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Vanity Fea

Literatura y crítica

Un Poe-ma

Alone

From childhood’s hour I have not been
As others were; I have not seen
As others saw; I could not bring
My passions from a common spring.
From the same source I have not taken
My sorrow; I could not awaken
My heart to joy at the same tone;
And all I loved, I loved alone.
Then- in my childhood, in the dawn
Of a most stormy life- was drawn
From every depth of good and ill
The mystery which binds me still:
From the torrent, or the fountain,
From the red cliff of the mountain,
From the sun that round me rolled
In its autumn tint of gold,
From the lightning in the sky
As it passed me flying by,
From the thunder and the storm,
And the cloud that took the form
(When the rest of Heaven was blue)
Of a demon in my view.

Solo

Ya desde que era niño no he sido
Yo como otros, no he visto
Como otros veían, no podía
Sacar mis pasiones de la fuente de todos.
De allí no tomé mi dolor,
No se me despertaba el corazón tampoco
A la alegría con el mismo tono;
Y todo lo que amé, lo amé... solo.
Entonces -- de niño, al alba de una vida
Que ha sido tempestuosa -- se extraía,
De lo más hondo de males y bienes
El misterio que atrapado aún hoy me tiene --
Del torrente, o de la fuente,
Del precipicio rojo en el monte,
Del sol que me giraba en torno
Con su tinte oro y otoño,
Del rayo, de lo alto volando,
Si me pasaba rozando;
Del trueno y de la tormenta,
Y de la nube que un día
(en el azul despejado)
Formó un demonio a mi vista.


Me parece que Edgar Allan tenía un caso agudo de lo que podríamos llamar apoephenia. A mí me retrotrae el poema a los paseos solitarios que me daba por los montes por los años 70, mirando el pueblo desde lo alto, adoleciendo de la vida. Hasta recuerdo que escribía sonetos mentales en mis paseos, y de uno precisamente (iba sobre la guerra nuclear que entonces se avecinaba) me acuerdo de estos versos, algo sobre estar echado al lado del río, mirando el cielo,

"Donde pintan mil nubes con su vuelo
En lento cambio el pensamiento mío"...

Algo hemos sabido todos, creo, de apofenia y de paranoia.

William Gibson, Pattern Recognition

Publicada en 2003, Pattern Recognition es la última novela por ahora de William Gibson, el autor de Neuromante. Ya está escribiendo otra, según su blog -- que es el mejor sitio para meterse en discusiones sobre esta novela. Pero alguna impresión sí que voy a dejar. Va de una heroína, Cayce, alusiva al Case homónimo de Neuromante; aunque esta Cayce está en nuestro principio de siglo post-11-S. Es una detectora de modas emergentes y asesora para compañías de marketing. Es frágil a pesar de algunas durezas, está sin pareja, jetlagueada, descentrada, inquieta. En su tiempo libre, chatea por Internet con un tal Parkaboy y otros que no conoce sobre una misteriosa película que va apareciendo fragmentariamente en distintos puntos de la Red (una "narración distribuida" que diría Jill Walker). El argumento va de cómo "se vende" a un inquietante tiburoncillo del márketing Bigend, que la contrata para convertir su hobby en un trabajo y localizarle a él a la persona que está haciendo esta misteriosa obra de arte. Así que Cayce va de Londres a Tokyo a Moscú desentrañando el misterio, y sorteando las intrigas de su rival, la trepa intrigante Dorotea, que quiere llegar antes que ella. Cayce no sólo consigue a la vez cubrir su objetivo, triunfar sobre Dorotea y hasta mantener una cierta honestidad personal entre tanto márketing, sino que además conoce a Parkaboy ITF, in the flesh, y la novela que comenzaba con la heroína alienada y con jet lag termina con ella plácidamente dormida compartiendo lecho con quien quería, y con su alma en su sitio (por ahora...).

