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Vanity Fea

Universidad

Ya hay que pedir libertad

y respeto a las ideas en nuestra Facultad. Ver la historia que cuenta Einbahnstrasse. Se recoge allí el texto del manifiesto redactado por EIDOS y firmado por varios profesores y alumnos, protestando por la interrupción por la fuerza de un acto organizado en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza. En las universidades de Madrid, Barcelona y el País Vasco, tengo entendido, estos hechos son moneda corriente. Y encima la gente va y se acostumbra a que los illuminati de turno los "liberen" de hablantes indeseables para ellos, en un admirable ejercicio de espíritu crítico. A ver si aquí no nos pasa.

 

Contra "toda" la violencia

Gollum Doctor

PS: Bueno, si de todos modos alguien se anima a hacer la tesis, le puede interesar este post de Jill Walker donde anuncia siete plazas para doctorando, en su universidad, con sueldo de unos 45.000 dólares anuales. Se requiere un master o equivalente, y se podría trabajar en cuestiones relacionadas con la red, blogs, literatura electrónica, informática para humanidades, etc. Condiciones que cualquiera aquí envidiaría. Hay que vivir en Bergen, Noruega; muy al norte, eso sí. Importan cerebros. (Aquí los cerebros no importan tanto...)

Fontanería universitaria

Acaba de pasarse el fontanero, breve visita, y me ha soplado 120 euros. Buf. Espero que tuviese titulación superior, al menos. Echando un cálculo... a ver, yo doy muy pocas clases, vendrá a salirme una media de seis horas a la semana. Las tutorías, seis horas, las pongo a mitad de precio, y las horas de lectura, investigación, y preparación, nada, ni una, por seguir el mito urbano, no doy ni clavo cuando nadie me mira. Pues a ese ritmo me sale...

Clases: 6 x 120 x 4 semanas de un mes = 2880 euros

Tutorías (ídem a mitad de precio) = 1440 euros

Sueldo de fontanero universitario: 4320 euros al mes.

Si ahora me pongo en plan estupendo, y me cuento a precio de fontanero mis 37 horas laborables, pues me salen... 17.760 euros mensuales. Y si, ya delirando, tengo en cuenta un plus de 50 euros por hora por titulación superior (pues de hecho no era un doctor en fontanería quien me ha atendido) pues me sale un plus de 7.400, total... 25.160 euros mensuales. Oye, no está mal, no. A ver si con la reforma de la universidad-FP nos ponen el sueldo al menos al nivel de este gremio, mutatis mutandis.

Claro que no me van a pagar tanto por leer y escribir sobre filología inglesa La fontanería es un trabajo más desagradable (para mí). Aunque tampoco falta a quien leer a Shakespeare se le hace desagradable. Y muchos más lo encuentran difícil, o más bien totalmente imposible.

Cultura gratis

Máster de privatización

Es un cartel-parodia gracioso que he visto en la universidad, donde están protestando por la privatización del servicio de reprografía:

 


NUEVO MASTER EN PRIVATIZACION DE SERVICIOS Y DESTRUCCION DE EMPLEO PUBLICO

Al parecer la Universidad de Zaragoza no pretende quedarse a la zaga. De momento no llegamos a los niveles de Televisión Española, pero todo llegará. Después de todo, si las privadas expiden títulos a coste cero para el erario público, ¿para qué vamos a tener educación pública? El mercado nos educará. Este master debería implantarse en serio, tiene futuro.

Lo privado y la privada

Contra el fracaso escolar: la vía rápida

Hay en Fírgoa un interesante dossier de Alfonso García Tobío sobre los "Suspensos" en la universidad.

Y creo que aún se va a volver más interesante con el tiempo, el dossier y el debate sobre los suspensos universitarios. Parte de la reforma universitaria consiste en convertir la universidad en una máquina bien engrasada que procese rápidamente el "input" estudiantil produciendo un "output" de licenciados sin material sobrante que contamine el medio ambiente. Allí están los modelos de Europa, donde para empezar estudia carrera menos proporción de la población, por cierto; pero al parecer todos terminan la carrera en tiempo récord y sin problemas. Aquí no. Y eso que tienen un montón de convocatorias, en una proporción desconocida en muchos otros sistemas universitarios.

