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Evolución

Spandrels and Exaptive Behavior

Spandrels and exaptive behavior

Stephen Jay Gould called those structural or functional traits riding piggyback on traits selected for fitness "spandrels". One further way in which they may make an evolutionary story more complicated is by (sometimes) becoming functional and adaptive in a different context, or by allowing the organism to develop an emergent behavioural function. E.g. the ability to create vivid imaginary worlds may be a side effect of a big brain selected for adaptive intelligent behavior, but then these imaginary constructs (religion, rituals, myths, shared stories, fictions) may provide useful vehicles for socially useful beliefs, behavior, which in turn may help make a group more competitive in terms of the transmission of social knowledge and the development of ideologies of social cohesion or help maintain an efficient social organization. A complex and efficient society may in turn lead to further emergent modes of social behavior and cognition. The dynamics of selection, adaptation, exaptation and emergence is complex indeed, and makes for interesting stories.

(A comment to a post by Norman Holland on literary darwinism).

 

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And a comment on literary darwinism on the PsyArt list:

Norm & all,
 
Like any other 'ism', literary Darwinism might provide a useful way to approach literature--but also like any other ism, it has limits.
 
If the purpose of storytelling is to further our own evolution as a species, sure, work from authors like Jack London might have "instructional value."  And I'm thinking mostly of turn-of-the-century Naturalist authors who, no surprise, were writing when evolution was still scientifically groundbreaking.  Once you move beyond modernism into the "postmodern era" (at least as defined by most literary historians/critics), where you have experimental, genre-bending, absurdist, meta-fictional literature, etc, the theory runs into trouble. Currently I'm reading DeLillo's Underworld--and I suspect any Darwinist interpretation of that epic would be *way* too simplistic.
 
It (literary Darwinism) just seems like another critical movement which will itself follow an evolutionary trajectory.  It'll gain traction, maybe have a devoted following of practitioners for a while, and either morph into something new, or die out.  :-)
 
Best,
Jason Roberts
Doctoral candidate, English
Oklahoma State University


In the beginning — in the beginning


El ¿pernicioso? legado de la Gran Cadena del Ser

(Una curiosa paradoja en el evolucionismo)

 

O, quizá, complexity and integration in a (hierarchical universe. Sigo leyendo a ratos sueltos Evolución, de Dawkins, y me temo que voy a tener que seguir apostillando algunos de sus conceptos. En el capítulo sobre "¿El eslabón perdido? ¿Qué significa 'perdido'?" —hay una sección titulada "El pernicioso legado de la Gran Cadena del Ser", en la que Dawkins argumenta contra la idea de que exista algún tipo de jerarquía evolutiva en la Naturaleza. Es la tesis fashion entre algunos biólogos: creer que "todos los seres vivos estamos igualmente evolucionados":Chain of Being

Detrás de gran parte de las demandas de "eslabones perdidos" hay un mito medieval, que ocupaba las mentes de los hombres justo hasta la época de Darwin y las confundió pertinazmente a partir de entonces. Es el mito de la Gran Cadena del Ser, según el cual todo el Universo descansa sobre una escalera, con Dios en la parte más alta, luego los arcángeles, luego varios rangos de ángeles, luego los seres humanos, luego los animales, luego las plantas y luego las piedras y otras creaciones inanimadas. Dado que esto procede de una época en la que el racismo era normal, no necesito añadir que no todos los seres humanos estaban situados en el mismo peldaño. ¡Oh, no! Y por supuesto los machos estaban un peldaño por encima de las hembras de su clase (que es la razón por la que escribí "ocupaba las mentes de los hombres" en la frase inicial de esta sección. Pero fue la supuesta jerarquía dentro del reino animal la que tuvo mayor capacidad para enturbiar las aguas cuando entró en escena la idea de la evolución. Parecía natural suponer que los animales "inferiores" evolucionaron hacia animales "superiores" (...) pero el mito de la escalera completa está profundamente mal planteado y es antievolutivo, como mostraré ahora.
    Las denominaciones "animales superiores" y "animales inferiores" se nos escapan tan fácilmente de la boca que sorprende darse cuenta de que, lejos de encajar con naturalidad en el pensamiento evolutivo, como uno podía suponer, eran, y son, profundamente antitéticas con él. Pensamos que sabemos que los chimpancés son animales superiores y las lombrices inferiores, pensamos que siempre hemos sabido lo que esto significa, y pensamos que la evolución lo evidencia de forma aún más clara. Pero no lo hace. No está en absoluto claro lo que significa. O, si significa algo, significa tantas cosas diferentes que es desorientador, e incluso pernicioso. (Dawkins, Evolución 146-47).
 


Luego pasa revista Dawkins a las posibles fuentes de error que nos llevan a creer en animales superiores. La implicación está también clara: el hombre tampoco es un animal superior, y no puede decirse (a juicio de Dawkins) que sea superior a los animales, es una afirmación que en sus parámetros evolucionistas no tiene sentido. Ahora bien, en los míos sí. Y en la Gran Cadena del Ser, aunque en efecto es pre- o antievolucionista, encuentro, al contrario que Dawkins, interesantes elementos protoevolucionistas.
 

Veamos algunas de las refutaciones de Dawkins a preguntas "tontas" sobre la complejidad y la jerarquía evolutiva:

¿Los monos evolucionaron a partir de las lombrices, o los humanos a partir de los monos?
No, nos dice: ningún ser vivo ha evolucionado a partir de otro que exista en la actualidad, aparte de algunos casos de especiación reciente o en curso. Hasta ahí estamos en líneas generales de acuerdo, y ya lo decía yo también: yo no desciendo de ningún chimpancé.

¿El antepasado común de los monos y de las lombrices se parecía más a una lombriz que a un mono? 
Bueno, a esto sí que le ve más sentido Dawkins, algunos animales han cambiado más que otros a partir de un antepasado común. (Por aquí podría empezar a hacer agua su argumento, por cierto). Quedará por ver cómo se mide la cantidad de cambio—y si hay algún cambio que podamos decir que lleva a un animal a un nivel de superioridad. Dawkins o bien cree que no, o bien se acaba de embarcar en un razonamiento contradictorio.