Cayce tiene varios traumas que también cura durante sus aventuras: una alergia a las marcas promocionadas (y eso que es a lo que se dedica...). Reconciliación, pues, con el capitalismo logotípico, perspectivas de convivencia más armoniosa con el márketing. A través de la red, quizá. Otro trauma de Cayce es relativo a su padre, desaparecido en el 11-S. Casualmente, Cayce logra apaciguar su espectro, que hasta se le aparece en un momento difícil para infundirle fuerzas, y decirle adiós. Cayce es un poco la América post-11/S, o algunos aspectos de la misma; va repitiendo como un mantra una frase sobre un pato que se estrella en la cara de alguien, desplazamiento simbólico del ataque a las torres gemelas... pero la curación viene a través de la red. Paradójicamente, la curación del trauma está ligada a esta película que a su vez tiene un trauma inscrito - reproduce en su estructura la forma de un fragmento de metralla que la explosión de la bomba de un terrorista dejó alojada en el centro de la cabeza de la misteriosa directora de la película (305)... A su vez, esta directora es rusa, una inocente jovencita asociada por familia a oscuras mafias post-soviéticas; hay una especie de hermanamiento entre Rusia y América a través de la herida del terrorismo, y de la promesa del márketing internacional en red. Y a mí que no me produce tanta tranquilidad esta resolución... y hasta el happy end es deliberadamente artificial y buscado, casi con mala conciencia, América encontrándose a sí misma a través de la red, veo la idea, pero... hay bastante wishful thinking. Al final de la novela, Gibson/Parkaboy y su anima Cayce se encuentran al fin juntos. Y hemos vivido una casi casi de James Bond, con Parkaboy localizando a Cayce en la estepa rusa desde un helicóptero, en la mejor tradición de la caballería al rescate. Es un sueño de unidad consigo mismo que sólo se da, claro, desplazándose uno a alteregos ficcionalizados.

La historia acecha por debajo de la frenética modernidad: barrios japoneses quemados, Stukas desenterrados del barro de la estepa rusa... Todos temas bien hilados en la odisea de Cayce siguiendo la pista del misterioso pattern inscrito en el código de la red. Algunos de ellos tienen interés cibernético para info-yonquis ("the highest level of play, for techno-obsessives, is always and purely about information itself" - 169). Así, otro de los sub-argumentos lleva a Cayce a la Segunda Guerra Mundial, a los campos de concentración donde se diseñaron algunas de las primeras calculadoras, otro a ligues fantásticos por chat con objetos eróticos que se materializan... como le sucede de hecho a Cayce también, menos espectacularmente, con su mawg (middle-aged white guy) Parkaboy. En este sentido, quizá podría criticarse que Internet aparece no tanto como un nuevo contenido o experiencia, sino como un medio difusor y que permite contactos inesperados. La obra de arte dispersa, por ejemplo, es cinematográfica, no es una obra propiamente ciber-Nética, aunque sea diseñada por ordenador y se distribuya por la red. En este sentido la novela hace "menos" con la red que Neuromante. Y, claro, es una novela, y no una obra en red. Aunque intenta, sin duda, a través del website de Gibson, volverse en un fenómeno de comportamiento de grupo, el culto de Gibson, "a group behavior pattern around a particular class of object" (86).

- And then?
- I point a commodifier at it. (86).

Gibson también está "scouting cool for the commodifiers" (195), en cierto modo. "Any creation that attracts the attention of the world, on an ongoing basis, becomes valuable, if only in terms of potential" (307).

Un tema importante en la novela es la diferenciación entre reconocer una regularidad emergente (pattern recognition) e imaginarla (apophenia). Así, el argumento juega a despistarnos insinuando posibles estructuras, tentando al lector, siguiendo las sospechas de Cayce, a volverse paranoico y ver conspiraciones inexistentes (como la obsesiva imagen del cantante Billy Prion que sigue a Cayce por doquier). Así la novela se sitúa en la tradición de la ficción paranoica: "Paranoia, he said, was fundamentally egocentric, and every conspiracy theory served in some way to aggrandize the believer" (124). Siempre debe haber lugar para la coincidencia, para el azar, para regularidades gratuitas e insignificantes. "When there’s not, you’re probably well into apophenia, each thing then perceived as part of an overarching pattern of conspiracy" (294). Así pues, también intenta el argumento darnos una lección de humildad, no esperar demasiado de los argumentos y de la capacidad de la vida para darnos resoluciones limpias. A la vez nos da un argumento bastante completito, las dos cosas se pueden hacer a la vez.

