Everybody knows
miércoles, 14 de septiembre de 2016
Everybody knows
En la serie "mis vídeos no recogidos en LP", aquí una de Leonard Cohen, de los años en que iba a sus conciertos. Ahora ya ni conciertos, ni canciones, ni leches.
En la serie "mis vídeos no recogidos en LP", aquí una de Leonard Cohen, de los años en que iba a sus conciertos. Ahora ya ni conciertos, ni canciones, ni leches.
Presuntos presos
Publicado en Ideología. com. José Ángel García Landa
"Presunción de inocencia" es una frase utilizada con demasiada alegría por la prensa, me parece. Entiendo el concepto un tanto fundamentador del derecho en el sentido de que generalmente no hay que considerar a alguien como culpable hasta que se ha demostrado su culpabilidad. Es un principio garantista que (incluso en nuestro ordenamiento jurídico excesivamente garantista) es saludable y muy de agradecer, sobre todo cuando te pasa eso que llaman los anglosajones being framed, que te hagan un montaje para hacerte pasar por culpable de algo. A mí desde luego me gustaría que me presumiesen inocente si lo era. (También si no lo era...).
Ahora bien, esto de la presunción de inocencia rechina bastante cuando deja de ser un principio inspirador general del derecho y se invoca preferentemente en los casos criminales más sonados, de manera un tanto incongruente — "bueno, hay que respetar la presunción de inocencia"... cuando los presuntos inocentes cantan tanto que han sido capturados mientras le cortaban el cuello a su señora en plena calle, o sorprendidos con una ametralladora y un saco atracando un banco... De los asesinados en estos casos nadie dice "los presuntos cadáveres". Y tenemos así, además, la paradoja (que hace parecer muy feo a nuestro sistema legal) de presuntos inocentes arrestados por la policía, encarcelados, obligados a pagar fianzas... Mientras, otros que son presuntos culpables para mucha gente, si bien no para la ley, se pasean "con cien mil delitos".
Vamos, que mal que nos duela, estos señores arrestados que digo no tienen nada de presuntos inocentes, excepto para algún incondicional, que todos los tenemos—y para la prensa, siempre. Para mí desde luego son (no me refiero a mi opinión sobre su culpabilidad, sino a lo que considero que es su status legal objetivo), o sea, son para la ley de facto, si no de boquilla, presuntos culpables, que por eso son enviados a prisión preventiva. Hasta que se confirme su presunción de culpabilidad, o se demuestre que no se puede demostrar su culpabilidad. Que no es lo mismo que demostrar su inocencia... aunque esta sí pase entonces a ser presumida por la ley, y bien que presumen de ella entonces los interesados.
Un comentario que pongo en el artículo "Canibalismo entre los neandertales", de José María Bermúdez de Castro.
Sobre el canibalismo entre neandertales y sapiens... me parece que no hay por qué considerarlo un rasgo de primitivismo en los neandertales frente a los sapiens, pues no creo que haya habido diferencias. O sí, más bien bastantes, pero no en cuanto a que ambas especies han practicado abundantemente el canibalismo. Podría parecer que el canibalismo de los propios muertos por causas naturales fuese adaptativo, en el sentido de aprovechar más los recursos (así, ni muertos dejan de contribuir a la provisión de carne del grupo). Pero podría tener otras contrapartidas indeseables, como las infecciones, etc. A veces los cadáveres no están muy sanos. Por otra parte, si se le coge gusto gastronómico a la propia especie, hay menos distancia que recorrer para cazar y comerse a los del grupo vecino, si los pillamos distraídos. Esto ya tiene un valor adaptativo más discutible y dudoso—pues aquí ya se nos multiplican los depredadores en el vecindario. Y otro pasito más lleva a matar a los débiles o niños del propio grupo en caso de necesidad, para comérselos. No hay que ser un ogro para hacerlo; algunas tribus americanas tenían granjas de esclavas destinadas a producir niños para el consumo de los propios padres. Seguro que el propietario de muchas esclavas tenía gran consideración entre sus vecinos; los sapiens somos así. Por cierto que el canibalismo ha estado bastante más extendido entre las tribus primitivas de lo que parece suponer el artículo de Bermúdez