Otros argumentos "tontos" que usamos según Dawkins para apuntalar lo que llama "esnobismo zoológico": ¿Los monos son más inteligentes [o más guapos, tienen genomas más grandes, diseños corporales más complejos, etc.] que las lombrices? Son muchos criterios distintos, y por lo mismo no funcionan coordinadamente. Pero vuelve a fallar el razonamiento de Dawkins: primero porque (a) hay que refutar cada argumento por separado, no el pseudoargumento según el cual todas estas cosas irían unidas necesariamente en el mismo paquete. Además, cuando hablamos de "superioridad" nos referimos antes a unos tipos de superioridad que a otros. Admiraremos la complejidad y superioridad relativa de una complejísima orquídea que ha coevolucionado con una mariposa; y puede ser un criterio para considerarla una "planta superior", suponiendo que este concepto sea de aplicación—pero es la inteligencia, la superior entre las cualidades superiores. El tamaño del genoma que yo sepa no le ha preocupado jamás a nadie para estas cuestiones, igual que nadie mide la superioridad de los animales con una balanza, según cuál pesa más. Así que... no dejemos que nos escamotee Dawkins el argumento de la inteligencia superior, mezclándolo con otros indebidamente. Otra cosa es que sea fácil de definir la inteligencia, que no lo es. 

Otro argumento "tonto" más: ¿Los monos se parecen más a los seres humanos que las lombrices? Pues sí, dice Dawkins, pero se pregunta "¿Por qué elegimos a los humanos como estándar por el que juzgar a los otros organismos?" (149). Realmente consigue Dawkins que suene fatuo hacerlo, pero hay que contestar que lo hacemos porque somos humanos— y Dawkins también. La evolución no se dirige a los humanos, arguye—evidentemente, se dirige en muchas direcciones distintas, pero hay una que en concreto que no es indiferente ni para los humanos ni para la Ciencia deshumanizada. ¿Por qué tampoco para la Ciencia Deshumanizada? Pues muy sencillo: porque la Ciencia Deshumanizada no existe sino en apariencia. Toda ciencia es una actividad humana, y torpe ciencia es la que ignora esta cuestión: aún le falta un hervor, podríamos decir.
great chain of being

También descarta Dawkins (y podemos descartar) que "superior" sea el mejor adaptado a su medio, el que mejor sobrevive, etc.  Seguramente no sobreviviremos, pero eso no nos hace inferiores a las cucarachas. Y así cierra Dawkins su fatuo razonamiento:

"Espero haber dicho lo suficiente como para mostrar que es una tontería intentar situar a las especies modernas en una escalera, como si fuera obvio lo que significa 'superior' e 'inferior', y también lo antievolutivo del intento. Podemos imaginar muchas escaleras; algunas veces tendría sentido ordenar a los animales en varias escaleras por separado, pero las escaleras no se correlacionan bien entre sí y ninguna de ellas tiene el derecho a ser llamada una 'escala evolutiva'". (149)
 


Bien, es cierto que los seres vivos más grandes y pesados vienen evolutivamente después de otros más ligeros y pequeños, por necesidad. Pero no dice eso mucho, ni es esa escala la que nos interesa, aunque sea impecable desde algún punto de vista. No estamos pensando en todas esas escaleras de complejidad diversa, sino en una muy concreta: la que nos permite subir al lugar donde se hacen escaleras. Y en esa escalera, resulta que el hombre está tan lejos de los demás animales como Dios está de los demás seres en la Gran Cadena del Ser: está en otro plano realmente, no sólo "encima" (cosa que Dawkins parece no entender muy bien tampoco). Y esta es una paradoja del evolucionismo: a la vez tenemos que reconocer cómo procedemos de los animales, sin minimizar la distancia que nos separa—porque eso no sería hacer ciencia, sino pseudociencia, y además no sería realmente evolucionista el trabajar con un concepto de evolucionismo que surge de ninguna parte, o que está flotando en el cosmos sin ningún animal superior que lo elabore—como si tales idealismos fuesen posibles. El evolucionismo auténtico tiene que considerar la complejidad de la cognición humana: que tiene raíces en la cognición animal y sin embargo va mucho más allá, cosa que nadie sospecharía leyendo a Dawkins. Vale la pena estudiar las analogías y raíces de la cognición humana y la animal: los córvidos hablan, y Dawkins en efecto es pariente lejano de las chovas, pero no esperemos de ellos dudas existenciales—nevermore— ni una teoría de la evolución que se explique a sí misma.

La paradoja es, lo intentaré explicar mejor... que los intentos de Dawkins por poner al hombre al mismo nivel de complejidad evolutiva que los demás animales son contradictorios, o self-consuming como diría Stanley Fish. Porque sólo ponemos al hombre al nivel de los demás animales considerándolo en tanto que animal—y la ciencia deja sin explicar, y sin evolucionar, la complejidad cognitiva que permite su propia existencia. El minimizar la complejidad del fenómeno humano lleva a una visión de la ciencia que es idealista y sólo aparentemente evolucionista.

En suma, que el argumento de la complejidad cognitiva ni lo llega a considerar Dawkins, barriéndolo debajo de la alfombra hecho un rebullón con el genoma largo y demás. Es un argumento relevante, porque una ciencia tiene que poder dar razón de sí misma, y eso no se hace sólo con un genoma largo: se hace con complejidad cognitiva, con una teoría de la evolución que permita definir el sentido evolutivo, y biológico, y cognitivo, de los conceptos, y del concepto teoría, y del concepto teoría de la evolución. No hay ni que decir que la física sólo, o la biología sólo, no se ocupan de estas cuestiones. De la Evolución cabe sólo un trocito en la biología: otra parte la explica la física, otra parte la geología, y otra parte las humanidades. Sí, me temo que sí: las Humanidades, en el seno de las cuales se estudian las teorías de la evolución. Dawkins parece que se encuentre la teoría de la Evolución como un hecho de la naturaleza, sin entender que es algo que ha de tener un lugar en sí misma, autoexplicarse reflexivamente—y que esa cuestión de la reflexividad de la propia teoría es crucial a la hora de definir cuestiones como la complejidad o la superioridad. Que es siempre superioridad del espíritu, no del cuerpo ni de las garras. Pretender que la biología de Dawkins se reconozca a sí misma como un fenómeno biológico, me temo que es pedir peras al olmo: es como pesar la longitud del genoma con una balanza, de precisión, y proclamar que no hay genomas simples o complejos.