El mayor logro de Gibson, más allá de lo cuestionable del argumento básico, está en el lenguaje, la construcción de la percepción de la protagonista mediante las imágenes recicladas de la experiencia postmoderna. Así, por ejemplo, Cayce ve en directo, desde la ventana de un rascacielos de Nueva York, el ataque a las torres gemelas, pero en realidad no mira a la ventana, mira a la televisión que en ese cuarto está emitiendo la misma imagen. "An experience outside of culture" (137), dice el narrador sobre sus sentimientos. El libro en cierto modo busca palabras para esta experiencia, y otros traumas de la experiencia postmoderna. Una experiencia de white noise, que decía DeLillo. Y comenta Gibson / Parkaboy: "As to how blankness can yield image, I do not pretend to know, though I suppose that is the question, ultimately, that underlies the entire history of art" (170).

El sentido principal que cree descubrir Cayce, y Gibson, organizándose a su alrededor, es "a new paradigm of history" (340), la globalización en red, dirigida y explotada por gente como Bigend y esos tiburones rusos; y que nos lleva al apocalipsis de la postmodernidad, aquí sólo entrevisto:

"a world where there are no mirrors to find yourself on the other side of, all experience having been reduced, by the spectral hand of marketing, to price-point variations on the same thing. But as she’s thinking this, Marchwinska-Wyrwal taps his glass with the edge of a spoon" (341)

Me temo que volveremos a saber de esta asociación de ideas aquí interrumpida – lo sabremos ITF.

Lectores ideales, ascuas y sardinas

Comentario sobre la estética de la recepción y el lector puesto en Apostillas. Dice Magda que "esta Teoría de la recepción que involucra al lector (figura anteriormente olvidada ya que la presencia del autor era la única que importaba, era una especie de todopoderoso, recordemos el siglo 19 e inicios del 20), no comprende a un lector histórico, digamos a un lector común, sino que introduce a un lector ideal: intra-textual, para quien va dirigido especialmente su texto".

Hola, Magda; creo que sí que es cierto lo que dices de algunos tipos de estética de la recepción, que en realidad sólo se ocupan de un receptor implícito. Yo, al menos, lo veo como una limitación (estoy pensando en el caso de Iser que conozco más). Por supuesto que hay que contar con el receptor implícito, que es un elemento compositivo de la obra, pero también con la historia de cómo la obra se ha leído efectivamente en contextos reales, y cómo los lectores reales han adoptado o no el papel "ideal" que les reservaba el autor. Y aunque es mucho generalizar, es más interesante una lectura que no se resigna a adoptar ese papel preestablecido, sino que busca ir más allá, haciendo que el texto sea ocasión de nuevo sentido, quizá de un sentido no buscado por el autor. Es ahí donde el lector activo es realmente "coautor", no de la obra sino del nuevo encuentro con la obra que nos permite verla con otros ojos - ¡y ya me enrollo! un abrazo, y no estés de acuerdo conmigo, jeje.

Es la diferencia entre el lector ideal y el crítico -- ya se sabe que en muchas ocasiones el crítico no es el lector ideal para los autores, sino una especie de chupóptero que edifica su texto sobre el del autor, y atrae una atención desmedida hacia sí mismo. Crítica y vanidad -- el crítico habla de un autor, e incluso invita a su lectura, pero de hecho también está diciendo: "no lo leas a él, léeme a mí, bueno, sí, léelo, pero léeme a mí primero, quiero decir, sigue leyéndome, que de hecho ya me estás leyendo..."

Dado que los receptores (y emisores) ideales son un constructo interpretativo, no sorprende que no haya "uno" sino "muchos", variando según lecturas, intérpretes, y proyectos críticos...

Hay otros tipos de estudios de recepción (como el materialismo cultural) que están más atentos al uso que lectores, críticos y otros usuarios han dado a los textos, ya sea en consonancia o al margen de las intenciones del autor. Y no es extraño que sea este tipo de crítica la más escéptica en cuanto a la posibilidad de mantener una actitud "objetiva" o "neutral" hacia el texto. Como han visto cómo otros desinteresados usuarios arrimaban el ascua a su sardina, son conscientes de que ellos van a hacer lo mismo. No quiere esto decir que lo hagan de modo arbitrario, ni mucho menos. En esta línea recomiendo, por ejemplo en estudios sobre Shakespeare, la lectura de Political Shakespeare, de Jonathan Dollimore y Alan Sinfield, de Alternative Shakespeares, editado por John Drakakis, o la de Materialist Shakespeare editado por Ivo Kamps. Y yo escribí, también allá por los ochenta, un estudio en esa línea sobre la recepción del relato The Monster, de Stephen Crane. Aquí hay un trozo.

