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Vanity Fea

Evolución

La mujer, de rojo

La mujer, de rojo

Me dirán que la que se viste de verde por guapa se tiene. Pero según este artículo de Ibercampus, no hay color: el color rojo tiene un poder afrodisíaco y de estimulación sexual que no se debe a condicionamientos culturales, sino que es puramente biológico. No sé si pecará de tanta parcialidad la investigación a la que se refiere de la Universidad de Rochester, no creo: pero aquí se echa de ver uno de los prejuicios de la sociobiología: a saber, que si una tendencia del comportamiento humano puede relacionarse con una base biológica, se la reduce a eso. Con lo cual hay una cierta petición de principio en toda la cuestión: resulta que la cultura humana tiene una base biológica (principio éste central en la sociobiología)—pero luego se desecha todo lo "puramente cultural" y la argumentación constructivista para (back to basics) quedarse con las raíces. Como si el tronco y las hojas no tuviesen interés, y raíces, en las raíces —claro, que de eso se trataba, de ir a la raíz del asunto.  

El abstract reza así:

"Romantic red: Red enhances men’s attraction to women."
Elliot, Andrew J.; Niesta, Daniela
Journal of Personality and Social Psychology. Vol 95(5), Nov 2008, 1150-1164.

En muchos primates no humanos, el color rojo aumenta la atracción de los machos hacia las hembras. En cinco experimentos, los autores demuestran un efecto paralelo en los humanos: el rojo, en comparación con otros colores acromáticos
y cromáticos, conduce a los hombres a ver a las mujeres más atractivas y más sexualmente deseables. Los hombres no parecen conscientes de este efecto del rojo, y el rojo no influye las percepción que tienen las mujeres sobre el atractivo de otras mujeres, ni la percepcion del atractivo global, la amabilidad o la inteligencia de las mujeres. Los hallazgos tienen claras implicaciones prácticas para los hombres y las mujeres en el juego del cortejo y, quizá, para los asesores de modas, diseñadores de productos, y estrategas de mercado. Además, los hallazgos documentan la importancia de extender a los humanos la investigación sobre la señalización de colores, y para considerar el color en cierto modo un lenguaje común, tanto dentro de una especie como entre ellas.

(Por cierto, en esta revista también hay otro interesante artículo reciente sobre percepción y uso del color... en este caso sobre la percepción y uso interactivo del color de la raza, otra cuestión al rojo vivo).

Y es inútil que nieguen estos efectos del color, o que digan que a mí las mujeres de rojo, pschá. El efecto, nos dicen, es inconsciente, así que tales afirmaciones, y las reacciones defensivas del ego consciente, valdrán lo que valgan.

Así que ya saben: si quieren ligar, o venderle la moto a alguien en condiciones ventajosas, vestida de rojo se hace mejor.  Si eres mujer, claro, y la víctima es hombre o simio: no nos dicen aquí si hay un color secreto para gustar a las mujeres, ni si las lesbianas reaccionan también como toros al capote.

Pero un consejo—al usar estos colores primarios, no me sean primarias, y cuiden también la moda, y el look, y la conversación, y todas las demás construcciones culturales. Que hasta los instintos básicos se benefician con los adornos de la cultura.

La imagen (de Worth1000) es de Photoshop, de acuerdo—pero es que en esto de la feminidad, atraen la mascarada, el maquillaje y lo artificial tanto como el rojo natural. Pues qué estábamos diciendo que había que hacer, sino disfrazarse con los ingredientes de la Naturaleza y así, como decía Oscar Wilde, echarle una manita mediante las malas artes del arte.

Ficción narrativa y evolución




Orígenes del bable

A photo on Flickr

A cuenta de un reciente análisis genético de neandertales asturianos (en Biolinguistics): en suma, todavía no sabemos si hablaban o no los neandertales, y menos aún qué decían. Aunque los autores no pueden descartar la posibilidad, no consideran que la estructura genética descubierta sea prueba suficiente. Tampoco se descarta en el artículo la hibridación con otras especies humanas. Lo que me parece improbable es que se puedan explicar las mutaciones observadas en genes "lingüísticos" de los neandertales con "the existence of two parallel selective processes with identical molecular outcomes in two different species"—eso suena a estadísticamente improbable. A mí me parece que de hecho, mientras la investigación no pueda descartar una cosa y otra, a saber, lenguaje neandertal e hibridación entre especies, más plausibles se van haciendo ambas—sobre todo si tenemos en cuenta que no es una cosa de todo-o-nada, sino de grado. El concepto de una "capacidad de lenguaje" como algo bien delimitado que parece presuponer el artículo (quizá por influencia generativista) me parece lo más discutible del trabajo, y lo que sesga sus razonamientos. Porque lo de neandertales "speaking in a modern way" (p. 226).... ¡ja, ja! ¿quién exactamente propugna eso? Los generativistas corren el peligro de pasar de un mecanismo lingüístico puramente conceptual y racional a uno puramente genético—o de identificar ambos—saltándose a la mayor velocidad posible todo el terreno intermedio entre genética y estructura actual, el terreno perteneciente propiamente a la evolución del lenguaje y a su modelación por los procesos comunicativos y por la interacción social.

A este nuevo (y viejo) paradigma de la lingüística chomskiana lo podríamos llamar lingüística gene-rativa.

El artículo ("Also sprach Neanderthalis... Or Did She?", de Antonio Benítez-Burraco, Víctor M. Longa, Guillermo Lorenzo y Juan Uriagereka) puede leerse en el último número de Biolinguistics; se registra uno gratis, como parte que es del Open Journal Systems.

Un caso especialmente llamativo de la separación generativista entre lenguaje y capacidad simbólica general puede verse en la reseña de Massimo Piattelli-Palmarini en ese mismo volumen. "Symbolic systems are not relevant to language, and they
cannot be offered as an intermediate step in language evolution"—nos dice, así con un par (240), oponiéndose al evolucionismo en la línea de Arbib, Deacon o Tomasello. Más acertada me parece la contestación de Edmund Blair Bolles defendiendo una postura evolutiva comprensible.

El lenguaje surge de la capacidad simbólica, y las características "únicas" que le atribuye Piattelli-Palmarini derivan de una capacidad más general de articular símbolos complejos, de transformarlos, insertarlos y subordinarlos unos en otros—el tipo de procesos cognitivos que analiza Goffman en Frame Analysis. ¿Qué es la sintaxis (ese icono generativista), sino una serie compleja de marcos invisibles trazados alrededor de los sonidos y palabras, para ordenarlos unos con respecto a otros de modos cada vez más complejos? Pues esa herramienta cognitiva pertenece a una capacidad simbólica general, y por ahí deben buscarse no tanto los orígenes del lenguaje (búsqueda sin fin, esa) sino los principios de desarrollo del lenguaje.

Claro que Piattelli-Palmarini parece creer que "No sentence in any language requires “minutes” to be understood by a ten-year-old, or by anyone at any age" (241). No, a veces requiere años llegar a entender una frase—y otras veces no llega a entenderse nunca. Pero vete a explicarle esto a un gene-rativista. Tendría que mutarle algún gen, antes de entenderlo.

Language, Toolmaking, Reflexivity



Language, Cooperation, and Natural Selection

Language, Cooperation, and Natural Selection

My comment to a post in Babel's Dawn which discusses the advantages of group cooperation in early humans and its effects on the development of language:

You are right to point out the importance of group selection, which becomes all the more important when a group has developed technologies (including language technologies) which give it a definite advantage over other groups. Bows and arrows and stone axes too. I suspect much "group selection" in human history has taken the form of genocide, the extermination of neighbouring tribes or ape-like cousins who did not quite speak "in the right way" or didn't interact profitably with the dominant group. To coin a phrase: the history of human evolution is a history of genocide. And a shared language is a key element in this tale. So, cooperation within the group goes hand in hand with competition with neighbouring groups; it may actually hone the edge of competition.

Edmund Blair Bolles's answer:
 Long ago I was partial to the genocide idea myself. It is melodramatic and decisive, but I have changed my mind. There is no good evidence that it has been as important as the more familiar mechanisms we see in history: the stronger move in and push the weaker aside, either by shoving them off into highland or desert margins, or by dominating the older group and taking a region's wealth, or by absorbing the weaker so that they become part of the new power.

And my reply:
Well, call it "soft" genocide then. How do you "push" someone to the margin, in fact? Of course I agree all kinds of domination strategies are influential—including extermination through infectious diseases, which according to Jared Diamond also tends to wipe out less 'globalized' peoples. But we are not lacking in evidence for more or less deliberate genocides in recent history (take for instance the case of all-white Argentina or Australia). A story along that line has long been a matter of speculation as regards the spread of Homo Sapiens, of course—for instance in William Golding's
The Inheritors.


Ideology and Evolution


Todos mutantes

Todos mutantes

Los feos son mutantes. Y las pelirrojas. Los monstruos de dos cabezas, que existen, son mutantes. Los gordos, mutantes gordos. Son mutantes asimismo las personas de color (negros, chinos, blancos, etc.)—y los humanos son peces mutantes.

Este retrato de una mutante fue pintado por Lavinia Fontana en la segunda mitad del siglo XVI. Es Tognina Gonsalvus, hija del igualmente peludo Petrus Gonsalvus, oriundo de Canarias pero acogido por diversas cortes europeas. Al parecer, Tognina "acabó casándose y engendró varios hijos que fueron tan peludos como ella" (271).  Me ha encantado el libro de Armand-Marie Leroi Mutantes: De la variedad genética y el cuerpo humano (Anagrama, 2007), que la tiene en portada. Ahora que Stephen Jay Gould ya murió, es bueno saber que hay divulgadores científicos tan amenos como Leroi, que cita a Gould con simpatía aunque le contradice en algunos puntos. Se lo recomiendo a todos los amantes del evolucionismo, de los monstruos, y de los mutantes.

I. Mutantes. La cuestión de las mutaciones es una vía privilegiada de entrada a un tema más general del libro "la construcción del cuerpo humano" (13). Porque aunque todos somos mutantes, no somos todos igual de mutantes, y hay casos más llamativos que yo. El libro comienza con las teratologías del Renacimiento, desde el Monstruo de Rávena hasta los de Paré y Fortunio Liceti (De Monstrorvm natvra cavssis et differentiis libri duo, 1634), pasando por las reflexiones sobre la monstruosidad de Montaigne, Browne y Bacon.

Browne, en su Religio Medici (1642), es amable y admirativo con los monstruos: "en la Monstruosidad (...) hay una suerte de Belleza. La Naturaleza ha creado las partes irregulares de una manera tan ingeniosa que a veces son más extraordinarias que la estructura principal" (en Leroi, 24). Y Bacon, en su clasificación de todas las formas del conocimiento, dedicaba un capítulo especial al conocimiento de los monstruos, por las perspectivas que ofrece para el desarrollo de la ciencia: "pues una vez una naturaleza haya sido observada en sus variaciones, y la razón que las origina haya quedado clara, será materia fácil aplicar la ciencia a esa naturaleza y llevarla al punto que alcanzó mediante el azar" (27). Todo un programa para el Dr. Moreau avant la lettre, y Leroi no parece totalmente averso a esta creación programada de mutantes, aunque observa que "Con la prohibición global de clonar humanos no es probable que este experimento se lleve a cabo pronto" (317). Peor para los periodistas, y para la ciencia; mejor quizá para el pobre mutante, aunque quién sabe.

De hecho el autor duda en calificar de mutantes a un grupo determinado de personas por oposición al resto: "Decir que la secuencia de un gen concreto presenta una "mutación", o llamar "mutante" al portador de ese gen, es realizar una distinción odiosa. Es dar a entender, como mínimo, que se desvía de un ideal de perfección"(30). Aunque por supuesto también lo hace continuamente, y de hecho al final nos hace partícipes de su curiosa teoría según la cual los guapos no son mutantes—o más bien, que los feos son más mutantes que los guapos, pues la belleza consistiría en una especie de neutralidad o bajo índice de mutaciones. Un punto que es de los más cuestionables del libro, y síntoma del mal endémico de los biólogos, buscar explicaciones estrictamente biológicas a fenómenos culturales muy complejos. Conste que bien me parece que se busquen las condicionantes biologicas de los fenómenos (el cerebro masculino contra el femenino, etc.) siempre que no perdamos de vista otras dimensiones (culturales y constructivistas) de la cuestión.

 Las personas comparten casi (casi) el 100% de su genoma. En el resto está la variación: y el resto puede ser varios millones de pares base, puesto que hay casi tres mil millones de ellos en el genoma humano. Las mutaciones afectan con frecuencia a "uno de los enormes segmentos del genoma humano que parecen carecer de sentido" (31). Otras son menores, y otras por fin son espectaculares. "Cada nuevo embrión cuenta con un centenar de mutaciones que sus padres no tenían"( 32). Algunos nacen con un bajo número de mutaciones nocivas, otros con muchas. En suma: "Todos somos mutantes. Pero algunos somos más mutante que otros" (33).

