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Vanity Fea

Retropost: Narnia

jueves, 18 de febrero de 2016

Retropost #653 (12 de diciembre de 2005): Narnia

 

Narnia
 

- Bueno, muy cristiana ¿no? con ese león sacrificado andando por el monte de los olivos... Ahora que el ritmo está bien, parece que no va a pasar nada, y luego ya ves. Está bien llevada. Y qué música más bonita, oye.
- Y qué paisajes. Claro, es Nueva Zelanda, esas montañas tan preciosas, con la industria que han montado ahí.
- Huy, y Polonia, y Chequia, y Honduras, y....
- Y la realidad virtual, claro, que antes esto no se podía filmar, o no valía la pena para hacer el ridículo.
- Sí, como King Kong en la vieja que coge a esa chica gigante de veinte metros en la mano mientras aparta aviones que parecen moscas.
- Me ape ver la nueva (¿ape, get it?).
- Bah, hacen los tiranosaurios muy barrigones, y con patas muy cortas.
- Sí, ya, pero es queriendo; ahí en  los dinosaurios eso sí es un caso de retrospección complicado: imitan no ya a los "de verdad" sino volviendo más reales a la idea de los dinosaurios que tenían en los años treinta.
- ¿Qué es lo que más os ha gustado de Narnia, nenes?
- A mí el ataque del centauro ese que atacaba con dos espadas, así saltando, y aún le quedaba un espadón para la reina.
- A mí la muerte del león.
- Hombre, Pibo, no seas así.
- A mí los castoles.
- También el señor Tumnus era bonito.
- Bueno, más bien un poco feo. Pero sí que parecía un fauno.
- Y Papá Noel no estaba vestido de lojo.
- Bueno, por lo menos tampoco movía las caderas, ¿no?
- Agg, sí, son siniestros, ¿te imaginas que te persiguiese uno de esos por el pasillo, "Ho, ho ho!! Jingle bells!! Jingle bells!!", con sus ojos sin vida?
- ¿Y lo más feo? ¿Ese enano calvo?
- Jo, cuanto peor lo trataban más quería. Así les va, claro.
- Le quitaban la gorra para limpiarle el morro al niño. Y era gruñón, como todos los enanos. Los cíclopes sí que eran feos. Y la reina bruja, era como entre guapa y repelente...brrrr. Aunque para mí el peor era ese hombre murciélago, tan flacucho, y chillaba, "Uikkhhj, uikjjj" Qué asco, si aleteaba y casi no podía volar. ¿Para qué inventarán cosas así?
- A mí la lucha. La guela. Cuando luchaban.
- En el libro no había grifos.
- Bueno, pero no desentonaban. Y los aviones del principio lo mismo: aunque no salen, es porque la inventaron en tiempos de guerra, sabes. ¿Y el más poderoso quién era?
- Hombre, pues Aslan. ¡Se creían que lo podían matar, pero luego ataca, y zas, se le come la cabeza a la bruja!
- Es una lección para el niño mentiroso, que no era malo, pero cabezón sí, y al final traiciona por nada, por unas chuches.
- Sí, Judas; aquí lo perdonan, en el original no queda tan claro.
- Por unas delicias turcas.
- Hmm. Qué ricas parecían. Habrá que probar esas delicias turcas.
- Uf qué críos, por dios. Y cuidado con los armarios, ¿eh?


Retroposts


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Panel on Adam Smith as Moral Philosopher

miércoles, 17 de febrero de 2016

Panel on Adam Smith as Moral Philosopher

 






Una mente maravillosa






 

A Beautiful Mind. Dir. Ron Howard. Screenplay by Akiva Goldsman, based on the Novel by Sylvia Nasar. Cast: Russell Crowe, Jennifer Connelly, Paul Bettany, Adam Goldberg, Judd Hirsch, Josh Lucas, Anthony Rapp, Christopher Plummer. Music by James Horner. Ed. Mike Hill and Dan Hanley. Prod. Des Wynn Thomas, Photog. Roger Deakins. Exec prod. Karen Kehela, and Todd Hallowell, Prod. Brian Grazer.  Dreamworks Pictures / Universal Pictures / Imagine Entertainment, 2001. Spanish VHS: Una mente maravillosa. Dreamworks Home Entertainment, 2002.* (On John Nash, paranoid mathematician).