Crusoe Islamicus

Pues aquí estoy blogging live en la última jornada del congreso sobre "Translation and Cultural Identity", habiendo dejado a los pequeños a cargo del abuelo y de Mary Poppins. Acaba de hablar Beatriz sobre algunos aspectos de las traducciones españolas de Hemingway – que tienden a reforzar la imagen "balls and bells and bulls" de Hemingway, según lo caracterizaba Nabokov.

Y ahora habla una profesora de la Universidad de Mármara, Ayse Banu Karadag, sobre "’Religious’ ideology and Robinson Crusoe as a ’homo islamicus’ in Turkish literature". De homo economicus en el oeste a homo islamicus en la cultura islámica (el tema de su tesis), comenzando con una comparación entre Robinson y la obra de Ibn Tufayl (o Abentofail, o Abubacer), cuya obra filosófica medieval escrita en España fue traducida a numerosos idiomas. Allí aparece el tema del hombre solitario en una isla y que debe construir su propio mundo. Esto sirve de excusa en Abentofail para desarrollar una teología y una cosmogonía. En Turquía un tal Çankirili, crítico y traductor turco, intenta reducir la obra de Defoe (y otras de Spinoza, Bacon, Rousseau, Verne, Rousseau y Tomás Moro) a un plagio de Ibn Tufayl – y es que hay quien reduce todo tipo de intertextualidad a plagio. Defoe sí que había leído, según De Vaux, a la obra de Ibn Tufayl, a través de traducciones de Pocock o de Ockley. Pero si bien algunas situaciones básicas son comparables, la ideología y el detalle de ambas obras son totalmente diferentes. Pero la finalidad de Çankirili, sintomático traductor y crítico turco, es islamizar a Robinson. Relaciona Karadag algunas modificaciones al texto de Crusoe en la traducción de Çankirili con la influencia del el movimiento islamista Said Nursi, con quien están relacionados editor y traductor, y cuyo fin es "la revitalización del Islam para darle hoy el poder que solía tener". El "retoque" de clásicos occidentales por la editorial islamista Timas sería parte del proyecto educativo islamizante, para hacer versiones islamizantes de textos potencialmente influyentes. Es un capítulo más de la influencia persistente (o creciente) del Islam en la sociedad y el pensamiento turco (hay otras veinte traducciones de Robinson Crusoe al turco, pero no había aparecido ninguna tan islamizante). La ideología del Islam intenta penetrar todos los aspectos de la vida turca, y está también atenta a las traducciones...

En la sesión de preguntas y respuestas, nos aclaran las profesoras de Turquía que la influencia islámica se ve por todas partes, con un enorme sector de los estudiantes en algunas universidades influenciados por este movimiento islamista. Y aunque las universidades, y el Estado turco, siguen siendo oficialmente laicos, hay mucha influencia islámica entre líneas. Otras profesoras nos dicen que es una cosa que cambia mucho en Turquía de una universidad a otra; así, en la Universidad de Mármara, los islamistas "modernos" del movimiento Nursi son muy visibles; lo son mucho menos en la Universidad de Estambul, que sin embargo es igualemente estatal y próxima geográficamente.

¿Quién dijo que el Islam, o el catolicismo for that matter, son cosas del pasado? Es un prejuicio. Quizá tengan un gran futuro, incluyendo la función de reescribir el pasado a su medida. Alá nos coja confesados.

Contra el abuso del retruécano

En algunos escritores, un uso excesivo del retruécano es el pan nuestro de cada día. Pero no sólo de pan vive el hombre (de hecho, ya dice el refrán que pan con pan, comida de tontos - y quizá también de ahí eso de dame un pan y llámame tonto). Este abuso de estilo, lejos de ser una panacea, es un recurso facilón, pan y circo, o más bien pan para hoy y hambre para mañana. Aunque hay contraejemplos... Shakespeare, por ejemplo, en cuestión de retruécanos no distingue entre el grano y la paja: sus obras son pan integral – pan y pan con ello, y pan para comello (panificación ésta que le daba pánico a su crítico Samuel Johnson). Un auténtico panal de retruécanos, casi un retruécano pantextual. Claro que a otros eso nos regocija, y le cantamos panegíricos por ello – con Shakespeare, pan y bolla.

