Selvaggia
Año nuevo, incertidumbres nuevas.
Año nuevo, incertidumbres nuevas.
Van pasando las vacaciones aquí en la caliginosa Zaragoza, con tentaciones de subirnos a Biescas, que dicen que por ahí da más el sol. Mientras tanto, los niños se dedican a chupar tele, a buscarse los entretenimientos que pueden y, los pobres, a patear poco la calle, sólo en cuanto les ordenamos salir a moverse un rato. Es que no da para mucho más la cosa, como no te metas a pasar el día en un centro comercial -- y miedo da tocarles el ajuste del consumo. Y eso que no hablo de la viga en el propio, hoy han caído tres DVD de jazz de una nueva serie kiosquera, pero claro, es que salían cada uno seis veces más baratos que en la tienda, y estamos hablando de santas de mi devoción, Norah Jones, Diana Krall... Y en la joyería de al lado de casa, sitios a los que no sueles ir, hemos comprado un juego de café chulismo para los abuelos de Biescas, que este año les toca reyes. Pues eso, a ver cuando vamos, a ver si con la excusa de llevarlo... es que no se puede dejar mucho al abuelo de aquí solo en casa, en invierno es la soledad total (porque lo que es en verano se pilla unos capazos tremendos en la plaza con cualquier desconocido).
Pues, explorando el barrio, ayer entramos por primera vez a tomarnos una copa en el pub de enfrente, que "no es de nuestro estilo", tras una cena con los amigos en un chino. Tiene su gracia esto de ir a sitios que no son de tu estilo, habrá que cultivarlo. Y lo de quedar con los amigos tambien, por cierto -- ¿te interesa, Teresa? (ça t’intéresse, Thérèse?). Poca gente vemos: Fabiola viene zumbando de Alemania pero aterriza en su pueblo; Rosa C. se iba a Milán, JMC estaba inspirado, pero no voy a rememorar ninguno de sus chistes, y con Choosy nos intercambiamos música cantri, que ahora la estoy escuchando y oye, a mí que me den música cantri, no me gusta el rock. Yo le pasé un poquito de Lynn Miles, Michel Rivard y Francis Cabrel -- quien quiera recomendaciones, ahí las tiene.
Aparte de tomar copazas y alternar, también curro. No lo que tenía que hacer, que procrastino, pero sí otras cosas. Por ejemplo, me he terminado un par de libros (Feyerabend, DeLillo), y he terminado de traducir este artículo: http://garciala.blogia.com/2005/122001-cognicion-retrospectiva-intertextualidad-e-interpretacion-un-simbolo-en-navidad-.php
(-- si es que algo de lo que aparezca en un blog es curro, incógnita que deja chiquito al debate sobre el sexo de los ángeles). De hecho estoy como un signo de interrogación de tanto estar sentado al ordenador. Y eso que lo tengo changao e ingresado en el cibernetólogo; me voy apañando con un bonito imac nacarado que me ha dejado un alma caritativa. Las malas lenguas dicen que yo reviento los ordenadores a base de abrir quince programas y treinta ventanas simultáneas; no quería creerlas pero ya me entran dudas. En fin, que entre pitos y flautas sigo demasiado encorvado ante el chisme este, parezco Fagin con su cofrecillo abierto, y luego tengo que salir a estirar las cervicales que se me resienten. Por cierto que mientras hacía eso y aprovechaba para echar unos crismas al correo me he encontrado allí con tío Agus, y hemos hablado de las diversas Oficinas de Circumlocuciones que deben pervivir por algún sitio de la administración española (a veces tengo la impresión de que las facultades de letras se van a convertir en una más de esas oficinas obsoletas...). Aún me quedan crismas por mandar, y los que no mandaré, buénoooo.... Por la tarde hemos ido de padres a ver al urólogo de Ivo, que va a tener que hacerse una operación que lo acercará un tanto a Fagin, o a un turco con turbante... pobrecillo, pero bueno, esperemos que vaya bien, hemos conseguido evitar que le apliquen anestesia total de momento, y esperemos que sea para bien. Él no está nada preocupado, y es muy valiente con los médicos, pero no tiene una idea clara de lo que se avecina, ni la va a tener.