II. Una unión perfecta. Capítulo que trata sobre gemelos, siameses y monstruos dobles, como Ritta-Christina Parodi. Hay interesantes datos sobre las representaciones de monstruos desde tiempos antiguos, y teorías clásicas de la monstruosidad: así la querelle des monstres, la disputa sobre si la monstruosidad forma parte del plan divino, o es un accidente de ese plan. Lo que nos lleva a dos teorías distintas sobre los embriones: la preformación o la epigénesis. El desarrollo del embrión es un tema fascinante, que nos conduce a la teoría de la evolución (el primer sentido de evolución fue precisamente "desarrollo del embrión"). En los años 90, estudiando la recombinación del ADN, se llegó por fin a identificar los genes que controlan el desarrollo. Un gran paso adelante desde las teorías de Geoffroy Saint-Hilaire, coleccionista de monstruos, que pretendía deducir los principios del desarrollo a partir de sus manifestaciones anómalas. Y nos cataloga Leroi las variedades de anomalías que pueden darse: gemelos unidos, personas "invertidas" (¡no homosexuales!) por situs inversus... El organizador de todo este desarrollo es el organizador, "un grupo de células mesodérmicas localizadas en un extremo de la línea primitiva del embrión", que con unos movimientos ciliares distinguen izquierda de derecha y así orientan el desarrollo del organismo hacia uno y otro lado.

III. El juicio final (de las primeras partes). Donde se trata del museo de monstruos de Amsterdam; de cíclopes y ciclopia, en mitología y en teratología renacentista. El desarrollo defectuoso del cerebro frontal y la cara afecta a 1 de cada 16.000 nacidos, y 1 de cada 200 abortos espontáneos: el mundo está lleno de cíclopes y paracíclopes. En algún sitio los guardarán—aunque otras fuentes nos dicen que muchos son asfixiados por los médicos, discretamente y sin preguntar a nadie, y clasificados como "nacidos muertos". Mejor que nadie llegue a verlos, a juzgar por las ilustraciones del libro de Leroi. Muchos de estos casos se deben a mutaciones en los genes que producen una proteína llamada "erizo sónico"—la que debía producir dos hemisferios cerebrales divididos. Otro tipo de trastornos puede producir una duplicación total o parcial de la cara—y hasta individuos con dos cabezas. Otra monstruosidad estándar es la sirenomelia, un defecto en la línea media de las extremidades posteriores. "Los morfogenes que atraviesan el embrión en desarrollo—sean proteínas o anillos de hidrocarburos—proporcionan a las células una especie de retícula de coordenadas que éstas utilizan para averiguar dónde están y qué deberían estar haciendo y ser" (93).
La homeosis, fenómeno "en el que una parte del embrión en desarrollo se transforma de manera anómala en otra", dándonos por ejemplo orejas en el cuello.Y así, viendo el proceso de construcción y la manera en que es organizado por los morfogenes, y la manera en que se puede distorsionar este proceso, va ordenando Leroi distintos tipos de monstruosidades.  Con el estudio de las moscas de la fruta Drosophila se halló la combinatoria informática de las proteínas que rigen el crecimiento. "La calculadora segmental es algo hermoso. Posee la económica lógica booleana de un programa de ordenador. Cada una de las proteínas codificadas por los genes homeóticos se presenta en ciertos segementos" (98). Los genes pueden crear proteínas, pero necesitan ser activados o desactivados por el ARN mensajero , "una molécula muy parecida al ADN, sólo que no es doble ni es una hélice, sino tan sólo una larga serie de nucleótidos" (99). El núcleo organizador de esta información, la homeocaja, es "la piedra de Roseta" de la genética del desarrollo, y están presentes en todo tipo de animales. La presencia y ausencia ordenada de genes Hox (numerados) regula la formación de segmentos del cuerpo—en su debido número o con anomalías. Son universales anatómicos: organizan tanto los segmentos de las moscas como de los humanos, y en el mismo orden. Aunque también hay disimilitudes, como la inversión arriba-abajo entre artrópodos y cordados que tanto intrigaba a Geoffroy Saint-Hilaire. Quizá pudiese explicarse con una mutación en un remoto antepasado. Pero al margen de estos genes Hox hay muchos más instrumendos de señalización: "los factores de transcripción vienen en familias, de las que lo genes homeocaja son sólo una" (105).

IV. Atrofiados (de brazos y piernas).

Aquí se tratan fenómenos como la ectrodactilia, o manos y pies en forma de pinzas de langosta; el famoso semi-mito de la tribu africana "con pies de avestruz", la aqueiropodia o atrofia de las piernas, y el violinista sin brazos Hermann Unthan. También los estragos de la talidomida... Aquí puede verse por cierto un vídeo de Tony Meléndez, admirable guitarrista sin brazos:





John Saunders estudió la manera en que las extremidades de desarrollan creciendo hacia afuera, a la manera de los brotes de las plantas, y cómo se pueden transplantar o alterarse su crecimiento. Alteraciones "naturales"....  La focomelia, como la del malabarista "Le Petit Pepin". Los dedos extra, y la polidactilia simétrica, que duplica las manos. Todo ello producto de alteración de las señales que envían determinados genes.

El sistema de activación de los genes depende a su vez de otros genes, cuestión que plantea un problema teórico, elegantemente (aunque sólo parcialmente) resuelto:

"A primera vista, las jerarquías de este tipo parecen enredarnos en una regresión infinita en la que la carga de producir orden simplemente recae en una serie anterior de entidades que deben, ellas mismas, ser ordenadas. Pero este dilema es más aparente que real. El orden del embrión se crea iterativamente. La precisa presencia del sónico en el ZPA viene definida en parte por la actividad de los genes Hox en el mesodermo del tronco del que brotan las extremidades. Pero el orden geométrico que estos genes dan a la extremidad es tosco; la tarea del sónico es pulirlo. Aparte del sónico hay, por supuesto, otros niveles de refinado en los que el orden se crea a escalas cada vez más pequeñas,  y cada una de ellas requiere sutiles e interminables negociaciones, la naturaleza de las cuales apenas comprendemos" (135)

Las extremidades se forman por condensaciones de células que se agregan guiadas por complejas señales que van y vienen, en localizaciones señaladas por los genes Hox que regulan la segmentación del cuerpo. "Muchas de las moléculas que forman las extremidades crean también los genitales,  y no debería sorprendernos que algunas mutaciones afecten a ambos" (137)—o sea, que lo de que el pitilín sea el dedito número veintiuno no es tan descabellado como parecía.

V. Carne de mi carne, huesto de mi hueso (De los esqueletos).
En los que hay deformidades como la del chino Arnold y sus descendientes sudafricanos, con falta de huesos en el cráneo y clavículas. El crecimiento de los huesos es controlado por la familia de proteínas BMP. Un transtorno en su inhibición puede dar lugar a la esclerosteosis o a la fibrodisplasia osificante progresiva, como la que sufría Harry Eastlack, invadido de depósitos de huesos. Los experimentos con salamandras de Victor Twitty transplantándoles patas demostraron que los reguladores del crecimiento no están centralizados: "cada pata de salamandra contiene dentro de sí misma la construcción de su propio destino" (153). Otros experimentos más terribles narrados en este capítulo son los del nazi Mengele con las víctimas de Auschwitz: aunque sí sobrevivió a su curiosidad la familia Ovitz, pseudoacondroplásicos que habían formado la "Banda de Jazz de Liliput" y a los que exhibió Mengele con frecuencia. A Mengele nunca se le juzgó ni se le capturó, manda huevos. La pseudoacondroplasia es uno entre varios transtornos causados por mutaciones que inhiben el crecimiento de los huesos. Está la acondroplasia, más frecuente, y la displasia tanatofórica, mortal, resultado de un exceso de la molécula de señalización FG (que regula qué está cerca y qué lejos en el eje de la extremidad del feto). Todo órgano debe poseer señales semejantes que le indiquen cuándo dejar de crecer—y es concebible que haya alteraciones del crecimiento de otros órganos, como músculos extra... aunque estén sin documentar. Otras mutaciones dañan el colágeno de los huesos y dan lugar a osteogénesis imperfecta (como la de Michel Petrucciani). El equilibrio entre crecimiento y destrucción que mantiene el hueso, si se trastoca, da lugar a la conocida osteoporosis o a su contrario, la osteopetrosis, sufrida levemente por Toulouse-Lautrec.

VI. La guerra con las grullas (Del crecimiento).
Los enanos, tan apreciados por los monarcas absolutos—quizá como emblema de sus deseos de superioridad absoluta sobre sus súbditos... Aunque el testimonio del diminuto y longevo Joseph Boruwlaski (ss. XVII-XIX) es optimista, presenta una mirada maravillada ante el mundo "desde abajo". Quizá por un fallo en la hipófisis, siguió creciendo hasta los treinta años, pero sin llegar al metro de altura. A los quince años medía 62 centímetros y medio. En 1782 le presentaron a un gigante en Londres: "mi coronilla apenas alcanzaba la altura de su rodilla". Quizá fuera uno de los dos O’Brien que andaban por londres a fines del XVIII, proclamándose descendientes de Brian Boru. Ninguno se llamaba O’Brien; de uno se sabe qu tenía un tumor pituitario.
    Hasta bien mediado el XIX no se acreditó la existencia real de los pigmeos, que habían pertenecido a la mitología clásica, con su guerra contra las grullas, desde Homero y Plinio. No se sabe hasta qué edad crecen los pigmeos, pues ellos no saben su edad ni les interesan los calendarios ni cumpleaños. El ritmo humano de crecimiento en la adolescencia es curioso, no se da en otros primates. Al parecer en los pigmeos hay una escasez relativa de la hormona del crecimiento que dse descarga en la adolescencia. Hay otras diversas poblaciones bajitas, por factores que deben combinar la alimentación y la genética. Los negritos, los darus o taron de Brimania—(y más recientemente se ha hablado de los pueblos de pigmeos de la isla de Flores, a cuenta del descubrimiento del hombre de Flores). Es posible que los taron de Birmania sean cretinos—el cretinismo es una alteración neurológica y del crecimiento. Hay una fuerte tendencia al cretinismo en unas poblaciones del norte del congo: el crecimiento y desarrollo sexual se paran a los nueve años—puede que los taron tengan una variedad más suave de lo mismo, sin esterilidad claro. En el Valais suizo también solía haber abundancia de cretinos—por falta de yodo. El bocio es otra afección relacionada—"cuello de Derbyshire" en Inglaterra. Y a esas tribus de hipotéticos cretinos, ¿habría que integrarlos a la modernidad y medicarlos, o respetar su atraso y precario modo de vida?
    Crecimiento extra es proporcionado por la castración. Historias de castratos altos, y cantantes célebres, con pechos—y no se quedaban calvos. "El último eunuco de la corte china, Sun Yaoting, no fue enterrado hasta 1996, junto con sus testículos, que habían sido meticulosamente conservados en un tarro" (205). Los eunucos tienden a conservar huesos en estado adolescente—con placas terminales de crecimiento aún activas. "Pero debe haber algo más que detenga el crecimiento aparte del estrógeno" (206). El IGF hace que proliferen las células, pero este crecimiento es regulado entre otros mecanismos por una proteína llamada PTEN. La alteración de este equilibrio entre crecimiento y contención puede dar lugar a alteraciones como el síndrome de Proteo, en el que formaciones óseas crecen descontroladamente, quizá el caso del "Hombre Elefante" James Merrick. Los perros grandes y los niños altos son más susceptibles al cáncer—¿quizá sólo porque tienen más células? O quizá por una descompensación de entrada del IGF—"una hipótesis es que el IGF impide que las células enfermas mueran" (210). Pero por otra parte la estatura en los humanos va asociada a la prosperidad y la salud; las clases altas y pueblos prósperos tienden a ser más altos—de ahí el atractivo omnipresente de la estatura en las figuras públicas. "Pero ¿qué tamaño deberíamos tener?" (215). "Los límites entre lo normal y lo patológico no son sólo borrosos; son móviles, siempre cambiantes, siempre impulsados por la tecnología" (216).

VII. El deseo y la búsqueda de la totalidad (del género).

Nos cuentan la historia de Herculine Barbin, tan cara a Michel Foucault—Herculine, hermafrodita que se crió como mujer, pero al salir, ay, "lesbiana", por así decirlo, le hicieron un cambio de sexo. Cambio sobre el papel (como los que se hacen ahora a voluntad en España), porque sus partes múltiples no se las tocaron.  Versa el capítulo sobre la diferenciación sexual, estados intersexuales... y teorías al respecto. Para Vesalio (De humani corporis fabrica, 1543) los órganos sexuales masculino y femenino venían a ser una "inversión" o exteriorización (como un guante reversible, vamos). Esta teoría le llevó a malinterpretar o describir mal lo que veía en sus disecciones.

Otro anatomista de Padua, Renaldo Colombo, "descubrió" (o más bien "describió") el clítoris en 1559. Y hasta 1998 no lo anatomizaron con atención, descubriendo sus raíces y tamaño real. Pero la correspondencia auténtica entre partes masculinas y femeninas se estableció en el XIX: "Las correspondencias ahora quedan claras: pene y clítoris; escroto y labios mayores; uretra y labios menores; y la vagina única para las hembras" (230)—una diferenciación que se hace mediante un "viaje a la masculinidad" a partir de una estructura más bien femenina: "convertirse en hembra es viajar por una autopista recta y ancha" (230). Pero si hay un cromosoma Y, "a la hora de determinar el sexo, como en el tango, el Y manda y el X lo sigue" (231). Así hay varones que tienen más de un cromosoma X, pero al tener un Y, no son varones ambiguos. En concreto es una región del cromosoma Y, la SRY, la que determina el sexo, y varones con cromosoma Y defectuoso pero con esa región intacta siguen siendo varones aunque "de sexo invertido". Y hay hembras XY, "hembras de sexo invertido", que son hembras porque no tienen el SRY donde debía estar. Lo que hace el SRY es controlar las gónadas, y de allí sale la testosterona que altera el ADN para convertir al macho en macho. Si el receptor de la proteína no funciona, lo que iba a ser un macho se convierte en una hembra... sin útero.