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Una corrección tengo que introducir, una vez terminado el libro de Dawkins. Hacia el final de su razonamiento, sí hace sitio Dawkins, a modo de conclusión, a lo que podríamos llamar la paradoja del observador improbable.  Somos altamente improbables, y sin embargo existimos: Dawkins traza lo que sabemos de la manera en que la simplicidad da lugar a la complejidad, y (por fin) incluye la observación de la complejidad como una de las modalidades de la complejidad, en lo que viene a ser su propia versión del principio antrópico. La modalidad culminante de lo complejo y complejidad suma, podríamos decir, es la que se incluye a sí misma reflexivamente.   Puede que la vida sea un acontecimiento muy raro, y sin embargo se da. Si nos atenemos a la hipótesis del multiverso, puede que sean mucho más numerosos (no lo sabemos) los universos en los que no hay alta complejidad, ni vida, ni pensamiento. Pero esos universos no son observados, y el universo puede aparecer como fenómeno sólo a un ser pensante—de ahí que Dawkins titule su libro Evolution: The Greatest Show on Earth (se ha traducido como Evolución: El mayor espectáculo sobre la Tierra).

"No podría haber sido de otra manera dado que somos capaces de darnos cuenta de nuestra existencia y de hacer preguntas sobre ella. No es un accidente, como los cosmólogos nos recuerdan, que veamos estrellas en nuestro cielo. Puede haber universos que no contengan estrellas, universos cuyas leyes físicas y constantes dejen el hidrógeno primitivo extendido uniformemente en lugar de concentrado en las estrellas. Pero nadie está observando esos universos, porque las entidades capaces de observar no pueden evolucionar sin estrellas. (...) Podríamos recorrer las leyes de la física, una por una, y decir lo mismo de todas ellas: no es un accidente que veamos (...) no es un accidente, sino la consecuencia directa de la evolución por selección natural no aleatoria: la única obra que en escena, el mayor espectáculo del mundo."


De este modo, el argumento de Dawkins, después de desacreditar a la tesis de la complejidad ejemplificada en la Gran Cadena del Ser, vuelve a introducir la complejidad por la puerta trasera, o quizá por la principal y con fanfarria: lo hace primero definiendo la vida como un fenómeno inherentemente informacional (a nivel de código genético primero, de memoria biológica después, de complejidad cerebral más adelante, y por último de externalización de la información en objetos culturales). Es una recuperación de la teoría de la complejidad, pero recargada y con argumentación biológica. El razonamiento de Dawkins, después de ignorar activamente que la complejidad cognitiva pueda tener alguna relevancia evolutiva, viene a recuperarla por la propia lógica del fenómeno estudiado, y a convertirla, con un razonamiento antrópico y un giro reflexivo, en el vértice mismo de la teoría evolucionista. No sé si esto es muy coherente con los razonamientos sobre complejidad de la primera parte del libro... pero lo que está claro es que la argumentación de Dawkins ha evolucionado y se ha hecho más compleja.

Evolución de la evolución


 

Neandertales pirenaicos


En La Vanguardia, un reportaje sobre el yacimiento de La Roca dels Bous, donde los arqueólogos sugieren que neandertales y homo sapiens coexistieron sin intercambios culturales: una película de 50.000 años de prehistoria.

También tienen una web en http://www.larocadelsbous.cat

A ver cuándo empiezan a investigarse los yacimientos por la sierra de Guara, o por mi valle, que seguro que los hay esperando allí escondidos. (Yacimientos atribuidos a neandertales en Huesca han encontrado en Huesca ya en Gabasa y en Las Fuentes de San Cristóbal. Aquí hay un artículo sobre La Roca dels Bous en el contexto de otros yacimientos prehistóricos de Cataluña y Aragón).

Otros estudiantes de los neandertales, por cierto, sugieren que hubo incluso una mezcla entre las dos (sub)especies de humanos. Así, los europeos seríamos descendientes de neandertales y homo sapiens, a diferencia de los africanos, que al parecer no se han mezclado con neandertales. A mí no me extrañaría tener algún neandertal como antepasado; por la lógica de las cosas, más me extrañaría tener a un bosquimano o a un zulú.

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La mirada del Neandertal

A finales de mes, salen en El Mundo más noticias sobre la hibridación entre homo sapiens, neandertales y denisovanos. Al parecer es en efecto abundante en el norte de Europa y en Asia lejana, y nula en Africa. Hasta una media 2,5 % del genoma de humanos modernos puede proceder de estas subespecies, y hay un foco en concreto en la región donde se unen China, India y Birmania, donde la población tendría hasta más de un 6% de genoma de estos otros humanos, aunque el artículo destaca también el porcentaje de Melanesia (o sea, los aborígenes australianos y poblaciones emparentadas). Según el mapa, también parece nula la hibridación en España (extrañamente: creo que habrá que corregir este mapa por ejemplo sobre la base de unos restos de apariencia híbrida encontrados en Portugal), pero claro, en cualquier caso las poblaciones españolas también proceden de otros lugares del mundo. Tal como lo entiendo, la hibridación debió ser especialmente frecuente entre las pequeñas primeras poblaciones de Homo sapiens en su periplo out of Africa, y los neandertales u otras poblaciones anteriores en el norte de Europa, y en Asia lejana, antes de que estas primeras poblaciones asiáticas se distribuyesen a su vez por Oceanía.

 

 

Neandertals Live
 



 




Meme(z) de Dawkins

martes 2 de agosto de 2011

Meme(z) de Dawkins


Quizá se haya apeado Dawkins de su teoría de el gen egoísta, que nos hubiera llevado a concebir los genes como el único sujeto evolutivo o el único nivel en el cual se jugaba la selección natural—una idea ésta un tanto repugnante para los que nos consideramos como algo más que un amasijo de genes, o un epifenómeno de sus maquinaciones inconscientes.