Como nosotros de otras cosas, it’s only fair. Bueno, hasta mañana. -- "Si dios quiere", que matiza siempre el abuelo; aunque muchos de los teólogos más autorizados concuerdan en que Dios no se mete en tales asuntos, otros nos dicen que controla hasta la caída de un gorrión. Dios debe ser como Echelon, que le pega a todo y a nada, luego petan las torres gemelas, o Indonesia, y vaya, es que no habíamos cruzado todos los datos...
Pues eso, arrivederchi if applicable....
El año pasado ya colgué este viejo crisma .
Este año celebramos las navidades en familia nuclear, o post-nuclear, encerrados en el refugio por el frío que pela. Sin movimiento ni visitas hasta la fecha, y la calle entre domingo y Navidad, lo dicho, como si hubiese caído una bomba de neutrones. Nos llegan felicitaciones de navidad, es curioso lo de las felicitaciones, normalmente no son ni de la gente más cercana ni de la que más se acuerda de tí, aunque algo sí, supongo... son de la gente que manda felicitaciones de navidad, es un resultado de la especialización de los medios. Yo también mando algunos, aunque de algunas personas me acuerdo mucho y no les escribo. También está el género crisma virtual, o la "llamada de navidad", y (aunque de esos no tengo ninguno) el sms de navidad. Y las visitas de navidad, cuando se tercian... De todos estos géneros, tengo algunos favoritos: el "recuerdo de navidad" que uno se envía a sí mismo, como en el "Cuento de Navidad" de Nabokov -- o la felicitación de navidad encerrada en una botella.
Walked out this morning, don’t believe what I saw
Hundred billion bottles washed up on the shore.
Se supone que es lo que hacemos los blogueros, ¿no? -- Teclear en pijama o en bata sobre asuntos irrelevantes o trascendentales. Pues hoy estoy vagueando, y con tan mala fortuna que (para un día que duermo a pata ancha) he conseduido perderme la entrega de premios del cole de los nenes, la primera vez que le dan un premio a Oscarelo, de dibujo, y bien ilusionado que iba a recogerlo (lo ha llevado su madre). Bueno, si el material está bien, igual se lo cuelgo en la red con los otros.
Mientras, Álvaro está malucho, con fiebres y dolores de cabeza, pero aun con todo ha estado practicando aquí raíces cuadradas y escudriñando un nuevo método de explicación de las mismas inventado por el abuelo (que desde que se jubiló de maestro se ha dedicado con ímpetu renovado a replantearse la pedagogía de la lectura, de las matemáticas y de todo, concluyendo que aún queda mucho por hacer en todos los campos). Nos ha enviado por imeil esta nueva perspectiva sobre la raíz cuadrada). Y la abuela también nos mandó instrucciones: suerte, porque yo las raíces cuadradas las tenía ya almacenadas en el cuerpo calloso. Por cierto, que mañana cumple años, bueno, cumplen años mi mami, y Bertita, que van simultáneas. ¡Felicidades por adelantado!
Pues después de teclear este rato no sólo tengo que vestirme
y ordenar mínimamente la casa, sino también ponerme a currar
en lo que no hago entre semana (demostrado que por mucho trabajo que me
quite de encima, todavía no me da tiempo a hacer el que tengo comprometido).
