablar del escribrir bien literariamente hablando. Pero las contradicciones dentro de este enjambre subjetivista que es nuestra cultura están a la vista. ¿Cómo es posible que el criterio de ventas sea un parámetro de calidad literaria, o uno de ellos siquiera, cuando vemos que libros que no tienen nada de literario son superventas? Un libro puede ser cuestionado literariamene hablando, pero aún dentro de ese cuestionamiento debe moverse dentro de un rango mínimo de calidad literaria. El que masivamente se compre o se lea algo (y con esto hago referencia a la venta de libros, como a la lectura de blogs, porque tienen que ver con un asunto de masividad y no de criterio de calidad de ningún tipo), no es parámetro de calidad literaria necesariamente porque eso sería reconocer que los programas basura, yendo un poco a la televisión, porque son vistos por mucha gente, tienen una cierta calidad. Y es muy difícil guiarse por ese parámetro en muchas circunstancias, viendo que la masividad de algo, que es absolutamente chabacano muchas veces, no lo hace para nada digno de calidad. Eso nunca va a quitar que algo bueno pueda ser masivo, porque puede ocurrir. El tema es el criterio de separación entre mera masividad y calidad. No confundirlos. Esa confusión ha hecho creer a muchos, a pie juntillas, incluidos editores, críticos, etc. que ese puede ser un criterio de valoración válida para la obra literaria. ¿Y cómo no si les conviene económicamente, e incluso mediáticamente? Eso les ayuda a tener poder económico o mediático. Es cierto que uno nunca está seguro si escribe bien o no, esa permanente incertidumbre lo único que hace es reforzar la teoría de que es imprescindible hacer la pregunta de ¿QUIÉN ESCRIBE BIEN? o ¿QUÉ ES LA BUENA ESCRITURA? en sentido literario, porque el riesgo de error es enorme y puede uno equivocarse fácilmente en su apreciación, sobre todo de sí mismo. Sobre los demás también puede equivocar la apreciación, seguro que sí, pero que eso sirva de excusa para dejar en manos del criterio masivo de las ventas, de la cantidad de veces visitas que tiene un blog, etc. el tema de la calidad literaria porque simplemente es muy difícil decidir objetivamente qué texto literario es bueno o malo, eso es algo que los que amamos la literatura y nos negamos a que la traten como un "producto más del mercado" (y el criterio del mercado es la "cantidad" y no necesariamente la calidad) no toleramos fácilmente, y cualquier persona que aprecia de alguna manera la belleza del lenguaje literario tampoco debería aceptarla de buenas a primeras y como lo más "natural". En cuanto a los premios literarios como criterio de calidad, bueno, hay un montón de premios que son dados por criterios muy poco literarios, y eso se sabe. Tú me dirás que esta dificultad de configurar un parámetro medianamente objetivo sobre la calidad literaria es lo que hace que tengamos que recurrir a esos otros parámetros, muchas veces "extraliterarios", pero eso no es la excusa para, sino precisamente esa dificultad es la que nos debe urgir para intentar entablar la discusión sobre la calidad literaria, porque corre el riesgo, por su misma dificultad de objetivación (en lo que concuerdo), de convertirse en un mamarracho más al capricho de la masividad cuantitativa de esta época. Que haya dificultad en objetivar el juicio sobre la calidad literaria no quiere decir que no deba haber ninguna clase de objetividad en ese juicio, o por lo menos el esfuerzo de tratar de