Pero sigue predicando a modo de meme recurrente un darwinismo selectivo absurdamente estricto, basando la selección natural en una pura lucha o competencia de individuos contra individuos, siendo que el propio Darwin reconocía cómo las dinámicas de grupos eran una dimensión a tener en cuenta en la selección natural. Dawkins habla así a pie de página en Evolución: El mayor espectáculo sobre la Tierra (2009), supuestamente aclarando los conceptos que utiliza:


"No deje que le engañe el desafortunado subtítulo del gran libro de Darwin:El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida. Está bastante claro a través del propio texto que Darwin no se refería a las razas en el sentido de 'Grupo de personas, animales o plantas conectados por origen o descendientes comunes' (Oxford English Dictionary, acepción 6.1). Por el contrario, él trataba de referirse a algo como lo que expresa la acepción 6.II de ese mismo diccionario: 'Grupo o clase de personas, animales o cosas que comparten una o varias características'"— (p. 67 n.8),


—cuando es obvio que para la noción darwiniana de la evolución la ascendencia común y la descendencia con modificación es un concepto absolutamente crucial, y no basta con tener "características comunes" (—algo que a continuación Dawkins reformula a una cosa que no es lo mismo en absoluto, a saber, compartir el mismo alelo concreto a nivel genético). Ictiosaurios y delfines compartirían algunas características comunes, pero no por poseer un genoma similar. Aún peor sigue la explicación de Dawkins, rechazando el concepto de selección de grupo:


"El malentendido de la lucha darwiniana por la existencia como lucha entregrupos de individuos—la denominada 'falacia de la selección por grupos' —lamentablemente no se limita al racismo hitleriano. Resurge continuamente en las erróneas interpretaciones del darwinismo, incluso entre algunos biólogos que deberían saberlo mejor que nadie" (p. 67 n. 8).


De malentendido ni falacia nada, a no ser los que introduce Dawkins. La selección natural funciona a nivel de individuos, a nivel de poblaciones, y a nivel de especies. La falacia es proclamar no se sabe muy bien en base a qué, que la supervivencia del más adaptado (por utilizar la expresión de Spencer que tampoco le gusta a Dawkins) supone que el más adaptado es un individuo. A veces si un individuo no sobrevive, hay que buscar la explicación a nivel de grupo. En realidad, la misma noción de individuo está mal definida si no tenemos en cuenta la dinámica grupal de los individuos, que puede ser muy diversa en especies con diferente socialización. 
elefantes marinos
En fin, que no sé si habría dormido poco Dawkins cuando escribió esta nota, pero desde luego se revelan algunas tendencias características, y limitaciones, de sus ideas sobre la evolución.

En la evolución humana en concreto todavía se aprecia mejor esta dinámica: los individuos no compiten meramente con otros individuos, sino que grupos (por ejemplo tribus, naciones, civilizaciones) etc. compiten con otros, y (por mantenernos en el nivel memético de la cuestión) son los grupos mejor adaptados al medio, los mejor organizados, más eficaces en usar tecnología, información, etc. los que hacen proliferar sus memes. Las culturas más débiles se repliegan, se hibridizan o se extinguen, como vemos por ejemplo con la expansión de los imperios colonizadores o con la globalización. Poco importa que un individuo compitiese favorablemente con otros en el seno de su propia cultura, si el ecosistema cultural en su conjunto va a ser arrinconado o barrido por una cultura más potente.

Pues con los genes, parecido. Aunque una vaca marina sea el rey del mambo y macho dominante en su pequeño grupo, e insemine a muchas hembras, suponiendo que una vaca marina haga eso, si resulta que su grupo como tal resulta arrinconado, o se destroza su ecosistema, o las cazan a todas, allí se interrumpe la mano invisible de la selección natural en lo que a vacas marinas se refiere, y su descendencia con modificación. Es decir, que no compiten genes sueltos ni memes sueltos entre sí, ni genes o memes embolsados en individuos, sino que hay una compleja dinámica de ecosistemas, especies, poblaciones y culturas. Tiene una utilidad muy limitada hablar de memes aislados, pues los memes van también engarzados en fenómenos culturales, discursivos, ideológicos,  etc., más amplios: tecnologías, esquemas de acción o pensamiento culturalmente definidos, discursos y géneros, tradiciones, esquemas de organización conceptual... y la lucha por la vida de los memes, o su dinámica de flujos, debe tener en cuenta estas estructuras de organización superiores.

Memes e intertextualidad

Somos hijos de la guerra

lunes 25 de julio de 2011

Somos hijos de la guerra

Somos hijos de la guerra por Javier Falgueras Cano: una tesis que se resume como sigue:
karzai
"Partimos de una simple hipótesis, acorde con los más estrictos principios etológicos y de convergencia evolutiva, cual es... Más  que por el cambio climático en el África ancestral, los primeros homínidos tuvieron que aumentar los enfrentamientos por el territorio en la misma medida en que los árboles desaparecían. Hasta el punto en que apareció la sabana, y la presión selectiva motivada por estas contiendas se hizo más intensa incluso que la Selección Natural. A partir de aquí la mayor parte de las adaptaciones positivas que se seleccionan son las que dan la victoria en combate. Cada vez seremos más guerreros, más gregarios y más inteligentes. Y con ello podemos explicar fácilmente los universales que nos separan del resto de animales, y que nos hacen únicos, como el bipedismo, la mano acortada, la aguda visión estereoscópica, el altruismo, las relaciones sociales y sexuales, el lenguaje, el arte, la extinción de las demás especies de homínidos, el fenómeno de masas, el de Estocolmo, el tribalismo, la guerra, etc."  

Es una tesis que pocas veces se oye enunciada tan claramente, y que me parece q
ue tiene una gran dosis de verdad—de verdad de la desagradable, que es lo que puede explicar el que se oiga tan poco.

De hecho se ha oído mucho esta tesis, aunque no en el lenguaje de la etología y del evolucionismo, que es el que se utiliza aquí. Nuestra visión tradicional de la historia siempre ha sido la de "reyes y batallas": pueblos y sociedades pugnando con otras por el dominio, el territorio o por la vida sin más; conquistas, matanzas, genocidios, poblaciones desplazadas y arrinconadas. La historia de los Westerns, sin ir más lejos, o de las películas de la Segunda Guerra Mundial. La carrera armamentista y la Guerra Fría todavía la tenemos muy presente—si no el famoso Choque de Civilizaciones de Hutchinson—y somos conscientes de los presupuestos destinados a los ejércitos y de que la tecnología de punta de lanza en investigación va asociada siempre a tecnología militar. Internet, sin ir más lejos, o la investigación en energía nuclear. Y esperen a ver qué inventos horrendos salen del LHC. En suma, que la tesis ésta no nos pilla de nuevas, todo lo más como un modo de recalcar algo que nos resulta muy familiar, y de llevarlo al origen mismo de la humanidad. No es que la humanidad sea humanidad, y además (como un defecto molesto, o o como un mal superable) sea violenta. Es que la humanidad se ha hecho humanidad mediante la violencia, el dominio y explotación de todo lo que la rodea—y muy especialmente con la exterminación de competidores cercanos, incluyendo a todas las demás especies de homínidos que formaban grupos menos potentes—ejércitos menos competitivos, según lo pondría Falgueras— y esto sin distinguir mucho en si pertenecían a la misma especie o no, pues la especie misma se va "refinando" mediante la asimilación cultural de los grupos marginales a la modalidad cultural dominante, o su exterminación.