Menos mal que mis colaboradores son pacientes, y que pronto llegan las
vacaciones para recuperar terreno. Ah, y yo también soy paciente
con ellos. Ahora resulta, por ejemplo, que se ha perdido en el correo un
libro al que contribuí, y mis separatas. Vaya, pues que me lo tendré
que comprar, seré mi propio cliente. Los autores académicos
no recibimos ni para alpiste. Lo más curioso es que ni sabía
yo que contribuía a ese libro, envié el artículo a
una revista y abracadabra, me aparece publicado en un libro (de hermenéutica,
sobre el filósofo alemán H. G. Gadamer, que murió
centenario y más que centenario hace poco). Bueno, una de las sorpresas
es agradable en el fondo, resignación. Por lo menos la revista sí
que me la han mandado.
Ahora veo que sale el abuelo (el otro abuelo, el que vive aquí)
para misa. Otro que va para centenario (esperemos) -- de momento acaba
de cumplir los noventa y un años. Hace años decía
mucho eso de "ya me queda poca cuerda"; luego, al ver que el
tiempo lo desautorizaba, ha optado por callarse y disfrutar de la vida.
Nos comimos una tarta, y nos estuvimos viendo un concierto de Sarah Brightman,
que es también la cantante favorita del abuelo, y bien que se lo
pasó. Lo han felicitado hasta de Argentina, familiares que nunca
lo han visto, pero es que el hombre es tan buena persona que hasta los
desconocidos se dan cuenta, cuánto más los familiares. El
otro día no estaba yo cuando llamaba una amiga, cogió el
teléfono el abuelo, y luego me decia ella en un correo que le había
cogido el teléfono "un señor entrañable".
Pues ayer nos fuimos a ver Lutero con Joseph Fiennes (a quien
no paro de ver por todas partes, parece Scarlett Johanson). Drama histórico,
excelente ambientación, pero suavecito en extremo con la figura
del reformador. Se pasa un tanto de puntillas por sus alianzas "con
los carniceros", según dicen pero no muestran en la película.
Tampoco acaba de funcionar como película con vida propia interna.
Pero aquí en España vendrá muy bien para educarnos
sobre el personaje. Cuando yo era pequeño, no había gran
diferencia entre personajes como Satanás, Barrabás y Lutero.
¡Herejes! Hoy en día casi todos los católicos españoles
son luteranos, aunque no lo confiesen...
Y esta tarde, si el Tiempo o la fiebre no lo impiden, nos iremos a
ver Otelo, que representa en el Teatro Principal la compañía
Teatro che y moche. No he visto un montaje de Otelo (bueno, uno completo)
en cuarenta años, o sea que nada me hace esperar que vaya a caerme
alguno cerca en otros cuarenta años. Aunque la vida, de hecho, suele
tener otra estructura estadística: quizá la semana que viene
pongan otro, más bien. Y de momento me voy a vestir, que si no no
hago más que inflar el blog.
Solo ante el Juicio
En un hospital, creo, mientras mi padre y mi hijo mayor dormitaban, yo miro la tele. Están echando un reality show experimental, centrado en los efectos indirectos que las situaciones extremas tienen sobre la gente. En esta ocasion, entrevistan a unos cantautores gallegos, que viven en Madrid, y han traído parte de su música para el programa. Comentan sus peinados (pelo gallego cortado en plan moderno), tocan un poco la guitarra. Luego les pasan un videoclip sobre la situación extrema de su pueblo (o quizá la extraen directamente de una caja, en el estudio). Yo lo veo por la tele. Es un monstruo -- un humano, con familia, que lo muestran al show. Tiene algo de enfermo terminal, algo de contorsionista de circo, mucho de anoréxico o de judío de Auschwitz. Piel estropeada, fláccida en los huesos, la cabeza vuelta atrás de modo imposible, y estrecha como un cilindro, la mirada nublada, más de cosa que de persona. Se mueve, se desplaza sobre la mesa, a pesar de tener los miembros descoyuntados o retorcidos en posiciones forzadas como si fueran los miembros de un animal, puede moverse con dificultad, rodando, a cuatro patas con el pecho vuelto hacia arriba y la cabeza erguida, adoptando posturas y torceduras que ningún humano ni animal ha utilizado nunca para moverse. Las cámaras lo filman de modo que lo hacen aparecer de manera ambivalente a la vez resaltando las dificultades