Me envía esta comunicación ResearchGate:

Muchas de las sorprendentes lecciones de Yuval Noah Harari vienen de mucho más lejos en la tradición materialista-naturalista. Pero hay mucha gente dispuesta a oír a Hobbes por primera vez a través de este autor. Por ejemplo, expone Harari la idea de que los derechos humanos son una construcción social, y que no son en absoluto naturales. Aquí tenemos a Hobbes hablando de lo mismo en Leviathan, cuando trata del mítico/teórico "estado de naturaleza" originario de la humanidad, definiéndolo como un estado de guerra de todos contra todos:
La propia naturaleza humana, nos dirá Hobbes, lleva a la sociabilidad y a la ley (a la ley avalada por la fuerza), que son necesarias para la construcción de todo el orden humano. Que éste es un orden construido, y dependiente de las relaciones sociales, es la gran lección constructivista (no inmediatamente asimilada) que orienta todo el Leviatán. El poder absoluto de la sociedad, encarnado en el Monarca, es para Hobbes la condición que permite la edificación de un orden propiamente humano, un orden institucional y cultural, distinto del orden originario de la naturaleza. Se halla en Hobbes por tanto el modelo de un constructivismo muy sabio, que reconoce la convencionalidad del orden de las instituciones y las imaginaciones humanas, pero asienta en la naturaleza humana la necesidad de estas construcciones.
No me resisto a citar también la definición que da Hobbes de las diferencias entre religión y superstición. Con la religión andaba con cuidado Hobbes, y encontramos en él ortodoxos pronunciamientos sobre la verdad de la Revelación y sobre la diferencia absoluta entre nuestra religión (que es verdadera) y las otras (que falsas). Pero es que hay que leer esto con cuidado. Aquí mucha sorna, además de mucha prudencia con las autoridades... pues para Hobbes ése es el caso en todas partes: la religión local es siempre la auténtica y la de los vecinos es la falsa—¡Y no va a ser Inglaterra la excepción! Así que, como dijo Cristo, quien tenga oídos, que oiga.
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Un excelente documental exponiendo las teorías de Celso García de la Riega y de Alfonso Philipott sobre el origen pontevedrés de Colón. Desde mi ventana veo su pueblo, vamos. (En la foto de abajo, es donde las luces al fondo). Y en el castillo de Sotomayor estuve hace nada, casi me cruzo con Rajoy en el puente levadizo.
La historia de Colón como el alias de Pedro Álvarez de Sotomayor, Pedro Madruga, tiene, además de incontables pruebas que no tienen los genoveses ni los catalanes ni los mallorquines, el mérito de ser una historia mucho más dramática, con un potencial narrativo inmenso. En un país normal habría dado esta historia secreta para varias miniseries (una por cada vida de Colón) y para épicas superproducciones incluyendo frailes intrigantes, corsarios, reinas, nobles levantiscos, noblesas casquivanas, rivalidades fraternas, traiciones, guerras y derrotas, cambios de identidad, política internacional e intercontinental, y misterios y secretos familiares. Si non è vero, está ben trucado.
Y habría que hacer otra película o documental sobre cómo intereses, vigilancias mutuas, provincianismo (español, no gallego) y borreguismo profesional han llevado a mantener esta historia oculta y deliberadamente ignorada.
Es que la Universidad española, y las Academias españolas, son extremadamente ovejunas.
O rascando, al menos, mi techo. Hace un mes escribí cómo, en mi concurso particular de posicionamiento en el repositorio de la Social Science Research Network, he tocado techo en el puesto 5. En mis previsiones entraba el empezar a bajar, desde ahí hasta la inexistencia, en suave o brusca pendiente. Y en efecto, empiezo a bajar en algunos parámetros, pero en otros —miren lo que es la inercia, o la pura masa adquirida— aún he seguido subiendo un poquillo. Así que aquí están lo que según se mire podrían ser mis mejores datos hasta ahora, con un posicionamiento global en el puesto 598 (de entre unos 300.000 autores académicos), un récord máximo en el puesto 5, por artículos contribuidos este último año, y un glorioso puesto global en las escaleras del pódium, en el número nueve (mundial, digo) por número total de artículos.
De aquí, a peor. Así que disfrutemos de este momento en que volé tan alto tan alto.