La Quête 2

miércoles, 17 de febrero de 2016

La Quête 2

 





Retropost: Tres sueños

miércoles, 17 de febrero de 2016

Retropost #651 (11 de diciembre de 2005): Tres sueños: Solo ante el Juicio, Los Carteles, El Alojamiento Rural



Solo ante el Juicio
En un hospital, creo, mientras mi padre y mi hijo mayor dormitaban, yo miro la tele. Están echando un reality show experimental, centrado en los efectos indirectos que las situaciones extremas tienen sobre la gente. En esta ocasion, entrevistan a unos cantautores gallegos, que viven en Madrid, y han traído parte de su música para el programa. Comentan sus peinados (pelo gallego cortado en plan moderno), tocan un poco la guitarra. Luego les pasan un videoclip sobre la situación extrema de su pueblo (o quizá la extraen directamente de una caja, en el estudio). Yo lo veo por la tele. Es un monstruo -- un humano, con familia, que lo muestran al show. Tiene algo de enfermo terminal, algo de contorsionista de circo, mucho de anoréxico o de judío de Auschwitz. Piel estropeada, fláccida en los huesos, la cabeza vuelta atrás de modo imposible, y estrecha como un cilindro, la mirada nublada, más de cosa que de persona. Se mueve, se desplaza sobre la mesa, a pesar de tener los miembros descoyuntados o retorcidos en posiciones forzadas como si fueran los miembros de un animal, puede moverse con dificultad, rodando, a cuatro patas con el pecho vuelto hacia arriba y la cabeza erguida, adoptando posturas y torceduras que ningún humano ni animal ha utilizado nunca para moverse. Las cámaras lo filman de modo que lo hacen aparecer de manera ambivalente a la vez resaltando las dificultades de sus movimientos e imprimiéndoles cierta gracia. Miro con alivio que Álvaro está dormido y no puede ver el espanto que aparece en la pantalla, porque realmente están mostrando uno de los límites del horror que pueda tener la existencia humana. (Luego comento lo que han echado y me pide una descripción, pero prefiero no decirle mucho). Uno de los cantantes gallegos vivía en el pueblo del monstruo. Cuenta que decidió dejar su pueblo por no tenerlo cerca, sentía que sólo su existencia cerca le envenenaba la vida, y le impedía llevarla al nivel de posibilidades que él deseaba -- era como un lastre espiritual. Máxime porque en el pueblo él también cantaba, en fiestas y demás, y el monstruo no dejaba de estar en primera fila, dando palmas, parecía revivir con eso. Ahora el cantante se enfrentaba a él en el programa de televisión como quien purga un pecado, como esas parejas de telebasura que se dedican a reñir en directo, o a reconciliarse en directo. Era por dinero, creo, y también por explorar las ambigüedades de la experiencia. Había reconstruido su vida, no había vuelto al pueblo nunca más, pero se había sentido impelido a venir al programa, y a ver una vez más al monstruo en la pantalla del estudio (no lo miraba mucho, sin embargo), como manera de reconocer que nunca se había quitado ese peso de encima. El programa estudiaría otros casos, otras vidas tocadas de refilón por las experiencias límite. En cualquier caso, pronto el monstruoso enfermo volvía a su caja, sus cuidadores se lo llevaban en una camilla, ya esperaba una ambulancia fuera del estudio, el programa terminaba.

Pero yo no sólo tenía que narrar el programa, pronto me veía transformado en médico o ginecólogo, que tenía que tomar una decisión de vida o muerte sobre este mismo monstruo, que acababa de nacer, o estaba en peligro. No sé cómo era yo el responsable repentinamente de que tuviese que vivir o morir -- tenía que decidir por otras personas que iban a tener que vivir con él, de hecho por toda la raza humana, o por mí mismo -- porque la característica más terrible del monstruo (todos los horrores de su presencia no eran sino una metáfora de esto) era la manera en que empobrecía y degradaba la vida que transcurría a su alrededor, cómo la naturaleza misma de la existencia cambiaba por el hecho de tener que existir en presencia suya. Y me encontraba con que no podía tomar yo esa decisión de vida o muerte, era angustioso porque pensaba en el Juicio Final, y en lo desautorizados que estamos para juzgar, y en la responsabilidad por la vida y el sufrimiento de los demás, y no tenía bases para juzgar, no podía hacer nada, estaba angustiado por no encontrar la solución, pero necesitaba una, estaba en el quirófano, una figura de autoridad, había que decidir ya. Y entonces encontraba si no una solución, un refugio: me refugiaría en la Duda. La Duda sería un espacio hueco, oscuro, que me acogería, yo podría acurrucarme en él, y estaría allí a salvo de todas las decisiones que tuviera que tomar, en especial esta terrible decisión sobre el monstruo (¿tendría alma?).

