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Vanity Fea

Nenes

Anchos especiales

Iba con Ivo por la calle, cuando me dice que tiene los zapatos rotos, y en efecto, lo miro y veo que lleva en cada uno la suela suelta con sendas sonrisas de perro. Así que vamos a una zapatería. Dos dependientas apoyadas en el mostrador, un poco lentas, pero como no hay nadie más en la tienda, me atienden enseguida.

- Buenas... quería unos zapatos para el niño, de esos del escaparate. Un 34, si tiene.
- A ver... estos son un 34.
- ¿Qué tal, Ivo? ¿Te van?
- Ay, me aprietan.
- Pues de largos le van bien.
- Ya, sí, es que tiene el pie un poco ancho. ¿No tendrá un treinta y cinco?
- No.
- ¿Y de otros que sean parecidos? ¿Como esos de al lado?
- (Suspiro...). Voy a ver...
Va al almacén y vuelve con cinco cajas.
- Aquí le traigo treinta y cuatros y treinta y cincos.
- A ver el treinta y cinco. ¿Qué tal, Ivo?
- Ay, me aprieta. Por aquí.
- No le puede apretar. Es un treinta y cinco.
- Vaya, igual otro, a ver.
- Ay, me pincha.
- ¿Que te pincha? A ver... - digo - Ostras, pues sí, es que tiene clavos saliendo de la suela (– dos hermosos clavos de un centímetro cada uno, directos a la planta el pie).
- ¿Clavos? Ah, sí... sí que tiene.
(Silencio)
- Ejem... pues a ver este otro treinta y cinco..., ¿este te va, Ivo?
- Ay, me aprieta.
- Eso es imposible. El niño se equivoca. Es un zapato muy largo.
- Me aprieta a lo ancho.
- Ya, la anchura... ¿no tendrá un treinta y seis?
- Eso no afecta a la anchura. Aunque le traiga un treinta y seis, o lo que le traiga, le va a seguir apretando, siempre. Porque los números marcan la longitud del zapato, no la anchura.
- Ah.... ya veo. Vaya. Bueno, pues tendremos que ir a una zapatería de anchos especiales... Disculpen la molestia.
- Buenas tardes.

¡Halá Penas!

Armies clash by night

OSCAR- Mira, ¿te cuento el sueño que he tenido esta noche?

YO: Venga, sí.

IVO: ¿Es uno de los largos?

OSCAR: SÍ.

IVO: ¡Vale! ¡Entonces lo escucho!

YO: ¿Era de Alien? ¿Habéis tenido pesadillas?

IVO: Ninguna pesadilla. No nos hemos hecho ni pipí ni popó.

OSCAR: Por lo menos en mi cama yo no he visto ninguna mancha. Pero mi sueño era de diablos. Divertido pero con diablos. Montones de diablos. Se los comían los cafeteros, a los diablos muertos. Mira, atacaban, y salía el oso Vergonzoso, montado en un toro. Y a un malo, le clavaba los cuernos, y tenía mira, aquí, en la barriga, tenía dos agujeros, de los cuernos.

ABUELO:  Ya se explica el chaval, ya.

OSCAR: Y luego venían también los caballos de ajedrez. En un tablero. Pero tenían patas, no eran como los caballos de ajedrez. Y venían, catacla, cataclá, los cafeteros montados encima. Con sus tridentes. Y otras piezas. Venía la reina. ¿Te digo lo que tenía la reina?

IVO: Alguna ametralladora, para atacar a los diablos.

OSCAR: No. Tenía un palo largo, una vara, con una cabeza mitad caballo y mitad dragón.

PIBO: Y echaba rayos, Fuaaaajjjj! A los enemigos.

OSCAR: Y los diablos, a freirlos. Los cafeteros se los comían, los pinchaban y se los comían. ¿Te digo cómo? Mira, en cámara lenta. . . .  Pii-inncha-zooo. . .  y  ñaaa-amm . . . !

YO: Bueno, y qué más, ¿aún seguía el sueño?

IVO: Claro, es de los largos.

OSCAR: SÍ. ¿Te digo qué tenía el rey?

YO: ¿El rey del ajedrez, dices?