"A menudo se dice que estas chicas son excepcionalmente femeninas, al menos externamente. Al carecer de un receptor de testosterona, están incluso menos expuestas a las hormonas que masculinizan que las mujeres de verdad, que invariablemente poseen alguna. Su único rasgo masculino obvio es su estatura: de adultas suelen ser bastante altas, lo que sugiere que la diferencia entre macho y hembra se debe a algo distinto de la testosterona (aunque aún se está discutiendo qué es exactamente). La combinación de aspecto femenino y estatura masculina significa que las mujeres sin receptores de testosterona a menudo son extraordinariamente atractivas. En la década de 1950 al menos hubo una mujer en Francia con carencia de testosterona que se ganó la vida como modelo de pasarela, mientras que un par de gemelas idénticas sin receptores de California fueron azafatas de avión." (236)
 


Muchos pseudohermafroditas machos no están completamente feminizados al nacer, y tienen genitales ambiguos. Y ha habido frecuentes casos de "cambio de sexo" con el desarrollo de la pubertad...

el fenómeno de las chicas que se vuelven hombres es bien conocido en ciertas partes remotas del mundo. Hasta hace poco, los habitantes de Salinas (4.300 habitantes), emplazada en una región remota de la República Dominicana, asignaban el sexo femenino de manera incorrecta a uno de cada noventa muchachos, sólo para hacerle cambiar de sexo en la pubertad. El fenómeno era tan correinte que los aldeanos le pusieron un nombre: guevedoche, o "pene a los doce". (237)
 


También en Papúa Nueva Guinea es familiar el caso (más mutantes....: por falta de la enzima 5-alfa-reductasa).

Un exceso de testosterona en la madre puede también masculinizar al feto. Todo esto son mutaciones, pero las mutaciones de identidad sexual suelen dar a esterilidad—callejones sin salida de la evolución... normalmente. El caso de las hienas moteadas es curioso: hay poco dimorfismo sexual, un clítoris que parece un pene, con conducto genitourinario y erecciones... y dan a luz copulan las hembras a traves del clítoris, por carecer de vagina. Una historia dolorosa, en la que lo patológico se ha vuelto normal. Enormes cantidades de testosterona y deficiencia de aromatasa.

Platón narraba en El Banquete un mito sobre el origen del deseo, que tendría un objeto "innato" y no construido, por la divisió nde esos seres esféricos dobles de sexo diferente o igual.  La antropología del siglo XX (Boas, Margaret Mead) enfatizó el constructivismo sexual, pero "dichas ideas constructivistas del género están perdiendo fundamento rápidamente ante el estudios genético molecular del comportamiento sexual" (243).

VIII. Una frágil burbuja (de la piel).

Nos llamamos homo sapiens desde 1758 gracias a Linneo (Systema Naturae, 10ª ed.). Estuvo a punto de llamarnos homo diurnus, porque creía en la existencia de los míticos trogloditas, ahora exiguos supervivientes de una antigua raza numerosa—ellos serían el homo nocturnus; "Linneo injertó en su imagen una antigua tradición que hablaba de una raza remota y oculta de gentes antinaturalmente blancas, de ojos dorados, e intensamente fotofóbicas" (250). Tomó Linneo el grabado de la humanizada "orangutana" blanca de Jacob Bontius (Historia naturalis indiae orientalis, 1658) y lo rebautizó Homo troglodytes. (Sería interesante seguir la pista a estas leyendas de trogloditas fotofóbicos tras el descubrimiento del Hombre de Flores, y las leyendas en torno al Ebu gogo... ¿quizá aún no extintos en tiempos de Linneo, al menos en la memoria? Quién sabe. Es interesante en todo caso esta vieja edición del ensayo de Tyson sobre los pigmeos. De los trogloditas de Linneo también habla Huxley en "The Man-Like Apes"). A Leroi le parece que Linneo estaba pensando en albinos al hablar de estos trogloditas—aunque claro se mezclan más historias en la mente de Linneo.

Buffon también se interesó por los albinos, habla de la negra albina Geneviève, blanca como la tiza, en su Histoire Naturelle—"Buffon le midió las extremidades, la cabeza, los pies, el pelo: dedica todo un párrafo a sus pechos, observa que era virgen, y luego, con interés, que era capaz de ruborizarse" (252). Había mucho albinismo al parecer entre los negros del caribe.


  
 

CONTINUARÁ....







 

m/f / s/z : transexualas y hermafroditos, monstruas y prodigios 
 



 

Diez mil millones de años luz de evoluciones

Diez mil millones de años luz de evoluciones

Domingo 3 de agosto de 2008

Diez mil millones de años luz de evoluciones

—Y aún diréis que este post es largo...


Diez años tiene la edición original este volumen que me acabo de leer sobre Evolución: Sociedad, ciencia y universo, editado por Andrew C. Fabian (Tusquets, 2001).  Supongo que algunas ideas sobre la evolución habrán evolucionado también, o habrán sido desplazadas por nuevas especies entretanto... Pero aquí tomo nota de algunos puntos interesantes, ya que a mí ya me interesan desde hace un tiempo las relaciones entre procesos de desarrollo (y sus narraciones) a nivel cósmico, biológico y cultural. Por seguir un orden cronológico.

Aunque la consciencia de estos procesos de cambio ha ido muy entremezclada en cada uno de estos niveles. Las culturas siempre han sido conscientes de cambios en ellas con respecto a sus antepasados—de ahí los mitos primero, y las historias después. Podría decir alguno que en las sociedades sin historia hay una discontinuidad entre el tiempo mítico y el tiempo real, pero esa discontinuidad se da más bien con el tiempo del antropólogo que estudia el mito. La sociedad que tiene el mito por referente lo vive precisamente como una manera de relacionar su experiencia cotidiana con procesos cósmicos o con la institución de la propia sociedad. También hay en esta experiencia del mito, como en tantas otras de nuestras actividades, un anclaje narrativo que relaciona unos procesos con otros. Y en filósofos supuestamente poco historicistas como Platón hay (en el Timeo por ejemplo) mitos del origen del universo, o sobre un estado de la sociedad previo a nuestro encumbrado presente, cuando las cosas no han sido siempre como son ahora. O sobre el desarrollo de formas culturales a partir de formas más simples (pienso en la Poética de Aristóteles). Siempre ha habido un cierto evolucionismo, pues viviendo inmersos en procesos y evoluciones, raro sería que no hubiese habido siempre una cierta consciencia de ello.

Por supuesto, habiendo habido siempre esto, también son importantes los matices, y las concepciones que han permitido formular el evolucionismo contemporáneo. En Vico, por ejemplo, se encuentra formulada una teoría evolucionista y emergentista de la cultura. No habla Vico de una continuidad genealógica entre hombres y animales, pero sí acude a figuras míticas para hablarnos de una sociedad ciclópea en tiempos primigenios—no distinta en nada de los animales, a no ser por el desarrollo cultural que habría de experimentar en un futuro. Esa sociedad (o ausencia de sociedad más bien según Vico) es el producto de una degeneración cultural—es la manera de Vico de preservar intacta la línea de demarcación entre lo humano y lo animal—. Y la humanización de esos seres es precisamente, para Vico, el desarrollo de lazos sociales, básicos en primer lugar, la familia, y a partir de allí de instituciones políticas, relaciones sociales complejas, y un desarrollo histórico ya detectable en su secuencia necesaria durante la era clásica.

Pero derivo. Paso a anotar algunas ideas de este libro oxoniense, Evolución, que se ocupa de las ideas actuales sobre procesos hoy en día. Cierto es que el engranaje entre unos procesos evolutivos y otros (en cultura, biología y universo) lo tendremos que poner más nosotros desde fuera, con instrumentos como nuestro "anclaje narrativo", porque cada uno de estos especialistas está más atento a su propia disciplina que a relacionar un tipo de proceso evolutivo con otro. Este libro, que se mueve en una escala desde la evolución de teorías y disciplinas, pasando por procesos sociales e históricos, hasta la evolución de las especies, de la vida y del cosmos, es perfecto para ver que las llamadas grandes narrativas no sólo no están de capa caída (al contrario de lo que decía Lyotard) sino que por el contrario están cada vez más sólidamente formuladas en sus propios términos, y más firmemente engarzadas o ancladas unas en otras para constituir una única gran narración de la realidad Pocos libros he visto más adecuados que éste para ofrecer esta perspectiva global de un modo panorámico. Para ver en perspectiva tanta narración, haría falta en el libro la perspectiva de un narratólogo (que aquí procedemos a incluir desde fuera)—aunque sí está la de una estudiosa de las relaciones entre evolución y literatura, Gillian Beer—la única de estos ponentes a la que he visto en persona, en una conferencia en Cambridge hace—uf, diecisiete años. Volver a los diecisiete...

Stephen Jay Gould, uno de mis autores favoritos, no volverá ya allí—aunque cuando escribió este capítulo aún estaba por publicar su magna Estructura de la Teoría de la Evolución. Aquí nos habla "Sobre la transmutación de la ley de Boyle en la revolución darwiniana". La teoría de la adaptación entre función y órgano, central en el darwinismo, ya venía siendo una característica del pensamiento británico sobre historia natural. Hay pues una cierta continuidad ("evolutiva" quizá, dentro de lo "revolutivo") entre creacionismo y evolucionismo en este sentido: "Los aspectos realmente revolucionarios de la selección natural se entienden mejor si se la considera como una inversión explicativa dentro de un marco inalterado, en el que la adaptación es el fenómeno básico que debe explicar cualquier teoría aceptable de la historia de la vida" (24).

El papel de intervención directa de la divinidad se había restringido cada vez más al establecimiento de las leyes de la naturaleza en un principio (en cierto sentido ahí seguimos, nos dice Stephen J. Hawking, al ser posible la ciencia sólo en un cierto ámbito de medición). La divinidad en teoría puede hacer milagros, pero en la práctica se retira detrás de su creación... continuadamente, no hubo que esperar a Darwin para eso. La trabazón de causalidades va hilando la narración de la ciencia, un relato en el que Dios está siempre al margen. Por causa hoy nos referimos sólo a las causas eficientes aristotélicas, pero

"No obstante, la causa final era todavía una noción legítima para los científicos de la generación de Boyle (a pesar de la famosa desaprobación de Francis Bacon)." (27)


Y la causa final se aprecia bien, para Boyle, no a nivel químico o a nivel astronómico, donde no es distinguible del azar, sino en medio, en el diseño de animales y plantas. Que tienen las formas adaptadas a sus funciones por la previsión de Dios. Pero en este contexto llegará luego Darwin, nos dice Gould: "Sustituyamos la previsión de Dios por la selección natural y este argumento sobre la función se parecerá asombrosamente al que formularía un adaptacionista darwiniano" (31).

El darwinismo introducirá una secuencia histórica donde para Boyle había sólo un abanico de formas adaptadas. Se resuelven así problemas como el siguiente: "cómo explicar una función que tiene una utilidad actual para un organismo, pero que debería interpetarse como la consecuencia secundaria de una función principal u original diferente" (43)—los célebres spandrels y exaptaciones de Gould. Pero evidentemente Boyle necesitaba hacer coincidir diseño y designio (design) como prueba y salvaguardia de la evidencia y benevolencia de la divinidad—y viceversa.

Frente a esta perspectiva funcionalista y adaptativa de la biología británica, la tradición de la historia natural continental siempre ha sido más "estructuralista"—y admite Gould que "Quizá la perspectiva continental es más correcta y la mayor parte de las adaptaciones son modificaciones particulares de estructuras subyacentes producto de reglas de transformación y regularidades" (45). Pero el "ultradarwinismo" basado en un adaptacionismo a ultranza sigue dominante en la ortodoxia angófona, prueba de un deseo bastante irracional por una "cosmovisión simple y exhaustiva" (—esto es algo que creo que ha cambiado muy radicalmente en tiempos recientes con el auge de la genética evolucionista y molecular). También reflexiona Gould que si una persona tan brillante como Boyle no podía sino pensar dentro de los moldes del pensamiento de su época, eso debería hacernos reflexionar que seguramente también nosotros tenemos preconcepciones que serán rechazadas por científicos posteriores. Es curioso que sea Dawkins a quien Gould pone como ejemplo del ultradarwinismo—visto que la teoría de Dawkins no es precisamente adaptacionista. Otros "ultradarwinistas" a su juicio son Daniel Dennett y también los psicólogos evolucionistas, "cuando proponen un origen adaptativo para todos los comportamientos humanos universales, mientras que la auténtica alternativa sería reconocer la riqueza de los medios no adaptativos en virtud de los cuales surgen tales comportamientos" (enjutas, etc.) (48). Vamos, que ni Darwin, aun siguiendo la tradición adaptacionista nacional, era tan darwinista como los ultradarwinistas. En la última edición del Origen de las especies escribe que "puse en lugar bien visible (a saber, al final de la Introducción) las siguientes palabras: 'Estoy convencido de que la selección natural ha sido el principal, pero no el exclusivo medio de modificación'. Esto no ha servido de nada. Grande es el poder de la tergiversación continuada" (49).