Sirve muy en concreto la tesis para explicar el funcionamiento de los grupos humanos para su mayor eficacia, la división social del trabajo entre las tres castas tradicionales: los guerreros, los trabajadores, y los sacerdotes. Siendo la misión de los sacerdotes aquí articular el universo ideológico que da cohesión al grupo—los dioses que el pueblo tiene unos en exclusiva (como hoy los santos patrones) y otros compartidos con la etnia que proporciona no sólo competidores de bajo nivel sino también aliados potenciales ante enemigos externos más hostiles. Si es que aún se reconoce la dinámica tribal en la misma distribución de la tierra y de las solidaridades ideológicas.

En suma, que la importancia de este razonamiento se halla en subrayar cómo la organización social y la naturaleza misma de los seres humanos está íntimamente ligada a la lógica de la guerra.  Sin entrar en si es concebible que la guerra desaparezca o se supere como medio de resolución de conflictos—historia hipotética ésta—lo que sí podemos decir es que la historia efectiva se ha hecho con la guerra. La guerra nos ha hecho humanos, y ha sido consustancial al desarrollo de las civilizaciones, y de las formas de la socialidad humana. De hecho la socialidad y ayuda mutua con los próximos no son sino la otra cara de la hostilidad y competencia con los que son un poco menos próximos. Hobbes ya decía que el hombre es un lobo para el hombre—le faltaba añadir que los lobos cooperan para cazar. La ayuda mutua, la socialidad, la racionalidad, el lenguaje, las leyes y la cultura, no se han desarrollado ni ejercido nunca en el vacío, sino en un marco de conflicto siempre latente o abierto entre especies, etnias, poblaciones y grupos sociales, pugnando por la supervivencia y por los recursos propios y ajenos. Es normal que nuestra atención se dirija a otra parte, y que esto sea a la vez evidente y pase desapercibido—como decía Nietzsche, la reflexión nunca ha sido muy dada a reconocer que cabalga a lomos de un tigre.

Nociones erróneas sobre la evolución de la cooperación


Lenguaje sin evolución

Lenguaje sin evolución

Leyendo Sapiens, el blog de Eudald Carbonell, veo que defiende la capacidad lingüística de las especies anteriores al homo sapiens, con un razonamiento basado en los restos fósiles del cráneo y del oído:

A multitud de colegas que trabajan en este campo les cuesta admitir que las otras especies de homininos que nos han precedido o convivido con nosotros sean capaces de hablar. Presos del convenio no escrito por el que solamente los Homo sapiens podemos desarrollar esta manera singular de comunicarnos, la mayoría de artículos científicos firmados por especialistas del paleolenguaje no dan crédito a el habla presapiens.
 
Sin embargo, y como hemos hecho en muchas ocasiones, no podemos pasar por encima de pruebas empíricas que nos indican lo contrario. Ningún planteamiento científico puede ignorar las evidencias que pueden llevarnos a una explicación concluyente sobre esta posibilidad, aunque nos parezca atrevida o extraña.
 
El descubrimiento en el yacimiento de la Sima de los Huesos, en el complejo de la Sierra de Atapuerca, de los restos esqueléticos que componen el oído medio, así  como cráneos completos de Homo heidelbergensis, nos ha permitido al equipo de investigación reconstruir el conducto auditivo.
 
La capacidad auditiva

La restitución digital primero, y mecánica después, nos ha puesto en disposición de decir que con mucha probabilidad esta especie oía en banda ancha, como lo hacemos nosotros. Desde luego, si esto era así, parece obvio que era por que se emitía un lenguaje parecido al de los humanos anatómicamente modernos.

Siempre se había concebido que la posibilidad del lenguaje en primates humanos estaba relacionada con las áreas de Broca y Wernicke, así como con la posición respecto al cuerpo de nuestro cráneo y su conexión a través del foramen magnum, lo que indicaría que era plana para la base del cráneo. También tendrían a ver la morfología del hueso hioides y la estructura del tracto vocal.

Este conjunto de rasgos morfológicos eran el dogma del conocimiento sobre si los homininos que nos precedieron eran, a nivel del habla, como nosotros. Pero nadie había estudiado a través de pruebas indirectas, como la audición, para poder establecer una hipótesis del habla en especies humanas fósiles.

Malas noticias para los colegas que piensan que solamente nuestra especie está preparada para entender el mundo, pues parece ser que esto es algo asociado a nuestro género y, por lo tanto, todas las especies, independientemente de la antigüedad han dispuesto de esta capacidad en menor o mayor medida. Se trata de un potencial evolutivo que aún no conocemos bien, pero que descarta a los Homo sapiens como únicos.

Este razonamiento parece generalmente aceptado por el equipo de Atapuerca, y ya critiqué algunos de sus aspectos criticables en un comentario a una conferencia de Ignacio Martínez.  En sustancia: es plausible la coevolución de la función y el órgano; sin embargo, también podría ser que el desarrollo del lenguaje fuese un caso de exaptación, una función colateral desarrollada para un órgano que ha coevolucionado con otra función. O, dicho de otro modo: para el desarrollo del lenguaje hace falta poder producir sonidos articulados; pero el hecho de que se disponga de un órgano capaz de producir sonidos articulados no quiere decir necesariamente que (ya) se haya desarrollado la capacidad lingüística—si no no habría loros, pongamos.testudo rodinae

Lo que querría añadir ahora sobre el razonamiento que vemos en este y otros muchos artículos sobre el origen del lenguaje, la evolución humana, etc., es, paradójicamente en científicos evolucionistas, una tendencia a ignorar una importante característica del evolucionismo: que no hay diferencias tajantes entre las especies, sino transiciones graduales. Por supuesto Carbonell lo sabe y lo dice, cito de su tercer artículo sobre "Homo Sapiens":

"Todos sabemos que las adquisiciones humanas son progresivas en el espacio y en el tiempo, pero que surgen de un potencial evolutivo de un primate que hace 1,8 millones de años empezó a incrementar el volumen de su cerebro y la complejidad e interacción del material neuronal que contiene."