OSCAR: Sí. Pues tenía una vara, como la de la reina, pero en la punta tenía un diplodocusito pequeñito, muy bonito, y alrededor del diplodocusito, una bolita de cristal, que daba vueltas todo el rato.

IVO: Y echaba rayos de plasma, ¡BOOOOMMM!

OSCAR: No. Eran explosiones atómicas. Nucleares.

YO: ¿Y aún seguía el sueño? ¿No terminaba?

OSCAR: No. Luego unas ollas, por el tablero de ajedrez, les salían patas, y andaban. Eran robots. Luego sacaban una cabeza robot por encima. Y el ataque de Vergonzoso. Pero bueno, creo que lo voy a dejar aquí.

El gen de la pistolita

Para que mis huesos hagan CRaaAaK

IVO: Adivina lo que he hecho para que mis huesos hagan ¡CrraAAck!

YO: ¿Cómo? Pues no sé. ¿Y hacen CraaAck, dices? Ni idea. 

IVO:Pues leerme un libro completo de las aventuras de Ulises. Y al levantarme, ¡CrraaAAaack! Mis huesos.

ALVARO: ¡Jua jua!

YO: Este Ivo, qué cosas tiene. No sé como se las arregla para decir cada vez cosas tan propias de sí mismo. Ya lo he visto leyendo el libro en la cama, ya. "Buenos días, Ivo", Y ni me ha saludado. 

Peluches transgénicos 

¡Halá Penas!

- Papá, ¿sabes que nadie, pero absolutamente nadie en el colegio lleva zapatos?

- Vaya... qué raro. Bueno, pero tú vas cómodo con zapatos, ¿no?

- Sí, pero me dicen, ¿a dónde vas con zapatos? Hasta Juan me lo dice. Y sabes, Juan, no habla más que de videojuegos ahora. Sale al recreo, y se pone a hablar de videojuegos, de uno que juega él, que se llama Patrician, todo el rato. Y los demás hacen un corro alrededor, y se ponen a hablar todos de videojuegos. Menos yo, y todos están mirándose en un círculo, y hablando de Patrician, hasta que de repente - psch - uno se vuelve hacia atrás, y me ve, y dice... "Penas, ¿de verdad que no tienes ningún videojuego?" o "Penas, ¿de verdad que no tienes Windows"? Y entonces todos se vuelven y me miran de repente, y me señalan, y dicen, "Halá Penas, desde luego....!" y se vuelven a poner en círculo, y murmuran entre ellos, y me miran de reojo...

- ¿Y arquean la espalda?

- Sí, exactamente, también arquean la espalda.

 

¿Qué dibujas, Gottax?

Catwoman

Oscar se lucía esta mañana en calzoncillos ("calzoncillos de supelhéroe") sacando bola ante el espejo. Está interesado en aumentar su masa muscular, y no me extraña, dada la novia que se ha echado (o a la que aspira, que no está la cosa muy clara). Saca una lamparita desplegable que le dieron, para él un teléfono móvil, lo abre...

- Con este móvil voy a llamal a mi novia. Es Cat-Buman. Hola, Catbuman, dónde estas....Hm... Voy pala allí. Nos dalemos besos en el recreo.

- Vaya Oscar, ¿te gusta Cat Woman? Pues cuidado que araña, ¿eh?

- (Ivo tercia:) En realidad le gusta Lucía. Igual Lucía es Cat Gúman.

- Huy, y esa Lucía, qué pasa, ¿es guapa? ¿Te gusta, Oscar?

- Sí. Pelo me pega. Todo el día me pega. A veces patadas en la cala.

- Ostras, pues vaya relación tormentosa que tenéis.

- (Ivo): Mejor, Oscar, que te vayas olvidando de ella.