(Aun dentro del marco común de explicar la adaptación entre forma y función, Boyle (y otros creacionistas) ofrece una narrativa muy distinta de la de Darwin—en resumen, una es mítica y otra es histórica. Es una narrativa la de Boyle en la que el diseño anatómico no es producto espontáneo de la selección natural sino obra intencional y consciente de un diseñador (Dios).  Este tipo de planteamiento lleva a sobreestimar la adecuación entre forma y función, al no tener en cuenta los accidentes históricos que se arrastran en el diseño. La multifuncionalidad de los órganos (base de una posible exaptación para funciones colaterales) tiende a perderse de vista en la perspectiva creacionista. La adaptación es en la narrativa de Darwin 1) un fenómeno natural, producto de un proceso "ciego" de selección natural, y 2) la constatación de dicho fenómeno por el naturalista—a posteriori. En la de Boyle es 1) un plan trazado a priori, antes del fenómeno. 2) El fenómeno natural (del cual el animal es inconsciente), 3) El reconocimiento del fenómeno natural, y del plan divino, por parte del naturalista—en este reconocimiento a posteriori es esencial el reconocer el carácter prospectivo del plan divino. Son dos tipos de narratividad muy diferentes).


Lewis Wolpert escribe sobre "La evolución del desarrollo celular", que es para él el paso más difícil y mayor logro de la evolución. Relaciona muy sugestivamente evolución de las especies y desarrollo del individuo: "Los procesos del desarrollo son fundamentales para la evolución de los seres pluricelulares. La evolución avanza mediante modificaciones en el programa de desarrollo del embrión, que a su vez determinan las características del organismo adulto" (53). Para François Jacob, la evolución hace chapuzas con los embriones, utilizando sus piezas para construir nuevas estructuras. "La evolución puede contemplarse como la modificación del desarrollo. Así pues, es esencial comprender tanto el desarrollo mismo como su evolución" (55). El desarrollo de una única célula, el huevo, es el proceso general de formación de un organismo: y los cambios en el desarrollo son cambios en la disposición de las capas celulares, con la creación de cavidades digestivas y diferenciación básica de estructuras (gastrulación). "Toda esta estructuración implica un número relativamente pequeño de células, y las interacciones celulares son de carácter local. Una vez se ha establecido el plan corporal básico, el desarrollo de órganos específicos, como los ojos o las extremidades, es relativamente autónomo. Los cambios diferenciales de crecimiento a partir de la fase embrionaria son un modo básico de creación de formas adultas diferentes. Las células adquieren identidades posicionales que las llevan a desarrollarse de modo diferente y a crear patrones de crecimiento según su posición relativa.

"Una característica importante de este mecanismo de estructuración es que no hay una relación simple entre la especificación posicional y la estructura final, sino que ambas están disociadas. Es mas, una de las características más atractivas de la información posicional es que las mismas identidades posicionales pueden especificar un gran número de estructuras, lo cual está apoyado por numerosas observaciones. El carácter de cada estructura depende de la manera en que las células interpretan su información posicional. (...). Es más, las mismas señales e identidades posicionales pueden utilizarse para generar estructuras bastante diferentes, cuya variedad reflejaría tanto la constitución genética de la célula como la historia de su desarrollo." (59).


Las proporciones de proteínas y de localización del ARN especifican la identidadd de las células. Las bandas de actividad de los genes quedan especificadas por la concentración local de los "factores de transcripción" que actúan en la región controlada por los genes. Existe en los genes una "caja homeótica" común a casi todos los animales, una manera económica que ha encontrado la evolución de especificar diferencias posicionales y así información de desarrollo. "Todos estos complejos génios tienen su origen en algún antepasado primitivo, y los cuatro complejos de los vertebrados deben haber surgido mediante duplicaciones de esos mismos genes en un antepasado posterior" (62) aunque aún no se conoce el mecanismo de señalización que liga la caja homeótica a la posición correcta de desarrollo celular. Sí se ve la economía del mecanismo: "una misma señal de posición puede actuar en diferentes etapas del desarrollo" (63) para especificar diferentes partes del cuerpo. De ahí la posibilidad de injertar genes que produzcan duplicaciones de regiones o desarrollos atípicos de órganos en otras posiciones.  "Genes similares están implicados en el desarrollo de los ojos de insectos y vertebrados" (64). Hay en animales y plantas muchos mecanismos que establecen ejes de desarrollo en el huevo—pero en el fondo los mecanismos morfogenéticos se repiten una y otra vez, combinándose cn cambios de forma y crecimiento. El cerebro humano no es ningún desarrollo atípico en cuanto a los mecanismos que usa.

Una célula es, relativamente, más compleja que un embrión. "El desarrollo del embrión no es más que el resultado de actividades celulares modificadas de forma coordinada" (65). Y "Los procesos básicos (diferenciación, organización espacial, cambio de forma y crecimiento) ya estaban presentes en la célula eucariota" (66). La mitosis permite diferenciar células hijas distintas mediante la distribución desigual de los componentes celulares en la división. 2 teorías sobre el origen de los seres pluricelulares: a) agregación de células, b) crecimiento celular con establecimiento de fronteras. Wolpert propone una variante de (b). Una división celular sin separación permitiría fenómenos como el canibalismo celular: en medios sin alimento, una célula puede servir de alimento a la otra, lo cual proporcionaría una ventaja selectiva. Propone una variante del "efecto Baldwin" formulado por Conrad Waddington. "Este mecanismo implica la inclusión en el programa de desarrollo de un efecto de origen ambiental a través del reemplazo de la señal ambiental por una señal embrionaria" (69). (Podríamos decir que en cierto modo es una "gramaticalización" de la señal ambiental, incorporándola al programa de la comunicación celular y elevando así a una fase superior la semiótica celular).

El desarrollo es la generación de diferencias entre las células. Se podría llegar a la codificación de estas diferencias, para un desarrollo secuencial, introduciendo señales similares a las señales ambientales que ayudan a ejemplificar ejes embrionarios —por ejemplo mediante el contacto con el sustrato. Así se podría producir la primera gastrulación con la correlativa diferenciación de células internas y externas en el organismo.

El desarrollo embrionario, una vez constituido, es un campo de experimentación privilegiado para la evolución biológica. Al tener lugar en un medio "no competitivo" puede desarrollar variaciones que no sean objeto de selección negativa, así el embrión puede "explorar" nuevos caminos morfogenéticos.

Los mecanismos morfogenéticos básicos se seleccionaron por generar variedad con relativa facilidad y ser reutilizables en muchos patrones diferentes. "Todo ello, junto con la posición evolutivamente privilegiada del embrión, pudo facilitar el desarrollo de organismos cada vez más complejos" (76).

(En suma, una perspectiva "evolucionada" y muy sugerente sobre las relaciones entre ontogenia y filogenia—dos tipos de "evolución" que siempre se han visto sospechosamente relacionados, aunque no acabemos aún de entender totalmente cuál es esa relación. La inclusión de ambos procesos en una narrativa común, mostrando sus relaciones sin confundir un proceso con otro más de lo debido, es uno de los retos a que se enfrenta toda teoría evolucionista. Narrativamente hablando, la ontogénesis está más "planificada" que la filogénesis, pues al ser un fenómeno múltiples veces repetido, se puede prever su desarrollo y determinar su codificación. Es un proceso interior al organismo mismo, una "evolución" en el sentido de desenvolverse de algo previamente establecido. La génesis de una especie, por el contrario, es un fenómeno único, y exógeno, pues se produce por interacción entre una especie madre, o una población determinada, y un medio ambiente en el cual es importante la interacción con otras especies. Sí hay elementos parelos, claro: aunque el origen de una especie es un estudio más "histórico", por menos generalizable, también hay elementos en común y procesos similares en el origen de las especies (mutaciones, selección natural, aislamiento de una población, extinción, etc.). Y la génesis de un individuo dado también es una "historia", no sólo biología—en especial si se trata de un individuo atípico. Algunos de los hitos evolutivos se habrán producido en individuos específicos, en los que se confunden las historias de la génesis del individuo y la de la especie).


Jared Diamond escribe sobre "La evolución de los gérmenes y las armas de fuego." Da una explicación de por qué han sido las culturas euroasiáticas las que se han impuesto sobre el resto de las poblaciones humanas, y no al revés. "Salta a la vista que las diferencias existentes en el año 1500 fueron la causa directa de las desigualdades del mundo moderno.  Los imperios de la edad del hierro conquistaron y exterminaron a las tribus de la edad de piedra. Ahora, ¿cómo se llegó a la situación del mundo en el año 1500?" (80). Basa su explicación no en argumentos racistas ni (dice) en una exaltación del progreso, sino en factores sociogeográficos. Aclara que está por demostrar que el progreso sea bueno para la mayoría de la humanidad, y que no se pronuncia sobre ello. Que las culturas avanzadas producen individuos menos estimulados, con atrofia mental irreversible (esto parece cuestionable, aunque sí podría defenderse que se favorece un crecimiento mental menos equilibrado y más especializado, como más especializadas —pero no atrofiadas— son las funciones sociales desempeñadas).

En suma, los nativos del nuevo mundo fueron exterminados no directamente por los europeos, sino por sus enfermedades. La mayor resistencia de los eurasiáticos a las enfermedades se debe a su inmunización por la convivencia con gran variedad de animales domésticos, mientras que los animales domésticos de otros continentes son pocos. En parte por accidentes de la zoología, la extinción y la capacidad de domesticación, y en última instancia por el mayor eje transversal de la zona templada eurasiática, que permite el intercambio y difusión de tecnologías, animales domesticables y plantas cultivables. El desarrollo agrícola es básico, pues una población de agricultores puede desarrollar tecnologías más avanzadas, y son entre 10 y 100 veces mayores que las poblaciones de cazadores-recolectores. Los excedentes alimenticios permiten la especialización social de funciones, castas de artesanos, el desarrollo de la escritura, la creación de ejércitos permanentes...  La geografía produce superioridad en plantas y animales, y de allí en gérmenes, en agricultura y escritura, en organización política, en armas de fuego...

Un proceso parecido explica la expansión europea sobre América, Africa y Australia. Es llamativo en este último caso el efecto del aislamiento cultural. Los desiertos del norte de Australia impidieron la difusión de las culturas agrícolas de Indonesia y Nueva Guinea. Y los tasmanios son un caso especial: aislados con respecto a Australia, tenían la cultura más atrasada del planeta, sin herramientas compuestas ni dominio del fuego.  "Así pues, la historia de Tasmania es un caso de aislamiento humano sin precedentes fuera de la ciencia ficción, un aislamiento absoluto que duró 12.000 años" (98). El aislamiento genera atraso: la comunicación permite difusión de tecnologías que si no llegan a perderse, al no poderse recuperar éstas, tras una fase de abandono, por importación de los vecinos.

"Si lo demás no cambia, las innovaciones aumentan y las pérdidas culturales disminuyen en las áreas ocupadas por numerosas sociedades en competencia mutua, populosas y en contacto con pueblos foráneos" (...). (100)


(Esto también explicaría el auge de Europa, y no, por ejemplo, de China o Japón o Corea, algo en lo que Diamond no entra. La competencia, comercio e intercambio, así como la comunicación, era mayor en Europa. No habría que subestimar aquí la importancia acumulada del imperio romano, del latín, de la Iglesia, y de la imprenta—así como de las guerras de religión y de la fragmentación lingüistica competitiva. Factores especialmente poderosos de unión y de conflicto competitivo a la vez).

"La conclusión general que se desprende de este vertiginoso viaje por la historia humana es que ésta ha sido modelada por el entorno" (100). (Bueno, tanto más modelada cuanto más parte de la misma sociedad incluimos dentro del concepto de entorno. Automodelada, también, dentro de un entorno). Diamond termina defendiendo la historia como ciencia dentro de un concepto más generalizado (y clásico) de ciencia como conocimiento racional, no como "experimentación".

(Habría que afinar más, como de hecho hace la Historia, a la hora de distinguir y demarcar estos procesos evolutivos que combina Diamond en un todo global—y volver a hacer sitio a la consciencia y a la intencionalidad. Porque (por ejemplo) el desarrollo de una resistencia a los gérmenes es un fenómeno en gran medida espontáneo (mal entendido, para empezar) hasta el desarrollo de las vacunas y de la microbiología. El desarrollo tecnológico, en cambio, está mucho más orientado por procesos conscientes. Por no hablar de las decisiones políticas de invadir tal o cual territorio, competir, pactar, etc. La consciencia, estoy de acuerdo, es sólo la punta del iceberg en los fenómenos humanos, pero no por ello deja de ser trascendente y activa, y debe incluirse en la explicación de los fenómenos evolutivos en tanto en cuanto los interpreta, actúa sobre ellos y los orienta, o procura hacerlo. Más sobre esto enseguida).