—y sin embargo desde el momento en que hablamos de la aparición de "la conciencia" o "el lenguaje" o "el razonamiento complejo" o "la teoría de la mente" o "los ritos funerarios" o cualquier otro rasgo que se considere exclusivo y caracterizador de nuestra especie, se tiende con frecuencia a hablar de ese rasgo como si viniese en un package deal, ya hecho y complejo, y como si no estuviese él mismo sujeto a evolución. Quiero decir que la clave no está en si nuestros remotos ancestros a nivel de homo erectus o de homo heidelbergensis podían hablar, cosa que se podrá demostrar plausiblemente dentro de un orden—pero que no es la clave. La clave no está en ninguna parte, porque está en los detalles: no si hablaban, sino qué se decían, y cómo. Es decir, la transición gradual de la comunicación animal al protolenguaje, y (al nivel que discutimos) del protolenguaje al lenguaje. Muchas cosas interesantes se pueden decir al respecto (y por ejemplo las dicen Derek Bickerton, oTerrence Deacon) pero las estructuras lingüísticas y discursivas fosilizan mal, y todo a este nivel es mucho más conjetural de lo que se pueda decir sobre la estructura del cráneo o del oído interno. El lenguaje evoluciona con sus propios fenómenos emergentes de naturaleza lingüística—y mal podemos (al menos de momento) especular con fundamento sobre cuándo surgió la estructura sujeto-predicado, o los adverbios, o la adjetivación. Aunque sí se pueda seguir el razonamiento que sigue las fases necesarias que van de lo simple a lo complejo—por ejemplo, que las oraciones simples preceden a las oraciones complejas, aunque la manera en que las preceden puede que no sea tan simple como podría parecernos a primera vista. (Me refiero a que, por ejemplo, las bases semánticas de las estructuras adversativas o disyuntivas están ya en la lógica de la acción, al margen de su expresión precisa en forma gramaticalizada).

Lo mismo que en el lenguaje, podemos hablar de la emergencia gradual y compleja de fenómenos como los rituales, la tecnología, etc. No hay una especie "con lenguaje" sin más (pues todos tenemos más o menos lenguaje) precedida de una especie "sin lenguaje" sin más. Y hasta ahí de acuerdo con Eudald Carbonell—pero debemos evitar el pensar que el hecho de que otras especies pudiesen hablar algo haya de conllevar que sea un lenguaje propiamente humano el que tenían, o una cultura humana.

Humano en sentido de Homo, naturalmente. Pero humano en sentido de Homo sapiens, parece redundante decir que sólo lo es el Homo sapiens. Y ya estamos concediendo demasiado, pues el homo sapiens tampoco nace sapiens, sino que se hace sapiens. E incluso (verdad desagradable) es más o menos humano en tanto que complejamente humano—es un piadoso mito contemporáneo, por ejemplo, ese de que todas las lenguas son igual de complejas y todas las culturas igual de complejas (como coletilla que a veces se añade al "igual de respetables").  Todo es respetable, en sustancia, pero algunas cosas son más respetadas que otras.

Es respetable también que Carbonell y sus socios de Atapuerca quieran potenciar la importancia y relevancia de su proyecto, arguyendo que se refiere no a una vía muerta de la evolución hacia la humanidad (Heidelbergenses, Homo Antecessor) sino a humanos como nosotros, sólo que primitivos. Es de hecho un interés "creado" que si bien puede distorsionar algún elemento de interpretación del proyecto (colocando a los antecesores con demasiada osadía como antecesores nuestros), también le añade una dimensión interesante—pues les lleva a buscar y mostrar la presencia de elementos "humanos" en especies próximas pero no sapiens. 

En suma, que no hay que olvidar que el lenguaje no viene "en bloque"—sólo Chomsky parece concebirlo así, con su tendencia infalible al ahistoricismo. No hace falta sólo desarrollar por evolución emergente la "capacidad de lenguaje", sino también el lenguaje en sí, el lenguaje en acto y no en potencia.  El lenguaje es más o menos, se desarrolla, evoluciona; se puede hablar y dar voces sin decir gran cosa de modo coherente. Desarrollar la complejidad de un lenguaje y de un universo cultural del cual hablar es labor de toda una historia, y de una prehistoria.

Pop & Pap - Mamá y mamar - Papá y papilla

There Is a Tale in Everything

There is a Tale in Everything

A response to the question at the Centre for Narrative Research's Blog, "Do Objects Tell Stories?":
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There are of course different kinds of stories, different levels of explicitness in storytelling, and different ways of telling. And different ways of using objects to tell stories to one another. A tape recorder is an object, and it may literally speak and tell me a story, but I will only make sense of it if I know the language.  Books are speaking objects, but only through the common "agreement" that the written marks mean something. Similarly, there are shared and partially shared meanings in nonlinguistic objects, and we speak of objects telling stories when we can share a story through the examination of an object, by making it tell its tale through us. Its history. What we read is a story of time: since we live in a world unfolding in time, we can discern narratives about the past (fragmentary or more articulate) practically anywhere. The world as such is a grand narrative, the narrative of how objects came to be made, the narrative of human societies and their globalization, of how we evolved to get to where we are now (on this website) and the narrative of how it is that there came to be anything at all, from the beginning. Everyone, and everything, is a small chapter of this story. What is more, we all know about this narrativity of all things in an intuitive way—and what we do all the time is to bring it out into the open, and tease out the stories which are lurking everywhere around us.

Historicidad



En tiempos de los cíclopes

En tiempos de los cíclopes

Cuando era pequeño los cíclopes me daban mucho miedo—por suerte tampoco abundaban demasiado. Los viejos mitos y leyendas hablan de gigantes, y enanos, muchas veces como algo asociado a tiempos remotos. Los gigantes y los enanos siempre han ido a menos en el mundo moderno, en el que vivimos desde hace miles de años. A veces reaparecen sorprendentement—hace poco los enanitos irrumpieron súbitamente en la paleoantropología, con el descubrimiento del hombre de Flores. En otro artículo hablé de la conexión entre las leyendas sobre enanos y la exterminación de razas humanas primitivas. Hoy hablaremos de gigantes y cíclopes. coloso

Gigantes los hubo, según la Biblia: habitaron la tierra antes del Diluvio Universal. También aparecen en diversas variantes en muchas mitologías, nórdicas, mesopotámicas y otras que ni siquiera conozco—pero ahí están, tan seguro como que haberlos haylos. Los jayanes y hombres salvajes de las leyendas y fantasías medievales (la Edad Media es nuestro última inmersión en la Edad Oscura) suelen ser corpulentos, cuando no tienen un tamaño gigantesco. Me acuerdo ahora de los hombres salvajes que reaparecen en las novelas de caballerías y pastoriles, o en los capiteles de las catedrales, y que vienen de tiempo atrás, de los orígenes de la historia, y de lo más remoto de nuestra infancia. Cuando somos niños vivimos rodeados de gigantes, y nos vamos incorporando a la cultura humana a la vez que salimos, poco a poco, del mundo de los gigantes—al final hasta llegamos a olvidar que alguna vez existieron fuera de las ilustraciones de los libros de cuentos.