de Castro; ha durado hasta hace pocas décadas en lugares de Nueva Guinea y el Pacífico, por no hablar de Rusia durante la gran hambruna comunista. Y no olvidemos a los aztecas, el gran imperio caníbal, un ejemplo monstruoso que nos recuerda que no sólo en culturas tribales y analfabetas puede darse el canibalismo gastronómico organizado. Es instructiva la lectura de las memorias muy vívidas y detalladas de Bernal Díaz del Castillo, la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, donde se echa de ver que el canibalismo azteca (y el de sus vecinos) no era un mero ritual comulgatorio, sino una costumbre culinaria bien enraizada. En el caso del Homo sapiens, va unido a la competencia entre grupos diferenciados culturalmente, o a la opresión de grupos esclavizados o tribus sojuzgadas. Quizá entre los neandertales, más dispersos, fuese más una costumbre familiar, aunque no dudo de que echarían mano de cualquier forastero errante tratándolo como caza mayor. Matar al forastero (y con frecuencia comérselo) ha sido la regla hasta el desarrollo de la hospitalidad en una fase bastante más pastoral y civilizada de la cultura humana. En algunos sitios no llegaron a desarrollar esa hospitalidad los Homo sapiens. Entre los neandertales, dudo mucho que se diese en ningún caso.
Jiménez Losantos, Federico. "La Diada independentista de la marmota." EsRadio 12 Sept. 2016.*
2017
United 93
Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

Si llegamos a ir ayer a ver esta película... ya hubiera estado redonda la redundancia. Yendo hoy, nos han enviado a la S-11 (Sala 11) de los Palafox. Es, dicen, la mejor película hasta la fecha de entre las que han hecho como homenaje al once-ese ése, lo que los americanos llaman 9/11—para el cual sugiero el logo de la izquierda. Es curioso que aquí no nos muestran el derrumbamiento de las torres en la película, sólo el impacto del segundo avión, y filtrado por una pantalla de televisión, para mayor verdad de la experiencia. Muchos personajes de esta película se interpretan a sí mismos, unos años más viejos... ninguno de los pasajeros del vuelo, claro. Es una película muy bien hecha, de ritmo trepidante con cámaras agitadas y grano gordo, simulando el documental; lo del ritmo merece la pena destacar porque realmente la mayor parte de la acción consiste en técnicos de vuelo desesperados intentando aclararse de qué avión están hablando. Comienza la película con los terroristas como protagonistas, en plan mártires de la fe, y no busca demonizarlos más de lo que se demonizaron a sí mismos con sus acciones, esas bestias pías. El final es descorazonador, con los pasajeros al fin decididos a atacar, muertos de miedo, rabiosos y no especialmente heroicos, haciéndose con los mandos justo demasiado tarde como para poder enderezar el rumbo del avión. Justo antes de la oscuridad súbita, escenas convulsas y recortadas, fanáticos musulmanes y occidentales desesperados sacándose los ojos en la cabina de pilotaje de este United 93, modelo a escala de nuestro planeta—es lo que hace pensar. Los servicios de emergencia, la Fuerza Aérea, el Presidente... no salen bien parados, pero de manera discreta. De todo se enteraban todos por la CNN: los altos mandos, los controladores, yo mismo... en fin. El funcionamiento de las cosas no estaba pensado para contar con las acciones estúpidas y criminales de gente con las prioridades tan mal puestas como para no apreciar ni su propia vida. Ahora sí, un poquito más. Los servicios secretos que supuestamente estaban investigando a esta gente ni se mencionan. Nada estaba, y seguramente ni está, tan bajo control como nos hacían creer. Por suerte. Un mundo tan complicado como el nuestro, y donde todo estuviese además bajo control perfecto, no sería un mundo humano. Ni siquiera el Patriot Act lo va a deshumanizar, espero. Pero a estos salvajes del turbante prieto dentro del cráneo no se les detiene con la Fuerza Aérea, como les quieren hacer creer Bush y sus lobbies armamentistas a sus votantes y contribuyentes. No se les podrá detener, de hecho, hasta que sean más aborrecidos por los musulmanes pacíficos que por los propios occidentales... cosa que aún está muy lejos de suceder. Mientras, se lo están trabajando sin descanso.