Traducing Shakespeare

Traducing Shakespeare

Ha empezado aquí el congreso sobre "Translation and Cultural Identity", con una conferencia de Julio César Santoyo, que fue catedrático de esta universidad cuando yo aún era estudiante de bachillerato. El programa completo puede verse en la web del departamento.

Versa la conferencia del Dr. Santoyo sobre cómo los autores que se autotraducen a otro idioma (que a veces es también el suyo materno) se toman unas libertades con los propios textos que jamás se tolerarían en otro traductor. El fenómeno de la autotraducción tiene así esta condicionante de la autoridad del autor, que lo particulariza, y lleva a la creación de traducciones que son también versiones y revisiones. Y subraya el conferenciante que es un fenómeno mucho más frecuente de lo que se suele creer – aparte de casos celebrados como mis favoritos Beckett y Nabokov. Sobre algunas cosas autotraducidas de estos autores he escrito yo, por cierto; por ejemplo este antiguo artículo sobre Beckett como autor bilingüe y autotraductor, "Abstracted to Death" (que por cierto apareció en unas actas editadas por Santoyo en los ochenta).

El cartel del congreso nos muestra a un siniestro traductor reescribiendo con estilográfica un soneto que un diestro poeta escribe con pluma de ave (es el soneto nº 2 de Shakespeare, ahora mío, ahora nuestro):

Cuando cuarenta inviernos asedien tu gentil frente
Y caven surcos hondos en ese campo bello,
Tu verdor juvenil que todos tanto admiraban
Será un rastrojo raído que nadie ha de apreciar.
Y si preguntan entonces que dónde quedó enterrado,
Dónde el tesoro y el lujo de esos tus días de hoy,
Contestar que está allí hundido en el fondo de tus ojos
Será vana alabanza, un reproche que te ha de devorar.
Cuánto más digno de tí usarte de otro modo,
Si pudieras entonces replicar, "Este hermoso hijo mío
Es hoy mi yo de antes, mi valedor, mi suma"
Probando su belleza por sucesión la tuya.
Sería encauzar de nuevo el curso de ese río,
Dar calor nuevo a tu sangre cuando se acerque el frío.

Según Mariano García Landa (no pariente mío), el traductor es el autor de su texto traducido. Aceptemos esta noción sólo como hipótesis de trabajo, y hagamos un experimento en autotraducción sobre este soneto.

Now your brow is besieged by forty winters,
Deep trenches burrow under beauty’s field.
Your youth’s proud flower, your dress unique,
Will soon be a tattered weed ignored by all.
And when they wonder where your beauty lies,
Where is the treasure of your waning prime,
To say within your own deep sunken I
Will be a sorry shame, and bitter praise.
Much better praise it were, and worthier of your worth,
If you could then reply, "This child of mine
Answers for me – my sum, my count, my self of old"–
With beauty proving by succession what it was,
And remains- and would remain- and you made new
Feeling your blood warm up as light grows cold.

Otra vez Bajo el volcán

Cuánto han bajado las acciones de Malcolm Lowry desde los 80. De clásico moderno a autor de segunda o tercera fila. Leí Under the Volcano por entonces, y hasta escribí una reseña para un trabajo de clase, parte de mis amarillentas (aquí y en el original) notas sobre algunos clásicos ingleses, notas que termino de colgar en la red con este comentario sobre Lowry, que voy a traducir aquí también. No volví a leer Under the Volcano, pero a cambio ahora he releído este trabajo escrito a los veinte años, y es, cómo diría, un caso imaginado de retrospección anticipada, o de lectura completada en el futuro. Que hable el jovenzuelo berbe, si la traducción no le deforma la voz:


He terminado esta novela con la impresión de no haber conseguido apreciarla totalmente, por diversas razones. Primero, para comprenderla totalmente tendrías que sentarte a la mesa con una cantidad razonable de botellas de tequila, mezcal, anís, ajenjo, vino, cerveza y ron. Te aproximarías un poquito más a la sensibilidad del Cónsul.
Por otra parte, este libro es uno de esos que requieren una segunda lectura. El primer capítulo transcurre un año después del resto del libro, y sólo tiene sentido completo si se lee una vez conoces la historia. Y los demás deben disfrutarse mucho más una vez hayas "hecho amistades" con los demás personajes, lo cual no resulta nada fácil en este caso. 