de sus movimientos e imprimiéndoles cierta gracia. Miro con alivio que Álvaro está dormido y no puede ver el espanto que aparece en la pantalla, porque realmente están mostrando uno de los límites del horror que pueda tener la existencia humana. (Luego comento lo que han echado y me pide una descripción, pero prefiero no decirle mucho). Uno de los cantantes gallegos vivía en el pueblo del monstruo. Cuenta que decidió dejar su pueblo por no tenerlo cerca, sentía que sólo su existencia cerca le envenenaba la vida, y le impedía llevarla al nivel de posibilidades que él deseaba -- era como un lastre espiritual. Máxime porque en el pueblo él también cantaba, en fiestas y demás, y el monstruo no dejaba de estar en primera fila, dando palmas, parecía revivir con eso. Ahora el cantante se enfrentaba a él en el programa de televisión como quien purga un pecado, como esas parejas de telebasura que se dedican a reñir en directo, o a reconciliarse en directo. Era por dinero, creo, y también por explorar las ambigüedades de la experiencia. Había reconstruido su vida, no había vuelto al pueblo nunca más, pero se había sentido impelido a venir al programa, y a ver una vez más al monstruo en la pantalla del estudio (no lo miraba mucho, sin embargo), como manera de reconocer que nunca se había quitado ese peso de encima. El programa estudiaría otros casos, otras vidas tocadas de refilón por las experiencias límite. En cualquier caso, pronto el monstruoso enfermo volvía a su caja, sus cuidadores se lo llevaban en una camilla, ya esperaba una ambulancia fuera del estudio, el programa terminaba.
Pero yo no sólo tenía que narrar el programa, pronto me veía transformado en médico o ginecólogo, que tenía que tomar una decisión de vida o muerte sobre este mismo monstruo, que acababa de nacer, o estaba en peligro. No sé cómo era yo el responsable repentinamente de que tuviese que vivir o morir -- tenía que decidir por otras personas que iban a tener que vivir con él, de hecho por toda la raza humana, o por mí mismo -- porque la característica más terrible del monstruo (todos los horrores de su presencia no eran sino una metáfora de esto) era la manera en que empobrecía y degradaba la vida que transcurría a su alrededor, cómo la naturaleza misma de la existencia cambiaba por el hecho de tener que existir en presencia suya. Y me encontraba con que no podía tomar yo esa decisión de vida o muerte, era angustioso porque pensaba en el Juicio Final, y en lo desautorizados que estamos para juzgar, y en la responsabilidad por la vida y el sufrimiento de los demás, y no tenía bases para juzgar, no podía hacer nada, estaba angustiado por no encontrar la solución, pero necesitaba una, estaba en el quirófano, una figura de autoridad, había que decidir ya. Y entonces encontraba si no una solución, un refugio: me refugiaría en la Duda. La Duda sería un espacio hueco, oscuro, que me acogería, yo podría acurrucarme en él, y estaría allí a salvo de todas las decisiones que tuviera que tomar, en especial esta terrible decisión sobre el monstruo (¿tendría alma?).
Y entonces me despertaba, o me he despertado, y he visto que en efecto estaba acurrucado en la oscuridad, y que realmente me atormentaba ese sueño, y que tampoco despierto tenía elementos de juicio ni bases para una decisión. Pero que la tenía que tomar. Estaba flotando en el vacío, no veía nada, no tocaba a nadie -- ¿quizá podía extender el brazo, y cerciorarme de que estaba en algún sitio en concreto, y cerca de alguien, en lugar de en una oscuridad abstracta, sólo una mente ante una decisión? Pero estaba prohibido hacerlo, era eludir el problema, era hacer trampa, había que seguir allí hasta que tomase una decisión, adoptase una solución, la Duda sólo daba un refugio imperfecto. Pero ahí me he encontrado, solo ante el Juicio, y sin saber qué hacer, sabiendo que era un problema irresoluble, una responsabilidad a la vez imaginaria e inmensa, con Dios observando quizá desde las tinieblas. Hasta que me he levantado, por salir de esa tierra de nadie de la oscuridad. Ahora ya está aquí expuesta la cuestión: y sigue aquí en tierra de nadie.