 

 

Books-Vani

Yet lag

Me pregunta Oscar, aún flaseado por la materialización de Einstein que contemplamos el otro día saliéndose de la pantalla del televisor, que cuándo vivía Einstein. Le digo que hace cien años, por ejemplo, o hace sesenta. Que era entonces cuando él trabajaba. Me dice,

- ¿En mil novecientos tleinta, pol ejemplo? - Pues sí, en mil novecientos treinta, o en mil novecientos cincuenta... - ¿Así que si cogemos una máquina del tiempo, y nos vamos a mil novecientos tleinta, velíamos a Estein? - Pues igual sí. - Y saldlíamos y le dilíamos, Hola, y dilía: -¿eeEeeH? - Sí, porque diría pero Oscar, qué haces aquí, si tú eres del año dos mil, ¡a ver, que eso me interesa a mí! - Y él cómo lo iba a saber (tercia Álvaro). - Oye, Álvaro, por cierto (le digo) - ¿a tí el año dos mil te parece que está en el pasado o en el futuro? - En el pasado, claro. Pues dónde va a estar. - ...! ... vaya...

(Reconozco que tengo un cierto jet lag histórico. A veces no sé en qué siglo vivo. Si escribo la fecha de hoy sin pensar mucho, soy capaz de poner cualquier año del último cuarto de siglo: 1984, 1992, 1989... a voleo. Y, desde luego, para mi universo imaginario, el año dos mil estará permanentemente en el futuro...)

 

El fin de Darth Veidel

En Biescas

En Biescas

están estos nenes más contentos que chupita, la primera vez que se han quedado solitos fuera de casa sin los papás. (No la primera vez que se han quedado sin los papás, ni la primera vez fuera de casa, claro...). Se han quedado con los abuelos, y recibimos informes electrónicos sobre su comportamiento a intervalos regulares. Ivo ya se ha encargado de recuperar su regalo de cumpleaños atrasado; deberíamos haberle puesto, en vez de Ivo, Vivo. El viernes volvemos a buscarlos.

Mientras me dedico a ver procesiones, a explorar las posibilidades y limitaciones del nuevo ordenata, y esta noche seguramente a ver la última película de Spike Lee.

Por la tarde, paseo por las calles atestadas de gente, muchos aposentándose para ver las procesiones. Increíble la cantidad de gente que ha salido a pasear con el buen tiempo. Casi más increíble que después de llevar viviendo más de veinticinco años en la ciudad puedas salir por tu barrio a darte una vuelta, y todas las caras que veas sean nuevas, jamás vistas antes, y seguramente nunca más vueltas a ver. Ni una cara conocida. Lo malo es que hasta en Biescas empieza a pasar algo parecido, y más que pasará con los planes que hay trazados para expandir la urbanización del pueblo...

(Bueno, pues volvemos al pueblo el viernes; por primera vez en la vida, creo, conduciendo yo el coche. Normalmente tenemos dividida la tarea: yo calles, párkings y semáforos; ella rueda las carreteras).

Y volviendo, interrogamos a los nenes sobre su estancia:
- ¿Por qué nos vamos hoy, en vez de dentro de mil millones de años?
- Bueno, ya os vale para probar. ¿Os lo habéis pasado bien?
- Sí.
- ¿Y os habéis acordado alguna vez de los papis?
- Yo no. Bueno, sí, una vez pensé que qué horror que igual volvíais.
- Yo no me he acordado ni una vez.
- Ni yo.

Otro aniversario, en la portada del Heraldo: Se ha proclamado la República hace 75 años. UPTHEREPUBLIC, como diría Beckett.

Dibujando guarradas

Dibujando guarradas

- Vamos a dibujar... hum... pelo que no sea una gualada.

- Por ejemplo, que no sea tetas.

- Pelo leche de las tetas sí, eso se puede dibujal. Eso es de comel, no es una gualada.

- Dirás de beber.

- Sí, de bebel. A vel como la dibujo.... Y ahola una salchicha.

- Eso tampoco es una guarrada.

- Y una tlompa.

- Eso tampoco es una guarrada. Aunque Shin-Chan decía, la trompa de hacer pssss...... ! Jaja! Eso sí que es una guarrada entonces.

- Sí, jeje. Dame mas hojas.

- No, cógete otra.

- ¡Ivo! ¡Tláeme una hoja! ¡Buaaa.....! Tu eles un desobediente. ¡Buaaa...! Mamá, a Ivo le gusta dibujal gualadas.

- Y a Oscar también.

Querido hermanito