Richard Rogers escribe sobre "La evolución de Londres". A modo de organismo que se adapta al entorno para sobrevivir.  Londres, como las ciudades occidentales en general, está en periodo crítico:

"Su futuro no puede dejarse en manos de los procesos de mutación aleatoria, en los que las fuerzas del mercado determinan las políticas y dan forma a su entramado físico. Se necesita una planificación inteligente, un diseño que se adelante a los acontecimientos y una intervención gubernamental que evite los procesos de decadencia gradual y extinción final que afectaron a otras culturas urbanas del pasado" (105).


(Matizando, habría que subrayar que la ciudad siempre ha crecido como una forma en parte planificada y en parte aleatoria. Hay diferencias de grado, sí: pero ninguna planificación global puede anticipar procesos de desarrollo exógenos ni tener en cuenta todos los factores. La diferencia entre evolución guiada conscientemente y evolución caótica no es nunca absoluta).

Rogers propone dar a Londres un metabolismo sostenible, un desarrollo que cuente con las generaciones futuras y les deje un capital natural sostenible y aumentado. (Claro que no es cosa de Londres, sino de Occidente, de la modernidad y el desarrollo en conjunto...).

Frente a los espacios multifuncionales  de la ciudad tradicional, que tenían función integradora para la comunidad, las ciudades modernas han privilegiado espacios monofuncionales (Michael Walzer). En el caso de Londres fue pernicioso desmantelamiento entre 1975 y 1995 del Greater London Council, que había planificado la ciudad de modo racional tras la guerra. Es especialmente importante la reordenación de espacios abandonados en los muelles en lugar de dejarlo al caos, y la racionalización del transporte público. El coste de un sistema eficaz de transporte público debe evaluarse a largo plazo. (Ah, hoc opus, hic labor, el hacer políticas a largo plazo o a corto plazo. A los políticos se les suele evaluar a corto plazo, y es uno de los gajes y ventajas de la democracia). Se requeriría recuperar y utilizar el Támesis (Como el Ebro en Zaragoza, que ha sido ignorado hasta hace un par de años). Crear ambientes urbanos compactos y bien comunicados que eviten la degradación de suburbios. Rogers ve posibilidades de ciudades más racionales en la era postindustrial de las comunicaciones.

(Siempre me ha llamado la atención la ciudad como una especie de hongo humano, donde se ve el resultado a veces caótico a gran escala de las pequeñas acciones planificadas por los individuos particulares o por los políticos. Y cómo adoptan formas adaptadas (o mal adaptadas, a veces) a su entorno geográfico y ambiental.  En realidad no es diferente el caso de todo producto humano, planificado en parte, hasta donde nos llega la vista, pero fuera de control de una intención definida en última instancia. Una política potente es una política planificadora, que evalúa, dirige y controla, haciendo la ciudad de modo activo, una narración de objetivos y consecuciones, no sólo de resultados evaluables y comprensibles únicamente a posteriori. Ahora que los magnos planes también suelen perder el contacto con la realidad y con las fuerzas que habrían de llevarlos a cabo. La clave está en una conjunción realista entre planificación urbana central y orientación adecuada de los esfuerzos económicos individuales de la población en general—pero todo estos son diagnósticos difíciles de hacer, y narraciones enfrentadas).


Tim Ingold: "La evolución de la sociedad". Casi nada...
Comienza Ingold recordándonos que a Darwin no le gustaba el término "evolución" porque entonces sugería un desarrollo predeterminado (como el del embrión) o el avance general de la vida y el cosmos en la teoría de Spencer. Para Darwin la selección natural no produce progreso o avance necesariamente. (Sin embargo, sí habría que admitir que en la evolución biológica los fenómenos complejos o emergentes sí proceden necesariamente de fenómenos más simples (aunque también puede haber regresiones, etc.), y en ese sentido no es tan ajena la teoría de Darwin a un evolucionismo en el sentido de Spencer). Ingold ve al progresivismo evolucionista de Spencer como un error perpetuado en la síntesis moderna de Dobzhansky y Julian Huxley. (Volvemos a la diferencia entre ontogenia y filogenia, que no deben confundirse:)

"[El desarrollo ontogenético del embrión,] determinado por un programa único codificado en los genes del organismo, puede describirse como un despliegue progresivo de complejidad organizada al que se le puede aplicar con propiedad el concepto de evolución. La descendencia con modificación [término preferido por Darwin] no se ajusta a ningún programa, sino que se debe a las imperfecciones en la replicacón de la información genética de una generación a la siguiente." (132)


Desde el punto de vista darwinista, sólo se pueden aplicar estos conceptos al cambio social si no es un proceso evolutivo. (Y claro que no lo es, pues intervienen múltiples factores exógenos. Pero eso tampoco hace más adecuada la trasposición de conceptos biológicos, que mal será otra cosa que una metáfora). No se puede decir que la sociedad actual sea producto de un proceso selectivo. (¿¿?? ¿Cómo que no? Claro que se puede. Las formas económicas y sociales más viables se hacen predominantes y arrinconan a las otras (los supermercados a las tiendas del barrio, etc.). Pero eso no quiere decir que sea un proceso de "descendencia con modificación" o una selección "natural"). Ingold sí quiere una teoría común para los humanos y el resto del mundo animal, pero no considera que el darwinismo sea suficiente: "Aunque Darwin pudo explicar la selección natural, ¡la selección natural no puede explicar a Darwin!" (134). (Bueno, Darwin no reducía todo a selección natural. Y estudiaba el origen de las especies, no el desarrollo de la cultura, o sea que este planteamiento es un tanto inoportuno. Y en la medida en que Darwin contribuye a explicar la evolución humana, es injusto decir que "no puede explicarse a sí mismo". En este post intentamos explicarnos a nosotros mismos, considerando procesos evolutivos a la vez más amplios y más locales que los estudiados por Darwin).

Analiza Ingold la evolución del concepto de "sociedad". En la época moderna, la sociedad como "comunidad en su globalidad" es desplazada por la sociedad como "sociedad civil", que se contrapone al poder del Estado. Es un concepto capitalista-comercial, en el que cada individuo busca su beneficio particular, y "Según este modelo, la sociedad no era más que una suma de transacciones individuales" (135). (Reconocemos aquí tanto el concepto de la fábula de las abejas de Mandeville (virtudes públicas derivadas de vicios privados) como la mano invisible del mercado teorizada por Adam Smith—así como el dicho de la Sra. Thatcher de que "la sociedad no existe"). "Muchos cronistas de los siglos XVIII y XIX lamentaron qeu la instauración de la sociedad civil acarreara una pérdida del sentido de comunidad" (135). (Pensemos en los críticos de la economía política británica, no digo tanto Marx como Carlyle, Ruskin o Dickens).

"Otros teóricos, sin embargo, identificaban la sociedad con las instituciones reguladoras y, por consiguiente, con el estado. Según éstos, las transacciones motivadas por el interés propio eran puramente económicas (como las mercantiles) y, por lo tanto, no eran propiamente sociales. (...) En este caso, el concepto de sociedad no se construye por oposición a la sociedad o al estado, sino por oposición al individuo." (137).


Es la visión de Durkheim, que (frente a Spencer que—como Thatcher—identifica los propósitos de la sociedad con los de los individuos que la constituyen) ve en la sociedad una mente colectiva de carácter superior, una conciencia colectiva "que restrinja y castigue la búsqueda de la satisfacción de los deseos innatos en nombre del conjunto de la sociedad" (137).  En suma, el concepto de sociedad se mueve en un espacio que puede oscilar más hacia uno u otro de los vértices de un triángulo delimitado por los conceptos de "Estado", "Comunidad popular" o "Sociedad civil".  Y (según Eric Wolf) las descripciones de la sociedad no son simples enunciados de hechos brutos sino que construyen activamente un estado de cosas (son "performativas" diríamos).

El mundo social de los cazadores-recolectores se fundamenta en las relaciones cara a cara, no mediadas pro cargos administrativos ni jerarquías. Es muy distinto al individualismo de la sociedad civil, que concibe al individuo como constituido previamente a su entrada en la interacción social: "la autonomía del cazador-recolector es relacional, en el sentido de que su capacidad de actuar por [cuenta] propia es el resultado de una historia de implicación continua con los demás, en contextos de actividad práctica conjunta" (141). Las sociedades de cazadores-recolectores no tienen para sí otro nombre que "personas" o "gente"—los nombres que les dan los antropólogos son los insultos que les ponen sus vecinos. El principio de su socialidad es no sólo previo o ajeno, sino fundamentalmente contrario a la noción de Estado.

La antropología decimonónica presuponía un mayor desarrollo cerebral en las civilizaciones avanzadas: la evolución cultural y la biológica serían un mismo proceso continuo. Pero esto se ha probado erróneo: con lo cual hemos vuelto al planteamiento próximo al XVIII:

"Existe un proceso (la evolución) que conduce desde nuestros antecesores simiescos hasta los seres humanos 'anatómicamente' modernos, mientras que otro proceso (la cultura o la historia) conduce desde el pasado primitivo de la humanidad hasta la ciencia y la civilización modernas, sin que se haya producido ningún cambio biológico." (145).


(Mediemos: Ni tanto, ni tan poco. La historia y cultura sí suponen una nueva dimensión emergente posibilitada por el desarrollo del lenguaje. Su evolución ha de medirse con parámetros distintos a los de la evolución biológica. Pero en la medida en que los fenómenos culturales tienen una manifestación biológica, y orientan las capacidades de los individuos seleccionándolos y educándolos para distintas funciones sociales, sí hay una continuidad también entre cultura y biología—muy visible en los casos en que las razones culturales tienen consecuencias biológicas: eugenesia, tecnologías corporales, racismo, genocidios, etc.  No conviene subestimar la importancia de estos factores en el arrinconamiento de determinadas poblaciones, exterminación de Neanderthales, etc.—factores que sí son "evolutivos". Por introducir una analogía cibernética, si la biología es el hardware, la cultura es el software y las redes. Y un mismo ordenador, con la misma memoria, puede realizar tareas mucho más complejas con un software más avanzado. O en red.).

Los cazadores-recolectores se encuentran así en el origen de la humanidad en el punto de intersección que concibe la antropología actual para estos dos procesos de cambio, uno evolutivo, otro histórico, cortándose a modo de coordenadas cartesianas.  Y es tema de gran debate si el ser humano actual sigue lastrado por tendencias evolucionadas y seleccionadas para una sociedad de cazadores-recolectores pero inadecuadas para la vida moderna. Ingold ve una contradicción inherente a la biología evolutiva en esta concepción de la cultura como una diferencia esencial y no sólo de grado con respecto a la evolución biológica. No hay sitio aquí para la propia biología como fenómeno:

"Aunque la biología neodarwinista proclama la continuidad evolutiva entre la humanidad y el resto del reino animal, esta continuidad se aplica a los humanos como cazadores-recolectores, no como científicos, y ambas categorías sólo pueden coexistir recuperando la distinción esencial entre la humanidad y la naturaleza, lo que compromete la tesis de la continuidad" (148).


(Quizá se resuma mejor esto diciendo que el darwinismo no está pensado como una teoría de la cultura, y que la antropología darwinista no es convincente como una teoría de la cultura.). La tarea de la antropología según Ingold es partir de la premisa del compromiso humano con el mundo, no su distanciamiento de él:

"no podemos seguir aceptando la tesis neodarwinista ortodoxa de que las capacidades humanas están especificadas de antemano, a la espera de desarrollarse, en virtud de alguna dote innata que cada individuo recibe en el momento de su concepción. Por el contrario, creo que estas capacidades son propiedades emergentes del sistema de desarrollo global que se constituye cuando la persona en ciernes se integra en un campo más amplio de relaciones, las más fundamentales de las cuales son las relaciones con otras personas." (150).

Es en el seno de ese compromiso práctico donde surgen las instituciones, incluidas las sociedades. La noción de "personas en su entorno" es más adecuada que la de "individuos autocontenidos" para disolver la dicotomía entre evolución e historia, "y la búsqueda de los orígenes de la sociedad, de la historia y de la verdadera humanidad se convierte en la búsqueda de un espejismo" (152). (Bueno... una manera menos simpática de ponerlo es decir que nos estamos humanizando (o deshumanizando) continuamente, y que no hay más continuidad fundamental entre un humano de una sociedad moderna y uno de una primitiva, de la que hay entre éste y un australopiteco o un chimpancé. Porque la humanidad es algo in fieri, y las fieras están incluso entre nosotros, no hay que ir a la sabana a por ellas.).

Termina Ingold intentando desmantelar, de modo no muy convincente, no sólo la distinción entre evolución e historia, sino también enter filogenia y ontogenia. El desarrollo ontogénico está, sí, codificado en el ADN, "pero el ADN, por sí solo, no especifica nada". Hay que tener en cuenta al organismo en su entorno, no aislar un elemento único. (Y en efecto así es, pero también necesitamos disciplinas que abstraen y aíslan, precisamente para permitir el estudio en sus propios términos (o sea en profundidad y relevancia) de los fenómenos emergentes. Hace falta poder usar el microscopio para lo que conviene estudiar al microscopio, aunque haya una continuidad entre el mundo microscópico y el macroscópico que no conviene tampoco olvidar).