Y entonces me despertaba, o me he despertado, y he visto que en efecto estaba acurrucado en la oscuridad, y que realmente me atormentaba ese sueño, y que tampoco despierto tenía elementos de juicio ni bases para una decisión. Pero que la tenía que tomar. Estaba flotando en el vacío, no veía nada, no tocaba a nadie -- ¿quizá podía extender el brazo, y cerciorarme de que estaba en algún sitio en concreto, y cerca de alguien, en lugar de en una oscuridad abstracta, sólo una mente ante una decisión? Pero estaba prohibido hacerlo, era eludir el problema, era hacer trampa, había que seguir allí hasta que tomase una decisión, adoptase una solución, la Duda sólo daba un refugio imperfecto. Pero ahí me he encontrado, solo ante el Juicio, y sin saber qué hacer, sabiendo que era un problema irresoluble, una responsabilidad a la vez imaginaria e inmensa, con Dios observando quizá desde las tinieblas. Hasta que me he levantado, por salir de esa tierra de nadie de la oscuridad. Ahora ya está aquí expuesta la cuestión: y sigue aquí en tierra de nadie.


Los carteles

Me movía yo, como un ejecutivo con futuro prometedor, por la ciudad, con mi maletín a cuestas, observando puntos estratégicos y enviando información por correo electrónico ("Estimado compañero...", etc. etc.). El paisaje combinaba elementos de mi barrio hoy, de un laberinto de accesos y rampas, y de las pistas de esquí donde iba de pequeño en mi pueblo, cerca del canal de Jarandín. Tenía que cruzar una avenida, acercarme a una calle donde un cartel electrónico contenía muchos datos que yo necesitaba almacenar, mi lápiz electrónico wifi no los cogía desde el otro lado de la calle. Y no sabía si dejar un momento el maletín en un portal, a la vista, mientras pasaba al otro lado de la calle apuntando el chisme. En cualquier caso, mi preocupación por el maletín resultaba justificada, porque tras entrar en una clínica o facultad de grandes pasillos, buscando el baño, veía que me lo había dejado en algún sitio. Preguntaba a grupos de enfermeras o conserjes, sin éxito. Miraba por las calles, pasaba al lado de la iglesia del barrio, por paredes de ladrillos con carteles viejos pegados. Entre ellos descubría varios carteles que había pegado yo mismo hacía años, y me sorprendía que aún siguiesen allí. Scripta manent. Eran carteles donde yo anunciaba algún tipo de publicación que había hecho , o un libro, o un método para algo que había desarrollado y que por aquel entonces quería promocionar, pero que ahora ya no formaba para nada parte de mis prioridades. Y miraba yo con cierta vergüenza y nostalgia la retórica exclamativa de esos carteles, que proclamaban que si el método del doctor García, autoalabanzas y exclamaciones para aquí y para allá, compre usted esto. Además se veía que eran carteles hechos con una impresora desfasada, muy de su época, que en tiempos habrían parecido carteles normales pero hoy se veían autoeditados, y con una estética que traicionaba que era el propio autor el que se promocionaba. Todo eso me molestaba, sobre todo el hecho de que (aunque muchos faltasen) todavía hubiese después de tantos años varios de esos carteles por ahí pegados, con otros carteles medio arrancados y medio tapándolos, pero demasiado visibles en conjunto. Máxime cuando descubro, en una zona al final de la calle, por donde se entraba a alguna oficina de una sociedad de autores, descubro digo una pintada hecha con una plantilla troquelada o stencil que decía "Aclaramos que en este establecimiento NO distribuye ejemplares de ese método ’tan bueno’ del Dr García" o algo similar. Vaya, eso sí que me sonrojaba, era como un comentario negativo en un blog, parecía un ataque directo y personalizado, una burla de mis carteles y de mi antiguo método (que ya de por sí me avergonzaban). Para alivio mío, descubría dos cosas, on closer inspection: una, que había también otros carteles de protesta contra algunas políticas de esa sociedad de autores, con lo que la atención se dispersaba; y dos, que la pintada supuestamente hecha con plantilla (dios mío, ¿habrían hecho muchas?) en realidad estaba hecha a mano, imitando la forma de las letras de una plantilla, se notaba. Los carteles irían desapareciendo con los años (mira que duraban) y poca gente vería esa pintada indignante.