Sea como sea, es un libro que debe leerse despacio; tiene un estilo barroco y complicado, lleno de refrencias a cosas que se han mencionado antes; me recuerda a Faulkner, en especial a Absalom, Absalom! El enfoque dado a la técnica de la corriente de consciencia es también similar: no recibimos las impresiones de los personajes directamente, tal como las experimenta el personaje. En lugar de eso, se nos presentan a través de la voz del autor. El autor es casi invisible: es un portavoz para las observaciones y sentimientos de los caracteres. Los juicios morales pertenecen por completo a los personajes.

El tema del libro, en su sentido más profundo, es lo absurdo de la vida humana. Los tres personajes principales – el Cónsul Geoffrey Firmin, su esposa Yvonne y su hermanastro Hugh – notan este absurdo y reaccionan a él de maneras diferentes.

El Cónsul escapa, del horror que supone ver las cosas tal y como son, mediante la bebida. Su problema no es que no pueda dejar de beber; antes bien, el alcoholismo es lo único que lo mantiene vivo. Si se curase, probablemente se suicidaría.

La vía de salida de Hugh es la "acción insensata." Su caso no es tan desesperado como el del Cónsul, pero es del mismo tipo. Estos personajes tienen un autoconocimiento monstruoso, entienden la vida humana demasiado bien para ser capaces de soportarla. El Cónsul intenta matar sus pensamientos mediante la bebida, Hugh intenta actuar de modo que le impida pensar. Pero es demasiado tarde: conoce los motivos que le llevan a la acción, no se comporta de modo "inocente," sino en relación a un mundo de ideas. Esto queda claro, por ejemplo, cuando se nos cuenta su vida como cantante y como marinero, especialmente cuando se cambia de barco, dejando el Philoctetes por el Oedipus Tyrannus, sólo porque éste último era más viejo, más sucio, más parecido a la idea que él tenía sobre los barcos antes de decidir enfrentarse a la aventura. Hugh lleva un tipo de vida, aparentemente interesante y afortunada, que sería envidiada por muchas personas. Pero cuando se la ve desde dentro, él la ve aburrida y corrompida.

Yvonne es una mente mucho menos intelectual, y ve esperanza en la vida, aunque desespera de la que ha llevado hasta el presente. Piensa que Geoffrey y ella pueden empezar de nuevo, pueden "renacer". Pero él debe dejar la bebida e irse a vivir a alguna otra parte, al Norte, lejos del surrealista México, donde la corrupción parece fllotar en el aire mismo. Por un momto convencerá al Cónsul y a Hugh de que es posible una vida diferente, pero al final siente que su casita en los bosques con la que soñaba se ha incendiado. Los personajes tendrían que cambiar de almas para hacer esa vida posible. Pero el cambio ya no es posible, y es falso fingir que lo es, como hace Hugh. Estas personas han entrado en un labirinto del que no pueden salir, pero también sabemos que, si saliesen, quedarían empobrecidos.

"El Cónsul notó una punzada. Ah, tener un caballo, e irse galopando, hacia alguien a quien amas, quizá, al corazón de toda la sencillez y de la paz del mundo, no era ésa la oportunidad que la vida misma daba al hombre? Claro que no. Y sin embargo, por un momento, había parecido que lo era
".

Esto hace veinticinco años casi... entretanto, como diría Neruda, confieso que he bebido.

Yahoo!

En mis notas del año la polka,

https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/notes.html 

hoy cuelgo mis opiniones sobre Los Viajes de Gulliver de cuando me lo releí hacia 1981... aún me lo releería varias veces más, y os recomiendo que lo hagáis. Es la leshe de la inteligencia, el humor negro y la mala baba. La primera vez me lo había leído en inglés cuando aún era Arias Navarro el ruling Yahoo; y de las versiones para niños recuerdo una casi completa (es decir, con Laputa y Yahoos) que me regaló mi tía Carmen – mi querida tía Carmen – cuando tenía once años o así. Ya me impresionaron entonces esos extraños animales, los yahoos, pero por entonces no se le auguraba al Yahoo un futuro tan brillante en Internet, ni en el sábado noche, ni sabía yo que iba a leerme ese libro tantas veces.