Gillian Beer, "La evolución de la novela".
Y empieza diciéndonos Beer que "no creo que la novela haya evolucionado"—una valoración que no tiene ni pies ni cabeza se la mire por donde se la mire. ¿Acaso no sabría Beer distinguir una novela escrita en el siglo XVIII de una escrita en el XX? En fin... pasemos a los aspectos interesantes de su capítulo.

Nos dice que a Darwin le gustaban las novelas, aunque se avergonzaba de leerlas, y que no le gustaban mucho las más inteligentes y pesimistas, sino las de final feliz, y eso que en su propia narrativa de la evolución evita los argumentos satisfactorios y simplistas: paradójicamente, "Las historias de Darwin nunca aprueban ese confortable conservadurismo: no sobrevive ningún estado original al que se pueda retornar" (161). Contradice Beer a Ingold: Darwin no creía que los habitantes de sociedades primitivas tuvieran una capacidad cerebral menor que los determinase. Testigo fue del contacto de los fueguinos con Londres. (Una peripecia narrada también en This Thing of Darkness de Harry Thompson).

Conceptos darwinistas adaptados por otros campos: la hiperproductividad, la variabilidad y la selección. "Darwin luchó para despejar a la selección natural de sus componentes culturales: por ello la distinguió de la selección artificial y de la selección sexual" (166). (Que son, sin embargo, otras modalidades de selección igualmente activas). Los novelistas, en sus reacciones a la teoría de Darwin, suelen disentir de ellas y sacar a la luz los problemas internos de la teoría.

La idea de evolución confluyó con otras ideas de cambio como la cambio social, el desarrollo industrial... pero no siempre se implica una secuencia controlada: puede haber cambios catastróficos. "Evolución" era término tomado de la ontogenia (como hemos visto) pero al nivel de la especie no puede predecirse la evolución: no está codificada una gramática ineludible de desarrollo. Darwin no se ocupa ni del origen de la vida ni de la especie humana en el Origen—pero Beer nos recuerda que su título completo es "o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida"—(lo cual en una época de imperialismo racista no admite interpretaciones muy divergentes...). Y el lenguaje de Darwin, observa, "está repleto de términos que connotan planificación e intervención" (169). (Eso a pesar de privar a la selección natural de voluntad, planificación y agente).

"La presencia humana en el pensamiento de Darwin es ambigua: a veces parece faltar por completo. De ahí el atractivo de su teroái evolutiva." (169). El proceso de selección natural es más amplio, y ajeno a la autoestima humana. Pero los humanos tendemos a posicionar. (El concepto de anclaje narrativo, de ubicación de unas narraciones por respecto a otras, no es por cierto sino una de estas estrategias de posicionamiento). Y la novela es la forma literaria más posicionada (Podríamos decir que toda novela sustancial es a su manera una novela histórica)—

"La novela es la forma literaria más posicionada, basada en el detalle, el ejemplo y la instantaneidad. También está obsesionada, como forma, con el problema del cambio: un relato familiar en el que la progenie se diferencia de los progenitores tiene más enjundia que otro en el que los hijos se parecen a los padres" (170).


(Toda narración narra un cambio... pero los de las (grandes) novela están atentos a múltiples dimensiones históricas y contextuales. Son estudios de cambios en profundidad).

Marx leyó a Darwin e interpretó su biología en clave sociológica, como un desplazamiento de planteamientos de clase, competencia malthusiana y capitalista, al terreno de la biología. Revelador, pero "Es aún más revelador, por supuesto, que Marx sólo recogiera del discurso aquellos elementos que armonizaban con sus propias preocupaciones" (170). El pensamiento de Darwin funde teorías económicas, raciales, lingüísticas de su época—y el naturalista observa que "Dondequiera que los europeos han llegado, la muerte parece perseguir al aborigen" (Darwin, El viaje del Beagle, en Beer 171). La idea de selección natural (aunque no la aplica Darwin a la sociedad humana) viene tanto de la experiencia colonial y genocida como de la observación de pinzones y tortugas. "También influyeron en él sus lecturas de autores como Walter Scott, cuyas novelas exploran los procesos de cambio por los cuales una nación-cultura sucumbe a la pujanza de otra" (171). (Decía Lukács que la novela de Scott narra el trasfondo del desarrollo de la modernidad—sociedad burguesa, de mercado, individualista—y el arrinconamiento de las formas residuales tribales y feudales. Es un caso modélico de anclaje narrativo, y la teoría de Lukács en La novela histórica es en ese sentido también una teoría narratológica sobre el anclaje narrativo).

En suma, enfatiza Beer que el pensamiento evolucionario de Darwin no es sólo la fuente, sino también el receptor de una serie de influencias, parte de un tejido más amplio de ideas intercambiadas y circuladas entre disciplinas científicas y no científicas. Es en gran medida un pensamiento sobre la interacción y las relaciones entre las cosas, "Las relaciones le fascinan y le inquietan" (173)—analogías entre fenómenos, atención a los particulares dentro de un impulso para desarrollar una teoría general. Es un pesamiento atento a la complejidad, a la interacción, a las excepciones, y a la relevancia de lo que para otros parece marginal.

"La teoría de Darwin requiere al mismo tiempo la muerte de ingentes cantidades de seres y la intervención del individuo" (174). Angustia de Darwin en su Autobiografía al no desear creer en la evolución como un progreso pero no ver justificación para ello. Consciencia de que la energía se agota: aceptación de la postura de Huxley de que la evolución no tiene por qué implicar progreso. Cf. la novela de Wells La máquina del tiempo y su visión futura de una humanidad degenerada. Otras novelas con temas darwinistas: Jenny Disky, Monkey's Uncle (1994) sobre Darwin y FitzRoy, y también los fueguinos trasplantados a Inglaterra, el orangután Darwin, y Marx y Freud... (una fantasía filosófica, a comparar con This Thing of Darkness de Harry Thompson). El pensamiento de Darwin, por su complejidad y su rechazo de las soluciones simples, sigue siendo un reto e inspiración para los novelistas.

Freeman Dyson, "La evolución de la ciencia".
Dice uno "evolución de la ciencia" y se piensa en La estructura de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn. Dyson presenta una crítica a Kuhn y una explicación alternativa. Pero vayamos por partes.

Establece una analogía entre procesos en la biología, en la astronomía y en la historia.  En biología son cruciales los procesos de especiación y simbiosis:

"A raíz del trabajo de la bióloga Lynn Margulis y otros precursores, la perspectiva inicialmente herética de que la simbiosis ha sido el mecanismo crucial para la evolución de la vida ha pasado a formar parte de la ortodoxia. Cuando contemplamos la evolución de la vida desde una perspectiva ecológica, y no sólo anatómica, se incrementa la importancia de la simbiosis respecto de la especiación." (185).


A nivel astronómico, podemos hablar de especiación como una transición de fase. El universo evoluciona mediante transiciones de fase, que producen estados cada vez más asimétricos: formación de nubes moleculares, de estrellas, de planetas... La aparición de la vida es otra transición de fase, otro proceso creador de mayor orden y estructura, que encaja lógicamente en la evolución del universo. Largos períodos de estabilidad son sucedidos por un cruce de umbral que da lugar a una nueva fase de especiación.

La simbiosis, que produjo las células eucariotas, tiene también su analogía astronómica: las modificaciones e interacciones mutuas entre formas cósmicas (grupos simbióticos de estrellas, planetas, etc.).  (Ver una concepción similar de la simbiosis a nivel cósmico en este párrafo de The Philosophy of the Present  de G.H. Mead). "La simbiosis adquiere cada vez más protagonismo a medida que el universo evoluciona" (192). El medio ambiente de la Tierra, en interacción simbiótica con el Sol, se transformaba continuamente mediante transiciones de fase, y así apareció y evolucionó la vida.

Pasemos a los procesos de evolución de la ciencia: hay dos tipos de revoluciones: "las revoluciones impulsadas por nuevos conceptos y las impulsadas por nuevas herramientas" (193). (Bien, siempre se ha hablado de la "revolución industrial" aunque se restrinja al campo de la producción, como si no tuviese consecuencias científicas.  Esto me recuerda un comentario de mi padre cuando manifiesta su escepticismo con la obsesión de los historiadores con la Revolución Francesa: dice "No niego que fuera importante, pero donde esté un motor—Esos tienen igual cuatrocientas revoluciones por minuto. Y eso ya son revoluciones. Los motores sí que han acabado con la esclavitud, y no la Revolución Francesa" Claro que las revoluciones impulsadas por herramientas a que se refiere mi padre son revoluciones sociales, no tanto científicas.). En su libro, Kuhn trató exclusivamente de las revoluciones causadas por conceptos, y así dio una imagen distorsionada de la evolución científica que desorientó a toda una generación.

"Las revoluciones conceptuales explican hechos conocidos de otra manera. Las revoluciones impulsadas por herramientas descubren hechos nuevos que requieren explicación." (194). En astronomía han sido constantes las revoluciones impulsadas por herramientas (telescopios, radiotelescopios, espectroscopia, etc. Trata las revoluciones de Bernhard Schmidt y Fritz Zwicky para el registro sistemático de acontecimientos con telescopios ópticos, el proyecto Hotel Vela, para detección de rayos gamma, derivado de la guerra fría, la revolución reciente de la astronomía digital, el desarrollo de misiones interplanetarias "baratas" gracias a la nueva tecnología, etc.).


Martin Rees, "La evolución del universo."

"Los cosmólogos estudian la evolución a la escala más grande de todas." (211).

Explica Rees la "alquimia cósmica", la formación de átomos más o menos pesados en distintas fases del proceso cosmológico, las estructuras de los diversos tipos de estrellas.

Las galaxias son peor comprendidas. Pero el estudio de su distribución nos permite estar seguros de que el universo es homogéneo a gran escala. (No entiendo muy bien esto de que es homogéneo y a la vez finito. Claro que Rees especula también a niveles donde la ciencia no llega, o es muy incierta, como muestra la siguiente afirmación:) "Sólo podemos observar un único universo, aunque es probable que sólo sea una pequeña parte de todo lo que existe" (217). (¿En qué sentido existe si sólo es concebible, y no observable? ¿En sentido ficticio? Hay un punto en el que la existencia de un fenómeno es sólo accesible matemáticamente, y si faltan datos para relacionar física y matemática, o hay diversas soluciones matemáticas, la solidez del fenómeno no es lo que solemos concebir como "científica"). Explica Rees el Big Bang y sus imágenes populares (no queda claro por qué le parecen sospechosas o poco fiables, en sustancia). La teoría del Big Bang se mantiene firme a finales de los 90, a pesar de sus popularizaciones. (Y a pesar de su origen formulado por un sacerdote católico belga en 1931...). "Fue Fred Hoyle quien introdujo la explicación 'Big Bang' (gran explosión) como una descripción burlona de una idea que nunca le gustó" (218). (Como no me gusta a mí, por el campo abierto que deja sin explicar, sobre causas etc. Pero qué se le va a hacer, así son la ciencia y sus límites, al menos los actuales, tal como nos lo explica también Stephen Hawking en Historia del tiempo. Ver también Paul J. Steinhardt y Neil Turok, Endless Universe: Beyond the Big Bang, Doubleday, 2007).

"Apostaría a que la teoría [del Big Bang] es correcta al menos en un 90%. Pero la consistencia no garantiza la verdad. Nuestra satisfacción puede ser tan ilusoria como la de un astrónomo ptolemaico que acabara de ajustar un epiciclo" (Rees 222).


Futurológicamente hablando, queda mucho tiempo al Universo para progresar hacia más diversidad. No podemos predecir con seguridad la expansión indefinida o contracción del universo, por el problema de la materia oscura. Por ejemplo, "Si los neutrinos tuvieran la masa que se les atribuye, entonces contribuirían a la masa total del universo más que todas sus estrellas y nubes de gas" (225).

"Sin embargo, hay un amplio consenso en que el universo tiene una densidad exactamente igual a la crítica o quizá mayor, de modo que la extensión de su espacio-tiempo es finita." (226).  (Aquí tercia el traductor diciendo que recientes observaciones sugieren más bien un universo "abierto"—y nadie sabe nada).

"Si tuviera que resumir la evolución del universo desde la gran explosión, diría (tras respirar profundamente): 'Desde el origen, los efectos de la gravedad, contrarios al equilibrio termodinóamico, han amplificado las inhomogeneidades y creado gradientes de temperatura cada vez mayores, un prerrequisito para la emergencia de la complejidad que hoy, diez mil millones de años después, nos envuelve y de la cual formamos parte'." (229).


Los fenómenos del universo pueden reducirse a leyes conocidas, pero también derivan de "condiciones iniciales" misteriosas, tanto para nosotros como en tiempos de Newton—

"Hasta cierto punto, aún nos limitamos a decir que 'las cosas son como son porque fueron como fueron'. Lo que el progreso científico ha permitido es trasladar la cuestión más allá del origen del sistema solar, hasta el primer segundo después de la gran explosión" (229).