Empiezan a saltar a la prensa noticias sobre rectorados presionando directamente a los profesores para que aprueben a más alumnos; incluso hay alguna universidad que planea introducir entre los índices de rendimiento y eficacia del profesor el número de alumnos aprobados. No aprobados por otros: ¡aprobados por él mismo! Vamos, esto es de traca, si no fuera porque entra tan de lleno en la lógica de los tiempos. O sea, que si quiero subir espectacularmente la calidad de mi docencia, sólo tengo que dar aprobado general a final de curso: todos aprueban, ergo misión cumplida, y profesor excelente, q.e.d.

Ya nos han avisado desde el Rectorado que con la convergencia al Espacio Europeo de Educación Superior se va a acabar eso de los estudiantes que alargan su carrera durante años. Ahora todos la acabarán en el tiempo requerido. Lo que no nos han dicho es cómo vamos a llegar a esa feliz situación. Sí sabemos que no será suspendiendo a los alumnos incapaces de terminar la carrera, y también se intuye que no va a ser por el procedimiento de una selección previa más estricta. Podemos descartar un súbito incremento por decreto ley de la capacidad intelectual o de trabajo del estudiante medio. Sólo queda entonces una vía, creo: la reducción general de requisitos y de nivel, que conduzca al aprobado general.

Le comento a una colega esto del autoaprobado-misión cumplida y me dice lo siguiente: "Qué vergüenza. Pero no te preocupes, que no lo pondrán por escrito. Todo por presión ambiental. Lo que quieren es apretar pero sin decir nada claro. ¿No agradecerías tú, como funcionario, que te dijesen, Señores, a partir de ahora, se aprueba con cuatro, o con tres, no con cinco. Que vienen las universidades privadas empujando por detrás y se nos llevan el dinero, y las públicas no estamos aquí para retrasar al alumno, sino para titularlo rápidamente. El cliente siempre tiene razón, y si ha pagado tiene derecho a su título. Así que apruébenme como mínimo a dos tercios de la lista".

Pero no. Los rectorados utilizarán diversas triquiñuelas y estrategias, llegando quizá a descararse hasta dar bonificaciones por aprobado, y amonestar a los más suspendedores. Lo que no creo que lleguen a hacer es indicar por norma un porcentaje mínimo de alumnos que deben salir aprobados de una asignatura. No creo que lo hagan porque convertirlo en norma ya supondría falsear el sistema hasta tal punto que no sería una política sostenible. (Aunque ya he hablado: al tiempo. Parece mentira tener que estar especulando seriamente sobre estos asuntos). Seguiría, inmediatamente, la presión entre los estudiantes a ver quién estudia menos, para rebajar el nivel de esfuerzo requerido. De hecho ya existe, en el estado actual de cosas, una presión ambiental muy fuerte sobre los buenos estudiantes para que no se manifiesten, para que no tiren del nivel de la clase para arriba -- y sobre los profesores para que aprueben a una proporción "razonable" de alumnos. Sólo les faltaba ya al club de la última fila, siempre mayoritario, el apoyo oficial y normativo de los rectorados.

La justicia y coherencia en la evaluación supone un equilibrio muy difícil y precario entre, por una parte, las expectativas y principios a priori sobre la disciplina o materia, los niveles deseables o mínimos alcanzables, y, por otra la realidad de unas circunstancias, una clase y un profesor en un momento dado. Si a ese equilibrio le ponemos en la balanza el dedo del rectorado, poco de bueno puede salir de allí. Casi acabaríamos antes poniendo la fotocopiadora de títulos en la plaza, o en la fábrica, y hagan cola, y vamos a hacer caja, a ver qué título es más demandado, y viva la libre competencia de las titulaciones.

En última instancia, y siguiendo la lógica de estos criterios, no hay más que una evaluación válida: la del empresario que te contrata al final de tus estudios. Igual podíamos suprimir tanta enseñanza y tanta academia, como decía Ivan Ilich, y mandar a todo el mundo de aprendiz directamente. Gratis. Y al que apruebe, contrato basura.