Los carteles
Me movía yo, como un ejecutivo con futuro prometedor, por la ciudad, con mi maletín a cuestas, observando puntos estratégicos y enviando información por correo electrónico ("Estimado compañero...", etc. etc.). El paisaje combinaba elementos de mi barrio hoy, de un laberinto de accesos y rampas, y de las pistas de esquí donde iba de pequeño en mi pueblo, cerca del canal de Jarandín. Tenía que cruzar una avenida, acercarme a una calle donde un cartel electrónico contenía muchos datos que yo necesitaba almacenar, mi lápiz electrónico wifi no los cogía desde el otro lado de la calle. Y no sabía si dejar un momento el maletín en un portal, a la vista, mientras pasaba al otro lado de la calle apuntando el chisme. En cualquier caso, mi preocupación por el maletín resultaba justificada, porque tras entrar en una clínica o facultad de grandes pasillos, buscando el baño, veía que me lo había dejado en algún sitio. Preguntaba a grupos de enfermeras o conserjes, sin éxito. Miraba por las calles, pasaba al lado de la iglesia del barrio, por paredes de ladrillos con carteles viejos pegados. Entre ellos descubría varios carteles que había pegado yo mismo hacía años, y me sorprendía que aún siguiesen allí. Scripta manent. Eran carteles donde yo anunciaba algún tipo de publicación que había hecho , o un libro, o un método para algo que había desarrollado y que por aquel entonces quería promocionar, pero que ahora ya no formaba para nada parte de mis prioridades. Y miraba yo con cierta vergüenza y nostalgia la retórica exclamativa de esos carteles, que proclamaban que si el método del doctor García, autoalabanzas y exclamaciones para aquí y para allá, compre usted esto. Además se veía que eran carteles hechos con una impresora desfasada, muy de su época, que en tiempos habrían parecido carteles normales pero hoy se veían autoeditados, y con una estética que traicionaba que era el propio autor el que se promocionaba. Todo eso me molestaba, sobre todo el hecho de que (aunque muchos faltasen) todavía hubiese después de tantos años varios de esos carteles por ahí pegados, con otros carteles medio arrancados y medio tapándolos, pero demasiado visibles en conjunto. Máxime cuando descubro, en una zona al final de la calle, por donde se entraba a alguna oficina de una sociedad de autores, descubro digo una pintada hecha con una plantilla troquelada o stencil que decía "Aclaramos que en este establecimiento NO distribuye ejemplares de ese método ’tan bueno’ del Dr García" o algo similar. Vaya, eso sí que me sonrojaba, era como un comentario negativo en un blog, parecía un ataque directo y personalizado, una burla de mis carteles y de mi antiguo método (que ya de por sí me avergonzaban). Para alivio mío, descubría dos cosas, on closer inspection: una, que había también otros carteles de protesta contra algunas políticas de esa sociedad de autores, con lo que la atención se dispersaba; y dos, que la pintada supuestamente hecha con plantilla (dios mío, ¿habrían hecho muchas?) en realidad estaba hecha a mano, imitando la forma de las letras de una plantilla, se notaba. Los carteles irían desapareciendo con los años (mira que duraban) y poca gente vería esa pintada indignante.