construirla, tomando en cuenta tanto los parámetros culturales de la tradición como los continuos cambios actuales. Muchos han tratado de construir esa objetividad en la calidad literaria en la historia de nuestra cultura, escritores, filósofos, etc., ¿seremos tan arrogantes para suponer que sabían menos que lo que puede suponer nuestra tan defendida subjetividad? Además, la literatura tiene que ver con muchas otras cosas en cuanto a calidad: calidad gramtical, poética en la construcción de figuras, de redacción, tono, ritmo, etc., etc. No es necesario ser un experto en literatura para esto. Los expertos en literatura muchas veces han ayudado a matar la literatura en lugar de contribuir, no todos, pero si muchos, y cuando digo expertos no hablo de los grandes escritores o filósofos, sino de los llamados "críticos literarios", con honrosas excepciones siempre. Si fuera necesario ser un experto, una persona sin ninguna formación literaria no se conmovería ante una poesía, ni sería capaz de ver su belleza, y son capaces. Y sí, le doy más valor al tema literario en cuanto a la consagración de instituciones educativas, no siendo eso lo único, porque si no es una institución educativa en la que se ha puesto la confianza de formar culturalmente a una persona, la que ha de guardar este tesoro que es la literatura, ¿quién será entonces? ¿El criterio de "cantidad" (cuántos libros se vendieron, cuántas visitas tiene mi blog, etc., etc.)? ¿El criterio de un jurado predispuesto muchas veces y con inclinaciones e intereses propios? ¿El "crítico" que quiere un impacto mediático rápido y por eso escupe sus supuestos análisis de una obra que con suerte entiende tal vez, para así llamar la atención y subir las visitas a su página o a su columna? Honestamente me cuesta quedarme con esos criterios tan pobres. Y aún cuando la llamada objetividad en el criterio sobre la calidad literaria nunca se logra del todo, siempre habrá, repito, ese margen que hace que una obra literaria perdure en el tiempo y atraviese generaciones a pesar del cambio. Eso fue lo que llamaron muchos la "esencia de la literatura" en el más puro sentido platónico, porque la esencia es lo que se mantiene a pesar de todos los cambios. ¿Se trata de negar el cambio como Platón? No, nunca tan poco realista, pero se trata de que a pesar del cambio y la subjetividad algo debe haber de objetivo en el criterio usado para juzgar la calidad literaria, sino tanta obra no hubiera sobrevivido al tiempo. Y si bien muchos no nos consideremos dignos de siquiera intuir cuál es esa esencia, eso no nos da derecho a suponer que no somos dignos de intentarlo, o que por ella, por la literatura, no merezca la pena intentarlo, y por lo mismo, dejarle la literatura y sus criterios de calidad a esta masividad cuantitativa que la ha convertido en un mero "producto de mercado". Si ciertos criterios tienen una cierta objetividad en el sentido que indican la opinión de muchos, como tú dices, lamento decir que "la opinión de muchos" tantas veces en la historia ha demostrado su falta de objetividad y ha destruido mucho más que ha construido: ¿no fue la opinión de muchos alemanes lo que hizo surgir el nacismo y sus fatales consecuencias? ¿No demuestra eso que la opinión de muchos no siempre puede tomarse como criterio para graficar la "calidad" de las acciones o de las opiniones? Porque eso refiere a la "cantidad", un criterio puramente númerico nacido en esta cultura economicista, y no a un criterio de "calidad".