800 titulaciones, y ninguna es la mía

La ministra de Educación y ciencia, María Jesús San Segundo, ha informado hoy sobre las 800 nuevas titulaciones que crean las Universidades gracias a la adaptación al espacio europeo de educación superior. Bueno, todo depende de cómo se hagan los recuentos. Lo que no dice la ministra es que a cambio de implantar esos másteres se van a suprimir muchos programas de doctorado, con programación docente incluida. De hecho ya se venían suprimiendo desde hace años; los programas con pocos alumnos ("poco rentables", supongo) se extinguían a la fuerza o se les animaba a fusionarse con otros. Así se hace, supongo, una universidad más competitiva, dirigiendo recursos a programas fuertes. Y sin embargo, seguro que se pierde al menos tanto como se gana.

En nuestro departamento, por ejemplo, a resultas de la reforma ésta, cuando se lleve a cabo, perdemos uno de los dos programas de doctorado que tenemos ahora. El otro se reconvierte en un máster de los nuevos. Y la licenciatura que es mayormente responsabilidad del departamento, Filología Inglesa, desaparece y se nos invita a impartir, juntamente con otros departamentos cuyas titulaciones se suprimen, una licenciatura nueva y menos específica en "lenguas y literaturas modernas".

Quizá en el terreno competitivo la universidad se libere de peso muerto académico, pero hay que tener en cuenta que la demanda de saber académico especializado no puede medirse sólo de la universidad para afuera: el lugar propio de ese saber es la universidad, no la "demanda social" existente desde afuera, y en la medida en que la universidad se somete a la "demanda social" así entendida y suprime estudios y actividades propiamente académicos, está transformándose, sí, pero no necesariamente en un sentido deseable. Deseable para quien quiera que la universidad sea una FP o una empresa, sí; pero no necesariamente para quien desee que sea una Academia.

Ahora se ha convocado una reunión de los departamentos que imparten Filología Inglesa para ver qué se hace en vistas de la supresión de nuestra titulación. Hoy recibo este mensaje a través de la lista de AEDEAN.