Me acuerdo del hombre salvaje Enkidú, en el Poema de Gilgamesh: ya en la primera obra literaria que pervive aparece este ser medio bestia y medio hombre, que acaba siendo el fiel amigo del protagonista—y se lamenta de haberse civilizado y haber adquirido con ello consciencia de su mortalidad. Enkidú es en cierto modo el primer evolucionista, o por lo menos el primer hombre que evoluciona a partir de las bestias. Claro que en la historia del jardín del Edén podemos ver también la historia de la humanización, una historia protoevolucionista como la historia del Creación en el mismo Génesis. El mito hebreo tampoco es precisamente optimista, con respecto a las ventajas de haber adquirido la consciencia y haber sido expulsados del Paraíso. En la historia edénica se reúnen, como en las leyendas sobre gigantes, las dos infancias: la de la humanidad, y la de los individuos—es una historia de experiencia y maduración personal del individuo (mediante la consciencia del pecado) a la vez que una historia de los orígenes de la humanidad—ontogenia y filogenia, siempre extrañamente entrelazadas en la experiencia humana y en sus representaciones.

Pero derivo—no quería hablar yo de los gigantes del Génesis, sino de los que aparecen en la Odisea. Suele identificarse con la tierra de los cíclopes con Sicilia, y estos gigantes van asociados en otros mitos a Vulcano, que supuestamente tendría su fragua bajo el Etna. Lo cierto es que los cíclopes de Homero son menos tecnológicos: en el canto noveno de la Odisea aparecen precisamente como el prototipo de la humanidad sin ley ni cultura ni sociedad establecida.
Allí llega Ulises, viajero por muchas naciones, tras dejar el país de los Lotófagos:

"Desde allí continuamos la navegación con ánimo afligido, y llegamos a la tierra de los Cíclopes soberbios y sin ley, quienes, confiados en los dioses inmortales, no plantan árboles, ni labran los campos, sino que todo les nace sin semilla y sin arada—trigo, cebada y vides, que producen vino de unos grandes racimos—y se lo hace crecer la lluvia enviada por Zeus. No tienen ágoras donde se reúnan para deliberar, ni leyes tampoco; sino que viven en las cumbres de los altos montes, dentro de excavadas cuevas; cada cual impera sobre sus hijos y mujeres, y no se entretienen los unos con los otros."
 


Vemos que sí tienen vino los cíclopes, y quesos también, y hablan—lo que (a pesar de su carácter arisco) los hace más humanos que los bárbaros que se hallan más allá de la comunicación humana. Llama la atención en algunos relatos de los antiguos la poca diferencia que establecen entre las tribus exóticas y los animales—en ocasiones parecen considerar a los animales antropomorfos como una tribu más, con la que es especialmente difícil entenderse o encontrar una alianza posible. Los cíclopes están en este territorio borderline, humanos pero fuera de las leyes humanas, pues cuando Ulises le pide hospitalidad, mediante la cual los hombres se reconocen entre sí, el cíclope devora a sus compañeros.

No parece casual que Polifemo habite en una cueva, no en una choza—por hacerlo más montaraz y primitivo— y que arroje piedras, rocas enormes por cierto, contra los griegos que se burlan de él. Todo en él va unido a la Edad de la Piedra, y si su imagen es memorable es entre otras cosas porque ha sido la principal representación que nos ha llegado, a través de los siglos, de los hombres de las cavernas, esos antiguos gigantes—derrotados en su encuentro con las sociedades humanas que los desplazaron, y los incorporaron a sus mitos.ciclope

Cíclopes, trogloditas—habitan en cuevas, lejos de los poblados de los hombres y de las ágoras. Para Giambattista Vico, primer gran teorizador del evolucionismo cultural, los cíclopes aparecen como la figura emblemática, y a la vez como el recuerdo culturalmente transmitido, de la humanidad primitiva. Como vemos en el pasaje de Homero, en la sociedad de los cíclopes no hay unidad mayor que la familia—y en la familia veía Vico la raíz de las sociedades humanas, que evolucionarían a formas más complejas mediante extensiones y asociaciones de familias, creando asociaciones y redes de relaciones cada vez más complejas—junto con las instituciones necesarias para gestionarlas. Vico no es un evolucionista en el sentido biológico del término—ni concibe ni le preocupa una continuidad de descendencia entre el hombre y el mono—pero sí en el sentido cognitivo: las mentes e instituciones humanas se van haciendo gradualmente y en retroalimentación mutua, la humanización es un proceso a partir de sociedades y mentes no diferentes de las de los animales. Los humanos se construyen a sí mismos, su pensamiento y su mundo ético y emocional, conforme construyen gradualmente su cultura y sus instituciones. Los cíclopes son en la Ciencia Nueva el emblema de la sociedad prehumana, o protohumana.

Es curioso comprobar que en general los antecesores eran pequeños de tamañao, y que las razas protohumanas y humanas primitivas tienden con más frecuencia a lo diminuto que a lo gigantesco. También hay historias de duendes y enanos, por cierto—y los neandertales sí eran bastante corpulentos. Pero el tamaño de los gigantes primitivos y de los cíclopes tiene más bien otro origen... psíquico, y puede explicarse por la analogía que decíamos entre el desarrollo del individuo y el desarrollo de la sociedad. La infancia personal se proyecta a la infancia de la humanidad, y los seres primigenios aparecen como gigantes. La experiencia de la primera infancia no es la de vivir en una sociedad compleja: comúnmente ha sido la de vivir en una unidad familiar que es toda la sociedad que existe, y sólo remotamente se relaciona con otras unidades familiares. Curiosamente esto no es así en las sociedades auténticamente primitivas: es sólo con el desarrollo cultural, por ejemplo en las sociedades agrícolas, cuando comienza a percibirse la propia familia como una entidad primigenia aislada de las demás—y se originan o refuerzan los mitos de humanidades primigenias y transiciones culturales.  Los hombres primitivos tienen en todo caso la consciencia y mitología de la transición que los creó como humanos, a diferencia de los animales. Las culturas avanzadas van desarrollando historias de transición cada vez más complejas—no sólo a partir del mundo animal, sino a partir de humanidades previas insuficientemente humanizadas.