El alojamiento rural
Por recomendación de mi padre, habíamos ido a acampar con los críos a un pueblo francés, o pirenaico, a la granja de unos medio parientes donde quizá estuviese él. Pero no estaba allí alojado, y nos señalaban un prado elevado rodeado de una pared de piedras, donde podríamos plantar la tienda. Previo pago de veinte euros. A mí me sorprendía el precio, porque además no había derecho a cocina ni baño en la casa vecina, y protestaba un poco, pero los propietarios, unas mujeres y granjeros, la madre y la hija, eran inflexibles, y yo pagaba diciendo que ya me habían visto para otra vez, y la hija, en vestido de bata y pantalones debajo, se trabucaba y pedía doscientos mil, veinte mil euros, yo le daba los veinte aún pensando con alivio que podía haber sido más. El parentesco no lo acababa yo de ver. Me molestaban además los animales de la granja, unos perros que ladraban ferozmente y luego sólo querían caricias, me irritan los perros y su manera de pedir las cosas; también me molestaba que los niños se habían metido hasta el fondo de la vivienda rural y estaban viendo la tele, sentados en el suelo de tarima, o gateando como en su propia casa, como si tuviésemos tan buena relación con estos aldeanos. Que además ya se iban, estaban cerrando la casa, vamos, niños, salid de ahí de una vez. Con las prisas orinaba en unas macetas (el baño no estaba obvio) esperando que no lo descubriese nadie, luego echaba agua del lavabo para quitar el olor, con tan mala fortuna que se mojaba toda la pared, pintada de blanco y con esa pintura azul claro fuerte, que quedaba desvaíada y con las líneas emborronadas. Y los niños también venían; pasaban las aldeanas con sus maletas, cerrando la casa, pero bueno, aunque miraban la pared no se daban cuenta de nada, e iban bajando el equipaje a un coche o tractor que les esperaba. Mientras, los niños contemplaban a los animales: un caballo sonriente y un perro, embarcados en una actividad sexual de consuelo mutuo nunca antes vista (en mi experiencia de las granjas). Yo pensaba que bueno, así van aprendiendo cosas de la vida; el aldeano mientras se iba se reía y comentaba algo en la línea de aprender mirando, pero cuidado con aprender demasiado, y luego con probar... Lo más extraño de este sueño es que tenía una conexión con el anterior; de hecho eran el mismo, creo, pero en su estado actual no tienen mucho en común.
Estoy leyendo un artículo de Kenneth Burke, muy interesante, sobre "Terministic screens": viene a decir que el mundo es del color del cristal con que lo miramos; nuestras terminologías y conceptos acotan la realidad según las prioridades de cada cual; sobre lo real (sea lo que sea eso) cada cual seleccionamos una perspectiva.
Mientras, Oscar está jugando con un garaje de rampas y ascensores, concentrado en lo suyo. El abuelo, con la manta en las rodillas, lo observa también ensimismado, y comenta: "Mira cómo juega el niño... Cada cual vive en su mundo, hombre".
Me vienen a la cabeza los versos de Blake:
The child’s toys and the old man’s reasons
Are the fruits of the two seasons.
En el mismo poema, "Auguries of Innocence", dice Blake:
The Emmet’s Inch & Eagle’s Mile
Make Lame Philosophy to smile.
Y es que para cada cual se asocian las ideas como le vienen a la cabeza.
Bueno, exagero, que la semana está salpicada de fiestas, y también hay ocasión para aflojar un rato. Ayer tarde tuvimos una demonic visitation, que siempre agrada y da calorcillo, hasta conseguí sacar algunas fotos del evento. Pero apenas miro el ordenador y veo que me sugerían que si podía traducir el discurso de Harold Pinter con ocasión de su premio Nobel. Así que a eso me/nos dedicamos chaca chaca hasta las tres de la madrugada, pegándoles un repaso a nuestros paladines Bush y a Blair. Y encima aún tenía la clase de doctorado a medio preparar, así que he tenido que madrugar casi antes de acostarme.