Mensaje enviado a través de la lista de correo electrónico de AEDEAN ========

Queridos colegas: Me hago eco de las intervenciones que se han producido estos últimos días a través de la lista de distribución de AEDEAN, en primer lugar para felicitar a la Junta Directiva de nuestra asociación por la capacidad de reacción que han demostrado frente a las noticias acerca de la que ya parece una decisión definitiva sobre la propuesta de un grado en Lenguas Modernas y su literatura, y las últimas noticias de la Directora General de Universidades, Carmen Ruiz-Rivas. Sobre todo quiero felicitar a la Junta por haber sabido centralizar las actuaciones de los departamentos, recabando información de sus consejos, una posición que en última instancia ha sido muy efectiva porque ha obligado a los departamentos a ponerse en marcha, si aún no lo habían hecho. En segundo lugar, me gustaría dar mi opinión acerca de la situación creada con la propuesta de grado en Lenguas (y Literaturas) Modernas. Mi posición es la siguiente: He revisado con mucha atención la ficha que se ha propuesto para el grado de Lenguas Modernas y su literatura hasta el punto de contabilizar qué representaría en número de créditos si se llevara a máximos el despliegue de inglés como lengua A. Pues bien, si a los 22 créditos instrumentales en lengua A (inglés), se suman los 74 créditos de materias propias, también en lengua A inglés, los 30 del trabajo escrito y los 30 de estancia (lengua inglesa A en ambos casos), eso representa un 90% del total de créditos del grado. Y esa no me parece una mala ratio si lo comparamos a los actuales planes de estudios en Filología Inglesa, que también incluyen créditos de otras áreas. Por tanto, a mi modo de ver esta propuesta no nos perjudica desde el punto de vista de la vertebración de los Estudios Ingleses aunque sea dentro de un marco conceptual más amplio, que permite combinaciones con otras lenguas y disciplinas. Mi posición además, para ser coherente con lo que voy a exponer en el siguiente párrafo es que esas combinaciones no deben implicar restricciones, ni siquiera en el caso de las lenguas que van a tener grado propio, ya que, por qué no debería ser posible que un perfil determinado de graduado quisiera tener un título en Lenguas Modernas (Lengua A: Gallego; Lengua B: Inglés)? Puestos a ser flexibles, algo con lo que no se convive demasiado bien en nuestro país, por qué no serlo realmente? Y ese posicionamiento no restrictivo es lo que nos sigue dando razones, a parte de las ya reiteradas de demanda, inserción, desarrollo de la anglística en España etc para seguir pidiendo un grado propio en Estudios Ingleses. Y no sólo por posiciones nominalistas, sino porque eso también va a dar más fuerza a los departamentos y secciones, de inglés de las universidades pequeñas, donde si desaparece del catálogo el polo de referencia de los Estudios Ingleses, no se les va a permitir ni siquiera apostar por un Major (lengua A) en inglés. En el ámbito de los postgrados, sin excluir postgrados específicos y sectoriales en literatura y lingüística inglesa que se puedan proponer en las diferentes universidades, mi posición es que no estaría mal impulsar un postgrado en Estudios Ingleses interuniversitario, porque me temo que en otras universidades va a costar sacar para adelante postgrados específicos en inglés. Hay que recordar que la CE ya le recordó al gobierno que la convergencia al EEES de Bologna no puede ser usado como arma arrojadiza para restringir el catálogo. Y el gobierno ha decidido llevar a cabo ese recorte a cualquier precio, y restar en lugar de sumar. Creo que en aras del patrimonio lingüístico y cultural de la humanidad, este tipo de restricciones deben seguir siendo denunciadas. Además, como universitaria e intelectual sinceramente no entiendo que se pretenda regular el conocimiento. Por tanto, estoy a favor del grado en lenguas Modernas y su literatura, y también del grado en Estudios Ingleses, como hemos venido reclamando desde siempre, y vamos a tener que seguir reclamando, ya que se nos ha dicho que el catálogo va a estar abierto unos años para ampliarlo. Un saludo cordial. M. Teresa Turell
¡¡¡BRAVA bravissima!!! Bueno, lo de las enhorabuenas a los departamentos de las universidades yo más bien lo cambiaría por una reconvención, porque aunque AEDEAN ha puesto enlaces en su página para dar a conocer las posiciones de los departamentos ante esta nueva titulación que se nos impone, no se puede decir que haya habido mucha actividad. De cuarenta universidades con sección de Filología Inglesa, sólo cuatro han dado a conocer su postura. Y de éstas sólo una, la de Murcia, se opone al grado en Lenguas y Literaturas Modernas como vía exclusiva. Las demás lo aceptan más o menos de buena gana, y siguen en eso la que parece ser la postura oficial de AEDEAN, que consideraba innecesario reunir a los departamentos para estudiar la situación y presionar en favor de un grado propio -- con lo cual en la práctica AEDEAN se está apeando de su posición oficial, que consistía en reclamar ese grado propio en Estudios Ingleses. Los universitarios, ahora como en todo este proceso, se comportan de modo pasivo, en especial ignorando que es esencial para defender su punto de vista la comunicación, y en especial las nuevas tecnologías, la red. Y no vale con la efímera lista de AEDEAN: había que usar la web de una manera que no se ha hecho. Quizá porque está demasiado a la vista, y los universitarios no son amigos en absoluto de significarse... Es especialmente significativo que M. Teresa Turell (que era la anterior presidenta de AEDEAN) señale además la conveniencia de establecer un postgrado de inglés con directrices propias a nivel nacional. Y ójala cale la idea, porque si no es muy probable que no tengamos ni grado ni postgrado propio. Es muy tentador, quizá en especial para los catedráticos influyentes o para los grupos de investigación bien asentados en un departamento, hacerse su postgrado a medida, pero hay que considerar la atomización que eso supone para una profesión que no tiene una titulación propia de nivel inferior. Y eso en una materia como el inglés, tan básica en el sistema educativo ya desde la educación infantil y primaria, pasando por la secundaria, y terminando con su presencia en muchos planes de estudio universitarios. La anglística española no sale, ni con mucho, ganando nada de una situación así, en la que esté representada sólo por un número de másteres sin reconocimiento profesional específico a nivel estatal. Sólo un máster de Filología Inglesa que habilitase específicamente para la docencia en educación secundaria y universidad supondría un reconocimiento adecuado de la realidad del inglés como la lengua internacional, la del planeta, la única que hay (aunque a muchos les apene). ¿Y no se supone que esto era un proceso de internacionalización de la Universidad? ¿No hay en esa internacionalización un espacio para la lengua internacional?