Respuesta de JoseAngel:

Pues creo que definitivamente sí eres un tanto idealista, y hasta puede que platónico y todo, losbosluna. Porque colocas esa esencia literaria como algo que está objetivamente en algunas obras, y que ha de ser reconocido de modo objetivo. Y la experiencia te dirá que no es así. Coge un autor "de calidad" medianamente consagrado hoy, pongamos Javier Marías. Personas cultísimas y leídisimas y cuyo criterio respetas en muchos otros aspectos pueden decirte sin embargo que lo encuentran insufrible e irrelevante. Como ese, todos. Cervantes mismo; Azorín, Cela, qué sé yo. Ni siquiera los autores que respetas como indiscutibles se considerarían posiblemente indiscutibles entre sí. En fin, que la calidad no está en la obra en sí sin más, ni en el puro subjetivismo; insisto en que es un consenso entre diversas opiniones; a las autorizadas o que tú consideras relevantes para considerar una obra "de calidad", ¿quién más las consagra? Pues otras opiniones; sistemas de comunicación social, rituales culturales, etc. Pero todo consenso es variable y precario, jamás unánime; las alianzas y consensos críticos cambian, toda calidad es borrosa (fuzzy, diríamos). Doris Lessing, cumbre de las letras para algunos, mediocridad encumbrada para otros. Que los manuales de historia literaria contengan unos nombres sí y otros no es un hecho que tiene que ver con muchas cosas aparte de la calidad intrínseca de esas obras. ¿Que la tienen? Claro que te lo reconozco, yo soy de ese club de opiniones, soy profesor de literatura. No hay instrumental para reconocer la calidad literaria, porque ésta es circunstancial, comunicativa y multidimensional. Clarín es genial para algunas cosas, pero leído ante la cámara de un televisor no funciona, allí tiene más atractivo, más calidad mediática, la telebasura. Es un ejemplo extremo, sí, pero en última instancia todo es contextual. Y la lista de clásicos pasados se va acortando a medida que tenemos que añadir los nuevos que van saliendo, la memoria es corta y no da para tanto. Nada tiene calidad para siempre y en toda circunstancia.

Respuesta de lobosluna:
 
Tienes razón en lo que dices. Nunca sería tan poco realista para no admitir que así es y ha sido considerada muchas veces la literatura y el tema de su calidad o qué es bueno o malo en ella. Pero insisto en que si se confunden "opinión" (y en eso cualquiera puede opinar lo que se le antoje de cualquiera) con "criterio literario", entonces la literaruta termina siendo pasto del mercado simplemente. Desde el punto de vista de la opinión se puede opinar que Doris Lessing es una porquería, lo mismo que Cervantes, pero desde el punto de vista de la calidad literaria nadie podría decir, sin caer en un mero subjetivismo u opinión visceral, que Doris Lessing o Cervantes no tienen calidad literaria. A mí no me gusta El Quijote, pero no voy a negar que literariamente su construcción literaria es genial, y no sólo por lo que dice la historia, aunque esto influya siempre un poco. Yo separo mi mera opinión de la calidad literaria de una obra, hay obras lentas, eso tiene que ver con el ritmo interno de la obra, pero no puedo decir que todas las obras que no me gustan están mal escritas. ¿Dirán los detractores de la Lessing, o diremos los detractores de El Quijote que una y otro "escriben mal" (y ese es el punto en discusión) sólo porque no los aguantamos? Para mí eso no sería muy justo con el trabajo literario que muestran esas obras, y lo tienen seguramente, a mí me consta que El Quijote lo tiene, muy que no me