Pero bueno, allí estaban los alumnos tan despuenteados como yo, y nos hemos dedicado a especular sobre metodología e interaccionismo simbólico: sobre las maneras en que los métodos preestablecidos nos acotan la visión, nos permiten ver algunas cosas y nos ciegan a otras (que es de lo que iba la clase: Feyerabend, Blumer, Burke). Máxima a extraer: hay que estar abierto a la contingencia, a la serendipia, al contexto global, a los aspectos periféricos de la situación en la que nos vemos envueltos, y reelaborar de acuerdo con eso el sentido de lo que vemos o comunicamos. No aplicar recetas predeterminadas, ni seguir las diez reglas del blog.
Luego veo que han colgado ya la traducción del espích de Harold Pinter en Fírgoa, aquí se puede ver: Arte, verdad, y política:
https://web.archive.org/web/20170408143611/http://firgoa.usc.es/drupal/node/24005
—recomendable, como digo, para quien se resista a comulgar con las ruedas de molino del Emperador; a otros les enfurecerá que Pinter haya aprovechado la ocasión del Nobel para soltar semejante andanada. Era de prever, y de desear. Pinter teme, me parece, que le queda poca vida, y antes de morirse quiere sacarse las verdades del alma.
A la vez me llega una publicación que tenía pendiente de salir. Bueno, me llega un PDF, el libro aún no lo he visto): "Adaptation, Appropriation, Retroaction: Symbolic Interaction with Henry V ", publicado en Books in Motion: Adaptation, Intertextuality, Authorship, un volumen editado por Mireia Aragay para la serie "Contemporary Cinema" (Amsterdam y New York: Rodopi, 2005). Va sobre las adaptaciones cinematográficas, como un caso particular de la contextualización específica y reelaboración que mencionaba antes. Sobre la base del ejemplo de Enrique V de Shakespeare, otro que se iba por ahí montando guerras patrióticas con Dios de su parte. También va el artículo sobre el tema este que me trae a vueltas de la reeelaboración retrospectiva, o retroacción interpretativa:
https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/retroretro.html
—Pero bueno, ahora ya plegueishion; por fin me ha llegado el puente, y mañana nos subimos a Biescas (si podemos, que ahora resulta que va Otitas con tos...). Y de momento me voy a caer dormido un rato, zzzzz...
Esta noche, por cierto, he soñado que, dando una excusa para no acompañar a alguien, decía que tenía que ir a denunciar que me habían robado un coche. Y de repente, en mi sueño, caía en la cuenta, con sorpresa y alarma, de que la excusa era cierta, que yo tenía, de hecho, un coche, en el sueño un Morris MG 1300 naranja, y me lo habían robado, o por lo menos había desaparecido, no había pensado en él en años, y ahora resulta que no lo tenía. Y es más, no sólo me habían robado el MG, sino también dos (¡dos!) seiscientos amarillos. Que tenían unas bandas de esas que les ponían antes a los coches de rallyes, a cuadraditos blancos y negros... Y, acompañado por un inspector de policía, examinaba yo desde unas plataformas en la montaña todos los coches que se movían por el fondo del valle de Biescas, y sí que había algún seiscientos amarillo, pero no dos, y no era el que yo buscaba. Al final encontraba uno de ellos aparcado en un patio, lleno de cajas amontonadas, de una casa por la que me veía obligado a pasar (pasaba por allí el camino del monte) aunque no quería que me viesen, hace tiempo que no iba por allí, pero no me prestaban mucha atención. Allí fue a parar uno de los seiscientos. Lo curioso es que el que era coche de rallyes, aunque sin bandas a cuadritos blancos y negros, era el Morris, porque al despertarme sí que he recordado que, efectivamente, en tiempos llevaba yo un coche de esos, un Morris MG 1300 naranja que por cierto casi acabó en el fondo de un barranco en un susto y una mala maniobra que hice, allí también me desperté a otra realidad. Ubi sunt. Nuestros sueños nos descolocan de repente usurpando la realidad, dejándonos caer por una puerta falsa de repente, superponiendo lo que fueron nuestras realidades, y todas parecen virtuales, such stuff as dreams are made on.