Más allá, no nos sirve nuestra física, pues cuando la densidad del universo era mayor que la de un núcleo de átomo. Y a ese nivel, los efectos cuánticos son relevantes para todo el sistema. "Esto sucede en el tiempo de Planck, a los 10-43 segundos después de la gran explosión" (232). Tres eras del cosmos: 1) el primer milisegundo; 2) primer milisegundo-1.000.000 de años después: era cosmológica, la más fácil de comprender; 3) la tercera, la era estudiada por los astrónomos tradicionales, con la formación de las primeras estrellas, galaxias y cuásares. "La tercera parte de la historia cósmica es difícil de estudiar por lo miso que hace complicadas las ciencias medioambientales, desde la meteorología hasta la ecología" (233).

Hay que constatar, sin embargo, que "las propias leyes físicas pudieron quedar determinadas en las primeras fases del universo primitivo" (233), en la que nuestra física es incierta. Hay, sin embargo, perspectivas de poder investigar la física de los primeros momentos a partir de las huellas y fluctuaciones de la radiación de fondo.

"En cierto sentido, el universo tiene una energía neta nula. Cada átomo tiene la energía correspondiente a su masa en reposo (la einsteniana mc2) más una energía potencial negativa causada por el campo gravitatorio del resto del universo, que equilibra exactamente su masa en reposo. Se puede decir, por lo tanto, que la expansión de la masa y la energía de nuestro universo 'no cuesta nada'. (235).


(O quizá se pueda decir que es una especie de tautología derivada de los puntos de referencia físicos que utilizamos como para la medición....). El universo surgió "de la nada" pero no hay que confundir esta nada de la física, donde todo está contenido de modo latente, con la nada filosófica.

La acción de la gravedad se hace más y más relevante con relación a la fuerza eléctrica cuanto mayor es la masa del cuerpo: para pequeños cuerpos es irrelevante. A partir del tamaño de Júpiter, ya colapsa al planeta y lo convierte en una estrella desencadenando la fusión nuclear:

"Paradójicamente, cuanto más débil es la gravedad (siempre que no sea nula) mayores y más complejas son sus consecuencias" (237)—(Supongo que esto lo vemos perfectamente bien a nuestra escala humana "intermedia"). Es curioso que otro tipo de constantes físicas, cargas eléctricas mayores, etc., darían lugar a universos abortivos, o no permitirían la emergencia de la complejidad. "Esto implicaría que la física que rige nuestro universo no podría ser distinta de la que es" (238)—(es decir, no podría serlo si ha de haber un universo con complejidad, y vida, y física que se describe a sí misma. En cierto sentido, esta frase—y también la teoría—es tautológica).  Como dice Rees, "esto se acerca peligrosamente al llamado argumento antrópico" (239). (O argumento tautológico: "Pienso, luego existe un universo capaz de generar pensamiento"—Otras posibilidades quedan naturalmente Descartadas. Otra manera de ponerlo sería: Dado que el pensamiento es representación y por tanto autorrepresentación, es inevitable que el universo que conciba como sistema organizador de la representación no sea incompatible con la existencia del pensamiento).

Especula Rees que podría quizá haber otros universos con otras constantes, cada uno regido por una física diferente, y en algunos de los cuales sería posible la complejidad.

"Según el cosmólogo ruso Andrei Linde, nuestro universo se extendería mucho más allá de los diez mil millones de años luz que podemos observar. En vez de ser 'todo lo que vemos', sería sólo una burbuja unida a otros epsacio-tiempos de un conjunto infinito y eternamente recurrente: el metauniverso. Volviendo a mi analogía anterior, el océano puede extenderse mucho más allá del horizonte (aunque esto no implica que se extienda uniformemente hasta el infinito)." (238).


(No nos da razones Rees, sin embargo, para pensar que esta teoría no sea puramente especulativa o filosófica, y no en modo alguno científica. Aunque la ciencia va perdiendo su honesto nombre en las fronteras borrosas).  Bueno, antes "se creía que una teoría basada en una gran explosión primordial nunca podría ser científica" (239) y de momento al menos lo es, aunque nos exija esto ir más allá de la física conocida para descubrir una nueva física fundamental. Y no habría que confundir el nivel de factualidad de estas teorías cosmológicas con el que tenemos de etapas más recientes, aunque antiguas, del universo. Precisamente la diferencia relativa entre un conocimiento y otro muestra que la cosmología científica ha progresado mucho, y que seguirá haciéndolo.

(La cosmología es la "gran narrativa" última en la que se asientan las demás narraciones científicas: la narración de las evoluciones de los fenómenos astronómicos, de la formación geológica de la tierra, del origen y evolución de la vida, de la aparición del ser humano, su difusión y complejificación en distintos pueblos, lenguajes y culturas. Los desarrollos que nos llevan a la modernidad: el establecimiento de sociedades y estados, el desarrollo de formas sociales, de técnicas y disciplinas de conocimiento, y —en un giro reflexivo— la aparición de disciplinas y estudios especializados que nos permiten conocer todos estos procesos y proporcionar una representación organizada de los mismos. Cada una de estos grandes procesos y cada una de las disciplinas que los estudian tiene su historia, su evolución. Con lo cual el panorama de la evolución es un blanco móvil, cambiante, incluso emergente—cuando el estudio reflexivo de nuestros instrumentos conceptuales nos lleva a entenderlos mejor y a modificarlos. Y es interesante ver cómo una visión de conjunto de estos procesos y disciplinas, rara vez conjuntados, permite entenderlos mejor de modo comparativo y ubicarlos mejor unos con respecto a otros. Que es otra aplicación del concepto de anclaje narrativo, esta vez a los aspectos narrativos de la ciencia misma).

Harry Thompson, This Thing of Darkness: Anclaje narrativo


Language ability as exaptation

Language ability as exaptation

An interesting article in Babel's Dawn: Building a New Brain from Old Parts; I retake it here. The article argues a gradualistic and selective emergence of language (something I agree with) and dismisses the role of Gouldian exaptation and spandrels in the process—which I don't quite agree with. See my comment below, and see the original article for additional links. The question of exaptation and of unforeseeable and catastrophic turns in evolution is a key one in Gould's evolutionary theory, and I highly appreciate Gould's awareness of the role of retrospection and hindsight in evolutionary theory and his ability to discern the potential for narrative fallacies in our narratives of evolution. Here goes then Bolles's paper which I would argue is fully anti-Chomskian but only half anti-Gouldian:

Edmund Blair Bolles (Babel's Dawn): Building a New Brain from Old Parts:

Spandrels are famous as inevitable byproducts of arches and as metaphors of evolutionary theory; although sometimes spandrels can leave the scholar with more to say than just, "It's a spandrel."

If language is unique to humans, there must be something unique about our brains. But how does a brain acquire something unique? That question is one of the real mysteries of speech origins and only now is a satisfactory solution beginning to take shape. Unsatisfactory answers have been in rich supply, so it is encouraging to see beyond them at last.

One idea has been that language is the natural byproduct of having a very big brain. Stephen Jay Gould was a proponent of this idea, calling such byproducts 'spandrels.' It was a metaphor taken from architecture. If you put an arched doorway into a building, you will get some curved wall space. The spandrel comes with the territory and is to be explained by referring to the arched door, not to any decorative details the builder may have added to the spandrel. The spandrel explanation laughs at the mysteries of language. Language is as it is because the language spandrel is what it is. The mysteries endure, hope of understanding dissolves.

A second idea is that a sudden mutation gave us a language faculty. The most popular lone-mutation hypothesis has been that in a leap we were given the capacity to manipulate symbols recursively. After March's conference in Barcelona the recursion idea seems mortally wounded (see: Recursion Can Be A 'Side Effect' and Words are More Human than Syntax), but the search for a single mutation that delivers us to language goes on.

These solutions have been tried because the standard evolutionary appeal to gradual change seems on its face unable to account for something as unique as language. Nevertheless, this long-dismissed account appears to be correct. The March and April issues of Nature Neuroscience included two papers and a news story about brain evolution. The news account concluded, "[the papers] suggest that the neural circuitry in humans evolved gradually from primate precursors.... The human language circuits did not appear de novo through a chance mutation or as a 'spandrel' of increased brain size... but instead have their basis in modified versions of neural structures shared by related species."

The articles in Nature Neuroscience were by James K. Rilling et al., “The evolution of arcurate fasciculus revealed with comparative DII” (abstract here), Christopher I. Petkov et al.,  “A voice region in the monkey brain,” (abstract here), and Asif A Ghazanfar , “Language evolution: neural differences that make a difference” (report here; see p. 384 for quotation cited above).

The papers examined the evolution of specialized areas and the evolution of connections that integrate specialized areas into complex functions. A familiar specialization in speech, for example, is voice recognition. Besides knowing what a person is saying; we can tell who is saying it. Petkov’s team found that monkeys (macaques) have a specialized area of their brain devoted to identifying the voices of other macaques, just as humans have a specialized area for identifying human voices. Thus, voice recognition seems to be older than language, but the macaque’s system is in a different region of the brain from the human system. Voice recognition does not seem to be a spandrel, because it has emerged in different anatomical contexts, nor does it look like the product of a single mutation. Instead, it appears to be a complex function with a long, evolutionary history.

The same holds true for the Rilling team’s examination of the emergence of a connection that supports language. Its paper examined a tract that links the front and rear portions of the brain, the “arcuate fasciculus,” best known for connecting the two most celebrated language regions in the brain, Broca’s Area  and Wernicke’s Area. Despite its importance to speech, Rilling's team identified homologs of the arcuate fasciculus in macaques and chimpanzees. The macaque pathway is simpler and connects fewer points than the chimpanzee's, and the chimpanzee pathway is simpler and connects fewer points than the human's. Thus the pathway has exactly the kind of gradual history expected by the most orthodox evolutionists.

But if  spandrels and lone leaps are out, what of the objections to gradualism that inspired those explanations in the first place? The most persistent objection is that we do not see little bits of language in other species. Macaques and chimpanzees do not talk at all. Something unique must have happened.

A theme that has appeared a few times on this blog concerns the integration of existing brain function. Last February work on autism suggested that joint attention arises from the union of two distinct forms of attention, one reflexive and one intentional. (See: How the Brain Supports Conversation) The findings reported by Rilling’s team indicate that integration of function has been evolving along one pathway for a very long time. Friedmann Pulvermüller’s report in Barcelona (see: Brain Circuitry Challenges Linguistic Models) also paid close attention to integration of function.

The importance of integration can be seen just by observing what happens when the arcuate fasciciculus is damaged. The separate language areas continue working properly, but coordinating the functions becomes a challenge. Speakers are able to understand what they hear, but unable to repeat what was said. So you can say, “Pass the salt,” and the listener can pass the salt, but the listener cannot say, “You said ‘pass the salt.’” Damage to this pathway also gives readers a problem reading aloud, and when sufferers misspeak they can recognize the error but have a difficult time correcting it.

Gradualism and integration suggests that we will understand the neurological role in speech origins by looking for the enhancement and coordination of previously existing functions. Last week's post on tool making shows what I mean (see: Toolmaking and Speech) We began by using existing sensorimotor skills and then coordinated them in new ways and complicated them. Emerging from that process came something quite new: interest in neutral topics.


Comments:

I like this idea. Here is a metaphor: Early people had fire and they made it with a little bow. They also had darts or spears. They created a new weapon,the bow and arrow, that was very complicated compared to a spear. But they did not create it from scratch. They made the bow bigger and the spear smaller and then tweaked them a bit. All the stages of creating the bow and arrow were useful; the steps were each short etc. This is good evolution narrative with no big jumps and no useless bits being kept around too long.
I also like the idea of the tool making skill at the start of language because it is tracing back to a starting point in the 'hand' rather than the 'voice'. (That is just my bias showing.)

Posted by: JanetK | June 16, 2008 at 04:19 AM


(and my own comment: ) Hm, I'm not sure that spandrels will go away as easily as that. When you say at the end of your paper "Emerging from that process came something quite new: interest in neutral topics" - isn't there a whiff of the spandrel there? Discussion of spandrels should be complemented with a discussion of exaptation (also Gould's term) and surely there must be a role for exaptation when a detour through something "not crucial" (i.e. neutral topics) actually becomes a shortcut due to the exponential increase in coordinated action enabled by language - something which comes as an "unintended" consequence of these developments, but certainly feeds back on them and enables further evolution along that line. I don't think gradualism and spandrels are as irreconcilable as they seem to be at first sight.
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Posted by: JoseAngel | June 16, 2008 at 07:01 AM


BLOGGER: The crucial difference between spandrels and gradualism is selection. With spandrels it is the door that is selected, not the spandrel. With gradualism, you get what you select.

—yeah, you do get what you select, but the point is that you get many things you don't select as well—you get spandrels. And exaptative uses both of spandrels and of selected traits. And they do have effects... such as ideology's feedback on evolution, allowed by language. (JAGL).