guste. Con respecto al idealismo, sí, probablemente soy idealista; en una cultura tan pragmática y mercantil como la nuestra eso podría considerarse casi un insulto, pero yo lo considero un verdadero triunfo. También es cierto que no hay instrumental para conocer la calidad literaria, y no podría haberlo, porque cuando se trata de creación la instrumentalización sale sobrando, le pondría límites a la creación. Pero eso no quiere decir que porque eso sea así, la literatura deba quedar a expensas del voto de la mayoría y del criterio cuantitativo, y la mera opinión subjetiva del que se le ocurra decir algo o escribir algo. Tienen derecho a decirlo, cierto, pueden opinar que no les gusta o que les gusta mucho, sí, por supuesto, pero eso no puede decidir la calidad literaria. Hay un montón de personas que compran libros para sus estanterías y para lucirlos sin nunca leerlos, ¿considerarías que esa compra es un buen criterio para decidir que la obra es de calidad, cuando gran parte de esa gente ni siquiera a abierto un libro? A mí me parece triste. Deja a la literatura a la altura del ofertazo. En cuanto a la historia de la literatura, bueno, la historia selecciona en cierta medida, conciente o inconcientemente las obras que permanecen y unas permanecen muchas veces por casualidades coyunturales, cierto, eso no lo niego, pero para que permanezcan, además de lo conyuntural o el mero subjetivismo histórico, que hay también, tiene que sostenerla una cierta calidad literaria para que siga provocando en los lectores que vienen aquello que probablemente las ha hecho lo que son. Si no fuera así, muchas de las obras que quedaron en el silencio en su propia época no hubieran podido subsistir pasada esa época. Lo que las rescató del olvido fue lo que provocó en las generaciones posteriores, y eso tiene que ver con algo que contiene la obra y que no es atribuible al mero subjetivismo histórico o la opinión de un crítico. Esto sólo quiere decir una cosa, según entiendo, que en una época una obra puede ser mal juzgada, cierto, o un criterio puede prevalecer sobre otro, pero aún así ese mal juicio buscaba un objetivo: la calidad literaria. No siempre fueron brillantes ni justos esos juicios, ni lo son algunos, ni lo serán otros, pero sí tenían claro algo que se olvida cada día más por estos días, que la literatura y la calidad del escribir bien no se transan por un mero subjetivismo y no se confunden con la mera opinión, aún cuando todos tengan derecho de opinar. Así también todos tenemos derecho de escribir, claro, pero no todos los que escribimos escribimos bien, por lo tanto no se le puede llamar literatura a todo lo que se escribe. No voy en contra del derecho que tienen todos de opinar, no voy en contra del derecho que tienen todos de querer escribir y soñar con ser escritores y hacer sus críticas si cabe, pero me niego a aceptar que es "derecho a" se confunda con un criterio literario aceptable de buenas a primeras, porque entonces no vale la pena el análisis literario, o la creación literaria, o las grandes obras literarias, ¿para qué hacer la distinción si en cualquier momento va a caer por los suelos? Y si los que trabajamos con la literatura ya hemos aceptado irremediablemente (y marco lo de irremediable) que esta realidad sea así, porque es, eso jamás lo negaré (lo que no acepto es la irremediabilidad del asunto), entonces la literatura y la calidad literaria no es defendible bajo ningún punto de vista, por lo tanto cada vez que hemos hablado de las "grandes obras literarias" hemos mentido.