 

(PS: el 1 de marzo, otro escrito a la lista de AEDEAN de otro catedrático, Celestino Deleyto, moderando el optimismo que mostraban frente a la nueva titulación Fernando Galván y algunos de los escritos acordados por los departamentos. Los máximos realistas que se vayan a dar al inglés en una titulación mixta son muy inferiores a los actuales, y además nada asegura que se vaya a permitir la mayor flexibilidad de combinaciones para los alumnos en todas las universidades. Y es creo que realmente no es un título que nos tenga que inspirar ningún optimismo a los anglistas. Menos aún si tampoco hay un título de máster que proporcione una formación sólida, coherente y homologada en Filología Inglesa a nivel de segundo ciclo).

¿Qué tal llevas la tesis?

O, ¿qué tal llevas ese quiste enorme en el cuello, que cada día le veo peor color? Total... una preguntita inocente.... He leído en Profgrrrrl (vía jill/txt) un artículo bastante hilarante sobre este tipo de preguntitas, qué tal llevas el trabajo atrasado, y cómo responderlas. Lo mejor, con contraataque, o tomando la pregunta como si fuese una oferta (moderada) de ayuda. Lo peor, lo que se hace siempre: dedicarse a decir que no le ves salida, o que trabajas demasiado, o que no haces nada... Todo lo que digas en un departamento puede ser usado contra tí, no hay small talk lo suficientemente pequeño. O, si tienes suerte, igual es usado en tu favor. En todo caso, no es la academia un lugar donde existan las preguntas ni los comentarios inocentes. "El lenguaje es un arma cargada", dicen por ahí; bueno, pues si el ambiente ya está cargado, más; y todavía más si la preguntita inocente se refiere a la tesis, una rito iniciático en el cual la gente suele por sistema atascarse y perderse en un laberinto de posibilidades. Algunos encuentran la salida, otros no.

(PS: Mi comentario a profgrrrl:)

Language is a loaded weapon, isn’t it? And even more so in loaded contexts. The more innocent the question, the more weighty its ratio of disproportioned implications. Give me Mercutio any day, "Give me a case to put my visage in. A visor for a visor" (i.e. use a mask instead of a face, and then put a mask on it).

La Universidad al servicio de la sociedad

O la universidad en peligro. Extraigo este párrafo de un artículo, "El carácter más esencial de las universidades en peligro." Internacional de la Educación, Mundos de la Educación, Nº 17, Enero-Febrero 2006.

"El carácter más esencial de las universidades y de la educación superior se encuentra en peligro", señaló Paul Bennett del sindicato británico NATFHE. Entre los ataques más frecuentes se encuentran la precarización y la dependencia cada vez mayor de personal con contratos temporales, combinada con el deterioro del libre ejercicio de la profesión; la comercialización de la educación superior y la investigación, la subordinación a intereses corporativos y al crecimiento del sector privado y la dependencia de las tasas estudiantiles, incluidas las tasas diferenciales; el debilitamiento de los sistemas de negociación colectiva y de los sindicatos; el gerencialismo y la aplicación de la medición cuantitativa del rendimiento y los resultados, lo que lleva a ejercer presiones en aras de la conformidad y la lealtad institucional; además de las intervenciones políticas y religiosas. "Estas tendencias, analizadas en conjunto, amenazan con minar las investigaciones y los análisis independientes y sirven para generar una cultura de la autocensura", concluyeron los participantes de la conferencia de la IE."