La fe como exaptación


Language, Toolmaking, Reflexivity

Language, Toolmaking, Reflexivity

A post in Babel's Dawn discusses the possible association between the development of language and toolmaking ability. A close connection if you think (as Edmund Blair Bolles does), that there is no separate "black box" in the brain for language —no hard-wired "language sense" as argued by Chomsky—and you believe instead that language rests on and interacts with other multi-purpose mental abilities and neural systems. Bolles reads a paper by Dietrich Stout et al. (abstract here) as evidence for his contention that shared attention to a "third" neutral or objective topic (the tool, here), which is necessary for language and for toolmaking, is a central and early development in human evolution. My commentary:

There's another issue associated with tools and toolmaking (especially when tools are involved in toolmaking). There is a rearrangement of attention and of the sense of body limits, so that the body of the tool wielder includes the tool so to speak. This would seem to be if not exclusive to human beings then at least greatly developed in them, and one would think it involves a reflexive sense of one's bodily alterations, and the enhancement of corresponding neural paths (possibly a circuit which enables a complex feedback of information between intentions, process schemata and sense data). Even if the neural paths for tools and those for language are not the same, and don't let's forget that signs are (to some extent) tools, one may suppose that the neurological flexibility required to develop those neural paths might have an indirect effect on the development of the feedback and reprojection paths needed for language processing and advanced conceptualization.

The Stout paper itself seems to argue a rather close relationship between the neural paths required for language and for toolmaking, based on experimental measurements of neural activation: "This includes an increased activation of ventral premotor and inferior parietal elements of the parietofrontal praxis circuits in both the hemispheres and of the right hemisphere homologue of Broca's area. The observed patterns of activation and of overlap with language circuits suggest that toolmaking and language share a basis in more general human capacities for complex, goal-directed action. The results are consistent with coevolutionary hypotheses linking the emergence of language, toolmaking, population-level functional lateralization and association cortex expansion in human evolution."

And they are consistent, too, I should point out, with our previous neurological speculations on the reflexive processes involved in conceptualization and language—what I termed the re-projection of expected shapes, of conceptualized data patterns and of schemata—ideas that the mind derives from the world, processes, and re-projects in order to shape reality to plans and expectations—making it fit more closely to a communicable or repeatable structure. Or, to put it otherwise, the conceptual re-projection of patterns, schemata and ideas is necessary in order to semiotize reality, to turn objects into signs of themselves—or of what they might become. One makes tools with that.

Más consciencia

 

Cúadruple superveniencia

A photo on Flickr

 

El otro día especulaba el psicólogo Gary Marcus en el New York Times ("Total Recall") sobre la naturaleza caótica y asociativa de nuestra memoria, tan distinta a la memoria de un ordenador. En el ordenador, un recuerdo está almacenado en un lugar concreto localizable. En el cerebro, su localización (o recreación, más bien) depende de múltiples asociaciones basadas en la naturaleza de lo que estamos recordando o intentando recordar—en el qué, no en el dónde está. Por eso nuestra memoria es tan ineficaz para algunas cosas... —y tan eficaz para otras añadiría yo, aunque Marcus se centra más en sus limitaciones. Y se las promete muy felices cuando podamos tener un implante diseñado por Google imperson que nos permita hacer búsquedas en nuestra memoria tan fácilmente como lo hacemos en un ordenador.

A mí que me dejen en humano, por favor, y que esta cyborganización del cerebro se la coman con patatas Marcus y los de Google. Aunque quizá sea de temer que esto llegue a inventarse un día, y cuando suceda, no duden que se venderá como los iPods—entonces sí que estaremos hechos todos unos I-Pods: vamos, invadidos por los ladrones de mentes, porque Google tendrá los derechos sobre el historial de búsqueda.

Me gusta de Marcus sin embargo su idea de la mente tal y como la expone en esta entrevista con Carl Zimmer que enlazaba el otro día, "How MacGyver Made Our Minds", y en su libro Kluge: The Haphazard Construction of the Human Mind. La idea básica: que la mente no está diseñada de acuerdo con un plan prefijado, retrospectivamente y organizadamente, sino que es el resultado más o menos estabilizado de una acumulación histórica sobrevenida y caótica. Contra el diseño inteligente y contra el darwinismo, dicen en los anuncios del libro—aunque de hecho va más la idea contra el diseño inteligente que contra el darwinismo. Este tema de la contingencia histórica es muy caro a evolucionistas como Stephen Jay Gould,  en cuya línea van los razonamientos de Marcus. Y en lo que toca al tema de la contingencia y la retrospección también es muy próximo a mis intereses, como todo el mundo que se lea esto sabe.

Un punto importante en el que Marcus se separa de Chomsky y de Pinker es en que desea evitar los extremos en la cuestión de si el lenguaje es "aprendido" o "innato". No existe un módulo mental específico para el lenguaje, según teoriza o podría hacernos creer Chomsky. (Más críticas recientes a esta postura chomskiana aquí). Más bien la evolución del cerebro ha "aprovechado" para el desarrollo del lenguaje los componentes de otras funciones cerebrales y cognitivas, reciclándos y adaptándolos a una nueva función. Así pues hay mucho en el desarrollo del lenguaje que depende de la estructura del cerebro, pero no de un componente específico, sino de una serie de funciones readaptadas. Esta perspectiva, muy en la línea de la teoría evolutiva de la exaptación desarrollada por Stephen Jay Gould, me resulta muy atractiva y plausible. Las funciones cerebrales del lenguaje son el resultado de un "bricolaje" evolutivo con estructuras que surgieron adaptadas a otras funciones y en otras circunstancias.

Nuestra mente, subraya Marcus de modo más general, no ha sido prediseñada para cumplir perfectamente las funciones que cumple. Las va cumpliendo, por accidente o adaptación, por acumulación histórica de capacidades (y discapacidades), por exaptación de órganos y funciones para fines nuevos. Vamos tirando con lo que tenemos, con la colección heteróclita de funciones y capacidades mentales que hemos recibido de la historia—y que son desarrolladas adaptativamente en las nuevas circunstancias cambiantes que el ser humano va encontrando. Tan cambiantes, súbitamente cambiantes, como consecuencia del desarrollo histórico, social y tecnológico, que tanto ha transformado el medio ambiente en el que nos movemos, y las necesidades de comportamiento.

O sea: la mente humana (maravillosa, etc.) es como nuestras casas: una colección de objetos útiles y de otros inútiles, unos que usamos y otros que cumplían su función antes y allí siguen; en todo caso es el resultado de una historia acumulada. O es como una ciudad: nadie la ha diseñado, sino que es lo que es y tiene la forma que tiene por accidentes geográficos, históricos, políticos, económicos. No es casual que la memoria está gobernada por asociaciones contextuales—nuestros conocimientos van asociados entre sí y los recuerdos van asociados a las circunstancias y ocasiones en las que los hemos adquirido. Vamos arrastrando nuestra historia a cuestas; de hecho, es lo que somos, y la historia está hecha de hechos sobrevenidos... producidos por acontecimientos, resultado de un conjunto caótico de causas, por superveniencia: todos los acontecimientos son contingentes hasta que se producen. Los ingredientes de la historia incluyen los planes e intenciones, sí, pero tanto los planes realizados como los irrealizados.

También el hombre se planifica y se hace a sí mismo, pero en gran medida a base de planes fracasados o torcidos por la fuerza de las circunstancias, o por hechos sobrevenidos por una conjunción irrepetible de factores.

Por cierto, antes he hablado de la retrospectividad de los planes, y eso a alguien le parecerá paradójico u oximorónico, lo de un "plan retrospectivo". Cuando un plan falla sí retrospeccionamos, y lo corregimos (demasiado tarde normalmente), eso es fácil de ver. Pero en realidad en todo plan hay un elemento de retrospección, involucrado con la prospección que parece definirlos. Un plan tiene una lógica de la narratividad (en el sentido en el que la define Philip Sturgess, en Narrativity). Cada elemento del plan está prediseñado de acuerdo con lo que le va a seguir, que se engarza lógicamente con él, y todo está contemplado desde el resultado final a conseguir—el plan está diseñado en cierto modo desde el futuro hacia el pasado, desde el futuro que debe generarse hacia el presente que ha de poner los medios.

Bien, pues nada de esto es posible en el desarrollo histórico, que es contingente. El curso de los acontecimientos no está escrito. Será previsible o controlable hasta cierto punto (un punto incierto); se atendrá a leyes naturales y probabilidades, y haremos previsiones en base a esto: pero estas previsiones son un poco como los planes—se topan luego con las contingencias con las que no contaba el previsor tan previsor. Y el desarrollo sobrevenido de la historia acaba siendo el que acaba siendo, sólo comprensible a posteriori, por una ciencia histórica. Es contingente dentro de unos márgenes hasta que se produce, y no puede ser calculado por un algoritmo, sino sólo estudiado por el historiador desde una atalaya retrospectiva —atalaya que si tiene sus ventajas (suave mari magno, decía Lucrecio, a salvo de las tormentas de la historia) tiene a su vez sus limitaciones o inestabilidades, pues no está realmente al margen de la historia sino que forma parte de ella.

(Así, por ejemplo, todas las teorías físicas hasta ahora habidas sobre el principio y el fin de nuestro mundo han surgido y fenecido en un breve lapso del mundo mismo. Menos la actual, claro—"que es la buena").

Hemos visto que la estructura y capacidades de la mente humana son contingentes, según expone Marcus en su teoría de "the klugey mind": o más bien sobrevenidos, ejemplos de esa contingencia que se ha hecho necesidad. Pero es que al carácter sobrevenido de nuestra estructura y capacidades mentales se superpone (en realidad viene a ser un aspecto de ésta) el carácter sobrevenido de la evolución del cuerpo humano—de los seres humanos. También cada detalle de nuestra estructura corporal ha sido modelado por la evolución, que, entendida a la manera de Darwin/Gould, es una sucesión única e impredecible guiada por la selección natural, la adaptación gradual a recursos y ecosistemas, y por las catástrofes súbitas que transforman dichos ecosistemas. Dejando a veces, donde había un complejo ecosistema, un desierto donde luchan por sobrevivir tres o cuatro especies aisladas que han sobrevivido al azar. Con todas las variedades intermedias y formas transicionales eliminadas por la competencia y los desastres, aparecen las especies al observador como una colección de objetos heteróclitos y no emparentados en origen. Estas especies vuelven a diversificarse y crean el extraño árbol de la vida que contemplamos, una cadena hipotéticamente continua pero con la mayoría de los eslabones perdidos.

A tales accidentes y desarrollos debemos el desarrollo de nuestra simetrías parciales de brazos y piernas y hemisferios cerebrales, la existencia de los sexos, sin la cual no seríamos lo que somos ni pensaríamos lo que pensamos ni escribiríamos líricos poemas; a la contingencia debemos los dedos de la mano y la forma del teclado. El cuerpo, y todo lo que hace a su medida, es un extraño organismo con una cara sin tentáculos y con una espalda sin cara, una forma que sólo se pliega en unas direcciones sí y en otras no, y cada cuerpo nuevo que se engendra o genera repite en sí esa historia acumulada en forma de estructuras (—todo objeto y todo paisaje humano o natural es historia acumulada para quien la sabe ver allí sedimentada, o en movimiento).

Incluso, en parte, el organismo se desarrolla como embrión recapitulando algunos pasos de la evolución. En el saco amniótico siempre estamos aún en la charca primigenia, y todo niño es un pequeño chimpancé. Y un bebé chimpancé también es un pequeño bebé con mucho de humano, por cierto, hasta que crece y nos separamos.

¿Cuál es la tercera superveniencia? Esta estructura sobrevenida de  la mente y el cuerpo, esta historia acumulada, es lo que arrastramos y lo que somos. Gracias a ella vemos en colores, lanzamos jabalinas en los juegos olímpicos, y hacemos planes de cómo reorganizar el trabajo social. Y cada uno de nuestros actos puede leerse como una recapitulación de esa historia acumulada que lo ha hecho posible y le ha dado su forma. Hasta el que lanza tubos de neón en lugar de jabalinas está haciendo algo original sólo hasta cierto punto, pues repite los movimientos posibles del brazo y recapitula la tradición de los lanzadores de jabalinas. El que un fenómeno sea una contingencia sobrevenida (algo único, impredecible, una conjunción irrepetible) no quiere decir que no se pueda trazar la historia de sus componentes y de dónde vienen. Más bien al contrario: los procesos históricos coherentes, la comprensión de esos procesos y la superveniencia tanto del proceso como de su análisis van unidos. El mismo lenguaje que utilizamos para analizar estos procesos es él mismo una formación orgánica y cultural histórica y sobrevenida.

Tres o cuatro niveles de contingencia y superveniencia, pues: a la naturaleza sobrevenida del cuerpo, y la de la mente, es decir, al hardware que recibimos, superponemos el input igualmente contingente y sobrevenido de nuestro software cultural. Que también se ha desarrollado mediante los accidentes históricos que han hecho a nuestra cultura lo que es, y a nosotros lo que somos dentro de ella. Nuestra personalidad, nuestra trayectoria vital, los azares de nuestra formación y las herramientas conceptuales que ha dado el pensamiento nos han traído, lector que impulsado por lo que eres hasta aquí me has seguido, a pensar sobre lo que son nuestro cuerpo y nuestra mente y nuestras vidas...

—¿a pensar con qué? Pues con los conceptos, teorías y herramientas mentales que hemos ido reuniendo y acumulando al azar por nuestro trayecto—evolucionismo, narratología, y una afición a la retrospección, originada quizá en la nostalgia. Y esto sucede, o sucedía en origen, en un blog, una forma comunicativa que  es de por sí un caso bien claro de historia acumulada de cuestiones sobrevenidas.

 

Teoría de la contingencia