Respuesta de JoseAngel

No creo que hayamos mentido, todo los más habremos incurrido en alguna falsedad, desde el punto de vista de alguien... No desde el nuestro, claro, que nuestro propio criterio, mediado con el de las personas e instituciones que respetamos, cuidará de que en efecto sean grandes obras las que consideramos grandes obras. Como te pasa a tí con el Quijote, que no te gusta, pero reconoces su categoría aparte de tu mero disfrute, categoría medida con parámetros que para tí tienen valor. Por ejemplo, pongamos, su carácter de monumento cultural, sin ir más lejos. O los análisis críticos que hayan hecho personas cuyo talento respetas, y que muestran la complejidad e inteligencia de esta obra. Estos análisis pueden llevarte a apreciar el Quijote (aparte del respeto a su monumentalidad) de un modo por así decirlo indirecto, o cuando menos, si disfrutas de esos análisis críticos, aprecias el Quijote como la obra que los ha hecho posibles—no hay que subestimar la manera en que la crítica contribuye a nuestro disfrute elaborado de la literatura, ni la manera en que la literatura contribuye a nuestro disfrute elaborado de las obras críticas. Bien, pues dicho todo esto hay que reconocer que el Quijote queda sin embargo un poco disminuido en tu panteón literario en comparación con el mío (por ejemplo)—y eso con todo el reconocimiento aledaño que le quieras poner, criterios objetivables y al margen de tu gusto, etc. Porque para un juicio crítico dado, ni gran trabajo, ni gran elaboración ni gran complejidad ni gran significación cultural pueden asegurar que una obra esté lo bastante viva de por sí como para llegar a ser llamada gran literatura—dado que lo primero que tiene que hacer la gran literatura es ser disfrutada y admirada con pasmo, no ser respetada como icono cultural. Quería subrayar también que como verás no he defendido criterios subjetivistas, sino que (reconociendo que existe la subjetividad, y actúa continuamente) reconozco que son precisamente los criterios más objetivos, o intersubjetivos si se prefiere, los que sirven para determinar de un modo socialmente comprensible lo que son la excelencia o el éxito (dos conceptos que tampoco confundo...). Por mi parte yo aprecio más la excelencia creativa que el mero éxito de ventas, claro, y a la hora de decidir qué quiero leer me influye relativamente poco el que algo se haya vendido mucho o no. Aunque conste que lo considero un criterio orientativo, siempre dentro de un tipo dado de libro (así, pongamos, considero que La Catedral del Mar puede ser un buen libro dentro de su género, visto lo que se ha vendido, pero es un género que me interesa menos que otros, así que quizá no llegue a leer este libro nunca). Pero volviendo a la excelencia creativa, ¿cómo me oriento "objetivamente" para determinarla? ¿Más allá de mi propio gusto, digo? Bien, pues me atengo sobre todo al juicio de las mentes excelentes. Los propios escritores que aprecio remiten en sus obras (intertextualmente) a otros libros; se refuerzan o recomiendan entre sí—no a ciegas, sino de acuerdo a determinados criterios que yo valoro a mi vez. Así hay libros que son recordados por otros libros posteriores, y aumentan así de paso su valor comunicativo, se van volviendo más imprescindibles. Otros son enriquecidos por la crítica, sobre todo por la gran crítica, que ignora a la mayoría de las obras, que van pasando al olvido sin dejar discusión tras de sí. Es este diálogo interno de la literatura consigo misma (incluyendo dentro de sí a la crítica inteligente, como parte esencial) lo que es para mí el indicador objetivo más fiable de la excelencia literaria. Claro que esto tiene el inconveniente que para obras recientes (volvamos a Javier Marías, por ejemplo, aunque éste ya figura en la Historia y Crítica de la Literatura Española de Rico, que recoge muchos juicios críticos influyentes) no hay criterio tan seguro, hay todavía poco diálogo consistente, hay eso sí mucho debate y barullo donde se mezcla la promoción interesada o la publicidad, o los hilos tirados por círculos de amigos y de apoyo mutuo... Hay muchas obras que intentan sobrevivir a esta fase y pasar a una pequeña consagración cultural, pero por necesidad muy pocos lo conseguirán. Y la lectura crítica apreciativa pasará a ocuparse mayormente de los supervivientes, que deberán su pervivencia a un torbellino comunicativo, un complejo indeterminable de excelencia y de azar. Vae victis!

(PS - También comento una foto que aparece en Apostillas—a cuenta de un artículo sobre Camara Lucida de Barthes. También en la fotografía colaboran el tema, el fotógrafo, y el comentador).

Author, Author

Narratologia en casa del herrero

A photo on Flickr

Así sin acento, "Narratologia", se llama la serie sobre teoría narrativa publicada por Walter de Gruyter, en Berlín y Nueva York. Bueno, el nombre completo es "Narratologia: Contributions to Narrative Theory / Beiträge zur Erzähltheorie". Supongo que acabará de salir o estará a punto el volumen doce, que largo tiempo me ha costado preparar en coedición con John Pier, y que se titula Theorizing Narrativity. Esta es su página web. Y observo que después de tanto concentrarme en este libro, se me ha olvidado incluirlo en mi propia bibliografía (—cuchillo de palo). Bueno, solucionado...

Amazon aún no tiene noticia de él, ni Google Book Search. Lo que sí he encontrado allí es una versión online (parcial, me temo) de otro libro de la serie (The Dynamics of Narrative Form) en el que tengo un capítulo. Esta es su versión guguelizada y masacrada: "Overhearing Narrative".

Vista la diferencia entre el precio de la versión Google y de la impresa... muchos pasarán de leerse las páginas que están missing, supongo. Otro día lo cuelgo entero, de perdidos al río.

Narratología del 23-F



Jabberwocky

Esto es más siniestro que Alicia...







... y quizá sólo comparable a una conversación con Chatterspeare.

Profecías autocumplidas retroactivamente 
 
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