El alojamiento rural

Por recomendación de mi padre, habíamos ido a acampar con los críos a un pueblo francés, o pirenaico, a la granja de unos medio parientes donde quizá estuviese él. Pero no estaba allí alojado, y nos señalaban un prado elevado rodeado de una pared de piedras, donde podríamos plantar la tienda. Previo pago de veinte euros. A mí me sorprendía el precio, porque además no había derecho a cocina ni baño en la casa vecina, y protestaba un poco, pero los propietarios, unas mujeres y granjeros, la madre y la hija, eran inflexibles, y yo pagaba diciendo que ya me habían visto para otra vez, y la hija, en vestido de bata y pantalones debajo, se trabucaba y pedía doscientos mil, veinte mil euros, yo le daba los veinte aún pensando con alivio que podía haber sido más. El parentesco no lo acababa yo de ver. Me molestaban además los animales de la granja, unos perros que ladraban ferozmente y luego sólo querían caricias, me irritan los perros y su manera de pedir las cosas; también me molestaba que los niños se habían metido hasta el fondo de la vivienda rural y estaban viendo la tele, sentados en el suelo de tarima, o gateando como en su propia casa, como si tuviésemos tan buena relación con estos aldeanos. Que además ya se iban, estaban cerrando la casa, vamos, niños, salid de ahí de una vez. Con las prisas orinaba en unas macetas (el baño no estaba obvio) esperando que no lo descubriese nadie, luego echaba agua del lavabo para quitar el olor, con tan mala fortuna que se mojaba toda la pared, pintada de blanco y con esa pintura azul claro fuerte, que quedaba desvaíada y con las líneas emborronadas. Y los niños también venían; pasaban las aldeanas con sus maletas, cerrando la casa, pero bueno, aunque miraban la pared no se daban cuenta de nada, e iban bajando el equipaje a un coche o tractor que les esperaba. Mientras, los niños contemplaban a los animales: un caballo sonriente y un perro, embarcados en una actividad sexual de consuelo mutuo nunca antes vista (en mi experiencia de las granjas). Yo pensaba que bueno, así van aprendiendo cosas de la vida; el aldeano mientras se iba se reía y comentaba algo en la línea de aprender mirando, pero cuidado con aprender demasiado, y luego con probar... Lo más extraño de este sueño es que tenía una conexión con el anterior; de hecho eran el mismo, creo, pero en su estado actual no tienen mucho en común.




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Retropost: Synchronicity

miércoles, 17 de febrero de 2016

Retropost #650 (10 de diciembre de 2005): Synchronicity



Estoy leyendo un artículo de Kenneth Burke, muy interesante, sobre "Terministic screens": viene a decir que el mundo es del color del cristal con que lo miramos; nuestras terminologías y conceptos acotan la realidad según las prioridades de cada cual; sobre lo real (sea lo que sea eso) cada cual seleccionamos una perspectiva.

Mientras, Oscar está jugando con un garaje de rampas y ascensores, concentrado en lo suyo. El abuelo, con la manta en las rodillas, lo observa también ensimismado, y comenta: "Mira cómo juega el niño... Cada cual vive en su mundo, hombre".

Me vienen a la cabeza los versos de Blake:

The child’s toys and the old man’s reasons
Are the fruits of the two seasons.


En el mismo poema, "Auguries of Innocence", dice Blake:

The Emmet’s Inch & Eagle’s Mile
Make Lame Philosophy to smile.


Y es que para cada cual se asocian las ideas como le vienen a la cabeza.


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Andando por el puente de San Miguel

miércoles, 17 de febrero de 2016

Andando por el puente de San Miguel

 

 

Andando por el puente de San Miguel

Retropost: Hoy tengo sueño

miércoles, 17 de febrero de 2016

Retropost #650 (10 de diciembre de 2005): Hoy tengo sueño

 

Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que ante las dificultades del momento, yo tengo sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el "sueño americano".

Que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo ("Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales")...
... es un sueño.

Es un sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.

Es un sueño que un día incluso el estado de Misisípi, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.

Es un sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.

Hoy tengo sueño.

Es un sueño que algún día los valles serán las cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.

Todo es un sueño.

Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen, continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.




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