Una versión actual de esta historia leemos en un libro de Eudald Carbonell, del proyecto Atapuerca, El nacimiento de una nueva conciencia. Dice Carbonell (sin duda exageradamente) que aún no somos humanos, y que estamos en proceso de transición hacia la plena humanización. El libro es en gran medida una defensa de la interacción sostenible con el entorno, y de la conciencia del enraizamiento humano en el medio natural—y por ahí llegamos a la defensa y promoción del Proyecto Atapuerca como un proyecto formativo hacia esa nueva conciencia de nuestra relación responsable con el entorno.

Pero me interesa terminar con la historia de los Cíclopes según Carbonell—para que se vea que sigue concordando en lo fundamental con las narrativas protoevolucionistas de Vico, y con la memoria remota de la humanidad primigenia en Homero.

Los humanos somos unos primates especiales que hemos creado formas de organización adaptadas a nuestra etología. Desde los grupos formdos por pequeñas unidades que vivían en las sabanas africanas hace más de dos millones de años hasta los grupos compuestos por millones de unidades que viven actualmente en ciudades ha tenido lugar un gran proceso de adaptación. Como género hemos sufrido una fuerte transformación que debe explicarse diacrónicamente para entenderla.

Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el Abrigo Romaní de Capellades, en la comarca de Anoia (Cataluña, España), con una cronología que oscila entre 40.000 y 60.000 años de antigüedad, nos han permitido conocer que las unidades domésticas de la especie Homo neanderthalensis estaban formadas por más de cinco individuos y menos de una docena. Podemos pensar, pues, que en el pasado existían auténticas familias nucleares, con unas dimensiones reducidas, pero suficientes para poder sobrevivir y que mantenían una cohesión organizativa. Seguramente estos grupos mantenían una fuerte jerarquía etológica, como muchos otros grupos de mamífero; no hay evidencias, pero es posible que esta organización estuviera basada en la preponderancia de los más fuertes y más inteligentes.

Las unidades domésticas del Abrigo Romaní se movían por el territorio de manera que los grupos, cuando llegaban al umbral de una docena de individuos entre machos y hembras, se disgregaban; sus componentes formaban nuevos grupos familiares o bien se incorporaban a otros ya existentes; la pérdida de miembros dominantes obligaba al resto a integrarse en otras unidades de la misma etnia o tribu.

Estos grupos humanos, muy móviles, recorrían el territorio, posiblemente de forma cíclica, y todos los miembros debían tener una relación genética y familiar, de manera que formaban parte de una misma tribu o una etnia. Entonces no existía ningún espacio patrimonial exclusivo de un grupo, tal y como lo entendemos ahora, pero sí que debió existir un espacio social donde se producían y reproducían las relaciones económicas y de vínculo, relaciones que ahora son intangibles, ya que dejan pocos restos, pero que se pueden hacer emerger a través del análisis dialéctico de los registros arqueológicos. (145-47)


En Atapuerca existe un yacimiento llamado (por otras razones, supongo) Sala de los Cíclopes. Es una coincidencia bonita. También eran caníbales al parecer, como Polifemo, algunos de los antiguos habitantes de Atapuerca. Huesos de cíclope no se han encontrado en el registro fósil humano: todo lo más de gigantopiteco, un primate más parecido a un orangután gigante que a un humano, aunque en algún viejo libro de antropología pueda leerse sobre los restos de nuestros gigantescos antepasados—el árbol de la evolución humana es complejo y muy cambiante, por reorganización retroactiva. En Europa, los antiguos cráneos de cíclope que se encontraron en siglos anteriores se han reinterpretado como cráneos de elefante: el orificio nasal para la trompa llevó a error a esos anatomistas poco expertos e impresionados por los relatos de Homero. Lo que sí se ha descubierto recientemente es que los elefantes tienen un protolenguaje, con llamadas y sonidos identificables (aunque a veces inaudibles para los humanos) para diversas situaciones—esta semana informaban de que se ha identificado su "palabra" para avisar de la presencia de abejas, que les molestan en los ojos.  Cada vez más animales van teniendo un protolenguaje, cada vez más elaborado. Sin que por ello haya previsiones de que lleguen un día a hablar tan articuladamente como Polifemo. De lo que también hay mayor conciencia entre los lingüistas es de que el problema del origen y evolución del lenguaje no es una pseudo-cuestión intratable para la ciencia. Tras los entusiasmos evolucionistas de la lingüística del siglo XIX, la lingüística del XX hasta su última década ignoró (y bien podemos decir que sigue ignorando) la importancia de esta cuestión. Hoy en día se ve la evolución histórica del lenguaje en la especie como íntimamente ligada con la adquisición lingüística del individuo, en concreto con capacidad especial de los niños de adquirirlo. El nuevo planteamiento evo-devo de la biología relaciona la formación histórica de la especie con la estructura corporal y el desarrollo embrionario y crecimiento de cada individuo—retomando una serie de problemas que se habían descuidado desde que Haeckel relacionó ontogenia y filogenia, un planteamiento abandonado por la biología "formalista" del siglo XX.

Todo esto nos lleva a pensar de nuevo en los antiguos gigantes, los de la edad de piedra, que vivían en cuevas, no tenían leyes y se devoraban unos a otros—y comenzaban sin embargo a hablar y a humanizarse, una labor en la que aún seguimos. Eran humanos, y no lo eran, eran monstruos horrendos fuera del orden de lo humano, tanto más horrendos por su semejanza a los humanos. Al igual que nada hay más horrible que los humanos mismos, cuando queda destruido el orden del mundo que han creado, y se comportan como bestias. Navegando por los límites del mundo humano, nos encontramos una vez y otra con los cíclopes, y siempre queda memoria de este encuentro. A mí de pequeño me daban miedo, y todavía me impresionan.

La Odisea de la Especie II