A quien le interese o preocupe esta deriva y súbito interés de la sociedad en reformar la universidad y hacerla "socialmente rentable" (¿o era "económicamente rentable?") le interesará marcar entre sus favoritos muy favoritos el sitio web de donde he sacado este artículo, Fírgoa: Universidade Pública (7 Feb. 2006).

¿Por qué digo que "poner la universidad al servicio de la sociedad" es ponerla en peligro? ¿No sería una frivolidad imperdonable, precisamente, no ponerla al servicio de la sociedad? Pues lo digo porque cuando oímos esta frase, normalmente nos llega con una falacia a cuestas. Porque se suele presuponer que la sociedad "al servicio de la cual" ha de estar la universidad es, precisamente, una ficción. O, más exactamente, es una sociedad a la cual se le ha amputado una pieza esencial: la universidad. Es decir, en realidad se quiere decir: "la universidad al servicio del resto de la sociedad"- -no de la sociedad tal como existe, sino de la sociedad sin universidad. Vaya. Esto ya suena peor, ¿eh? En efecto, al usar esa expresión oponiendo dos términos, "la universidad" y "la sociedad", se ignora que la universidad es parte de la sociedad, y que también ha de servir a esa parte de la sociedad que es universidad. ¿Servirse a sí misma? ¿Endogamia, u ombliguismo, quiero decir? Bueno, una dosis quizá sea inevitable. Pero eso es el lado negativo de la cuestión. También tiene un lado positivo. No endogamia o círculo vicioso, sino reflexión. Reflexividad. Retroalimentación.

Jacques Derrida escribió un lúcido artículo sobre esta relación problemática (invaginada, paradójica, circulatoria) entre la universidad y la sociedad, "Las pupilas de la Universidad: El principio de razón y la idea de la Universidad", recogido en el sitio web Derrida en castellano. Cito un párrafo relevante:

Ni en su forma medieval ni en su forma moderna ha dispuesto la Universidad de su autonomía absoluta y de las condiciones rigurosas de su unidad. Durante más de ocho siglos, "universidad" habrá sido el nombre dado por nuestra sociedad a una especie de cuerpo suplementario que ha querido a la vez proyectar fuera de sí misma y conservar celosamente en sí, misma, emancipar y controlar. Por ambas razones, se supone que la Universidad representa la sociedad. Y, en cierto modo, también lo ha hecho, ha reproducido su escenografía, sus metas, sus conflictos, sus contradicciones, su juego y sus diferencias y, asimismo, el deseo de concentración orgánica en un solo cuerpo. El lenguaje organicista va siempre asociado al lenguaje "técnico-industrial" en el discurso moderno sobre la Universidad. Pero, con la relativa autonomía de un dispositivo técnico, incluso de una máquina y de un cuerpo prostético, este artefacto universitario no ha reflejado la sociedad más que concediéndole la oportunidad de la reflexión, es decir también de la disociación. El tiempo de la reflexión, aquí, no significa sólo que el ritmo interno del dispositivo universitario es relativamente independiente del tiempo social y reduce la urgencia de la entrega, le asegura una libertad de juego grande y valiosa. Un lugar vacío para la oportunidad. La invaginación de un bolsillo interior. El tiempo de la reflexión es, asimismo, la oportunidad de una vuelta sobre las condiciones mismas de la reflexión, en todos los sentidos del término (...). Por medio de un dispositivo acústico, "oír" la escucha, dicho de otro modo, captar lo inaudible en una especie de telefonía poética. Entonces el tiempo de la reflexión es también otro tiempo, heterogéneo con respecto a aquello que refleja y proporciona, quizá, el tiempo de lo que llama a, y se llama, el pensamiento.

Claro, que bien puede ser que haya a quien el pensamiento le parezca un elemento superfluo en la universidad, o en la sociedad. Espero que sean pocos. Sí son más, creo, aquéllos a quienes esto del pensamiento les parece un ingrediente que hay que reducir a proporciones más razonables. Menos pensamiento y más formación profesional, he ahí una dimensión importante del debate actual.